La noche fue dividida por los pensamientos de cada uno.
Por una parte, Zuko no podía dormir preocupado por Mai. ¿Y si ahora mismo estaban atacando? ¿Y si no llegaba a tiempo? Es verdad lo que Bumi había dicho. Si los nuevo Dai Li querían acabar con él, lo más seguro es que fueran a por sus seres queridos, como habían hecho con Iroh, pero ya estaban tardando, ¿no? Quizás se estaban infiltrando poco a poco porque querían asegurarse de destruirlo bien. Aunque la protección del palacio era muy buena y contaba con los mejores maestros del arte de la lucha y del fuego, no significaba que no hubiera traidores o topos. ¿Qué debía hacer? No podía partir impetuosamente hacia la Nación del Fuego y dejar Ba Sing Se como estaba. Él sabía, que a pesar del paraíso interior que habían montado, el pueblo que se estaba dando cuenta que algo no iba bien estaba sufriendo. Además, debían contactar con los mercenarios de la arena antes de que se unieran a Ba Sing Se y esperaba, fervientemente, que todavía no hubiera ocurrido. La rabia y odio de Ba Sing Se había hecho que su organización no fuera del todo perfecta. Simplemente habían creado un grupo fuerte que atacara a lo bruto y, por suerte, no tenían ningún plan organizado con exactitud ni maduro como para destruir medio mundo. O almenos eso parecía. De esta manera, cortar las raíces del problema no causaría grandes víctimas y no sería una rebelión de 100 años. También contaban con una topo: Joo Dee. Ella estaba a favor de la paz y no deseaba ser manipulada de nuevo. Esperaba que pudiera ir enviando pájaros mensajeros con información relevante para destruir ese ejército. El gran problema del Reino de la Tierra era que su extensión era muy grande y era una de las Naciones más poderosas en ese aspecto.
Se dio la vuelta y continuó pensando. Su tío no había dicho nada al respecto, ¿sabía algo más o no decía nada precisamente porque no lo sabía? Iroh todavía seguía siendo un misterio para él. Su semblante serio le hacía cuetionarse si realmente no estaba trazando un plan o pensaba en una estrategia, fuera suya o del enemigo. Quizás por la mañana le contara aquello que lo tenía en ese estado de silencio.
En ese momento, Iroh no estaba durmiendo. Estaba sentado delante de la mesa de Pai Sho pensando. No hacía ningún movimiento. La única pieza puesta en medio del tablera era la del Loto Blanco.
Por otra parte, se encontraban Aang y Katara en el cuarto. Hacía tiempo que no estaban juntos y eso provocaba que estuvieran algo nerviosos. Aang deseaba tocarla y tenerla cerca de su cuerpo, poder besarla sin estar pendiente que alguien la hiriera o que hubiera en aquel momento en una explosión. A Katara le pasaba lo mismo. La emoción del viaje había hecho avivar los recuerdos de sus primeros encuentros y después de los momentos en que cuidaba de él. También recordó en el momento en el que él le confesó su amor y, el mejor recuerdo de todos, el beso después de la guerra. A pesar de todo lo que estaba pasando en Ba Sing Se y que afectaba al mundo entero, en aquel momento, los pensamientos de ambos estaban en el uno y en el otro. Por unos minutos, la rebelión que se avecinaba estaba muy lejos.
Aang se acercó a ella. A Katara se le aceleró el corazón y se sonrojó. Aang se acercó un poco más y la cogió de la cintura.
- Katara...
Y su rostro se acercó más todavía hasta el límite de que sus labios rozaran los de Katara. Ella no opuso resistencia y se dejó besar. Puso las manos sobre su cuello y profundizó un poco más el beso. Ni a Aang ni a Katara les bastaba con verse. Querían más, querían sentirse y estar juntos. Pero el avatar sabía que eso era difícil en sus situación y ya se lo habían dicho los anteriores a él: no podrás llevar una vida normal. Es por ello que durante mucho tiempo quisieron apartarlo de todo aquello que comportaba amor y relación social amorosa. Katara debía entender su papel y debía ser comprensiva con él. Sin embargo, los dos estaban desesperados por estar aunque fuera un día en paz el uno con el otro y poder hacer alguna actividad como una pareja normal. Otro factor importante era que cada uno pertenecía a una nación distinta y, aunque no estaba prohibido el estar con alguien diferente, se hacía difícil por la costumbres y maneras de pensar. Katara, por muy activa que fuera, le gustaba quedarse en una comunidad, mientras que Aang tenía sangre nómada e inevitablemente adoraba viajar y no parar con los pies en el suelo. Eran sus naturalezas.
No pudiendo más, Aang cogió a Katara y la tiró encima de la cama. La miró profundamente y la volvió a besar, lo más pasional que pudo, dándole a entender lo que quería, lo que deseaba desde hacía mucho tiempo. Katara se lo devolvió y sus manos acariciaban su espalda y pasaban por sus anchos hombros. Sí, los estaban deseando, pero no habían tenido la oportunidad. Quizás no fuera el momento perfecto, pero lo necesitaban. Las últimas separaciones habían sido demasiado y les había afectado. En cuanto uno se acercara al otro, sus pieles se ponían de gallina y cuando se besaban, se derretían como un copo de nieve en contacto con el sol. Aang empezó a besarla por el cuello con besitos cortos y lentos y una de sus manos empezó a bajar acariciando todo el costado de su amada. A Katara eso la excitaba mucho, nunca había visto a Aang con ese brillo tan especial en los ojos, con esa cara tan adulta y con ese deseo que encerraba. Pensaba que seguiría siendo el inocente niño que conoció en el iceberg, pero no, ya no, era todo un hombre que la amaba y estaba dispuesto a protegerla ante cualquier peligro. Aang comenzó a desabrochar el vestido, que le habían prestado en el castillo, lentamente. Ella sabía que no podía resistirse así que arqueó un poco el cuerpo para que fuera más fácil. Eso puso mucho al avatar. Acabó de quitár el vestido a Katara. Ahora se veía con su sujetador de tela y el pantalón verde de Omashu. Aang contempló su firme piel y la acarició. Volvió a darle besos por el cuello pero fue bajando más y más, pasando por la clavícula, por encima del pecho (ya se entetendría más tarde), jugó con el bonito ombligo de la morena y cuando llegó bajo éste, comenzó a bajarle el pantalón, mirándola a la vez, diciéndole que no se dentendría llegados a ese punto. Para aprobar lo que estaba haciendo, Katara se quitó sus zapatos con los pies. Mientras el muchaco le quitaba el pantalón, ella se incorporó un poco y empezó a deshacerle el lazo de la cintura, cosa que provocó que le pudiera quitar la parte superior de su traje y se le cayeran los pantalones.
- Vaya, Katara, pensé que no harías esto.
Pero Katara ya no atendía a razones y le dio un beso. Aang le quitó la tela que hacía de sujetador y la miró con ojos entre emocionados y salvajes.
- Eres preciosa, Katara.
Y, con su lengua, empezó a jugar con sus pezones. Eso hizo que Katara gimiera. Y eso a su vez, provocó más a Aang para querer bajar su mano a la zona íntima de su novia.
- Ah, Aang...
- ¿Qué, ahora ya no eres tan atrevida?
Qué desafío. La había retado y eso no podía quedar así. Empezó a bajar sus manos recorriendo el musculoso torso del avatar hasta llegar bajo el ombligo. Lo miró con una sonrisita colorada y, por encima del calzoncillo, empezó a acariciar su masculinidad. Las pocas veces que había estado junto a Aang la había notado. Era algo que la excitaba mucho, pero no lo decía ni se atrevía a tocarla, simplemente quería más contacto corporal. Katara quería tenerla, sí. Estaba dura y erguida. Luego metió un poco la mano bajo el calzoncillo y lo miró a los ojos. Ahora estaban ambos iguales, con las manos cerca de las zonas más peligrosas de todo su cuerpo. Katara muy sonrojada y excitada y qué decir de Aang. Él sí que estaba excitado por ver que su chica también deseaba lo mismo que él y que le demostraba confianza.
- Katara, ¿entonces de verdad lo quieres?
- Ahá. - contestó sin vacilar y muy colorada.
Aang le quitó la única prenda que le quedaba a Katara y empezó a acariciarle su parte más íntima. Le encantaba a Katara, no podía evitar respirar más rápido y agitar su corazón. Su mano se alejó del calzoncillo del Aang y se posó en su cuello. El avatar no le permitía cerrar las piernas. Luego de acariciar la zona, empezó a meter un dedo y ella gimió.
- ¡Aaaaaaah, Aang!
- Si en algún momento te hago daño, dímelo.
- No, no me haces daño, ¡sigue, por favor!
Aang llegó a introducirle hasta tres dedos provocando que Katara llegara una vez al éxtasis.
- Tranquila, no acabará ahí. - Y sonrió.
Se quitó lo que le quedaba de ropa y se acercó a Katara más. Sus cuerpos estaban muy cerca, rozándose. Uno clamaba entrar, tenerla para él, llevarla al cielo y darle placer; la otra clamaba que entrara, tenerlo para ella, que la llevara al cielo y que le diera placer.
- Aang, te quiero.
- Yo también.
Y el avatar la penetró. En ese momento ambos sintieron una oleada de placer extraordinaria, nunca experimentada. Aang empezó a mover las caderas para que su miembro entrara y saliera por ahora lenta pero suavemente. Si se aceleraba, sabía que acabaría pronto y no quería que Katara se quedara con las ganas. Sin embargo, a pesar de lo que pensara, su ritmo se fue incrementando: sus embestidas eran más rápidas y profundas. A la vez, Katara balanceaba su cadera dándole más placer todavía. Tanto él como ella estaban disfrutando del cuerpo del otro.
- Ka... Katara, si continúas así... yo... aaah...
Ambos comenzaron a moverse frenéticamente, dejándose llevar por el placer y la lujuría, sudando, moviéndose, gimiendo sin importarles el mundo exterior. Los brazos de Aang estaban tensos a cada lado de la cabeza de Katara. Su embestidas cambiaron: ahora eran más rápidas todavía y Katara ya no sabía contener su deseo.
- ¡Aaaah, Aaaaang!
- ¡Katara!
Aang hizo la última embestida, más fuerte y penetrante que ninguna. A Aang se le tensaron más los brazos y notó un latigazo eléctrico recorriéndole la espina dorsal y sus fuertes palpitaciones. A Katara se le tensaron los músculos de las piernas y se apretó más al cuerpo de Aang. Los dos llegaron a la vez al clímax, al orgasmo.
Se tumbaron uno a lado del otro, respirando agitadamente, sin poder decir nada. Se miraron y ambos se sonrieron. El haber saciado aquel deseo que hacía tiempo tenían guardado los había unido más que nunca. Contentos y cansados, se abrazaron, cerraron los ojos y se quedaron dormidos. Querían estar despiertos para aprovechar el momento. Sabían que por ahora no tendrían más oportunidades como esa de estar juntos en cuerpo y alma. Pero también eran conscientes de que el día siguiente estaría lleno de discusiones por lo que hacer y decisiones importantes para intentar acabar pronto esta rebelión.
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Comentarios de la autora:
Bueno, he aquí este capitulillo, ¿qué os ha parecido? (risas)
Antes de contestar a algunos comentarios, quiero decir que estaré de parón por una temporada puesto que los estudios me lo reclaman. Por suerte, de esta serie tengo unos cuantos capítulos ya escritos, así que me será más fácil ir publicando. Igualmente me tendréis que perdonar para Semana Santa. Gracias por entenderme.
Nefertari Queen: Me alegra que te gusten mis descripciones. Realmente adoro entretenerme en los detalles. Pero si te fijas, a la vez lo resumo todo un poco. Así no lo hago muy pesado. Ya verás más adelante.
Gracias por seguir leyéndome.
