Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer

Gracias a Isa por corregir este capítulo

Música de este capítulo:

Give me love-George Harrison

NOTA IMPORTANTE AL FINAL


EL TRATO

Sobre el sueño: «Pero mientras que ningún error de cálculo, ninguna herejía científica ni ningún anacronismo nos hiere, ni se nos hacen siquiera sospechosos, por palpables, románticos o ridículos que respectivamente sean, distinguimos siempre lo malo; la justicia, de la injusticia; la facultad de distinguir lo bueno de la virtud, del vicio»

Hildebrandt

11-LAMBDA

Si alguna vez se ha visto un hombre roto por dentro comportarse como un sigiloso ladrón, ése sería Edward Masen. Su herida es oprobiosa, siempre abierta, y nunca lista para sanar. Su cara es una perpetua batalla pírrica entre estoicismo e indiferencia, que nunca falla en mostrar cuando los momentos importantes arriban; éste uno de ellos.

La mesa es una melodía llena de estacatos metálicos hechos por cubiertos y carraspeos de Charles Swan. Marie sostiene la mirada en un punto insignificante que no la obligue a afrontar su peor miedo: que su padre diga que no a lo que más desea. Es cobarde, es débil y lo sabe, es por eso, que le deja la peor parte a su, ahora, secreto prometido. Como si él pudiera leer su mente, Edward aclara su garganta y habla con voz clara y contundente, como suele suceder siempre con él.

—Señor Swan, se ha de preguntar por qué estoy aquí un domingo, un día en que tengo entendido según... Isabella, es totalmente familiar, entre usted y ella. —Edward quiere decirle Marie, pero desde la última conversación con Charles, sabe que no es proclive a que a su hija se le diga de otra manera.

Charles levanta una ceja y bosqueja una pequeña sonrisa debajo de su negro bigote.

—No, la verdad no me lo preguntaba, pero supongo que me lo vas aclarar.

Bella le avienta una mirada a su padre para que se comporte; no que eso dimita la osadía de Charles.

La comida ya se ha terminado y Cleo está recogiendo los platos cuando Edward continúa con su prólogo sin sentirse intimidado por la respuesta de Charles.

—Usted sabe que su hija y yo hemos establecido una relación seria por los últimos cuatro meses, una relación que ha florecido y deseamos formalizar.

Charles no se ve sorprendido o hace gesto alguno, así que Edward continúa.

—Señor Swan, Charles, quisiera pedirle la mano de su hija.

Cleo suelta un aliento de sorpresa, pero además de eso, todo permanece en silencio.

Charles toma una servilleta y se limpia la boca. Marie ve todo como si fuera cámara lenta; no sabe si gritarle a su padre para que diga algo o pedirle a Edward que lo siga convenciendo. Afortunadamente no tiene que hacer nada de eso cuando su padre sorprende con una extraña petición.

—Ven a verme a mi estudio en diez minutos —Charles dice con autoridad y se marcha.

Marie se siente desfallecer, pero no hace nada más que voltear con su esperanzado prometido.

Edward se levanta y camina a su novia que está en shock, toma su mano y ella reacciona.

—Ésa es buena señal, ¿verdad? —ella pregunta con voz temblorosa, mirando suplicante a Edward.

Edward sonríe y la ayuda a pararse de la silla.

Mientras la acompaña al jardín, Edward y Marie mantienen un silencio copioso. Edward es el primero en hablar.

—Espera aquí. Trata de ser paciente, Marie, déjamelo a mí. ¿Confías en mí, cierto? —él pregunta dulcemente.

—Con mi vida —ella responde sin chistar.

Edward toma su mejilla dulcemente y la besa en la frente, da la vuelta y la deja bajo el marco entre la sala y el jardín.


Charles lo espera sentado en una de las sillas frente a su escritorio. Trae una bebida casi vacía en la mano; no se mueve para recibirlo, sólo lo mira de reojo.

—Siéntate. —Es todo lo que dice.

Edward acomoda su traje y se sienta a un costado de Charles de tal manera que no se miren las caras. No está nervioso, está atento y alerta. Trata de adelantarse a los movimientos de Charles, pero no es fácil predecir a este tipo de hombres.

—Sé lo que eres —Charles dice en voz distante, sin emoción, mientras juega con el vaso en su mano meciéndolo—: eres un arribista social, un pobretón que ha sabido moverse en los grandes círculos de Chicago. No me engañas, Edward Masen, he visto hombres como tú querer escalar por los hombros de otros. No eres ni el primero ni el último en querer tomar un pedazo del nombre Swan.

Edward sabe que sería peor si empieza a negar las acusaciones, así que recibe lo que dice Charles con mirada indiferente y, como Charles no lo mira, también con cara indiferente. Pero aquí no hay mucho que ocultar parece, Charles hizo su tarea.

—Sé que no amas a mi hija, al menos un hombre que ama a una mujer no estaría acostándose con otra un día antes de presentarse con su padre por primera vez como su novio. Tengo entendido que Charlotte es bastante convincente si quiere —Charles dice riéndose, luego voltea y mira a Edward directamente, el cual está más que sorprendido. Charles hizo su tarea demasiado bien para su gusto.

—No me mires así, Edward, ¿crees que no vigilo a Isabella, o a ti en todo caso? ¿Crees que voy a dejar a su decisión el hombre con el que se debe casar? Estás muy equivocado si crees que nunca he controlado a mi hija, y lo seguiré haciendo, claro, hasta que encuentre un hombre que pueda hacer lo mismo. Tienes que entender que ser un Swan es un privilegio, un honor y una carga. Renée, su madre, no entendía eso, y su hija menos. Isabella es ahora dócil, pero también lo era su madre. Cuando el tiempo pase, no podré controlarla, se saldrá de mis manos esa locura infernal que la posee.

—¿Por qué me dice todo esto? —Edward pregunta desconfiadamente.

—Porque creo que eres ese hombre. Honestamente, no me interesa que seas un pobre miserable, eso se quita con dinero. Al menos eres un doctor, eso ya es ganancia. Tú y yo sabemos que Bella no puede encontrar algo mejor que tú, y no pretendo que viva bajo mi techo eternamente. Pero lo que tal vez esté más en tu favor es que eres psiquiatra y ella está embobada por ti. Eso hará más fácil todo. Si te casas tendrás poder sobre ella: emocional, médico y legal. Y, espero, llegado el momento, tomarás la decisión que mejor beneficie a la familia Swan —dice Charles con énfasis.

Edward aprieta su quijada. Charles prácticamente le está cediendo a su hija, un trueque inmoral. Charles no tiene que escupir su oferta, Edward es un hombre demasiado inteligente como para no ver la obviedad de todo esto. Lo que Charles Swan quiere es quitarse la carga de Marie sobre él: cederla a Edward y que él mismo, inescrupulosamente, la encierre llegado el momento, como Charles hizo con su esposa. Edward levanta la ceja, porque hacer eso no es parte del trato, al menos no el que estaba dispuesto a hacer.

—Entiendo —dice Edward indeciso.

—¿Lo entiendes en verdad? —pregunta Charles levantándose de la silla y recargándose en la chimenea.

—Entiendo que lo que le interesa es que Isabella no manche su nombre, quiere que esto no toque la reputación de la familia Swan —dice Edward levantando su mirada a Charles.

—Así como yo entiendo que lo que quieres es usar a mi hija para salir del hoyo inmundo al que llamas vida —Charles dice despectivamente, pero Edward sólo levanta su ceja—. No es un mal trato, Edward, considerando que tienes la capacidad para meterla en un manicomio y luego no sé... si quieres puedes..., tú sabes, tener tus propias distracciones —dice Charles con cara lasciva.

¿Acaso me está diciendo que, una vez casados, puedo tener una amante? Piensa Edward un poco sorprendido.

—Entiendo que tu posición será... ¿Cómo decirlo? Complicada. Lo entiendo mejor de lo que piensas, yo lo viví después de todo —Charles dice seriamente, insinuando su propia infidelidad a su esposa—, pero mientras seas discreto y ella esté controlada, puedes vivir una vida decente.

—¿Vida decente? —Edward bufa en indignación, o más bien en incredulidad.

—Vida, Edward, toda tu vida —Charles dice sugestivamente—. No creerás que dejaré que te divorcies de ella y listo, ¿verdad? Espero que no creas que estoy aquí gracias a hacer malos negocios. Yo nunca pierdo y me aseguro de cubrir todas las bases. —Edward siente que se le va a salir el corazón; ¿qué demonios quiere decir con esto?

—¿No podré divorciarme de ella? —Edward pregunta en voz baja y lo recibe la risa burlona de Charles.

—Oh hijo, tienes mucho que aprender —Charles dice condescendientemente—. Sería muy estúpido de mi parte dejar que te cases con ella, la uses, la dejes peor que como está y luego escapes a hacer quién sabe qué cosas una vez que te divorcies. No, claro que no, menos si mi nombre está en juego. Los Swan no se divorcian.—él tono en que dice Charles la última frase, le deja claro a Edward la seriedad del asunto, es un ultimátum— Yo no lo hice con Renée y tú no lo harás con Isabella. Si te divorcias perderás todo: fama, dinero, posesiones… Arruinaré tu vida, no lo dudes; legal, física y moralmente.

Edward se queda pensativo. Realmente no sabe qué hacer, está a punto de vender la única salida que tiene y estar atrapado de por vida en una decadente prisión. ¿Pero qué le queda? ¿Puede regresar a su asqueroso departamento cada día, mes tras mes, año tras año? ¿Qué tal si es la única oportunidad que tiene de al fin lograr lo que desea? Edward sabe que ésta es su oportunidad de oro, sabe perfectamente que no va a encontrar una oportunidad como ésta otra vez. Piensa en Marie, piensa en cómo será vivir con ella por siempre. Se asquea a sí mismo en considerar la oferta de Charles y olvidarse de ella; enterrarla en un asilo mientras él vive. La idea es ruin y obscenamente atrayente. Y aquí está este hombre, cual demonio, ofreciéndole riquezas por su alma. Ahora comprende a Fausto; a veces no tener nada es suficiente para quererlo todo.

—¿Es un trato? —pregunta Charles extendiendo su mano.

Charles no le sorprende cuando Edward se levanta y aprieta su mano tentativamente y por último con seguridad.

—Es un trato —dice Edward mirando a Charles directamente.

Los dos sueltan la mano y Charles lo mira sonriente.

—Recuerda, una vez casados, ella es tu responsabilidad. Les daré... medios para que les sea fácil su nueva vida. Tendrán todo mi apoyo económico, legal y bueno..., lo que se necesite, mientras prometas que mantendrás todas sus locuras a discreción. Y llegando el momento —Charles apunta un dedo a Edward—, cuando tengas que solucionar la situación, como sé que lo harás, no quiero saberlo, sólo hazlo.


Marie ve a ambos hombres platicar discretamente mientras bajan por las escaleras; al menos no están gritando o golpeándose, aunque duda que su padre o Edward sean de ese tipo. Cuando su padre la divisa parada en el Hall de las escaleras, da una palmada a la espalda de Edward y sonríe.

—¡Tenemos que anunciar el compromiso! ¡Hay que dar una gran fiesta! ¡Mi única hija se casa! —grita Charles, luego ríe fanfarronamente y mira de reojo a Edward, que sonríe temerosamente.

—¡Oh por Dios! —grita Cleo y Marie al mismo tiempo. Las mujeres se abrazan y brincan de emoción. Luego, como recordando que su prometido está a unos metros de ella, Marie sale corriendo a abrazarlo.

—¡Vamos a casarnos! —grita Marie emocionada.

Edward la toma de la cintura y la besa en la frente. Trata de luchar por el temor en su interior, quiere salir corriendo e hiperventilar en el jardín, pero no tiene opción más que ser feliz forzadamente.

—Ya tienes el anillo supongo —dice Charles levantando su ceja.

Edward tiene el anillo; es sencillo pero elegante, le costó cuatro salarios y es para su estándares lo suficientemente caro, pero mientras bajaba por las escaleras Charles le ha dicho que Isabella se merecía el anillo más ostentoso del mundo. Le dice que vaya a su oficina mañana en la mañana para darle un cheque y le compre un "maldito diamante gigante". Es parte del trato, piensa Edward para no abolir su moral y autoestima.

—Sí —contesta Edward lacónicamente.

—Excelente, se lo darás el día de la fiesta —dice Charles con autoridad.

—¡Padre! ¿Pero por qué no ahora? —dice Marie un poco decepcionada—. ¿No lo traes contigo, Edward? —ella pregunta inocentemente.

Edward sonríe falsamente y sacude su cabeza.

—Isabella, por Dios, el hombre quiere hacerlo en grande, ¡déjalo! Además espero que la fiesta sea en una semana. Sé que las mujeres son criaturas impacientes, pero no creo que una semana te mate —dice su padre de buen humor.

Marie jamás ha visto a su padre de buen humor; debe ser porque al fin se va a deshacer de ella, no que importe. ¡Consiguió lo que quería! No le importa la saña con que su padre desea este compromiso, sabe que con Edward será tan feliz que ya no tendrá que preocuparse por el control asfixiante que su padre ejerce sobre ella.

Edward espera a que Charlie salga de su vista y siga comandando órdenes como si su boda fuera un ejercicio militar. Voltea a ver a Marie, que se mira imposiblemente feliz; él no puede decir lo mismo.

—¿Qué le dijiste para convencerlo? Estaba tan preocupada… —ella pregunta tomando la mano de Edward. Ambos se sientan en la sala mientras Marie espera la respuesta de Edward.

—La verdad, supongo. Él es el que habló de hecho —Edward dice ambiguamente.

—¿Sí? ¿Qué dijo? —ella pregunta curiosa.

Edward voltea con ella y trata de esbozar una sonrisa para la chica que parece no poder dejar de sonreír.

—Que cuidara de ti, que era un honor ser un Swan, que sabe que estás en buenas manos sabiendo que..., que sé los detalles de tu enfermedad. —Edward no puede dejar de pensar en lo que Charlie le ha pedido y tiene que aceptar que lo carcome la culpabilidad.

—Oh sí, suena a mi padre —ella dice bufando en burla.

—Luego le dije que te amaba y que te iba a hacer feliz —él concluye con una voz distante que Marie no alcanza a vislumbrar.

Marie voltea y toma su cara. Ahora que es su prometido puede darse esa libertad en la sala de su casa, pronto será su marido. Y hablando de eso...

—¿Cuándo será la boda? Es decir, ahora que estás ya en práctica privada a lo mejor necesitas tiempo para arreglar tus asuntos con tus pacientes. Después de todo estos meses has tenido mucho trabajo...

Marie sabe lo ocupado que Edward está; desde que renunció al hospital mental del estado casi no lo ve, tiene suerte si lo ve un día a la semana, cuando antes lo veía tres o cuatro. Edward sigue igual de atento y formal, pero no puede evitar sentir que no pasa el suficiente tiempo con él. Sin embargo, tiene que comprender que su trabajo es importante para él y no quiere presionarlo quejándose de niñerías.

—Creo que septiembre es un buen mes —él dice distraído, pensando en mil cosas que tiene que hacer.

—¿Septiembre? Oh, es el mes de mi cumpleaños —ella dice sonriente.

—Lo sé —él dice besándola en la mejilla fríamente.

—¿Es alguna treta para no olvidarte de mi cumpleaños y nuestro aniversario? —ella pregunta en broma.

Edward sonríe a medias y piensa; ¿aniversario? ¿Cuántos aniversarios serán? ¿Podrá soportar una vida así? Luego voltea con Marie, la dulce e inocente Marie que jamás podría dañar a nadie. Tiene suerte que su futura esposa sea tan sumisa y apacible, tiene suerte de que sea una chica linda y al menos la desee sexualmente a cierto nivel, tiene suerte de que ella sea ignorante a lo que padre desea… Edward no puede dejar de pensar en el día en que tenga que internarla, porque no lo desea, no podría hacerlo; de alguna manera, aunque no la ame, siente una ligera responsabilidad médica por la chica, y meterla a un lugar así sabe que la arruinaría de por vida.

—¿Edward? —ella pregunta cuando él no responde a su pregunta.

Edward voltea y toma su mano. Su mirada es decisiva y determinada; una que ella aprendió a reconocer bien.

—Marie, ¿te gusta California? —él pregunta súbitamente.

Marie se ríe y confundida frunce sus cejas.

—¿Me vas a llevar de luna de miel ahí?

—No, quiero que vivamos ahí, una vez casados —él dice contundentemente.

Marie se queda pensativa, ¿qué hay en Chicago para ella? ¿Su controlador padre? ¿Su mala fama como la "loca Swan"? ¿Malos recuerdos de la muerte de su madre? Ir a California es un nuevo comienzo, es empezar de cero y hacerlo con Edward, lo cual es exponencialmente más excitante.

—Voy a donde tú vayas, Edward, lo sabes —ella responde son una sonrisa cálida.

Edward asiente, pensando en las posibilidades. Hace casi seis años que no pone un pie en ese lugar, hacerlo requiere de una fortaleza que pensaba no tenía. Pero ahora regresará como el hijo pródigo; con fama, poder y riqueza. Ya no es un insignificante psiquiatra, sino un hombre de poder. El único problema es que Kate sigue ahí.

—No le digas nada a tu padre, yo hablaré con él antes de la boda, cuando tenga todo arreglado —él dice misteriosamente.

Marie no lo cuestiona, mucho menos si es para ocultar algo a su padre. Sabe que Edward tiene sus razones, siempre ha comprendido que Edward tiene un entendimiento mucho mejor de Charles, que el que tiene ella.

—¿A qué parte de California? —ella pregunta emocionada.

—A Los Ángeles, donde nací —él dice seriamente.

Marie nunca se le había ocurrido preguntar sobre su vida ahí, al menos no cuando Edward mencionó que sus padres todavía residen en Los Ángeles.

—¿Tú crees que tus padres puedan venir? —ella pregunta esperanzada, siempre ha querido conocer a Elizabeth y a Edward padre.

Edward se ve un poco sorprendido; parece que pensó en todo menos cómo decirle a sus padres que pensaba casarse.

—No lo creo. Mi madre le es imposible viajar, no le sienta bien a su salud y mi padre no la deja un momento sola. Pero cuando lleguemos a L.A. podré presentarte —él dice cándidamente.

—¡Qué emocionante! Una nueva vida, Edward, lejos de aquí. No tienes idea de cómo me emociona eso —ella dice soñadoramente.

Edward sonríe falsamente; si tan sólo ella supiera que lo que dice es tan cierto. Cuenta los días para tener el control absoluto.

X*-*-*X

Dos días después

Mac está sentado leyendo su periódico matutino cuando su mucama llega tocando la puerta, a pesar de que está abierta de par en par. Mac sólo levanta la mano gesticulando que entre. La mujer en sus cuarentas deja la charola con la correspondencia y pregunta si necesita algo. Mac sacude su cabeza engrosado en el periódico, sección de sociales.

16 de Junio 1962

"Fiesta para anunciar el compromiso de Isabella Swan, heredera de las farmacéuticas Swan, con el doctor Edward Masen

Este sábado 20 de junio, será la cena de gala para el anuncio de la señorita Isabella Marie Swan, hija del importante empresario Charles Swan. El afortunado es el doctor Edward Masen, un joven psiquiatra que ha venido teniendo renombre los últimos meses con importantes personajes de Chicago. Se espera que la boda sea en Septiembre...

"

Mac baja el periódico y sacude la cabeza en incredulidad. Al hacer esto, nota un sobre elegante sobre toda su correspondencia, no tiene que ser adivino para saber qué es. Toma el sobre y lee:

"John Luther Macintosh:

Se le invita cordialmente a la cena de compromiso entre

Isabella Marie Swan y Edward Anthony Masen

en la residencia Swan, este 20 de junio a las 7 pm

Gala

Invitación requerida"

—Mierda Masen, ¿en qué demonios te has metido? —dice Mac con poco humor.


NOTA DE AUTOR:

Lo sé, Charles se va a ir al infierno u.u. !y actualicé super temprano!, aproveché ya que el día de hoy será de locos y creo que no iba a tener tiempo.

Les aviso que estos días ando mudándome de casa, por lo tanto no tendré tanto tiempo de actualizar, así que no habrá capítulo este miércoles, pero sí el viernes. La(o)s veo el siguiente capítulo que es la fiesta de compromiso.

Saludos, Eve