Nota: El capt, otra vez está dividido en dos partes, pero la segunda será mucho más corta

Nota: El capt, otra vez está dividido en dos partes, pero la segunda será mucho más corta.

Nota2: Después de la segunda parte de éste capt, habrá otro capt que será el final, en conclusión, sólo faltan dos capítulos más.

Felicidad (Capt 9)

Alphonse y Edward estuvieron instalados por varios días en unos cuartos cerca del convento. El lugar les prohibía la entrada pero siempre que podían buscaban a Estefanía, ya sea en el patio o en los corredores del convento, todo para que ella aceptara hablar con Alphonse, y no precisamente de sus sentimientos, sino de la forma egoísta en la que se comportaba con ella misma; siempre se había dedicado en buscar la felicidad de los demás pero nunca la suya, era algo que preocupaba demasiado al menor de los Elric, muy a pesar de que ella no aceptara lo que sentían mutuamente. Al deseaba que sobretodo fuera feliz, aún cuando no fuese a su lado.

Uno de esos días, mientras buscaba la forma para dar con Estefanía, quien siempre huía o se escondía de él, se adelantó corriendo para preguntar por ella al ver que unas monjas que la conocían andaban cerca del lugar de donde se encontraba acompañado de Ed.

Edward se quedó de pie viendo cómo su hermano preguntaba desesperado por Estefanía, las monjas se mostraron un poco inseguras aunque con deseos de ayudar al joven al ver su angustiado gesto. Ed no podía escuchar lo que Alphonse le decía a las monjas y lo que estas le decían a él, pero veía a lo lejos esperando que su hermano regresase con buenas noticias.

- Parece que quiere hacer las cosas por su cuenta.- escuchó a un costado, al voltear se encontró con una monja que también estaba de pie mirando lo que veía hacía unos momentos.- Claro que cuenta con tu apoyo, pero al final él será quien tendrá que enfrentarla.- dijo la monja esta vez virándolo a ver con sonrisa pasiva.

Ed miró extrañado a la religiosa, le parecía un poco metiche de su parte su comentario.

- Já, lo dices como si nos conocieras.- dijo un poco burlón y descortés.

- Tienes razón, no te conozco, pero conozco a Estefanía y sé lo que la haría feliz.- apartó la vista de él, que la miró confundido.- Cuando uno arriesga su vida por alguien, lo que más desea saber es si esa persona se encuentra bien.- terminó diciendo marchándose a paso lento. Edward se quedó de nuevo extrañado por la rara actitud de aquella monja.

Luego de meditar lo que habían dicho, recordó que cuando sacrificó su vida por la de Alphonse, y al estar del otro lado de la puerta, lo que más deseaba saber era si su hermano se encontraba bien. Ahora comprendía lo que la monja le había dicho. Notó que Alphonse terminaba de hablar con las monjas y que gustoso les agradecía por brindarle información de Estefanía, eso provocó que Ed sonriera, pero aún más el pensar lo que estaba apunto decirle a su hermano.

En la mañana del día siguiente Estefanía se encontraba en el jardín del convento, atenta por si se topaba con los hermanos Elric, cuando los vio venir. No entendía cómo es que habían dado con ella, pero después de verlos bien divisó que a sus espaldas se asomaban pequeños infantes, que al verla, corrieron a saludarla.

Se maravilló de verlos, cualquiera diría que eran niños corrientes, pero para ella eran mucho más que eso. Les miró sus caritas y reaccionó abrazándolos fuertemente cuando ellos buscaron sus brazos al llegar a su lado. No aguantó la emoción y derramó lágrimas de alegría. Después de tanto tiempo, volvía a ver a lo niños que sólo recordaba en brazas de fuego.

- Creímos que te habías quemado.- dijo un infante. Estefanía no podía responder el porqué de cómo había recuperado lo que perdió aquel día, pero una niña pequeña respondió por ella.

- Porque se volvió monja le devolvieron lo que perdió.- Estefanía río un poco por la inocencia de la pequeña, pero su respuesta había sido suficiente para que los niños no preguntaran más sobre su apariencia.

Alzó la mirada y posó sus ojos en los de Alphonse.

- Si van más adelante podrán jugar con las otras monjas, verán que los recibirán bien.- les dijo Estefanía tiernamente a los pequeños.

- ¿Por qué quieres que nos vayamos?- preguntó una chiquilla astuta, Estefanía le sonrío.

- Sólo será por un momento, necesito hablar con Alphonse.- dijo poniéndose de pie y mirando a los hermanos Elric que ya esperaban sus palabras.

Los niños miraron a los dos hermanos y alejándose les gritaron- ¡Gracias por traernos!- expresaron entre risas.

- Y bien, te escucho.- suspiró Estefanía y Alphonse adquirió un semblante sólido.

- Me voy, aquí sólo quedo demás.- exhaló Edward después de mirar a Alphonse y luego a Estefanía, la cual apenada por la situación se negó a mirarlo. Ed entonces se apartó de los jóvenes para dejarlos charlar a solas.

El silencio entre Alphonse y Estefanía reinó un poco con la partida de Edward, hasta que Estefanía decidió departir estando todavía apenada.

- Alphonse, yo…- extendió la mano haciendo un ademán para explicarse, cuando sintió una pequeña gota de agua caer en su muñeca. Poco después cayeron más gotas y se formó una pequeña llovizna. Ella y Alphonse empezaron a empaparse estando los dos ahí de pie, no tenía caso que buscaran refugio, la lluvia ya los había mojado por completo.

Estefanía desvió la mirada hacia los niños que a lo lejos brincaban de alegría, otras monjas a duras penas les suplicaban que no se mojaran. No pudo evitar sonreír al verlos tan alegres, volviendo a donde estaba, se topó con la mirada de Alphonse posada en ella, éste al ver su reacción lo orilló a sonreír.

- ¿Sientes la lluvia?- preguntó, ella lo miró sin entender.- Cuando era armadura y acompañaba a mi hermano, era algo que indudablemente no podía sentir...ahora comprendo cuando me preguntaste si sentía algo siendo armadura y tu curiosidad por pregúntamelo.- dijo un poco melancólico. Estefanía, perpleja, entendió a lo que se refería, y aún mas apenada no se atrevió a verlo.- Estoy seguro que con tantas quemaduras tú tampoco podías sentir la lluvia.- pronunció sin obtener respuesta ni mirada alguna.- Ahora ya no soy armadura y tú ya no tienes quemaduras, no entiendo porqué te resistes a lo que sientes y a tu felicidad.- continuó diciendo frunciendo el ceño en muestra de preocupación.

- Yo soy feliz siendo monja y sirviendo a los demás.- murmuró Estefanía.

- Tan sólo míralos….- indicó con la mirada hacia los niños. Estefanía viró a ver a los infantes y los vio danzando y jugando entre risas bajo la lluvia.- Su felicidad es tú felicidad.- afirmó.- Ellos creen que eres feliz siendo monja, por eso se sienten libres de ser felices, tú también tienes esa libertad.- intentó encontrar una respuesta.

- Entiende que no puedo renunciar, sería egoísta, además…

- No te pido que estés a mi lado, sólo quiero que seas feliz.

- ¿Y qué te ha hecho pensar que no lo soy?

Alphonse se acercó a ella y le plantó un tierno beso en la mejilla.

- Porque también puedes sentir esto y saber a dónde perteneces.- enunció ante el rostro estupefacto y cubierto de sensibilidad de la joven monja. Con la mirada baja y el ánimo entristecido, finalizó diciendo.- Aún cuando no sea a mi lado…

Alphonse se apartó de Estefanía y la llovizna parecía nunca cesar, pero era notorio que pronto se apaciguaría el clima.

- Ha llovido mucho últimamente.- se escuchó de nuevo a espaldas de Edward. Miraba un poco serio desde el interior del convento cómo su hermano había concluido la plática con Estefanía habiéndose marchado.

Se topó con la misma monja que le había dado aquel gran consejo.

- Gracias…- sonrió un poco recordando la ayuda que había recibido de su parte.

- Me llamo Silvia y no tienes por qué agradecerme, aquí quien realmente hizo un bien fue tu hermano.- se presentó la monja de ojos castaños.

- Entonces te agradezco en nombre de él.

- Te he dicho que no me agradezcas, yo debería agradecerle por hacerle ver las cosas a Estefanía.- luego río un poco.- Creo que todos deseamos que sea feliz.- dijo Silvia mirando por la ventana a la pelirroja que se encontraba de pie mojándose en la lluvia, meditando lo que Alphonse le había dicho.

En la noche todo parecía estar en silencio. En el convento, en una de las salas, Estefanía miraba por la ventana recordando tantas cosas que le hacían ver que Alphonse tenía razón. Un recuerdo le llegó al pensamiento…

xXx

- Quisiera sentir de nuevo el roce de la lluvia por mi piel… ahora me arrepiento por no haberlo gozado antes.- se lamentó una chica de ojos verdes que contemplaba entristecida por una ventana las gotas de lluvia que escurrían por el vidrio.

- Y yo quisiera verte feliz y no lamentándote por lo que pudiste hacer.- le dijo un chico rubio de ojos azules que luego le regaló una dulce sonrisa.-….al menos, mientras sientas tu corazón… todo irá bien, lo único que realmente me preocupa es saber si conservando éste aún eres feliz.- miró un poco más serio a Estefanía, ella, notando la preocupación de Alphonse, encogió sus pequeños ojos como producto de una sonrisa.

xXx

- Claro que lo siento.- murmuró Estefanía al recordar las palabras de Heiderich, mirando por la ventana la negrura noche y presionando la mano contra su pecho en el lugar donde se hallaba su corazón, lo mismo que hizo cuando vio la tumba de su amigo.

La monja sonrío y ya habiendo tomado una decisión, se preparó para regresar a los dormitorios del convento, pero se topó con alguien que de inmediato le arrebató la sonrisa.

La oscuridad de la sala sólo permitía ver la silueta del sujeto. Estefanía sintió desconfianza; de haber sido un conocido lo habría reconocido con el simple vistazo, aunque sí lo era y uno que la había aterrado en pensamiento durante largas noches en vela.

- Le prometí a tu padre que te protegería, pero dime…. ¿Quién te protegerá de mí?- murmuró con burla el sujeto, que, dejando ver su rostro con los pocos rayos de luna que entraban en la sala, corrió tras la monja que había echado carrera cuando reconoció la voz del causante de sus desgracias.

Estefanía corrió hacia la puerta cerrada de la sala, y apunto de girar la perilla, el hombre la detuvo con brusquedad tapando su boca que daba gritos ahogados de auxilio.

- Nadie vendrá a salvarte, esta vez me aseguraré de matarte.- pronunció el hombre. Estefanía lloraba de miedo y el susodicho, burlándose de su víctima, se atrevió a decirle con sarcasmo.- ¿Qué? ¿Qué porqué ahora te mataré y no antes?...- protestó.-...pues verás, primero descubrí que sobreviviste al balazo que te di, lo cual fue realmente sorprendente, pero me dio mucho gusto, porque así pudiste ver cómo se carbonizaban esos inútiles niños que ya me tenían harto con sus teatritos de caridad, después me enteré no sólo de eso, sino que tú también te quemaste por intentar salvarlos…pero eso lo descubrí poco después de verte con ese muchacho, el tal Heiderich. No tienes idea de lo fácil que fue envenenarlo, sólo bastó ofrecerle un pañuelo para que el veneno penetrara directamente por sus fosas nasales y así quemarle lentamente la garganta…

Estefanía tras oír lo último, lloró desconsolada posteriormente de sentir un gran dolor en el corazón, el hombre aprovechó para apretarle las manos con tal fuerza que la joven chilló de ahora de dolor físico.

-…y dime Estefanía…¿Qué te duele más?¿Mis palabras o mis actos?- rió el hombre, Estefanía sentía que en cualquier momento todo llegaría a su fin y el dolor ya no sería parte de ella.-No te maté antes porque quería verte sufrir… yo te amé Estefanía, sino hasta el día en que leíste mis secretos y le contaste a todos…yo sólo buscaba un beneficio que por encima de todo nos trajera riquezas, pero tenías que decirles y lo arruinaste…todo…nuestra confianza…eras tan joven, estúpida e ingenua que ni cuenta te diste de las personas que estaban apoyándome, amigos o quiero decir aliados, entre ellos doctores y científicos, que me fueron de gran ayuda para encontrarte de enfermera y acompañante de Heiderich. Y mataré ahora que ya no tienes nada que perder, más que tu vida que ya no tiene sentido, te has quedado sola por voluntad propia y mejor así porque nadie preguntará por ti, porque te creen muerta o desaparecida, porque te ocultaste, pero al fin te he encontrado para terminar con la traición que provocaste…¡Ah! Y en cuanto a los hermanos Elric…- en ese momento Estefanía sintió que se le detuvo el corazón.- al mayor lo vi sin importancia, pero del menor… nunca sabrás que fue de él…- apenas terminó de hablar, arrojó al suelo a la aterrada monja mientras de su bolsillo sacaba una pistola, apuntándola hacia la sien de ella.

Estefanía oyó como el gatillo se preparaba para dispararle, y ante el horror se digno a pronunciar:

- Alphonse…- temiendo más por la vida del joven Elric que la suya, cerró los ojos creyendo que la pesadilla llegaría a su fin.

Escuchó el estruendo sonido del balazo. Para cuando abrió los ojos, encontró a sus pies el cuerpo inerte del cruel hombre. Unos ojos castaños la miraban también aterrados.

- A-alphonse…- masculló Estefanía, de nuevo le escurrieron lágrimas.

Alphonse se acercó a paso lento hacia ella, luego cayó de rodillas y se aferró a sus brazos.

- Yo…yo no quería…- explicó conservando miedo y estupefacción en sus ojos, ella entre sollozos le dijo:

- Lo sé...- después se lanzó abiertamente hacia los brazos de Alphonse, que desde un principio la abrazaban, pero ahora, era ella quien realmente lo abrazaba.- Aquí es a donde pertenezco, a tu lado, porque sólo aquí puedo sentir mi corazón y saber que aún estoy con vida.- pronunció al mismo tiempo en que el rostro de Alphonse se consolaba con sus dulces palabras.

xXx

- Algunas monjas dicen que con la lluvia nadie notó su entrada al convento.- le contaba Silvia a la monja superiora refiriéndose al agresor.

- Si, pero ¿Cómo es que él…- dijo la sublime.

- Si se refiere a Alphonse, él…- suspiró Silvia.- venía a despedirse de Estefanía… él y su hermano pensaban partir muy temprano hacia Alemania.

La monja superiora llevó ambas manos hacia la espalda.

Él intervino, pero provocó accidentalmente que el hombre se disparar a sí mismo.- dijo Silvia bajando la mirada.

La principal se acercó a la ventana y se asomó desde su oficina; vio que una joven de cabellos rojizos, que llevaba puesto un vestido verde, cargaba una maleta y cruzaba los jardines del convento. Dos jóvenes la esperaban a la entrada.

Tras dar un suspiro, con un aire serio se atrevió a decir:

- Qué diferente se ve…

Silvia se acercó a la ventana y contempló lo mismo que su superiora notando que la joven pelirroja ya se había acercado a los hermanos Elric.

- Si, así es…- sonrió Silvia cuando vio que Estefanía tomó del brazo a Alphonse y ambos se llenaron de alegría.

De regreso en el tren, Estefanía vencida por el cansancio y por la noche anterior dormía plácidamente recargada en el hombro de Alphonse. Edward, que ya había escuchado todo lo que había sucedido, sólo miraba la mano vendada de Estefanía.

- Pudo haber sido peor.- le dijo Alphonse al notar que miraba la mano de la joven. Edward intentó sonreír por el revés de las cosas pero le ganó el rostro de la tristeza y preocupación.- Hermano, yo también quiero que seas feliz.- sonrío alegremente Al, Ed río un poco.

- Claro que lo seré.

- Entonces, ¿Hablarás con Lily?

Adquiriendo un semblante serio, Ed bajó la mirada, sin borrar su sonrisa le dijo a su hermano:

- Ella dijo que me esperaría…

Cuando llegaron de vuelta a Munich, fueron a ver a Lily, ya había pasado casi un mes desde el último encuentro que Edward y ella tuvieron.

Edward tocó la puerta y salió la sirvienta a recibirlo.

- ¿Puedo hablar con Lily?- preguntó.

- Lo lamento, eso no será posible…- contestó la criada, Ed la miró sin entender.- ella acaba de partir…

- ¿P-pero a dónde?- preguntó preocupado.

- Realmente no sabría decirle….creo que fue a visitar a Ernest…

- ¡¿Hace cuánto?!

- Hace quince minutos.

- ¿Ah?- Edward no entendía la extrañeza de las cosas pero sabía que tenía que actuar rápido.- ¡Vamos Al, a la estación de trenes!- gritó corriendo a la calle y deteniendo un taxi. Alphonse y Estefanía lo siguieron y subieron al taxi, dejando a la sirvienta con la palabra en la boca.

- ¡Olvide decirles que…

Edward bajó velozmente del taxi al llegar a la estación de trenes, dejando a Alphonse y Estefanía por atrás. Su semblante se había tornado de coraje, desesperado buscaba a la joven entre el gentío que pasaba por la estación. Recorrió los vagones uno tras otro hasta que por la ventana de uno encontró a la rubia sentada en uno de los asientos, leyendo un libro y sin notar su presencia.

En ese momento un hombre con uniforme azul y silbato se asomó por la puerta del vagón anunciando su partida, inmediatamente Edward empezó a golpear con fuerza la ventanilla gritando el nombre de Lily para que ella lo viera. En uno de sus intentos notó que ella alzó la mirada dando indicios de poder escucharlo, Edward sonrío y en ese instante Lily dirigió la mirada hacia la ventanilla donde se hallaba él, se alegró al verlo y pronto se puso de pie, pero en el intervalo el tren empezó a moverse. Ed empezó a seguirlo golpeando el vagón por un costado para que se detuviera, mientras podía y el tren aún partía.

Lily, en el interior del tren, en un acto impulsivo por ver a Edward, tomó su maleta de mano y corrió por los pasillos pasando vagones y metiéndose entre las personas que se hallaban de pie, finalmente llegó hasta la parte terminable del tren, salió por la puerta y se topó con un barandal negro que le prohibía el paso; sólo alcanzó a ver a Edward correr por las vías, dándose por vencido pues era imposible alcanzar el aparato.

Lily miró entristecida cómo se empezaba a alejar la imagen de Edward. Él tomaba aire, impotente por no evitar que ella se fuera.

De pronto, Ed alzó la vista y aún viendo la silueta de Lily en el tren, vio que ésta arrojó su maleta hacia las vías. Estupefacto imaginó una estupidez.

- No estará pensando en…

Justo en ese momento Lily pasó por encima del barandal y seguidamente, en pleno movimiento, se tiró hacia las vías del tren.

Ed miraba aturdido a la joven, sólo la vio tirarse a las vías, pero poco después la vio ponerse de pie cogiendo un poco la pierna izquierda y con algunos raspones en el cuerpo. Uno debería estar realmente loco para hacer semejante cosa, pero cabe aclarar que el tren iba a una velocidad mayor a la de un hombre, no obstante, todavía estaba partiendo de la estación y aún no adquiría su velocidad estable, aún así, Edward no podía evitar estar boquiabierto por la estupidez que Lily acababa de cometer.

Ella tambaleándose volvió a sonreír y para sorpresa de Edward y de todas las personas de la estación que vieron su hazaña, corrió hacia los brazos del rubio atravesando ese gran tramo de vías que los separaba.

Cuando llegó con el boquiabierto Edward, se lanzó hacia sus brazos y le plantó un romántico beso en la boca.

- P-pero…- decía Edward sonrojado y paralizado, Lily ocultó su rostro contra su pecho.

- Te extrañé mucho... esta ocasión, no voy a dejar que te vayas…- expresó sin mirarlo.

- Entonces…- suspiró Ed sonriendo tiernamente, también sin verla, le preguntó.- ¿Te quedas conmigo…Lily?- la chica se apartó de su pecho y mirándolo con sus ojos irradiando júbilo le contestó:

- …para siempre.

Alphonse veía cómo su hermano abrazaba con tanto afecto a Lily, en lo que Estefanía, junto a él, imitaba el mismo gesto tomándole la mano.

El destino, nuevamente con sus tragedias, traía felicidad a los hermanos Elric, y esto, todavía era el principio…