¡Hola! He vuelto. El tan deseado capítulo ha llegado. Espero con ganas las reacciones al capítulo y sus comentarios.

Gracias a Hinata Hyuga -NxH, a Coni hyuuga y a edtru23 por los comentario en el anterior capítulo. El final tenía que ser así, en algún lado tenía que cortarlo. Por otra parte, saben que suelo ser regular, así que espero que la espera se les haya hecho corta.

Sin más que decir, les dejo con el capítulo.


A Naruto le sorprendió la actitud de Hinata: suplicante, necesitada, como si tuviera que quitarse algo que llevara clavado dentro de ella durante mucho tiempo. Era la primera vez desde su retorno a Japón que veía a Hinata tan insegura y tímida. Como si tuviera miedo de que Naruto la juzgara y la tratara mal.

Naruto acarició la cabeza de Hinata suavemente, para darle algo de confort y tranquilidad. Hinata sintió un ligero peso sobre su cabeza y, cuando la levantó, pudo ver a Naruto sonriendo como sólo él puede hacer. Esa sonrisa que la volvía absolutamente loca.

— Tranquila… No te voy a juzgar. Sea lo que sea lo que tengas que decir, siempre podrás contar conmigo. – Y no mentía. Su enamorado corazón hacía que, si Hinata lo llamara pidiéndole perdón, él la perdonaría y querría volver con ella. O si ella le pidiera ayuda, él estaría a su lado para hacer lo que fuera por ella. Tanto tiempo después y seguía amándola como un loco.

A Hinata le tranquilizó saber que Naruto la apoyaría. Era lo que necesitaba saber para, finalmente, hablar de todo. Pero también se sintió mal sabiendo que había dejado escapar a una gran persona y a un gran hombre. Por algo se había enamorado de él y ese detalle le había recordado el por qué.

Eran tantas cosas las que tenía que decir que no podía decirlas en aquel efímero instante. Necesitaba tiempo para explicarlo todo.

— No podemos hablar aquí, Naruto. – dijo Hinata, siendo consciente de que estaban en un lugar poco apropiado para todo lo que le tenía que decir. — ¿Quedamos para cenar esta noche? Allí tendremos tiempo para hablar sobre todo lo que pasó.

Naruto se quedó paralizado ante la petición de Hinata, ella no solía ser tan atrevida, ni siquiera cuando eran pareja. Era él quien proponía tener citas, y ella simplemente aceptaba. Esta faceta de Hinata, desconocida para Naruto, le resultaba totalmente apasionante.

— Me encantaría. – dijo Naruto, encandilado por Hinata. — ¿Paso por ti a las ocho?

Hinata respondió afirmativamente a la pregunta de Naruto. Tras mucho tiempo, por fin volverían a salir juntos, aunque esta vez no como pareja, ni como amigos, sino como dos ex que se vieron separados por las circunstancias de la vida y que se reencuentran tras un largo tiempo. No estaba siendo un encuentro incómodo, las situaciones fluían perfectamente entre ambos. Había una innegable química.

— Y dime… ¿Qué haces en este parque? – preguntó Hinata, deseosa de saber la respuesta de Naruto. Después de todo, ese parque era muy especial para ambos.

— Suelo venir aquí para reflexionar sobre el pasado… - contestó Naruto, con cierto aire nostálgico en su voz. — Sobre los errores que cometí y sobre lo que ha sido mi vida…

En ese instante, Hinata observó el colgante que Naruto había usado en la reunión de financiación de la nueva sede. Parecía que el rubio estaba muy apegado a dicho collar. Fijándose más detenidamente, pudo percibir que al final del colgante había un objeto redondo y hueco, una especie de anillo.

— Esto… Me gusta tu colgante… - dijo Hinata, queriendo ver la joya más de cerca.

Naruto se lo sacó por fuera de su camisa para que ella pudiera verlo mejor. Hinata confirmó lo que pensaba: era un anillo.

— ¿Esto? – dijo Naruto, sosteniendo su colgante para que Hinata lo viera mejor. — Sobre esto también te quiero comentar algo esta noche…

Hinata se puso nerviosa. ¿Por qué querría hablarle de eso a ella precisamente? Una posibilidad le pasó por la cabeza, pero era tan absurda que la desechó. Ella se fue dejando a Naruto casado.

— Bueno, me tengo que ir. – dijo Hinata, de forma apresurada y acelerada. — Entonces… ¿Nos vemos esta noche?

Naruto asintió, se despidieron y vio a Hinata marcharse de la mano de aquel niño que ella decía que era de una amiga. El verla irse le dejó un vacío por dentro absolutamente desolador. No era casualidad que ese momento hubiera sido tan mágico: Naruto había conversado con su persona especial, con su enlazada, con esa persona que, independientemente de las dificultades que planteara el destino, era por decreto celestial, suya. Y el tenerla tan cerca, pero tan lejos le dolía en exceso.

Naruto se quedó un rato de pie en ese parque. En su cabeza, seguía viendo a Hinata a su lado, abrazada a su brazo, pero no a la Hinata del presente, sino a la Hinata que fue suya por última vez. Desde el instante que Hinata partió, Naruto se había condenado al celibato hasta que Hinata volviera. Y ahora que había vuelto, estaba decidido a darlo todo por volver con ella.

Naruto tomó su teléfono. La noticia de su "cita" con Hinata era algo digno de saberse, así que llamó a sus mejores amigos. Aunque no necesitara consejo, ellos sabrían qué decirle para tranquilizarlo y animarlo. Y eso era más importante que un consejo.

— ¿Sí? – una voz masculina sonó al otro lado de la línea telefónica.

— ¿Sasuke?

— Claro que soy Sasuke. ¿Es que no te fijas en el contacto que eliges cuando vas a llamar? – dijo Sasuke, haciendo uso de su habitual ironía. — ¿Por qué llamas a esta hora?

— ¿A esta hora? ¡Son las once de la mañana, pedazo de vago! – dijo Naruto, riéndose de Sasuke.

— Dime de una vez qué es lo que quieres o te juro que te quedas sin amigo. – dijo Sasuke, haciendo caso omiso a lo que decía Naruto.

— Pon el altavoz. Esto tenéis que oírlo ambos. – dijo Naruto, ansioso de darles las noticias.

Sasuke hizo caso a Naruto y llamó a Sakura, con el pretexto de que Naruto quería hablar con los dos. Sakura dejó lo que estaba haciendo para oír junto a Sasuke a su mejor amigo. Sasuke conectó el altavoz, tal como había dicho Naruto.

— De acuerdo, ahora te oímos los dos.

- dijo Sakura, que estaba expectante ante lo que quería decir el rubio.

Naruto exhaló un suspiro para relajarse. Necesitaba sacar los nervios que le habían causado una mañana tan agitada como la que había vivido.

— Sakura, ¿recuerdas que ayer me llamaron mis padres? – dijo Naruto, recordando el tenso momento que habían vivido el día anterior.

— Sí, me acuerdo. ¿Qué te dijeron?

— Me dijeron que lamentaban lo ocurrido y mi padre me dijo que mi madre estaba en contra de todo lo que pasó. – se sinceró Naruto. — Me pidieron disculpas y perdoné a mi madre y a él le di una oportunidad para arreglarlo todo.

A Sakura no le gustó especialmente la decisión, pero como sabía el aprecio que les había tenido Naruto y, sobre todo, porque era cosa de Naruto y no de ella, no dijo absolutamente nada.

— No sé si alegrarme o gritarte… - dijo Sasuke, dudando. Él no se iba a callar su escepticismo por la decisión que había tomado Naruto.

— Ya… Te entiendo. Por eso sólo le di una oportunidad a mi padre. No es como si le hubiera perdonado de forma definitiva. – dijo Naruto, justificando sus acciones.

— Pero ya te refieres a él como "mi padre" y no como "Minato", "ese desgraciado", "el tipejo asqueroso" o mi favorito: "la rata rubia". – dijo Sasuke, recordando algunos de los apelativos con los que Naruto solía llamar a Minato.

— Bueno, si le fuera a perdonar, tendría que empezar por no usar esos apodos tan merecidos, ¿no crees? – dijo Naruto.

— Cierto. – reconoció Sasuke, con algo de pesar. — Y… ¿Qué más quieres decirnos? Porque dudo mucho que nos hayas llamado solo para contarnos eso. Tiene que haber pasado algo más serio… O algo mejor.

— ¿Qué es lo que comes, que te hace adivino? – dijo Naruto, en un claro tono de broma.

— Este tú tan almibarado me pone enfermo. – dijo Sasuke, sin poder reprimir un gesto de asco, lo que hizo que Sakura riera. — Lo cual sólo significa una cosa… ¿Lo que ha pasado tiene que ver con cierta Hyuga?

— ¿Con Hinata? - La sonrisa que se mostraba en su rostro desapareció. Sakura se puso algo nerviosa, porque entendía que había tomado la decisión de hablar con Naruto sobre su hijo. Temía por la reacción del rubio.

— Oye, Sasuke, ¿podrías darme los números de la lotería para esta noche? Porque lo adivinas todo… - dijo Naruto en tono de broma.

— ¡Pero si vives enterrado en dinero, cabronazo! – dijo Sasuke, siguiendo la broma iniciada por Naruto.

— El dinero no es algo que sobre, Uchiha… – dijo Naruto. — Sí, tiene que ver con Hinata.

Sasuke y Sakura se quedaron en silencio, esperando a que Naruto continuara con su narración. El rubio estaba emocionado por poder tener la posibilidad de hablar las cosas con su amada.

— Es que… Estoy tan emocionado… - su corazón latía con intensidad, como hacía tiempo solía hacerlo, principalmente, cuando estaba con Hinata.

— ¿Has vuelto con ella? – dijo Sakura, imaginando que la noticia era esa por la emoción mostrada por Naruto.

— No… Aún. Pero ten por seguro que haré lo que sea necesario para que eso suceda. – dijo Naruto, con una determinación y una seguridad que hizo que Sasuke y Sakura recordaran al Naruto de su juventud, ese Naruto que cada vez que decía algo, lo cumplía a base de corazón, coraje, empeño y ganas.

— Entonces… ¿Qué ha pasado? – preguntó Sakura.

— Veréis… – comenzó Naruto a explicar. — Cuando terminé de hablar con mis padres, me dijeron que se encargaban de la empresa por ese día, que me fuera a descansar un poco…

— Yo sólo digo que ahí hubo penetración… – dijo Sasuke, mientras se reía junto a Sakura de la frase que acababa de decir.

— ¡Joder, Sasuke! ¡No voy a poder quitarme esa puta imagen de la cabeza… ni de mi despacho, maldito emo! – dijo Naruto, asqueado por la frase y por imaginarse a sus padres… en plena faena.

Sakura le reclamó a Naruto para que éste continuara contando lo que había pasado ese día. Naruto siguió con mala gana.

— Cuando salí, fui al parque de siempre, y me fui a sentar en el banco donde me declaré a Hinata, para pensar en cómo había cambiado mi vida de un tiempo a esta parte, cuando la vi allí. Estaba… ¡Dios! Creo que no puedo definirlo con palabras. – narró Naruto la escena que vivió en el parque. — Estaba allí, de pie, cuidando al hijo de una amiga.

Sakura pensó inmediatamente que no era el hijo de una amiga, que se trataba del hijo de ambos quien estaba jugando en el parque, y que si Naruto no se había dado cuenta en el exagerado parecido que tenían ambos.

— Lo que más me sorprendió fue el parecido entre el niño y yo. Parecíamos dos gotas de agua. Pero no le di importancia porque…

— Naruto, ¿qué has hecho? – dijo Sasuke, fingiendo indignación. — El mundo ya tiene suficiente con aguantarte a ti como para que encima vayas procreando por ahí.

— ¡Llevo sin tocar a una mujer desde que Hinata se fue! Es imposible que tenga un hijo.

Sakura soltó una risilla que Naruto no pudo captar. Sasuke miró a Sakura con extrañeza, pero enseguida recordó el por qué Sakura rió en ese momento: Naruto sí tenía un hijo, pero él no lo sabía.

— Bueno… – siguió Naruto. — Hablé con ella y me dijo que… - Naruto suspiró emocionado ante el recuerdo de la petición de Hinata. – Me dijo que quería hablar conmigo, que fuéramos a cenar para hablar de todo.

Sakura sonrió contenta por su mejor amigo, parecía que Hinata, finalmente, iba a hablar de una vez e iba a dejar de esconderse.

— ¡Es fantástico, Naruto! Por fin tendrás la oportunidad de aclararlo todo.

— Sí… Llevaba tanto tiempo esperando este momento… - dijo Naruto, notablemente entusiasmado.

— ¿Qué tienes pensado, Naruto? – preguntó Sakura.

— Es una sorpresa… Pero seguro que a ella le gustará. – dijo Naruto, convencido de lo que iba a hacer esa noche.

— Tío… Suerte. – dijo Sasuke, colgando el teléfono.

Naruto suspiró, faltaban aún siete horas para su salida con Hinata y tenía todo por preparar para la noche. Llamó al restaurante al que tenía planeado ir con Hinata. Estaba convencido que iba a ser complicado conseguir mesa, pero haría cualquier cosa por ella.

— Buenas noches, soy Naruto Namikaze, me gustaría reservar la mejor mesa de su local para una cena esta noche a las ocho. – dijo Naruto, ansioso, esperando respuesta.

Por suerte para él, había una cancelación a última hora y consiguió una mesa fantástica. Arreglado el tema del restaurante, que era lo más complicado, el resto era un mero trámite.

Las horas fueron pasando y los nervios y las ansias de salir esa noche fueron aumentando en Naruto. Era su oportunidad de arreglarlo todo.

Naruto se duchó y se vistió con un pantalón negro de vestir, una camisa de manga larga color gris y chaqueta negra, con unos zapatos de color negro. Elegante, formal, pero sin excesos.

— Bueno… Esta es mi oportunidad. – dijo Naruto mientras se miraba en el espejo.

Naruto tomó las llaves de su coche y condujo hacia la residencia Hyuga. Cuando llegó, llamó a la puerta de muy nervioso. Temía que fuese Hanabi quien le abriera, ya que la relación entre ambos era bastante tirante desde que la mayor de las hermanas Hyuga se marchara rumbo a Madrid. Para su suerte, fue el primo de ambas quien abrió la puerta.

— Vaya, Naruto… Estás muy elegante. – dijo Neji, sorprendido.

Naruto sonrió. No iba de traje, pero iba formal, acorde a la importancia de la cena a la que iba a asistir.

— Hinata ya está terminando de prepararse. – dijo Neji para informar a Naruto sobre el estado de su prima. — Naruto…

Naruto escuchaba atentamente a Neji. Cualquier consejo, opinión o palabra que tuviera que decir Neji la consideraría, después de todo, el primo de Hinata es la persona que mejor la conoce.

— Sé que de verdad amas a Hinata. Entiendo perfectamente lo que debes sentir ahora mismo… - dijo Neji, apoyando una mano en el hombro de Naruto para darle apoyo. — Así que te voy a dar un consejo: prepárate para todo. Esta noche es importante para Hinata.

Naruto asintió mostrando que estaba de acuerdo con Neji, esa iba a ser una velada extremadamente compleja, no sólo para ella, sino también para él. De repente, una figura femenina irrumpió en frente de ambos.

Cuando Naruto vio a Hinata, no pudo evitar quedarse boquiabierto ante la belleza que emanaba su único amor. Hinata vestía sencilla, pero elegante. Llevaba un top color malva, muy suave, con un ligero escote en forma de corazón, que dejaba ver el inicio de sus senos; una falda color crema que llegaba a la altura de las rodillas, sandalias de tacón alto y un colgante de color lavanda. Su cabello, cortado a la altura de los hombros, le daba un toque fresco que encandilaba a cualquiera, sin necesidad de usar maquillaje, nada más que un pequeño toque de pintalabios. Todo el conjunto era tan armónico que en la cabeza de Naruto se generó un pensamiento: Hinata era una diosa.

— Madre mía, Hinata, estás impresionante. – dijo Naruto, tras recuperar la compostura.

— Muchas gracias… - dijo Hinata, sonriente y sonrojada. Aún le daba algo de vergüenza que Naruto le dijese que era guapa o cualquier piropo. Era un aspecto que Naruto amaba de ella: su timidez, que se dejaba ver dentro de su capa de seguridad y confianza. – Tú también estas bien…

— Bueno… ¿Nos vamos? – dijo Naruto, ofreciéndole su mano a Hinata.

La Hyuga asintió y tomó la mano del rubio. Era la primera vez que mantenían un contacto físico tan íntimo en años, y una corriente eléctrica recorrió los cuerpos de ambos. Ese cosquilleo que sólo se siente cuando una persona está con su enlazada, con esa persona especial que el destino pone en el camino para que compartan la vida juntos.

Ambos estaban tan ensimismados viviendo en su propio mar de sensaciones olvidadas y marchándose en el deportivo de Naruto que no se dieron cuenta que, a lo lejos, un niño pequeño miraba atentamente cómo el Audi del rubio se alejaba de la residencia Hyuga.

¿Onde va mamá? ¿Quén e ese señó? – preguntó Boruto.

— Tu madre se va… Con un viejo amigo a hablar. – dijo Neji, improvisando una excusa en el momento. Ciertamente, le pareció algo irresponsable que Hinata no se planteara decirle a Boruto nada sobre "ese señor". — Bueno, Boruto, ¿te apetece jugar con el tío Neji, con la tía Hanabi y con el abuelo?

¡CHIIIIIII! – gritó Boruto, olvidando cualquier pregunta que fuese a hacer.

— Entonces… - dijo Neji, tomando a Boruto en sus brazos. - ¡Vamos dentro, campeón!

Neji cerró tras de sí la puerta de la residencia Hyuga, deseando que todo saliera bien esa noche por el bien de ambos.

Naruto e Hinata iban en absoluto silencio en el coche del rubio. Ninguno creía necesario decir nada que fuese innecesario, ambos creían que lo que pasara esa noche era extremadamente importante, aunque por motivos diferentes. Al llegar al local, Naruto aparcó su coche y abrió la puerta a Hinata, a la que le gustó ese gesto de galantería del rubio.

El más conocido y exclusivo restaurante de la ciudad, el Restaurante Richou, aquel que sólo es frecuentado por las élites de la ciudad de Konoha, e incluso de otras ciudades, fue el elegido por Naruto para mantener la charla con Hinata. Debido a su coste y exclusividad, las reservas eran extremadamente complicadas de conseguir, pero por suerte, Naruto tenía contactos hasta en el infierno y consiguió una mesa para esa noche.

— Vaya… Te debe haber costado mucho conseguir mesa aquí… - dijo Hinata, sorprendida por el lujo que dominaba ese restaurante.

— Haría lo que fuera por ti, pequeña lavanda… - dijo Naruto de forma inconsciente.

Hinata se sonrojó al volver a oír a Naruto llamarla de esa manera. A pesar del tiempo y de todo, ella seguía reaccionando a cada toque, a cada palabra y a cada gesto de Naruto.

Tomaron asiento en la mesa que habían reservado, una con vistas al río, iluminada con la luz de las velas. Más que una salida informal, parecía una cita romántica. Naruto pidió una ensalada como primer plato, al igual que Hinata; de segundo pidió un filete de carne de Kobe, a diferencia de Hinata, que pidió sashimi; y, sobre todo, mucho sake para ambos, con la idea de que el ambiente fuera más distendido y que la incomodidad se evaporara. Cosa que no sucedió. El tiempo se dilataba hasta el infinito y el silencio se prolongó por más tiempo del deseado.

— Me alegra saber que estás… Bien. – dijo Naruto, intentando romper el silencio existente.

— Gracias… Tú tampoco parece que estés mal… - contestó Hinata a Naruto. Luego volvió a reinar el silencio.

Primer intento de conversación: fracaso.

Ninguno de los dos se atrevía a coger el toro por los cuernos, había muchos temas por tratar. Temas demasiado escabrosos y serios, que hacían que ambos tuvieran miedo de esa conversación.

— Y… ¿Cómo está tu familia? – dijo Naruto, intentando volver a iniciar una charla, pero

— Bien… - dijo Hinata, más centrada en su ensalada que en lo que decía su acompañante. De nuevo, el silencio y la incomodidad se hizo patente entre ellos.

Segundo intento de conversación: nuevo fracaso.

Naruto se fijó en cada uno de los movimientos que hacía Hinata y en la armonía que mantenía en cada uno de ellos. Había sido el tío con mayor suerte de todo Japón por haber podido estar con una mujer como la que tenía enfrente, aunque fuese sólo por tres años. Se bebió un vaso de sake mientras engullía su ensalada. Necesitaba algo que le desinhibiera y le relajara para poder hablar. Sintió cómo el alcohol calentaba su cuerpo conforme iba descendiendo por su esófago. Tras tomar un par de copas más, Naruto se sintió con más fuerzas para sincerarse.

– ¿Recuerdas el día que te marchaste? – preguntó Naruto, arrastrando ligeramente las palabras.

Hinata asintió mientras recordaba lo duros que habían sido los primeros días para ella. Por suerte, con el dinero de su padre, pudo subsistir. Sin abusar de la confianza de su progenitor, claro está.

— Yo estuve ahí, en el aeropuerto. Te vi sentada en el avión, preparada para deshacerte de mí para siempre… - dijo Naruto, melancólico. Hinata se sintió atacada debido a las palabras dichas por el rubio.

— Sabes que no es así como pasó. – dijo Hinata, comenzando a mostrar algo de enfado. — Yo me fui porque tú jugaste conmigo durante demasiado tiempo.

— ¡Ni se te ocurra culparme por tu cobardía! – dijo Naruto, pegando un puñetazo en la mesa, haciendo que Hinata se sobresaltara. — Yo hice lo que tenía que hacer para que estuviéramos juntos, y tú fuiste la que huyó y se fue a miles de kilómetros sin pensar en todo lo que dejaba atrás. Amigos, familia,

— ¿Qué hiciste tú para estar conmigo? ¿Tener sexo conmigo, hacer que me ilusione y dejarme una y otra vez durante dos años? ¡Vaya manera de demostrar amor! – espetó Hinata con ironía e indignación a partes iguales.

— ¡Tenía que estar casado con Sakura durante cuatro años por contrato! Te dije que esperaras, que confiaras en mí, que iba a hacer lo imposible para estar juntos y que mi corazón era tuyo. ¿Eso no era suficiente? ¿No fueron suficientes todas las veces que te dije que te amaba? ¿Tampoco lo fueron todas las veces que hicimos el amor? ¿Qué más querías de mí?

— Quería que la dejaras. Cuando me fui, no lo habías hecho y no pude soportarlo más, tenía que poner distancia para sanar mi corazón. Me fui porque el saber que no podía estar contigo me dolía, tú estabas con ella. – dijo Hinata, con una notable tristeza en su mirada.

— En eso te equivocas…

Hinata se sorprendió al oír esas palabras salir de la boca de Naruto. No podía reaccionar, no entendía en qué se había equivocado ella. El silencio le dio a Naruto el permiso para explicar lo que quería decir.

— Antes de ir al aeropuerto, donde me mandó Neji, hablé con Sakura. Ambos sabíamos que no nos amábamos y que todo aquello había sido una farsa orquestada por nuestros padres, así que, una vez cumplido el plazo obligatorio, no tenía sentido seguir con aquello.

— ¿Quieres decir que…?

Naruto asintió.

— En nuestro cuarto aniversario de bodas, nos hicimos el mejor regalo que podíamos hacer: nuestra libertad. El día que tú te marchaste… Sakura y yo nos divorciamos.

La revelación de Naruto cambiaba las cosas por completo. Ahora Hinata sabía que Naruto sí había cumplido con su palabra. Hinata tomó constancia de que, si no estaban juntos en ese momento, había sido porque ella no había confiado en él.

— Sé que me equivoqué en el pasado, y sé que sigo haciéndolo. Quiero pedirte perdón por todo lo que sufriste en el pasado y por llamarte "cobarde". No tengo derecho a reclamarte nada, estabas en tu derecho de hacer con tu vida lo que quisieras. – dijo Naruto, tomando de la mano a Hinata, rebajando la tensión existente entre ambos. — También quiero pedirte disculpas por decepcionarte. Actué como un cobarde y huía de nuestros problemas, dejándome vencer por ellos. Supongo que tu marcha fue mi castigo divino…

A Hinata le conmovieron las palabras de Naruto y el arrepentimiento que mostraba el rubio. Tomó las manos de su amado y las apretó ligeramente, como si quisiera volver a sentir de nuevo ese contacto con la piel de él que la hacía sentirse amada. Y por un momento lo consiguió.

— No tienes que culparte por lo que pasó hace tres años, Naruto… - dijo Hinata, intentando hacer que Naruto se sintiera menos culpable. — Todos cometimos errores. Yo… No tuve paciencia y no creí en ti ni en tus sentimientos. Me dejé llevar por mis miedos y decidí irme.

Naruto sonrió un poco, las palabras de Hinata fueron una especie de ungüento curativo para él, para ayudarle a sanar sus heridas. Se sentía un poco mejor, y ese era el primer paso. Cuando superara su dolor, sería el momento de atacar con todo.

Hinata se dio cuenta que Naruto llevaba con él el colgante que había visto por la mañana. Le picó el bichito de la curiosidad

— Esto… Naruto… ¿Me podrías contar la historia que hay detrás de ese colgante tan bonito? – preguntó Hinata, sospechando la respuesta que le iba a dar Naruto

— Verás… El colgante tiene una historia detrás. El día que te fuiste no sólo me divorcié de Sakura. Digamos que no fui por casualidad a tu casa.

A Hinata le estaba empezando a preocupar el rumbo que estaba empezando a tomar la historia de Naruto. Todo indicaba que lo que Hinata estaba pensando sobre ese anillo era la verdad. Una verdad que ella no quería oír porque la haría sentirse aún peor de lo que ya lo hacía.

— Ese día fui a una joyería buscando algo en concreto. Algo que dijera "Te necesito junto a mí por el resto de mi vida". Un gesto de amor puro, como aquellos que tú tenías cuando estábamos juntos. Y se me ocurrió… Pedirte algo que siempre habías deseado y que tú me hiciste desear hacer contigo.

— Me ibas a pedir matrimonio, ¿me equivoco? – dijo Hinata, con lágrimas en sus ojos ante la revelación.

Naruto, simplemente, asintió, confirmando los presentimientos de Hinata.

— Este es mi anillo. Dentro pone tu nombre, así siempre te tendría conmigo… Pero cuando te fuiste, mandé a que hicieran un collar con él y siempre lo he llevado encima, como penitencia por mis pecados. – Naruto finalizó con la cabeza gacha. El contar esa historia le dolía en exceso.

Hinata sollozó ligeramente. La versión de Naruto cambiaba por completo la historia entre ambos. Ahora era ella quien había actuado mal, aunque fuese de forma inconsciente. El dolor que ella pasó fue infundado, y por ello había hecho daño a la persona que más amaba.

Quién hubiese pensado que dos versiones de la misma historia pudiesen ser tan diferentes y pudieran cambiar de forma tan radical lo sucedido. De quién era la culpa del distanciamiento de ambos era algo en lo que jamás se pondrían de acuerdo. Hinata acababa de saber el error mayúsculo que había cometido dejándose llevar por el dolor de la ausencia de Naruto, poniendo tierra de por medio entre ambos. Y eso le dolía: saber que ella había sido la que más se había equivocado.

— Yo… No sabía… - balbuceó Hinata, intentando buscar las palabras exactas para expresarse.

— Eso es el pasado, Hinata. El "qué hubiera pasado si". Lo que importa es el ahora y el mañana. No te odio, Hinata. Nunca podría.

Hinata sintió que nada podía ir peor para sus intereses. Y eso que todavía le quedaba por soltar la bomba final. Sintió que ese era el momento. No había uno mejor ni uno peor. Temerosa de la reacción del rubio, decidió decírselo.

— Naruto… Tengo algo que decirte.

Naruto miró atentamente a Hinata, atento a lo que tenía que decir ella.

— Verás… ¿Recuerdas lo que hicimos dos días antes de que me fuera? – preguntó Hinata, temerosa. Era muy importante lo que le tenía que decir.

Naruto sonrió de forma melancólica. Se acordaba perfectamente de lo que hicieron ese día, fue la última vez que hicieron el amor. Fue la última vez que Naruto demostró a Hinata todo lo que la amaba, danzando junto a ella en la manifestación más pura del sentimiento más maravilloso existente.

— Sí, lo recuerdo, fue la última vez que hicimos el amor. – dijo Naruto. — No entiendo… ¿A qué viene recordar eso?

Hinata suspiró, preparándose a sí misma para decírselo todo a Naruto.

— Bueno… Esa noche tuvo una consecuencia. Tras los dos primeros meses en Madrid, comencé a tener algunos síntomas. Tenía náuseas, migrañas y cualquier olor me hacía sentirme muy mal. Fui al médico, que por suerte sabía inglés, y me mandó a hacer unas pruebas para, según él "comprobar el porqué de esos síntomas".

Naruto comenzó a sospechar por qué Hinata tenía esos síntomas. Sólo podía ser una cosa la que hacía a Hinata padecer esos males.

— Naruto… Estaba embarazada de ti. Tengo un hijo, y tú eres su padre.

Naruto se quedó asombrado por la revelación de Hinata. Un hijo suyo y de Hinata. Lo que tanto había deseado durante su noviazgo. Aquello que quiso tener siempre: un hijo con el amor de su vida. Era el niño que había visto en el parque, jugando. Ese niño que Hinata dijo que era de una amiga. Era su hijo. Naruto era padre.

— Un… Hijo… - dijo Naruto, embobado por la revelación de Hinata. — Tenemos… Hijo…

Naruto seguía en shock. No sabía cómo reaccionar. Una parte de su corazón quería abrazar a esa mujer y besarla como si no hubiera un mañana, llevarla a su casa, hacerle el amor y no soltarla nunca más; otra parte quería gritarle por no haberle permitido disfrutar de su hijo en condiciones.

— Todo este tiempo… Has sabido que tenías un hijo mío… - dijo Naruto, aún paralizado por la revelación.

— Cuando supe que estaba embarazada, ya estaba en Madrid. – dijo Hinata, intentando justificarse.

— Podrías habérmelo dicho… - Naruto no estaba escuchando a Hinata. Simplemente, estaba analizando la situación.

— No quise meterme en tu matrimonio, ¿qué podía hacer yo? Intenté salir adelante por nuestro hijo. – siguió hablando Hinata, mientras Naruto tenía la mirada perdida.

— Hinata… - dijo Naruto, ya plenamente consciente. — Ya sé que pensabas que estaba casado… ¿Pero por qué nunca me lo dijiste?

Hinata no supo qué responder. No tenía un motivo para ocultar un secreto como ése, pero al principio lo hizo por el bien de Naruto, porque creía que el rubio era feliz.

— No quise ser un obstáculo en tu felicidad. – dijo Hinata, con una voz tan bajita y tímida que era casi imperceptible para quienes no estuvieran en un radio de un metro.

— ¡Maldita sea, Hinata! ¿Mi felicidad? ¡Mi felicidad era estar contigo! Si hubieras pensado en mi felicidad, ¡no te hubieras ido ni me hubieras ocultado la existencia de nuestro hijo! – Naruto estaba desesperado. Sabía que ese no era el motivo, porque sólo demostraba auténtica y genuina felicidad cuando estaba con ella. — No uses como pretexto eso, sabes que sólo era feliz cuando estaba contigo. Fuiste egoísta, todo lo hiciste pensando en ti desde un principio.

El silencio volvió a hacerse, Hinata no supo cómo contestar a Naruto. Al principio se fue por no interponerse en la felicidad de Naruto, y eso era tan cierto como que el sol sale por el este y se pone por el oeste o que dos más dos son cuatro. Pero Madrid había cambiado su perspectiva de las cosas. No dijo nada por comodidad, por evitar una situación incómoda entre ambos. Por evitar lo inevitable, lo que estaba sucediendo esa noche.

La cena acabó con un Naruto absolutamente furioso y decepcionado, que contrastaba con una Hinata que estaba devastada y triste. Ni siquiera hablaron sobre las confesiones de esa noche. Simplemente, se subieron al coche y se fueron. Naruto llevó a Hinata a su casa, mientras reflexionaba sobre la existencia de un hijo de ambos.

Cuando llegaron a la residencia Hyuga, Hinata miró a Naruto. Su mirada, que estaba absolutamente perdida, desconcertaba a Hinata. ¿Qué significaba esa mirada? ¿En qué pensaba el rubio?

— Me gustaría que… Por lo menos me dijeras qué piensas sobre… Ya sabes…

— Antes de nada, quiero dejar claro que quiero formar parte de la vida de mi hijo. Estaré ahí y quiero que nos presentes cuanto antes. – dijo Naruto, con fuego en su mirada, fruto de la pasión arrebatada que sentía en ese momento. — Pero tú…

Naruto no continuó hablando y seguía sin mirar a Hinata. Estaba decepcionado con ella por haberle ocultado la existencia de su hijo. Hinata entendió a Naruto perfectamente. La noticia recibida era demasiado chocante, y quizá el habérsela ocultado no había sido la mejor decisión que había tomado, pero agradecía que Naruto quisiera estar ahí para su hijo. Eso era lo único que le iba a pedir al rubio.

Naruto se fue esa noche a su casa a pensar. Pensó en lo cruel que había sido el destino con él. De tener la posibilidad de criar a un hijo con la mujer de su vida dentro de un matrimonio, a criarlo ella sola a miles de kilómetros de su padre. Pero eso cambiaría. Era una promesa de Naruto Namikaze.


Ya ambos saben la verdad de lo que pasó el día de la marcha de Hinata y ya Naruto sabe que es padre. Ahora Naruto tendrá que ser algo para lo que no se enseña: un padre. El cómo llevará ese asunto será importante.

No se pueden quejar, este capítulo es extralargo. Más de 5000 palabras, y hay momentos intensos y deseados por muchos.

¡Espero que les guste! Les leeré en los reviews. ¡Nos vemos!