Capítulo 11
Tratando de salir de la jaula frenéticamente, Snape intentó calmarse y evaluar cuidadosamente la situación. Era algo difícil – no podía recordar la última vez que se había sentido tan inútil y frustrado.
Bueno, la verdad, si podía… la última vez que se había sentido así de inútil, había sido cuando se había enterado que el Señor Tenebroso deseaba matar a Lily.
Ahora el hijo de Lily estaba en problemas, el chico que había cuidado de él, Snape, por semanas. Todos los sentimientos en contra del hijo de James habían desaparecido, por lo menos en la inmediatez de la situación.
En un instante desesperado sus ojos observaron algo distinto en la jaula. La puertecilla parecía algo… suelta. Miró más de cerca. Si… la puerta estaba algo doblada. Definitivamente no había estado así antes. Ese chico muggle de manos gordas y grandes, el amigo del primo de Potter, la debía de haber dañado cuando había intentado agarrar a Snape. Quizá, si presionaba un poco el cerrojo...
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de pasos corriendo por las escaleras y el pasillo. Sonaba como una estampida de hipogrifos enfurecidos.
Acercándose a la pequeña abertura que dejaba la tela, Snape pudo ver como la puerta se abría de un fuerte golpe. Luego, vio a Potter volando a través de la habitación y aterrizando fuertemente sobre su cama.
Vernon Dursley entró en la habitación, cerrando violentamente la puerta, volvió su mirada hacia el chico, quien se acababa de poner de pie. El hombre enorme no notó la jaula, si no, que dedicó su completa atención al chico de quince años de edad parado frente a él.
Al verlos tan de cerca, Snape pudo notar la enorme diferencia física entre el muggle y su sobrino. Dursley era mucho más alto que Potter, quizá unas siete u ocho pulgadas más alto. También existía una gran diferencia entre el peso de ambos, Dursley era, por lo menos, unas ochenta libras más pesado que su sobrino. Con su cara morada por la ira y su bigote erizado, el hombre parecía algo demente. Potter, en cambio, se veía pálido pero calmado, estaba parado lo más recto que podía y permanecía en silencio, mirando a su tío con una expresión grave y fatalista.
Por un interminable momento, ambos se miraron fijamente a los ojos, en silencio. Luego las manos de Dursley se movieron hacia la cintura y empezó a desabrocharse el cinturón.
Al ver esto el corazón de Snape dio un vuelco y empezó a latir con más fuerza. Seguramente no lo hará, no después de haberle dado una paliza ayer, pensó, al mismo tiempo en que los recuerdos de las malas experiencias con su propio padre invadieron su mente. Le echó un vistazo rápidamente a Potter, los ojos del chico seguían cada movimiento de las manos de su tío, deslizando el grueso cinturón de cuero a través de las presillas del pantalón, juntando los dos cabos y, finalmente, agarrado fuertemente el cinturón con su mano derecha. Snape, consternado, pudo ver que el chico, ante esto, no había entrado en pánico, ni siquiera se había sorprendido. Su mirada estaba llena de calma y, de alguna manera, de reacia aceptación.
"¿Bueno?" dijo el muggle de repente, haciendo que Snape se sobresaltara y causando que ambos, Potter y él, se fijaran nuevamente en la cara del hombre. "Ya sabes cómo es esto… ¡terminemos de una vez!"
Potter miró a su tío con cautela, luego pareció encontrar el valor para decir algo.
"Nunca se lo he contado a alguien, nunca" empezó a decir el chico en voz baja.
Snape pensó que el chico mantenía su voz baja, probablemente, para evitar que esta temblara.
"Pero eso no significa que seguiré sin decir nada" continuó Potter, hablando un poco más fuerte. "Si mi director se llega a enter…"
El cinturón lo golpeó de repente, causando que Snape se estremeciera violentamente y que Potter diera un pequeño grito de sorpresa. La tira de cuero lo había golpeado justo en la cara, haciendo que sus gafas salieran volando.
Dursley dio un paso al frente, viéndose más demente que antes.
"¿Te atreves a amenazarme, niño?" dijo con rabia. Luego pareció hacer un esfuerzo por calmarse.
"Escucha niño y escucha bien" empezó a hablar Dursley en un tono ligeramente más calmado, tenía una expresión astuta en sus ojos que a Snape no le gustaba nada. "¿Crees que ese viejo chiflado que te enseña truquitos baratos de magia va a intervenir para evitar que te discipline? ¿Quién crees que te dejó en esta casa, para comenzar?"
Potter continuaba mirado a su tío, paralizado.
"Ese director tuyo te dejó en la puerta de mi casa, como tu bien sabes" continuó Dursley fríamente. "¿Por qué crees que hizo eso? Te diré porque – no quería darnos la opción de rechazarte. Sabia malditamente bien que nadie más te quería y además sabía que yo tenía más posibilidades que nadie de lograr disciplinarte y hacer que te comportaras, ¡No es como si yo estaba levantando la mano para hacer el trabajo!"
Potter estaba tan pálido que Snape creía que se desmayaría.
"Eso no es verdad" declaró el chico, y ahora su voz si estaba temblando.
"¿No me crees, verdad?" La cara del muggle mostraba una expresión de desprecio. "Te diré que haremos… le mandarás una carta a tu director, contándole que estoy planeando darte una lección con mi cinturón y esperaremos a que conteste tu carta para ver qué opina. Si opina que es inapropiado, no te castigaré. Pero no opinará eso, lo sé. Y tú lo sabes también."
Era una buena jugada, Snape tenía que admitirlo. El muggle sonaba brusco, confiado e incluso había adoptado un tono magnánimo. En algún lugar, muy profundamente en su interior, Potter debía saber que las palabras de su tío eran falsas, pero simplemente continuaba mirando petrificado al hombre, sus ojos verdes muy abiertos y solemnes, como los de un niños pequeño.
"¡Bueno! ¡Vamos chico! ¡Hazlo! Manda la carta con esa maldita ave que tienes. Estoy esperando." Dijo Dursley, subiendo su voz aun más. "Hazlo, si estás seguro que ese Dumble-como se llame, te salvará. Si no, entonces quítate la camisa que pongo sobre tu ingrata espalda y terminemos ya con esto. "
Snape volvió su mirada hacia Potter. Los ojos del chico continuaban fijos en su tío mientras vacilaba un poco. Tragó fuertemente. Luego, sin suplicar o protestar, lentamente se quitó la camisa, la dobló cuidadosamente y la puso sobre su cama. Sin esperar a que se lo ordenaran, cruzó la habitación y se paró frente a una pared. Estaba aproximadamente a cinco pies de distancia de la jaula, en la que, sin que el chico lo supiera, su profesor de pociones estaba atrapado y observaba todo lo que estaba ocurriendo.
Potter volvió su cara hacia la pared beige, sus brazos a los lados. Dio un profundo respiro, luego levantó ambas manos a la altura de sus hombros e inclinándose ligeramente, puso las palmas de sus manos contra la pared frente a él. Apretó la mandíbula y dirigió su mirada al frente, como si no hubiera una pared delante de él, si no una ventana en la que se veía un lugar lejano que solo él podía percibir.
Dursley dio un paso al frente y levantó el cinturón – y, aun así, no fue hasta que el hombre golpeó fuertemente a Potter sobre los hombros con el cinturón de cuero, que Snape en verdad empezó a creer que el hombre le daría una paliza a su sobrino.
El sonido del golpe, crack, retumbó en la silenciosa habitación. Potter se mordió su labio inferior y se paró con más firmeza. El latigazo fue seguido por otros dos más en rápida sucesión, luego más azotes – pero aunque los dedos del chico se sacudieron convulsivamente una o dos veces, las palmas del chico no se separaron de la pared. El chico permanecía completamente callado, aparte del sonido que hacia al respirar.
No le tomo mucho tiempo a Snape perder la cuenta de los azotes. El muggle estaba golpeando a su sobrino rápida y fuertemente, a Snape le pareció que el hombre golpeaba al chico con más fuerza que con la que su padre lo había golpeado a él. Pero, Tobias siempre estaba borracho cuando golpeaba a su hijo con el cinturón, en cambio Dursley estaba sobrio. Snape no podía decidir si eso era algo bueno o malo.
El profesor de pociones retrocedió un poco, alejándose de la abertura que dejaba la tela; se acercó a la puerta de la jaula y empezó a empujarla y a morder el cerrojo con sus pequeños dientes. Aunque no podía ver qué era lo que pasaba, no podía evitar escuchar los sonidos: los cansados gruñidos de Dursley causados por el esfuerzo que hacía, la rápida y entrecortada respiración de Potter, un ocasional gemido de dolor y el terrible chasquido que hacia el cuero al caer sobre la piel del chico.
Parecía no tener fin, el castigo era mucho más largo que los que Snape había recibido de niño en su casa en "Spinner's End"… aunque la verdad era, que a él le habían parecido interminables en esos momentos. Usualmente sus castigos terminaban cuando su madre irrumpía en la habitación, interponiéndose entre él y su padre, rodeándolo con sus brazos para protegerlo de los golpes. Más de una vez, esta acción había hecho reaccionar a Tobías Snape, quien tiraba el cinturón al suelo y se alejara de ellos, llorando borracho con remordimiento. Lamentablemente ese remordimiento desaparecía cuando volvía a estar sobrio. Pero Petunia Dursley no había intentado intervenir entre su esposo y el hijo de su hermana, y el chico tampoco parecía esperar tal intervención. Simplemente apretaba la mandíbula y soportaba el castigo lo más silenciosamente que podía.
¡Chico estúpido! Pensó Snape con ira, mordiendo tan duro el metal del cerrojo que creyó que sus dientes se quebrarían. Se sentía inútil y esto hacia que incrementara su ira con ambos, el muggle y Potter. Estúpido, inútil orgullo de los Gryffindor… ¡podría terminar el castigo antes si tan solo gritara! Permanecer callado solo enojará más al bruto… ¡Por Merlín, Potter, solo grita ya!
Dursley se veía lívido de ira ante su fracaso de intentar sacarle un grito a su sobrino. La frustración alimentaba su enojo – y la fuerza en su brazo. Pero estaba fuera de forma y sufría de sobrepeso, eso hará que se canse pronto pensó Snape. Ya estaba jadeante y sin aliento, el sudor recorría su gorda cara.
Hubo una pausa. Snape vaciló, preguntándose si s había terminado el castigo. Luego escuchó un cascabeleo, el golpe sonó más fuerte, más pesado, que los anteriores y esta vez Potter si dio un grito ahogado, un sonido que era causado en parte por el dolor y en parte por la sorpresa.
Snape miró a través de la abertura de la tela. Potter había girado la parte superior de su cuerpo y miraba sorprendido a su tío. Snape noto, dolorosamente, que el chico se mantenía cuidadosamente en su lugar, sus manos aun contra la pared. Este acto de sumisión por parte del rebelde Gryffindor hizo que Snape se preguntara que clase de métodos sádicos había usado Dursley para hacer obedecer de esa manera al chico… y que era lo que le haría al muchacho si no se mantenía en esa posición.
Dursley estaba sonriendo malévolamente. Levantó el cinturón para que el chico lo viera y Snape se dio cuenta que el bastardo había golpeado a Potter con la hebilla de metal.
Por un momento, el hombre y el chico se quedaron viendo el uno al otro. Luego los ojos de Potter se endurecieron, apretó su mandíbula y desafiantemente volvió su mirada hacia la pared, su expresión enojada y despectiva. Snape hizo una mueca de exasperación, la actitud del chico enfurecería al muggle de nuevo. Estaba en lo correcto, la sonrisa de Dursley se desvaneció de su cara instantáneamente para ser reemplazada por una mirada llena de furia. Levantó el cinturón de nuevo, la hebilla en el aire, cascabeleando.
El hombre continuó golpeando al chico, esta vez con la hebilla del cinturón, Snape, más desesperado que antes, empujó con todas sus fuerzas la puerta de la jaula, ignorando el dolor que sentía en su hombro. Intentaba frenéticamente doblar el cerrojo con sus dientes.
Potter aun no lloraba, pero no podía evitar gemir suavemente con cada golpe. Snape se imaginó todos los moretes y heridas que la hebilla del cinturón dejaría en la espalda del chico y apretó con una fuerza extraordinaria el cerrojo. Sintió que algo cedió ante su fuerza.
¡Lo tengo!
Mientras Potter caía sobre sus rodillas, de alguna manera, aun con las manos contra la pared, Snape usó el hombro que no estaba herido para empujar la puerta de la jaula. Se abrió de golpe, tan rápidamente, que Snape calló de la jaula con un chillido, acercándose cada vez más al suelo. Giró su pequeño cuerpo en el aire y se concentró –
Y en vez de patas de murciélago, un par de botas de cuero hicieron contacto con el suelo de madera.
Ignorando el agudo dolor en su hombro y en sus costillas, Snape se dio la vuelta, metió la mano en su capa y sacó su varita con un movimiento tan fluido que hasta Flitwick, quien había ganado en el pasado el Campeonato Nacional de Duelistas, se hubiera asombrado. Sus dedos se cerraron alrededor de la varita mágica, la levantó y, apuntando a Dursley con esta y sin siquiera murmurar un hechizo, envió volando al muggle al otro lado de la habitación y a través de la puerta, con tal fuerza que redujo la madera a simples astillas. El muggle cayó con un sonoro golpe en el piso de abajo, al pie de las escaleras.
Hubo un grito agudo y Petunia apareció por el pasillo, gritando histéricamente, "¡Vernon!"
Otro movimiento de la varita de Snape y la boca de la mujer desapareció, dejando solamente piel blanca y lisa en su lugar. Detrás de su cara sin boca, su lengua se retorcía y la mujer gemía horrorizada, alejándose lo más que podía de la habitación y moviendo sus brazos desesperadamente.
El chico Dursley apareció corriendo justo unos segundos después. Se paró frente a la puerta destruida de la habitación de Potter, mirando horrorizado: la espalda de su primo sangraba y este estaba recostado contra una pared, parecía que estaba a punto de perder la conciencia. También había un hombre muy alto e intimidante vestido completamente de negro, blandiendo una varita. Antes de que pudiese gritar o correr, vio algo que muy pocos han visto en su vida – y los que lo han visto no han querido volver a verlo.
Snape sonrió.
"Veo que has venido a visitarme de nuevo, mi joven amigo" el mago murmuró sus primeras palabras en semanas con una voz tan sedosa que resultaba escalofriante y con otro giro de su varita un gordo y rubio conejillo de indias apareció en el lugar en que Dudley Dursley había estado parado unos segundos atrás.
Snape movió perezosamente la varita y el conejillo de indias voló lentamente a través de la habitación, hacia la jaula de hámster que había sobre uno de los estantes. La puertecilla se abrió, Dudley entro en ella y luego se cerró.
"No te preocupes chico" dijo Snape con acidez. "Estoy seguro que tu amiguito vendrá a jugar contigo, de la misma manera en que lo hizo con migo."
Ya con los muggles fuera de su camino (por ahora, pensó Snape de manera vengativa), el mago se volvió hacia Potter.
Ya en su forma de humano, la diminuta habitación se veía aun más pequeña y miserable. Y Potter, también parecía… mucho más pequeño. Con la cara increíblemente pálida, se había puesto de pie y estaba mirando a Snape completamente en shock.
Snape se sintió extrañamente incomodo. Todo había cambiado para él, y no sabía muy bien que debía decir o hacer.
Los labios del chico se movieron.
"¿Estoy soñando?" murmuró finalmente.
"No" dijo Snape en voz baja.
Potter se cubrió la cara con sus manos. A Snape se le rompió el corazón, al ver unas pocas líneas delgadas de sangre recorriendo los hombros del chico. Sentía miedo de ver la espalda del niño.
"Espartaco," dijo el muchacho de repente. Levantó la vista. "¿Usted era… él… todo este tiempo?"
Los ojos verdes lo miraron suplicantes.
Snape deseaba desesperadamente poder decir las palabras correctas, las que el chico quería escuchar.
Pero todo lo que pudo decir fue, "Si"
Snape había esperado ver en el chico una expresión de horror – o hasta de vergüenza. Siendo sincero consigo mismo, podía admitir, que una pequeña y mezquina parte de él, había estado ansioso por ver esa expresión en la cara de James.
Lo que Snape no había esperado ver fue la mirada de profunda soledad, pérdida, dolor por la traición y tristeza en los ojos verdes, que le había recordado aquel terrible día junto al lago en el que había destruido su amistad con Lily. El chico mantuvo esa mirada por un segundo… luego cerró los ojos.
A/N: hay escríbanme un review, traducir este capítulo fue algo deprimente :(
