Capitulo 11. Epílogo: Amo, No sea tan caprichoso

- Agni.

- Soma.

- Agni.

- Soma.

Brillantes colores alumbraban la atmosfera, desde hacia rato, los hindús no dejaban de lanzarse miraditas de amor. La formalidad de su relación estaba a tal punto, que el príncipe le había ordenado a su mayordomo que dejara de llamarlo de "usted", a pesar de todo lo que le había costado, por fin lograba que el peliblanco le tuteara… y viniendo de él era encantador.

- ¿Quieres más? – Agni le daba de comer de un racimo de uvas.

- Oh, pero lo que quiero es otra cosa – Atrajo al mayor hasta donde se encontraba para plantarle un beso en los labios.

- Joven Soma… No es apropiado, estamos en presencia del joven conde…

- Eh, eh… eso tampoco vale, nada de "joven soma"… - Movía su dedito en señal de negación - Para ti y sólo para ti mi Agni, soy Soma… tu Soma – Junto a ello le brindó una pícara sonrisa.

- Si… mi Soma- A pesar de todo no podía dejar de sentirse apenado. Sus mejillas se coloreaban, era demasiado para él.

- Ahora… ¿Qué te parece si vamos a "jugar" un rato, y luego me preparas de ese rico curry que tanto me gusta?

Agni estaba rojo, pero igualmente aceptó. El príncipe lo tomó de la mano y ambos salieron corriendo rumbo a la habitación del menor.

- ¡Oye Sebastián! Te he dicho que quiero ver tu verdadera forma – Ciel se guindaba del traje de cola del mayordomo – Déjame verte.

- Pero… Joven amo ¿Insinúa que no le gusta como soy? – Ponía una cara que supuestamente era de… ternura o algo así.

- Vamos. Quiero saber como eres – Trataba de taparle el paso.

- Ya le dije – Procedía a decir su eslogan: - A los ojos del joven amo soy un mayordomo sensacio…

- ¡Que no! – Lo interrumpió – Sebastián – Lo detuvo en su caminar - Esta es una orden:… ¡Déjame ver como eres en realidad! – Ciel imponía con toda la fuerza que fuera capaz de destilar su presencia.

- "Debe estar bromeando" – Ligeras gotitas de sudor se asomaban de sus poros - Ahhh – El mayordomo negro suspiro - ¡Mire la hora! Voy a por el té…

Sebastián marcó la milla hasta la cocina. Sirvió el té.

- De acuerdo, al menos muéstrame como te ves de mujer ¿Si? – Degustaba de su recién hechecita taza de exquisito té ingles.

- Usted no se rinde ¿cierto? – Un tic en el ojo.

- A todas estas… ¿Vale la pregunta de que si eres hombre o mujer?

- ¿Cómo puede dudar a estas alturas Bochan?… eso es cruel – Hacía como si estuviera llorando, cuestión que era meramente simulada.

-¡Kyyyyaaaaaaa! ¿Vas a vestir de mujer a tu mayordomo? Yo también quiero ver – Lau aparecía de la nada – De seguro debe verse tan sensual como Ranmao – Casi babeándose al imaginarlo - ¿Quieres que le preste uno de sus vestidos joven conde?

Ciel asentía… se detuvo y le lanzó una mirada asesina al chino "¿Y a ti quien te invitó?" ya se estaba haciendo costumbre de que su mansión se volviera posada, estaba pensando seriamente en comenzar a cobrar y extender el negocio de la familia a "hoteles Phantom".

- A todas estas ¿Por qué continuas aquí Lau? ¿Piensas que mi mansión está hecha para satisfacer tus deseos morbosos? – De brazos cruzados.

- ¡No seas así que todavía me siento enfermito! – Se le arrojaba encima al niño - ¡Sólo el cariño de mi buen amigo el conde puede curarme de mis dolencias!

- ¡Uwa! ¡Gérmenes! – Ciel con los cabellos de punta y la cara pálida.

- Jum… "Si no estuviera completamente seguro de que es indiscutiblemente imposible que esté soñando, afirmaría que todo esto se trata de una pesadilla" – Sebastián mostraba por demás, su chueca y falsa sonrisa - ¿Más té para los señores?

****En otro lugar***

- Puuuuuuuuuuuu… de nuevo al trabajo – El shinigami rojo se desparramaba como una vela sobre la silla perteneciente a su escritorio – Al menos todo esto valió la pena – Se sonrojaba al recordar el beso con Sebastián - ¡Kyaaaaa! ¡Pero que perversa soy! ¡Trayendo esta clase de recuerdos al sitio de trabajo death! – Hacia movimientos y sonidos raros, por no decir sexuales y hasta animales.

- ¡Grell Sutcliff!

- ¡Will! – Dio un brinco en la silla – ¡Estaba por empezar te lo juro! – Se dio la vuelta y encaró al otro shinigami - ¿Willcito?

El aludido llevaba puesta una vestimenta típica de los sadomasoquistas: Todo de cuero negro, con botas que le llegaban hasta las rodillas, el pecho descubierto y hasta traía un látigo -y tanga negra también- Podía apreciarse el bien formado abdomen de Will y su "hombría" remarcada por el triste trocito de tela que intentaba inútilmente de cubrir semejante bestialidad.

- Te he dicho que esa no es forma de llamar a un superior – Dio un golpe al escritorio, Grell quedó en shock – Al parecer tendré que amaestrarte bien… He venido a cobrar las horas extras que me has hecho tomar…

- ¡Lo que quieras Will! – Reaccionó. Con corazones en los ojos se le tiró encima, una bota en su cara fue lo que recibió como respuesta.

- ¡Disciplina! – Un latigazo – Ahora, a recibir tu castigo ¡En cuatro sobre el escritorio y con las piernas separadas!

- ¡SI! – Grell respiraba cual animal salvaje - ¡Dame con todo lo que tengas Will!

El látigo fue levantado con fuerza y aproximado hacia su victima….

- Oye… oye… oye…

- ZzZzZz

- ¡Grell Sutcliff!

- ¡Ahhhhhh! – Se sobresaltó - ¿Willcito?... ¿Por qué me despertaste? Estaba soñando lindo T_T

- Ush… ya te he dicho que nada de dormirse en el trabajo. Ahora si, es hora de que cumplas con tu promesa… compensarás el trabajo que hice por ti… – El shinigami se arreglaba las gafas.

- ¡Si Willcito!

PLAS!

Una pila enorme de documentos apareció sobre su escritorio.

- Éste es todo mi trabajo del día de hoy. Como no tengo nada que hacer, me tomo el día libre. Ronald Knox me ha invitado a una fiesta… ¡Ay!… ya van a ver esa panda de holgazanes… tengo pensado anotar algunos nombres para hincármeles el día en que haya recorte de personal – Se arregló las gafas una vez más – ¡Que lo disfrutes! – Finalmente salió de la oficina.

- No puede ser… - Una lagrimilla se escapaba de uno de sus amarillos ojos - ¿Realmente… valió la pena?

***Ahora si… Fin***