Percy destapó a Contracorriente al mismo tiempo que Annabeth sacó su daga y ambos se acercaron a Bóreas, seguidos muy de cerca de Ron y Hermione.

El dios les dirigió una mirada pero en realidad no les prestó atención. O eso parecía hasta que con una voz cavernosa dijo algo en francés que Ron y Hermione no escucharon y Percy y Annabeth no entendieron, la semidiosa se dirigió a él en inglés para decirle que ninguno entendía francés pero que si tomaba su forma humana su amiga podría hacer de traductora, lo que pareció causarle gracia al dios que accedió a la petición movido también por la curiosidad de que serían los otros dos jóvenes.

Un hombre apareció frente a los ojos de los dos brujos que asumieron que el anciano con pelo blanco y una túnica que parecía humo no podía ser otro que Bóreas. El dios habló de nuevo, mirando a Hermione y preguntándole algo que el resto no entendió. La bruja habló, con el mismo acento que Bóreas y, de sus palabras, solo pudieron entender sus nombres. Tras una intervención del hombre que mantenía la ventisca de nieve sobre su mano, extendiéndose a lo largo de su brazo lentamente Hermione se giró, mirándoles.

-Me ha preguntado nuestros nombres –dijo ella -. Ahora quiere saber qué habéis venido a hacer aquí.

-Dile que hemos venido a buscar la Flauta de Pan.

Bóreas dejó escapar una risa monosilábica que llamó la atención de nuestros héroes.

-Creo que no está muy de acuerdo con la idea -susurró Hermione a Annabeth.

-Entonces haremos que lo esté.

Hermione le dijo en francés que habían ido a buscar la Flauta de Pan a lo que Bóreas respondió también en francés con una sonrisa burlona.

-Dice que como pensamos conseguirla -tradujo Hermione

-Podríamos tratar de llegar a un acuerdo -sugirió Ron, haciendo que la atención de Bóreas se posará en él y le dijera algo a Hermione.

-Ron -dijo esta-, dice que cuál es tu oferta.

Ron se rascó la nuca avergonzado pero intentando encontrar una respuesta ¿qué podrían ellos ofrecerle a un dios?

-¿Qué tal irnos sin armar mucho escandalo? -propuso Percy con cierto sarcasmo.

Bóreas lo miro enfurecido.

-¿En serio crees que un dios como yo tiene miedo de cuatro mocosos como vosotros?

-Bueno: Annabeth sujetó el peso del mundo sobre sus hombros, rescató la Atenea Pártenos; yo vencí a Ares en una pelea con 11 años, derroté al minotauro a la misma edad, vencí a Cronos, y ambos derrotamos a Gea y estos dos… bueno, mejor no meterte con ellos. Así que creo que sí, deberías tenernos miedo, aunque ni si quiera sé si merece la pena que nos dignemos a luchar contra ti.

-¿Qué son ellos, por cierto? -preguntó Bóreas señalando a Ron y Hermione, hablando en inglés con un acento francés muy marcado-. Puedo sentir la magia en sus venas pero su sangre no es como la vuestra.

-Son magos-respondió Annabeth.

-¿Magos? –la ventisca en el brazo de Bóreas se redujo hasta su mano y, de allí desapareció cuando el dios usó sus manos para apoyarse en los brazos de su trono de hielo y ponerse en pie-. ¿Magos? ¡Ja! –el sonido de aquella risa hizo eco en la habitación.

-Es cierto –Ron dio un paso hacia delante-. Somos magos.

-¿Y puedes decirme, señor mago, qué te ha llevado a juntarte con dos semidioses?

-Ayudarles a conseguir la Flauta de Pan.

-Una verdadera lástima –concluyó el dios, volviendo a sentarse en su trono con el mismo aire desinteresado que había tenido al principio de su visita. Con la misma mano que había estado creando copos de nieve sacó una siringa de su túnica, una corriente de aire provocada por sus dedos la hizo sonar de manera armoniosa mientras la elevaba en el aire a varios metros por encima de las cabezas de los chicos que la miraron mientras ascendía-. No tengo mucha intención en que os la llevéis, como podéis ver. Esta flauta me pertenece, ese maldito patán no merece tenerla de vuelta.

-Pan ha muerto –estableció Percy.

-Eso que me gano.

-Necesitamos la flauta para ayudar a restaurar el orden natural –continuó Annabeth.

-¿La queréis? Entonces tenéis que quitármela. Superarme no os será muy complicado según tu descarado amigo.

Fue demasiado rápido para reaccionar de otra manera que no hubiera sido tirarse al suelo. Las manos de Bóreas se movieron hacia delante lanzando un rayo helado a los cuatro muchachos que apenas pudieron esquivarlo. Se arrastraron por la helada superficie de la habitación, resbalando en ocasiones hasta esconderse tras estatuas de hielo, provocando que Bóreas riese.

-¿Dónde están esos héroes que me habías prometido, Jackson? ¿Demasiado asustados para pelear contra un viejo dios?

-Se están preparando para pateart…

-¡Percy! –cortó Annabeth- ¡No es momento!

-Vamos, vamos, héroes, no discutáis entre vosotros, venid por mí, tal vez consigáis hacerme levantar, si sois demasiado buenos.

Percy se puso en pie y se acercó a Annabeth.

-Le voy a distraer, ve con Ron y Hermione, pensad un plan. Eres mi única esperanza, de no salir de aquí listo para enfriar el refresco de alguien.

-Si crees que te voy a dejar hacerlo…

-Lo creo, ellos tienen que salir de aquí, la Flauta también. Y reconozcamos que he conseguido atraer su ira, soy vuestra mejor opción –ella asintió, antes de besarle.

-Si te congelas, juro que te descongelaré a base de patadas.

-Estoy de acuerdo –sonrió él-. Aunque podría ser a besos, ¿no crees?

-Entonces te dejarías congelar, sesos de alga.

Sonrió aún más, negando con la cabeza. Sujetó la espada con firmeza en su mano y se puso en pie, saliendo al pasillo en el que habían estado antes, alzando a Contracorriente para ver a Annabeth reunirse con los brujos.

-¿Qué? ¿Estás demasiado cansado para no levantarte? Vamos, ponte de pie, no me lo pongas tan fácil.

Bóreas sonrió, una sonrisa demasiado impertinente para un rostro tan antiguo, pensaría después Percy. El dios se puso en pie, la túnica que parecía estar hecha de nubes siguiéndole, provocando un rastro de humo a medida que avanzaba hacia el semidiós.

-¿No te enseñaron a respetar a tus mayores?

-¿Ni a ti que solo puedes meterte con alguien de tu tamaño? ¿No te vengo un poco grande?

Bóreas alzó una mano, lanzándole un rayo helado que Percy esquivó, habiendo previsto el movimiento y estando preparado para ello. El hielo alcanzó una de las estatuas que se rompió en mil pedazos, algunos de los cuales hirió a Percy en la piel descubierta de su rostro.

-¿Eso es lo mejor que sabes hacer? –preguntó Percy, sin dejar de moverse para evitar ser un blanco fácil.

-Si lo prefieres puedo convertirte en una estatua para mi colección.

Esas palabras consiguieron helar a Percy como si realmente un rayo le hubiera alcanzado. Por eso el realismo, por eso las vestimentas de diferentes años, todo habían sido héroes como él, como Annabeth. Se forzó a centrarse, Medusa había sido similar y Annabeth y él habían conseguido vencerla y ahora tenían a dos magos de su parte.

-Creo que no me va, pero gracias por la oferta –Percy hizo una pequeña reverencia antes de lanzar su espada al dios que la desvió hábilmente con una corriente de aire que la llevó a estrellarse contra una pared-. Oh, vaya, me has desarmado, ¿era demasiado para ti con una espada? –preguntó, viendo a sus cómplices moverse tras las estatuas de hielo, colocándose uno a cada lado del dios, rodeado ahora por los cuatro jóvenes aunque su atención estuviese centrada en Percy.

El dios lanzó una ráfaga de aire helado hacia Percy, haciéndole volar por los aires hasta chocar contra una pared y caer al suelo.

-¡Percy! –no pudo evitar gritar Annabeth, avanzando hacia el dios que se había girado hacia ella cuando había gritado, la determinación en su mirada de distraer al dios mientras los brujos trataban de conseguir la Flauta por medio de hechizos convocadores hasta poder ejecutar completamente su plan.

-Oh, por fin la otra semidiosa, Chase, si no me equivoco, ¿tus amiguitos magos me han visto demasiado para ellos? No has hecho nada mal, te ofrezco un trato, simplemente quédate muy quieta y te prometo que será rápido.

-Lo siento, no me convence.

Bóreas movió la cabeza, como molesto porque no hubiese aceptado tan buen trato y, con un suave gesto de su mano le dirigió varias estalactitas de hielo punzante que Annabeth esquivó agachándose, se puso en pie, mirando al dios, pero el parecía interesado en otra cosa.

-¿En serio, magos? ¿Creíais que no lo iba a notar? Cada vez que usáis vuestra magia es como si os pusierais un cartel sobre la cabeza para mí, pero venid, uniros a nuestro juego –separó las manos y, las estatuas que habían protegido a los brujos, se hicieron a un lado, siguiendo sus movimientos y dejándolos al descubierto-. Vamos a ver que sabéis hacer vosotros.

-Eh, Bóreas, ¿no te olvidas de algo? –preguntó Annabeth, tratando de recobrar su atención para que Ron y Hermione siguieran intentando recuperar la Flauta de Pan que colgaba de un orbe de hielo sobre sus cabezas-. No me gusta que me dejen bailando sola.

Sin mirar, el dios dirigió un rayo helado a Annabeth que esquivó, pero no su daga, que se congeló inmediatamente, helándole la mano y provocándole quemaduras en la palma y los dedos. Dejó caer el arma al suelo, sujetándose la mano herida con una expresión de dolor, pero no podía parar ahora.

-¿Eso es lo mejor que tienes? No es suficiente para detenerme –el dios la miró irritado y comenzó a avanzar hacia ella.

-Eh, tú –intervino Ron-. Cualquiera pensaría que un dios puede encargarse de tres personas a la vez.

-De hecho, recuerdo tus historias, Bóreas –continuó Hermione mientras ambos se movían, los tres tratando de quitarse la atención del dios los unos a los otros, tratando de salvarse-. He leído sobre ti, y me siento ligeramente decepcionada, no eres nada de lo que me esperaba.

-Una decepción para nuestro primer dios, ¿no crees? -preguntó el pelirrojo.

-A veces los dioses se oxidan un poco, sobre todo cuando no tienen mucho que hacer, ¿no, Bóreas?

El mencionado juntó sus manos, preparando un gran ataque, pero fue interrumpido por otra voz diferente.

-Eh, tú, deja a mis amigos.

De nuevo, y sabiendo que su espada volvería en breve a su bolsillo, lanzó a Contracorriente contra el hombre que fue atravesado limpiamente de lado a lado por la espada, pero no dejó notar nada más que ira al ver un líquido dorado manar de su herida. Lanzó un rayo helado que Annabeth había estado esperando.

-¡Ahora chicos!

Los brujos, que también habían estado esperando que el dios tuviese esa misma reacción lanzaron un hechizo desde sus varitas que provocaron un escudo de llamas frente a Percy, lo suficientemente lejos para no herirle, un fuego que volvió el hielo de dios en agua que fue a parar hasta los pies del semidiós.

-¡Percy! –el mencionado alzó la cabeza ante la llamada de Annabeth. Estaba muy pálido y tenía los labios azulados-. ¡Usa el agua!

Era difícil, estaba lejos de casa y sus poderes habían mermado, sin contar que era agua dulce, pero no perdía nada por intentarlo.

Se concentró en el agua, en su forma, en querer moverla y sintió que la movía, la vio moverse desde el suelo hasta lanzarse hacia el dios que lo detuvo, congelándolo en el aire. Ahora sabía que no podía usar el hielo porque podía ser usado en su contra. Convocó una fría ventisca de aire que hizo que los jóvenes no pudiesen verse, si podía congelar solo a uno, desmoronaría al resto, podría contra ellos. La ventisca parecía morir lentamente y se dio cuenta que Percy le había herido, que, aunque no le gustase no tenía mucha opción que luchar o rendirse.

Escuchó una de las voces y un rayo de luz se abrió camino hasta él, impactándole en el pecho, aturdiéndole ligeramente, lo suficiente para que la ventisca muriese y poder ver al chico pelirrojo derritiendo el hielo del suelo con su varita, poniendo el agua a disposición del semidiós que comenzaba a formar remolinos. Sacudió la cabeza, tratando de centrarse y volvió a formar la ventisca que decayó cuando otro rayo de luz le impactó, seguido de un torbellino de agua que le hizo dar varias vueltas sobre si mismo antes de caer al suelo, dejándole mojado y mareado, forzándole a caer sobre una estatua, sujetándose y preparando un nuevo ataque, pero Annabeth tiró una de aquellas esculturas, provocando un efecto dominó que acabó con una de las heladas figuras sobre el dios.

Los cuatro se acercaron a él, Percy de nuevo con la espada en la mano que colocó en la garganta de Bóreas, además de las varitas y daga apuntándole.

-Ríndete, solo nos llevaremos la Flauta.

-Cogedla y largaos de mi vista.

-Nada de juegos, Bóreas –advirtió Percy quien, ante la mirada de Annabeth parecía más pálido que nunca, en especial con la sangre de los cortes en su rostro.

La estatua que estaba sobre Bóreas explotó, golpeando las piernas de los chicos que le rodeaban aunque ninguno se movió hasta que el dios comenzó a crecer de tamaño.

-¡He dicho que os vayáis! –una luz comenzó a rodear al dios.

-¡No miréis! –gritó Annabeth, girándose y tumbándose en el suelo, Percy imitando sus actos casi al mismo tiempo y Ron y Hermione apenas dos segundos después.

Notaron un extraño calor, pero ninguno miró hasta que no dejaron de sentirlo. Se alzaron para ver, al menos los dos semidioses, la verdadera forma de Bóreas, sentado en su trono, una corriente de copos de nieve recorriendo su herida, como si quisiera taponarla.

Annabeth lanzo su daga con la mano no herida al orbe de hielo que flotaba sobre la habitación, rompiéndolo y dejando caer la Flauta al suelo que Ron se apresuró a coger en su camino hacia el ascensor.

Cuando las puertas se cerraron, Percy se dejó caer sobre la pared, tratando de reprimir una mueca de dolor.

-No siento los pies -manifestó.

Annabeth actuó con rapidez, descolgándose la mochila y buscando la ambrosía y néctar que forzó a Percy a tragar, observando su rostro tratando de ver mejoría alguna que se manifestó en la curación de los cortes y un ligero rubor en las mejillas del muchacho que sonrió agradecido. Ella misma masticó un pedazo de ambrosía que provocó que pudiese mover la mano sin notar el dolor.

-Esto es vuestro –dijo Ron, pasándole la Flauta.

-¿Cómo vamos a volver? Percy no está en las mejores condiciones aparentemente.

-He tenido momentos peores –rió él.

-¿Creéis que podemos llamar a John Smith? –preguntó Annabeth a los magos.

-El primer día nos dio su tarjeta, tal vez podamos llamar.

-Esperemos que tengan teléfono público en recepción, entonces.

Recorrieron el mismo pasillo que atravesaron anteriormente, esperando no encontrarse con Zetes y Caláis, y, por fin, la suerte parecía estar de su parte.

Llegaron a la recepción y Hermione pidió a la recepcionista un teléfono para hablar mientras Ron y Annabeth se quedaban con Percy en el sofá en el que habían rellenado los formularios, vigilando al muchacho que, claramente, sufría de hipotermia, siendo redirigida a un teléfono público.

Tras unos minutos que se hicieron más largos de lo que realmente eran, ya habían acordado un punto de encuentro con John Smith, en el mismo sitio donde los había dejado, Ron y Hermione debatieron en susurros sobre si sería buena idea aparecerse conjuntamente con los semidioses cerca del lugar, pues desconocían los riesgo que la aparición podía tener en personas "no mágicas" y, en concreto, en unas personas no mágicas que tenían unos poderes como los semidioses.

-¿Qué ocurre? –preguntó Annabeth.

-Hay un método –explicó Ron-. La aparición el que estaríamos inmediatamente en el lugar donde hemos quedado con John o al menos lo suficiente cerca para ahorrarnos la mayoría del camino sin que él nos vea.

-Sí, pero puede ser peligroso –intervino Hermione-. Podríais sufrir una despartición, es decir, que una parte de vuestro cuerpo se separe del resto –explicó Hermione de manera simple-. Es doloroso y no tenemos esencia de díctamo para solucionarlo. Además no sabemos las consecuencias que puede tener en vosotros es muy arriesgado.

-¿Podemos opinar? –volvió a preguntar Annabeth. Ambos asintieron-. Yo creo que deberíamos probar.

-Opino lo mismo –coincidió Percy-. Vosotros no tenéis la esencia esa, pero nosotros si tenemos ambrosía y néctar.

-¿Ves? No es tan grave.

Hermione asintió resignada.

Los cuatro se cogieron de las manos y se aparecieron en el lugar donde había quedado con John Smith sin más incidente que la sensación de mareo y el tirón en el estómago para los magos que ya estaban acostumbrados, aunque los semidioses se veían algo más afectados.

-Vaya, creo que esto ha sido peor que beber del rio estigio –comentó el hijo de Poseidón, sujetándose el estómago doblado sobre sí mismo, como si quisiera vomitar. Ron y Hermione lo miraron sin entender.

-Si bebieras del rio Estigio ahora mismo, te sentaría bien, sesos de alga –Percy le sacó la lengua.

Se abrigaron con mantas y comentaron lo ocurrido con Bóreas y poco después, tal y cómo habían acordado, allí llegó el piloto, con su helicóptero.

Annabeth subió primero y ayudó a Percy desde arriba mientras Ron y Hermione lo hacían desde abajo. Una vez todos arriba, John miró a Percy.

-No tienes muy buena pinta, ¿verdad, amigo? ¿Ha pasado algo interesante?

-No tienes ni idea.