Los personajes de Shingeki no Kyojin le pertenecen a la malvada llama asesina, digo a Hajime Isayama. A mi sólo me gusta jugar con ellos xD.

La imagen de la portada pertenece a shira-aot(punto)tumblr(puntocom), visiten su página, tiene excelentes fan-arts.

Las palabras usadas fueron elegidas en la dinámica express del grupo de facebook "La hermandad Rivamika". Si les gusta la pareja, es invitó a unirse, a cada rato hacemos eventos temáticos.

La palabra de esta semana es Klaus. Honestamente no sabía que hacer para esta palabra. Y de repente... me encontré escribiendo todo durante una clase. Gracias a mi amado jamoncito que me dejo un precioso review en Inmarcesible -la neta, pensé que a nadie les gustó :'v- y pues, pensé que sería bonito abordar esta palabra en respuesta.

También quería actualizar por mi cumpleaños :3

Fic dedicado a Cerisier Jin, a Judith Valensi y al harem del suggar daddy.

AU medieval. Rivamika. Rated; T.

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Klaus

La venda se cayó de los ojos de Levi después de ver el cuerpo de Mikasa pendiendo de la horca.

No. Ella no era Mikasa.

El caos se desató cuando el hechizo se rompió. La sorpresa y confusión de Levi evitaron que reaccionara a tiempo. Fue Eren quién tiró de la mano de su futuro maestro para guiarlo a través del bosque, lejos del tumulto de la multitud encolerizada.

Si aquello fue sólo una visión; un truco. La verdadera pregunta era… ¿dónde estaba Mikasa?

Se desconocía el paradero de la bruja. El Juez Smith perdió la cordura al poco tiempo de iniciar la cacería. Se rumoraba que el hombre al que ejecutó -sin saberlo- fue su amante.

Los primeros días, el Juez ingresó a la pequeña cabaña de Levi, exigiendo la ubicación de la bruja. Incluso destrozaron su casa, amenazándolo de complicidad.

—No tendrás su suerte. Serás ejecutado directamente en la hoguera —murmuró el fornido rubio, con la mirada desorbitada y sedienta de venganza.

—Sin importar la sangre que manche tus manos, las acusaciones sin fundamentos y las vidas que cobres… él no volverá.

Aquellas palabras dolieron incluso más que una puñalada. Después de aquello, Erwin se volvió un ermitaño, dedicando su vida a la persecución de la joven de cabellos oscuros, que desapareció un día, sin dejar rastro.

Los meses posteriores pasaron lentos, tortuosos y carentes de emoción para Levi, quien recordaba amargamente una promesa sin cumplir.

Su voluntad, sentimientos y pensamientos fueron liberados, dándose cuenta que aquella racionalidad lo aprisionó para evitar la interferencia en el juicio de Mikasa. Quiso odiarla por alejarlo, sin embargo…

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La primavera llegó y de una abrumadora manera, una inusual y sobrenatural belleza y alegría la acompañaron. Como si la madre tierra festejara la incorporación de un nuevo hijo.

—¿Maestro? —Pese a que Levi insistía en, no ser llamado de esa forma, terminó por aceptar al mocoso castaño como pupilo. Después de ella, la soledad sabía amarga y austera. Eren todavía estaba dudoso. Levi se había quedado absorto en el paisaje y el muchacho se cuestionaba si se encontraba bien. Últimamente había notado un cambio en su actitud.

—Mikasa —musito, poniendo una rodilla en la tierra e inclinando, haciendo una reverencia a una figura invisible, que en algún lugar lo veía y escuchaba. Tomó una flor del suelo, ofreciéndola al aire—; Klaus. Ese es su nombre. Gracias por permitirme conocerlo.

A este punto, Eren de verdad creía que su maestro había quedado trastocado después del infierno que lo hizo pasar el juez Smith. Y lo comprobó al verlo levantarse con esa escalofriante sonrisa que daba en contadas ocasiones y tenía un aire ciertamente… sobrenatural.

—Vamos de regreso, Eren.

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El tiempo pasó tan sutilmente como el viento que se escapa entre los dedos en una tarde de verano.

Un llanto provocó que Mikasa se levantara para ver que incomodaba a su pequeño.

Klaus.

El bebé se removió en la cuna, hasta que sus brillantes orbes eléctricos la miraron directamente, por un momento, pensó que eran los ojos de Levi quienes veían a través de su alma. Fue tan efímero, que se perdió en los recuerdos del pasado. El llanto regresó, sacándola de su bruma, tomó al pequeño en brazos, hablándole con una ternura natural de madre.

—¿Qué sucede, Klaus? ¿Quieres conocer a papá?

—Cuando sea mayor. —Las palabras de Historia fueron tajantes.

—Vamos, Hisu. El pequeño merece conocer a su padre. —Seguida de la rubia que pareció instalarse en la puerta, Sasha abogó por Mikasa. Ella, mejor que nadie conocía la desdicha de perder a su guardián… y algo más.

—Y lo hará, no lo dudes —acotó. Y volviéndose nuevamente rígida, se giró para confrontar a Mikasa—. Conoces las reglas. Se nos permite convivir con los humanos cierto tiempo. Conociste a tu guardián, ¡qué bien! Pero no puedes olvidar lo que eso implica.

—No todas tenemos tu suerte —murmuró, abrazando con más fuerza al bebé que cómodamente empezó a alimentarse de su seno.

—No. Es más que suerte lo mío —respondió—. Ymir es demasiado especial, más que un guardián, funge otro rol fundamental. Así que déjate de quejar, que tu sola te metiste en esta situación. De haber permitido que él actuara por ti…

—Habría muerto —contradijo, enfadada—. Lo habrían acusado de ser mi cómplice y habría perecido en la hoguera, después de ver cómo me asesinaban a mí. No podía permitirlo.

—Que orgullo. —La voz de Historia era cansada, como si hubiera escuchado la misma historia cientos de veces—. Venía para avisarte que las tres brujas esperan conocer al niño. Ya has demorado en llevarlo —advirtió.

—¿Es muy egoísta pedir que tenga una vida humana? —Cuestionó, acariciando la mejilla del infante en sus brazos. El niño dejó su pecho un segundo, para tomar el dedo de su madre como chupón. Una sonrisa cálida surco los labios de Mikasa. Pertenecer a su Clan tenía demasiadas implicaciones. En primer lugar, tampoco quería que su hijo estuviese lejos de ella, menos quería separarlo de Levi, sin embargo, las obligaciones con las cuales lo cargaría…

—También puedes entregarlo a su padre —propuso Sasha. Tanto Mikasa como Historia la miraron por un par de minutos.

Sasha fue la primera en encontrar a su guardián durante la temporada que pasó con los humanos en sus aldeas; Jean era un buen mozo, hijo del panadero; pese a ser mimado, orgulloso, rayando en lo inútil, logró ganarse el título a pulso, tras cortejar por años a Sasha. Cuando cayó la gran tormenta, Sasha se vio obligada a hacer un trato para salvarlo.

—¡Dejadlo vivir! —Suplicó de rodillas ante las tres brujas; María, Rose y Sina eran las encargadas de mantener el equilibrio en la naturaleza—. ¡Haré lo que pidan!

—¿Incluso abandonarle? —Preguntó María, ante la desesperación de la joven bruja. La vista de Sasha estaba nublaba, al igual que su juicio. Quería salvarlo, necesitaba salvarlo con desesperación. Asintió sin dudar—. Bien, dadle esto y decidle que se vaya de esa comunidad, si se queda, morirá. —Un girasol fue entregado a Sasha, quien se apresuró a limpiarse las lágrimas.

—Gracias.

—No agradezcas, niña —regañó Sina.

—No olvides que tus acciones tienen consecuencias. Al rechazar a tu guardián para salvarlo, pierdes la oportunidad de encontrar otro. ¿Sigue siendo tu voluntad salvar a un simple humano y perder tu estirpe?

A la distancia, Mikasa e Historia contenían la respiración. Muchos sacrificios similares habían ocurrido a la largo de la historia, de esa forma el Clan se mantenían controlado.

En ocasiones, algunas brujas renunciaban a sus poderes, a su historia para vivir como simples aldeanas con quienes fueron sus guardianes. Las desertoras eran condenadas a una vida agónica y llena de sufrimiento.

Si abandonas al clan, pierdes los derechos de ser feliz.

Aunque claro, no todas las historias eran así; otras brujas eran capaces de mantener a sus guardianes por el resto de sus vidas; como Historia con Ymir.

La despedida que Sasha le dio a su guardián tuvo consecuencias. Cuando se enteró de su embarazo, estuvo en la mira de las tres grandes brujas, que la presionaban en tomar una decisión.

Ofrecer a su hija a la naturaleza e iniciarla en el Clan o por otro lado... renunciar a ella también.

Sasha hizo jurar a Mikasa que no diría nada del día que la pequeña Sofía vio la luz de la luna llena. También la obligó a tomar a la bebé y llevarla en una canasta hasta la puerta de la casa de Jean, para dejarla ahí junto a una nota.

Después de esa noche, Sasha tardó meses en regresar a la normalidad. La mirada ausente y el dolor en su corazón provocaron que sus emociones influenciaran en la naturaleza. Grandes tormentas y desastres se desataron. En ocasiones -y con la ayuda de Mikasa- se transformaba en algún animal salvaje para ver como su hija llevaba su vida, notando que una implícita promesa de fidelidad se mantuvo por parte de Jean.

—Ni siquiera pienses en renunciar —advirtió Historia con severidad—. No podemos permitirnos una baja más.

Mikasa dirigió la mirada nuevamente a su bebé, que comenzaba a quedarse dormido. Podía dibujar en su suave rostro los rasgos más característicos de Levi. Recordó el día en que Klaus nació y la elección de su nombre. Depositó a su hijo en la cuna nuevamente.

—Podrían permitir que Sasha vuelva a buscar un guardián —inquirió entre dientes. Sasha sonrió cansada—; absurdas reglas que nos restringen.

—Y mantienen al Clan a salvo. Fuimos cargadas con grandes responsabilidades.

—Dile a las tres brujas que pronto tendrán mi respuesta.

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—¡Eren! —La voz de Levi resonó a través del bosque. Una mata castaña salió de entre los árboles, cargando un hacha.

—¿Si, maestro?

—Es mejor que vuelvas con tus padres —comentó, echándose su propia arma al hombro—. Los animales se han escondido y hay malas vibraciones provenientes de la tierra. Habrá una gran tormenta —advirtió. Eren frunció el ceño, levantando la mirada al cielo despejado.

—¿Seguro? —Cuestionó con duda. La mirada de Levi bastó para creer en sus palabras. Se limitó a asentir—. Vendré cuando termine.

—No. —Eren se detuvo a medio camino por la contundencia de la voz de su maestro—. Enviaré a llamarte. No tengo un buen presentimiento. —El muchacho asintió, despidiéndose una vez más. Levi lo observó perderse en la distancia y en lugar de seguirlo, se adentró más en el bosque, buscando ese punto de encuentro. Un zorro se escurrió entre sus piernas cuando llegó al claro que solía frecuentar con Mikasa. El animal hizo varios giros y una luz comenzó a desprenderse de él, creando una figura femenina—. Son malas noticias —fueron las primeras palabras que saliendo de sus labios, cuando la mujer terminó de materializarse.

—Que pensamiento más catastrófico —comentó la castaña, frunciendo la nariz ante la negatividad que emanaba el humano—. Ni siquiera ella que está siendo presionada para elegir se pone así —murmuró, sacudiéndose la falda de la tierra que se incrustó en ella. Levi dio un paso adelante, curioso y preocupado.

—¿Presionada para qué? —Sasha abrió los ojos, dándose cuenta de su error. Se suponía que la iniciación al Clan era un secreto, sin embargo, había roto muchas reglas desde que tuvo a Sofía en sus brazos y no quería que Mikasa pasara por lo mismo, así que…

—¿Entiendes que cada vez que vengo a visitarte, mi cabeza corre peligro?

—¿Qué puede dañar a una bruja?

—Dah, otra bruja —respondió Sasha, como si fuera obvio—. Ese no es el punto. ¿Todavía quieres ver a Mikasa?

—Y conocer a Klaus.

—¿Klaus? —Intentó hacerse la desentendida. Mentalmente Sasha repasó sus conversaciones. No, definitivamente nunca se le escapó el nombre del niño, mucho menos su existencia.

—No sé qué clase de conexión de mierda desarrollé con ella —confesó con frustración—, pero lo conozco aunque no lo haya visto ni tocado. Nuestro hijo es lo que me hizo creer en tus palabras la primera vez que te apareciste siendo un siervo malherido.

—Oye, no fue así —debatió, molesta—. No estaba mal herida, fueron los estúpidos humanos que me confundieron con comida. Ni te creas ser un salvador cuando fuiste incapaz de protegerla. —La mirada sombría de Levi, le advirtió que tocó un tema sumamente sensible. Joder, que ella sabía que ciertas circunstancias estaban fuera de sus manos—. Eh, yo no quería…

—¿Qué quieres? —La agresividad de su voz, provocó que Sasha recordara las palabras de Mikasa. Se mordió el labio, meditando qué palabras serían menos dolorosas para explicar la situación.

—Ha sido una mala idea —comenzó murmurando para sí misma y caminado en pequeños círculos, mordiéndose la uña del pulgar—. Las opciones son demasiado dolorosas —continuó, olvidándose de la presencia de Levi y perdiéndose en recuerdos.

—Eh, bruja. —El cazador intentó llamar su atención, sin resultado alguno. Tenía un maldito presentimiento desde que el sol salió ese día. Una semana había pasado desde el episodio de Klaus y, aunque la conexión con Mikasa era débil, podría sentir como propia, la angustia, dolor y desdicha de ella, entremezclada con la felicidad y seguridad que le brindaba la nueva vida—. ¿Cuándo podré verlos?

Esas fueron las palabras claves para sacar a Sasha de su calvario personal. Ella no quería que Mikasa sufriera lo mismo, porque sabía que tanto Sofía como Jean añoraron su presencia hasta el día de sus muertes y ella se odió por ser incapaz de quedarse con ellos.

—¿Qué estarías dispuesto a hacer para estar con ellos? —Los significados cargados en la mirada de Sasha abrumaron a Levi por un segundo, antes de que una determinación férrea lo dominara.

¿Qué no estaría dispuesto a dar por ellos? Sería la pregunta correcta.

Sasha sonrió.

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—Los hombres en el Clan son fundamentales —escuchó de las tres brujas—. Son los que crean prosperidad en momentos de caos. Y sus nacimientos son tan caóticos… que incluso la madre tierra se perturba.

Mikasa se mantuvo silenciosa. Conocía mejor que nadie las implicaciones de su hijo para el Clan. Era más sencillo que la semilla fuera plantada en vientres ajenos al clan y recolectar aquellas niñas con la herencia paterna. Sin embargo, no quería aquel futuro para su hijo.

—¿Has hecho tu elección? —Mikasa levantó la mirada a las tres brujas. Las palabras de Sina resonaron en su interior.

—¿Ofrecerás a tu primogénito al Clan?

—¿O prefieres que viva como un humano con su padre?

—Tienes que elegir, no podemos seguir esperando más. Luna llena no tarda en llegar y la iniciación será necesaria.

Las dudas la atormentaron. Lo único que quería esa asegurar la felicidad de su hijo y estar con Levi. Sabía por su experiencia con Sasha, que era probable que Klaus fuera feliz con Levi, tal como lo fue Sofía con Jean, sin embargo…

—La decisión es…

La puerta de abrió de golpe, interrumpiendo cualquier respuesta que estuviera a punto de dar.

—¡Hay otra opción! —Irrumpió Sasha con voz agitada—. ¿Y si el guardián renuncia a su humanidad para pertenecer al Clan?

—Que tonterías dices, niña.

—Es posible, ¿no es así? —Insistió la castaña ante las tres brujas—. Historia lo hizo con Ymir. Y muchas más antes que nosotras.

—¿Conoces acaso las implicaciones de tal sugerencia? —Inquirió Rose, molesta por la desfachatez de la muchacha—. La ira de la madre tierra es incontenible cuando alguien ajeno ingresa a su santuario.

—Sasha, basta —pidió Mikasa. El dolor en su pecho aumentó. Dudaba con cada latido de su corazón su decisión.

—Mikasa.

Aquella voz pertenecía a…

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—¿Mi humanidad? —Cuestionó sin entender del todo las palabras de la bruja.

—Va más allá de eso —se apresuró a corregir Sasha—. Pertenecer al Clan te dota de poderes inimaginables que implica una devoción total para cuidar y proteger a la madre naturaleza.

—Es por eso que la tierra parecía abrazar a Mikasa —dedujo Levi, rememorando los días que la encontraba cobijada por los árboles.

—Sí, sí. Mika es especialmente empatía con la tierra. Cada una de nosotras empatiza con un elemento. Pero ese no es el punto.

—¿Cuál es, entonces?

—Que perdiste tu título de guardián y por ende, los beneficios. —Al notar el gesto de Levi por interrumpir, Sasha agregó—. Y antes de que preguntes, un guardián es un humano que ha logrado cautivar el corazón de una bruja. El hecho de ser objeto de afecto de una de nosotras implica varías reglas implícitas que no podemos decirle, pero si hacen su trabajo adecuadamente, suelen pasar inadvertidas para la mayoría. Aunque créeme, es extremadamente raro que un guardián pueda trascender y cumplir con su rol adecuadamente.

—¿Por qué?

—Las grandes brujas mantienen un control estricto sobre nosotras. Si notan que la cantidad del Clan disminuye, hace sutiles excepciones o en su defecto, no intervienen en el curso de elección de las brujas. Por otro lado, si consideran que el guardián es un potencial alborotador, prefieren causar una desgracia que nos obligue a intervenir para salvar sus vidas, y provocando que ustedes pierdan sus derechos. —Más recuerdos golpearon a Sasha con devastadora melancolía. Todavía extrañaba como el primer día a su pequeña Sofía, incluso podía sentir la suavidad de su pie y el diminuto calor de su cuerpecito, pese a que tenía siglos que había dejado de existir. Espantó los recuerdos, enfocándose en el presente y evitar que Mikasa sufriera un destino similar—. Su hijo es un varón.

—Klaus —respondió con suavidad en la voz. Incluso Sasha notó como las facciones del cazador se relajaron ante la mención de su primogénito.

—Los varones dentro de nuestro Clan son excepcionalmente raros. Implican un desajuste temporal mientras la madre tierra los asimila y dota de poder. Perder a Klaus sería un golpe para nuestro Clan, sobre todo para Mikasa.

—No pienso alejarme de ellos. —La contundencia de Levi animó a Sasha.

—En ese caso, el camino no será fácil. Tal vez pierdas más de lo que ganes, pero es una lucha que vale la pena pelear.

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—¡Qué hace un mortal en el santuario! —La voz de a coro de las tres brujas resonó en la estancia. El templo completo tembló desde los cimientos por el disgusto de las ancestrales mujeres.

—¡Es una deshonra!

—¡Una blasfemia!

—¡La profanación de tierra santa!

—Y es la solución perfecta —intervino Sasha, sosteniendo la mirada de las brujas que parecían fuera de sus cinco sentidos—. Un guardián que ha venido a pedir formalmente la mano de una bruja.

—¡Es indigno!

—¡Innecesario!

—Va en contra de los principios de Clan —recordó María, luego de recobrar la compostura—. La madre tierra desatará su ira sobre nosotros. Humanos y brujas sufrirán por igual.

—¿Cuál es el problema? —Reclamó la castaña, manteniendo su ira a raya, sus largos cabellos regresaron a su lugar natural, cayendo en sus hombros—. Nos han repetido las desgracias y virtudes del Clan por generaciones. ¿Acaso no fue el padre humano de Mikasa quién construyó con otros guardianes el templo en el cual residimos?

—¡No puedes comparar linajes leyendarios con mundanos humanos! —Protestó Sina. La mano de Rose la detuvo de levantarse del trono donde se ubicaban.

—¿Y sí él lo tuviera? —Aquello atrapó la atención de las cuatro brujas. Mikasa frunció el ceño. Levi era atractivo, sí, así todo enano, malhumorado y arisco tenía sus ventajas en otras áreas. Además de la atracción física se sentía especial estando con él, pero no podía atribuir aquel sentimiento al linaje familiar—. ¿Qué pasaría sí por las venas del guardián corriera sangre ancestral?

—¡Blasfemias! —Insistió Sina. María la mandó a callar con un gesto.

—Las líneas de sangre son escurridizas —explicó Rose—. Por generaciones las buscamos para fortalecer nuestro Clan y saben lo complejo y difícil que es dar con ellas. ¿Y vienes a decirnos que has dado con un descendiente directo?

—El último en su estirpe —agregó Sasha, orgullosa. Mikasa deseaba entender que sucedía en ese momento, a pesar de estar ahí, no era más que una mera espectadora de lo sucedido—. Mientras que el templo ha dañado a cualquier humano que desea ingresar, Levi incluso fue invitado.

Expresiones de asombro y exclamaciones emergieron de las brujas ante la revelación. El suceso era inaudito. El silencio se volvió sepulcral mientras se intentaba asimilar la nueva información. Las grandes puertas fueran abiertas de golpe, dejando entrever la diminuta, pero fornida forma de un hombre.

—Es justo luchar por lo que me pertenece. —La áspera voz de Levi resonó en la estancia. Las tres brujas se pusieron de pie, asombradas por la situación atípica que presenciaban.

—Tú… —murmuró Sina, atónita.

Como si las fuerzas de atracción se accionaran, Mikasa caminó con pasos ligeros y dudosos al inicio, creyendo que aquello que veía era una jugarreta de su desesperada mente que anhelaba a cada segundo a Levi, sin embargo, se echó a correr para confirmar o romper sus suposiciones. Él la tomó en brazos, fundiéndose en un abrazo hambriento por la separación.

Era real. Él estaba ahí. Luchando por ellos.

Él no es precisamente cualquier mortal. —Sasha intentó sacar a las brujas de su estupor. Las pruebas eran innegables. Ese humano… no, él no era un humano, ese ser sobrenatural tenía tanta presencia como ellas para pasar desapercibido de sus radares—. Y la opción de incorporarlo al Clan… —dejó vagar la propuesta.

Las tres brujas se miraron entre sí. Las recientes bajas en sus filas minaban sus fuerzas y por ello, el control que ejercían sobre la tierra, permitiendo un caótico desequilibrio. Con muecas y gestos mal disimulados, aceptaron que en ocasiones tenían que ceder.

—Será aceptado —inició María, ocultando la decepción de la decisión.

Pasos apresurados resonaron. La agitación de una respiración siguió a lo largo del pasillo.

Rápido.

—Las condiciones serán las mismas de sus antecesores —agregó Rose, conteniendo la ansiedad que le causaba la adhesión.

Tropezó a unos metros de la gran puerta. Ni siquiera se preguntó porque estaba abierta. Tenía la urgencia de entrar y transmitir la noticia.

Arriba. O será demasiado tarde.

—Y —las palabras de Sina se quedaron atrapadas en el aire cuando una diminuta figura se desplomó frente a las grandes puertas. El carmesí se filtraba entre sus ropas, manchando el pulcro suelo donde yacía agotada. Sus cabellos rubios estaban alborotados y sin un sentido aparente. Levantó la mirada, la lucidez y vida parecían haber abandonado sus preciosos ojos azules.

Klaus —fue la primera palabra que emitió, poniendo en guardia inmediatamente a los padres del infante. El aire se negó a ingresar a sus desgastados pulmones y haciendo uso del último resquicio de energía, expresó el mensaje—. Klaus ha desaparecido.

Antes de que el caos y la histeria reinaran, Sina se apresuró a terminar su proclamación para comprometer la valía y supervivencia de sus adeptas.

—Y mientras seas incapaz de mostrar tu competencia como protector, en ti recaerán castigos, pues pones en peligro el bienestar del Clan.

—¡No pueden hacerlo! —Protestó Mikasa, confrontando a sus maestras.

—¡Lo dicho se cumplirá y las palabras permanecerán! —Decretaron las tres brujas, aprovechando el momento de confusión que embargó a la joven pareja.

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El constante golpeteó en la puerta alertó a los residentes. Abrió los ojos, todavía somnoliento, la oscuridad delataba la hora tan inadecuada para recibir visitas. Contempló la idea de dejar a quien quiera que estuviera tocando la puerta, afuera e ignorarlo para volver a dormir.

Los golpes se volvieron más desesperados y ansiosos. Con pesadez, se sentó en la cama, observando donde podrían estar sus zapatos. Los calzó con descuido mientras arrastraba los pies hasta la puerta.

Le diría más de tres palabras desagradables a la molesta persona que lo despertó. Todavía con lámpara en mano, abrió la puerta a la oscuridad que parecía devorarlo.

—¿Hay alguien ahí? —Cuestionó confundido. Buscó al responsable del alborotó. Un sutil llanto atrajo su atención—. ¿Qué…? —En una canasta, cobijado con una manta azul y una nota, descansaba un bebé con vivaces ojos azules que parecían retarlo a tomarlo en brazos. Frunció el ceño antes de tomar la nota con una única palabra escrita.

Klaus.

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¿Quién será el desconocido que tiene a Klaus? ¿Por qué? D:

Ahora si puede hablar sin cuidar del todo mis spoilers. Como mencioné arriba, me costó un poco pensar en que hacer con esta palabra, pero todo fluyo después de pensar en retomar cierta idea que plantee anteriormente. Y como me reclamaron los créditos, varias ideas empleadas fueron dadas por mi mejor amiga, Julieta, y Cruz, sin ellas, probablemente habría tardado mucho más en actualizar.

Espero que les haya gustado. Y ya las quejas, reclamaciones o sugerencias, con gusto las respondo en los reviews.

¡Hasta la próxima!