Como siempre, cualquier cosa que reconozcáis es propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo intento escribir esta loca historia.

Podéis estar al día de mis historias en mi grupo de Facebook: www . facebook . groups / FANFIC . NOE /

y ver el trailer de esta historia aquí: www . youtube watch?v=X5RwYWHjUg4 Recordad quitar los espacios :)

Y si queréis dejar vuestra opinión en el recuadro que está al final de esta página, yo estaré más que feliz de leerla.

Capítulo beteado por Sarai GN Betas FFAD www facebook com / groups / betasffaddiction


Me levanto tras una noche horrible. He tenido pesadillas todo el tiempo. Apenas cerraba los ojos, una pesadilla comenzaba, a cada cual más extraña y loca. La peor de todas fue en la que pude ver a Edward acunando un bultito envuelto en una mantita de color azul con ositos, al que no dejaba de hacer mimos, y cuando me acercaba a verlo lo que me encontraba era un pene enorme con un babero y un chupete… Nena, tú ayer ¿qué te fumaste?

Tengo que prepararme, Edward me ha enviado un mensaje, pasará a recogerme en media hora e iremos juntos al hospital. Allí, su "amiga ginecóloga morena a la que no se ha follado porque no es su tipo", me hará las pruebas necesarias para salir de dudas. ¿Estaré o no embarazada? Y si lo estoy, ¿qué voy a hacer? ¿Qué pasará con Tony? Me siento bien con él, estoy tranquila y me siento querida. Sé que quizás sea pronto para decir que nos queremos y quizás no se trate de ese amor épico que tratan de vendernos en las películas y en los libros románticos, pero creo que nos complementamos bien, creo que podríamos hacer que funcionase. Eso no es amor, nena, es vaguería. Te molesta tener que trabajar para que tu relación funcione, por eso te conformas con lo fácil. ¿De verdad quieres verte en tu lecho de muerte diciéndote a ti misma: "bueno, no he sido todo lo feliz que podría haber sido, pero he vivido tranquila…"? ¿Qué hará Edward si la prueba da un resultado positivo? ¿Se enfadará? ¿Se alegrará? ¿El Follador Enmascarado? ¿Alegrarse de haberte dejado preñada? Quizás en un universo paralelo…

Entro en el baño y me echo un vistazo en el espejo. ¡Madre de Dios! Parezco una jodida zombi… las ojeras me llegan a las comisuras de la boca y tengo los ojos rojos como tomates. Te has pasado la noche llorando… ¿cómo coño quieres tener los ojos? Bueno… no toda la noche, sólo hasta que te quedaste dormida y comenzaste a soñar con penes en pañales…

Me recojo el pelo en un moño y me meto en la ducha. Si me lo lavo ahora necesitaré horas para secarlo por completo y no tengo tiempo. Dejo que el agua caliente resbale por mi cuerpo y trato de relajarme, aunque es difícil.

Me envuelvo en una toalla grande y mullida que está calentita gracias al toallero eléctrico que he puesto en el baño… es el mejor invento del mundo. Odio salir de la ducha y sentir frío. Me seco, me visto y me arreglo.

El timbre suena cuando estoy a punto de darle el primer sorbo a mi café con leche. Mierda. De verdad necesito ese café con leche. Abro la puerta y me encuentro ahí a Ed, mirándome, guapísimo en vaqueros y camiseta. Encima lleva una cazadora gris oscuro. Me mira a los ojos y luego su mirada desciende hacia mis manos, ve la taza y con delicadeza me la quita de las manos.

—¡Eh! —protesto—, ¡es mi café!

Se lo bebe de un sorbo. Cabrón.

—Y está muy rico…

—Lo sé —aseguro—, lo he hecho yo… a mi gusto, y era para mí… ahora tendré que hacer otro.

—No… no puedes tomar nada, tienes que ir en ayunas. Probablemente te hagan análisis de sangre.

No me jodas. ¿Análisis? Odio las agujas.

—Sé que no te gusta la idea, pero estaré contigo, sólo será un momento —afirma.

Sí, ya. Eso es lo que dicen siempre, "solo será un momento", pero lo cierto es que generalmente termino perdiendo la consciencia. Sí, lo sé. Es sólo un pinchacito, pero lo odio con toda mi alma. ¿Y si estás embarazada? Cuando tengan que pincharte en la columna vertebral para ponerte la anestesia epidural ¿cómo vas a hacer? Voy a tener un parto natural… decidido. Sí, seguro… no soportas el pinchazo de una analítica y ¿vas a soportar un parto sin anestesia? ¡Ja, ja, ja! Acabarás pidiendo que te den drogas a voz en grito.

Trato de apartar a JodeBella al rincón más alejado de mi mente y centro mi atención en Edward. ¿Cómo coño hemos llegado al ascensor? ¿Cuándo? Le miro y sé que está tenso. Está muy tieso, tiene las manos en los bolsillos del pantalón vaquero, parece que se está balanceando ligeramente, como si estuviese cambiado el peso de su cuerpo del talón a las puntas de sus pies. Mira hacia delante, a la puerta metálica, casi como si estuviese evitando el mirarme a mí. Cuando se abren me cede el paso.

Estamos en el garaje, veo su coche aparcado un poco más adelante y me dirijo hacia allí sin decir ni una sola palabra. A éste juego podemos jugar los dos. Espero al lado del coche a que lo abra y cuando lo hace, entro sin dudarlo. Él se mete también dentro y lo arranca, aún sin decir ni una sola palabra.

El camino al hospital es largo, y no tanto por el hecho de que esté lejos sino porque tengo la sensación que el tiempo se ha detenido, y todo es por su silencio. Vale. A ninguno de los dos le gusta ésta situación, yo tampoco estoy encantada por el hecho de que hay una posibilidad de estar embarazada. No estoy lista para ser madre. Seamos sinceras, no estoy lista para tener tan siquiera una relación. ¿Pero no decías que te gustaba tu relación con Tony? No. Dije que estaba bien, tranquila. Vamos, que es fácil. Vaga.

Trago en seco. Tengo que darle la razón a JodeBella. Todos estos días me he dejado llevar porque mi relación con Tony está siendo fácil. Es sencillo, sólo me dejo querer. Ya, nena, pero el amor es cosa de dos. ¿Tú le quieres? Y no me refiero a si sientes atracción hacia él, supongo que lo haces ya que te lo follas cada vez que tienes ocasión. Me refiero a si lo amas. ¿Amar? No sé si soy capaz de hacer eso, ya no. Miro a Edward, él es el único al que he amado jamás, el único que me ha hecho sentir como si tuviese mariposas en el estómago con solo sonreírme, el único que ha conseguido que me estremezca de los pies a la cabeza sólo por rozar mi piel. No es que el sexo con Tony esté mal, no es eso, es muy satisfactorio, pero es solo eso, satisfactorio. ¿No debería ser algo más?

Noto como apaga el coche y cuando miro a mi alrededor me doy cuenta que estamos en el aparcamiento del hospital, en la plaza reservada para el Dr. Cullen. ¡Oh, mierda! Ya hemos llegado.

—Vamos —me dice con voz suave y tranquila. Me mira por primera vez desde que entramos en el coche y luego mira mi mano, que reposa sobre mi muslo. Acaricia el dorso y la sujeta, estrechándola con suavidad. Noto el calor de su piel sobre la mía y siento mariposas en el estómago. ¿O son náuseas?

Espero que no lo sean… ¿no se supone que son un síntoma de embarazo? No lo sé, nena, yo solo soy tu subconsciente, no la jodida Wikipedia… ¡Oh, JodeBella! Desde luego eres una gran ayuda…

Salimos del coche y él vuelve a tomar mi mano, me la sujeta con suavidad, pero con firmeza y puedo notar su calidez en mi piel. Me gusta, me serena y me calma. Me guía por el hospital hasta que llegamos a la tercera planta. Un cartel que pone "GINECOLOGÍA – OBSTETRICIA" nos da la bienvenida nada más salimos del ascensor. Noto como mi corazón pega un salto y comienza a palpitar más y más rápido. Las puertas de otro ascensor se abren y de él sale una pareja, él empujando una silla de ruedas y ella, enorme, con una barriga que parece un puto planeta, resoplando como una ballena varada y musitando entre respiración y respiración algo que suena como "si intentas volver a tocarme de nuevo, te arranco a tu amiguito de cuajo". ¡Oh, Dios! ¡Esa puedo ser yo dentro de unos meses! Inhala, exhala… despacio… aire dentro, aire fuera… ¿Más tranquila? Asiento mentalmente a mi otro yo. No adelantemos acontecimientos… puede que no estés embarazada.

—¿Estás bien? —me pregunta Edward. Creo que de alguna forma ha notado que me he puesto muy nerviosa. Asiento con dificultad mientras trato de tragar en seco. Me guía hasta una puerta de color gris, en ella hay una placa que pone Danielle Strauss – Ginecóloga. ¡Oh, mierda! Ya hemos llegado. Da unos golpecitos en la puerta y la abre con confianza—. ¡Hola, Danny!

—¡Edward! —Una preciosa morena se levanta y se acerca a nosotros. Es más alta que yo, casi tanto como el propio Edward, y tiene un cuerpo escultural. Podría haber sido portada de Sports Illustrated—. Hola —susurra mientras le abraza con calidez, se gira hacia mí y me tiende la mano—. Tú debes ser Isabella, ¿verdad?

—Bella —susurro de vuelta—, sólo Bella.

Ella me sonríe y siento envidia. ¡Joder! Es un bellezón. Mira a Ed y le sonríe—. Tenías razón —le dice, pero se queda ahí. ¿En qué? ¿En qué tenía razón? ¿Ya se me nota en la cara que estoy embarazada? ¿Ni siquiera le hace falta hacerme pruebas? Mujer… aún no he escuchado jamás de un médico que sea capaz de dar un diagnóstico con solo mirarte. Si tuvieses una panza igual de grande que la de antes… aún, pero teniendo en cuenta que eres más plana que una tabla de planchar…

—Edward ya me ha contado que existe la posibilidad de que estés embarazada, y que quieres salir de dudas. —Asiento, incapaz de decir una sola palabra—. Venga… vamos a empezar.

Me guía hasta una silla y me siento. Ella acerca un carrito lleno de jeringuillas, agujas y otras cosas que me horrorizan. Noto el sudor frío en mi frente. Creo que Ed también lo nota, porque coge una silla y se sienta a mi lado, sosteniendo mi mano izquierda. La doctora sujeta mi mano derecha y hace que extienda el brazo sobre la superficie de la camilla que hay al lado de la silla en la que estoy sentada. Toma una de esas tiras de plástico elástico y la pone alrededor de mi antebrazo. Me aprieta. Sus dedos se mueven sutilmente sobre la parte interna de mi codo, palpándolo. Debe estar buscando una vena para pincharme. ¡Oh, santísima mierda! Todo a mi alrededor se está poniendo ya borroso y ni siquiera he llegado a ver la aguja.

—¡Eh, Bella! —Ed da palmaditas en la mano que está sosteniendo entre las suyas para llamar mi atención—. Mírame a mí, nena.

Le obedezco, trato de enfocarme en su rostro, en sus hermosos ojos del color de la pradera tras una tormenta. Son tan verdes…

Me concentro en respirar, inhalar, exhalar, de forma constante y profunda. Entonces lo noto. Me ha pinchado y sin poder evitarlo miro a la aguja que ahora está clavada en mi brazo. Mi respiración se acelera y de pronto todo se vuelve negro.

.

.

.

.

—¡Eh, bienvenida! —Echo un vistazo a mi alrededor. Estoy tumbada en la camilla de la consulta de Danielle y Edward está sentado a mi lado, en la silla que estaba usando yo antes—. Con cuidado —aconseja cuando trato de incorporarme—. ¿Tienes sed?

Asiento. Lo cierto es que siento que mi garganta es un puto papel de lija. Me tiende una botella de agua, la sujeto entre mis manos y noto que está fresca. Las gotas se deslizan con suavidad por el plástico azulado. Llevo la botella a mis labios y bebo con fruición. ¡Ah, Dios! Está deliciosa.

La puerta se abre y entra la ginecóloga con una carpeta en las manos. Su rostro no muestra ningún sentimiento, ni un solo gesto que indique nada, que me dé una pista de cuál ha sido el resultado.

—¿Ya están los resultados? —pregunta Edward dirigiéndose a su amiga. Su mano alcanza la mía y la sujeta con fuerza, como si tuviese miedo. Normal que esté acojonado, nena… estoy segura que ser papá es lo último que él quiere ahora mismo. Danielle asiente y me mira.

—Bella… —Levanto la mirada y la fijo en sus ojos—. Es negativo. No estás embarazada.

Un suspiro de alivio abandona mis labios, sin embargo Ed sigue sujetándome con fuerza y parece disgustado.

—¿Seguro? Quiero decir, ¿no hay ninguna posibilidad?

—No, pero si es lo que quieres, puedes seguir intentándolo.

—¡No! —chillo enseguida—, es sólo que quiero estar segura de que no hay ninguna posibilidad de error.

—No la hay. El análisis de sangre es la prueba más fiable, no hemos encontrado la hormona hCG en tu organismo. Es cien por cien seguro.

La mano de Edward me sujeta con más firmeza. Le miro y parece enfadado. ¿Por qué? Quiero decir, debería estar aliviado de no haberme dejado embarazada ¿no? Pero lo cierto es que parece enfadado y algo decepcionado. Sospecho que le jode que sus soldaditos no sean tan fiables como él pensaba, será una cuestión de haber cuestionado su hombría, supongo…

—Edward —le llama la doctora Strauss—, ¿por qué no llevas a Bella a la cafetería? Un café y algo dulce le vendrá bien para recuperarse.

—Claro —dice y me mira—, ¿vamos?

Salimos de la consulta, en silencio, tal y como ha pasado todo el día hasta ahora. Vale. Entiendo que haya estado preocupado, también yo lo he estado. Pensar que era posible que estuviese embarazada ha puesto mi mundo de cabeza desde que me lo dijo ayer por la noche, todo el tiempo que he creído que era posible, pero ahora me siento aliviada. ¿No debería él sentir lo mismo?

—¿Estás bien? —le pregunto. Comienzo a preocuparme. Sé que durante las últimas semanas hemos estado separados, más de lo que jamás nos habíamos separado desde que nos conocemos, pero seguimos siendo amigos ¿no? Yo no quiero perderle como amigo, es posible que necesite mantener un poco las distancias, al menos mientras trato de olvidarme de lo mucho que me gustaría ser para él algo más que su amiga, pero no quiero que sea algo permanente, quiero saber que sigue estando ahí para mí, que sigue siendo mi amigo, mi apoyo, mi soporte en los malos momentos, como lo ha sido todos estos años.

Nos hemos sentado en una mesa de la cafetería. Él sigue en silencio y eso me está matando, me mira y hay algo extraño en sus ojos, un sentimiento que no consigo descifrar pero que me preocupa.

—¿Quieres un café? —pregunta por fin, tras un período demasiado largo de silencio.

—Eso sería genial… y un croissant tampoco me vendría mal —confieso. ¡Oh, sí! Un croissant dulce, de esos que se deshacen en tu boca como si fuesen mantequilla. Mírate… ya estás babeando con los ojos en blanco y la baba corriendo por tu barbilla… pareces Homer Simpson ante una rosquilla. Ed sonríe, pero no es una sonrisa feliz, sino nostálgica, y no entiendo por qué se está comportando así.

Se acerca a la barra de la cafetería, hace su pedido y espera a que se lo entreguen. Paga y vuelve a la mesa. Pone la bandeja ante mí y puedo ver dos vasos de papel azul con el café, un par de croissants y zumo de naranja. Se me hace la boca agua, no era consciente del hambre que tenía. Mi mano sale lanzada hacia el vaso de café, le echo azúcar y me lo llevo a la boca. ¡Mierda! ¡Me he quemado! Dejo el vaso de forma apresurada sobre la mesa, echo la lengua fuera y empiezo a abanicarla. Como si con eso fueses a aliviar la quemazón… anda… coge el vaso de zumo y métele un buen trago. Hago lo que JodeBella me pide, tiene razón, así que no tiene sentido discutir. El zumo fresco calma el ardor, pero noto la lengua como la suela del zapato. ¡Mierda! Ed ríe y parece nostálgico. Su mano se desliza por la superficie de la mesa y acaricia el dorso de la mía, con ternura. Suspira.

—¿Estás bien? —le pregunto. Está actuando de una forma muy extraña.

—Es sólo que tenía la esperanza… —¿De qué? ¿De qué tenía esperanzas? Ostras… ¡va a ser que quería que el resultado fuese positivo! ¿Qué dices? Que aquí, Mr. Pollalegre quería rellenarte el horno… ¿Relle… qué? Marcarte un penalti, hacerte un bombo… nena, ¡pareces tonta! Él quería haberte dejado preñada…

—No te entiendo —murmuro. Pues tampoco es tan difícil de entender, lo que pasa es que cuando quieres eres de un cortito…

—Me hubiese gustado que el resultado fuese distinto. —Sujeta mi mano con más fuerza, manteniéndola agarrada entre sus grandes manos—. Tengo la sensación de que ahora te me escaparás entre los dedos…

—¿Qué quieres decir? —cuestiono de nuevo. JodeBella está en una esquina, dándose de golpes contra una pared… No puedes ser tan tonta… es imposible.

—Te quiero…

—¡Oh, basta ya! —chillo en medio de la cafetería. Todo el mundo nos mira mientras me levanto con tanta fuerza que la silla termina en el suelo—. Te pedí que no hicieses esto…

—Bella… escúchame…

—¡No quiero! —grito de forma infantil mientras me llevo las manos a mis oídos. Edward se levanta, se acerca a mí y me obliga a bajarlas.

—Te amo, Bella… —susurra en mi oído, y el calor de su aliento envía escalofríos por todo mi cuerpo traidor—. Te amo, y no te lo digo porque te haya dejado embarazada, lo digo porque es lo que siento en realidad y no quiero perderte. He probado cómo es el mundo cuando no estás conmigo, y no lo quiero.

Me zafo de su agarre, tomo el bolso de la silla que está en el suelo y me giro dispuesta a irme, pero él me sujeta con suavidad y con firmeza.

—No te vayas… tenemos que hablar…

—No puedo hacer esto… —susurro—, déjame marchar.

Edward se rinde y me suelta, salgo corriendo de la cafetería como alma que lleva el diablo. Una vez en la calle, paro un taxi. Me subo y doy la dirección de la casa de Tony. Necesito verle, ya.

Eres una cobarde. ¡Cobarde! Vuelve a ese jodido hospital y habla con él. ¿No es lo que querías? ¡Vuelve tonta del culo! Sacudo la cabeza negando una y otra vez. No. No volveré. Solo es un arranque suyo. Le pasa como al perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Sólo es eso. Le jode que esté con alguien y hace esto para dinamitar mi relación… ¿Qué relación, gilipollas? Si solo llevas con ese tío diez días… En cuanto piense que vuelve a tenerme a su disposición, todo se acabará y entonces volveré a pasarlo mal mientras me repasa rubia tetuda tras rubia tetuda por la cara.

El taxi llega a su destino y me bajo. Saludo a Richard –el portero– que me devuelve el saludo. Subo hasta el apartamento de Tony y llamo a la puerta. Espero impaciente a que la abran. Unos minutos después, se abre, dejando a la vista a un Tony vestido únicamente con uno de esos bóxer ajustados de color negro que tanto me gustan, sus abdominales y su pecho están al alcance de mi mano. Hace dos días habría saltado sobre él y me habría agarrado a su cuello como una mona, para después cerrar la puerta y follármelo sobre la primera superficie disponible, ya fuese en posición vertical u horizontal. ¡Qué coño! Incluso haciendo el pino. Pero ahora mismo estoy paralizada y él está igual que yo, me mira y parece sorprendido.

—Bella…

—Hola, Tony. ¿Puedo pasar? —le pregunto, ya que sigue delante de la puerta y no puedo hacerlo. Mira nervioso a su espalda—. ¿Qué ocurre?

Entonces la veo. Aparece en la entrada una pelirroja alta y esbelta, guapísima, completamente desnuda.

—Tony, cariño —dice sin darse cuenta que estoy aquí—, ya he encontrado el lubricante… ahora podrás meterme tu gran polla en mi agujerito…

Puajjj…. Nena, ahora sí deberías taparte los oídos… o extirpártelos, ya no sé.

—¿Estabais follando? —le pregunto incrédula. Él parece perdido, sin saber dónde meterse. La pelirroja se acerca más, finalmente se ha dado cuenta que tiene compañía.

—¿Te apuntas? —me pregunta la pelirroja que tiene un bote de lubricante en una mano y una gran polla de goma en la otra—, un trío… ¿no era esa tu fantasía, baby?

Sal por patas… ¡ya! Por primera vez desde que puedo escuchar a JodeBella dentro de mi cabeza, voy a hacerle caso sin protestar. Mejor salir por pies o acabaré con la réplica en látex de la polla de Nacho Vidal insertada en algún orificio corporal… ¡Oh, no! Eso sí que no… nuestro orificio trasero es virgen y quiere seguir siéndolo.

Miro a Tony y sacudo mi cabeza, incrédula. Estaba yendo demasiado bien, seamos sinceras. Trato de darme la vuelta pero él me sujeta por el brazo. ¿Qué pasa hoy? ¿Es el día de "no dejemos que Bella se vaya si quiere"?

—Escucha, Bella… estábamos dándonos un descanso. Natalie es una compañera de trabajo y a veces…

—A veces te la follas como si no hubiese un mañana…

—Estaba disgustado, pensé que te quedarías con él. Ni siquiera trataste de detenerme… —me lo echa en cara. ¡Qué morro! Yo no lo eché de mi lado, él decidió darme mi espacio para que tomase mis decisiones sin presiones… además, él había puesto un título a nuestra relación. Él fue el que dijo que yo era su novia, no yo. ÉL. Cabronazo… te lo dije… no puedes fiarte de un gafapasta…

—¡Yo no te pedí que te fueras! Vale, ya es suficiente… sigue con lo que hacías, espero que te lo pases muy bien. —Me doy la vuelta con la mayor dignidad de la que soy capaz –que no es mucha– y me dirijo de nuevo al ascensor.

—¡Bella! —le oigo gritar detrás de mí, como queriendo detenerme pero sin atreverse a salir al descansillo medio en pelotas—. ¡Bella! Por favor…

No hago caso y salgo decidida del edificio, completamente segura que no volveré a poner un pie allí. ¡A la mierda! Todos los hombres son iguales. ¡Que se jodan! Jodidos cabrones de mierda, capullos, tarados emocionales, cerebropollas…

Camino enfadada, pisoteando la acera como si estuviera tratando de asesinarla con mis zapatos, mientras no dejo de murmurar insultos contra el género masculino. ¡Oh, sí! El mejor de ellos debería ser colgado por las pelotas del pino más alto de Central Park. Levanto la vista y veo que estoy ante el edificio en el que vive Alice. Subo hasta su apartamento y llamo a la puerta. Me abre y sé que Jasper no está. Alice no llevaría ese pijama de felpa si fuese así. No, aunque se muriese de frío estaría vestida con uno de esos escandalosos camisones que no dejan nada a la imaginación.

—¡Bells! —exclama sorprendida al verme—, ¿qué ha pasado? Iba a llamarte después, anoche estuviste muy rara luego que Tony se fuera —resoplo al escuchar el nombre de ese cabrón. Noto algo húmedo en mi cara y me doy cuenta que estoy llorando. Me limpio las lágrimas con rabia. Hoy es uno de esos días en los que uno no debería levantarse de la cama.

—¿Te acuerdas que me follé a tu hermano? —La veo asentir.

—Aún no me has dicho cómo fue…

—Eso no es fácil de contestar… estaba borracha y no me acuerdo de nada. Pues ayer tu hermano me dijo que se nos había roto un condón. —La cara de Alice se pone más blanca que el culo de un fraile.

—Tú… estás… —tartamudea.

—¡No! —chillo vehemente.

—Gracias a Dios… —murmura ella.

—Pero lo creímos durante unas horas… vamos que era una posibilidad.

—Pero… ¿no lo estás?

—No —le aseguro.

—¿Estás segura? —pregunta con preocupación.

—Cien por ciento segura. Me lo confirmo una ginecóloga morena amiga de Edward que está más buena que Miranda Kerr, pero que me ha asegurado que no se había follado porque las morenas no son su tipo… —¿Y si se tiñera de rubia?, ¿se la follaría? Seguro.

—Tony nos escuchó hablar…

—Por eso se fue… me había parecido extraño, pero…

—Ed me ha dicho que me quiere… —Alice se queda en silencio—. ¡Alice! —chillo para llamar su atención.

—¡Lo sabía! —grita ella tras estar unos segundos en silencio—, ¡sabía que estaba loco por ti!

La que ahora está alucinada soy yo. ¿En serio? Si hasta hace poco me insistía en que me olvidase de él y saliese con otros hombres.

—En cuanto creyese que iba a perderte… sabía que lo reconocería.

¡Oh, genial! Hemos sido víctimas de Alice, alias "la Casamentera".

—Me da lo mismo, Alice. Sé que no funcionará, así que me da lo mismo lo que diga. —Ahora me mira como si me hubiese salido una segunda cabeza. ¿Y te extraña? Hasta hace un mes lo único que querías era tener una relación con el Follador Enmascarado. ¿Recuerdas?

—¿Qué vas a hacer con Tony?

Mierda.

¿Por qué ha tenido que recordármelo?

—Tony se estaba follando a una pelirroja hace menos de media hora en su piso… a ella y a la reproducción de la verga de Nacho Vidal. —Alice me mira incrédula—. No preguntes.

—Lo que me pregunto es, ¿cómo sabes que era la reproducción de Nacho Vidal?

Me pongo colorada y me callo. No tengo por qué reconocer que he visto sus películas ¿no? Fue cuando necesitaba material para hacer creer a Ed que me estaba follando a alguien y bajé una de sus películas. Una vez que la has visto, es difícil de olvidar.

—Y ahora… ¿qué vas a hacer? —pregunta.

—De momento —digo mientras me levanto y me acerco a su mueble bar—, beberme todo tu jodido tequila. Después… no tengo ni puta idea, pero sé que tengo que cambiar cosas en mi vida.

Para cuando termino la frase, Alice ya ha sacado la sal de la despensa y unos cuantos limones de la nevera. Esperan en la barra de desayuno, junto a un cuchillo, a que llegue yo con la botella de tequila. Dos vasos aparecen allí y los lleno con el líquido de color ambarino. Levanto el vaso en el aire para brindar con Alice.

—Por los hombres. Habría que cortarles las pelotas a todos…

—Por los hombres —concuerda mi amiga—, pero sólo después que nos hayan dejado bien satisfechas.

Reímos y lo bebemos de un solo trago. El alcohol me quema la garganta y noto como se refresca gracias a la sal y el limón. Lleno de nuevo el vaso, decidida a seguir rellenándolo hasta acabar la botella. Hoy voy a ahogar mis penas.

Con la suerte que tienes, las muy putas sabrán nadar.


Y llega la hora de los agradecimientos, que nunca serán suficientes, ya que gracias a vosotras ya hemos superado los seiscientos reviews. No os hacéis una idea de lo alucinada que estoy.

Muchas gracias a todas, ya seáis lectoras en la sombra o me regaléis un comentario con vuestra opinión, lo que pensáis que puede pasar o ese "me he reído" que me hace feliz, las que estáis siguiendo esta historia o la habéis añadido a favoritos.

Loonydraconian, MONIELITA CULLEN, Angie Masen, Gretchen CullenMasen, Gema'Arellano, freedom 2604, Lizzie Ferrell, bitha-granger, Eve Runner, aleshita-luvs-paramore, zujeyane, Gatita Cullen, camela, Grace, Jade HSos, Nyx-88, Any mary cullen, Fran Cullack, yolabertay, Mon de Cullen, Masilobe, Yoa P. Stewart, Barbybells, Anita belen, Namikaze yuki, Manue Peralta, kerbel, Danny Ordaz, eLiZ cKs, Anilu-Belikov, Masi-ruth, Iku cSwan, DiAnA FeR, PEYCI CULLEN, dulcesito, mayilu, Emmabella N. Castro, ingridR, Jo Beta, Blapagu, Roxii C, Coki Cullen, wchb7, Zaida G. Verdad, analong, SaliLuna, suhayla, lokkita-masen, yanina, AlexCullenHale, dan-lp, loreblue31, Karolay28 y SHEYLA 18. También a todos aquellos comentarios anónimos.

Pido perdón si me he dejado alguna en el tintero.
Gracias también a mi beta Sarai GN, que me soporta. Bicos, nena, mejórate!

Bicos.