¡Hola!

La encuesta del blog ha concluido y el resultado es... tachán, tachán... Habrá Naruhina. Sí, no es tan raro. Esta pareja es muy popular, así que tendremos que ver cómo hace Hinata para librarse de Gaara XD

La primera parte de la historia iba a ser en principio un One-shot InoSai, pero ha quedado en esto. Quizás lo publique como One-shot, pero por supuesto no estaría ambientado en la época feudal.

Espero que os guste.


Ino siempre había adorado las mañanas frías de otoño. Nunca fue amiga de madrugar, pero supongo que simplemente le gustaba disfrutar del amanecer bajo el frío del otoño, y sentir cómo las hojas de los árboles se marchitan cual flores, cayendo al suelo tras navegar en la brisa propia de la estación. La rubia solía dar un breve paseo matutino para disfrutar de la estampa de las hojas caídas que cubrían el suelo o que parecían chapotear en el agua, a merced de la corriente.

Yo siempre pensé que los jardines Hyuga eran preciosos, de la misma manera que Ino parecía prendada de los del Emperador. Cuando se casara, se trasladaría a vivir con su esposo a una bella mansión no lejos del Palacio, pero aun así serían contadas las ocasiones en las que podría venir a venir a mí y a Hinata, pues su obligación era atender su casa. Incluso la chica Hyuga y yo tendríamos problemas para vernos a pesar de estar bajo el mismo techo, porque yo estaría por debajo de ella.

La cascada de oro resbalaba suavemente por su espalda, esperando el momento de volver a la habitación y ser recogida por Matsuri en un intrincado peinado a la moda del momento. Llevaba un bello kimono rosa pálido y un obi más oscuro con flores de campanilla estampadas. Unas ojeras apenas perceptibles recorrían su rostro, debidas a la falta de sueño. Siempre supo que Sasuke no le sería fiel, ningún hombre noble lo era. Pero sentirse cornuda antes de casarse y que encima yo me sintiera mal por culpa de ese desgraciado era un palo. Para rematar el problema solamente había que añadirle el miedo que tenía. Sí, miedo, porque mi hermana empezaba a sentir algo más que curiosidad por ese pintor en secreto. Porque sabía que nada bueno podía surgir de eso.

Caminó pesadamente hasta la sala en la que solíamos pasar el día nosotras, alejadas del resto de concubinas que parecían desearnos una muerte lenta y dolorosa entre terribles sufrimientos (especialmente a Hinata-chan y a mí). Abrió la puerta corredera sin llamar, y allí estaba su dolor de cabeza particular, el cual levantó el rostro del nuevo pergamino y puso una más de sus falsas sonrisas.

—Sai-sama —saludó Ino algo cansada. —¿Qué hacéis despierto? Es temprano.

—Precisamente por eso, Ino-san. Si no madrugo, no podré terminar nunca este dibujo.

La rubia se acercó al pintor y se sentó a su lado. Retratado en el papel el joven Sai había dibujado el más bello amanecer jamás conocido. No había otro color que el negro y no estaba terminado, pero Ino habría podido jurar tocar el cielo cuando deslizó los dedos por el papel de arroz con cuidado de no emborronar tan magnífica obra.

—Algún día me tendréis que explicar cómo conseguís ese efecto —murmuró la rubia embelesada. —No debería ser posible retratar un amanecer sin usar color.

—Y sin embargo, lo es —Sai miró directamente a la joven a los ojos. —Puedo enseñaros. Si lo deseáis, claro está.

La muchacha alzó una ceja, segura de ser incapaz de alcanzar ese grado de perfección, pero Sai sonrió. El joven eligió uno de los pinceles que tenía guardados en una cajita negra decorada con motivos de flores de un rosa suave y se lo ofreció a Ino, que lo aceptó sin saber muy bien qué hacer con él e intercambió una mirada de duda. El de ojos negro azabache la invitó a trazar las líneas que terminarían de definir la silueta confusa de las montañas.

Ino volvió a dudar sobre qué tenía que hacer exactamente, temiendo arruinar el esfuerzo a causa de su mano torpe, pero Sai puso su mano sobre ella, guiándola en su recorrido sobre el lienzo. Ino sintió un pequeño escalofrío recorriéndole su espalda que nada tenía que ver con el frío mañanero. Entonces empezó a temblarle la mano, el temblor extendiéndose al resto del cuerpo.

"Esto no está bien", pensó. "Yo no puedo estar sintiendo esto. No puedo estar enamorándome; estoy prometida y apenas conozco a este sujeto. No puedo permitirlo".

Entonces una pequeña lágrima traidora resbaló yendo a fundirse con la tinta sobre el papel, para asombro de Sai, que por una vez mostró sus verdaderas emociones al abrir los ojos con sorpresa mirando a la rubia. Ésta sólo pudo levantarse y salir corriendo de la sala, huyendo de unos sentimientos hasta ese día desconocidos. Cuando la joven ya no estaba en su rango de visión, Sai miró confundido las líneas temblorosas que había trazado ella siendo guiada por él. Entonces, aunque no entendía bien la repentina conducta de Ino, no pudo evitar sonreír. Pero esta vez era una sonrisa sincera, que hubiera conseguido llegarle al corazón a cualquiera. Por fin, sentía que uno de sus trabajos estaba completo.


Estaba ya hasta lo que mi educación no me permitía nombrar de aguantar miraditas por parte de Neji. Ese cretino… Podía ser frío. Podía ser indiferente. Y podía no dirigirme la palabra. Pero lo que no podía hacer era mirarme de esa manera. Casi pareciera que me odiaba, y ya empezaba a molestarme de verdad. ¿Se puede saber qué le había hecho? De ese día sí que no pasaba, iba a hablar con él.

El infortunio con Sasuke había empeorado la situación, y aparecer con un Gaara medio desnudo esa mañana había rematado la faena. No es que realmente me importara lo que el capitán pensara de mí (o a lo mejor sí, pero sólo un poco), pero no me sentaba bien que hubiera presenciado esas escenas y sacara conclusiones equivocadas. Era hora de aclarar la situación.

Neji me evitaba constantemente, de eso podía dar fe. No podía acercarme sin que huyera como si tuviera la peste, así que ya que se llevaba tan bien con Tenten le había pedido a mi amiga que lo trajera ante mi presencia, aunque fuera engañado. La criada había puesto cualquier excusa y lo había traído a una de las miles de salas de estar del Palacio, donde yo esperaba. Tenten se disculpó y abandonó la estancia, dejando al capitán arrinconado. Lo sentía realmente por ella, porque yo sabía que de verdad estaba enamorada de ese hombre, y haberle engañado así era una puñalada trapera.

Y así nos hallábamos ahora. Frente a frente, luchando por no ser congelados por la gélida mirada del otro. Ese día yo llevaba un kimono amarillo claro sin prácticamente ningún detalle, y un obi también bastante soso. No estaba de humor para más. Y también ese día había decidido volver a la rutina de peinados enrevesados con la que no cumplía desde hacía días solamente por pereza.

El capitán no llevaba la armadura normal, porque era temprano para ir a entrenar, así que vestía un sencillo yukata blanco que le protegía del frío. Tenía la larga melena de ébano recogida con una cinta casi al final de su longitud, provocando que los mechones más cortos se soltaran, resbalándole por la frente. Su pelo enmarcaba sus ojos níveos, creando un claro contraste.

—Neji-san, tenemos que hablar. –empecé mortalmente seria. —Me gustaría aclarar algo.

—No hay nada que decir, Sakura-sama. —intentó ponerse en pie para salir por patas pero se lo impedí alzando la voz.

—No mováis un músculo. Quiero saber si Hiashi-sama fue quien os pidió que no os acercarais a mí —continué cuando volvió a sentarse, adquiriendo la rígida postura de quien ha sido sometido a una dura educación. —Él sabe que ese día no fuisteis a entrenar sólo y ha sacado conclusiones precipitadas, ¿verdad?

No contestó al principio. Parecía evaluarme con la vista, pero yo sabía que su mente estaba muy lejos de allí, seguramente recordando ese día en el que yo dejé de ser noble y él de ser samurái. Nunca le había visto tan relajado como esa tarde. Neji suspiró y arrancó a hablar.

—No importa realmente lo que Hiashi-sama dijera. Pero también vos sabéis que no estuvo bien desaparecer así del mundo, sin dar explicaciones, aun si luego regresamos. Por mi irresponsabilidad podrían poner en duda vuestra pureza.

—Creedme, de eso ya no pueden tener ninguna duda —murmuré recordando cuando la partera se aseguró de que seguía siendo virgen, y aunque Neji no había estado, supuse que él ya sabía de qué iban todas esas pruebas.

—De todas formas, eso ahora es cosa vuestra. —habló con un tono impersonal. —Vos sabréis cómo explicáis al Emperador lo que pasó con el Shogun…

—Puedo aseguraros que cuando llegue el día no tendré nada que explicar —fui tajante. —No sucedió nada con Sasuke-sama, y lo que vierais no fue con mi consentimiento. Simplemente el Shogun está acostumbrado a obtener lo que desea, y no le debió sentar muy bien mi negativa. Pero esto, como ya habéis dicho, no es cosa vuestra. —hice una pequeña pausa, y suavicé la voz. —Solamente quería recuperar la relación cordial entre nosotros. Ya hemos hablado la parte que os concierne, podéis marchar.

No sé si lo que atisbé en su mirada fue una pizca de remordimiento o sólo me lo imaginé, pero el caso es que Neji se fue. Quizás sólo estaba avergonzado de haberme acusado tan a la ligera. Sea lo que fuere, tuve el presentimiento de que no volvería a molestarme con lo mismo, y me quitó un gran peso de encima.


Refunfuñé; el agua estaba congelada. Tenten y yo habíamos salido a darnos un baño en un lago cercano al Palacio, lo cual ahora que lo pensaba no era tan buena idea, no podía parar de temblar, y Tenten tampoco.

Algunos samuráis escolta, entre ellos el capitán, nos acompañaban para asegurarse de que estábamos a salvo. Se habían quedado por los alrededores, rodeando el lago para evitar que nadie pudiera aproximarse sin ser detectado.

Mi cuerpo no se acostumbraba a la temperatura del agua, que nos llegaba por las rodillas. Dejamos los kimonos en la orilla, a una distancia prudente para evitar que se mojaran. Antes de marcharse, los soldados nos habían ayudado a hacer una pequeña fogata en la que secarnos un poco cuando saliéramos.

Tenten me preguntó entre tartamudeos por qué no nos metíamos de golpe en el agua, total, no nos acostumbraríamos al frío ni aunque tardásemos tres horas en meternos del todo. Acepté y contamos hasta tres para sumergirnos. Una vez la cuenta terminó, me sumergí hasta no dejar ni la coronilla fuera del agua. Bajo el agua, un temblor debido al frío recorrió mi cuerpo, y me impulsé volviendo a salir, buscando el ansiado aire.

Fuera Tenten reía con los labios morados por el frío, sujetándose el vientre con las manos. Tenía el pelo castaño suelto y le llegaba a la cintura. Y curiosamente estaba seco.

—Creía que íbamos a entrar en el agua de golpe —dije con el ceño fruncido, pero la criada seguía riendo. —Me has tomado el pelo.

Como mis palabras parecían no afectarla decidí tomarme una pequeña venganza y comencé a salpicarla con el agua helada, provocando que su piel se pusiera de gallina y ella profiriera quejas, salpicándome también. En unos minutos, ella ya estaba totalmente empapada. Cuando terminamos de lavarnos, aunque la verdad era que nos habíamos pasado el tiempo jugando en el agua, salimos y fuimos corriendo hasta el fuego. Secamos un poco nuestros cabellos y nos pusimos los yukatas.

Nos quedamos un buen rato cerca del fuego, entrando en calor y hablando de cosas superfluas. Hasta que mi sirvienta tocó el tema que no debía.

—¿De qué queríais hablar con Neji-sama esta mañana? —preguntó con fingida indiferencia, como si no quisiera que supiera lo mucho que le importaba aquello. Decidí ser directa, a la larga sería mejor.

—No te enamores, Tenten. No es para ti.

Una criada como ella no podía estar con un capitán samurái de un clan tan importante. Quizá doliera pero no tenía sentido intentar ser más suave. Ella sabía que él nunca se fijaría en ella y jamás podrían estar juntos. Al igual que yo.

La criada me miró como si acabara de sacar una daga y la hubiera apuñalado sin importar nuestros años de amistad. No le había sentado bien y no podía ocultarlo. Quizá me había pasado, pero es que no había podido detenerme. Algo dentro de mí me había instado a dejar claro que ella, mi amiga, no era nadie para estar con alguien como Neji. De repente me sentía una persona horrible.

Tenten no abrió la boca. Se limitó a mirar arder la madera que habían prendido los samuráis antes de irse y yo hice otro tanto. Se sumió en sus pensamientos y yo también estuve un buen rato divagando. Demasiado quizás.

Las llamas que danzaban consumiendo las raquíticas ramitas de madera fueron azotadas por una repentina ráfaga de viento y se extinguieron, dejándonos expuestas al frío una vez más. Decidí entonces que lo mejor sería volver rápido e insté a Tenten a irnos de allí. Ella solamente asintió, aún dolida. Nos pusimos en marcha para buscar a lo samuráis escolta y por el camino nos encontramos con quien menos quería encontrarme.

—Sakura-san —otra vez esa voz grave y varonil a la que había cogido asco por los últimos incidentes sufridos.

—Sasuke-sama —saludé a mi vez, haciendo tanto la criada como yo una breve reverencia.

El Shogun miró significativamente a Tenten, la cual lo cogió al vuelo. Se disculpó con unas palabras apenas audibles y echó a andar buscando a Neji para dejarnos a mí y a Sasuke solos.

—Me gustaría disculparme por mi arrebato del otro día —fue directo, sin titubear, y eso me gustó. No soportaba a la gente que se andaba por las ramas.

—No hay nada que disculpar, Sasuke-sama. Sólo no vuelva a dejarse llevar por sus… arrebatos.

—Me alegro de que no estéis molesta. Sin embargo, considero justo recompensaros de alguna manera. Permitidme invitaros a cenar conmigo. Mañana mismo, si os parece bien.

¿Pero qué mierda le pasaba a este desgraciado? Primero la cagaba monumentalmente, echando a perder aún más mi relación con Neji y poniendo en peligro nuestras cabezas, y luego pretendía terminar de arreglarlo cenando juntos. No teníamos esa confianza, y yo no quería dar pie a que la tuviéramos.

—Lo lamento, Sasuke-sama —eso es Saku, pensé, controla la voz. —No creo que eso solucione el problema si lo que queréis es disculparos.

—Estarán también Gaara-sama, Ino-san, Hinata-sama y Shion-san —él habló con voz helada, como si no deseara invitarlos pero no le quedara más remedio que hacerlo para que yo aceptase ir.

Shion era otra chica que también había sido designada concubina del Emperador por órdenes del mismo. Era muy hermosa, tenía el pelo como el de Ino y los ojos de un lavanda envolvente. Era una de las chicas que morían por sacarle los ojos a Hinata, que sería la que más poder tuviera como esposa principal. Shion era, después de mí, la concubina de mayor rango. No me caía bien, porque incluso me tenía envidia a mí. Qué ironía, yo le cedería mi puesto de buen grado.

—Está bien —decidí aceptar, ya qué. Con algo de suerte, durante la cena Gaara se daría cuenta de la atracción insana que le provoco y mandaría que le cortaran la cabeza. De acuerdo, me he pasado con él. Después de todo, se había disculpado ya.

—Bien, la organizaré para hoy mismo, pues —con tan escueta despedida desapareció de mi vista perdiéndose entre la espesa vegetación.

Alcancé a Tenten, que curiosamente no me preguntó qué deseaba el Shogun de mí, y juntas fuimos con Neji. Hallamos al capitán montado a caballo intercambiando unas palabras con los otros cuatro samuráis que nos habían acompañado. Enfocó su vista en mí, casi con disgusto, y adiviné sólo por la mirada que se había cruzado con Sasuke y que desconfiaba de lo que había ido a buscar aquel adonis.

Nos encaminamos de nuevo al Palacio y me sumí en mis pensamientos. No debería haber sido tan tajante con Tenten, pero es que cuando sacó el dichoso tema sentí que tenía que defender lo que es mío. Qué tontería, ¿verdad? Neji no era mío ni lo sería. Quizás debiera dejar que las cosas siguieran su curso, y ver qué pasaba entre esos dos. La criada comprendería que sus sentimientos no eran correspondidos y cortaría con ellos de cuajo.

Miré a la joven castaña, que miraba embelesada la espalda del Hyuga y suspiré. Iba a ser realmente complicado, pero aunque doliera no había opción. A partir de entonces, ella sabría si intentaba llamar la atención de él. Conmigo, desde luego, que no contara.


—No estéis así, Hinata-sama —intentó consolarla Matsuri. —No es tan malo. El Emperador es un hombre atractivo.

En la alcoba temporal de Hinata, Matsuri cambiaba las flores mustias de los jarrones y los sustituía por las frescas que había ido a recoger esa mañana. La bella joven de los ojos perlas miraba con melancolía mal disimulada el pesado kimono blanco de seda que usaría el día de su boda tendido sobre el tatami. Todos los detalles estaban preparados, y ella debería estar feliz. Después de todo, el día de su boda era un día muy especial en la vida de cualquier mujer.

—Sí, es un hombre bien parecido —reconoció Hinata. —Y no estoy triste, al contrario, soy afortunada de poder traer tanto honor a mi clan.

Hinata tenía la mente puesta en su padre. Le había escrito varias cartas de las que no había obtenido respuesta, y a un par de semanas del enlace las posibilidades de que su padre la viera de blanco parecían desvanecerse en el aire como el humo. Pero como la esperanza es lo último que se pierde, Hinata era consciente de que ella buscaría a su progenitor entre los invitados con la vista hasta que las puertas del templo cerraran para poder comenzar la ceremonia.

Tenten y yo habíamos vuelto y decidí ir a ver a Hinata un rato, así que llamé dando golpecitos suaves en la puerta y entré cuando Hinata me dio permiso.

—Ah Matsuri —dije distraída al verla en la habitación. —He hablado con Ino, creo que te está buscando. No sé qué de un problemilla con su kimono lavanda.

Matsuri se puso rígida y pareció palidecer. Salió a toda prisa de la habitación haciendo la reverencia más leve que me había dirigido una criada. Miré confusa hacia la puerta por la que había desaparecido hasta que la voz de Hinata intentó aclarar la situación.

—Es que ese kimono es uno de los favoritos de Ino y quería ponérselo para mi boda, pero parece que Matsuri-chan lo manchó el otro día y aún no ha conseguido limpiarlo. —dijo Hinata sonriente.

Yo en cambio no sonreí. La ira de Ino era de temer si se trataba de uno de sus kimonos, y más si era de sus favoritos. Lo sentí por la criada, la que le iba a caer iba a ser pequeña.

—¿Qué tal estás, Hinata-chan? No queda mucho para la boda. ¿Estás nerviosa?

—Un poco, pero creo que es normal. —su sonrisa amable no acompañaba a sus ojos, que reflejaban tristeza. Di por sentado que se trataría de la posible ausencia de su padre y hermana en la fiesta.

—¿Sabes qué, Sakura-san? —habló Hinata con el rostro más serio de lo normal. —Últimamente tanto Ino-san como yo tenemos la impresión de que Matsuri se siente atraída por el Emperador. Cada vez que lo ve se sonroja y baja la vista, o bien comenta lo bien que se ve.

Lo cogí al vuelo. Matsuri se estaba enamorando, como Tenten e Ino antes de ella, de quien no debía. Mi vida y la de los que me rodeaban cada vez se enredaban más, y francamente, el futuro pintaba más negro que el amanecer en el dibujo de Sai.


¿Os ha gustado?

La parte sobre Ino y Sai en teoría no se hubiera permitido, porque no era posible el contacto físico.

No sé si os habréis dado cuenta de que en los últimos capítulos estoy repartiendo el capi entre los personajes para que no sea tooodo el rato sobre Sakura. ¿Os parece bien?

También tengo en mente publicar otro fanfic, pero tengo tantas ideas que se me acumulan. Ojalá tuviera también tanto tiempo.

Seguramente me olvide de algo, porque SIEMPRE se me olvida algo y me acuerdo justo después de subir el capi. Pero en fin, ahora mismo no sé.

Muchísimas gracias por leer y especialmente a las que comentáis.

¡Besos!