Capitulo 11
Un beso…un pecado…
Faltaban pocos días y los preparativos para el baile escolar seguían en marcha. Las chicas del club de fans de Tomoyo continuaban con su campaña, para la elección de su princesa como la reina del baile junto a Eriol. Mientras los demás estudiantes proseguían con sus actividades habituales.
Excepto aquellas dos chicas…
Tanto Sakura como Tomoyo tenían una actitud extraña entre ambas. No podían verse a los ojos sin experimentar sonrojo. El recuerdo de aquella lección de baile, donde esos sentimientos las invadieron, les causaba confusión. La campana indico el término de las clases, y todos se preparaban para regresar a casa.
-Sakura… -dijo la amatista nerviosamente-. ¿Ya te vas?...
-Este… si –respondió con el mismo nerviosismo-. Tengo que estudiar para el examen de mañana.
-¿No quieres estudiar en mi casa? –pregunto Tomoyo-. Puedo ayudarte si gustas…
-No lo se… -respondía la flor de cerezo-. No quiero serte una molesta
-No lo eres, eres mi amiga –le dijo la niña amatista tomándole la mano-. ¿Quieres venir?
-Claro
la flor de cerezo no pudo evitar sonrojarse, cuando su amiga te tomo la mano. Aquel sentimiento que nacía en ella la confundía, pero a la vez la reconfortaba. Ella realmente quería estar junto a Tomoyo. Y tomadas de las manos partieron salieron juntas del colegio.
Pero Yui observaba a lo lejos como Tomoyo compartía con quien considerada oficialmente su rival. No la soportaba, bueno en realidad no soportaba a nadie cerca de su princesa, ni siquiera a Eriol. Para ella la única persona que merecía ese honor era ella ni nadie más.
-Yui… ¿Qué haces? –dijo una chica cerca de ella-. Debíamos vernos en la sala de música
La joven Namiya vio acercarse a una de sus "compañeras" de su causa, aunque ellas ignoraban por completo sus verdaderas intenciones. ellas también harían cualquier cosa para proteger a su "princesa" aunque eso fuese en su contra.
-Aquí… solo pasaba el tiempo
-Ya veo… cuidabas a nuestra princesa -decía su amiga, una joven rubia de cabello corto-. ¡No puedo creer que este con esa mosquita muerta!
-Dile como quieras, pero debemos separarlas de una buena vez -decía Yui molesta
-¿Qué piensas hacer? –pregunto su amiga-. ¿Le hacemos una advertencia mas dura a esa mocosa?
-No… pienso que debemos hacer lo contrario… -meditaba la niña despechada–. Deberíamos hacer que se una a nosotras
-¡¿Que dices?! –grito la chica sorprendida
-Claro… -explico Yui-. Si Tomoyo se da cuenta que esa mocosa es como nosotras ¡De seguro que la dejara de lado!
-Aunque sea así -preguntaba su amiga-. Ella ya nos conoce ¡No se dejara convencer!
-Solo déjalo en mis manos…
poco después las chicas llegaron a la mansión Daidouji, y como de costumbre estaba vacía. Solo los empleados se encontraban dentro de ella. Sakura no pudo evitar sentir pena, ya que una casa tan grande se sentía tan fría, tan vacía. Se acomodaron dentro del cuarto de Tomoyo y comenzaron con sus estudios.
Pero ellas no podían concentrarse. Recordaban aquel baile y suspiraban. Eso produjo de el ambiente se volviera tenso entre ellas. Tanto que Tomoyo encendió su equipo de música, donde aquella sensual música volvió a llenar el cuarto. La amatista volteo a mirar a su amiga, quien la miraba fijamente, y extendiéndole la mano le pregunto:
-¿Bailamos?
Y como entrando en un trance, Sakura se acerca a su amiga y tomándole la mano, acepta la invitación. Nuevamente sus cuerpos se movieron al ritmo sensual. nuevamente sus pieles se tocaban alimentando su deseo. Nuevamente volvía el calor.
-Tomoyo…
la niña amatista ya no escuchaba, solo estaba en su mente la música y Sakura.
-Sakura…
La flor de cerezo ya no escuchaba, solo estaba en su mente la música y Tomoyo.
Y fue así. No se dieron cuenta cuando sus labios se unieron. Fue tan simple, tan sencillo y a la vez tan apasionado que era seguro apostar que todo eso era un sueño. Pero no lo era, ya que en un segundo se dieron cuenta lo que había pasado, al momento de que debían respirar o morir.
Sakura se sonrojo terriblemente, sintió un gran temor. El pensamiento de que había traicionado la confianza de su amiga. Intento separase pero los brazos de Tomoyo, que la tenían sujeta firmemente de la cintura, le impedía huir. La amatista aun no despertaba de aquel sueño maravilloso, quería más y volvió a tomar más.
Volvió a besar los labios de Sakura, pero ahora de una manera aun mas apasionada. La flor de cerezo estaba asustada por la intensidad de ese nuevo beso, hasta que empezó a disfrutarlo. Tomoyo la besaba con fuerza, con hambre, con deseo. Ella sentía como sus labios y su lengua eran exploraron por su amiga.
"Amiga" esa palabra ya no las definían.
Ambas caían sobre la enorme cama de Tomoyo, mientras aun sus labios seguían unidos. La amatista se encontraba sobre Sakura, quien ahora ya no tenía escapatoria. Aunque en realidad escapar no era su deseo. Su deseo era otro, su deseo era Tomoyo. Sus manos tomaron la cintura de su amiga atrayéndola hacia su cuerpo, aumentado el calor entre ellas. Era embriagante, los labios de la amatista eran deliciosos. No era porque no había sido besada antes, pero no de esa intensidad, con esa desesperación.
Hasta que tocaron a la puerta nuevamente.
-Tomoyo… hija ¿Estas allí?
La joven Daidouji se separo rápidamente y trato de calmarse, mientras comenzaba a arreglar su ropa, que quedo en desorden por lo ocurrido segundos antes. Sakura en cambio quedo inmóvil recostada en la cama, calmarse le era dificultoso. Su amiga cuando pudo salio a ver quien tocaba a su puerta, aun ya era evidente que era su madre quien lo hacia.
-Buenas tardes madre… -saluda Tomoyo al ver a su mamá
-Hija, solo pasaba saludarte –decía Sonomi-. Ya que tendré una cena de negocios
-Esta bien madre –la amatista le decía-. Yo estoy estudiando con una amiga
-De acuerdo ¡Nos veremos después!
Mientras veía a su madre irse, Tomoyo vio como su amiga tomaba sus cosas y caminaba apresuradamente. Lo hacia en silencio y sin mirarla. La niña amatista intento detenerla, decir algo pero Sakura rápidamente salio de su habitación. Y de su casa.
Ella se siento extraña, todavía podía sentir el sabor de los labios de su amiga y deseaba más. Miro el techo de su habitación sin tener en cuenta el tiempo, su mente no se encontraba allí. Tampoco en la red que, aunque su computador estaba encendido, hizo caso omiso a los múltiples mensajes que llevaban a el. La razón era simple, a quien esperaba jamás se conecto. Cerezo no apareció esa noche.
Cada momento que pasaba esa noche, para la amatista era una tortura. Cada vez más se arrepentía de lo ocurrido. Aquel beso, tan dulce, tan calido, se convirtió en su mayor pecado. Pecado que podía hacerle perder lo que mas quería.
