Genio y Fortachón
Capítulo 11: Duerme bien
Cuando Fortachón notó que Genio no había asistido al desayuno pensó que algo malo había le pasado. Su primera opción fue Gargamel, no sería nada extraño que hubiera salido a recoger algunas pitufresas o a cumplir con alguna otra tarea y hubiera sido atrapado por el malvado hechicero o por su gato. Le preguntó a todos los pitufos si lo habían visto pero solo Soñador le pudo dar respuestas.
—Creo que está trabajando en uno de sus inventos, ayer Genio parecía muy emocionado con terminar algo.
Fortachón recordó que el día anterior había visto a Genio hablando con Papá Pitufo, no estaba seguro de qué hablaban pero le pareció escuchar sobre las pitufresas. Tomó unos panecillos y jugo de pitufresas antes de dirigirse a la casa de su mejor amigo. Conocía a Genio y sabía que cuando se obsesionaba con algo podía dedicarle horas, olvidándose de todo, incluso de comer.
Cuando Genio lo recibió en su casa confirmó que no estaba equivocado. El uniforme de Genio estaba cubierto de aceite en su mayor parte y sus ojos cubiertos por unas ojeras que delataban una noche en vela. Bostezó en repetidas ocasiones pero cuando le preguntó si deseaba dormir lo escuchó negar en varias ocasiones y asegurar que no estaba cansado.
Sabiendo que no podría hacer que Genio abandonara su proyecto antes de que este estuviera concluido decidió ayudarlo. Si bien no contaba con la inteligencia de su amigo para construir máquinas confiaba en que su fuerza fuera de suficiente ayuda para terminar con aquello y que su amigo pudiera dormir.
—Gracias, compañero. Podrías alcanzarme la pitufillave inglesa.
—¿Qué haces? —Fortachón le extendió la herramienta que le había pedido.
—Lo llamo el pitufador de frío automático, con esto podremos mantener la comida a bajas temperaturas y conservarla por más pitufitiempo.
—Suena asombroso —comentó Fortachón pensando en el invierno. No habían tenido problemas para almacenar provisiones pero consideraba que el invento de Genio los ayudaría a guardar otro tipo de alimentos —. Goloso debe estar muy emocionado.
—Él lo pitufo, dice que no es justo no poder guardar sus platillos favoritos, aunque no es como si dejara muchos, o siquiera algo.
La máquina que Genio estaba construyendo era grande, Fortachón supuso que era de ese modo para poder guardar grandes cantidades de alimentos en su interior. Su amigo solía pensar mucho en esos detalles por lo que no le sorprendió que en ese caso lo hiciera, aunque se notaba agotado. Intentó sugerirle que hiciera una pausa en su proyecto pero Genio lo interrumpió, no quería dejar el proyecto para después y no dejaría que el sueño lo detuviera.
—En ese caso te traeré algo de comida —comentó Fortachón molesto por lo obstinado que podía ser su amigo.
No era la primera vez que se apartaba de todos por dedicarle a la construcción de algún artefacto, en ocasiones lo hacía incluso durante días completos y no salía hasta que estos estuvieran finalizados. "Al menos no se encerró esta vez", pensó Fortachón resignado, en ese caso hubiera tenido algunas complicaciones para verlo.
Tomó unos pastelillos para Genio y para él. Se felicitó a sí mismo por haber llegado en ese momento, eran los últimos que quedaban, de hecho no había quedado nada del desayuno pero Goloso había horneado otros por lo que él y Genio tendrían pastelillos frescos. Fortachón sabía que de haber llegado varios minutos después no habría quedado ninguno.
Cuando regresó a la casa de Genio este continuaba trabajando pero se detuvo al sentir el olor de los panecillos. Genio guardó sus herramientas y él le extendió uno. No supo si Genio planeaba rechazarlos, el estómago de su compañero gruñó antes de que siquiera pudiera intentarlo. Fortachón se preguntó cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había comido, recordaba que estuvo en la cena pero apenas había probado bocado.
—Gracias, es muy pitufo de tu parte —le dijo Genio y Fortachón solo pudo pensar que se veía adorable.
—No es nada, despitufate.
En cuanto terminaron de comer, Genio continuó con su trabajo. Fortachón le alcanzó varias de las herramientas que necesitaba o sostenía las piezas que necesitaba ajustar. O al menos eso hicieron hasta que Genio dejó caer una de sus herramientas. Faltaron pocos centímetros para que esta cayera sobre Fortachón pero eso no fue lo que le molestó.
—Lo siento —le dijo Genio apenado.
Fortachón lo cargó sobre sus hombros. Sabía que su amigo no lo golpearía intencionalmente por lo que tomó eso como una señal de que necesitaba con urgencia descansar. Escuchó a Genio quejarse varias veces y repetir que necesitaba terminar con su trabajo pero lo ignoró y no se detuvo hasta que lo dejó en su cama.
—Fue un accidente —le dijo Genio molesto —. Déjame continuar con el pitufador de frío automático.
—Necesitas descansar —le dijo Fortachón con seriedad pero sin poder evitar que su voz se quebrara.
—No tengo sueño —se quejó Genio pero un bostezo lo delató —. Tal vez un poco pero puedo seguir trabajando.
—Y si duermes un pitufirato, yo te despierto y continuas pitufando.
—Trato —agregó Genio después de bostezar nuevamente, no quería admitir que estaba agotado, supuso que dormir por una hora no haría ningún daño —. Pero me despiertas.
—Duerme bien —le dijo Fortachón, no quería mentirle a Genio diciendo que lo haría, sabía que cuando despertara estaría molesto pero no deseaba verlo en ese estaba, exigiéndose tanto.
Fortachón se quedó junto a Genio por un tiempo más. Sabía que no era necesario y que podría irse a practicar con las pesas pero no quería hacerlo. No había nada que lo obligara a quedarse, era solo su deseo de quedarse junto a Genio y velar sus sueños. "Te quiero" fueron las palabras que le susurró. Amar a Genio lo sentía tan natural como respirar, siempre había sido ellos dos y esperaba que se mantuviera de ese modo.
—También te quiero —susurró Genio entre sueños.
