XI

Hermione caminaba por los pasillos, era de noche y apenas veía donde se dirigía, simplemente llevaba a cabo aquel camino que tan bien conocía, el de la biblioteca a la torre de Griffindor. Una fuerza tiró de ella llevándola a una zona más oscura aún. Sintió un cuerpo que se pegaba al suyo y del cual ella forcejeaba para zafarse.

Los segundos parecían haberse transformado en horas ante su desesperación por librarse de aquel que la había apresado. No lo logró, pero tampoco se daba por vencida. Solo paro en su lucha cuando una lagrima humedeció su cuello, pudo notar la respiración entrecortada de su opresor, y como lo que en un primer momento parecía un intento de forzarla se había convertido en un abrazo desesperado. Se quedo paralizada durante un segundo, para después levantar temerosamente la mano y acariciar el rostro de quien la había tomado por sorpresa.

Aquella piel suave, aquellos sollozos…y aquella manera de acariciarla el pelo mientras lloraba en su cuello.

—Draco…— dijo casi en un suspiro.

El chico no había podido resistir más tiempo, la necesitaba. La desesperación y la tristeza habían hecho que se acercara a ella de aquella manera tan brusca. Ni siquiera quería besarla, el mero ello de estar frente a ella le bastaba para consolarse, aunque inconscientemente comenzó a besarla en el cuello, y a acariciarla mientras sus lágrimas se sofocaban lentamente y las de Hermione comenzaban a surgir.

—Hermione, te necesito…

A pesar de estar totalmente a oscuras se miraron a los ojos, se apreciaba simplemente el brillo de estos debido a que estaban humedecidos por las lágrimas. En aquel momento eran dos amantes entre las sombras. Disfrutando del prohibido calor de sus cuerpos y bañándose en pasión y lágrimas.

—Yo también a ti — Aquellas cuatro palabras rompían la farsa de Hermione, no podía engañarse por más tiempo, y no podía engañar a Ron, amaba al rubio con todas sus fuerzas, y si seguía ocultando aquel sentimiento se volvería loca.

Corrían el peligro de que el conserje los viera, pero les daba igual, se abrazaban con fuerza, intercambiabas caricias y besos reprimidos durante meses, y se comunicaban con el silencio, pues nada necesitaban decirse. Sabían que debían separarse y hacer las cosas bien, pero les resultaba imposible.

—Hermione necesito saber algo… ¿Por qué te entregaste en brazos de Weasley?... ¿Por qué me has hecho pasar tantos meses de celos y dolor?

— ¿Qué remedio tenía?...Tu lo quisiste, tu quisiste que nadie se enterara de esto, no quería que nadie pudiera tan solo sospecharlo.

Draco la estrechó aún más entre sus brazos, quería que lo perdonara, que lo perdonara en todos los sentidos. El había sufrido, pero lo merecía pues había echo sufrir a la persona que amaba. Un simple lo siento no bastaría, tenía que arreglar todo y sanar sus errores.

— ¿Dejarás a Ron por mí? Dime que lo harás para que pueda proclamar a los cuatro vientos que te amo.

— Draco, debo irme…

No era el momento de hacerse de rogar, pero por despecho quizás necesitaba hacerlo, aun que fuera por un momento.

— No te dejaré machar si no me lo dices —Insistió.

Hermione sonrió en la oscuridad antes de decir — Lo haré — y dale el último beso con la mayor ternura posible. Draco la soltó con un suspiro, la vio marcharse entre la penumbra del pasillo, y se quedó allí en su gozo. Volvería a ser suya.

La chica caminaba sonriente pero al atravesar el cuadro de la Dama Gorda la culpa comenzó a adueñarse de ella. Ron la esperaba y la miró sonriente al entrar. Ella bajo la mirada. ¿Cómo decirle que su noviazgo era mentira? ¿Cómo sin hacerle sufrir?

El pelirrojo se acerco a ella extrañado, sin comprender por que ni siquiera le había mirado. Trató de cogerla de la mano, pero ella se apartó con brusquedad.

—No me siento bien…- aquella era una excusa para alejarse de aquella situación lo antes posible, hablaría con él, pero no aquella noche.

Lamentablemente los días pasaban y nunca veía el momento adecuado para decirle la verdad y afrontar que le había mentido. El rubio comenzaba a impacientarse, sabía que la situación de Hermione era complicada, pero necesitaba amarla como se merecía. Si ella no se atrevía definitivamente tendría que hacerlo él.

Aunque no se lo dijera, poco a poco se había alejado de Ron, haciendo que este se entristeciera y Harry tratara de hacer averiguaciones ya que no comprendía como de un día para otro Hermione hubiera cambiado tan radicalmente de actitud.

Aquella cobardía no era propia de ella, tenía que armarse de valor y decírselo, no sabía como pero tenía que hacerlo. Desgraciadamente no supo elegir el momento, y aquella bomba de relojería explotó a la hora de comer ante todo Hogwarts.

Tanto ella como Ron se pusieron en pie. Ron temblaba reprimiendo las lágrimas, ni siquiera le había dado tiempo a la chica para explícale el por que de la ruptura. Toda la atención se centraba en ellos dos, cientos de ojos los contemplaban y hacían que Hermione enmudeciera. Draco se puso en pie, aquella era su única oportunidad de hacer ver que el se había enamorado de una sangre sucia. Se acercó a ellos con paso decidido.

¡¿Pero por qué?! —Exclamó ron, mientras se dejaba consolar por Harry.

Incluso los profesores contemplaban aquello con curiosidad. Draco abrazó a la Griffindor por detrás para respaldarla, ver a Ron en aquel estado hacía que incluso él sintiera pena y culpa.

Ron — Dijo viéndose obligado a tomar la palabra — Yo soy el culpable de esto…

El rostro de Ron se tiñó de rojo por la furia, no comprendía que pintaba Draco en medio de todo aquello. Harry pasó de consolarlo a sujetarlo para que no se abalanzara sobre ambos. La tensión era demasiado intensa en aquel momento, y si antes todos los miraban y centraban su atención en ellos, ahora todo el comedor se encontraba de pie. Nadie creía que Draco pudiera abrazar a Hermione, y mucho menos salir en su defensa.