Las muy inmerecidas tribulaciones de Draco Malfoy

Capítulo 11 – Mordiscos y besos

—Espero que no me extrañen mientras estoy ausente. —anuncié sarcástico. No hubo reacciones de los alumnos que estaban en la sala común de Slytherin. ¡Qué frustrante! Ya habían pasado varias semanas desde el comienzo de las clases y me seguían tratando como el año anterior. Tampoco, durante esas semanas, había podido descubrir nada concreto sobre el plan que Potter seguramente estaba tramando.

Recorrí con la vista el recinto con manifiesto disgusto, mis ojos se detuvieron un instante en Theodore Nott, que al menos había alzado la vista de su libro, su rostro lucía sumamente irritado… como siempre, él jamás sonríe. Alzó una ceja desaprobadora mirándome con suficiencia. ¡Cómo se atrevía a copiarme uno de mis más característicos gestos desdeñosos! Fruncí el ceño ante la impertinencia, giré sobre mis talones y salí sin demorarme más al pasillo de los subsuelos. El aire frío y húmedo me envolvió y sentí que se me ponía la piel de gallina. Me llevé una mano al antebrazo, empezaba a sentir una vez más ese cosquilleo que se había vuelto tan familiar, pronto iba a tener que renovar el encantamiento para el dolor. Empezaba a preocuparme que estuviera demorando tanto en curar, la lesión seguía del mismo tamaño y presentaba casi el mismo aspecto que el primer día. Comenzaba a sospechar que sobre esa herida debía de pesar algún hechizo.

Subí las escaleras y deambulé sin rumbo preciso por los pasillos. Faltaba todavía una hora para el toque de queda, de tanto en tanto me cruzaba con algunos de los otros alumnos. Por supuesto que yo siempre he considerado que las reglas de la escuela no son aplicables en mi caso, yo estoy muy por encima de cualquier norma, el caso de los alumnos de menor dignidad es distinto.

Mis pasos me guiaron al puente techado que une la torre del reloj con la glorieta del jardín del reloj de sol. Me detuve un momento, me apoyé sobre la barandilla y miré hacia abajo. Empezaba a levantarse viento. Unos segundos más tarde oí ruido de pasos y una figura entró en mi campo visual. Una figura de cabellos oscuros que tenía la cabeza inclinada, aparentemente muy concentrada estudiando una hoja de pergamino que sostenía en las manos. Conocía muy bien esa cabeza. Potter al parecer había ensayado otro tipo de peinado, pero no le había quedado bien. Alzó la vista y escrutó a su alrededor como si estuviera buscando algo y luego volvió a concentrarse en el folio de pergamino. Se rascó la cabeza como si estuviera confundido. Sonreí ante su desazón y dejé escapar una corta risa sorda. Me oyó y levantó los ojos. Sonrió al verme, me saludó con la mano y corrió de inmediato hacia las escaleras. Mi plácida noche de reflexión solitaria iba a ser interrumpida en breve.

—¡Draco! —pronunció acercándose al trote.

—¿Qué querés? —le gruñí. Enseguida me amonesté interiormente por el tono excesivamente hosco que había usado. Si quería descubrir cuál era su plan, necesitaba alguna táctica de acercamiento. Se suponía que éramos "conocidos", debía aprovecharme de eso, aunque me resultara muy fastidioso.

—Hola a vos también… —saludó con tono jadeante— ¿Estás disfrutando de una noche agradable? —preguntó amable pero me pareció captar también una nota divertida en el tono.

—No. —respondí serio— Hay mucho viento… y detesto el pastel de riñón que sirvieron en la cena. —agregué, giré la cabeza y bajé la mirada, todo estaba muy sombrío, ya casi no se distinguía nada.

—¿Vos no estás acá porque…? Quiero decir… ¿no estarás pensando en saltar? —preguntó con voz muy suave.

Sorprendido, giré la cabeza bruscamente para mirarlo. Había muy poca luz, los inmensos ojos lucían casi negros, su mirada resultaba inquietante.

—¡No digas boludeces, Potter! Simplemente estaba evaluando la distancia que recorrerías hacia abajo si accidentalmente te cayeras.

—Si vos pensás que podrías lograr que eso ocurra, te deseo suerte. —respondió sonriendo sin ningún atisbo de rencor. ¡Ah, claro…! Ya Sabés Quién había intentado matarlo durante años y no lo había conseguido, naturalmente que yo también fracasaría en tal empresa. Aunque a mí la idea de un Potter muerto nunca me había seducido, no habría tenido a quién torturar…

—¿Por qué se te ocurre una cosa así, Potter… que yo pudiera estar considerando la posibilidad del suicidio? —le pregunté con genuino desconcierto.

—Tus ojos. —respondió y se apoyó sobre la barandilla a mi lado. —Lucen tristes. Normalmente se ven como el gris de una tormenta agresiva con algún que otro intervalo de cielo acerado pero sereno… pero desde finales del año pasado se han ido opacando…

Como apagándose…

—¡Eso no es cierto!

—No en todo momento… y no ahora… Pero a veces toda tu expresión pierde vivacidad… yo pensaba que mejoraría con el tiempo, pero este año es incluso peor.

Le escruté el perfil. Tenía el ceño muy fruncido. Había sonado tan compasivo… sentí la garganta seca y una opresión honda en el pecho… me desplacé alejándome de él defensivamente.

—¿¡Qué…?! ¿¡Cómo te hiciste eso?! —reaccionó repentinamente. Con el movimiento la manga se me había corrido hacia arriba y la herida del antebrazo había quedado expuesta. Incluso con la poca luz que había tenía muy mal aspecto.

—No es nada. —contesté y me apresuré a ocultarla.

—¿Cómo que nada? ¿Tuviste un accidente con la escoba? ¿Y por qué no fuiste a ver a madame Pomfrey para que te curara?

—¡No te pongas cargoso, Potter!

—¡Pero tenés que hacértela ver…! ¡Sobre todo si no sabés cómo te la hiciste!

—¡Ya te dije que no es nada!

—Pero…

—Potter, yo no soy un despistado como vos… sé perfectamente cómo se produjo… —murmuré y volví a levantarme la manga exponiendo la herida una vez más. Frunció el ceño con gran preocupación. Suspiré.

—Me mordió una cabra.

—¡¿Cómo?! —exclamó agarrándome el brazo y acercó la vista para mirarla más de cerca.

—¡Esa abominable bruja de la montaña se negó a curármela! ¡Dijo que yo había estado molestando y provocando a las cabras! —bufé indignado al tiempo que liberaba el brazo de su agarre. Me miró pestañeando con desconcierto.

—Pero… ¿cuándo…? ¿Acaso Hagrid tiene cabras ahora?

—No fue acá en Hogwarts. Durante el verano tuve algunos… inconvenientes… —dije con voz tensa.

—Pero si fue durante el verano ya debería estar curada… y no tiene buen aspecto… —señaló, y estirando un dedo atrevido la palpó con la mayor delicadeza recorriéndola con un lento movimiento circular. El contacto me produjo un leve estremecimiento. Retiré el brazo y me bajé la manga.

—Sí, ya debería… pero se resiste a curar. ¡A esa bruja le faltaba un tornillo, puedo asegurártelo! Estuvo todo el tiempo diciéndome que tenía una deuda de vida para con ella porque me había auxiliado cuando me caí de esa estúpida montaña.

—¿¡Te caíste de una montaña!? —gritó. Me agarró de los hombros y me sacudió. —¡Tenés que ir al ala hospitalaria!

—No.

—¡Tenés una herida que no se cura! ¡Esto es serio! ¡Vamos a ver a madame Pomfrey ya mismo!

—¡Potter, idiota, soltame! ¡De ninguna manera voy a decirle que me mordió una cabra!

Media hora más tarde mi paciencia estaba a punto de agotarse. Miré a la sanadora y a Potter con una intensa expresión de disgusto y el ceño muy fruncido. Madame Pomfrey ya había dejado de torturarme con sus pociones y sus constantes chistidos desaprobadores pero seguía parloteando admonitoria con su aguda voz chillona. Sonaba más exasperante que una mosca zumbándome alrededor de la cabeza. Uno intenta espantarla pero siempre vuelve. Y advertía tremendista sobre el peligro de infección.

No había estado equivocado al suponer que la persistencia de la herida se debía a algún tipo de interferencia. Ella me lo confirmó. Le habían puesto un hechizo para que no curara.

¡La muy pérfida bruja de la montaña! La muy guacha, envidiosa de mi gran nobleza y distinción, había querido retenerme de alguna forma. ¡Pero todo había sido culpa de sus estúpidas cabras… esos monstruos salvajes! ¡Si llegaba a ponerles las manos encima… terminarían en el asador!

—…y asegúrese de descansar con frecuencia durante los próximos días, señor Malfoy. ¡Es increíble la cantidad de toxinas que tenía en la sangre! ¡Haber estado enmascarando el síntoma sin atender la causa del problema fue una tremenda insensatez que…!

—¡Vea… yo estoy bien! —la interrumpí fastidiado al tiempo que traté de ponerme de pie. Pero no me resultaba fácil porque el suelo parecía haberse vuelto de gelatina. ¡Maldito suelo de gelatina! ¡Pomfrey probablemente lo había hecho a propósito! ¡Me quería ver desamparado y dócil como a todos sus pacientes! ¡Pues había elegido mal porque yo no pensaba darle el gusto!

—¡Pero, Draco…! Estás todavía algo tambaleante… —me reconvino Potter. ¿¡Para qué se metía?! ¿¡Qué podía él saber de nada?! ¿Acaso Harry Potter que es tan especial también quería ponerse en médico?

—¡No estoy dispuesto a oír reprimendas! —le espeté airado— ¡Y menos que menos de vos! —agregué y para darles mayor contundencia a mis dichos estiré un dedo para hincárselo en el pecho. Lamentablemente el suelo eligió justamente ese instante para perder más solidez, de pronto pareció transformarse en agua. ¡La culpa era de esa poción anaranjada muy agria que había hecho beber la sanadora! ¡Me había provocado mareo y me había aflojado los músculos!

Fue por eso que mi dedo no terminó en el pecho de Potter sino en su cara. Chocó contra uno de los cristales de las gafas, resbaló y se le hundió en el costado del ojo. El Niño Que Sobrevivió soltó un grito dolorido y retrocedió cubriéndose con la mano el ojo agredido. ¡Bien empleado se lo tenía! ¡¿Quién le manda a poner la cara para resguardarse de un dedo contra el pecho?! Volví la cabeza y enfrenté triunfal a la sanadora.

—¡Oh, por todos los cielos! —exclamó madame Pomfrey acercándose a Potter para evaluar las lesiones— Al menos parece que su personalidad de siempre está de regreso… quizá debería mantenerlo aquí durante la noche, bajo observación. —agregó con tono desaprobador.

—¡De ninguna manera! —reaccioné enojado. ¿¡Qué era lo que quería observar la muy… vieja libidinosa!? — ¿Acaso olvida quién es mi padre? ¡Demando volver de inmediato a mis dormitorios!

¿Tendrían el mismo efecto que en otras épocas las amenazas invocando la ira de mi padre? Ahora que estaba en prisión…

La bruja me miró indignada y cloqueó con disgusto: —Quizá ya se encuentra lo suficientemente bien como para regresar a su cuarto.

Me limité a asentir altanero y ella se volvió una vez más hacia Potter. —Los efectos secundarios de las pociones desaparecerán durante el reposo nocturno, pero es imperativo que el señor Malfoy descanse. Sé que le queda muy a trasmano pero sería conveniente y muy gentil de su parte que lo escoltara hasta los subsuelos.

Antes de que cambiara de opinión, enfilé directo hacia la puerta. Lo último que quería era tener que pasar la noche en un entorno deprimente al cuidado de esa vieja.

Pero todo parecía estar en mi contra. La puerta se desplazó de su posición original y mi hombro chocó contra el marco. Con inmenso disgusto fijé mi mirada en el ofensivo obstáculo de madera. ¿Así que quería entrar en esos juegos? ¡Quizá un poco de fuego le enseñaría a no interponerse para bloquear el augusto andar de un Malfoy! Me llevé la mano al bolsillo pero no encontré la varita… ¡maldición! ¡Potter! ¡Potter me la había sacado un rato antes cuando yo había querido atacar con un hechizo a la sanadora que me estaba torturando con sus pociones y "atenciones".

Quería escapar lo antes posible de allí. Agarré el duro marco de madera con una mano para evitar que volviera a desplazarse y finalmente pude salir. Pero por supuesto Potter me había seguido.

—Me pidió que te acompañara. —dijo posándome una mano sobre el hombro— ¿Todavía te sentís mareado?

—¡No estoy mareado y no lo estuve antes! —repliqué enojado— ¿Qué es lo que estás tramando, Potter?

—Está bien, está bien… —capituló con voz muy suave, con un tono como si le estuviera hablando a un nene de cinco años muy estúpido. Mi mirada de fastidio se intensificó. —Apoyate contra mí, —continuó— yo te voy a llevar hasta tu dormitorio. Si no te acordás de la contraseña podríamos preguntarle a algún Slytherin… aunque quizá no sea una buena idea… que te vean así de vulnerable como estás ahora.

Un brazo fuerte me rodeó la espalda. —Quizá podría llevarte conmigo a Gryffindor… —sugirió como sopesando la idea. —Mi cama es lo suficientemente ancha para los dos… no, no es una buena alternativa… hay que tener en cuenta a Seamus que podría ser incluso peor que los Slytherin…

Mientras Potter continuaba mascullando divagaciones, yo me concentré en elaborar una estrategia para recuperar mi varita, ¿dónde se la habría guardado? ¡Un momento…!

—¡¿Acabás de decir que estoy vulnerable?!

—Humm…

—¡Boludo!

—Bueno… estás un poco flojo y no muy coordinado…

—¡Estoy bien! —declaré y traté de reafirmar lo dicho con un movimiento de la mano… que se negó a seguir las órdenes de mi cerebro y fue a chocar contra el pecho de Potter. Aproveché y la dejé allí, tanteando apenas y con disimulo… pero no tenía mi varita guardada ahí. La verdad es que su pecho era sólido… ¡espero que no esté convencido de que está en mejor forma que yo!

—¡¿Pero en qué estabas pensando?!

Sus palabras hicieron vibrar el pecho bajo mi mano. Sentí su aliento cálido y su frente se inclinó hasta apoyarse sobre la mía. Los inmensos ojos verdes me escrutaban atentos.

—¿Por qué no fuiste a ver a madame Pomfrey el mismo día que llegaste?

Bajé la mirada para evitar sus ojos. Mi mano se veía pálida contra el negro de la toga, pero la sentía cálida contra su pecho. Mis dedos se deslizaron un poco y alcancé a percibir los latidos de su corazón debajo de la ropa… firmes y acompasados. Estábamos tan próximos que hasta podía sentir cada línea de su cuerpo contra el mío.

—¿Querés morirte? —preguntó con una voz rara, entrecortada.

—No digas pavadas, Potter. Si yo, colosal espécimen de perfección, no existiera, el mundo entero estaría reverenciándote a tus pies… y eso es algo que no puedo permitir.

—¿Y entonces?

—Yo… tengo que poder cuidar de mi mismo, incluso en situaciones en las que no sé cómo.

—Pero… ¿por qué no pedir ayuda? —susurró y me frotó la mejilla con la nariz, como un gatito… por alguna razón sentí que el corazón empezaba a batirme con mayor intensidad… quizá era otro de los efectos colaterales de las pociones.

—No es lo que vos pensás. Pero no quiero que me vean como a alguien deplorable que no sabe cuidar de sí mismo. Yo me las habría ingeniado para curarme… pero no puedo confiar en nadie.

—Podés confiar en mí.

—¿En vos? —bufé sarcástico— En vos menos que en nadie.

—Pero podés… incluso como tu enemigo yo siempre estuve allí… así como vos siempre estabas allí con una comisura en alto y prodigando incisivos insultos…

Por muy extraño que pareciera… no podía negar que en cierta forma razón no le faltaba.

—Potter… ¿por qué me estás diciendo todo esto?

—Pero… ¿es que acaso no lo sabés?... ¿No te das cuenta? No… obviamente no. —susurró apenas audible. Volvió a acariciarme la mejilla con la nariz y una vez más pude percibir su aliento cálido en mi rostro. Sentí en los labios una leve presión… tenue al principio… un beso… su boca se frotó contra la mía con mayor decisión y algo húmedo y caliente viboreó… De mi garganta escapó un sonido ronco y él se separó de inmediato, tenía las mejillas encendidas de rubor y los ojos vivamente brillantes. Alzó una mano para acariciarme el rostro pero yo me eché hacia atrás alejándome… lentamente la mano inocua volvió a bajar… suspiró brevemente. Yo abrí la boca para decir algo… lo que fuera… pero las palabras se negaron a salir.

—¿Estás bien? —susurró. —Deberíamos bajar a tu dormitorio.

Como mis cuerdas vocales se negaban a funcionar, le respondí con una mirada disgustada. Potter metió la mano en un bolsillo y sacó un manto. La prenda tenía un aspecto muy extraño. Fruncí la nariz, en cuestiones de atuendo tenía pésimo gusto.

—Cubrite con esto. —ofreció tendiéndomelo.

—No. —repliqué con brusquedad— Sabe Merlín de dónde habrás sacado eso, parece algo que hubieran desechado los Weasley.

¡Victoria! ¡Las palabras habían vuelto a mí!

—Por favor, no discutas… ponételo y pronto estarás seguro en tu Casa.

—¿Y lejos de vos?

Otro suspiro. —Sí, lejos de mí.

—Está bien… pero que no se te ocurra hacer nada raro mientras estoy cubierto con esto, Potter… porque te voy a estar vigilando…

oOo