Capítulo 11.
Los años fueron pasando, las estaciones se fueron sucediendo las unas a las otras pero en la casa de Jungfrau se respiraba el mismo ambiente familiar y alegre de siempre.
Angelika se había parado delante del rosal de su abuela, uno de sus rincones predilectos del jardín principal de aquella casa que tanto amaba. El edificio era bellísimo en terminos arquitectónicos y estilísticos pero lo verdaderamente importante para ella era la calidez que aquel lugar desprendía porque no sólo era una casa, sino un lugar muy especial en su corazón y su primer verdadero hogar.
Una joven que se había casado recientemente se le acercó; la muchacha tenía poco más de veinte años, los ojos verdes como esmeraldas y el cabello rubio.
—Astrid, ¿cómo te encuentras hoy, preciosa?, ¿y tu chiquitín? —dijo Angelika afectuosamente mientras acariciaba el abultado vientre de la muchacha.
—Ambos en perfecto estado de salud, tanto física como mental —respondió.
Angelika se rio y ambas damas vieron que alguien se les acercaba.
—Tenemos compañía. ¡Hola, Kiki! —dijo Astrid.
—Buenas tardes, bellas damas —saludó el joven galán—. Madre, el abuelito quiere verte.
—Entonces será mejor que no le hagamos esperar —dijo ella con una dulce sonrisa.
Angelika sonrió al ver a un hombre de largos cabellos canosos sentado en un cómodo sillón con dos pequeños, un niño y una niña, sentados uno en cada rodilla a los que leía un cuento. Sus caritas reflejaban el drama que aquel señor ponía en su voz al leer. Angelika se emocionó al ver una escena tan tierna que le recordó a su querido abuelo Shion en una pose similar.
Se acercó hasta él y puso delicadamente una mano sobre su hombro, gesto que hizo que el hombre se girara hacia ella. Los niños le echaron también sus bracitos y Angelika les dio un cariñoso beso a cada uno.
—Angelika, Astrid... —dijo Mu al fijar sus hermosos ojos verdes sobre ellas y después besó a los chiquillos, que eran hijos de Kiki— más tarde continuaremos con la historia. Vuestro papá os espera en el jardín para merendar.
—Padre, Kiki dijo que deseabas verme —explicó la mayor de las mujeres.
—Así es, preciosa, ¿iremos a verles hoy? —preguntó Mu en un tono meláncolico y agridulce.
—Claro que sí, no nos hemos olvidado —dijo ella en un tono similar recordando a su amado Mime a quien tanto echaba en falta desde que una terrible enfermedad acabara con él.
Mu tomó la mano de su hija y la de su nieta.
—No estéis tristes... —dijo mirando a Beatriz—la ilusión que les habría hecho a tu bisabuelo, Mime y...
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro y su voz comenzó a sonar entrecortada al recordar a su esposo.
—En fin, es maravilloso tener una nueva adición a la familia. Espero, hija, que tanto tú como tu esposo seais muy felices.
—Mi querido abuelo, si tenemos un niño me gustaría mucho que se llamara Shion y si es una niña, Annora, como la hermana del abuelo Shaka —dijo la joven besándolo y abrazándose a su cuello.
—Excelente elección —dijo un sonriente Mu.
Charlaron solamente unos minutos más pues Mu se encontraba algo cansado.
—Astrid, estoy muy preocupada por tu abuelo —comentó Angelika al salir de la habitación.
—¿Por qué, mamá? Hoy se le ve muy animado.
—Lleva ya mucho tiempo sin encontrarse bien y sé que echa mucho de menos al abuelo Shaka.
—Todos lo echamos de menos, su pérdida es muy reciente... pero ya era muy viejecito y le sacaba algunos años al abuelo Mu.
—Si, pero él es quien sintió su pérdida mucho peor que nosotros. Astrid, se me parte el corazón al ver así de triste a tu abuelo. Apenas come ni bebe...
"Hoy es el aniversario de su boda y no hace más que mirar su anillo de compromiso. El de tres bandas doradas que mi otro padre le regaló" pensó Angelika.
—¿Sabes?, también echo mucho en falta a papá...
—Yo también echo mucho de menos a tu padre, nena, pero ... ¡es ley de vida!,
Un pequeñín llegó al mundo una hermosa mañana soleada de septiembre y ese acontecimiento llenó de alegría a toda la casa de Jungfrau. Unos días más tarde, el 19 para ser preciso, toda la familia se reunió y estaban almorzando en el jardín principal.
Mu estaba sentado cerca del hermoso rosal que era el lugar favorito de varios miembros de la familia con el pequeño Shion en sus brazos, al que adoraba y Mu era correspondido por esa personita que le miraba atentamente con la inocencia que tan sólo un recién nacido posee.
"Shaka, amor mío, hoy es tu cumpleaños" pensó Mu. Una lágrima cayó por su rostro y la secó con un suave pañuelo de lino que había pertenecido a su amado esposo.
Por la noche Mu no podía conciliar el sueño porque aquel día había experimentado un sinfín de emociones que le habían sido muy difícil controlar. Se alegraba de haber conocido al pequeño que su adorada nieta había llevado en su seno, ese niño tan hermoso de cabellos finos de color rubio y de ojitos azules.
—Se parece tanto a ti, Shaka... —dijo en un suave susurro.
Por sus ojos las lágrimas caían a raudales pues numerosos recuerdos le abrumaron: el baile en Herzel cuando Shaka fue a parar encima suyo y se hizo un corte en la pierna con la daga que llevaba escondida en su bota; el día que Angelika confundió lo que significaba una petición de mano; el baile bajo la luna tras cenar en casa de Aioros... tantos y tantos recuerdos.
A la mañana siguiente. Cuando Angelika entró en su cuarto, Mu estaba recostado en su sillón favorito al ladito de la chimenea, con los ojos cerrados y una hermosa sonrisa en su aún bello rostro. Ella tenía miedo de despertarle pero era ya muy entrada la mañana, así que se le acercó y le sacudió el hombro un poquito.
—¿Papá? —preguntó.
Al no obtener respuesta Angelika le sacudió un poquito más fuerte, pero su cabeza se desplomó hacia un lado y Angelika comprendió que Mu había muerto aquella noche. Aunque se sentía triste y apenas podía controlar el llanto, se sentía feliz pues Mu debió haber expirado mientras dormía. Su expresión no delataba sufrimiento así que seguramente todo habría sido muy rápido. Angelika depositó un ramito de flores recién cortadas al lado de su padre y le dio un beso en la mejilla.
"Descansa en paz, papá y... gracias por cuidarme y quererme tanto"
Tras unos minutos bajó las escaleras para informar a su familia de lo ocurrido.
