Rubi, la joya más bella

Capítulo 11

Disclaimer: Yu-gi-oh no me pertenece... lastimosamente T.T Ni tampoco las marcas Giorgio Armani y Samsung... lastimosamente xD

-.-.-.-.-.-.-

Sus labios se juntaron. Yami solo pudo abrir sus ojos en impresión, no creyendo lo que sucedía. ¡Ese era su primer beso!

Intentó entonces corresponder aquella caricia, pero cuando sintió la lengua del ojiazul acariciar su labio inferior, se separó, poniendo en el proceso sus manos en el pecho del castaño.

Se avergonzó de inmediato. Simplemente esa sensación era nueva para él, y en cierta forma, había sentido algo de inseguridad. Aunque bien sabía que no debió de haber hecho eso último. Porque, era obvio que había deseado que el CEO lo besara.

"Lo siento... es que yo... nunca he besado..." Intentó explicar. Pero se detuvo, cuando el ojiazul le levantó el mentón con su mano. Para su sorpresa, no encontró enojo ni rechazo en esos ojos, sino comprensión.

-Tranquilo- susurró el castaño. El joven sonrió ligeramente, enamorándose aún más del empresario. De nuevo, el ojiazul lo entendía a la perfección.

Puso entonces sus brazos alrededor del cuello del más alto, y se acercó, uniendo sus labios de nuevo, comenzando él con el beso. Sonreía aún en su mente, sintiéndose feliz por lo que estaba sucediendo. En palabras simples, ni siquiera creía que eso le estuviera pasando.

Saltó levemente, siendo además interrumpidos sus pensamientos, cuando de nuevo, la lengua del ojiazul pidió permiso para profundizar el beso. Sintiéndose nervioso y sin saber qué esperar, Yami abrió ligeramente su boca. A decir verdad, no tenía ni idea de lo que debía hacer, y era obvio que el castaño era quien dominaría ese beso.

De hecho, el menor estuvo a punto de separarse nuevamente, al sentir la lengua del CEO tocar levemente la suya, pero ésta vez, el castaño lo aprisionó, colocando sus brazos alrededor de la pequeña cintura de Yami.

Definitivamente, esa bella criatura no escaparía. Así que cuando se aseguró de ello, continuó con sus acciones. Sabiendo ya que la sensación era nueva para el menor, se preocupó por tomar un ritmo lento, acariciando cada rincón de la dulce boca del joven casi con cariño, y probando además el sabor a fresa de la malteada que había tomado Yami.

Pronto, para su satisfacción, el menor comenzó a corresponder el beso. Su lengua tocó la del ojiazul con obvia timidez, casi temiendo la reacción del castaño.

Pero al no sentir rechazo por parte del empresario, intentó dejar esa inseguridad de lado.

Además, la felicidad que sentía era demasiado grande como para preocuparse por pequeñeces como la timidez.

Así que se aferró con más fuerza al cuello del ojiazul, y dejó que su lengua danzara con la del empresario, concentrándose solamente en esa acción. Sus ojos se habían cerrado segundos atrás, por lo tanto toda su atención se encontraba en esa caricia.

Aunque por supuesto, pronto la necesidad de aire fue grande. Odiando el tener que respirar, el menor se separó al fin del castaño, quien sonrió disimuladamente, tomando con su mano el mentón del joven, y quitando con su dedo un pequeño rastro de saliva que había quedado cerca del labio inferior de Yami.

Y lo miró entonces. Por los dioses, el joven era en verdad un ángel. La luz de la luna le daba además un aire casi celestial. Sus ojos carmesí parecían brillar.

Bien, lo admitía. Se había enamorado. Estaba enamorado. Y quería seguir enamorado.

¿Y ahora qué se suponía que debía hacer?

-"Decírselo"- pensó.

Perfecto, solo tenía que decir un simple 'te amo'. Pero por razones desconocidas, no podía imaginarse a él mismo diciendo esas dos simples palabras. Eran demasiado... sentimentales. Y definitivamente no estaba acostumbrado a revelar sus sentimientos así de fácil.

Error, casi no estaba acostumbrado. Puesto que con Yami lo había hecho, y sin dudas más de una vez.

Entonces, debía decirlo.

Abrió su boca, cerrándola luego al no escapar palabra alguna. Yami solo lo miró curioso, al parecer no entendiendo las acciones del ojiazul.

-Te...- susurró. Bien, faltaba poco. Solo tenía que decir 'amo' y listo. -Te...- repitió. Genial, estaba actuando como un perfecto idiota.

Miró a su lado izquierdo, alejando su mirada de Yami.

A ver si entendía, le había dicho al joven que era hermoso, importante y otro montón de cursilerías. ¿Pero no podía decirle que lo amaba?

En ese momento de verdad odió ser tan frío...

Una mano en su mejilla lo sacó de sus pensamientos. Miró de nuevo a Yami, quien le sonrió angelicalmente, denotando en esa acción solo entendimiento.

El menor se separó un poco, para poder comunicarse.

"No tienes que decirlo. No espero que lo digas" afirmó. Luego, pareció dudar un poco en lo que diría. Pero pareció decidirse. "Solo quiero saber... si ahora somos..." Se detuvo, la inseguridad volviendo a asomarse en sus ojos.

Si el CEO había querido decirle que lo amaba, eso significaba que ahora eran...

"Novios" finalizó al fin. Bajó la mirada luego, centrando sus ojos en la arena blanca. Dudaba aún, pues en realidad no estaba seguro de si el ojiazul había intentado decirle que lo amaba, o si había querido decir algo diferente.

Y si de verdad fuera lo primero, no le molestaba si el ojiazul no lo decía, pues sabía bien que no estaba en su carácter ser tan abierto.

El castaño miró al menor. La verdad, no había pensado en eso. ¿Novios? Debía admitir que no sonaba nada mal el tener una relación con Yami. Lo amaba, cierto? Le gustaba pasar tiempo con él. Además, lo había besado. Y con eso inconscientemente había declarado que deseaba que Yami estuviera a su lado, y no como una simple amistad.

Sí, ese asunto ni siquiera se debía discutir.

Así que de nuevo tomó el mentón del joven, alzándole el rostro para que el menor lo mirara.

Y se inclinó, alcanzando los labios del pequeño. Lo besó ligeramente, separándose en segundos.

-Por si las dudas... eso es un 'sí'- susurró, hablando lentamente para que el joven entendiera. Y al parecer lo hizo, puesto que una gran sonrisa se formó en su rostro.

El menor lo abrazó entonces, escondiendo su rostro en el pecho del ojiazul. Al parecer, estaba feliz.

Se quedó allí, disfrutando de la calidez que emanaba del castaño. Aún no podía creer lo que sucedía. Jamás pensó que llegaría a tener una relación con alguien. Pero ahora la tenía, y con nada menos que Seto Kaiba.

Alzó la mirada, deseando asegurarse de que el ojiazul siguiera allí. Y sí, ahí estaba. Sonrió de nuevo, últimamente hacía eso muy seguido.

El ojiazul se acercó de nuevo, dándole al menor un corto beso.

Solo tenía algo más que decir.

Tal vez el menor no esperaba que lo dijera, pero ahora Yami era su pareja, y por ende, la persona más cercana a él. Debía sentirse en libertad de decirle cualquier cosa, por más sentimental que fuera.

Así que sin esperar más, y después de asegurarse que el menor lo miraba, lo dijo.

-Te amo- Y selló esas dos palabras con otro beso.

Cuando se separaron, los ojos de Yami brillaron con alegría.

"Yo también te amo" confesó. Aunque luego, un manto de tristeza cubrió su rostro. "Ojalá pudiera pronunciar esas palabras" agregó.

Se encontró de pronto en los brazos del ojiazul. Lo miró, recibiendo solamente otro beso. Y sonrió entonces.

La verdad, las palabras estaban de sobra. Y eso, era lo que hacía aún más hermosa aquella situación.

Yami observó de nuevo al ojiazul, ésta vez riendo ligeramente al notar algo que ya había olvidado. Llevó su mano al cabello del empresario y tocó ligeramente las orejas de gato que estaban allí.

El ojiazul alzó una ceja ante ésto, recordando al fin que no solo Yami lucía como un felino.

Antes de decir algo, tomó al menor, colocándolo sobre sus piernas como si Yami fuera un niño. Aunque, sí lo era, era su niño.

"Me imagino que me veo ridículo" afirmó. El menor de inmediato negó con su cabeza.

"Te ves lindo" aseguró, enredando luego sus brazos alrededor del cuello del ojiazul. Juntó así su frente con la del castaño, descansando allí por unos segundos. En ese momento, solo sentía tranquilidad, algo que no era raro de sentir cuando estaba cerca del ojiazul.

Se separó, para luego besar los labios del castaño. Después, optó por esconder su rostro en el cuello de éste.

Y los minutos pasaron. El tiempo caminó con rapidez. Y en lo que parecieron ser segundos, pasaron dos horas.

Pero claro, el tiempo no tenía importancia en ese momento. Al menos para Yami y Kaiba.

El menor miró su reloj, descubriendo que eran ya las nueve de la noche. Yugi y su abuelo de seguro estarían preocupados.

O bueno, tal vez no preocupados. Pero igual, no podía llegar muy tarde.

El CEO pareció notar cómo el joven miraba la hora, puesto que lentamente se separó del menor, quien entendiendo que ya era hora de irse, se puso en pie. Estaba algo decepcionado claro, pues no le hubiera molestado para nada quedarse allí toda la noche.

Cuando el ojiazul se levantó, tomó la mano del menor, a quien no le molestó para nada esa acción. En cambio, se dejó guiar por el más alto.

Llegaron a la limosina en pocos segundos, entrando en ella primero Yami y después el empresario. Y claro, apenas éste se hubo acomodado, el menor se le acurrucó tiernamente, no queriendo al parecer estar un segundo lejos de él. Ante ésto, el ojiazul solo pasó su brazo alrededor de la cintura del más bajo, asegurándose así que el menor se quedara allí.

Y así el lujoso automóvil comenzó a moverse.

Yami se limitó a mirar por la ventana, las imágenes que pasaban parecían cantar una bella canción de cuna, puesto que los ojos del menor comenzaron a cerrarse, abriéndose luego cada vez que su dueño intentaba oponerse al sueño.

Pero definitivamente, la calidez del ojiazul y el ligero movimiento de la limosina no ayudaban en nada.

Así que en segundos, el más bajo ya estaba en la tierra de los sueños.

El ojiazul notó ésto minutos después. No iba a despertarlo claro, había sido ya un largo día para Yami.

Frunció el ceño de pronto, recordando lo que había sucedido aquella tarde. A su mente vino una imagen de cierta joven castaña.

Inconscientemente, apretó sus puños. No iba a dejar que las cosas que quedaran así. Nadie, absolutamente nadie podía lastimar a Yami y salirse con la suya. El menor simplemente era muy sensible, y con una buena razón, así que no permitiría que nadie más lo hiriera. Lo que le había sucedido en el pasado había sido más que suficiente.

Se concentró en mirar a Yami entonces, notando lo hermoso que se veía cuando dormía. En realidad no podía ver con claridad aquel rostro, puesto que el menor tenía su cabeza recostada al hombro del ojiazul. Pero lo poco que veía, era perfecto.

"Ojalá pudiera pronunciar esas palabras" Extrañamente, aquella frase apareció en su mente. Y una pregunta se formó. ¿Cómo se escucharía la voz de Yami? Tendría que ser una voz angelical, claro estaba. ¿Cómo sería su risa? Sí, había escuchado leves risas salir del joven, pero eran casi inaudibles.

Si tan solo existiera una manera de devolverle al joven aquello que había perdido de una forma tan injusta y cruel.

Salió de sus pensamientos de pronto, al notar que ya habían llegado. Miró de nuevo a Yami, encontrándolo aún dormido. No pensaba despertarlo, el menor se veía demasiado tranquilo así como para hacerlo.

Así que a como pudo lo tomó en sus brazos. Como el chofer le abrió la puerta, no tuvo que preocuparse por ése detalle. Salió de la limosina, cargando a Yami tal y como lo había hecho horas atrás.

Curiosamente, fue el chofer quien se acercó a la puerta de la casa, tocando luego.

Segundos después, la puerta se abrió, revelando a Yugi, quien vestía una camisa celeste y un pantalón blanco. Miró con confusión al hombre, quien solo le enseñó al menor una caja de mediano tamaño.

Sin entender realmente lo que sucedía, la tomó. Luego, algo más llamó su atención.

Lo primero que inundó los ojos amatista del menor fue sorpresa, al ver al CEO cargando a Yami.

-¿Kaiba?- preguntó, casi con incredulidad. El castaño se acercó.

-No quise despertarlo- habló el ojiazul. El más bajo parpadeó un par de veces, pero asintió de todas formas.

-Claro... sígueme, te llevaré a su habitación- afirmó al fin el primo de Yami. Miró luego la caja en sus manos. -Y ésto...-

-Es para Yami- interrumpió el ojiazul. En realidad, no había planeado darle algo como eso al menor. Pero después de lo que había sucedido esa tarde, lo había encontrado más que prudente. De hecho, lo había comprado para Mokuba, así que sin dudas tendría que comprar otro.

Sin darle más importancia al asunto, siguió al menor, quien lo guió hasta la habitación de Yami.

Era una habitación pequeña, aunque había suficiente espacio. Como el menor no vivía de verdad allí, era obvio que esa habitación era la de huéspedes. Una cama tamaño individual descansaba en una de las esquinas.

Se acercó a ella, colocando a Yami sobre las sábanas blancas.

Yugi se acercó, dejando la caja en sus manos sobre la mesita de noche. Por unos segundos, miró el rostro de Kaiba. Y sonrió, había algo... diferente. El empresario ya no mostraba aquella dureza y frialdad en su rostro. Luego, notó algo más, que hizo que su boca se abriera en sorpresa. Sobre el cabello el CEO habían... unas orejas de gato? Miró a Yami, notando que éste también tenía aquel 'adorno'.

Al parecer algo había sucedido, y algo casi sobrenatural. Se dio la vuelta, caminando en silencio fuera del lugar.

Mañana Yami tendría que contestarle algunas preguntas.

El ojiazul por otra parte ni siquiera notó la repentina ausencia de Yugi. Estaba muy concentrado mirando a Yami.

Lo que sí notó, fue que el joven aún estaba completamente vestido. Bueno, solo tendría que quitarle el pantalón y la camisa, pues debajo de ésta sabía que se encontraba una camiseta.

Pero antes de que pudiera llevar a cabo ésto, un pensamiento vino a su mente.

Y sonrió... casi con maldad. Ahora, si tan solo encontrara donde...

Caminó por el lugar, encontrando una cómoda no muy lejos de allí. Se acercó, abriendo la primera gaveta. No encontró sin embargo lo que buscaba.

Abrió entonces la segunda, y de nuevo sonrió. Tomó algo de allí y cerró aquella gaveta. Luego de ésto, volvió con el menor.

Sí, lo que haría representaría más trabajo, pero no importaba, puesto que la recompensa era mayor, mucho mayor.

Así que al fin empezó a despojar al menor de sus prendas, dejándolo solo en sus boxers. Intentó con mucho esfuerzo ignorar el celestial cuerpo del menor, y comenzó a vestirlo, ésta vez con la prenda que había sacado de la cómoda.

En realidad, no fue tan difícil.

Cuando terminó, se alejó un poco, admirando su trabajo.

Y de verdad había mucho que admirar. La escena más adorable del mundo estaba frente a él. Yami estaba cubierto de ositos nuevamente, pues por segunda vez lucía aquella infantil pijama. Y entre las sábanas blancas, parecía un verdadero ángel.

Se acercó de nuevo, mirando cómo el joven se acurrucaba entre las sábanas inconscientemente. Si pudiera quedarse toda la noche simplemente mirando a Yami, lo haría sin dudas.

Pero no podía. No estaba en su mansión, además, no podía tampoco llegar tarde, pues su hermano se preocuparía.

Así que antes de irse, llevó su mano hasta la mejilla del menor, acariciándola levemente. Yami sonrió, y salió de su sueño, abriendo lentamente sus ojos.

Su sonrisa se incrementó al ver al ojiazul.

-¿Te desperté?- preguntó el castaño. El menor negó con la cabeza, bostezando luego. Miró sus alrededores, cuando algo llamó su atención. El empresario supo de inmediato qué miraba el joven.

Tomó entonces la caja que estaba sobre la mesita de noche. El menor mientras tanto se sentó sobre la cama, mirando curioso a su novio, quien al estar cerca de nuevo, también se sentó.

Abrió la caja luego, y sacó un pequeño objeto negro, ofreciéndoselo luego.

Yami lo tomó, mirándolo sin entender por unos segundos qué era. Parecía ser una simple 'tabla' delgada. Pero al verlo de nuevo, no solo notó que aquel objeto tenía una pantalla, sino que debajo de ella, en letras blancas, se podía leer 'Giorgio Armani'. Pareció reconocer entonces el objeto, puesto que le dio la vuelta, comprobando al ver la marca de Samsung, que de hecho sí era un celular, y obviamente uno muy costoso.

Alzó la mirada, centrando sus ojos en el castaño.

"Es para ti" explicó el ojiazul. Sí, sabía que era algo... raro, que le regalara un celular a Yami. Por eso, no dudó en explicarse. "Quiero que tengas una forma de llamarme cuando lo necesites. Solo tienes que enviar un mensaje, no importa a qué hora" afirmó.Yami pareció sorprendido al principio, pero analizándolo bien, la idea no sonaba mal. Pero aún así... Miró el celular, el muy lujoso celular.

"Pero... es un celular muy costoso" afirmó, dando a entender que el objeto tenía demasiadas funciones como para malgastarlo usando solo una de ellas. Claro, no iba a negarlo, le encantaba ese celular, pero de todas formas, no le gustaba que el CEO gastara tanto en él.

"Podría comprarme cien más si quisiera" aseguró el ojiazul.

-"De hecho ya tengo que comprar otro"- pensó. Sí, como ese celular era el que Mokuba tanto había pedido, tendría que conseguir otro.

Sin decir nada más, tomó de nuevo el celular. Yami no opuso resistencia, dándole al ojiazul el objeto.

Miró luego cómo el castaño prendía el artefacto. De pronto aquel objeto pareció mucho más lujoso que antes. Observó con curiosidad cómo el ojiazul parecía conocer ya el manejo de aquel teléfono. Sus dedos se movieron sobre la pantalla, puesto que allí se encontraba el teclado.

En solo segundos, terminó con sus acciones, ofreciéndole nuevamente el celular al menor.

"Ya tienes mi número" le dijo. El menor asintió, aceptando al parecer el 'pequeño' regalo. Lo colocó luego sobre la mesita de noche. Se aseguraría de tenerlo cerca siempre.

Miró luego al ojiazul. Y otro bostezo escapó de su boca. El sueño de nuevo comenzaba a molestarle. Pero antes de eso, debía preguntar algo más.

"¿Cuándo saldremos de nuevo?" interrogó. A decir verdad, ya no quería pasar un solo día sin ver al castaño.

"Mañana tengo una reunión al mediodía. Cuando termine puedo venir si quieres" afirmó.

"Suena bien. Aunque, también trabajas los domingos?" preguntó el menor, pues el día siguiente sería domingo. El ojiazul negó. En realidad sí trabajaba, pero no en su empresa, simplemente en su mansión frente a su laptop y porque no tenía nada más que hacer.

"No, pero en ocasiones se atraviesa alguna reunión" explicó. Yami asintió, pero otro bostezo lo hizo acostarse de nuevo. Por segunda vez, sus ojos parecían querer cerrarse sin permiso. Una mano en su mejilla sin embargo lo hizo entreabrir a como pudo los ojos. Sonrió abiertamente, al ver que aquella mano pertenecía al castaño.

Y por primera vez, notó algo muy diferente en esos ojos azules. Sí, a pesar de que el empresario nunca había sido frío con él, sus ojos siempre habían mostrado cierta frialdad. Ahora en cambio, mostraban algo más. Algo a lo que no podía poner nombre. Pero era algo cálido, hipnotizante.

"¿Vas a besarme o no?" preguntó Yami de pronto, sonrojándose muy levemente al pedir algo así. Su pregunta fue contestada pronto, cuando el ojiazul se inclinó, atrapando así los dulces labios del menor.

Yami colocó sus brazos alrededor del cuello del castaño, haciendo que éste cayera sobre él, algo que no molestó a ninguno de los dos. Y ésta vez, fue Yami quien profundizó el beso, encontrando su lengua con la del empresario.

Pero de nuevo, la necesidad de aire los obligó a separarse.

-Solo unas horas y ya eres un experto- susurró el castaño lentamente. Yami se sonrojó. Bueno, eso significaba que besaba bien. Ante ésto, solo pudo sonrojarse más.

Volvió a la realidad, cuando el castaño se acostó a su lado, no importándole que aquella cama fuera para una sola persona. De hecho, a Yami tampoco pareció importarle ese detalle, puesto que simplemente escondió su rostro en el pecho del más alto, y cerró sus ojos.

Deseaba que el ojiazul pudiera quedarse allí toda la noche. Pero sabía que el CEO debía trabajar al día siguiente, además de que no podía dejar a su hermano solo.

Suspiró, optando por simplemente disfrutar por el momento de la calidez que emitía el cuerpo del ojiazul.

Algo sin embargo hizo que el castaño se moviera. El menor lo observó con confusión, al ver cómo el empresario se sentaba de nuevo en la cama, mirando al parecer al suelo. Se inclinó luego, como si estuviera recogiendo algo.

Y de hecho, eso era exactamente lo que hacía.

Un minino se asomó de pronto, siendo cargado por el ojiazul, quien lo dejó luego en la cama.

Yami sonrió, dándose a la tarea de acariciar la pequeña cabeza del gatito, quien solo se acercó, acurrucándose luego contra el joven. Lo único que se veía ahora, era una pequeña bola de pelos blanca.

El castaño volvió a acostarse. Yami lo miró, sonriéndole ligeramente. Se acercó, intentando no molestar al minino, y besó de nuevo al ojiazul. Luego, volvió a la misma posición de antes.

El empresario colocó entonces su mano en la mejilla del menor, y con sus dedos acarició toda la zona, haciendo que de nuevo, los ojos de Yami se cerraran. No se detuvo, más bien, llevó su mano al cabello del más bajo, acariciándolo también. Por unos segundos, centró su atención en las orejas de gato que relucían entre todo ese cabello. Definitivamente, el menor no podía verse más hermoso que ahora, era casi irreal.

Miró el rostro del menor, notando al fin que Yami ya se había dormido.

Así que intentando no despertar de nuevo a Yami, se alejó con lentitud. Cuando al fin estuvo en pie, tomó la caja del celular que estaba aún sobre la cama, y la colocó en la mesita de noche.

Miró luego al pequeño, notando nuevamente lo adorable que se veía con aquella infantil pijama. Ahora que lo pensaba, el menor ni siquiera se había dado cuenta que la tenía puesta. Bueno, se llevaría una sorpresa a la mañana siguiente.

Observó el reloj de oro que lucía en su muñeca. Eran las diez de la noche. El tiempo pasaba volando cuando estaba con Yami.

Era hora de irse.

Se acercó al menor, depositando un corto beso en la frente del joven.

Después de ésto, salió de allí.

Encontró a Yugi en la sala, mirando televisión. El menor, al verlo, se levantó, acompañándolo hasta la puerta. Algo que a su punto de vista no era necesario, pero no comentó al respecto.

-Buenas noches, Kaiba- habló el menor. El ojiazul solo asintió, conservando aún algo de su carácter distante. Luego, salió de allí.

Yugi suspiró, cerrando la puerta. Miró a su abuelo, quien salía en ese momento de la cocina.

El anciano, al verlo, le sonrió.

-Así que esos dos...-

-Eso parece, abuelo- afirmó el menor, sonriendo también.

-Ya era hora- habló el mayor. Yugi rió ligeramente. Al parecer, su abuelo estaba feliz por Yami. Y por supuesto, él también lo estaba. Si bien sabía que Kaiba era una persona fría, también sabía bien que era una persona seria. Así que si Yami tenía una relación con él, sería por mucho tiempo.

-Ahora solo nos falta una boda- Yugi rió de nuevo ánte éste comentario.

-Pronto vendrá, eso es seguro- afirmó.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Parpadeó una vez, y otra vez, y varias veces. Pero aún así no creyó lo que veía.

Sin embargo, una gran sonrisa se formó en su rostro.

-Setooo- habló. El aludido se dio la vuelta, no esperando que su hermano estuviera allí. Había pensado que el menor ya dormía. -¡No puedo creerlo!- exclamó emocionado el menor, saltando con alegría. -Estás... estás usando... ¡eso!- gritó, señalando con su dedo. El castaño entendió de inmediato que su hermano se refería a las orejas de gato.

Alzó luego una ceja, al ver cómo el menor se sentaba en su enorme cama, saltando aún.

-¿Y por qué tan feliz?-

-¿Que no es obvio? Algo sucedió entre tú y Yami, cierto?- preguntó con emoción. El ojiazul no pudo evitar sonreír al escuchar el nombre de su novio. -¡Ah lo sabía!- exclamó entonces Mokuba, riendo alegremente.

-¿Y unas orejas de gato te hicieron llegar a tal conclusión?- interrogó el ojiazul, sentándose en su cama, al lado de su hermano, quien se dejó caer sobre las suaves sábanas.

-Esa sonrisa lo comprobó- afirmó. -Pero sí, fueron esas orejas las que me pusieron a pensar. Porque, si antes alguien te las hubiera puesto, habría terminado... bueno, MUY mal. Así que si todavía las tienes puestas es porque aprecias a Yami, no? Y obviamente no como una simple amistad pues si fuera así te hubieras negado a usarlas, cierto? Así que por eso llegué a la conclusión de que... hoy sucedió algo especiaaaal- explicó con rapidez. De nuevo, el empresario sonrió. -¡Y ahí está de nuevo! Esa sonrisa! Estás feliz! Y eso significa que Yami es... tu novio, verdad?- preguntó, más como una afirmación que como una interrogante.

El castaño guardó silencio por unos segundos. Su hermano de verdad era inteligente, además de que lo conocía realmente bien.

-Llegaste a la conclusión correcta, Mokuba- contestó al fin. Los ojos del menor brillaron como nunca antes.

-¡Lo sabía! Lo sabía!- exclamó el hiperactivo niño. -¡Yami y Seto, sentados en un árbol... B-E-S-A-N-D-O-S-E!- cantó el menor, corriendo fuera de la habitación.

El castaño suspiró, escuchando aún los gritos de su hermano.

¿Cuántas veces tendría que repetirle a las sirvientas que no compraran chocolate?

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Las lágrimas caían de sus ojos. No podía evitarlo. Sentía inseguridad y tristeza. En realidad, se sentía solo.

-¿Crees que te ama? No seas idiota-

Sollozó aún más, recordando fragmentos de la pesadilla que había tenido. Abrazó a Zafiro, como si el gatito pudiera darle palabras de aliento.

-Se aburrirá de ti en menos de un mes-

Su padrastro le había dicho todo eso. El monstruo de su pesadilla. Y lo peor, es que no sabía si creerlo.

Tal vez era verdad, tal vez Seto se aburriría de él. Después de todo, él no tenía nada que dar. Habían muchas personas que le podían dar al ojiazul cosas mucho mejores.

Soltó al minino, y se abrazó a sí mismo.

Ya estaba cansado de llorar, de mostrarse débil siempre. Como deseaba poder ser más frío, más fuerte. Pero no, en lugar de eso, se limitaba a sollozar. Quería creer que lo que había vivido esa tarde se repetiría todos los días, pero dudaba. Sí, no podía evitar sentir inseguridad.

Ahora solo deseaba que Seto estuviera ahí, para convencerlo de que nunca se alejaría de su lado.

Miró por unos segundos sus alrededores, hasta que algo captó su atención. Observó el celular que el ojiazul le había dado. Tal vez, podría...

No, ya eran las dos de la mañana. No iba a despertar al ojiazul por algo así.

Aunque, el castaño le había dicho que podía hablarle a cualquier hora...

Pero, y si le molestaba? No, era mejor seguir llorando hasta que amaneciera. Aunque sabía bien que solo necesitaba que el ojiazul le contestara una simple pregunta, para poder volver a dormir.

Casi inconscientemente, tomó el celular. Comenzó a buscar en él la opción de mensajes. Al principio le fue algo difícil pues no estaba familiarizado con el objeto. Pero luego, encontró lo que buscaba.

Ahora, solo debía escribir.

De nuevo, sus dedos se movieron contra su voluntad, escribiendo así un corto mensaje.

¿No vas a dejarme nunca, verdad?

Negó con su cabeza, lo había escrito, pero no se lo mandaría. Eran las dos de la mañana, demasiado tarde como para estar molestando a los demás.

Aunque, si el CEO le respondía, significaba que se preocupaba por él, cierto? Y si se preocupaba por él, entonces sí lo amaba.

Pero de nuevo, era demasiado tarde!

-"Aún así... lo necesito"- Sí, en esos momentos de verdad necesitaba que el ojiazul respondiera aquella pregunta. Era la única forma de borrar la inseguridad que sentía.

Suspiró, mordiéndose luego el labio. Buscó el número del ojiazul y se detuvo.

Pero después, envió el mensaje.

Abrazó la almohada, ahora sentía aún más inseguridad. Solo esperaba no molestar al empresario.

Intentó dejar de llorar, lográndolo con dificultad. Y en cambio, miró al vacío.

¿Por qué seguía teniendo pesadillas? Se supone que esa vida ya había quedado atrás.

¿Por qué cada vez que pensaba que al fin todo sería felicidad, llegaba algo más a arruinarlo todo?

Cerró sus ojos, obligándose a dormir de nuevo. Pero no, no sentía sueño. Igual, se negó a abrir sus ojos.

Un extraño movimiento sin embargo lo obligó a abandonar su posición. Miró confundido la almohada, de la cual provenía aquella especie de vibración. La tomó en sus manos, con el objetivo de revisarla, pero al hacer ésto, encontró la verdadera fuente de aquel movimiento... su celular.

Su corazón se aceleró ligeramente, al entender que habían contestado su mensaje.

Solo esperaba que el ojiazul no se hubiera enojado.

Tomó con inseguridad el objeto. Por unos segundos, pensó en simplemente dejarlo de nuevo en la mesita de noche.

Pero sintió algo de curiosidad.

Así que abrió el mensaje, y lo leyó.

¿Dejarte? Tendría que ser un verdadero idiota para cometer una locura como esa, ángel.

Se sonrojó de inmediato. ¿Ángel? Sonrió sin embargo, al recibir la respuesta que necesitaba.

Unas simples palabras le dieron la tranquilidad que deseaba.

Sintiéndose seguro ahora, al entender que el ojiazul de verdad se preocupaba, se acomodó en la cama.

Cerró sus ojos, sonriendo ligeramente.

Ya tenía una respuesta verdadera. Con ella, no podrían venir a su mente más pesadillas.

Y así fue, el menor se durmió de nuevo, ésta vez disfrutando del sueño más pacífico y tranquilo que había tenido en mucho tiempo.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Magi: por fin actualizé! nOn Ya era hora xD En fin, como pudieron notar en este cap, muchos besos y fluff xD Se nota que me encanta el shounen ai o.O Pero bueno, intenté hacer largo el capítulo, y podría decirse que algo logré xD Espero -.-U

Agradecimientos a fussili, Aya Fujimiya(ahí tienes el capítulo al fin, todo tuyo xD), rosalind, Kikyo, Nosfe, Kimiyu, Paty y Yami RosenkreuZ por sus reviews en el capítulo anterior n.n

Espero que éste nuevo cap haya sido de su agrado.

Ja ne!