Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 11
Aún sin abrir los ojos me estiré con pereza, hice una mueca de desagrado al sentir el peso del yeso en mi pierna y solté un suspiro al ver que Edward ya no estaba a mi lado en la cama, traté de recoger algún sonido providente del cuarto de baño que me alertara de que él estaba ahí dentro, pero todo se encontraba total y absolutamente en silencio. ¿Dónde estaría y por qué se levantaría a las...? Busqué con la mirada el reloj sobre la mesita de noche y abrí los ojos con incredulidad al ver la hora. ¡Las 11:30 de la mañana! Madre mía, era algo alarmante pues yo nunca dormía hasta tan tarde; de seguro fue por la medicación que me administraron la noche anterior en el hospital para el dolor, sip, eso tuvo que ser.
Me senté y ayudándome con las manos me deslicé un poco hacía arriba, apenas lo suficiente para que mi espalda descansara sobre el cabecero de la cama, no había pasado siquiera un día y ya estaba desesperada por deshacerme de la maldita bota de yeso. No sabía de dónde sacaría paciencia para poder aguantar los días que restaban, pero tendría que sacarla de algún lado, si no quería enloquecer.
Unos minutos después, la puerta se abrió dejándome ver a un sonriente Edward, cargando una charola en las manos.
—Buenos días, el desayuno está listo —una sensación de calidez recorrió mi cuerpo y sonreí como una boba.
Edward Cullen, el hombre cuyo concepto de cocinar era levantar el teléfono y ordenar comida a domicilio, se había metido a la cocina para prepararme el desayuno. ¿No era eso un gesto de lo más lindo y tierno de su parte? ¡Joder, claro que lo era! Y con pequeños detalles como este, sólo lograba que me enamorara un poco más de él a cada minuto que pasaba.
—Muchas gracias. Pero dime, la cocina sigue en pie ¿cierto? —se sentó a mi lado, acomodó la charola en medio de ambos y fue en ese momento, que me di cuenta de que era un desayuno para dos.
—Ja-ja-ja muy graciosa Swan —tomé uno de los vasos de leche y le di un pequeño sorbo—. Y para tu tranquilidad, sí, la cocina sigue en pie.
—Me alivia escuchar eso. Carmen y Eleazar fueron muy amables en dejarnos quedar en su casa, no sería cortés de nuestra parte agradecerles destruyéndola —el desayuno no era algo de lo más elaborado: tostadas un poco chamuscadas, fruta y leche, pero para mí era tan perfecto como si hubiese sido preparado por el mejor Chef del mundo.
—Encontré en el directorio algunos buenos restaurantes con entrega a domicilio, puedo preparar un desayuno más o menos decente y... comestible, pero definitivamente no una comida —tomé una tostada y le unté un poco de mermelada.
—No es necesario, si consigues las muletas yo puedo preparar algo sencillo.
—Ah no —se apresuró a negar—, el doctor dijo que tres días de reposo absoluto y así será. Pasados los tres días te conseguiré esas muletas, lo prometo.
—No seas testarudo Edward, no te estoy diciendo que voy a correr una maratón, sólo voy a preparar la comida —negó y comió un par de trozos de fruta.
—De eso nada, te quedarás en cama así tenga que atarte y punto —atarme, oh por Dios, mi imaginación comenzó a volar con libertad creando cientos de escenarios, en cuanto escuché esa palabra salir de sus labios. Definitivamente no iba a oponer resistencia si él quería atarme a la cama y... No, no debía pensar en eso, no ahora al menos—. Créeme, no dudaré en hacerlo —suspiré rendida y sonrió sabiéndose ganador.
Edward cumplió con su promesa y tal como dijo, pasados los tres días por fin me consiguió las benditas muletas, las cuales me daban algo más de libertad de movimiento; aunque Edward no dejó de estar detrás de mí en todo momento como si fuera yo un bebé aprendiendo a caminar, así mismo también me persuadía de ponerme en pie lo menos posible. No es que me quejara de su preocupación por mí, pero era algo demasiado desesperante en ocasiones.
Los días pasaban con una lentitud abrumadora y de lo más rutinarios, pero no me importaba demasiado dado que Edward pasaba casi todo el día conmigo, veíamos películas acurrucados en el sofá o en la cama, charlábamos, jugábamos cartas o algún juego de mesa. Cuando podía convencerlo de dejarme preparar la comida, se metía conmigo a la cocina y no dejaba de seguirme; es más, se había nombrado mi ayudante y se encargaba de acercarme todo lo que pudiera llegar a necesitar, para que me moviera lo menos posible del lado de la estufa.
También en estos días había tenido la oportunidad de conocer una nueva faceta de Edward, y no me refería a la de cocinero por las mañanas, o enfermero a tiempo completo las veinticuatro horas del día y los siente días de la semana, si no a la de artista. Tomó mi bota de yeso como lienzo y creó un hermoso dibujo de un ángel a carboncillo, era algo dark pero no por eso menos impresionante. Lastima que al final descartara estudiar arte, tenía habilidades para el dibujo y mucho talento.
Pero no todo podía ser bueno, había algo que me molestaba y preocupaba a la vez, las extrañas llamadas que Edward recibía una o dos veces al día, llamadas que siempre atendía con una sonrisa y alejándose de mí para que no pudiera escucharle. Cuando le preguntaba sobre quién le llamaba, se encogía de hombros diciendo que era del trabajo, algo que obviamente no le creía, ¿a quién diablos le hacía feliz recibir llamadas de trabajo estando de vacaciones?
Además cuando decidió acompañarme dijo que su padre se haría cargo de todo, el tiempo que estuviéramos fuera de Nueva York, así que me estaba mintiendo vil y descaradamente, y mi cabeza se estaba comenzando a llenar con un montón de teorías, teorías nada buenas que giraban en torno a una sola persona, una pelirroja que respondía al nombre de Victoria.
—No soy un experto, pero creo que eso se está quemando —me apresuré a quitar el sartén del fuego, saqué los filetes y los puse en los platos—. ¿En qué pensabas? Parecías realmente fuera de este planeta.
—Lleva los platos a la mesa, por favor —dije evitando responder a su pregunta.
—No voy a dejarlo pasar, así que habla de una vez —se apoyó en la encimera cruzando los brazos, tomé mis muletas y me alejé de él—. Bella...
—¡Ya basta Edward! —exclamé dejándome caer en la silla del comedor más cercana a mí—. Tengo derecho a mantener mis pensamientos solamente para mí, o al menos eso creo —dejó los platos sobre la mesa y se sentó a mi lado.
—Entiendo que estés algo irritable con todo esto, pero no es para que... —el sonido de su teléfono lo interrumpió, sacó el aparato del bolsillo de su pantalón y sonrió al ver la pantalla del móvil poniéndose en pie—. Ahora regreso.
Un entusiasta hola, fue lo único que logré escuchar antes de que saliera casi corriendo de la cocina, pero fue más que suficiente, para que mi estomago diera un vuelco y se me fuera el hambre.
Después de comer... Bueno, de que él comiera puesto que yo me dediqué a torturar al pobre filete en mi plato, imaginando que era la zorra de Victoria; Edward se quedó lavando los trastes sucios y yo me tiré cuan larga era sobre uno de los sofás de la sala y encendí el televisor. Había tratado de subir las escaleras para llegar a la habitación, pero no era algo sencillo y no quería terminar con una lesión peor de la que ya tenía. Gracias a Dios, en un par de días más me quitarían la bota de yeso y mi vida volvería un poco a la normalidad.
Media hora después, estaba a punto de caer dormida gracias a la monótona voz del hombre del noticiero, cuando de pronto, Edward apareció en mi campo de visión.
—Necesito salir un momento y me preguntaba si tú quisieras acompañarme.
—No sé si es que no te has dado cuenta aún, pero no estoy en condiciones de salir a dar un paseo precisamente —respondí con más brusquedad de la que pretendía.
—Y el lugar al que vamos no es el indicado para pasear —lucía nervioso y algo ansioso, cosa que despertó mi curiosidad sobre ése lugar al que necesitaba ir.
Por un par de minutos estuve pensando en si debía aceptar o no ir con él, abrí la boca para negarme pero la imagen de Victoria apareció de pronto, ¿y si iba a reunirse con ella? ¡Maldición mujer! No puedes ser tan tonta, si el hombre hubiese arreglado una cita con Victoria no te habría invitado a acompañarlo, ¿o acaso crees que te quiere de sujeta velas? Maldita mini yo, forma en que me refería a la molesta vocesita en mi cabeza, y sus razonamientos; él bien pudo invitarme sabiendo que me negaría solamente para no levantar sospechas.
—Bien, voy a ir contigo —esperaba ver sorpresa, enfado o algo que me indicara que no estaba feliz con mi respuesta; pero contrario a eso me dio una amplia sonrisa y se apresuró a ayudarme a poner en pie. Cosa que me hizo darme cuenta de que mis suposiciones estaban por demás erradas y que la mini yo, para variar, una vez más tenía razón.
No estaba vestida como para salir de la casa, llevaba puestos un pantalón de chándal, una playera de mangas cortas y tenía el cabello recogido en una floja coleta que dejaba algunos mechones sueltos, pero no era como si fuera a bajarme del coche después de todo, él sólo me pidió que lo acompañara, ¿verdad?
El trayecto no fue muy largo, Edward estacionó el coche, bajó rodeándolo y antes de que siquiera me diera cuenta, estaba parada frente a un local que para nada me esperaba.
—Edward... ¿Qué estamos haciendo aquí? —pregunté sorprendida al ver el lugar en que estábamos.
—Te mentí, las llamadas que he estado recibiendo no eran de mi trabajo, si no de Esme. Ella me ayudó a organizarlo todo —así que todos estos días he estado pensando en las mil y una formas de despellejar a Victoria, cuando quien le llamaba no era otra más que su mamá, ¡qué magnifico!
—¿Organizar qué? Sigo sin entender qué estamos haciendo en una tienda de vestidos de novia —sus ojos brillaban de una forma que no había visto antes, parecía emocionado pero también nervioso.
—Bueno, elegir el vestido de novia es lo más importante para toda mujer y... creí que tú querrías vivir esa experiencia.
—Pero yo ya tengo un vestido de novia, genio —le recordé y frotó su cuello en un acto de nerviosismo. Oh-oh, esa no era una buena señal—. ¿Edward, pasó algo con mi vestido?
—No... Es decir... Hum... ¿Sí? —le di una mirada impaciente esperando a que me diera una explicación, y más le valía que fuera una muy buena; tomó una profunda respiración antes de agregar—: Le pedí a Esme que se decidiera de el.
Dulce madre de Jesús, dame la fuerza de voluntad necesaria para no romperle la cabeza con una de mis muletas. ¿Vivir la experiencia de elegir un vestido de novia? Esa probablemente sea la peor tortura inventada, por algún sádico cabrón, a la que una mujer pueda ser sometida, al menos desde mi punto de vista claro; poder elegir entre cientos de vestidos y no saber por cuál de ellos decidirte, querer soltarte a llorar cuando alguien critica el vestido que te gusta y terminan por convencerte de que no lo compres y sigas buscando. Era un proceso de lo más estresante que no me interesaba pasar, eso sin mencionar mi pie lastimado y que sería casi una misión imposible tratar de probarme un jodido vestido.
¡Oh vamos! No seas una perra con él y entra a la tienda, elige un vestido cualquiera y todos felices. No rompas su corazón negándote; tomé una profunda respiración, la maldita mini yo tenía razón, él se había preocupado porque tuviera la "maravillosa experiencia" y no podía negarme. Cerré los ojos y respiré profundo, antes de asentir.
Dos horas, dos horas habían pasado desde que entré a la tienda y aún no encontraba un vestido que me gustara lo suficiente; después de probarme un par de docenas podía apostar a que la pobre Lizzie, la chica que nos estaba atendiendo, iba a demandarme al final del día por tantas vueltas que había dado cargando vestidos de un lado a otro.
—Éste no se ajusta a lo que quieres, pero la verdad ya no sé qué más mostrarte —dijo Lizzie entrando al probador con un vestido en sus brazos, el cual me causó escalofríos.
—No creo que sea lo que busco.
—Al menos pruébatelo —insistió y asentí, total, no perdía nada con eso.
Lizzie me ayudó a meterme en el vestido, igual que las veces anteriores me sentí como una malabarista en la cuerda floja, pero al final logré mantenerme en pie.
—Ese chico que viene contigo, ¿es gay? —salté una sonora carcajada, cuando le dijera a Edward que Lizzie creyó que él era gay se iba a infartar.
—No, no es gay —la chica sonrió con alivio y eso no me gustó nada.
—No muchos hombres acompañan a una mujer a comprar su vestido de novia, por lo general son acompañadas por sus madres, abuelas, tías, primas o amigas. Tu hermano debe adorarte como para venir contigo hoy. ¿Sería una indiscreción de mi parte preguntar si tiene novia? —se sonrojó hasta las orejas y soltó una tonta risita.
—Edward no es mi hermano, y tranquila que para nasa es indiscreción tu pregunta —sonreí con satisfacción antes de agregar—: Sí, tiene novia, él es mi prometido —abrió los ojos de forma desmesurada y su sonrojo aumentó un par de tonos.
—Dicen que... que es de mala suerte que el... el novio vea el vestido antes de la boda. Por eso yo... yo... ¡Ay Dios! Por eso yo creí que era tu hermano —balbuceó apenada.
—Sí, lo sé. Pero Edward dice que no cree en esas supersticiones y no quiso esperarme en el coche —con nerviosismo, la chica subió la cremallera del vestido.
No fue una tarea fácil salir del probador cuidando de no enredarme con las muletas y la amplia falda del vestido, una vez estuve parada frente al enorme espejo, me permití soltar un suspiro de alivio y observé con detenimiento la imagen que me mostraba.
Esperaba encontrar algo sencillo como el que ya había elegido en un principio y así se lo hice saber a Lizzie, nunca me vi caminando hacia el altar con un vestido ni siquiera parecido al que tenía puesto, pero ahora ya no estaba tan segura.
—Te ves hermosa —la voz de Edward me hizo apartar de mirada del espejo y sonreí ante sus palabras, las veces anteriores me dijo lo mismo, aunque en esta ocasión había algo diferente en su voz, algo que me convenció de que éste era el vestido correcto.
—Bien, creo que tenemos un ganador —anuncié sin dejar de sonreír.
Lizzie nos dijo que en cinco días nos enviarían el vestido, tenían que hacerle algunos ajustes para que se adaptara a mis medidas y no lo podrían tener listo antes.
Edward dejó la dirección a donde lo enviarían y pagó una cantidad ridículamente alta por el vestido; es un diseño único y exclusivo, por lo tanto es costoso, había dicho llena de nerviosismo la chica cuando pregunté el precio. Edward le dio una de sus sexys sonrisas de lado, casi provocando que la pobre Lizzie sufriera una combustión espontanea, y le dio su tarjeta de crédito diciendo que no importaba el costo.
Dos días después estábamos de nuevo en el hospital, el doctor ayudado por una enfermera quitó el yeso y casi me pongo a saltar de alegría, al ver mi pie por fin liberado de su prisión.
—Te mostraré cómo debes poner la venda elástica, es importante que no dejes de usarla minimo tres semanas ¿de acuerdo? —asentí y no perdí detalle de la forma en que el doctor me ponía la venda—. Ya puedes caminar sin ayuda de las muletas, pero no quieres decir que te puedes echar a correr de inmediato, ¿está claro?
—Muy claro doctor —respondí con una sonrisa.
—Te recomiendo que por un tiempo no uses zapatos con tacón demasiado alto, puedes llegar a tener algunas molestias si los usas, como dolor e incluso hinchazón. Te recetaré algo para que lo tengas a mano, en caso de ser necesario.
—Creame doctor, lo pensaré dos veces antes de volver a ponerme unos tacones —tanto Edward como el doctor sonrieron divertidos por mis palabras. Alice de seguro se va a infartar cuando le diga que no voy a usar tacones el día de la boda, pero ya lidiaré con ella llegado el momento.
Tomé la receta y Edward me ayudó a ponerme en pie, nos despedimos del doctor y salimos del consultorio. Caminábamos a paso lento por el largo pasillo, Edward había insistido en cargarme pero me negué, por más que me gustara estar entre sus brazos, no iba a perder la oportunidad de por fin caminar sin las muletas.
Las muletas, esperaba no volver a usar unas el lo que me restaba de vida, las dejamos en el hospital, la enfermera que ayudó al doctor nos dijo que podíamos dejarlas como donativo y que serían entregadas a alguien que las necesitara y no contara con recursos para comprarlas; de más está decir que acepté de inmediato, yo no tendría que verlas más y de paso ayudaba a alguien que las necesitara.
—¿Edward? —ambos nos detuvimos y giramos al escuchar el titubeante llamado.
El piso se sacudió con fuerza bajo mis pies al ver a la emocionada mujer parada a un par de metros de distancia, una mujer que no pasaba los cincuenta años, pero se veía mucho más mayor. Estaba demasiado delgada, algo que no creo fuera saludable para ella, y unas marcadas ojeras adornaban su rostro, claro indicio que no dormía bien por las noches.
—Sulpicia, qué sorpresa encontrarte aquí —Edward se acercó a la mujer y le dio un cariñoso abrazo.
—¡Tanto tiempo sin verte hijo! Pero mírate nada más, luces tan apuesto cariño —sus ojos brillaban por las lágrimas retenidas.
—Me han sentado bien los años.
—Sí, definitivamente lo han hecho. Pero dime, ¿qué haces tú aquí, en Colorado? —preguntó con interés, no se había percatado de mi presencia y rogaba a Dios para que no lo hiciera.
—Estoy de vacaciones —respondió con una sonrisa que ella correspondió—. ¿Aro está contigo? ¿Viven aquí ahora? ¿Qué pasó con James?
—Sí, mi marido insistió en mudarnos después de lo que pasó con... —soltó un pesado suspiro y la tristeza ensombreció su rostro, haciéndola ver incluso más mayor de lo que ya lucía—. Dijo que sería más llevadero si poníamos un poco de distancia, pero eso no ayuda a que los recuerdos desaparezcan. Y James, él ahora vive en Oklahoma, lo vemos un par de veces al año.
James, el hermano mayor de Gianna, lo vi un par de veces cuando iba a recoger a su hermana a la preparatoria y no me pareció que fuera un mal tipo, más sin embargo las apariencias engañan y lo descubrí de primera mano.
—Lo lamento tanto, lamento no haber estado con ustedes apoyándoles en un momento tan difícil, pero me enteré dos semanas después del accidente. Me hubiese gustado poder despedirme de ella, fue alguien muy importante para mí —le ordenaba a mis pies que dieran media vuelta y me llevaran lo más lejos posible de ahí, pero no me obedecían.
—Lo sé hijo, lo sé. También eras alguien muy importante para ella, mi Gianna te adoraba —se apresuró a limpiar un par de lágrimas que rodaron por sus mejillas y trató de sonreír—. Tienes que venir a cenar con nosotros antes de irte, a Aro le encantará verte.
—Por supuesto que sí, para mí será un placer —y entonces pasó, la mirada de Sulpicia se clavó en mí y pude notar como se tensaba. Edward me sonrió, se acercó a mí y tomó mi mano tirando con suavidad para que lo siguiera—. Sulpicia, te presento a Isabella Swan, mi prometida. Cariño, ella es Sulpicia Vulturi, la mamá de Gianna.
—La señorita Swan y yo tenemos el... placer de conocernos, ¿cierto? —asentí y tragué en seco. Sus ojos eran idénticos a los de Gianna y James, me veía con frialdad y desprecio como su hija tantas veces lo había hecho—. Tengo que irme, pero aquí están mi dirección y teléfono, llamame y nos pondremos de acuerdo para esa cena.
—Claro, lo haré —Edward se despidió de ella con un beso en la mejilla y un abrazo.
Por el resto del día estuve distraída, deseando que el día de volver a Nueva York llegara ya. Sentía la imperiosa necesidad de dejar Colorado lo antes posible, pero no quería pedirle a Edward que nos marcháramos, si lo hacía él iba a preguntar mis motivos para querer irme tan de repente y no podría darle una explicación.
Esa misma noche, después de días sin pesadillas, éstas habían vuelto de nuevo y con renovada fuerza, no dejándome dormir por más de un par de horas durante las siguientes noches; aunque esta vez fue una pesadilla diferente y la cual se repetía noche a noche. En mi pesadilla, me encontraba en una oscura habitación, mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho a causa del miedo que me helaba la sangre y buscaba con desesperación una salida, bajo la penetrante y divertida mirada de unos fríos y aterradores ojos azules.
Continuará...
¡Hola! Aquí está el capítulo y espero que les gustara. El día de la boda está cada vez más cerca, pero... ¿Será que ese matrimonio se llevará a cabo? ¿Ustedes que creen? Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.
Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme un review y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.
¿Algún review? =)
