Disclaimers: Los personajes y el mundo de Harry Potter pertenecen a J.K Rowling y todo aquél que posea el copyright por haber hecho compra de algunos derechos de autor, en esta historia son utilizados con fines recreativos y sin lucro alguno.
¡Hola de nuevo! Bueno, paso a dejarles capítulo como cada jueves, pero éste jueves es muy especial... no sólo por el contenido del capítulo (inserte guiño) sino porque hoy es jueves, nueve de abril... y preguntarán (si es que aún continúan leyendo ésto) ¿Por qué es tan especial? Bueno, hoy es el cumpleaños de mi amiga y autora 22Fahrenheit. Así que... muchas felicidades cariño. Gracias por tus mensajes privados respecto a la historia, te adoro.
Sin más por el momento, les dejo el capítulo de éste jueves. Nos leeremos el próximo.
Y de nueva cuenta muchas gracias por sus reviews.
Ginny observaba el paisaje, comenzaba a hacer frío y no se había dado cuenta cuando la habían regresado a la mansión Malfoy, y por horrible que sonara, sabía que después de tanto tiempo, Ron se habría cansado de buscarla, Kingsley de seguro había quitado la orden de hacerlo, después de todo, no iban a desperdiciar tanto tiempo en una chica que parecía que se había tragado la tierra, observó la cadena que la unía al elfo doméstico, por fortuna era Swing, y no uno de los otros que la trataban peor que escoria, Smart lo hizo como una condición para dejarla salir de vez en cuando del sótano, si lograba desaparecerse, llevaría a Swing consigo y éste la traería directo al sótano, donde después Smart se encargaría de torturarla hasta la locura, seguía preguntándose la razón por la cual no estaba loca aún, la habían torturado hasta el cansancio por medio del Cruciatus, sólo recordaba estar agitada sobre sus rodillas y con el cabello un tanto más largo cuando la locura estaba cerca, tal vez esos poderes ancestrales que Lucius Malfoy le había asegurado que tenía le ayudaba cuando estaba lo suficientemente vulnerable y a punto de perder lo poco que le quedaba, ella misma.
Cerró los ojos para que el viento casi helado le golpeara la cara, hacía dos meses, que no sabía lo que era poder ver la luz solar real, o sentir el viento en la cara de esa manera, el elfo se removió junto a ella cuando una ventisca aún más fría los golpeó, supo que estaba siendo cruel, el pobre Swing no tenía la culpa de nada.
Apareció en el salón, se limpió un poco, odiaba viajar por la red flu pero no tenía otra opción, no sabía cómo estaban las cosas en casa y aunque Blaise le había estado ayudando mientras estaba en Avalón, había estado incomunicado.
Levantó la vista cuando sintió una ventisca, alguien había dejado la ventana abierta y se encargaría de que ese maldito sirviente lo pagara, pero sus pensamientos se detuvieron al ver a alguien parado frente a la ventana abierta, estaba una chica parada, tenía el cabello rojo hasta la espalda baja, se detuvo en sus pasos cuando quedó a un metro de ella, ¿cómo es que le había crecido tanto el cabello en dos meses? La observó completamente, la toalla sucia al igual que sus delgadas piernas, estaba descalza y su furia se incrementó al verla atada al elfo Swing, que por pequeños detalles, como el cabello, las orejas y la estatura, iban vestidos casi igual.
—Amo Malfoy –sonrió Swing, siempre había sentido un afecto hacía Draco y el rubio no sabía por qué, Ginny se tensó al escuchar nombrarlo.
—Hola Swing –murmuró en tono neutral.
La pelirroja se volteó de golpe hasta él, totalmente incrédula, no supo si la mirada era de rabia, de miedo, de gusto por verlo, la cadena desapareció de la muñeca de Ginny cuando se lanzó a los brazos de Draco, que la recibió con un fuerte abrazo, sosteniéndola cerca de él.
—Estás aquí –murmuró para ella misma, como si le costara creerlo.
—Lo estoy –le reconfortó, la alejó de él y acarició la mejilla sucia.
—En serio eres tú –sonrió tímidamente.
—Vaya, Weasley, no sabes distinguirme después de todo –fingió indignación y observó al elfo –prepara el baño Swing.
—Sí, amo Malfoy –sonrió y se desapareció de inmediato.
—A veces no sé distinguir si estoy soñando o realmente está pasando.
—Draco Malfoy siendo parte de los sueños de Ginevra Weasley ¿Quién lo iba a decir? –sonrió arrogante.
—Siempre vas a ser un idiota ¿cierto? –le sonrió un poco.
—No tengo que preguntarte como va todo ¿cierto? ¿Has hecho lo que te pedí que hicieras? –ella asintió.
—No he intentado arrancarle la oreja a nadie ni quebrado otra nariz, si eso es lo que estás preguntando, Draco, he sido una chica buena en la medida que he podido.
—Nott me prometió que estaría pendiente de ti –volvió a sujetarla de la mejilla.
—Así que por esa razón se portó amable, porque se lo pediste.
—Presume de ser un caballero –se burló Malfoy –estabas más segura con él que con Blaise.
—Gracias –sonrió.
—No iba a dejarte desprotegida, alguien tenía que estar al pendiente de que nadie, absolutamente nadie te pusiera un solo dedo encima.
— ¿Por qué lo harías, Draco? –interrogó Ginny con el corazón latiéndole a mil por hora.
—Porque…
—El baño está listo, amo Malfoy –interrumpió Swing –llevaré a la ama Weasley al…
—El baño es para ella, Swing –interrumpió al elfo –yo puedo esperar.
—He preparado el baño de su habitación –contestó el elfo apenado por malinterpretar la orden.
—Es perfecto –contestó –así que… ¿hay alguien más en casa? –El elfo negó –cuando alguien llegue, ve por ella a mi habitación, no importa que te llamen, Swing, irás por Ginny a mi habitación y la pondrás en el sótano, mientras tanto, consigue un poco de ropa para ella.
—Hay un poco de la ama Greengrass.
—Esa estará bien por el momento, ven conmigo –la alzó y se dirigió a su habitación.
Hundió su rostro en la curva entre el cuello y el hombro de Draco, disfrutando su aroma y no abrió los ojos hasta que él la puso en las baldosas frías de su baño.
—Tomate tu tiempo –se burló –hueles a hipogrifo.
—Disculpa por no estar en mis mejores ropas, Malfoy –contestó mordaz.
—Luces completamente perfecta así –se encogió de hombros –pero puedo jurar que luces mejor desnuda.
Ginny observó hacia otro lado sintiendo sus mejillas arder, y sonrió, era un idiota, y siempre lo iba a ser, pero se sentía completamente calmada sabiendo que él estaba de vuelta de donde sea que fuera.
—Draco –le detuvo cuando se dio la vuelta para dejarla ducharse.
— ¿Sí? –interrogó confundido.
—Smart hechizó mi toalla –le informó –para que no pudiesen quitarla los demás –se detuvo al ver como su rostro se contraía en una mueca de furia –cuando me llevaban del sótano al salón –mintió –ya sabes, por el forcejeo, para que no se callera.
—De acuerdo –sacó su varita y después de que la toalla se aflojara, él se dio media vuelta y salió del baño.
Sintió como sus músculos se relajaban completamente al sentir el agua caliente, sí que necesitaba un baño, los baños con aguamenti que los mortífagos le hacían era más para diversión que para un baño apropiado.
Como lo dijo, se tomó su tiempo, observó las burbujas en la tina, se lavó lentamente y talló su largo cabello, aun le sorprendía lo largo que estaba y que por lo visto, no planeaba regresar a su tamaño normal, al menos, al tamaño que tenía cuando se la llevaron.
Se enroló en la toalla limpia, olía bonito, y era suave, nada comparada con la que ella tenía dos meses usando, salió al cuarto de Draco, él estaba sentado en el baúl a los pies de la cama, con los brazos recargados en sus muslos de la pierna, con la cabeza agachada, así que se sentó junto a él, y observó la chimenea frente a la cama.
—Esa no está conectada a la red flu ¿o sí? –frunció el ceño.
— ¿Te preocuparías si lo estuviese? –interrogó.
—Lo que menos quiero es que Astoria aparezca aquí en cualquier momento –soltó, así que él levantó un poco la cabeza y la observó por el rabillo del ojo, mientras una sonrisa socarrona aparecía en sus labios.
—Ginevra Weasley está celosa –soltó haciendo que se sonrojara –pero no, no está conectada a la red flu.
—Eso me deja más tranquila, y no, no estoy celosa –se cruzó de brazos.
—Sólo admítelo, pelirroja –se estiró.
—Tienes que estar cansado –se puso de pie –lo mejor es que vuelva a mi cómoda habitación.
—No estoy cansado –la sujetó de la muñeca –estoy bien, es sólo un poco extraño estar en casa después de estar dos meses lejos.
—Dímelo a mí, lo raro que será volver a casa después de todo esto… -cerró los ojos cuando Draco observó a otro lado –voy a volver ¿cierto? –el negó apesadumbrado.
—No, no lo harás.
— ¿Él va a matarme, cierto?
—No lo sé –admitió –ya no sé nada, Ginny, mi padre ha estado ocultándome muchas cosas, así que no sé si lo que nos dijo a mi madre y a mí es cierto.
—Sólo sé que quieren unos poderes ancestrales que traigan de regreso a Voldemort –contestó.
—Yo también sé eso, pero… cuando él vuelva… va a querer deshacerse de la única persona capaz de traerlo y enviarlo de regreso, Ginny –la observó –y de no ser el caso, no va a perdonar tu traición.
—Y tu padre me matará si me niego a traerle de vuelta ¿cierto? –regresó y se acercó más a él, quedando de pie entre las piernas de Draco.
—No sé, ya no sé de lo que es capaz mi padre, Ginny.
—Draco –lo llamó haciendo que elevara el rostro para mirarla –prométeme algo –pidió hincándose, pero él la volvió a levantar –pase lo que pase, ya sea Voldemort o tu padre el que me mate, prométeme que le dirás a Ron, a mi familia –su respiración se agitó y sus lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas –por lo menos que ellos puedan poner mi cuerpo junto a Fred –suplicó en un sollozo que hizo que el insecto en su pecho se moviera un poco y su corazón doliera.
—Ginny –murmuró acariciando la mejilla de ella, y a pesar de tener las manos frías, el contacto con la piel de la pelirroja ardió, así que la jaló hasta su rostro y la besó de manera desesperada, sorprendiéndose de ser tan bien correspondido por ella, la sujetó de la cintura.
Ginny empujó a Draco del hombro y se subió a horcajadas sobre él, mientras se besaban de manera desesperada hasta que el oxígeno en sus pulmones se esfumó.
—No voy a hacerlo –contestó agitado a centímetros de la boca de ella –no voy a prometerte nada de eso, Ginny –la detuvo cuando ella iba a alejarse –porque no voy a dejar que ni Voldemort o mi padre te hagan daño ¿lo entiendes? –Volvió a besarla –voy a sacarte de aquí, sólo dame un poco de tiempo.
—No –se negó –no voy a meterte en esto, Draco, no voy a ponerte contra tus padres, no soy capaz de…
—Lo sé –admitió con una sonrisa –eres una chica buena, Ginny –la mano de Draco acarició los muslos de Ginny haciéndola agitarse de nuevo –los chicos malos también se sienten atraídos por las chicas buenas ¿lo sabes? –ella le sonrió.
—De la misma manera en que las chicas buenas se sienten atraídas por los chicos malos –lo besó.
—Pero no se enamoran de los chicos malos, no de la misma manera de como los chicos malos nos enamoramos de ellas, a diferencia –acarició su rostro –es complicado que una chica buena se enamore de un alma retorcida, porque todos sabemos que nadie cambia por alguien, pero es muy fácil que un alma retorcida se enamore perdidamente de un alma pura –la besó.
—Prométeme que harás lo que te pedí si algo llega a salir mal –suplicó de nuevo.
—Ginny…
—Promételo, Draco –repitió con convicción.
—Lo prometo –contestó –pero no dejaré que nada malo te pase, lo prometo.
Quitó el nudo de la bata de ella cuando volvió a besarlo con demasiada efusión, sus manos acariciaron el cuerpo desnudo de Ginny mientras se dedicaba a besarla de la misma forma en que ella lo estaba besando a él, sólo pedía que Swing no entrara y los encontrara de esa manera, le ayudó a quitarse el abrigo que tenía puesto, y dejó que ella desabotonara la camisa de color negro que tenía puesta, la arrojó cuando logró desabotonarla.
Le devolvió la mirada cuando ella lo observó después de acariciar las tres cicatrices en su pecho, las que su novio le había hecho en su sexto año en Hogwarts.
La mirada de Ginny se enterneció, recordó cuando ayudó a Harry a deshacerse del libro de pociones avanzadas de Snape, jamás se imaginó que las marcas que habían dejado fueran tan… notorias, aun así, lo hacían verse como un chico rudo, todas las personas tenían cicatrices que les marcaban para siempre, algunas invisibles, como las de ella, otras físicas, como las de Draco, pero ninguna de ellas les definía como persona, y era absurdo culpar a las cicatrices de ello.
Acercó más su rostro al de él y lo besó de manera suave, si no había estado tan segura antes, ahora lo estaba, no iba a poder hacer nada cuando Voldemort regresara, y ya fuera el Señor Tenebroso o Lucius Malfoy, iban a matarla, lo sabía, pero en ese momento, ninguno de los dos iba a impedirle estar con Draco de la manera en la que jamás había estado con otro, si iba a morir en un futuro no tan lejano, si iban a despojarla de lo poco que quedaba de ella, este momento no podrían arrancarlo jamás, porque iba a defenderlo contra todo aquel que quisiera borrarlo.
Deslizó sus labios por la mandíbula de él, hasta su cuello, besando el hombro desnudo, para después volver a los labios de Draco en un beso un tanto más apresurado por ambas partes, la piel de la chica se erizó cuando sintió las manos frías de él recorrerla de nuevo, desde su espalda hasta su espalda baja, sosteniéndola de las caderas cuando ella echó su cuerpo hacia atrás, mientras él besaba su pecho y después sus labios hacían un suave recorrido entre sus pechos, la acercó de nuevo a él, para poder besar su cuello, haciéndola ladear su cabeza para permitirlo, acarició sus bíceps mientras la rodeaba aún más acercándola a él lo más que podía, su respiración se agitó todavía más al sentir la rigidez debajo de ella, su mirada se topó con la de Draco, que estaba llena de deseo, debatiéndose sobre si continuar o no, si ella lo permitiría o simplemente se alejaría, no estaba segura si él lo sabía o simplemente lo sospechaba, y no pudo evitar sonrojarse, haciéndolo soltar una risita gutural por su reacción, se removió un poco mientras él se hacía cargo de sus pantalones y sus bóxers, sujetándola de las caderas para que no perdiera el equilibrio y terminara en el suelo sobre su trasero, mientras él sacaba sus pantalones de sus piernas sin necesidad de las manos.
La cálida piel de ella rozó contra la de él, haciéndole sentir una especie de chispas en el pecho, el estómago y vientre, y no supo a qué atribuirlo, y tampoco prestó demasiada atención a esa sensación agradable, prefería enfocarse en la sensación que las caricias de él le provocaban, dejándose arrancar en ese momento de la realidad para unirse a un momento irreal, junto a él, arremolinándose en una sensación de completo placer al sentirlo poseerla de esa forma, de todas las veces que soñó con ese momento, nunca imaginó que sería con él, con Draco Malfoy; sus caderas se movieron torpemente sobre él, mientras sus dedos se apretaban en sus hombros pálidos y el rostro del rubio se ocultaba entre los pechos de la pelirroja ahogando sus gemidos de satisfacción, si bien era un movimiento torpe, no le importaba, se volvieron a besar mientras los movimientos se hacían más rápidos aproximándolos al clímax.
Rodeo el cuello de Draco cuando el clímax llegó, una sonrisa involuntaria apareció en sus labios y cuando se alejó para observarlo, rió divertida, se había entregado por primera vez a un hombre, a Draco Malfoy, en el baúl a los pies de la cama de este.
Dibujó la sonrisa de él en su memoria, esperando poder aferrarse a eso en cuanto Swing apareciera para llevarla al sótano, esto era lo mejor que le había pasado en esos dos largos meses, y no quería que terminara, pero todo lo que inicia, tiene que terminar en algún momento, y ese instante lo haría, ahora, o en unos minutos, se terminaría, y esperaba que no se evaporara en el aire como todo lo que pensó que tenía lo había hecho.
Observó la espalda desnuda de la chica, su respiración era regular y tranquila, no podía imaginar lo terrible que era dormir en un sótano, con el frío, y sólo con esa toalla cubriéndola, rogaba que por lo menos la estuviesen alimentando bien, pero con lo delgada que estaba, lo dudaba, pesaba menos que cuando la llevó ahí, hacía dos meses.
Rodeó su cintura y se pegó a ella, no podía quedarse dormido, por extraño que pareciera, los habían dejado solos, o más bien a ella, porque no habían avisado que estaban de vuelta, y encontrarla sola sólo con Swing, ese elfo tan bondadoso que si le hubiese suplicado cuatro veces, la hubiese llevado con sus hermanos.
Se recostó en el pecho de Draco, quedándose dormida poco después, Se despertó asustada cerca de las cuatro de la mañana, Swing había aparecido y la había mecido, se envolvió en la toalla y tomó la ropa que pertenecía a la novia de Draco, y el elfo apareció en segundos en el sótano, se vistió apresurada y cuando la toalla quedó en el suelo, el rostro de uno de los mortífagos apareció frente a ella, la sujetó del largo cabello y la arrastró hasta el salón de la mansión, donde había cinco más, con una sonrisa divertida en el rostro, el primero en apuntarle para después sentir un dolor inmenso, fue Blaise.
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Un grito lo despertó, se incorporó de inmediato y busco a la pelirroja que había estado durmiendo con él, pero no estaba, la ropa de Astoria tampoco, pero él seguía desnudo, se vistió rápidamente y bajó hasta donde se encontraba la dueña de los gritos ¿En qué momento se había dormido permitiendo que Swing la arrancara de su lado?
—Llegaste –sonrió su padre satisfecho.
—Ayer por la tarde –informó –sólo que no había nadie –se encogió de hombros.
—Tú le diste la ropa –aseguró, él bajó la mirada, Ginny estaba llorando en el suelo, con los jeans de Astoria y una playera que le quedaba grande, así que no supo si eran también de su novia.
—Sí –contestó –si Voldemort la veía como vestida como un elfo doméstico, posiblemente nos mataría, papá.
—Cierto –asintió –sigue con el trabajo, Smart –ordenó y vio como le apuntó con la varita y los gritos de Ginny volvieron a llenar el salón –tú sígueme, Draco.
Tuvo que usar todo su autocontrol para no matar a Smart por torturar a Ginny, siguió a su padre aunque no quería, entraron a su despacho donde los gritos dejaron de escucharse.
—Me alegra que no me decepcionaras, y demostraras que no siempre ibas a vivir bajo las faldas de tu madre.
—Papá –se sentó frente al escritorio –no entiendo porque me ocultaste el lugar al que me enviaste, ni la razón por la cual me enviaste –soltó enfadado.
—Podrías arruinar las cosas –informó encogiéndose de hombros.
—Dolohov casi vende a Ginevra con la mujer de la isla –informó.
—Honeday –sonrió –así que si está ahí todavía –se burló.
—Lo está, tuve que hacer un trato con ella para que nos diera el grimorio.
—Nunca se hace un trato con esa mujer –bufó –pero en fin ¿Cuál fue el trato?
—No lo sé, ella sólo nos dio el grimorio, pero pronto tendré que cumplir mi palabra y hacer lo que ella me pida, pero primero tenemos que hacer que Voldemort regrese, sino, no podrá reclamar su parte.
—Sólo espero que no sea algo de lo que puedas arrepentirte, Draco –se puso de pie –quiero ver el grimorio y el agua.
—Me enviaste a una maldita isla por un poco de agua –se levantó molesto.
—No es agua común, Draco, por Merlín –gruñó enfadado.
—Nos obsequió el grial, como muestra de que respetará el trato.
—Eso es bueno –sonrió –algo me dice que engañamos a esa bruja.
—Ella no le creyó a Dolohov cuando le dijo que eran ocho herederos de Morgana ¿Por qué no?
—Verás, los antepasados, juraron que no tendrían una hija ¿comprendes? La razón por la que los demás Weasley no nos sirven a pesar de ser herederos, ciertamente, es porque los poderes ancestrales de Morgana sólo pasarán a una mujer nacida bajo su descendencia de Sangre pura.
—Tuvo un mestizo –informó.
—Al igual que Potter –sonrió –para vencer al señor tenebroso, su hijo mestizo sería el único capaz de matar a Arturo.
—Sí que tenía convicción para matar a Arturo.
—Descubrimos algo, mientras estabas en Avalón –le informó –ya que has demostrado ser leal, te lo diré, ahora más que nunca necesitamos a Potter.
—Pensé que recurriríamos al plan principal.
—Sí, pero Potter no deja de sorprendernos, tal parece, que es descendiente de Merlín, así que ella tendrá que tener un hijo de él, quiera, o no.
—No vas a permitir que una sangre pura se mezcle con un mestizo ¿o sí?
—Draco, por favor, por las venas de ese asqueroso mestizo corre la misma sangre que la de Merlín, por supuesto que voy a dejar que se mezcle con él las veces que sean necesarias para que procreen otro asqueroso mestizo, la sangre de Morgana y de Merlín –sonrió –cuán grande sería su poder, Potter y Weasley han resultado ser más importantes que nosotros, es una lástima –observó a su hijo –de no estar en los planes, hubiese matado a los Weasley por traidores a la sangre, pero ahora resulta que su sangre es más pura que la de nosotros mismos, la vida no puede herir nuestro orgullo más de lo que ya lo ha hecho, Draco, así como lo verá el resto del mundo mágico, seremos indignos de su presencia incluso, herederos de un gran poder, ahora entiendo porque nunca tuvimos tanta suerte de matarlos.
—Van a matarlo ¿cierto? –La mirada de Draco se oscureció –van a matar a Potter cuando Ginevra quede embarazada.
—La mataremos a ella cuando dé a luz, después de haber traído a Lord Voldemort a la vida, nos desharemos de los dos, pero Voldemort se quedará con el mestizo asqueroso, eso es seguro.
Cuando regresó al salón, Smart estaba recargado en la chimenea, Ginny estaba al centro, sus ojos se encontraron en un segundo, las lágrimas de la chica caían a la alfombra, no le quedó más que apretar la quijada ante la imagen, tenía que comenzar a armar su plan, tenía que sacarla de ahí, no iba a permitir que Potter la tocara, no cuando anoche le había quedado más que claro que Ginny jamás había estado con Potter o con algún otro antes que él.
—Es bueno tenerte de vuelta, Draco –sonrió Smart.
—Supongo –se mordió la lengua para no insultarlo o maldecirlo.
—Hemos terminado por hoy, cariño –caminó hasta Ginny y se acuclilló acariciando su cabello –te llevaré a tu hermoso castillo.
—Lo haré yo –intervino.
—De acuerdo –se levantó y desapareció por la chimenea.
La levantó en brazos y fue con ella hasta le sótano, se sentó contra la barda con ella en su regazo, y acarició su cabellera.
—Voy a sacarte de aquí, te lo prometo, Ginny –besó su frente.
—No olvides que pasara lo que pasara, lo prometiste, Draco.
—No va a pasarte nada –la abrazó con más fuerza.
—Si no va a pasar nada ¿Por qué cada vez siento que estoy perdiendo algo más de mí?
—Voy a sacarte de aquí, te lo prometo, pero tienes que hacer lo que ellos digan, tienes que mejorar un poco, eso ayudará a que no te torturen, Ginny –la chica levantó la mirada hasta la de él y le sonrió.
— ¿Cómo es que de todos los magos en el mundo, precisamente tú, tenías que ser mi soporte en este momento, Draco?
—Sólo Merlín tiene la respuesta, cariño –soltó haciéndola sonreír.
—Es más fácil que una roca gigante nos caiga en la cabeza a que tú dejes de ser un engreído ¿cierto?
—Si el idiota de tu hermano estuviera aquí, él sería tu soporte, Gin, y no me querrías cerca de ti.
—Siempre una parte de mí ha querido tenerte cerca, Draco –acarició la mandíbula del chico y su cuello para después besar el camino que su caricia dejó.
—A Potter no le gustaría oírte decir eso –su voz sonó grave, a causa de las caricias que la chica le estaba proporcionando.
—Pues son la verdad, y no hay nadie, ni tú, que pueda evitar la verdad, Draco.
La dejó recostada sobre las mantas y salió de ahí, no podía levantar sospechas si no quería que su padre tomara cartas en el asunto, así que a pesar de no querer dejarla en ese lugar lo hizo, la dejó cuando se aseguró que seguía dormida.
—La ira hace que sus poderes, ya sabes, los de Morgana, sobresalgan de ella –comentó su padre –y a Smart se le ha ocurrido que es una buena idea que seas tú quien se haga cargo de la tortura, Draco.
—Sería genial –sonrió con gusto a pesar de que su cuerpo se había paralizado ante eso, él no iba a ser capaz de torturarla.
—He estado pensando que deberíamos dejarles solos para ello –soltó Smart –ella podría contenerse por vernos, después de todo lo ha hecho durante estos dos meses ¿no?
—Insinúas que mi hijo podrá hacerla reaccionar solo.
—Ella le conoce, estará indefensa, sin su varita, con el chico que odia a su novio como su mercenario ¿Qué harías tú, Lucius de estar en su lugar y ser torturado por Sirius Black?, o no lo sé, tal vez… Remus Lupin.
—Comprendo tu referencia, Smart –observó a Draco –pero no irá solo, irás con él, te esconderás de ser necesario.
—Deberías buscar a tu mujer y pedirle irse de vacaciones, veo que le molestan los gritos, esto será divertido para Draco y para mí, pero no para tu esposa.
—Tienes una semana, para una mejoría notoria, Smart, de no ser así, yo mismo le ayudaré a enfurecerse.
—Lo haré –sonrió, espero a que Lucius saliera y observó a Draco –estoy aburrido de sólo torturarla, es tu deber ahora, y voy a matarte de no hacer algo bueno, tienes una semana.
Salió de la oficina, Draco suspiró aliviado, claramente no iba a hacer nada, no le importaba como le haría, pero tenía que aprovechar que estaría solo para sacarla de ahí.
Cuando despertó al día siguiente, sus padres se habían ido, le habían dejado un recado con Swing, así que bajó aun en pijamas y fue por ella, la ayudó a ir hasta su cuarto y dejó que volviera a ducharse.
—Tenemos una semana para nosotros –sonrió él acostado sobre la cama, con los brazos detrás de la cabeza.
—Es bueno, supongo que me torturarás –se sentó a la orilla de la cama.
—Jamás lo haría –frunció el ceño.
—Tienes que hacerlo, no ahora –lo detuvo cuando iba a protestar –pero si tu padre te lo pide, o Smart te lo pide, incluso yo, si te provoco y te digo que no eres capaz, lo harás –él negó.
—Esto es sobre protegerte a ti, Ginny –se acercó a ella.
—No, Draco, esto es sobre protegernos a los dos –lo besó –puedo soportar tus torturas, después de todo, he pasado por eso ya, no sólo aquí, sino en Hogwarts también.
—Pero…
—En mi sexto año, cuando intenté robar la espada de Godric –se encogió de hombros –así que no te detengas, no voy a permitir que seas mi compañero de celda.
—No quieres que lo sea ¿he? Tienes otro ahí escondido ¿cierto? –frunció el ceño haciéndola sonreír.
—Seguro que sí, son más de uno, cada uno más atractivo que el otro, pero menos que tú –lo besó.
—Tengo que hacer un plan para sacarte de aquí y…
—Ese plan llevará más que una semana si quieres que funcione –le recordó.
—Cierto, pero tengo que apresurarme…
—Draco, ya he soportado dos meses, un semana o más no hará la diferencia, además… tú estás aquí ahora, eso hace una diferencia enorme en soportar las torturas.
—Voy a hacer que tus poderes ancestrales vengan, así puedas defenderte de quien quiera dañarte, Ginny.
