Scott miró a todos lados luego de que las palabras de Chris Argent abandonaran sus labios. Al parecer todos habían notado el tono con el que fueron dichas y todos se daban cuenta de que había una situación seria que se estaba desarrollando en esos momentos.
—Derek —dijo luego de unos segundos de silencio —¿dónde pusiste el gimnasio que nos comentaste?
—En el primer piso, detrás de la puerta que está a la derecha del elevador.
—Stiles, Lydia y tú, quédense. Los demás vayan a inspeccionar lo que Derek hizo por nosotros.
Por un momento nadie se movió, Liam miraba a todos sin entender, Kyra no parecía contenta de haber sido excluida e Ethan puso cara de molestia, pero Scott había percibido el miedo subyacente en las palabras de Chris, el ritmo contenido de su corazón, las pupilas dilatadas que hablaban de urgencia, por lo que Scott no se detuvo a considerar si hería susceptibilidades.
—Chicos, por favor —dijo de nuevo, tratando de suavizar el tono lo más posible—, ya hablaremos luego.
Los demás no tuvieron más que hacer que seguir las órdenes del alpha, a fin de cuentas es así cómo funcionaba una manada verdadera, ellos debían confiar en que su líder los mantendría a salvo. Además, estaban Stiles y Lydia, que eran los más inteligentes y Derek, que podría poner en cintura al alpha en caso de ser necesario.
Scott pudo reconocer el descontento mezclado con resignación mientras el resto de la manda avanzaba hacia el elevador, pero sus sentidos se agudizaron cuando se percató de la mirada interesada que Malía le dirigía a Isaac y que éste respondió con su acostumbrada coquetería. Una fría sensación se instaló en su estómago cuando los ojos azules del rubio se detuvieron por demasiado tiempo en los castaños de la chica y por un momento todo lo que pudo sentir fue una ligera molestia. ¿Acaso Isaac no podía hacer otra cosa que flirtear con la primera chica que se le cruzara en frente?
Le sorprendió que el rubio se quedara cuando el último de los chicos cruzó al elevador y éste cerró sus puertas, pero no dijo nada, suponiendo que él ya sabía lo que estaba pasando. Con paso firme se acercó a Chris, que parecía agradecido con que hubiera alejado a la manada mientras ellos hablaban.
—Es un gusto tenerte de regreso ¿Qué va a pasar con Kate? —dijo, tratando de aligerar un poco las cosas.
Ni Chris ni Scott fueron conscientes de la manera en la que Isaac se había acercado poco a poco a donde estaban los otros tres, los miembros más destacados de la manada del chico latino. Isaac miraba directamente a Stiles, que trataba de fingir que no se daba cuenta aunque podía escuchar los pasos del rubio, lentos y titubeantes.
—Hola Stiles —dijo Isaac con la voz un poco contenida.
Stiles giró los ojos para posar la mirada por un segundo en los del rubio, pero luego la apartó de nuevo, como si le hubiese quemado. Isaac se sintió mal por el recibimiento, pero sabía que lo tenía bien merecido por haberse comportado de la forma en que lo hizo. Podía intentar excusarse, afirmar que todo había sido producto del dolor del momento y que todo lo que le había dicho esa noche no era verdad, pero el daño ya estaba hecho. Sólo le quedaba tratar de acercarse poco a poco al humano, ver si podían desarrollar alguna especie de entendimiento mutuo. Cuando Stiles habló, Isaac se sorprendió de lo contenida que sonó su voz, como si intentara fingir que nada había sucedido entre ellos.
—Isaac, me alegro de que hayas vuelto.
—Creo que ya era hora, he estado lejos de mi manda por mucho tiempo —dijo con simplicidad, captando la sonrisa que le dirigió Scott cuando lo escuchó.
Stiles no respondió y ni él ni Isaac fueron conscientes de la mirada que compartieron Lydia y Derek unos segundos antes de que Scott y Chris llegaran para interrumpir el reencuentro de los chicos.
Derek les pidió a todos que se sentaran en la mesa. Isaac lo hizo junto a Chris, que tomó una de las cabeceras y Stiles se sentó junto a Lydia, alejándose lo más posible del rubio y del lobo mayor, pero al latino no le pareció importante que su mejor amigo se sentara al final cuando normalmente era de los que querían siempre estar por delante; Scott se sentó del otro lado de Chris y cuando lo hubo hecho se dirigió al hombre.
—¿Qué es lo que pasa, Chris?
Christopher miró entonces a Derek antes de empezar a soltar su discurso.
—¿Recuerdas al wendigo que mataste hace unas semanas, aquí mismo en tu loft?
Derek le dirigió una mirada fija y por un momento pareció que no iba a hablar, pero se obligó a soltar las palabras que tenía en la boca.
—¿Cómo lo sabes?
—Eso es un sí, entonces —Derek no tenía una buena relación con Argent, simplemente no podía hacerlo, no importaban las treguas a las que habían llegado en algún momento de esa locura adolescente en la que los dos se habían visto envueltos. El punto era que Chris era un cazador y por si fuera poco era el hermano de la mujer que lo había traicionado, que lo había utilizado para asesinar a su familia y era el hijo del hombre que les había declarado guerra sin cuartel, pugnando por destruir a todos los de su raza. Derek no confiaba en Christopher Argent, pero era aliado de su alpha, así que lo toleraría mientras fuera necesario. El lobo no hizo comentario alguno sobre las palabras del cazador, pero asintió, consintiendo en la historia.
—Esa misma noche los Calavera mataron a otra wendigo en el bosque de Beacon Hills.
—La recuerdo —intervino Lydia—. Sentí su muerte, pero decidí no prestarle mucha atención. No supe cómo murió, pero pude sentir el momento en que la muerte la reclamó para sí. Lo curioso es —Lydia se detuvo, con la vista perdida en la pared más lejana— lo curioso es que no puedo dejar de pensar en ella. Algo está sucediendo, algo relacionado con su muerte, pero no sé qué es.
—Araya y su grupo recogieron el cadáver que dejaste aquí, Derek. ¿no te pareció extraño que no estuviera?
—¿Extrañado porque el cuerpo de una criatura sobrenatural desapareciera sin explicación? Para nada
Fue sólo un instante, pero Stiles soltó un resoplido que estaba seguro se habría convertido en una caraca jada si el susodicho no estuviera molesto. Derek sonrió casi imperceptiblemente y Chris le lanzó una mirada asesina.
—El punto es —dijo Chris, en un intento de volver a recuperar la solemnidad que la situación requería— que estos wendigos estaban marcados.
Las caras de todos se volvieron más serias de repente. Scott estaba seguro que un alfiler haría un ruido ensordecedor de ser arrojado contra el piso en ese momento. No estaba seguro de entender las implicaciones de lo que pasaba, nunca había escuchado hablar de una criatura sobrenatural que tuviera alguna clase de marca, pero por suerte no tuvo que ser él el que demostrara su ignorancia en este mundo en el que, seamos sinceros, era todavía muy nuevo.
—¿Qué significa eso? —dijo Lydia que parecía ser la única que estaba enfocada cien por ciento en la explicación del cazador.
—Hay un grupo de criaturas sobrenaturales que se divierte coleccionando a otras criaturas, son muy poderosos y se consideran a sí mismos una especie de ganaderos, que capturan a otros seres y los obligan a trabajar para ellos.
—Brujos —dijo Derek, luego de haber entendido bien lo que estaba sucediendo.
Chris asintió con una cabezada, pero aún había una sombra en sus ojos que Scott no pudo identificar, era como si su preocupación fuera más allá de lo que les estaba diciendo.
—Es una práctica relativamente nueva, los brujos nunca tuvieron esa clase de poder hasta hace algunos cientos de años. Doblegar la voluntad de un ser sobrenatural no es tan fácil como con la de los humanos.
—Un minuto, un minuto —dijo Stiles— ¿me estás diciendo que hay allá afuera tipos que tienen a su propio ejército de seres sobrenaturales?
Scott sintió una corriente eléctrica nada agradable recorriendo su espalda ante tal imagen. por un momento se imaginó Beacon Hills siendo asediado por un grupo de wendigos, berserkes, hombres lobo y quién sabía qué otras cosas, todos esperando el momento en que su manada, los únicos protectores del lugar, se distrajera lo suficiente para abalanzarse sobre ellos y destruirlos.
—No, un brujo no puede controlar a más de una decena de seres sobrenaturales. El poder no es ilimitado, aunque sí es fuerte. La marca que encontramos pertenece a una bruja muy antigua, que ya existía antes de que los cazadores comenzáramos a agruparnos para atrapar a las criaturas sobrenaturales. Su nombre es Marabelle.
—¿Qué tan antigua? —Preguntó Stiles
—Varios cientos de años.
Genial, esto era simplemente genial. Stiles estaba en medio de una crisis sobrenatural, aún no aprendía a controlar sus impulsos y entrenar le estaba resultando difícil, por no mencionar cómo su corazón no se había detenido desde el momento en que salió corriendo del loft cuando había decidido ir a enfrentar a Derek. Encima de todo ahora había una bruja intentando joderles la vida un poco más. A veces odiaba su pueblo con ganas.
Con el rabillo del ojo trató de observar a Derek lo mejor que pudo sin parecer muy obvio. Las palabras que le dijo y más que nada el tono con el que las pronunció le habían dolido, aunque no podía culpar al lobo por haberse hartado de él. Podía entender que Derek tuviera una vida, cosas mucho mejores que hacer con su tiempo que ayudar a un chiquillo hormonal a controlar sus nuevos poderes. Seguramente él ya estaba cansado de hacer de niñera de adolescentes molestos.
Por otro lado, la idea de tener a Isaac merodeando de nuevo no le hacía mucha gracia. Aún recordaba con miedo el momento en que lo vio colarse a su cuarto por la ventana, con los ojos destellando en amarillo, al borde de su propio control para gritarle lo mucho que había jodido su vida. Fue mucho más aterrador que tener a Derek amenazándolo de muerte constantemente, o Peter cuando lo secuestró. Odió con ganas que el chico lo culpara, no porque no lo entendiera sino porque él mismo ya estaba haciéndolo sin ninguna ayuda.
Ahora no sabía cómo iban a salir las cosas, había un nuevo espíritu habitando su cuerpo y cuando el rubio lo descubriera seguramente lo mataría para evitarse otro episodio como el anterior. Mejor no pensar en eso por ahora.
Sus ojos se dirigieron de nuevo hasta donde estaba Derek, quien parecía demasiado afectado por lo que había dicho Chris, aunque no entendía muy bien la razón. Sus brazos estaban tensos y su playera de tirantes dejaba ver los marcados músculos que siempre lo habían caracterizado; el ceño fruncido de esa manera tan particular que lo volvía loco por no poder comprenderlo algunas veces. Derek era hermoso y el pensamiento hizo que Stiles se planteara cuáles eran de hecho sus prioridades. Había una bruja a la que debían derrotar, en eso debía enfocarse. Además sus pensamientos sólo se debían a que era un adolescente con ganas de sexo y Derek estaba bueno. Sin duda era eso.
—¿Marabelle? —dijo Derek — ¿La bruja de los cuentos?
—¿Cuentos? —en su mente, Stiles agradeció que fuera Scott el que hiciera la pregunta que se le vino a la cabeza en cuanto Derek habló. No es que lo temiera sólo no quería tener ningún tipo de contacto con el otro en este momento.
—Mi madre solía contarnos cuentos acerca de una poderosa bruja que había decidido destruir a los hombres lobos. Al final siempre era ahuyentada de alguna manera.
—Supongo que tus ancestros debieron de haber convertido su recuerdo en mito con el paso del tiempo. Lo cierto es que Marabelle estuvo muy activa durante los primeros años en los que apareció, para después replegarse y mandar a sus seguidores a hacer el trabajo con el que comenzó a hacerse conocida.
—¿Qué trabajo?
—Cazar hombres lobo.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de los lobos presentes, por lo menos los que no conocían los datos que Chris estaba lanzando, léase Scott y Derek. Stiles, como siempre que algo captaba su atención, comenzó a cuestionar al cazador.
—¿Es una bruja que además es cazadora?
Chris lo miró directamente por unos segundos. Su mirada azul chocó con la de Stiles en una mueca de reticencia, como si no estuviera seguro de querer compartir más información, o como si tuviera miedo de hacerlo. El cazador soltó un suspiro y luego continuó, aunque pareció que cada palabra le costaba un mundo pronunciarla.
—Marabelle es la fundadora de las agrupaciones de cazadores. Si nosotros existimos es porque ella fue la primera en agruparnos.
—¿Bromeas? ¿Qué interés podría tener una bruja en enseñarles a los humanos cómo cazar criaturas sobrenaturales? ¿no es contraproducente?
—Marabelle ya era demasiado poderosa como para no temer a los humanos que entrenó. Además, tienes que tener en cuenta el contexto en el que apareció, en la Francia de mediados de 1700; en una pequeña comunidad llamada Gévadou.
Derek se movió de manera incómoda en su silla antes de soltar lo que estaba pensando.
—La Bestia de Gévadou —Chris asintió con una seca cabezada.
No hubo necesidad de que Chris explicara a qué se estaba refiriendo, hasta Scott sabía lo que había pasado en Gévadou, formaba parte de la historia de los lobos y de los Argent, así que no había manera de que alguien no lo supiera.
—Con todo el miedo que estaba generando por la Bestia, Marabelle convenció a un grupo de personas de que el monstruo era un hombre lobo y les enseñó lo que necesitaban saber para poder matarlo. Las familias más prominentes entre los cazadores somos descendientes de ese grupo.
—¿Y aún siguen manteniendo el contacto con ella? ¿Sabes por qué razón mandó a esos wendigos a Beacon Hills?
Chris negó con la cabeza.
—Los cazadores dejamos de relacionarnos con Marabelle cuando nos dimos cuenta de las verdaderas intenciones que tenía. Al principio todo estaba bien, los hombres y mujeres aprendían las mejores formas de atrapar criaturas sobrenaturales y comenzaron a ganar reputación por toda Europa, creían que liberaban al mundo de un mal que jamás debió existir. Pero después Marabelle comenzó a dirigir a sus cazadores contra personas inocentes, niños que aún no habían cometido ningún crimen o incluso seres humanos cuyo único pecado fue hacer preguntas de más. El momento en el que la relación se cortó de manera definitiva fue cuando Marabelle masacró a una pequeña familia en la que uno de los hijos había sido mordido. Los padres se opusieron a que los cazadores mataran al niño y lo ocultaron, así que la bruja se deshizo de ellos sin ningún tipo de piedad.
—Cruzó una línea que los demás no estuvieron dispuestos a seguir —dijo Lydia, a lo que Chris asintió.
—Nos dividimos y nos dispersamos por el mundo, jurando que sólo daríamos caza a aquellos lo merecieran. Fue entonces cuando el Código de los cazadores fue establecido. Marabelle siguió su camino, pero reapareció varios años después comandando un séquito de criaturas sobrenaturales que se encargaban de cumplir todas sus órdenes sin chistar. Y cuando los cazamos, comenzamos a ver las marcas que indicaban propiedad, un hechizo que la bruja no sabía cómo realizar cuando los cazadores aún estaban unidos a ella, pero que sin duda aprendió cuando se separaron.
Chris pasó la mirada por toda la mesa, deteniéndose un poco más en Scott. Por mucho tiempo vió al ya no tan adolescente como una piedra en su camino, como un animalito demasiado molesto del que le habría gustado deshacerse, pero que no pudo porque su hija lo tomó como mascota. Ahora ella no estaba y aunque en un principio llegó a culpar a esa panda de niñatos por el asesinato de su hija, lo cierto es que ese sentimiento no le duró mucho tiempo. No cuando decidió semiadoptar a uno de ellos.
Isaac había sido como un vaso de agua fresca luego de una larga caminata bajo un sol implacable. No lo consideraba su hijo, pero la relación que se había formado entre ellos era más intensa que cualquier lazo que haya establecido con otra persona, más allá de su esposa y su hija.
—Ni Araya ni yo sabemos qué es lo que planeó Marabelle al enviar esos wendigos a Beacon Hills, demasiado lejos de donde suele operar la bruja, pero no los dejaremos solos. Por eso estoy de vuelta, para pelear a su lado si es necesario.
Nadie lo dijo en voz alta, pero todos los ahí presentes exudaron gratitud por cada poro de su cuerpo.
Cuando la reunión terminó Stiles trató de alejarse lo más rápido que pudo, primero alejándose hasta un rincón esperando que todos bajaran al primer piso y segundo, cuando ya no quedaba nadie, se escabulló hasta que estuvo bien resguardado en la seguridad de su habitación.
Se sentía bastante cobarde, pero en ese preciso momento no podía estar más tiempo cerca de Isaac o Derek. Aunque le repateara el trasero, se sentía culpable con el rubio y resentido con el mayor.
Por su puesto debió haber previsto que no iba a lograr escabullirse con tanta facilidad, así que cuando escuchó la madera de su ventana ser golpeada al cerrarse ni siquiera tuvo que esforzarse para saber quién era el que se había colado en su cuarto.
—¿Se te ofrece algo? —dijo con la voz más desapegada posible.
Sólo le respondió el silencio, pero ya estaba acostumbrado a eso, con Derek Hale los silencios podían ser demasiado elocuentes.
—¿Pasarás el resto de la tarde viéndome? Te doy permiso de tomar una foto.
—Mi memoria es mejor.
Stiles se giró en su cama para ver al moreno con su mejor mueca sarcástica.
—No sabía que ahora te interesara mirarme, esta mañana no parecía que hubiera suficientes lugares donde poner tu vista para evitar poner tus ojos sobre los míos.
—Esta mañana estaba siendo irracional.
Stiles se rió sin humor.
—Lo siento. No quise decirte todo lo que te dije hace rato, es sólo que…
Derek guardó silencio y Stiles quiso ahorcarlo para obligarlo a continuar hablando. Se había disculpado con él y el adolescente estaba seguro que había sido la primera vez que pasaba en todo el tiempo que llevaban conociéndose, pero lo que de verdad le importaba es que Derek estaba volviendo a actuar de forma amigable con él. Su corazón comenzó a latir con fuerza.
—¿Es sólo qué...?
Trató de animarlo a seguir hablando, pero el hombre lobo bajó la vista con una mueca avergonzada. Parecía un cachorro apaleado y Stiles sintió una extraña mezcla entre pena y ternura.
—Te ayudaré de nuevo, ven a verme cuando estés listo y entonces…
Esta vez no fue él el que dejó de hablar, sino Stiles el que lo interrumpió. El momento en que sus labios se tocaron fue como un hechizo que hizo que todo alrededor de Stiles desapareciera de la faz de la tierra. Sólo estaba él, aferrado a los poderosos brazos que le rodeaban la cintura, y su propia determinación a no cortar el beso, sin importar qué tan mal podría terminar si no lo hacía pronto.
Fue un pequeño instante el que pasó Stiles sobre los labios de Derek, sin mover los suyos, sólo presionando los otros, pero cuando se separó fue como si hubiera pasado toda una vida sin que se diera cuenta. Stiles se dio cuenta que fácilmente podría dejar al mundo girar con tranquilidad si tuviera esos labios sobre los suyos todo el tiempo.
Derek tenía los ojos cerrados, no los había abierto en varios minutos, tiempo en el que Stiles había permanecido callado, esperando el momento en que el hombre lobo se dignara a encararlo de nuevo y romperle la cara por haberse atrevido a besarlo sin su consentimiento.
Cuando Derek abrió los ojos Stiles se dio cuenta de que eran de color azul y una corriente eléctrica recorrió su espina dorsal en menos de un segundo. la mirada que le dirigía el hombre frente a él era tan intensa que Stiles se sentía hipnotizado, incapaz de apartar los ojos a pesar de saber que muy probablemente debería de considerarse hombre muerto. Entonces Derek eliminó la distancia que los separaba, tomó en sus manos el rostro del adolescente y le devolvió el beso. Con la boca abierta, con la lengua del moreno colándose sin permiso en la boca del menor, con las manos aferrando su cuello de una manera tierna pero firme. Cuando Stiles se dió cuenta de lo que estaba sucediendo, sólo pudo entrelazar sus dedos en el cabello del otro, aferrar unos cuantos mechones y rogar a todos los dioses para que no se le escapara de los labios el jadeó menos varonil de su repertorio.
