Cuestiones
Capítulo 11 – Cuestiones de comprensión
─ Bueno, no me esperaba algo como esto. ─ dijo Harry con voz muy suave.
─ La primera vez que me trajo aquí pensé que Severus me estaba jugando una broma. ─ replicó Draco. Harry lo miró con cara de espantada incredulidad. Sonrió y asintió. ─ Sí ya sé, Severus no tiene… no tenía sentido del humor. Yo también quedé desconcertado la primera vez, me tomó varios segundos convencerme de que realmente vivía aquí. ─
Harry había sacado a un Draco extremadamente sorprendido de su celda, bajo el manto de invisibilidad, y había pasado despreocupado por al lado de los guardias que no se percataron de que el prisionero se les estaba yendo. Ambos aparicionaron a un punto algo oculto de la vista de los transeúntes, cercano a Spinner's End. Draco se sentía exultante por el aire fresco y por estar libre, así que estaba con el mejor ánimo y comportándose excelentemente. No obstante sí que protestó por el poco digno atuendo que se veía obligado a usar en público. Harry se puso contento de verlo tan bien y lamentó que la evasión sólo pudiera ser temporaria.
Harry estudió la hilera de casas de la calle, bastante venidas a menos, paredes de ladrillo sucias, ventanas de vidrios rotos o selladas con tablones. Se preguntó si la personalidad desagradable de Snape se había debido en parte a que había vivido aquí. Los olores fétidos que venían del río impregnaban todo y hacían que la atmósfera pareciera aún más desolada y olvidada. Era razonable suponer que vivir en lugar como éste induciría en las personas resentimiento y amargura.
Draco estaba diciendo algo en ese momento. ─ ¿Podemos entrar ya? Ya sé que la guerra terminó, pero me siento expuesto, aquí tan cerca de la casa de Severus. ─ sonaba algo preocupado, pero lo que decía era razonable. Seguramente quedaban todavía algunos mortífagos sueltos y quizá alguno estaba en los alrededores montando guardia.
─ ¿Hay barreras? ─ preguntó Harry mientras cruzaban rápidamente la calle en dirección a la casa.
─ No, si exceptuamos algunos encantamientos para engañar a los muggles. Severus nunca se preocupó de poner defensas aquí. Aparentemente no las consideraba necesarias. Eso sí, vas a tener que usar tu varita para abrir la puerta. Nunca se avino a utilizar cerraduras muggles. ─
Harry asintió y apuntó su varita a la puerta. ─ Alohamora. ─
Cuando la puerta se abrió, los asaltó una bocanada de olor a libros mohosos y encierro. Los dos fruncieron la nariz. ─ Me sorprende que hayas alguna vez aceptado pisar un lugar como éste. ─ dijo Harry.
Draco le espetó. ─ Escúchame, Potter, puedo entender que Severus no te cayera nunca bien, pero me salvó la vida, no voy a permitir que hables mal de él. Era la única persona, el único, en quien podía confiar. ¡Así que, no digas nada contra él! ─
Harry lo observó muy impresionado. ─ Sí que has cambiado, Malfoy. ─
Draco respondió con tono de rezongo. ─ No te queda otra opción cuando tienes que enfrentar la posibilidad de una muerte cierta durante dos años. ¿Vamos a entrar de una vez o nos vamos a quedar parados aquí en el umbral todo el día? ─
Empujaron la puerta y entraron.
─ ¡Oh genial! ─ dijo Harry irónico con un suspiro. Habían entrado en una habitación que tenía todas las paredes cubiertas de libros del suelo hasta el techo. ─ Quizá no va a ser tan difícil como buscar la proverbial aguja en el pajar, pero se le acerca bastante. ─ La habitación era oscura, sin ventanas ni ventilación. La única luz era la provenía de la puerta y se proyectaba en haces polvorientos entre los estantes de las paredes.
─ No habrás pensado que lo iba dejar a plena vista. ─ dijo Draco desdeñoso. ─ Ciertamente no está entre estos. Severus lo debe de haber escondido en algún compartimiento secreto. ─
Las palabras de Draco lo hicieron acordar de algo. ─ Me acuerdo de una vez que Dumbledore me preguntó cuál sería el mejor lugar para esconder algo que uno no quisiera que nadie encuentre. ─ murmuró Harry, un poco para sí, todavía le resultaba un poco difícil hablar de Dumbledore. En esa ocasión estaban hablando del Espejo de Eosed.
Draco lo interrumpió en sus recuerdos. ─ ¿Y…? ─
─ Oh. ─ dijo Harry recorriendo con la vista la habitación. ─ Dijo que el mejor lugar era a la vista de todos, que así pasaría inadvertido porque nadie esperaría algo así. ─ frunció la frente. ─ No hay ninguna otra puerta en este cuarto. ─ agregó. Seguramente ésta no podía ser la única habitación de la casa.
─ Hay puertas escondidas, Potter. ─ replicó Draco caminando en dirección a una de las paredes. ─ Hay tres, una va al comedor, la cocina y áreas de servicio, otra a los dormitorios y al baño y ésta… ─ dijo indicando un sector de la estantería de libros, ─ …va al ático. Tengo el pálpito de que encontraremos el diario allí arriba. ─ Draco pasaba la mano por el lomo de algunos tomos, buscaba algún tipo de pestillo. ─ Snape era muy paranoico como para dejar el diario a la vista. Esto de esconder las puertas es una indicación de eso, ¿no crees? Además, yo estuve aquí en varias oportunidades durante la guerra, el me traía a veces, en esta habitación nunca vi algo que se pareciera a un diario. ─
Para sus adentros Harry pensaba que Draco debía de haberle prestado entonces poca atención a los libros, habría estado más ocupado practicando su flirteo con Snape. Pero Draco había conocido a Snape mucho mejor que él, si el decía que era probable que lo encontraran en el ático, era de esperar que tuviera razón.
Tras unos instantes Draco tocó algo y se oyó el leve chasquido de un mecanismo y se entreabrió una puerta en la pared de libros.
Harry se acercó. ─ ¿No habrá puesto algún tipo de trampa para atrapar a los incautos? ─ aventurose Harry a preguntar. Draco revoleó los ojos.
─ Si no puso barreras alrededor de la casa, ¿qué te hace pensar que se habría molestado en poner trampas en las puertas? ─
─ Yo no daría nada por presupuesto. ─ murmuró Harry, más para sí, pero Draco había escuchado, puesto que giró la cabeza y lo miró por sobre el hombro con mala cara, luego atravesó la puerta con toda confianza.
La puerta daba a un corredor iluminado por globos parpadeantes de luz perpetua, al final del corredor había una escalera de madera, los escalones crujían ominosamente mientras subían, Harry rogó que Draco estuviera en lo cierto y que no disparara alguna trampa al pisar algún gatillo disimulado entre las tablas que pisaban. La escalera terminaba en un pequeño rellano. Había dos puertas cerradas. Draco enfiló hacia la de la izquierda. ─ Ésta es la que usaba para trabajar la mayor parte del tiempo. La otra habitación es un laboratorio de pociones, allí también pasaba bastante tiempo. ─ frunció ligeramente la frente. ─ Allí preparaba en secreto las pociones que usaba para curarme. ─ miró de reojo a Harry que iba siguiendo con atención los cambios de expresión en su cara. ─ Había cosas que supuestamente no tenía que curarme, cosas internas que servirían para recordarme que yo no era nada, ¡cómo si hubiera hecho falta!, él me las curaba igual. ─ suspiró. ─ Se arriesgó mucho por mí, y el saber que había alguien que se seguía preocupando por mí, me hacía muy bien, puesto que eso significaba que yo seguía siendo alguien, que yo le importaba a alguien… ─ la voz de Draco se había ido haciendo cada vez más suave hasta que ya no se escuchaba. Harry volvió ha sentirse lleno de compasión por él.
Se volvió y lo miró. ─ Y ahora estás tú. ─ dijo en voz baja.
Y ahora estoy yo. Pensó Harry como en un eco. La primera vez que Harry se había decidido a hacerle preguntas a Draco no había sentido ninguna preocupación especial, en ese momento no le importaba si Draco terminaba en Azkaban. Ahora, por el contrario, Draco le importaba, ya no podía negarlo. El pensarlo le provocaba un dolor en el pecho y la mirada gris penetrante hacía que su corazón se acelerara y que sus mejillas se encendieran. Era un sentimiento inesperado y desconocido para él hasta ese momento, no sabía bien cómo encararlo. ¿Debía admitirlo y darle la oportunidad a Draco para que se burlara de él como solía hacer? Pero no, Draco había superado eso y Harry también. Además, las acciones son siempre más elocuentes que las palabras, lo que Harry había hecho en los últimos días hablaba claro, Draco y lo que pudiera llegar a pasarle eran importantes para él.
Seguían mirándose en silencio, a Harry eso lo ponía nervioso, pero no podía apartar los ojos. Draco finalmente pestañeó varias veces y apartó la vista, tenía una expresión triste.
Harry señaló la puerta. ─ ¿Entonces esto era como su oficina o algo así? ─
Draco asintió y abrió la puerta. Entraron. Harry lanzó otro suspiro, también aquí todas las paredes estaban cubiertas de libros. ─ Hermione se sentiría en su elemento aquí. ─ dijo. ─ ¿Te molestaría que la invitara a venir para que los viera y los revisara? ─ no sabía muy bien por qué le estaba pidiendo permiso, pero era lo que le parecía correcto hacer.
Draco se encogió de hombros. ─ Yo no soy quién para decir sí o no. Y Severus está muerto, así que para él no constituye diferencia alguna que Granger venga a revisarlos. ─
─ ¿Sabes si tenía familia, alguien a quien le correspondería tener todo esto? ─ se aproximó a un escritorio bastante deteriorado que estaba ubicado en el centro del cuarto.
─ No, me parece que no le quedaban familiares vivos. ─
─ Entonces, dado que tú eras la persona más cercana a él, a ti te corresponde decidir sobre sus cosas. ─
─ Gracias, Harry. ─ dijo Draco parecía gratificado por lo que Harry había dicho. ─ No sé si habrá dejado testamento. ¿Qué pasará con todo esto si no lo hay? ─
─ Tú deberías saberlo mejor que yo. Yo fui criado por muggles, ¿recuerdas? No tengo mayor conocimiento sobre las leyes mágicas, o las tradiciones o nada. ─ Harry se sentó al escritorio y abrió el cajón de más arriba.
─ Ah sí, ¿cómo podría haberme olvidado? ─ dijo Draco con una breve sonrisa. ─ Incluso si dejó un testamento, no creo que me haya dejado esto que se está cayendo a pedazos a mí. Él detestaba este lugar, no creo que le hubiera gustado verme viviendo aquí. Y además, ─ agregó en voz más baja ─ creo que suponía que yo no sobreviviría por mucho tiempo más. ─
─ Draco… ─ Harry se había sobresaltado y se había puesto de pie. Este Draco triste lo perturbaba y le suscitaba intensos deseos de consolarlo. Le hacía desear que volviera el Draco provocador, el de los flirteos. A ese otro Draco sabía cómo manejarlo. Más o menos.
─ No, Harry, está bien. ─ Draco lo interrumpió. ─ Es sólo que es bastante duro estar aquí y… él ya no está… ─ no terminó lo que estaba por decir, se dirigió a una de las paredes cubierta de estanterías de libros. ─ Pero nosotros seguimos aquí y tenemos que encontrar esas pruebas. ─
─ Hay algo más que debes saber, Draco. ─ Harry suspiró y se detuvo a pensar cuánto más podía decirle de lo que estaba pasando. Harry no le había contado hasta ahora nada sobre Coghill, pero tenía derecho a saberlo, si lo iba a sacar todos los días de la celda para traerlo aquí y que lo ayudara a buscar, debía decírselo. Draco también estaría expuesto al peligro de un ataque. Draco lo había estado mirando todo el tiempo esperando que continuara.
─ ¿Y bien? ─ requirió impaciente.
─ Denuncié a los hombres que te pegaron y torturaron. Los castigaron y los transfirieron a otras tareas fuera del Ministerio, seguramente este incidente en sus expedientes significará un serio demérito. ─ empezó a contarle Harry. ─ Coghill, el grandote, considera que yo le arruiné la carrera y ha estado operando clandestinamente tratando de buscar la forma de hacérmelo pagar. ─ Harry había querido de usar un tono despreocupado, pero ahora recordando las cosas que Coghill le había hecho se empezó a enojar y eso se le iba reflejando en la voz.
─ Me ha estado siguiendo, ha hecho correr rumores que aparecieron en la prensa sobre tú y yo, que somos algo más que conocidos de la escuela. Anoche le puso un hechizo a una araña de techo para que se me cayera encima durante el baile. Por eso tenía sangre cuando te fui a ver, saltaron trozos de cristal para todos lados. Cuando más tarde llegué a mi departamento… lo habían asaltado y destruido todo. ─
─ ¿Te está persiguiendo y trató de matarte por lo que hiciste por mí? ─
Harry dio unos pasos y se puso delante del escritorio. ─ Creo que es más porque le arruiné la vida, según dice él, no tiene que ver tanto contigo. ¿Estás bien? ─ Draco se había apoyado contra los libros y se había dejado caer lentamente hasta quedar sentado en el suelo.
Draco asintió. ─ ¿Qué más? ─ la noticia realmente lo había dejado muy impresionado.
Harry le contó lo que estaban haciendo para tratar de conseguir que prohibieran el uso forzado de Veritaserum. Le contó de la visita al hospital con Kingsley y Sully. Y le dijo también que eso que había visto era lo que lo había decidido a sacarlo de la celda, al menos por un tiempo. Le contó lo mal que se había sentido al ver a esas personas que habían sufrido daño mental atadas y por la forma en que las trataban y que él no iba a permitir que algo así le pasara a Draco.
Draco fijó la vista en Harry y lo miró de una forma como si tuviera monos en la cara. ─ ¿Y por qué peregrina razón haces todo esto por mí? ─
─ No es porque seas tú, hubiera hecho lo mismo por cualquier otra persona. Porque es lo que está bien. ─
─ Yo creo que no alcanzas a darte cuenta de lo que has hecho. ─ Draco se puso de pie y caminó hacia él, sonriéndole. Una sonrisa verdadera, que le encendía los ojos y le daba vida a su rostro.
─ ¿Qué es lo que he hecho? ─ preguntó Harry, asombrado de que le voz le saliera tan normal puesto que la sensación de aleteo en el pecho había recomenzado ahora que Draco se le había acercado.
─ Me sobran los dedos de una mano para contar a las personas a las que les importé lo suficiente como para apoyarme y defenderme. ─ empezó a decir Draco y vino a pararse frente a Harry, muy cerca. Harry percibió que se había quedado reteniendo la respiración y que por alguna razón inexplicable la voz de Draco le parecía que sonaba como si viniera de muy lejos.
El dorso de una mano cálida le acarició la mejilla, retrocedió un paso pero no pudo apartar la mirada de los ojos de Draco. ─ Y hay incluso menos que estarían dispuestos a poner en riesgo la vida por mí, Harry. ─
─ Draco… ─ trató de decir pero la voz le salió en un susurro casi inaudible. Indudablemente Draco tenía unos ojos preciosos. Tuvo que tragar saliva de manera ostensible, éste era un terreno nuevo, totalmente desconocido para él. Nunca se le había ocurrido antes que podría llegar a encontrar atractivos rasgos o aspectos de otro hombre, y no sólo atractivos, excitantes también. Draco estaba tan cerca, podía sentir el calor de su cuerpo junto a él y lo estaba mirando como si quisiera besarlo.
Y Harry decidió que se lo iba a permitir.
─ Shhh, Harry. ─ Draco sonaba dulce, le envolvió la mejilla con una mano y deslizó el pulgar lenta, suavemente sobre sus labios. ─ Sólo tú. ─
Esas palabras fueron como un baldazo de agua fría. Demasiado… demasiado parecidas a las del sueño… al único que siempre deseé fue a ti, Harry… El terror que sentía se le había reflejado en el rostro, Draco frunció el ceño, lo miró fijo durante unos instantes y luego una nube cubrió esos ojos que habían lucido tan preciosos unos momentos antes. La expresión del rostro de Draco cambió de pronto, ahora mostraba firme determinación, le tomó la cara con las dos manos y la acercó, muy próxima a la suya.
─ Sólo voy a decir esto una vez, Harry. Y voy a jurar un voto mágico si es que así lo deseas. ─ el tono era de total resolución. Así de cerca no podían ocultarse nada uno del otro, era extrañamente íntimo. Draco continuó, su aliento llenaba de calidez el rostro de Harry. ─ Sé que no me crees cuando digo te encuentro tremendamente atractivo, sé que piensas que es una actuación. ─ Draco le estaba recorriendo la cara con ojos muy tristes, harry sintió que se sonrojaba bajo el escrutinio. Luego los ojos grises se encontraron con los suyos, Harry no podía explicarse por qué no se le ocurría nada que pudiera decir. Draco entonces le soltó la cara y retrocedió unos pasos. ─ No puedo hacer nada para convencerte de lo contrario pero, ya sea que esto sirva de algo o no, te prometo que siempre te diré la verdad. El lo menos que puedo hacer por alguien… ─ pero no completó la oración. ─ Es lo menos que puedo hacer. ─
Harry volvió a respirar, había estado conteniendo el aire hasta ese instante, ya no era el foco de toda esa intensidad, ahora se daba cuenta de que Draco había entendido mal su mirada de terror. Pero no podía explicarle la verdadera razón, era algo tan imposible como traer de vuelta a Snape de entre los muertos para que pudiera exonerar a Draco.
─ Draco, yo… ─ se detuvo. No sabía qué decir. ¿Por qué titubeaba, por qué se sentía tan inseguro? Él no era habitualmente así. Todas las otras veces que habían estado juntos, había podido mostrarse calmo y controlado, pero en este momento… no sabía qué hacer o que decir, y si decía algo le saldría todo confuso… o peor… podría sonar como una invitación.
Lo único de lo que estaba seguro era que Draco se había puesto triste y que él era el que lo había causado.
Finalmente dijo: ─ Creo que tendríamos que empezar a buscar. ─ era mejor que se dedicaran a hacer aquello por lo que habían venido. Este deslumbramiento de Draco… ya se le pasaría. El deslumbramiento era porque Harry en cierta forma lo había salvado cuando había matado a Voldemort y también porque lo había apoyado. Estaba identificando erróneamente gratitud con atracción, eso era todo. Y cuando Draco lo comprendiera más adelante, se odiaría a sí mismo por haber dicho las cosas que había dicho.
oOoOo
El resto del día estuvieron buscando por la habitación. Harry usaba encantamientos de detección sobre las paredes tratando de poner en evidencia algún nicho secreto o entresijo donde pudiera estar escondido el precioso diario. De hecho encontraron un hueco detrás de un grupo de libros, lamentablemente estaba vacío. A medida que pasaba el tiempo fueron perdiendo el entusiasmo y al caer la tarde Harry ya estaba enfermo de tanto libro. Había usado tantos encantamientos que se sentía agotado. Draco había estado hojeando libro tras libro y también estaba exhausto.
Cuando el cuarto empezó a oscurecerse, el estómago de Harry lo hizo acordar de que no habían comido nada en todo el día. Harry se dejó caer en una silla, frustrado. Se dijo que debían mantenerse optimistas, éste era el primer cuarto que revisaban. Se sentía muy cansado y la conversación entre ellos se había tornado forzada desde que Draco había hecho la promesa.
─ Creo que es suficiente por hoy. ─ dijo Harry, Draco estaba volviendo a poner los libros que había sacado en los estantes. ─ Tienes aspecto de que estás por caer en cualquier momento. ─ Como confirmando la aserción, Draco se dejó caer pesadamente en otra silla.
─ No quiero parar, quiero seguir hasta que encontremos ese maldito diario. ─ replicó Draco desafiante, pero se notaba que ya no daba más. ─ Aunque me vendría bien algo de comer. ─ agregó.
Harry asintió. ─ A mí también. ─ se sacó los anteojos y los empezó a limpiar con la remera. Se les había adherido el polvo de los libros. Tenemos dos posibilidades, puedo llamar a Kreacher para que nos traiga algo o podemos ir a un local muggle que seguramente nadie te va a reconocer.
Draco bostezó y se desperezó. Harry, que había vuelto a ponerse los anteojos, tuvo que admitir que hasta algo tan simple como desperezarse, Draco lo hacía con movimientos gráciles. Por alguna razón que no alcanzaba a explicarse se sentía cada vez más cercano a Draco. Y eso, que en algún momento lo hubiera intranquilizado, ahora parecía ya no importarle.
─ Normalmente hubiera aceptado corriendo cualquier oferta para comer en un restaurante, pero no con estas ropas que llevo puestas, Potter. ─ las prendas que le habían quedado chicas a los Weasleys no eran precisamente lo que Draco prefería. Harry estuvo a punto de replicarle, pero Draco lo estaba mirando con expresión cansada y con una comisura ligeramente en alto. Ese proyecto de sonrisa era de las del nuevo tipo, del que venía acompañado de ojos sonrientes, Harry movió ligeramente la cabeza hacia los lados divertido y prefirió no decir nada.
─ Mejor comamos aquí. ─ dijo Draco con tono más serio. Necesitaría de manera urgente una ducha y ropa decente pero mi primera prioridad es comida. Y si de aquí me vas a devolver a la celda del Ministerio, es mejor que vaya con el estómago lleno. Admito que la comida que me dan allí no es precisamente bazofia, pero se le acerca bastante. Nada que ver con lo que cocina la señora Weasley, ¿supongo que no hay posibilidades de conseguir algo de ese guiso exquisito? ─
─ Bueno, entonces llamaré a Kreacher, tú, si quieres puedes tomar una ducha, no creo que Snape hubiera objetado que usaras el baño. ─
─ Quizá sea lo más conveniente, me tendré que quedar con las mismas ropas pero al menos estaré más limpio. ─
─ ¿Y por qué no eliges algo de Snape? ─ sugirió Harry con cautela, posiblemente esta opción no llegara a entusiasmarlo demasiado, pero Draco no estaba en posición como para demasiadas pretensiones.
─ Pues no es mala idea, ─ dijo Draco poniéndose de pie.
─ ¿Alguna preferencia sobre lo que quieres comer? ─ preguntó Harry haciendo otro tanto. ─ Que no sea el guiso de Molly, no creo que fuera a ver con buenos ojos que le estoy dando de comer a un fugitivo. ─
─ No, lo dejo a tu arbitrio. Pero que sea algo liviano. ─ dijo Draco y enfiló hacia la escalera.
─ ¿Nada con salsa muy especiada, entonces? ─ dijo Harry cargándolo y yendo tras él. Era bueno poder hacerle ese tipo de broma y que no terminaran peleando, aunque ninguno de los dos tenía la moral demasiado alta dado el magro resultado de la búsqueda ese día.
─ No, a menos que quieras un bis de la actuación del otro día. ─ dijo Draco dando vuelta la cabeza y mirándolo algo reprobador por encima del hombro. Volvieron a entrar en la sala.
Harry rió. Pero ahí se acordó del mar de brazos y de Draco colgándosele del cuello, no se hubiera atrevido a admitirlo en voz alta, pero le hubiera encantado que se repitiera esa parte. ¿Era posible? ¿Deseaba que Draco volviera a abrazarlo? ¿Que se colgara nuevamente de él como si su vida dependiera de ello? ¿Eran las cosas que Draco decía sobre él ciertas? ¿Que le gustaba la adulación y disfrutaba el culto al héroe? ¿Y esa necesidad de querer salvar siempre a todos no era sino para obtener gratitud? Cristo, en unos pocos días, el jodido Draco Malfoy se las había arreglado para confundirlo como nadie nunca antes.
─ Bueno, me voy a duchar. ─ había encontrado la palanquita que abría la puerta hacia los dormitorios y el baño. ─ Podrías venir conmigo… ─ sugirió con malicia sonriendo. ─ …tú también estás cubierto de polvo. ─
─ Eh… no… mejor paso… gracias… ─ replicó sonrojándose.
Draco suspiró dramáticamente. ─ Oh bueno, no siempre se gana, pero el intento valió la pena… ─ dijo encogiéndose de hombros pero con ojos divertidos.
─ Ve a tomar tu ducha de una buena vez, boludo. ─ lo apremió Harry con fingida mala cara. No podía evitar sentirse halagado, aunque sabía perfectamente que ésa era la especialidad de Draco. Y así y todo le gustaba. Si alguna otra… o algún otro… de sus "fans" le hubiera hecho una propuesta así, seguramente le habría caído mal, pero no viniendo de Draco. Viniendo de Draco le gustaba, y no lo ponía incómodo admitirlo, ya no.
Draco partió hacia la ducha regalándole un pícaro saludo con la mano. Harry se sentó en un sofá de tapizado bastante raído y llamó a Kreacher. Le ordenó que les trajera pollo asado, arroz, verduras hervidas, fruta, yogur, café y jugo, le recomendó además que no le revelara a nadie el lugar donde estaban, Kreacher partió a cumplir con lo que le había mandado. Aprovechó la espera para reflexionar.
Eran tantas las cosas que le habían pasado los últimos días que le resultaba difícil comprenderlas todas. Parecía que todo ocurría en tan rápida sucesión, no alcanzaba a procesar una cosa que ya se veía asaltado por otra. Quizá era mejor así, que no hubiera tenido oportunidad de repensar cada cosa, que se hubiera visto obligado a actuar más por reflejo y por pálpito. Sabía que cuando actuaba por instinto las cosas solían salirle mejor. No siempre le iba del todo bien, pero cuando planificaba de antemano… siempre había algo que ocurría que terminaba desbaratándole el plan y lo dejaba confundido sin saber para qué lado agarrar, y las cosas terminaban saliéndole peor que cuado actuaba sin planificar tanto. Si se manejaba por instinto, en cambio, en general no le iba mal… ¿entonces para qué cambiar?
Se fue distendiendo un poco y empezó a hacer una lista mental. Necesitaba contar con una forma segura de mantenerse en contacto con Hermione, Ron y los gemelos. Sobretodo con los gemelos, ahora que las intenciones de Coghill habían quedado claras. Era de desear que encontraran la forma adecuada de enfrentar ese problema. Podía pasar a ver a Ron y Hermione después de que hubiera devuelto a Draco a su celda. Los encantamientos para disimular que había puesto en la puerta de la celda se desvanecerían pronto y no eran estos momentos para transformarse él mismo en un delincuente buscado por haber ayudado a escapar a un mortífago prisionero. No, eso no era una opción.
Y vuelta a pensar en Draco. Y el sueño. ¿El sueño ponía en evidencia que se sentía atraído por Draco? El papel que él había jugado en el sueño lo avergonzaba y le repugnaba, pero tenía la certeza de que Draco había sufrido cosas mucho peores que ésas. Era razonable pensar que el sueño reflejaba su deseo, más o menos subconsciente, de una interacción sexual entre ellos, pero dado que su propia experiencia en ésa área era mínima o casi inexistente, en el sueño se había plasmado a partir de las situaciones que Draco le había contado. ¿Realmente sonaba razonable esa línea de pensamiento? Parecía más bien una excusa que una razón. No era su deseo abusar sexualmente de Draco… pero esa noche había bebido de más, y estaba muy enojado… y le echaba la culpa a Draco… y si a eso le agregaba una atracción que entonces se obstinaba en negar… todo sumado podría explicar la violencia del sueño…
Harry suspiró. En ese momento llegó Kreacher con la comida, le había puesto encantamientos para que se mantuviera caliente.
En realidad no sabía lo que podía significar el sueño. Tampoco podía comprender bien por qué una parte de él se preocupaba tanto por Draco. La confusión era una constante siempre que pensaba en Draco. Se puso de pie y enfiló hacia el sonido del agua de la ducha para avisarle a Draco que la comida había llegado. Por ahora dejaría de confundirse más, ya pensaría más adelante cuando al menos parte de todo el lío encontrara solución.
El cuarto de Snape no le causó sorpresa. Espartano y algo desvencijado, era más o menos como se lo hubiera imaginado. La cama, muy angosta, estaba en un rincón, contra la pared. El cubrecama era viejo y deshilachado en varios lugares. La almohada era chata, la funda gris, o quizá había sido blanca y estaba mugrienta. Harry arrugó la nariz. Snape había sido un genio en pociones y un participante protagónico en la destrucción de Voldemort pero, al parecer, sus hábitos personales dejaban mucho que desear.
En realidad la vida personal de Snape no era asunto de Harry, se sentía torpe e incómodo en ese cuarto, como si fuera un intruso. Por un instante se lo imaginó entrando de repente y gritándole: ¡Lárgate! con ese tono feroz que usó cuando lo encontró revisando las memorias en el pensieve. Y ya puestos a pensar, no estaría nada mal que Snape apareciera, real o fantasma, le podrían preguntar dónde había escondido el condenado diario.
Fue hasta la puerta del baño y golpeó. ─ Draco, llegó la comida. ─
Draco replicó que ya salía. Cuando dio la vuelta para irse, vio una foto en un gran marco reposando sobre la cómoda. Era una foto de su madre, Harry se quedó mirándola sin llegar a creerlo. ¿Qué hacía una foto de su madre en la cómoda de Snape? Hasta donde Harry sabía, Snape odiaba a Lily Evans… ¿entonces por qué…? Las imágenes del pensieve le volvieron vívidas, Lily tratando de ayudar a Snape, Snape insultándola: ¡Sangresucia! Frunció la frente, ¿se había hecho una idea totalmente equivocada? ¿había habido sentimientos entre su madre y Snape? ¿sería ésa acaso la razón por la que Snape siempre lo había odiado tanto?
Tomó el retrato y sopló el polvo que lo cubría para poder ver la imagen con más claridad. Era obviamente de la escuela, Lily tenía puesto el uniforme de Gryffindor, aparentaba tener catorce o quince años. Harry sonrió triste, el retrato saludaba con la mano y sonreía. Probablemente no sabía quién era, pero Harry quería pensar que sí.
Todavía seguía mirando la imagen cuando Draco salió del baño y se paró junto a él.
─ ¿Es tu madre, no? ─ preguntó en voz baja. Harry asintió. ─ Era muy bonita. ─ agregó. ─ Tienes sus mismos ojos. ─
─ Si tuviera un galeón por cada una de las veces que me dijeron eso, sería millonario. ─ respondió Harry sonriendo. ─ Se volvió hacia Draco. ─ Siempre pensé que él odiaba a mi mamá. ¿Alguna vez la mencionó? ─
─ No demasiado. ─ dijo Draco. ─ Una vez le pregunté por qué tenía este retrato sobre la cómoda. Me contestó que era para recordarle que las cosas no siempre son como aparentan. Yo no sabía que era tu mamá entonces, pero comenté que tenía tus ojos. Me dijo que se habían conocido de chicos. Supuse que habían estado muy relacionados sentimentalmente. ─
Snape la había conocido y en todos esos años nunca la había mencionado, nunca le había ofrecido hablarle de ella. Harry sabía tan poco de su madre y sólo cosas de la época de Hogwarts. Tía Petunia nunca se había dignado a contarle nada de la época anterior. Ojalá hubiera sabido antes sobre Snape y su mamá, quizá el antagonismo entre ellos no hubiera sido tan virulento.
Harry volvió los ojos a la imagen, Lily los había estado observando sonriendo. Levantó una ceja e hizo mohínes de besitos señalándolos a los dos. Harry se sonrojó y casi dejó escapar un ¡mu…á! pero entonces recordó que ella era también una adolescente y que no sabía quiénes eran ellos, les estaba coqueteando. Volvió a ponerla sobre la cómoda, renuente. Le hubiera encantado llevarse el cuadro, pero no era suyo, y además algo le decía que era ahí donde debía estar, en la casa y en el cuarto del héroe que había vivido ahí.
Cuando se volvió de nuevo hacia Draco, notó que sólo llevaba puesto un toallón envuelto alrededor de las caderas. Revoleó los ojos. Draco estaba respondiendo a las provocaciones infantiles del retrato, le estaba tirando besitos. ─ Ve y ponte algo más encima así podemos comer. ─ dijo. ─ Me muero de hambre. ─
Emprendió una pronta retirada hacia la sala, escuchó al salir las risas de Draco y el desafío burlón: ─ Cobarde, cagón. ─
Cuando Draco volvió a la sala estaba completamente vestido con ropajes negros de Snape, el color le sentaba muy bien, pero lo hacían parecer mucho más delgado de lo que ya estaba.
Se sentaron a comer, Draco dejó escapar unas exclamaciones de apreciación. ─ Esto le va a caer mejor a mi estómago. ─ dijo engullendo un trozo de brócoli.
─ Mejor así. ─ dijo Harry y atacó su plato.
Comieron casi sin intercambiar palabras, Draco no comió demasiado. Luego se sentaron en el sofá para tomar el café.
Draco bostezó. ─ Me siento tan lleno. Va a pasar bastante tiempo hasta que me acostumbre de nuevo a una comida completa. ─ su tono cambió y se puso más serio. ─ Y si no encontramos el diario, de poco me va a servir entonces. ─
─ Lo vamos a encontrar. ─ dijo Harry convencido. ─ No nos vamos a dar por vencidos. ─
─ Tienes razón, por supuesto. ─ dijo Draco sonriendo. ─ Tú siempre el optimista, ¿no?
─ Siempre. ─ dijo Harry devolviéndole la sonrisa. La boca de Draco sonreía pero los ojos no, estaban inundados de una gran tristeza. A Harry se le estrujó el corazón. ─ ¡Ánimo, Draco! No te me deprimas. ─ lo que más deseaba era verlo sonreír de nuevo, como Dios manda. Le apoyó distraído una mano consoladora en la rodilla. Draco se lo hizo notar con la mirada.
Harry se sonrojó pero la dejó unos instantes más antes de retirarla.
Draco suspiró. ─ Quizá me merezca todo lo que me va a pasar si no encontramos ese diario Y quizá si lo encontramos terminaremos comprobando que no contiene ninguna prueba, que Snape anotaba ahí sólo la lista de compras. ─
─ ¡Ya basta! ─ lo cortó Harry. ─ Si realmente pensaras que no hay ninguna esperanza te habrías escapado apenas salimos del Ministerio. Pero te quedaste para tratar de encontrar las pruebas de tu inocencia, ¿por qué? ─
Draco se sorprendió por la brusquedad del tono. ─ ¿Por qué no me escapé? Pues porque no podría vivir lejos de tu lado. ─ dijo con intención burlona, pero ante la mirada seria y recriminatoria de Harry reculó y frotándose el puente de la nariz se tomó unos segundos para pensar.
─ No quiero vivir el resto de mi vida siempre mirando por sobre el hombro, temiendo que en cualquier momento me capturen y me encierren en Azkaban. Y viví casi toda mi vida con miedo, Harry. Eso es algo que te debilita. Mi madre decía que cuando yo era chico no le tenía miedo a nada. Me trepaba al árbol más alto y me tiraba desde arriba montando la escoba de juguete. Ella decía que vivía con el corazón en la boca porque yo era tan intrépido y confiado en que no me pasaría nada. ─
─ El miedo cambió todo eso. Empecé a tener miedo de hacer cualquier cosa porque quizá eso no era lo que de mí se esperaba. Empecé a tener miedo de que alguien se diera cuenta de que detrás de todos mis alardes y fanfarronerías yo no valía nada, que era un cobarde. ─ Draco hizo una pausa, Harry permaneció callado, dejó que se tomara su tiempo. ─ Admito que antes, si tú me hubieras dado la oportunidad de escapar, lo hubiera hecho, sin que nada me importara. Pero tú me escuchaste, me trataste con respeto, aunque sé que me odias, o que me odiabas. ─ Se permitió una breve comisura en alto y continuó. ─ Gracias a ti me libré de ese monstruo y de sus deplorables secuaces. Gracias a ti ahora tengo siquiera una pequeña posibilidad de llevar algún día una vida normal. Tú me diste la oportunidad que necesito, la tengo que aprovechar para demostrarles a todos que no soy un cobarde, que realmente valgo. Finalmente, después de muchos años estoy aprendiendo a no permitir que el miedo me domine. Y es gracias a ti. ¿Cómo podría escapar de eso? ─
Harry estaba anonadado por la profundidad de las razones de Draco. ¿Cuánta fortaleza se necesita para sobrevivir intacto a todo lo que a Draco le había tocado soportar? ─ No es por mí, Draco. ─ Harry respondió. ─ Yo no hubiera podido hacer nada si tú no te hubieras decidido antes a pelear por el contrario él ayudándolo a Snape. Y tú no eres un cobarde. ─ le sonrió. ─ Dean Thomas me contó lo que hiciste para salvarle la vida. ─
Draco lo miró sorprendido. ─ ¿Así que te contó? Oh… ─
Harry asintió. ─ Y va a declarar en el juicio en tu defensa. Le salvaste la vida, Draco. Y hay que tener mucho huevo para enfrentársele a Greyback de esa forma. ─
─ Gracias ─ dijo Draco con voz muy suave. Apartó la vista. Harry hubiera jurado que se había sonrojado, pero cuando volvió a mirarlo segundos después no pudo percibir rastros de rubor. ─ Uno tiene que saber cómo manejarlo a Greyback. Era bastante… predecible cuando uno aprendía a conocerlo. Quisiera que le dieras las gracias a Thomas por haber aceptado hablar en mi defensa. ─ las palabras le habían salido entrecortadas, entre suspiros. ─ No sé si merezco este apoyo tuyo y el de tus amigos… ─
Harry lo interrumpió. ─ Todos se merecen una segunda oportunidad. Y apreció mucho que no te hayas escapado. Si lo hubieras hecho habría tenido que perseguirte con hechizos hasta el año que viene. ─
Draco soltó una risa ronca y después suspiró. Se inclinó y apoyo la cabeza en el hombro de Harry. ─ Gracias. ─ susurró. ─ Estoy empezando a pensar que la primera razón que te dije es tan válida como la real. ─
Harry no supo qué contestar a eso.
Pensó que deberían regresar al Ministerio sin más demora, antes de que los hechizos de ilusión de la celda se desvanecieran, pero el peso de la cabeza de Draco sobre su hombro se sentía tan agradable, quizá unos minutos más no causarían mayor daño.
