Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 10-

Jasper

Cuando el camarero nos trajo la cena y el vino, lo primero que hice tras probarlo y darle el visto bueno fue llenar la copa de Alice.

– ¿Estás intentando emborracharme? –preguntó ella con los ojos entrecerrados y con una sonrisita en los labios.

– ¿Tan obvio soy? –bromeé abriendo mucho los ojos.

–Mientras no te pases la noche llenándome la copa, no habrá problema.

–De acuerdo, pues no más vino para ti.

–Recuerda que tienes que conducir.

–Lo tengo muy presente. No te preocupes, cuando nos marchemos los efectos del vino ya habrán desaparecido.

–Está bien, te creeré por esta vez.

–Gracias –le di un sorbo al vino que había en mi copa y lo disfruté en silencio. Estaba delicioso. – ¿Naciste en Holland?

–Sí. He pasado toda mi vida allí.

–¿Y te gusta?

Alice se encogió un poco de hombros.

–No está mal. Supongo que me conformo porque apenas he salido del pueblo, pero lo que sí sé es que lo prefiero a una gran ciudad. El ajetreo, los coches, el estrés y la gran cantidad de gente yendo y viniendo no me atraen. Prefiero la tranquilidad de Holland.

–Sí, te entiendo. Es muy diferente vivir en una gran ciudad o vivir en un pueblo pequeño. Pero si tengo suerte de ver la diferencia por mí mismo, ya te lo comentaré.

– ¿Si tienes suerte?

–Solicité un puesto de trabajo en un colegio de Oklahoma. Si todo va bien y me dan una plaza, es probable que me mude a finales del verano.

–Vaya, así que en Holland solo estás de paso.

–Se podría decir que sí.

– ¿Es un medio para llegar a un fin?

–Yo no lo diría así. Holland fue mi oportunidad para salir de Trinity en un momento en el que realmente lo necesitaba, y no me quejo de los resultados que estoy teniendo. Me gusta el colegio, me gustan mis alumnos y me gustan los amigos que estoy haciendo. Pero si me dan la oportunidad de ir a enseñar a Oklahoma, dudo que rechace la oferta.

–Claro. Oklahoma es una ciudad muchísimo más grande, por tanto tendrá colegios mejores y más grandes, y eso significa más oportunidades para ti. Supongo que si yo fuera tú no rechazaría la oferta.

–Eso sí, primero tienen que darme el trabajo.

Alice asintió.

– ¿Si no te lo dan te quedarás en Holland?

–Es lo más probable. Mi madre está empeñada en que regrese a Trinity, pero no me apetece. Es cierto que echo de menos tener a la familia cerca, pero de momento estoy bien solo.

– ¿Temes enfrentarte a tu pasado si regresas?

–Creo que sí. Pero no es que tema, es que no tengo ganas de enfrentarme a nadie. Ya lo hice en su momento y ya dije e hice todo lo que tenía que decir y hacer. Quedó todo claro para todos los implicados y se acabó.

Alice volvió a asentir en silencio y continuó comiendo su risotto de setas sin decir nada más. No obstante, volvió a hablar al cabo de unos segundos.

– ¿Sabes? Te envidio. Puedes ir adonde quieras sabiendo que puedes solicitar trabajo en el colegio de donde tú elijas.

–Bueno, no es tan sencillo. Yo solicito empleo cuando sé que habrá un puesto vacante, pero últimamente se presentan muchos aspirantes a profesores y he de confesar que me han rechazado muchas veces.

–Comprendo. Pero aún así tú tienes más posibilidades que yo. Si yo ahora perdiera mi empleo en Tuc's no sé lo que haría. Estoy segura de que alguien me daría trabajo, claro, pero no es lo mismo teniendo una carrera. Porque cuando terminé el instituto dejé de estudiar y ahora me arrepiento muchísimo.

– ¿No te gustaba?

–No me entusiasmaba, pero era lista y sacaba buenas notas. Por aquella época ya salía con James, y cuando terminamos el instituto ambos nos fuimos a vivir juntos. Él trabajó como ayudante de mecánico durante aquel verano, aquel otoño y parte del invierno, y pagábamos las facturas con su sueldo y con la ayuda de sus padres.

Se quedó callada durante unos segundos en los que a mí comenzó a picarme la curiosidad por saber qué más sucedió y cuándo comenzó a cambiar tanto su vida.

– ¿Qué pasó después?

Alice me miró a los ojos y respiró hondo.

–Él comenzó a ir a la universidad y yo empecé a buscar trabajo. Lo encontré con la ayuda de su madre, que era la dueña de una tienda de ropa de alta costura en Georgetown.

– ¿Aquí? –pregunté, sorprendido.

–Sí. Cada mañana tenía que coger el autobús para ir y para volver, pero no me importaba. James era feliz y yo también, y eso era lo más importante para mí. El caso es que James empezó a juntarse con personas... alocadas, que bebían y fumaban de todo con tal de pasárselo bien. Él no tardó en viciarse al alcohol y a las drogas, y cuando suspendió la mitad de las asignaturas se enfureció. La única solución que encontró fue dejar la universidad y continuar bebiendo. Por culpa de esa actitud, perdió también su empleo como mecánico y a partir de ahí comenzó a perder el norte. Durante un año y medio aguanté sus rabietas, sus desprecios y sus desplantes hacia mí porque le quería y porque estaba segura de que cambiaría mientras yo continuara demostrándole mi amor. Su madre, sin embargo, me culpaba cada día de que la vida de su hijo se hubiera ido a pique y no dejaba de repetir que merecía el odio de James. Cuando me quedé embarazada y se lo dije a James, me pegó. Nunca lo había hecho. Él me... empujaba y me zarandeaba cuando estaba borracho, pero jamás me había golpeado. Y cuando lo hizo por primera vez supe que lo había perdido para siempre; que el James al que tanto había querido había desaparecido por culpa del alcohol y de las drogas. Recuerdo que me gritó y que me insultó porque me había quedado embarazada, y cuando se hartó de agredirme verbalmente, se largó. Y no volví a saber de él hasta que Matt tuvo un año y medio.

Parpadeé seguidamente, sorprendido, tras haber escuchado la historia entera.

–Pero... ¿y tus padres? ¿Y los padres de James?

–Mis padres se divorciaron cuando yo tenía cuatro años, y mi padre, igual que James, se marchó y jamás volví a saber de él. Mi madre, que nunca me había hecho mucho caso, tomaba pastillas antidepresivas que la atontaban demasiado como para hacerse cargo de mí, y cuando cumplí los dieciocho años dejó de preocuparse por mi bienestar. Ella tenía bastante con que no la molestara. Por ese motivo jamás conté con ella, ni entonces ni ahora. La madre de James se escandalizó cuando supo lo de mi embarazo, y su padre, a pesar de que siempre fue bueno conmigo, simplemente le siguió el juego a su esposa y dejaron de pagarme su parte para el pago de las facturas. A eso añádele que la madre de James me despidió de la tienda, y ya tienes material para escribir un guión para una película.

No tenía palabras. No sabía qué decirle para hacerla sentir mejor.

–Maggie, que por entonces ya era mi amiga –prosiguió. –me consiguió un empleo en Tuc's, donde ella ya trabajaba desde hacía un tiempo. Me ayudó todo lo que pudo al principio y así conseguí sacar adelante la casa y mi embarazo. He de admitir que pasé esos nueve meses bastante hundida, pero cuando nació Matt y lo tuve en brazos por primera vez... me dije a mí misma que no podía arrepentirme de lo sucedido. Es cierto que me costó horrores cuidarle al principio, pero poco a poco fui cogiéndole práctica, y poco o mucho la mayoría de los vecinos me ayudaron cada vez que necesité algo. Eso sí, es cierto que me ayudaban, pero también cotilleaban sobre mí siempre que tenían la ocasión. Por eso ya me da igual lo que puedan llegar a decir sobre mí, porque estoy segura de que ya lo han dicho todo.

–Vaya... me alegro de que te lo tomes con tanta filosofía.

Se encogió de hombros.

–Hablar de ello me va bien, sinceramente. Es como una terapia para mí, porque echo la vista atrás y me doy cuenta de lo que he conseguido.

–La verdad es que es impresionante. Y has de saber que te admiro por ello.

La vi sonrojarse levemente mientras agachaba la cabeza.

–Bueno, no es para tanto...

–Y luego dices que eres aburrida. No entiendo cómo puedes decir eso.

–Apenas salgo nunca a divertirme.

–Tienes un hijo de seis años que te necesita. No eres aburrida, eres una madre atenta y responsable.

–Soy lo que me ha tocado ser. Y que conste que no pretendo hacerme la víctima porque nunca me ha gustado, pero desde que James se fue, y obviando a Maggie, tuve que aprender a valerme por mí misma y creo que lo he conseguido. Y a pesar de todas las dificultades por las que he pasado y estoy pasando, me alegro de haber podido darle a mi hijo todo lo que ha necesitado.

–Y se nota que te quiere muchísimo.

–Eso espero, porque él lo es todo para mí.

Sonreí lentamente y respiré hondo.

–No pretendía hablar de tu ex en nuestra primera cita, y por supuesto tampoco quería hacerte hablar de cosas negativas.

–Oh, no, no te preocupes. No me molesta.

–Aun así hagamos un trato: a partir de ahora olvidémonos por un rato de las cosas malas. Disfrutemos de la compañía del otro, ¿te parece?

–Yo ya la estoy disfrutando –me respondió Alice consiguiendo ponerme nervioso.

–Me alegro, porque yo también –alcé mi copa de vino y esperé hasta que ella entrechocó la suya con la mía.

Salimos del restaurante a las once menos cuarto, y después de volver a discutir con Alice por el tema de quién pagaba la cuenta, le tendí mi brazo de nuevo y ambos nos dirigimos al exterior. Mi acompañante se arrebujó en su abrigo y me sentí mal por lo que estaba a punto de proponerle.

–Sé que hace frío y que es probable que se te estén congelando las piernas con esas medias tan finas, pero... no me apetece regresar aún.

–No te preocupes por mis piernas ni por el frío, porque a mí tampoco me apetece volver todavía. ¿Quieres pasear?

Aquella respuesta me hizo sonreír y, colocando mi mano sobre la suya que descansaba en mi brazo para que no se le enfriara, asentí lentamente.

–Quizá deberíamos entrar en algún bar o algo para que no nos dé una pulmonía.

–Quizá sí.

Caminamos durante un rato sin rumbo fijo hablando de temas triviales hasta que llegamos a un parque iluminado por muchas farolas. Allí había un hombre vendiendo flores que parecía estar muerto de frío, y en cuanto nos vio se acercó como una bala hasta nosotros.

–Oiga, señor, ¿por qué no le compra una flor a su novia? –me preguntó poniendo las flores delante de Alice.

–No es necesario, Jasper –me aclaró ella dándome palmaditas en el brazo.

La miré de reojo y después clavé mi mirada en el vendedor.

– ¿Cuánto vale una?

–Cinco dólares.

Abrí mucho los ojos cuando escuché el precio, pero supuse que el hombre no se marcharía a su casa hasta que no consiguiera venderlas todas a cualquiera que pasara por allí. Por ese motivo, lo único que se me ocurrió decirle fue:

–Déselas todas –musité sacando la cartera del bolsillo de mi abrigo.

– ¿Qué? Jasper, ¿te has vuelto loco? –casi exclamó Alice con los ojos abiertos como platos.

– ¿Todas, señor?

–Sí, ¿cuántas hay?

–Doce.

–¿Doce? Pues serán... sesenta dólares. Tenga.

Le di el dinero al hombre, que le entregó las flores a Alice mientras esta parpadeaba sin dar crédito a lo que veía.

–Pero Jasper... ¿se te ha ido la cabeza?

Asentí en silencio mientras veía al vendedor marcharse sin poder creerse la suerte que había tenido.

–Supongo que lo que quiero es que no olvides nuestra primera cita.

–Y no la voy a olvidar, desde luego. Mira que comprar todas las flores...

Me encogí de hombros y volví a tenderle el brazo, que tomó entre risas y sin soltar las flores.

– ¿No te gustan?

–Son preciosas. Pero creo sinceramente que te has pasado. Y que sepas que, si lo que pretendías era impresionarme, no era necesario que te gastaras tanto dinero.

Aquel comentario me hizo detenerme en medio de la calle y colocarme delante de ella para mirarla a los ojos.

– ¿Y qué tengo que hacer para impresionarte?

Supe que la había puesto nerviosa cuando agachó la cabeza y se mordió el labio inferior.

–No necesito que me impresiones.

–Pero ¿qué tendría que hacer si quisiera impresionarte?

–Pues... no lo sé. Cuando me impresiones te lo diré, pero no creo que sea algo premeditado.

Sonreí lentamente y asentí, dispuesto a buscar esa forma no premeditada para impresionarla.

Era cierto que hacía frío, pero cuando Alice y yo hicimos el camino de vuelta para ir a buscar el coche apenas lo sentí. Conversamos de forma tan animada y divertida que casi no dejé de reírme, y mientras tanto, ambos caminamos medio pegados, pues Alice todavía se encontraba agarrada de mi brazo mientras sostenía todas las flores que le había comprado con la mano libre.

Al llegar al aparcamiento del restaurante ambos nos metimos en el coche, y nada más cerrar las puertas encendí la calefacción. Después miré atentamente mi reloj y me acomodé en el asiento.

–Dame cinco minutos para que se me calienten las manos y después pondremos rumbo a Holland –le pedí mientras las frotaba intensamente para devolverles el calor.

–Vale.

– ¿Ha sido traumático? –le pregunté de repente, desconcertándola.

– ¿Cómo?

–Me refiero a nuestra cita. ¿Ha sido terrible?

Se echó a reír al entender a qué me estaba refiriendo y, con las flores en su regazo, negó con la cabeza.

–En absoluto. Me lo he pasado muy bien.

–Eso significa que... ¿volverás a salir conmigo si te lo pido?

Alice me observó con una ceja alzada y con una leve sonrisa en los labios.

–Esta cita no terminará hasta que me lleves a casa, así que no se adelante usted, caballero.

Sonreí levemente.

–Comprendido. Me portaré bien.

Volvió a sonreír y después se rió entre dientes sin motivo aparente. Me miró y sacudió la cabeza.

–Estoy recordando mi última cita, la que consiguió que se me quitaran las ganas de salir con cualquier otro hombre hasta ahora.

Sentía curiosidad por saber con qué clase de hombres había salido Alice, por lo que no pude evitarlo:

– ¿Qué pasó?

–Fue cosa de Maggie. Hace un par de años conoció a un hombre, Julian, que le pareció estupendo para mí. Él vivía en el pueblo de al lado y vino alguna vez a comer a la cafetería, pero me pidió una cita y por culpa de la insistencia de mi amiga le dije que sí a pesar de que no me gustaba. Era simpático, es cierto, pero me llevó a cenar a una marisquería carísima y que se salía de su presupuesto. Al final tuve que pagar yo gran parte de la cuenta, dejándome en el restaurante una buena parte de mi sueldo mensual. Pero eso no fue todo, sino que después, y por más que le dije que prefería que fuéramos solo amigos, se empeñó en meterme mano hasta que le hice saltar las gafas del bofetón que le di.

Me sorprendió que se riera de la situación, por lo que no me quedó más remedio que dejarme vencer por la risa también.

–No me extraña que se te quitaran las ganas de tener citas. Menudo desastre.

–Y que lo digas. Por eso ya dejo de hacerle caso a Maggie.

–Creo que es la mejor decisión que podrías tomar –miré de nuevo mi reloj y vi que eran las doce. Teníamos tiempo de sobras, pero lo mejor sería regresar ya. –Bueno, volvamos.

Arranqué el coche y nos dirigimos de nuevo hacia el pueblo agradeciendo la calidez que desprendía el calefactor del coche. Alice me habló de algunas citas desastrosas más a las que había acudido, y yo le expliqué aquel caso de la chica con la que llegué a citarme dos veces y que dos veces me plantó.

–Pensaba que se te daban bien las mujeres –comentó ella con una risita cuando aparqué enfrente de su casa.

–Se me dan bien las mujeres, pero esa especialmente no. No sé por qué, pero no se dignó a aparecer en ninguna de las dos ocasiones.

–Pobrecito –respiró hondo y me dedicó una sonrisa. –Bueno, ya estamos aquí.

–Aunque me taches de anticuado, como caballero sureño que soy me siento en el deber de acompañarte hasta tu puerta.

–Oh, como un guardaespaldas.

–Quizá es que el caballero espera recibir un beso por parte de la dama –aventuré, viéndola sonrojarse suavemente.

–También es una posibilidad.

Sin decir nada más salió del coche y yo hice lo mismo, colocándome a su lado hasta que llegamos a su puerta. Discretamente me fijé en que no había ni rastro de Maggie asomada a la ventana cotilleando nuestra despedida, y cuando estuve seguro de que nadie nos espiaba, clavé mi mirada en Alice, que se había parado delante de la puerta.

– ¿Estropearía nuestra cita si te besara? –le pregunté en voz baja.

–Es bastante improbable, así que... pruébalo.

Aquella respuesta consiguió hacerme sonreír, pero dejé de hacerlo cuando coloqué una mano en la mejilla de Alice para acercarla a mí. Nuestros labios se unieron a la vez en un beso suave que consiguió darme escalofríos. Aquello contrastaba totalmente con el calor que invadió mi cuerpo de la cabeza a los pies cuando sentí que Alice posaba su mano libre en mi cintura para acercarme más, como si no quisiera que ese beso terminara nunca. Por eso recorrí sus labios con los míos lentamente al principio y con más ímpetu después, profundizando el beso hasta que mis pulmones se quejaron demandando aire. Sin embargo, todavía alargué aquella caricia un poco más, siendo consciente de que no sabía cuándo podría volver a besarla. Al separarnos me di cuenta de que Alice había cerrado los ojos, por lo que le acaricié suavemente la mejilla y bajé mi mano hasta su mentón.

– ¿Lo he estropeado todo? –susurré, empezando a temer su respuesta.

–En absoluto. Diría que le has puesto la guinda al pastel.

Me reí entre dientes cuando finalmente me permití separarme unos pasos de ella, y me fijé en que algunas flores se habían soltado de su agarre y habían quedado desparramadas por el suelo. Me agaché a recogerlas y cuando las tuve todas en las manos se las entregué.

–Gracias por todo. Me lo he pasado estupendamente.

– ¿Saldrás conmigo de nuevo? –insistí.

Alice sonrió levemente y sacó las llaves de su bolso para abrir la puerta sin contestarme. Con el ceño fruncido la vi entrando en su casa, pero antes de cerrar la puerta, me miró fijamente y me dijo:

–Solo si me prometes que al final volverás a besarme.


¡Hola!

¿Qué? ¿Bonitos o no? Quizá a vosotras no os lo parezca, pero yo me derrito con ellos. Me encanta esa especie de relación"casi adolescente" que tienen ahora, son adorables :3 Pues ya habéis visto que van despacito pero sin detenerse, y está claro que en el capítulo de hoy los dos han dado un paso enorme, tanto individual como conjuntamente, y ya veremos si es para bien o para mal ;)

Espero que os haya gustado mucho el capítulo de hoy (personalmente, es uno de mis favoritos, pero mi opinión no cuenta xD) y espero que me lo digáis con muchos reviews.

Antes de irme quería deciros que Sweetsugarhoney publicó ayer en su Tumblr la canción Stranger de The Rasmus diciendo que le recordaba a este fic, y ahora que acabo de escucharla, la verdad es que le va que ni pintada. Creo que ya tenemos banda sonora para el fic ^-^. No sé cómo te lo haces Lulú, pero siempre acabas poniéndole música a mis historias, ¡muchísimas gracias!

Y sin nada más que decir, me voy ya. ¡Hasta la semana que viene! Xo