¡Mis lectores! :') Ya sé, ya sé u_u Quieren matarme por andar desaparecida tanto tiempo y dejarlos re intrigados con el último capítulo (o eso espero haber hecho jijiji), pero tengo mis excusas, que no son suficientes, pero se las debo. Tuve problemas personales y, justo ahora, ando terminando de mudarme xP estoy super agotada, de hecho, estoy despierta aún para dejarles éste capítulo. Además de eso, les tengo noticias, ¡estoy enamorada! $: Y orgullosa de decirlo *-*. Como sé que pronto estará por aquí leyendo, le dejo un mensajito $: ¡Te amo, mi niño hermoso! *-* Bueno, bueno, ya u.u los dejo que lean tranquilos, abajo nos leemos ;) ¡Disfruten la lectura! Espero que después de tanto tiempo de espera, valga la pena.
Capítulo 11: Planes
— No... — la escuché balbucear, por lo que sabía que Edward también lo había hecho. Se detuvo inmediatamente y ambos fijamos la vista en ella — No... No, no, no... — Fruncí el ceño al notar sus palabras volverse más claras. Algo no me gustaba en cómo iba cambiado su tono al volverse más entendible. — ¡No! — chilló de repente causando que ambos, Edward y yo, diéramos un respingo. En esos momentos llegó Jasper. — ¡Suéltame! ¡Auxilio! ¡No! — Comenzó a forcejear con mi hermano, logrando zafarse hasta caer al suelo y abrazó su cuerpo. Esto no podía estar pasando, no, por favor... Bella no...
Rosalie's P.O.V.
— Lárgate, Newton, no sé dónde está Bella y, aunque supiera, no te diría. — Dije ácidamente, matándolo con la mirada. — Así que pierdes tu tiempo; desaparece de mi vista antes de que te mande al mismísimo infierno con mis propias manos. — Finalicé frunciendo aún más el ceño y apretando mi mandíbula, antes de que pronunciara alguna otra palabra; intenté cerrarle la puerta en la cara, pero me detuvo su pie. No lo golpees, Rosalie, no lo golpees. Respira, mantén la calma. ¿Cómo dijo Esme que era bueno hacerlo? ¿Contando ovejas? No, eso no era. ¡Ah sí! Contando hasta diez. A ver si esta tontería funciona. 1, 2, 3...
— Te recuerdo, Rubia sin cerebro, que Isabella sigue siendo mi novia y tengo derecho a saber su paradero. — Dijo enarcando una ceja de manera y elevando un poco la comisura de sus labios, en una sonrisa desafiante. 4... Ugh, 5, 6, 7... 8... — Y, por cierto, tu no eres capaz de eso ni en tus mejores sueños, muñe... — mi puño impactó fuertemente su mejilla antes de que terminara de hablar, girando su rostro completamente hacia un lado. ¡Al diablo los números! ¡Gracias, mamá, por las clases de boxeo y defensa personal! Estos eran los momentos en que más agradecía que me hubiera obligado a tomarlas.
— ¿Ah no? — pregunté furiosa. — ¿No puedo? — cuestioné mientras me acercaba a él, quien estaba aún sorprendido por el golpe y llevaba su mano derecha su mejilla golpeada. No pude evitar sonreír al notar la marca de mi puño en su mejilla, en un intenso color rosado. — ¿Qué pasó estúpido? ¿Te dolió? — Pregunté divertida mirándolo; no obtuve respuesta. — Uy, ¿te comió la lengua la 'rubia'? — pregunté enarcando una ceja, algo molesta al haber usado el ridículo y poco original sobrenombre que me había puesto el imbécil ese.
— Maldita rubia. — Murmuró con odio antes de abalanzarse hacia mí, por suerte, logré escaparme y esquivarlo justo a tiempo, haciendo que cayera de cara en la entrada de la casa, específicamente en la alfombra que tenía un mensaje de bienvenida. ¡Qué irónico! Justo cuando él es el menos bienvenido aquí.
— ¡Uff! Vaya que eres lento, Newton. — comenté negando con la cabeza, mientras me volteaba a verlo en el suelo. — ¡Oye! Acabo de fijarme... — comencé mientras me acercaba a él y me agachaba a su lado, tomando su cabello con una de mis manos. — ¡Tú también eres rubia! — Dije con fingida emoción, para luego tirar fuertemente de su cabello conforme me levantaba del suelo, obligándolo a él a hacer lo mismo entre quejidos y uno que otro lloriqueo. Qué nenita me salió éste...
— Si fuera "rubia", Bella jamás se habría mudado conmigo y yo no habría disfrutado tanto esas noches entre sus piernas... — dijo sonriendo. ¡Maldito infeliz, ahora sí me las pagas! — ¿Sabes? Era mejor cuando intentaba salvarse, me gusta así, rudo y a la fuerza. — Añadió, y como si fuera poco, el asqueroso me tocó la espalda baja, justo arriba de mi trasero. ¿Qué se cree éste asqueroso que yo soy? ¿La muñeca inflable que lo consuela en la noche o qué diablos? Él se lo había buscado.
— ¿Que te gusta rudo, infeliz? ¡Perfecto! A mí también, así que estás de suerte, ¡seré ruda! — Dije con una aterradora sonrisa en mi rostro segundos antes de estamparlo contra el marco de la puerta, y tal vez rompiéndole la nariz en el proceso, pero increíblemente se rió con eso. ¿Qué es lo gracioso?
Gruñí furiosa al tiempo que cerraba una de mis manos en un puño; tiré de su hombro con la otra, volteándolo para que quedara de frente a mí, y dirigí mi puño rápidamente hacia su estómago con todas mis fuerzas: se fue directo al suelo un segundo después del impacto, por supuesto, además de que comenzó a jadear por aire. Sacudí mis manos, en ademán de quitarles el polvo, al tiempo que hacia una mueca de asco. Miré hacia afuera de la casa, ya que la puerta aún estaba abierta, y puse una mano en mi mentón, poniendo expresión pensativa.
— Te echaría con la basura, pero eso sería sobrevalorarte demasiado. — Dije negando con la cabeza, mientras fingía pensar qué hacer con él. — Pero creo que ya sé que haré contigo, Newton. Caminé hacia afuera, tomé sus piernas (de los tobillos específicamente) y tiré de él, haciendo que se golpeara con la puerta "accidentalmente". — ¡Ups! ¿Está bien la puerta, verdad? — Pregunté sin poder ocultar la sonrisa que se formó en mis labios ante sus quejidos e insultos.
Ingresé a la casa de vuelta y comencé a patearlo hacia afuera, claro que con fuerza, hasta sacarlo por completo. Pero, ¡tenía que ser mi día de suerte! Ya que cuando terminé de sacarlo a patadas, literalmente, quedó en una posición muy cómoda, para mí, para patear a "Mikesito" y esa era una oportunidad que no podía desaprovechar. Éste va por Bella, pensé mientras pateaba su entrepierna con la punta de mis botas de cuero. Se sintió tan bien patearlo...
— ¡Perra! — Chilló como bebita, llevando sus manos a su entrepierna y retorciéndose del dolor, cosa que solo provocó que se ensanchara mi sonrisa.
— ¿Perra? — Pregunté mirándolo, fingiendo no entenderlo. — ¡Ah! Ya entendí, quieres que suelte a mis cachorritas... ¡Claro, ahora mismo! Ya les hacía falta un juguete nuevo. — Comenté sonriendo con fingido agradecimiento. Deberían darme un premio por esto, pensé divertida. — ¡Esme! — Llamé asomándome hacia las escaleras, donde, un minuto después de llamarla, llegó ella. — Suelta a mis chicas, que Newton — dije como si se tratara de algo repulsivo — quiere jugar con ellas. — finalicé sonriente; ella entendió al instante y asintió cubriendo su boca con una de sus manos, para que no se escuchara su risita.
— ¡No! ¡No, no, por favor! ¡Los perros no! — comenzó a chillar Newton en el piso aún y sin quitar las manos de su, supuestamente, adolorida entrepierna. Negué con la cabeza lentamente ante su nueva actitud.
— No quieras exagerar, querido. — dije frunciendo los labios mientras hacía un movimiento con la cabeza, señalando así sus manos en su entrepierna. — Ambos sabemos que los golpes en zonas tan pequeñas de tu cuerpo, no duelen tanto. — comenté manteniendo la expresión seria, pero estuve a punto de estallar en carcajadas ante la cara que puso por mis palabras. Estaba por decir algo, pero los ladridos de mis pequeñas lo interrumpieron, de hecho, lo dejaron helado. Sonreí ampliamente al ver a lo lejos a mis 3 bebés (una pitbull y 2 rottweilers, todas adultas ya) correr hacia Milke a toda velocidad. — Creo que mejor te dejo a solas, para que juegues con ellas más cómodamente, ¿no? ¡Diviértete! — dije ésta última palabra antes de que dijera cualquier cosa y cerré la puerta en su cara rápidamente justo cuando comenzaba a levantarse.
Sonreí para mí misma y me quedé parada detrás de la puerta por un momento, escuchando los gritos de la nena Newton y los ladridos de mis hermosas bebitas. Sentí a alguien acercarse, y giré el rostro por encima de mi hombro, encontrándome con una Esme algo preocupada, ya me imaginaba lo que iba a preguntar...
— ¿Hiciste lo que creo que hiciste? — Preguntó con cierto temor en la voz y pude notar un poco de duda en si preguntar o no; sí, sabía que me preguntaría eso.
— Tranquila, Esme, fue una tontería al lado de lo de Royce; ese infeliz sobrevivirá. — contesté girándome para mirarla y sonreírle suavemente.
— Uff, gracias al cielo, querida. — dijo aliviada en un suspiro, al tiempo que llevaba su mano derecha a su pecho con alivio. No pude evitar carcajearme levemente ante ello.
— ¡Oh, vamos! Se lo merecía, sabes que es así; no castigo a quien no se lo merece. — aseguré pasando una mano por mi cabello de manera un poco arrogante.
— ¿Sabes, Rose? Creo que algún día harán una película de horror con tus "castigos". ¡Dará más miedo que "El exorcista"! — Bromeó abriendo los ojos como platos ante sus propias palabras, para luego reír divertida.
— ¡Pero por supuesto, querida! — dije sonriendo presumidamente, a modo de broma. — De hecho, ya están preparando el guión y buscando los actores, se llamará "La Rosa asesina". — dije de manera teatral, para reír segundos después de decirlo junto con Esme, que también rió.
— Dejemos de lado tu espeluznante película... — dijo divertida, para luego tomar seriedad, la cual tomé yo por igual. — ¿Alice no te ha llamado? — preguntó entrecerrando los ojos levemente.
— Mmm... no. — contesté frunciendo un poco el ceño. — Su última llamada fue ayer en la tarde, para decirme lo de que saldría con Edward, unos amigos de él y Bella a un club, creo. — añadí pensativa. — ¿Qué hora es? — pregunté rápidamente.
— Faltan unos minutos para las 6 de la tarde, querida... — respondió haciendo una pequeña mueca y abrazando su cuerpo levemente.
— Alice no pasa tanto tiempo sin llamar... Y dudo mucho que esté dormida a esta hora. — comencé a pensar en voz alta, frunciendo el ceño más pronunciadamente. — Bella tampoco ha llamado... Edward tampoco... — continué. Comenzaba a preocuparme, ya iban casi 24 horas desde la última vez que había hablado con mi hermana y ella NUNCA tardaba tanto en dar noticias suyas. Algo había pasado seguramente. — La llamaré. — dije mientras comenzaba a caminar rápidamente hacia las escaleras.
— Te acompaño. — dijo Esme detrás de mí, mientras subíamos las escaleras, para luego dirigirnos a mi habitación. Fui directamente a la mesa de noche junto a mi cama, en la cual me senté, tomé mi móvil y lo verifiqué: no habían llamadas perdidas, ni siquiera mensajes, lo que eran indicios de malas noticias. Miré a Esme un momento y luego marqué el número de la duendecilla, esperando con ansias a que contestara, pero nadie contestó. Bufé nerviosa y marqué el número de la casa donde se quedarían ellas con Edward, ya que no me sabía el número de mi hermano de memoria y no lo buscaría ahora.
— Residencia Cullen, ¿quién habla? — me sentí algo extraña al escuchar esa suave voz masculina; definitivamente no era mi hermano el que había contestado, ese no era el tono de su voz, además, Edward no tenía ese leve acento sureño.
— Buenas tardes, soy Rosalie, la herm... — comencé pero fui interrumpida por el hombre que había contestado.
— ¡Oh! Rosalie, lamento decirte que tus hermanos y Bella no están en casa. — Al parecer me conocía, lo que era perfecto, pero no me gustó para nada eso que dijo y menos con el tono poco animado en que lo dijo.
— Mmm... ¿Puedo saber dónde están? Es que no se han comunicado conmigo, como de costumbre hacen, y estoy algo preocupada. — dije suavemente, mirando a Esme, quien me daba una mirada interrogante; le hice una señal con la mano para que esperara un momento.
— Veo que no le han dicho... — comentó en un suspiro, más para sí mismo que para mí. — Están en el hospital... desde anoche. — contestó, dejándome sin palabras e, incluso, sin aire por unos segundos.
— ¿En el hospital? ¿Están en el hospital? ¿Qué pasó? ¿Están bien? ¿Qué sucedió? ¡Contésteme! — Exigí sumamente preocupada mientras me levantaba de un salto de la cama.
— Cálmese, Srta. Cullen. — pidió antes de suspirar nuevamente, cosa que solo aumentó mi preocupación. Esme solo me miraba cuando comencé a caminar de un lado para otro de la habitación, pasando una mano por mi cabello nerviosa.
— No me pida que me calme. — contesté de manera cortante. — Dígame qué sucedió. — exigí nuevamente.
— Mmm... — guardó silencio unos segundos, supongo que buscando la forma de decirme. — A su amiga, Bella... Bueno, a ella...
— ¿Qué pasó con Bella? ¿Ella está bien? — pregunté rápidamente, asustada.
— No sé su estado ahora mismo. — contestó. — Solo sé que un tipo abusó de ella anoche en el club y está con traumas en el hospital. El Dr. Carlisle Stregoni la estaba atendiendo, fue lo último que supe. — explicó con suavidad y con cuidado de cómo lo decía. Conocía de Carlisle, era amigo de mis padres y cuidaba de Edward cuando salía del hospital; era un gran médico.
— ¿Que un tipo abusó de ella? — pregunté casi tartamudeando de la impresión. ¡No puede ser cierto! Solo Bella tiene tan mala suerte...
— Sí... osea, se la llevó al baño y... — no terminó de hablar, solo suspiró.
— Mierda. — fue lo único que salió de mi boca, seguido de un gruñido. — Gracias por la información. ¿Con quién hablé? — pregunté intentando mantener la compostura. Mataré al otro infeliz que abusó de mi, prácticamente, hermana. ¡Me las va a pagar y muy caras! Del imbécil de Newton me encargaré luego, él podía esperar, pero el otro, firmó su sentencia de muerte.
— Jasper Withlock, señorita. — contestó dejando libre su acento sureño, cosa que me hizo sonreír. El chico me caía bien, a pesar de acabar de conocerlo.
— Bueno, Gracias Jasper, probablemente nos veamos pronto. Hasta luego, y si puedes, manténme informada. — me despedí con un tono suave de voz.
— Espero que así sea, Rosalie. Hasta luego. Claro, lo intentaré. De hecho, ahora iré al hospital, luego la llamo si me es posible. Adiós. — se despidió amablemente. Seguramente, ese chico le caía bien a Alice; no necesitaba verlo para sospechar eso.
— Me parece bien, adiós, Jasper. — fueron mis últimas palabras antes de colgar la llamada.
— Dime que no es cierto, Rosalie. — pidió Esme con sus ojos inundados de lágrimas que saldrían de los mismos en cualquier momento. Solo bajé la mirada y suspiré con tristeza. — Ay no, no, mi Bella no. Ay, pobrecita de mi niña. — comenzó a decir Esme entre lágrimas. Todas habíamos visto lo que ella había pasado con el idiota de Newton, y justo cuando lograba escapar, otro infeliz le hacía lo mismo y quien sabe si peor. Esme quería a Bella como si fuera su hija, era quien más sufría con lo que le había pasado a ella. Tomé la decisión en ese mismo instante, al diablo con Newton y la estúpida vigilancia.
— Nos vamos. — murmuré mientras caminaba hacia mi enorme armario, lo abría y buscaba unas cosas dentro. Saqué unas maletas y le dí una a Esme. — Prepara tus cosas, nos vamos con Bella. — le dije sin esperar respuesta; tomé el móvil de nuevo y llamé al aeropuerto más cercano en Phoenix. — Quiero 2 boletos para el primer viaje que salga hacia Washington.
Y, bueno, ¿qué les pareció?
¿Bueno? ¿Malo? ¿Los decepcioné? ¿Les encantó?
¿Qué tal la pelea de Rose con Newton? ¿Es muy agresiva Rose? ¿Exageró o creen que Mike se lo merecía? (personalmente, creo que sí se lo merecía)
Díganme qué tal me quedó con un lindo review, ¿sí? :D Sé que merezco que me castiguen sin ellos, pero por favor :c no sean tan crueles... Incluso, les acepto regaños por abandonarlos así u_u jiji
Bueno, hasta el próximo capítulo :D (que ya lo comencé, con suerte, lo tendré esta misma semana o a principios de la otra)
Kisses, Krys'ells 3
