Capítulo 11: Bella enfermedad.
Su primer día, apenas subió al barco con sus cosas, fue empujada con fuerza por uno de sus nuevos compañeros. Observo a todos esos hombres y mujeres, un grupo de 10 conformado por 6 hombres y 4 mujeres, con ella serían cinco ahora. El que la empujo se giró, su rostro mostraba la molestia de tenerla en ese barco, por la forma en que se vestía y caminaba parecía ser el líder del grupo. Ella dio un paso adelante, con sus manos en la cintura y mirada desafiante; les demostraría que esta chica no era alguien con quien meterse, a menos de que haya una razón de peso.
- Así que eres la famosa Astrid, hemos escuchado de ti, seré sincero contigo, no te quiero en mi grupo.
- Vaya, con solo eso ya me caes bien, me agrada la gente que me dice las cosas de cara y trabas. Lamento que no te agrade, pero yo también tengo algo que decirte, me importa un faen lo que pienses de mí.
"Me pusieron en su equipo, tendrás que aguantar mi presencia ¿Un reto? ¿Una iniciación? ¿Un castigo? ¿Hacerme la vida imposible? Todo eso ya lo sufrí ¿Quieres detalles? ¿O quieres acción?
En todo ese tiempo, en que ese grupo de exploradores, recibía nuevos reclutas, nunca tuvieron uno como la chica que tenían frente a ellos. Fuerte, decidida, valiente y sin temor a demostrar lo que valía, estaban preparados para dar su rito de iniciación, el clásico discurso des motivacional para observar quienes se quedaban y quienes se iban, por lo visto con esta chica no era necesario. Se veía resuelta a defender su posición a lo que viniera, le agradaba, la agradaba a tal punto que incluso pelearía por su mano, pero no podía.
Su grupo se encontraba presente cuando la vieron barrer el lodo con el ex sucesor al puesto de jefe, también escucharon como redujo a un grupo de guardias con las manos atadas, realmente el haber platicado con el jefe sobre quererla en el grupo, no fue una mala decisión. No pudo evitar soltar una carcajada limpia al aire, sus compañeros le siguieron, la tomo de los hombros para elevarla, baya que era pequeña en comparación con sus dos metros y medio de alto, cosa que a ella la tomo desprevenido. En un momento era su peor enemigo y luego, a lo que veía, la persona más comprensible de todo el grupo.
- ¡Me agradas! ¡Realmente encajaras muy bien dentro del grupo! – Al bajarla este revolvió sus cabellos. – Bienvenida a los infunderer frykt, mi nombre es Bjørn, soy el líder del grupo. Los demás los conocerás con el tiempo, en este momento tenemos que partir.
- ¡¿Tan pronto?! – Eso fue raro en ella.
- Tranquila, claro que pronto, tenemos que revisar una nueva ruta al noreste.
- ¿Por qué al noreste?
- En esta ocasión iremos por provisiones a Snæland, el mercader se retrasó por las heladas en el puerto donde también se abastece. Tenemos pieles, ropa, armas y otras cosas más para comerciar.
La sonrisa del gigante era de seguridad, también observo que había algo más, eran un grupo de cajas cubiertas por tela, eran chicas, del tamaño de un gato o una gallina, pero un poco más largas. Se acercó a ellas, tomo la tela, pero no fue necesario, el gruñido delato lo que contenían.
- ¿Los venderán?
- Escuchamos que un grupo de personas están interesadas en ellos, no sabemos exactamente la razón, pero es un ingreso extra. – Era una de las chicas, se acercó a ella para intentar detenerla, pero no fue necesario. - ¿Es cierto?
- ¿Qué cosa?
- ¿Qué te juntabas con el desterrado? – Esa pregunta la tomo desprevenida, aunque fueran solo segundos.
- ¿Algún problema con eso? – La mirada desafiante y sus brazos cruzados eran la clara señal de que no dejaría que nadie se metiera con ella por este tema, jamás.
- No, solo era curiosidad. – Se alejó de ella, ahora sabía ella y esa chica tendrían problemas futuros por su cariño a Hiccup.
Apenas dio un paso el dolor llego fuerte a su vientre, era la segunda vez en esa semana, no había calculado bien su tiempo para esa época del mes. Tomo aire y se irguió nuevamente, no sin antes sentir una mano sobre su hombro, era otra de las chicas.
- Perdón, no pude evitar ver que Gunilda se te acerco.
- Con que así se llama.
- No le hagas mucho caso, es bueno ver que hay una chica más con nosotros.
- Hay que equilibrar las cosas.
- Si, mi nombre es Engla, cualquier cosa que necesites me lo puedes pedir.
- Te lo agradezco, en este momento me gustaría más bien algo para los dolores.
- ¿Dolores? – Astrid señalo su vientre en ese momento, ahí fue cuando la chica lo entendió. – Ya es esa fecha del mes.
- Si, esto me va a acompañar por un rato.
- No te preocupes, tengo algo para eso.
- Te lo agradezco, Engla.
- No hay de que, me gusta ayudar. – La vio ir por un grupo de sacos, de uno de ellos tomo unos sacos chicos y un poco de agua. Al llegar de nuevo con ella, le dio en un vaso de cerámica con el preparado. – Para serte sincera, también estoy en esos días.
Ambas rieron de ese detalle, al menos hasta que escucharon la orden de partir, ambas corrieron a desamarrar el barco del muelle, levantaron el ancla y ayudaron a bajar las velas. Observo como se alejaban de tierra, al igual de que como entraban más y más a mar abierto. Una nueva aventura comenzaba presentarse a ella, una nueva etapa de la vida, la cual le daba nuevas esperanzas de seguir adelante y, tal vez, quizás, encontrarlo con vida.
El comentario la tomó por sorpresa, solo llevaban un mes y medio fuera, pero ella no lo había notado, excepto por Engla y Sigrid, quienes no dejaban de observarla de hace rato.
- ¿Más grandes?
- Si, bueno, eso parecen. – Le dijo Sigrid, una chica de cabello rubio como ella y ojos de color jade, con pequeñas pecas en casi todo su rostro. - ¿No lo crees así Engla?
- Pues, si un poco.
- ¿Un poco? Te aseguro que no es un poco.
- Chicas, vamos ¿Cómo es posible que mi busto creciera en tan solo un mes? Me habría dado cuenta, además tenemos trabajo que hacer. Gerda y Bjørn quieren todo listo para partir, ya nos atrasamos mucho, a trabajar se ha dicho señoritas.
- Si, mamá. – Dijeron ambas al mismo tiempo.
Espero a que se fueran, una vez que sintió y vio que no estuviera nadie presente, corrió lo más que pudo a la letrina más cercana posible. Al llegar soltó inmediatamente todo lo que había desayunado ese día, era mal momento para enfermarse, aunque, por alguna razón, se sentía feliz de escuchar que la llamaran "mamá", que locura. Al salir vio un pasar a Sigurd, quien llevaba un saco de pieles a vender y un trozo de carne seca en mano.
- Sigurd. – El chico miro a todos lados al escuchar su nombre, fue así hasta que recibió un manotazo en su nuca.
- ¿No me ves? Aquí estoy a tu lado. – Estaba sorprendido, era la primera vez que alguien lo trataba de esa manera. – Perdón, te ayudo con eso.
- Si… Si, gracias, Astrid.
La chica tomo el saco y ambos caminaron directo al mercado del pueblo, el chico no dejaba de verla, en cierta manera la estaba molestando.
- ¿Ocurre algo?
- No, nada, solo que… bueno ¿Cómo decirlo?
- ¡Suéltalo ya!
- No me mates – Dijo con sus manos cubriendo su rostro.
- ¡¿Cómo?!
- Es que, bueno, en este mes y medio estas un tanto… rara
- ¿Define rara? – Le dijo con mano en cuchillo por detrás de su espalda, señal de alerta del muchacho para salir corriendo de ese lugar.
- Nada, me voy, hasta luego. – No dio tiempo ni de tomar el saco, lo dejo con ella y ella lo vio correr lo más que podía. - ¡Loca!
La piedra golpeo su hombro y cayó al suelo, un gruñido y tomo el saco, ella se encargaría de vender las pieles.
El mercado estaba a reventar, lograr encontrar un comprador apto para las pieles fue un verdadero reto. El primero quería pagar poco, el siguiente más bien parecía querer estafarla y el último se veía más apropiado, el problema fue que más bien quería robarle las pieles. Logro evitar que se las robaran, debido a que descubrió a su compañero antes de que las tomara el saco, un golpe en la nariz, una patada a la pierna, la espada en el cuello de uno y el hacha en el cuello del otro los hizo pensar las cosas hasta tres veces. Al final una joven le compro las pieles a buen precio, el suficiente y el justo por la calidad que estaba vendiendo. De regreso al barco observo a una señora vendiendo iguanas rostizadas en un palo de madera, por alguna extraña razón le llego el antojo de una, para su sorpresa, y de la señora, se llevó tres y las baño de miel; por lo visto sabían más que bien.
Era la quinta vez que iba al baño en el día, incluso Stoick se estaba comenzando a preocupar, puesto que también sentía que sus dientes estaban más sensibles que antes, sin mencionar que parecía un poco inflamada y últimamente con mucho sueño y cansancio desde que llego de su viaje y valla viaje.
Al principio unos pocos se quejaron de ella por su comportamiento, incluso ella estaba sorprendida sobre eso, pero Stoick no se retractó y la dejo a su cargo; diez días después todo empeoro. Los vómitos terminaron, pero le continuaron nuevas cosas, ahora si notaba su busto más grande y para colmo de males, más sensible ¡Ya nada le quedaba! Stoick le insistía en llamar a Gothi para que la revisara, pero siendo orgullosa como tal, logro convencerlo de no llamarla.
Ahora se encontraba comiendo nuevamente, si, era el sexto gusto que se daba en el día, cosa que llamo la atención de Stoick.
- Astrid, repíteme tus síntomas, por favor.
- ¿Síntomas?
- Si ¿Cuándo comenzó todo?
- Hace tres meses, creo.
- Tres meses, ¿Primero fue un dolor en el vientre?
- Sí, creo que sí.
- ¿Nauseas, mal humos en un momento, alegre en otro, gustos raros?
- Si, todo eso. – Decía con un pedazo de carne seca con miel en la boca.
- Tienes mucha sensibilidad y sientes un tanto sensible tus dientes últimamente, ¿verdad? – De nuevo asintió. ¿Podría ser? – ¿Has vuelto a sangrar?
- ¡¿Perdón?!
- Si ¿has sangrado de nuevo? ¿Cuándo fue la última vez?
- Jefe, ¡eso no se le pregunta a ninguna mujer!
- Espera…Astrid, déjame explicar. – Antes de decir algo la chica ya se había encerrado en su habitación. – ¿Sera posible?
Antes de que algo más saliera de control fue con la anciana, quería estar seguro de todo, no quería hacer un escándalo sin tener las pruebas necesarias.
Estaba estupefacta, asustada y de alguna manera…feliz. Si, estaba feliz ¡Era la mejor noticia de su vida! ¡No podía caer de felicidad! ¡Quería gritarlo a todo el mundo! Pero en ese momento cayo en la cuenta de algo ¿Cómo lo cuidaría? ¿Quién la ayudaría? ¿Qué diría el jefe? Observo a Gothi, a quien después de casi dos meses de soportar manchas, estreñimientos, pecas, bochornos, gases, ritmo acelerado, incremento de bello y ver como su vientre crecía con una línea de su ombligo hasta su intimidad, fue cuando se rindió ante el jefe para que la anciana la viera.
Básicamente no necesito de muchos estudios, al verla supo cuál era el problema de la chica y su enfermedad. Le pidió orinar un poco en un vaso, claro está, le dieron su privacidad a la chica, una vez hecho, la anciana coloco dos gotas de aceite, para su nada sorpresa, estas se juntaron. Con una sonrisa en su rostro le dijo la buena nueva, Astrid se quedó estupefacta en su lugar, no podía escuchar cuando Stoick grito de alegría, sentir cuando Gobber golpeo su hombro lleno de euforia y a Gothi tocar su mano.
El reaccionar llego tarde y ya se hacía mil y un ilusiones al igual que se hacía miles de dudas, pero al ver al grupo de hombres bailar, si ¡bailaban con sonrisa y carcajada en rostros! Eso le quito toda duda sobre lo que pensarían de que ella lo portara en su vientre. Nuevamente Gothi le llamo la atención, al verla al rostro ella dejo que la anciana la consolara, puesto que sabía que era lo que seguía en su vida.
- Tienes miedo, es natural en todas las primerizas.
- También estoy triste. – Eso hizo que los dos hombres la vieran ¿Astrid, con miedo?
- ¿De qué?
- ¿Seré buena madre? ¿Lo are feliz? ¿Lo cuidare correctamente? No tendrá apellido ¿Cómo le afectará eso? Tengo miles de dudas ahora mismo.
- Es el hijo o hija de mi hijo, claro que tendrá apellido. – Observaron al jefe, el cual la tomó de hombros para verla seriamente. – Tome malas decisiones con Hiccup en el pasado, no lo are con su hijo, mi nieto. Desde ahora, tu serás Haddock y tú criatura por venir, también.
- Jefe, gracias, realmente gracias. – Lagrimas salían de su rostro, no le importaban que la vieran en ese estado, puesto que realmente se encontraba más que feliz.
- ¡Qué alegría! ¡Seré abuelo! – La carcajada lleno el lugar, miro a Gobber quien también estaba sonriendo. - ¡Preparen la comida! ¡Llenen los barriles de ale e hidromiel! ¡Llamen a todo el pueblo! ¡Es momento de celebrar! ¡Seré abuelo!
La fiesta duro toda la noche, sus compañeros de grupo la felicitaron, al igual que se ofrecieron para ayudarla en lo que pudieran. Muchos se quejaron, entre ellos Snotlout, puesto que ahora tendría que lidiar con el hijo de su primo, puesto que aun quería que Astrid fuera su esposa, ahora con un niño en camino eso terminaba toda posibilidad. Astrid, en cambio, estaba más que feliz, no podía evitar tener su mano en su vientre, acariciarlo, sonreírle e incluso hablarle. Quería transmitirle toda la felicidad que tenía, quería que su pequeño supiera que ella lo amaba como amaba a su padre; este era, por mucho, el primer momento más feliz de su vida.
- Te juro, te juro, mi pequeño niño, que serás el más alegre, feliz, fuerte y valiente ser de esta tierra, por los dioses, como quisiera que tu padre estuviera presente, estoy segura de que el también no dejaría de amarte.
Los años pasaron, de su vientre nacieron dos pequeños retoños, un niño con el cabello de su madre y los ojos de su padre, al igual que una niña, con los ojos de su madre y el cabello de su padre. El niño se parecía tanto a su padre, que no había duda alguna de quien era hijo, al igual que la niña se parecía en físico; al menos en físico se parecían, sus personalidades, en cambio, eran todo lo contrario.
Zephyr, como fue nombrada, al paso de los años demostrar ser más parecida a su padre, siempre preguntando, curiosa de toda, siempre dibujando, cuestionando e incluso, creando cosas en la forja, tal cual su padre demostró en su tiempo de niño. Nuffink, en cambio, era más a su madre, fuerte, valiente, defensor, quería demostrar sus habilidades tanto con la espada como con el hacha en todo momento, lo cual llevo a Astrid a entrenarlo personalmente. No dudo en querer y apoyar a ambos, su abuelo fue básicamente la figura paterna que necesitaban, puesto que siempre estaba al pendiente de ellos.
Ahora con 16 años cada uno, se encontraban en su primera misión fuera de Berk, exploraban territorio nuevo, al suroeste del archipiélago. Era curioso e irónico al mismo tiempo, Hiccup le había dicho que quería explorar esos mares con ella, ahora lo hacía con sus dos hijos.
Apenas tomaron tierra, crearon su campamento y comenzaron a explorar, fueron atacados. Una columna de fuego callo sobre ellos, los barcos ardían, varios guerreros cayeron con el primer ataque, los restantes tomaron escudos y armas. El aire paso sobre ellos, esparciendo las cenizas de los caídos y de sus navíos sobre ellos. La pesadilla aumento cuando escucharon el rugir, el piso temblar y la enorme figura de ese demonio extender sus alas y rugirles para soltar nuevamente su mortal aliento.
De un solo pasar de su fuego dibujo una línea entre ellos y las tierras a explorar, de entre su sombra y alas, aparecieron más guerreros, todos cubiertos de metal, con escudo y espadas. De la espalda del enorme oscuro dragón, se podía ver una persona, esta le apuntaba con arco y flecha. Al liberar el mortal proyectil, este se incrusto sobre el escudo que coloco frente a ella su hijo, luego otro más lo recibió su casco, evitando un mortal ataque, lo vieron bajar y caminar a ellos, jamás olvidarían esa visión en toda su vida.
Armadura negra, casco del mismo color, la mascareta cubría toda su cara, a su lado otro dragón, color oscuro, más pequeño que el que los ataco, pero que a cuatro patas sobre salía un par de cabezas más que el guerrero. Ambos cruzaron la línea de fuego sin inmutarse, sin duda alguna, una visión de aquel protegía esas tierras y sus pobladores.
Aviso, este sera el último capítulo de esta historia.
Claro está, no lo dejaré así, continuara más adelante con otra saga, la cual ya está en construcción. Nos veremos pronto, espero que les haya gustado mi pequeña historia hasta donde ha llegado. A todos lo que me han dejado review, comentarios de apoyo, seguido de principio a fin y también que han pasado a leer mi pequeño proyecto, gracias.
Mil y un gracias.
