Hello!, pues heme aquí de nuevo con un nuevo capítulo, espero les guste…
Como siempre aclarando, Naruto no me pertenece.
-bla bla bla- diálogos
"bla bla bla " pensamientos
bla bla bla recuerdos/sueños
(bla bla bla) intervenciones mías
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DEJAME SANAR TUS HERIDAS
by
Adi-chan Hyuga
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CAPITULO 11
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EL CEREZO Y LA ORQUIDEA
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En la habitación número 683 del hospital de Konoha un joven se encontraba sentada en una silla de ruedas junto a su cama, su vista se encontraba perdida en una orquídea blanca que reposaba en sus manos, inmersa en sus pensamientos…
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Fuera del hospital, justo frente a él, un árbol daba vista hacia la habitación 683, un hombre sale de su escondite en este, una sonrisa maligna se forma en su rostro al ver a la joven sola, suelta una carcajada y luego desaparece…
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El tiempo seguía transcurriendo en Konoha, los ninjas iban y venían, seguían haciendo misiones, entrenaban, todo seguía su curso natural.
Sin embargo para cierto grupo de ninjas el tiempo no transcurría como quisieran.
Por órdenes de la hokage, habían tenido que volver a sus entrenamientos y misiones rutinarios.
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Sin embargo eso no les impedía que todos los días, aquellos que no estuvieran ocupados, se encontraran a la misma hora en la entrada del hospital.
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Para la hokage y Shizune, que eran las únicas que podían ver a Sakura, no estaban mejor.
La sannin aun no se fiaba que aquel grupo permitiera la paz que por fin habían logrado alcanzar, por lo que aun tenía un pequeño y selecto grupo de shinobis encubierto patrullando cerca del hospital, aun no podía confiarse en que Sakura estaría a salvo.
Sobre todo considerando que todos los días, misteriosamente seguían llegando hasta su habitación una orquídea blanca, los ANBU, aun no habían podido detectar quien era la persona que la dejaba diariamente, sin embargo no había sido capaz de quitárselas, pues era su única distracción, siempre que entraba a su habitación la veía observándolas.
Sabía que no la dejarían tan fácilmente, la razón era simple, si ella que fue quien promovió los tratados de paz moría, los tratados terminarían, los países quedarían nuevamente distanciados.
Si esa era una buena razón para protegerla de cualquier atentado, sin embargo no era la única ni la más importante de ella.
Tsunade no podía perder a Sakura, no otra vez, si la primera fue su culpa, ahora no se permitiría perderla de nuevo...
Además aun seguía luchando porque ella se restableciera, incluso en contra de la misma Sakura que ya no se quería someter a más tratamientos…
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Si así era el cerezo de Konoha, no quería ver a nadie, hacia ya una semana que se negó a seguir recibiendo tratamientos.
Ante tal cosa, la hokage no estando tan de acuerdo había cedido a dejarlos, solo por un tiempo mientras ella se calmaba.
Pero no solo eso, seguía negándose a recibir visitas, en un principio Kakashi era el único que podía ingresar como "tutor" de la joven, sin embargo al paso de las semanas, también pidió se le impidiera el paso, sobre todo considerando que dentro de ese cuarto había cumplido los 18 años.
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Que ironía, en algún momento pensó que al cumplir los 18 años sería feliz, que toda su vida cambiaria, bueno en es ultimo estaban de acuerdo, su vida si había cambiado, pero no era como ella lo esperaba.
Quien se esperaría estar atada a una silla de ruedas, en ser una carga para los demás en dejar atrás todo por lo que había luchado, todo eso, todo lo que trabajo por crecer y superarse como kunoichi, como medic-nin se había ido por el caño, ya nada de nada le servía el reconocimiento que había logrado adquirir en su corta vida, porque ya no podría volver a ser… ser una kunoichi.
Eso era lo que más le dolía, tener que dejar de hacer lo que más amaba.
Nunca antes había valorado como hasta ese momento el poder caminar, el poder correr, el sentir el agua, cuando pasaba por un rio o nadaba, el pasto en sus pies, la calidez del sol sobre ellos, e incluso el cansancio después de sus entrenamientos e incluso el dolor de los golpes recibidos en estos durante peleas en misiones o entrenamientos, hoy más que nunca se daba cuenta de todo eso…
Ahora que no podía caminar, que tenía que ser asistida por Shizune o Tsunade-sama para asearse, que ya no podía saltar de rama en rama, que ya no sentía nada en sus piernas.
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Solo frio y oscuridad la acompañaban, pues aun cuando su habitación estaba iluminada por las lámparas propias del hospital, las ventanas por las cuales en algún momento observaba el pasar del día y las nubes, ahora se encontraban cubierta por unas persianas, solo unos delgados rayos de luz del exterior se filtraban por ellas, las cuales cruzaban la habitación sobre todo en el ocaso, aunque durante el día no llegaba hasta donde la peli rosa reposaba en su cama o en su silla cuando era sentada por la hokage, Shizune o alguna enfermera, no, esos rayos de luz solían llegar hasta el mueble donde reposaban las orquídeas blancas…
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Esa orquídea blanca que a pesar del tiempo y lo distante que le parecía ahora su vida pasada y las visitas de sus amigos, seguían apareciendo día a día en la puerta de su habitación, todos los días, quien fuera la primera persona que entrara a su habitación pudiendo ser, Shizune, Tsunade o personal del hospital, entraban con ella en la mano, la hermosa flor, solo aparecía así día a día, sin saber cómo llegaba ahí y sobre todo quien lo hacía…
Sin embargo eso no impedía su día se fuera en observar las orquídeas que tenia.
Eventualmente las enfermeras, con algo de pena y vergüenza le preguntaban si se podían llevar algunas, aprovechándose y argumentando que ya no había lugar en el mueble, ya que la llegaba cada día, la tenía con ella en el pequeño mueble junto a la cabecera de su cama, y que en ocasiones la tomaba entre sus manos y la mantenía por horas así observándola, cada mañana era sustituida por la orquídea que llegaba a su habitación mientras que la del día anterior pasaba al mueble cerca de la ventana…
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Fuera de esa habitación las cosas para los demás no estaban mejor que para la peli rosa, sobre todo para algunos
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Un joven de cabello castaño amarrado en una coleta alta descansaba todos los días que tenia libre en la azotea del hospital, tan solo con una esperanza, que cada día moría mas, junto con el día que terminaba, justo el momento en el que tenía que volver a casa, donde sus padres lo esperaban…
Y así cada día regresaba, cabizbajo, solo con una esperanza en su cabeza, pues a pesar de ser un gran estratega, desde que su corazón se enamoro dejo de razonar como debía.
Sin darse cuenta, que al pasar por una calle, detrás de un aparador, una sonrisa y una mirada triste, se figuraban en un rostro, así como una pequeña esperanza e ilusión, se pintaban en esos ojos azules, que lo observaban.
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Para cinco hombres más, su vida se había vuelto un tanto vacía, sumamente monótona y aburrida, les hacía falta la chispa de sus vidas.
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Su día comenzaba con ir a entrenar, llegada cierta hora se detenían para comer algo, se retiraban para ducharse y arreglarse, para después encaminarse juntos al hospital, donde con suerte y ese sería el día en el que podrían pasar a ver a la peli rosa.
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Sin embargo al llegar al hospital la situación era la misma que Vivian desde hacia tiempo, no podían pasar mas allá de la recepción, desilusionados y con el ánimo por los suelos, regresaban a un mismo lugar arrastrando sus pies con pesadez.
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Al llegar, todos entraban y se ubicaban en la sala, juntos, donde fotos de varios momentos que pasaron unidos como equipo, no, como familia, que habían compartido, vivido y hoy tanto añoraban de vuelta, los rodeaban intentando que esas fotos les dieran el calor que la peli rosa les daba desde que la conocían y que ahora añoraban más que nunca.
Para ellos la vida sin la peli rosa era vacía completamente, carecía de color, de vida, se podía decir y sumamente fría.
Y es que estaban a tal grado, que no les importaba dejar de lado todo aquello que sentían por la peli rosa con tal de volver el tiempo atrás y verla como antes, verla feliz, sonreír, correr e incluso golpearlos con su fuerza sobrehumana, querían que llenara sus vidas son su simple presencia otra vez.
Sobre todo darían lo que fuera por verla feliz, porque si bien cada uno de ellos la amaba de diferente forma, algunos como un miembro más de la familia, otros como la mujer que era, y es que todos ellos, hombres diferentes que habían sufrido y pasado por diferentes cosas en sus vidas, tenían una cosa en común, una peli rosada cosa en común…
Sakura…
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Decir que los demás estaban mucho mejor que ellos era mentir, los demás integrantes de la generación de la peli rosa estaban casi tan decaídos como los integrantes del equipo Kakashi, ellos tampoco habían logrado verla, en sus caras la desilusión era más que obvia, al igual que la desesperación que compartían todos.
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Un joven se encontraba en la parte más apartada de los terrenos de su clan, un lugar donde casi nadie solía ir, un lugar donde encontró paz y tranquilidad, de aquella época cuando era feliz.
Tras la muerte de su padre, se había convertido en uno de sus mejores refugios para poder expresarse tal y como era, para poder dejar atrás esa mascara de frialdad que lo caracterizaba.
Se encontraba "meditando" en lo que parecía un viejo templo, casi tan antiguo como su mismo clan y por alguna extraña razón olvidado para casi todos, aunque quizás eso se debía a que estaba escondido detrás de una muralla de hecha por la naturaleza* y que él encontró cuando niño, justo antes de ser sellado como miembro del bouke, cuando se le asigno la razón de su vida, hasta ahora, la cual era proteger con su vida, de ser necesario a la heredera del souke, a su prima Hinata.
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Ahora mismo se encontraba en uno de esos momentos, donde su careta había desaparecido, permitiéndose mostrar con su mirada la preocupación y el dolor que lo embargaba desde aquel día en el que la peli rosa fue atacada fuera en su ayuda por ordenes de la hokage, cuando casi muere, desde que sintió sus vidas se unieron por más que un catéter, en la que más que darle su sangre Neji a Sakura, Sakura le dio a Neji una razón para vivir, ella, aun sin saberlo, todo su dolor y preocupación se vio incrementándose desde que no veía a la peli rosa.
Ahora lo sabía, se había enamorado de aquella peli rosa, no sabía bien a bien el momento en el que entro en su corazón, lo único que sabía es no quería que saliera, que quería estar con ella, siempre...
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Sus pensamientos en aquella peli rosa y sus sentimientos hacia ella fueron interrumpidos por una de las pocas personas que conocían su santuario.
-Neji… - pronuncio una voz suave, a su vez sonaba tímida, la cual reconoció inmediatamente por lo cual se puso de pie.
-Hinata… - menciono girando a ver a la persona que le hablaba - …gracias prima - dijo dándole una leve sonrisa y mirada de agradecimiento a la ojiperla, y encomiándose hacia la salida del templo.
-no tienes porque, fue más fácil de lo pensé – le dijo con una sonrisa y siguiéndolo.
Se dirigieron hacia la parte trasera, del templo, sentándose en la orilla observaron un grande y bello jardín.
Uno sumamente cuidado considerando el abandono del templo, había un estanque, que más bien parecía un pequeño lago considerando que un puente lo cruzaba, en el estanque había algunos peces, eso le daba un aire de paz al lugar.
Sin embargo lo que más llamaba la atención eran los arboles de cerezo que había por todo el jardín, cualquiera pensaría que eso no tiene nada de particular, no hasta que se posa la vista en uno de los cerezos, sin duda alguna, el más llamativo del jardín, un cerezo floreciendo, ese cerezo siempre en cualquier época del año, se encontraba floreciendo, lo cual era de lo más extraño, sobre todo para los únicas personas que visitaban ese lugar, aunque después de un tiempo se fueron acostumbrando, aunque eso no quitaba que fuese algo extraño, aunque daba un toque muy hermosos con algunas orquídeas blancas que crecían en algunas partes del tronco del árbol**, era muy bello ver el contraste de las pequeñas y sencillas flores rosas, que no por eso dejaban de ser bellas, con las orquídeas blancas, que eran menos en el árbol y de tamaño un tanto más grande en comparación con las rosas, elegantes y finas, según algunos, pero que juntas se veían como si se complementaran, por algo la naturaleza había seleccionado estuvieran juntos, el destino los quería juntos…
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Mientras en una de las orillas de la aldea, en un área poco poblada y la más humilde, se encontraba un grupo de hombres reunidos en una casucha.
Uno de ellos mordió su pulgar de la mano derecha hasta sangrar comenzó a hacer sellos, al terminar coloco su mano en el piso y una nube de humo apareció en el lugar.
Conforme el humo se dispersaba se pudo ver a un animal en el lugar, en un principio, parecía algo así como un perro o un lobo, sin embargo al disiparse el humo, se pudo ver a una hiena en el lugar.
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Los primos Hyuga se acercaron al cerezo floreciendo, sentándose en una banca que estaba debajo de este, tan solo observando todas las plantas y flores que había en ese jardín, predominando indudablemente las orquídeas blancas sobre de cualquier otra, sin dejar de lado el inusual cerezo que florecía todo el año.
El silencio había permanecido todo el tiempo, era un silencio cómodo, nada pesado, sin embargo había dudas que rondaban en la mente de la joven, y que quería expresar.
Por otro lado el joven había muchas cosas que necesitaba desahogar, sin embargo no sabía cómo expresarlo, por primera vez desde que iba a ese lugar, no podía expresar todo lo que sentía, y no se sentía cómodo con eso sin embargo su prima sabría como ayudarlo, ante esa falta de palabras.
-primo… - dijo primero para atraer la atención de este, cuando supo que la tenia, continuo – no crees que ya es tiempo de que sepa quién le envía las flores?... – le pregunto para intentar desenredar sus dudas y más aun todo lo que podía ver en el rostro de su acompañante aun cuando no le mencionara nada.
-no sé si sea buena idea Hinata – le contesto junto con un suspiro.
-porque no? – las dudas las tenía que disipar, tanto las de ella, como las de él.
-porque no sé como lo vaya a tomar… - le contesto después de meditarlo por unos momentos.
Hinata volteo su mirada hacia su primo, quería ver sus ojos, quería ver lo que ocultaba tras sus palabras y lo logro, pudo ver lo que acongojaba a su primo…
-a que le tienes miedo?... – la pregunta había sido lanzada, ahora solo quedaba esperar la respuesta de su primo.
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De vuelta en las orillas de la aldea, uno de los hombres entregaba un recado al animal.
-necesito que vayas con el jefe, y le digas que prepare todo… solo falta confirmar las cosas continúen como hasta ahora… le entregas esto – le dijo dándole un pergamino al animal, el cual tomo en el hocico, escuchando atentamente el final de las instrucciones, que le daban – en ese pergamino va todo el informe acerca de lo planeado acerca de la Senju… - termino de decirle a animal, el cual solo asintió en señal de entender, para después desaparecer.
Cuando la nueva nube de humo se disipo, los hombres brindaron, pensando en que sus planes serian un éxito y pronto lograrían su cometido…
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*pues para los que en algún momento vieron "the secret garden", es algo similar, la maleza protege el templo, cerrando el paso y dejándolo al olvido.
**Bueno en cuanto a cómo están las orquídeas en el jardín, que puedo decir, en México algunas orquídeas silvestres crecen en los mezquites, bueno en los troncos de árboles, que por cierto se ve muy bello, de ahí la idea de combinar el rosa con el blanco, bueno Sakura y Neji, porque, no lo sé, solo paso por mi mente en algún momento cuando escribía y solo deje a mis manos trabajar sobre el teclado, no sé si lo vuelva a usar más adelante o no, lo pensare mientras.
Por otro lado lo de la hiena, cuando pensaba en que animal usar me acorde de "the lion King" jejejejeje es que la vi un buen de veces de niña y digamos que para hablar de gente no muy buena, se me hizo la especia más indicada.
Antes de que continúe, creen que merezca reviews?, ojala y si, please dejen uno si?...
Y pues por otro lado una disculpa por el retraso a mis historias, he pasado por no muy buenos momentos, pero bueno, tratare de publicar más rápido, aunque no aseguro nada.
Como siempre muchas gracias a quienes leen esta historia, dejan comentarios, la agregan a favoritos y también a mí, mil gracias, espero no caer de su gracia :D
Que estén bien, cuídense mucho y nos leemos pronto. Ciao!...
