Hola, chicas, les vengo a dejar el capi unas horitas antes, espero que lo disfruten, revisarlo me ayudó a distraerme del clima de duelo que está aquí en Brasil por lo de la tragedia con el avión. Si tengo a lectoras colombianas, les agradezco de todo corazón por todo el apoyo que su pueblo le está dando a mi país.

Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo 11 — Conviviendo

POV Edward

Cuando llegué a casa, después de dejar el apartamento de Bella, hablé con mis padres y pronto les di las buenas noches y me dirigí a mi habitación, tenía que revisar algunas informaciones útiles para la reunión con los dueños de la empresa de construcción al día siguiente. Cambié mi ropa por un conjunto chándal y luego encendí mi ordenador y lo primero que vi en la pantalla fue la imagen de la fotografía que le había sacado a Bella y a mi hija. Suspiré y abrí el archivo con mis apuntes y observaciones sobre la empresa, con mucho ahínco logré, tras 15 minutos, concentrarme en las informaciones que tenía delante de mis ojos, la reunión era demasiado importante, ella podría facilitar mi vida laboral si todo saliera como yo esperaba y lográbamos firmar el acuerdo de compra y venta de las acciones, y eso me daría más tranquilidad y tiempo para poder estar con Maddie… sí con Maddie, mi prioridad debía ser mi hija, su madre tan sólo era una distracción, una hermosa distracción, intenté convencerme.

Estudié mis apuntes y escribí un informe sobre Cullen y Meyer proyectos, tenía que mostrarles a los dueños de la constructora Construyendo Sueños las ventajas de una asociación con mi empresa, si el interés por la asociación era mutuo sería más fácil negociar el valor de compra de las acciones. Cuando terminé de escribir y revisar el informe eran las dos de la madrugada, también hice una presentación en PowerPoint con las estadísticas de mi empresa, salvé los archivos en una memoria USB, y como estaba demasiado cansando decidí que imprimiría las copias del informe por la mañana en el despacho de papá. Me dormí en el instante que mi cuerpo tocó el colchón, y probablemente por toda la tensión emocional de los últimos días, más la horas de trabajo, dormí de un tirón hasta la mañana cuando el sonido del despertador me hizo levantarme, eran las ocho y todavía tenía sueño, reuniendo energía me duché, vestí un traje de trabajo, arreglé mi pasta; al bajar fui directo al despacho de mi padre para imprimir las copias del informe. Al entrar en la cocina encontré a mi madre tomando su café sentada una de las banquetas alrededor de la encimera.

— Buenos días, mamá — la saludé, aproximándome para dejar un beso en su mejilla.

— Buenos días, cariño, ¿quiere que te sirva?

— No es necesario, lo hago yo, disfruta de tu café — respondí mientras llenaba una taza con mi propio café — ¿y papá?

— Sigue durmiendo, por la madrugada una de sus pacientes entró en labor de parto y él tuve que ir al hospital, llegó a las cinco de la mañana, gracias a Dios era el tercer hijo y todo se encamino rápido.

Asentí. Desayunamos y luego me despedí de mi madre; eran las nueve cuando cogí su coche y empecé el viaje hacia Port Ángeles, la reunión era a las 10:30, así que podía manejar con tranquilidad hasta la ciudad. La empresa constructora estaba situada en el centro de Port Ángeles, así que a las 10:10 me presenté delante de la secretaria de los presidentes.

— Buenos días, soy el arquitecto Edward Cullen, tengo una reunión con los señores, Lewis — me presenté a la secretaria, que era una señora con la edad muy próxima a la de mi madre.

— Buenos días, señor Cullen. Les avisaré a los señores Lewis que usted ya se encuentra en nuestra oficina. ¿Si desea puedo acompañarlo hasta la sala de reuniones mientras los espera — Preguntó solícita.

— Sí, gracias.

La mujer que era bajita, y tenía una mirada comprensiva se levantó y me acompañó hasta la sala de reunión.

— ¿Desea algo de beber? — Cuestionó antes de salir de la sala.

— Un vaso con agua, se lo agradezco.

Ella asintió y me dejó solo en el lugar. Aproveché para sacar mis apuntes, dejar los informes sobre la mesa y encender mi ordenador portátil.

En pocos minutos la secretaria vuelve a entrar en la sala, tras dar un sutil golpe en la puerta.

— Aquí está su agua, señor Cullen — dijo dejando el vaso sobre la mesa delante de mí —, los señores estarán aquí dentro de cinco minutos.

Le agradecí y ella volvió a dejarme solo. Estaba revisando mis apuntes cuando una pareja entró en la sala, el hombre era moreno y alto igual que la mujer que lo acompañaba.

— Buenos días, señor Cullen — me saludó él, aproximándose y tendiéndome su mano —, soy Garrett Lewis y esta es mi hermana Heide, somos los dueños de Construyendo sueños.

— Es un placer, señor Cullen — me saludó la mujer, tendiéndome su mano.

Tras nos saludarnos nos sentamos en la mesa, los hermanos lado a lado y yo delante de ellos.

— Entonces, señor Cullen, vamos a lo que interesa — empezó la mujer sin hacer rodeos —, está usted interesado en la mitad de las acciones que estoy vendiendo.

— Si, señorita Lewis —, tengo una empresa constructora en Seattle y mi socio y yo creemos que ha llegado el momento de expandir. La empresa de ustedes ya está consolidada en el mercado de esta ciudad, entonces nos parece una opción interesante si empezamos con el apoyo de alguien que ya construyó su nombre en el mercado.

— Igual que su empresa, pues Cullen y Meyer proyectos es la mayor empresa constructora de Seattle.

Sonreí y asentí, ellos también habían hecho la tarea de casa.

— Me gustaría saber el motivo de la venta de parte de las acciones — les pregunté.

— Me voy a casar en tres meses e iré a vivir en Italia con mi marido — me explicó Heide.

— Infelizmente — empezó a decir Garrett —, yo no tengo dinero para comprar su parte, ya que hicimos una gran inversión en la empresa y todavía no puedo retirar lo que invertí.

— Entonces empecemos con la exposición, a ver si llegamos a un acuerdo — les dije.

En la siguiente hora y media fue hecha la exposición de la situación de mercado y financiera de las dos empresas y luego hablamos de las ventajas de unir Construyendo sueños a Cullen y Meyer proyectos. Al final la pareja de hermanos Lewis me dio el precio que estaban pidiendo por las acciones y yo les ofrecí la contrapropuesta de compra que había acordado anteriormente con Benjamín, si ellos aceptasen mi propuesta sólo perderían diez por ciento del valor que me estaban pidiendo. Me parecía difícil que Construyendo sueños recibiera una mejor propuesta por la mitad de sus acciones, dada a la situación financiera del mercado y las prisas que tenía la señorita Lewis de vender sus acciones, mi propuesta era la mejor opción que ellos probablemente ya tuvieron. Nos despedimos y Garrett me dijo que me llamaría el lunes, ya que estábamos en un viernes, para decirme si ellos aceptaban o no mi propuesta.

Dejé la oficina de Construyendo sueños con una buena corazonada sobre la asociación. Era cerca de la una cuando llegué a casa de mis padres, les conté todo a Esme y a Carlisle, que ya estaba despierto tras descansar por su llamada de emergencia durante la madrugada. Mis padres estaban tan optimistas cuanto yo cuando les narré todo lo que se pasó en la reunión, pues Garrett demostró un gran interés en poder unir su empresa con la mayor constructora de Seattle, vi el entusiasmo en sus ojos y en las miradas que intercambiaba con su hermana, tal vez ella no estuviera dispuesta a perder algo de dinero, pero esperaba que su hermano la convenciese de que mi propuesta fue y sin duda seguiría siendo la mejor. Después llamé a Benjamín y nuevamente narré mi reunión, mi amigo se mostró optimista también, y me dijo que si ellos aceptaban el valor que les ofrecimos serían un buenísimo negocio para ambos lados, nos despedimos con la promesa de que yo le avisaría así que obtuviera la respuesta de los hermanos Lewis.

Todavía estaba con mi celular en la mano cuando sentí un deseo irrefrenable de llamar a Bella, era casi las dos y media de la tarde, y me pregunté si ya se hacía tarde para poder invitarla a almorzar.

Su teléfono sonó por muchas veces antes de ella finalmente contestara a la llamada.

— Hola, Edward… — dijo ella con la voz acelerada

— Hola, Bella, si estás ocupada puedo llamarte después.

— No… estaba poniendo la ropa en la lavadora.

— ¿Ya almorzaste?

— Ah… todavía no… Maddie se durmió tiene una hora, así que estaba haciendo algunos quehaceres domésticos.

— Pues si quieres te puedo llevar el almuerzo y aprovechamos para conversar, creo que todavía no lo hicimos…

— Vale, te espero aquí. Pero no necesitas traer la comida, yo tengo lasaña que hice ayer en el congelador, la pondré en el microondas, es suficiente para dos personas.

— O.k. En veinte minutos estaré ahí.

— Te espero.

Cambié mi traje por una camisa azul y un pantalón jeans negro.

— ¿A dónde vas, hijo? — Me preguntó mamá, que estaba sola en la sala, leyendo una revista de decoración en el sofá. Conociéndola como la conocía imaginé que ya estuviera planeando hacer un cuarto para Maddie, o estaba buscando cosas para amueblar mi nuevo apartamento.

— A casa de Bella, hablé por teléfono con ella y nos quedamos para almorzar en su apartamento, tenemos muchas cosas que conversar todavía.

Mi madre me sonrió, aquel tipo de sonrisa que dan todas las madres y que quiere decir que ella sabe de algo que todavía no sabemos nosotros.

— Dale a Bella un abrazo de mi parte, y muchos otros en mi nieta.

— ¿Vas a necesitar a tu coche, mamá? — Le pregunté.

— No, cariño, puedes utilizarlo.

— Así que me sea posible traeré mi coche y te devolveré el tuyo.

— No tengo prisa, raras son las veces que manejo, y además, lo que es mío es tuyo y de tus hermanos.

— Gracias, mamá — le dejé un beso en su mejilla y nos despedimos.

Llegué al edificio en que vivía Bella y como ya tenía las llaves de mi piso, pude dejar el coche de mi madre aparcado en el garaje de éste. Subí por el ascensor del garaje y en pocos minutos estaba delante de la puerta de Bella. Ella abrió la puerta con una sonrisa y con el pelo todavía mojado y una toalla en la mano.

— Hola, Edward, entra por favor — Me saludó ella.

— Hola, Bella — le sonreí al pasar a su lado, recibiendo de lleno su increíble olor.

— Lo siento, pero cuando Maddie está despierta no tengo tiempo para nada más a no ser ella, así que aprovecho cuando ella está dormida para hacer un par de cosas, incluso ducharme. ¿Puedes esperar un rato mientras termino de secarme el pelo?

— Claro, no te preocupes, aprovecharé para echar un vistazo en Maddie.

— O.k. No tardaré mucho.

La vi alejarse y la seguí por el pasillo, entré en la habitación de mi hija mientras ella adentraba en la suya. Maddie dormía tranquilamente, boca arriba, tenía un bracito levantado cerca de su rostro que estaba volcado hacia un lado, de sus labios entreabiertos colgaba un chupete rosa, era la primera vez que la veía con uno de esos.

Debí de quedarme absorto en mi bebé porque lo siguiente que supe es que Bella estaba a mí lado.

— Es un angelito — musitó ella a mi lado.

— Sin duda — le respondí sonriendo. — Nunca la había visto con un chupete — le comenté.

— No lo utilizo siempre, pero vi que sería algo necesario cuando ella empezó a utilizar mi seno como su chupete, tuve suerte pues ni todos los niños lo aceptan, ella se acostumbró rápido, y el secreto está en no utilizarlo si no hay necesidad. Si se utiliza de la manera correcta y si se lo quitamos hasta los dos años de edad no hay problema — me informó en su modo médico pediatra a lo que asentí. — Vamos a almorzar antes de que se despierte, el angelito cuando está despierto requiere atención — bromeó.

Dejamos la habitación de nuestra hija y cuando adentré a la sala vi qué la mesa junto a la barandilla ya estaba lista para nuestra comida, con los platos y los cubiertos puestos.

— Voy a la cocina a buscar la lasaña — me avisó ella.

— ¿Puedo ayudarte en algo? — Le pregunté.

— Puedes traer la ensalada, por favor, está sobre la encimera.

— Claro.

— ¿Qué quieres de beber? Tengo jugo de naranja, coca-cola y cerveza, por mi padre.

— ¿Qué vas a beber tú?

— Jugo de naranja, no puedo beber coca, tampoco cerveza por estar amamantando.

— Entonces te acompaño bebiendo jugo.

Ella sacó la lasaña del microondas y yo cogí la ensalada verde de sobre la encimera, dejamos todo en la mesa de la sala y volvimos a la cocina, yo por los vasos, ella por el jugo.

— Entonces, ¿cómo te fue con la reunión de trabajo que tenías por la mañana? — Me preguntó Bella mientras nos servía la ensalada.

— Creo que bien, si todo sale como espero, mi empresa tendrá una sucursal en Port Ángeles dentro de muy poco tiempo, y yo podré organizar mi traslado hacia aquí lo más pronto que me sea posible.

— Espero que logres resolver todo de la mejor manera, estás haciendo muchos cambios en tu vida para poder estar aquí — me dijo ella.

— Aquí es el único lugar donde podría estar, mi corazón está aquí — le respondí.

Ella me sonrió y vi sus mejillas tintasen de un suave tono rosáceo.

— Maddie tiene una especie de magia que es capaz de ganar el corazón del más huraño de los hombres.

Al oír sus palabras, reflexioné y me di cuenta de que tal vez no estuviera hablando solamente de mi hija y tampoco de mi familia, cuando le dije que mi corazón estaba en aquella ciudad. Aquella mujer que estaba sentada delante de mí, me estaba cautivando con su amor incondicional por mi hija, con su personalidad de niña/mujer, a veces tímida a veces audaz; con su belleza natural, con su mirada profunda y sincera.

— Quiero hablarte sobre mis horarios de visita a Maddie, no quiero invadir tu vida y tu rutina — inserí el tema, dejando mis reflexiones para otro momento.

— No me estorbas, Edward, si eso es lo que te preocupa. Maddie tiene derecho a empezar a establecer lazos con su papá, si quieres y si tienes tiempo puedes venir a verla todas las tardes por vuelta de las tres y media, a esa hora ella ya suele estar despierta de su siesta de la tarde, también puedes salir a pasear con ella o llevarla a casa de tus padres.

— Te agradezco por la sensibilidad y madurez con que vienes tratando esta insólita situación.

— Somos adultos y tenemos que actuar como tal, por el bienestar de nuestra hija.

— Ni toda la gente adulta piensa así, mira lo que me hizo Tanya — le recordé.

— Sabes, quiero creer que si yo me hubiera negado a hacer la adopción de Maddie, ella al final nos hubiera facilitado tu nombre — me reveló su ilusión. — Sé que hay mujeres que por rencor a sus exparejas ven en los hijos de esta relación la manera de vengarse por los problemas que sucedieron durante el tiempo que estuvieron juntos, y algunos hombres también hacen lo mismo, pero como, por lo general, es la madre quien se queda con los hijos, es más corriente que éstas manipulen la situación — empezó a decir Bella mientras cortaba una porción de lasaña para servirme. — Lo malo es que esas personas, sea la madre o el padre, se olvidan del daño emocional y psicológico que infringen a sus propios hijos, todo sólo por poder desquitarse de las heridas que le dejó su ex.

— Es difícil creer que hay gente que por puro egoísmo haga daño a un niño, ¿verdad? — Comenté.

— A veces demasiado difícil — suspiró ella —, me acuerdo de que cuando todavía trabajaba en el hospital de Seattle atendí a una niña de apenas seis años de edad, sus padres se habían separado un mes antes y la niña tenía un cuadro de fiebre emocional por lo de la separación y porque no había visto a su padre desde entonces. — Ella hizo una pausa para beber algo del jugo y luego siguió. — "Mami, quiero mi papi", oí decir la pequeña que estaba sentada sobre el regazo de su madre delante de mí mesa de consulta — empezó a narrarme. — "Tu papá está con su novia, no puede venir a verte, él nos dejó por ella", le contestó la mujer. En ese momento llamé a una enfermera y le pedí para que llevase a la niña al salón de juegos del hospital. Cuando estuve a solas con la madre le expliqué que sería ideal que el padre pudiera visitar a su hija, pues solamente así los síntomas emocionales dejarían de afectar a la salud de la pequeña. Para mi sorpresa, la mujer me dijo que ni siquiera le había comunicado al padre la situación de su hija, que él las había dejado para estar con una otra mujer y que por eso no tenía derecho de estar con la niña, si la quería debería de haber quedado en casa con su familia. Ella también me dijo que él intentó visitarla, pero ella le prohibió su entrada en el edificio. El padre inmediatamente buscó sus derechos ante la justicia, pero mientras no sucedía la audiencia con el juez ella seguía negándole acceso a la niña. Ella se fue a buscar su hija en el salón de juegos y yo me quedé pensando en lo cuánto que mi pequeña paciente todavía iba a sufrir por tener a una madre que no sabía separar las actitudes de un hombre, de las actitudes de un padre — finalizó ella.

— Debe de ser difícil trabajar con niños en algunas situaciones, pues además de tratar la enfermedad, descubres muchas otras cosas que dañan a estos niños — observé, a lo que ella asintió, mientras masticaba un trozo de lasaña.

— Una de las peores cosas, es hacer la revisión de un bebé o de un niño, y percibir rasgos de maltratos y hasta violación — suspiró agitando la cabeza de un lado al otro, tras tragar su comida —, se me pasó dos veces cuando trabajaba en el hospital de Seattle, y durante el tiempo que llevo en el hospital de Forks una vez.

— ¿Qué hiciste? — Indagué, olvidando mi comida.

— Llamé a las autoridades, les entregué mi informe y los niños fueron llevados a casas de acogida, pero te sientes tan impotente ante tamaña crueldad, sabes que estás evitando que nuevos maltratos ocurra, pero no pudiste impedirlo, es difícil lidiar con eso… — asentí, sin encontrar palabras para expresarme. — Ummm, vamos a cambiar de asunto, éste es muy complejo y triste para un almuerzo, cuéntame de tu trabajo — pidió.

Seguimos disfrutando de la comida, sin volver a hablar en temas demasiado complejos, como ella los nombró. Le conté como fue mis años en la universidad, como conocí a Benjamín y como juntos decidimos empezar nuestra propia empresa.

— Gracias por el almuerzo, la lasaña estaba exquisita, se te da muy bien lo de cocinar — la alabé cuando terminé de comer mi segundo trozo de lasaña, ella me había dicho por teléfono que había comida para dos, pero ella comía muy poco, así que no resistí al ver que todavía quedaba algo de comida en el molde refractario.

— Gracias… — musitó sonriendo.

Al terminarnos le ayudé a llevar todo para la cocina, y como eran muy pocas las cosas sucias, ella decidió lavarlas en el fregadero, rápidamente ella lavó todo y yo sequé los utensilios.

— Dijiste por teléfono que querías conversar — empezó Bella, cuando ya habíamos terminado con todo en la cocina y tras echar un vistazo a Maddie nos sentamos en su sofá.

— No sé bien por dónde empezar, nuestra situación es un poco…

— ¿Exótica? — Sugirió.

— Sí, exótica, está bien. Sé que te llevaste un gran susto al enterarte de mi existencia en la vida de Maddie, bueno, apenas nos conocemos y vamos a tener que criar a una niña, no sé si te va a parecer buena idea, pero creo que deberíamos intentar conocernos, ser amigos… tenemos que estar de acuerdo en muchas decisiones sobre la vida de nuestra hija. ¿Qué te parece?

— Si te soy sincera, ya había pensado en eso, es imposible que sin conocernos, sin conocer nuestros principios, nuestras ideas logremos educar a Maddie de una manera equilibrada. Creo que… que además de estrechar lazos con tu hija, tendrás que estrechar lazos con su madre.

— Con mucho gustó — acepté.

Ella al comprender el sentido con que sus palabras podían ser interpretadas se puso visiblemente roja y apartó su mirada de la mía, fingiendo arreglar un cojín mal posicionado del sofá. Por Dios, qué mujer, en un momento es tan segura de sí misma y hasta atrevida, como lo fue ayer en la cafetería y en el bufete del señor Volturi y en el otro se avergüenza como una niña.

— Entonces — seguí como si no pasara nada —, creo que deberíamos empezar a conocernos mejor, ya sé que te gusta la música clásica, como a mí, ¿qué tipo de literatura además de la de tu área de trabajo te gusta leer?

Ella pareció relajarse con mi pregunta y volvió a mirarme.

— Básicamente literatura clásica, Jane Austen, las hermanas Brontë, pero también me gustan las novelas y cuentos de Agatha Christie, los libros de Sidney Sheldon, de Marian Keyes, como puedes percibir leo de todo un poco. Y a ti, ¿qué te gusta leer?

— Igual que a ti, también me gusta leer algunos clásicos, las hermanas Brontë, Shakespeare, Edgar Alan Poe, Victor Hugo, algo más contemporáneo como Jack Kerouac y Sidney Sheldon también.

— Tenemos gustos eclécticos.

— Sí — estuve de acuerdo —, ¿cuál es tu tipo de película favorita?

— Soy muy ecléctica con eso también y todo depende de mi humor, hay días en que deseo ver una peli romántica, en otros algo histórico para reflexionar, a veces alguna comedia romántica, también películas basadas en libros clásicos, como Orgullo y Prejuicio, Jane Eyre, Los Miserables. ¿Y a ti?

— Películas clásicas, históricas, algo de suspenso. ¿Tus flores favoritas?

— Los tulipanes. ¿Y las tuyas?

— Las orquídeas. ¿Tu color favorito?

— El verde… — dijo mirándome a los ojos —, antes era el azul, pero los ojos de Maddie son verdes. ¿El tuyo? — Indagó.

— Marrón… — dije mirando sus ojos chocolates.

— ¿Marrón? — Extrañó ella.

— El marrón es cálido.

Ella asintió, sin añadir nada más.

— ¿Prefieres dulce o salado? — Seguí preguntando.

— Dulce — respondió y una gran sonrisa se dibujó en sus los labios.

— ¿Tú?

— Un poco de cada.

— Eso no es una respuesta, a la gente le gusta a uno u otro — objetó ella.

— Es que yo prefiero el equilibrio, así no me harto de comer solamente un tipo de sabor — le expliqué.

— Eres raro — sonrió, lo que me hizo sonreír con ella.

— De vacaciones, ¿te vas a la playa o al campo?

— A la playa, Forks ya se parece mucho con el campo. ¿Tú?

— Playa también. Ya qué estamos hablando de eso, ¿con qué edad podemos llevar Maddie a la playa.

— Después de los seis meses — me respondió.

— Haremos planes para entonces, podemos planear un viaje con mi familia, a Ethan le encantará correr por la arena — le sonreí.

— Claro, a Maddie y a él les encantará estar con tu familia jugando en la playa.

— Nuestra familia — le corregí —, mis padres y hermanos te quieren mucho, antes ellos ya te consideraban como un nuevo miembro del clan Cullen, ahora además del afecto recíproco, tú eres la madre de su nieta y sobrina, así que oficialmente eres de la familia.

Ella me dio una hermosa sonrisa y pude ver el brillo de algunas lágrimas retenidas en sus ojos.

— Gracias… fuimos solamente Charlie y yo, y siempre quise tener una casa con hermanos y primos, ustedes, aunque muchos años después, hicieron realidad a mi sueño de niña, y lo mejor es saber que nuestra hija tendrá todo lo que yo no pude tener — el hecho de crecer sin una madre marcó de por vida a Bella, eso era evidente en su preocupación de poder dar a Maddie la familia que ella no pudo tener.

Mi teléfono empezó a sonar en este momento.

— ¿No vas a contestar? — Cuestionó Bella al ver como tardaba en tomar el aparato que estaba sobre su mesilla de centro.

— Sí…. — le dije saliendo de mis cavilaciones.

Tomé mi celular y vi que la llamada era de la oficina del abogado. La contesté y era el propio Aro Volturi.

— Señor Cullen, utilizando mis conocimientos logré adelantar un poco los trámites legales, y un juez amigo mío solicitó la prueba de ADN, que podrá ser realizada el martes de la próxima semana. Por correo electrónico le pasaré los datos, sobre el hospital y el horario en que usted, la niña y la señorita Swan deben de comparecer para hacer la colecta del material.

— Gracia por la prontitud, señor Volturi. Cuanto antes estos análisis fueren hechos más pronto resolveremos esas cuestiones legales para seguir con nuestras vidas — le agradecí.

— Sólo hago bien mi trabajo, señor Cullen, recibo bastante bien para eso.

— Sí, es verdad.

— Voy a comunicar a la señorita Swan ahora…

— No es necesario, estoy con ella, y se lo diré — lo corté.

— Vale, cualquier cosa vuelvo a llamarle o a la señorita.

Nos despedimos y yo encerré la llamada.

— ¿Qué quería el abogado? — Indagó ansiosa Bella.

— Él consiguió adelantar un poco los trámites y vamos poder hacer la prueba de ADN el próximo martes, él nos enviará por correo los datos — le expliqué.

— Es una buena noticia, cuanto antes los resultados salgan, más rápido podremos resolver el lío de los documentos.

Asentí, y Maddie eligió aquel momento para despertarse y lloraba con tamaña intensidad que parecía que alguien la estaba maltratando, miré a Bella alarmado y ella me dio una sonrisa divertida.

— Está bien, no te preocupes, no le gusta despertar sola, vamos por ella.

— Eh, muñequita, ¿por qué tanto llanto? — Le susurró Bella inclinándose sobre la cuna para tomarla en brazos. La vi levantar a una agitada y llorosa Maddie, que tenía el rostro rojo por la fuerza que hacía al llorar, al sentir el calor del cuerpo de su mamá empezó a buscar su seno, Bella se sentó en la mecedora y abriendo algunos botones de su blusa la acercó a su pecho, tras destapar una parte de su sostén premamá; Maddie ávidamente tomó el pezón y empezó a succionar con tanta fuerza que el sonido llenó la habitación.

— ¿No te duele? — Pregunté sin darme cuenta.

— No, ahora no, en el inicio era algo incómodo pero después me acostumbré — contestó sin despegar la mirada de nuestra hija.

— ¿Si quieres puedo esperar en la sala? — Sugerí, pues no sabía si ella se sentía cómoda conmigo observándola, ayer era noche, la habitación estaba en penumbra y mal pude ver algo de su seno, pero ahora todo estaba bastante iluminado.

— No hay problema — contestó alzando su rostro para mirarme —, a no ser que te sientas incómodo, a mucha gente le molesta ver a una mujer amamantando.

— No, no cuando se trata de mi hija y de ti, es lo más hermoso que he visto, — empecé a explicar mientras me sentaba en un sillón caoba de estilo clásico que había al otro de lado de la habitación y que me permitía verlas —, es increíble ver la conexión de las dos. Si te soy sincero, no es que me moleste ver a las madres amamantando en la calle o en un restaurante, lo que sucede, es que me parece algo tan íntimo, que cuando lo veo siento que estoy invadiendo a la privacidad de aquella mujer, y está sensación sí me pone incómodo.

— Te comprendo, no me gusta amamantar en público, porque siento que pierdo esta conexión — empezó a explicar, volviendo a mirar a Maddie para acariciar la pequeña manita que descansaba sobre su seno —, para mí es un momento sagrado, en donde sólo existe ella y yo, si estoy en un sitio lleno de gente no logro concentrarme lo suficiente en ella, es por eso que cuando necesito salir por mucho tiempo prefiero extraer la leche y llevarlo en un biberón en una nevera portátil. Pero, hay mujeres que se siente cómodas en hacerlo en público y otras que, como yo, no, es una cuestión de gusto personal, que debería ser más respetada.

— Es verdad… — no añadí nada más porque me quedé absorto en la bella escena que mis ojos tenían el placer de contemplar.

Cuando Maddie estuvo satisfecha, igual que la otra noche, Bella me la entregó para que le sacase los gases y le cambiara el pañal que estaba lleno de pis. Mi niña hizo su berrinche habitual al ser cambiada, pero esta vez yo intente calmarla, ya que Bella me había dejado a solas con ella para que pudiéramos acostumbrarnos el uno al otro, me senté en la mecedora y por increíble que parezca, tras unos pocos minutos meciéndola, ella se calmó.

— ¿De verdad, pequeña, necesitas hacer tanto berrinche por un cambio de ropa o de pañal? — Cuestioné mirándola jugar con mis manos, ella pareció comprenderme porque dejó de mirar a mis dedos para mirarme a los ojos y de pronto me sonrió, la sonrisa más tierna e inocente que uno puede recibir en su vida. — Vale, si siempre me vas a sonreír de esa manera te perdono a tus berrinches — ella me sonrió nuevamente. — Te amo, mi pequeña preciosidad — le susurré y me incliné para acariciar su nariz con la mía, ella puso su pequeña manito en mi rostro y la dejó allí, aproximé mi rostro a su suave pelo e inspiré el olor a bebé que emanaba de él. Mi pedacito de paz.

x-x-x-x-x

Con Maddie en brazos encontré a Bella en la cocina limpiado y organizando los trastos del almuerzo en el armario.

— Hey, por lo visto ustedes se compenetraron de maravilla — dijo ella al vernos entrar en el ambiente.

— Es lo que parece — le contesté sonriendo. Y Maddie en el instante de escuchar la voz de su madre empezó a proferir sus chillidos felices.

Bella se aproximó de nosotros y yo la entregué, nuestra hija se acurrucó en el hueco entre el cuello y el hombro de su mamá, suspirando de satisfacción.

— Mi muñequita preciosa — susurró Bella, dejando un beso en su manita.

Que rápido los sentimientos de una persona pueden cambiar, pues podría decir que hasta cierto punto llegué a sentir celos del lazo existente entre Bella y Maddie, pero ahora todo lo que sentía era una inmensa sensación de amor y paz al mirarlas juntas.

— Ahora vuelve con papá — dijo ella pasándome nuestra hija para mis brazos. — ¿Te importaría cuidarla mientras termino de hacer la colada? — Me preguntó dubitativa. — Antes de que llegarás cuidé de las ropas de Maddie, pero falta las mías, pero si tienes algo que hacer… — empezó a añadir.

— No, no tengo nada que hacer — la corté —, no te preocupes, será un placer quedarme con mi pequeña. Haz tranquila tus cosas, Maddie y yo disfrutaremos de nuestro momento padre e hija.

— Vale, gracias…

Volví a la sala, y por casi una hora estuve totalmente dedicado a mi hija, a verla sonreír de mi habla empalagosa, en que le decía cosas como: ¿Quién es la princesa de papá? ¿Quién es la nena más linda del mundo? O a verla fruncir el pequeño ceño concentrada en su juego con mis dedos. O simplemente verla prendada de mi rostro, con su boquita rosa entreabierta, los hermosos ojos muy abiertos y sin parpadear, cuando empecé a recitarle algunas estrofas salteadas de un poema:

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

[…]

Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor.

(N/A: El poema se llama Sonatina y fue escrito en 1896 por el poeta nicaragüense Rubén Darío)

— Qué hermoso — oí decir Bella, alcé mi rostro y la encontré recargada contra el umbral de la entrada de la cocina, observándonos —, a Maddie le encantó tanto como a mí, estaba totalmente prendada de ti.

— Es solo un poema que aprendí en mis clases de español cuando asistía a un curso de idiomas — empecé a explicarle, mientras acomodaba mejor a Maddie en mis brazos, dejando su espalda contra mi pecho para que ella mirara a su mamá —, ni siquiera lo recuerdo completo. ¿Hablas español? — Pregunté al acordarme de que había recitado el poema en su lengua materna y no una traducción al inglés.

— Sí, español y francés, me encantan los idiomas. ¿Y tú?

— Español e italiano, también me gustan los idiomas.

Ella me sonrió y caminó hasta nosotros para sentarse a mi lado en el sofá.

— Gracias por cuidarla, logré terminar de hacer un par de cosas — agradeció y se inclinó sobre mí para oler el cuello de nuestra hija, que se rió al sentir el cosquilleo de la respiración de su madre.

— Cuando necesites, sólo llámame.

— Me estoy acostumbrando a eso, a dividir el tiempo de Maddie con otra persona, a saber que puedo contar con tu ayuda y que ya no tengo que hacer todo a prisas para volver con ella.

— Todo sucedió demasiado deprisa, ¿verdad? Ni siquiera llevamos más de una semana de conocernos y todo se puso patas arriba tanto en tu vida como en la mía.

— Sí, pero no cambiaría eso, no cambiaría nada, porque gracias a que la verdad salió a la luz — empezó a explicar, dándole un dedo a Maddie que inmediatamente lo sostuvo con fuerza —, ella tendrá más amor, más protección y una gran familia.

— No solamente, Maddie, Bella, tú también ya tienes a tu gran familia — le puse de manifiesto nuevamente, parecía que por más que le dijéramos, mi familia y yo, que la considerábamos como una Cullen ella no se permitía entregarse totalmente —, somos una familia ahora, podemos no ser lo que se espera tradicionalmente, pero somos una familia, por el simple hecho de que deseamos que así sea.

Si alguien merecía tener una familia, era la hermosa mujer a mí lado que contemplaba a nuestra hija con una mirada enamorada; alguien tan hermosa física y espiritualmente, tan dispuesta a compartir su amor con los demás merecía tener a su propia familia para poder amar y ser amada. Y allí, junto a ella y a mi hija, en aquel ambiente hogareño, de pronto fui sorprendido por el deseo de dársela yo esta familia.


Edward empieza a solucionar la cuestión de su trabajo y él y Bella todavía están en este clima de aproximación y de conocimiento mutuo, en el próximo capi las cosas empiezan a cambiar… no puedo decirles más ;) ¿Qué tal el momento en familia de nuestros chicos? Me encantó escribirlo n_n

Gracias por los alertas, favoritos y por los reviews :D Ustedes me llenaron de alegría al leer los comentarios del capi anterior, es muy gratificante saber que les transmito buenas sensaciones con mi escritura y que algunas se identifican con la historia, gracias por sus palabras, estoy trabajando para que pronto les pueda regalar otro capi extra.

Y no se olviden, ¡los reviews son mi sueldo! ;)

Si disfrutas leyendo esta y otras historias no te cuesta nada dejar una palabrita de ánimo a esta autora y a las demás, aunque sean pocas las palabras escritas, nos alegremos y nos inspiramos mucho al recibirlas.

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Saludos llenos de cariño, ¡gracias por leerme! Hasta el próximo jueves ;)