OK, este capi salió larguísimo, pero quería avanzar un poco más la historia, ya que lo que se viene se pondrá bien interesante. Muajajajajaja (risa diabólicamente malvada *-*), Gracias a todas por sus hermosos, maravillosos, y realmente amables comentarios, me siento muy feliz de que esta historia tenga tanta aceptación. Así que con todo mi yo, les dedico a ustedes el capitulo numero 11.


Capítulo 11

Ami noto que Camus estaba enojado. Su pelo largo y blanco parecía erizarse cada vez más, en vez de moverse al ritmo que proclamaba el viento. No era difícil saber porque estaba enojado. Era lógico que se molestara, era lógico que la mirara con ganas de estrangularla, era lógico, pero ya habiendo pasado más de un siglo a su lado, se había acostumbrado a esa mirada furiosa. Si le hubieran dado una moneda, por cada vez que Camus se hubiera enojado con ella, pues… tendría muchas monedas.

En silencio la chica se limito a observarlo, tarde o temprano tendría que dirigirle la palabra, pues para eso estaba él ahí. Camus no era un ángel guardián como ella, él era un mensajero celestial, el encargado de velar por las reglas y también el que avisaba y entregaba los diferentes castigos a quienes desobedecían la ley. Ami se pregunto si Camus habría pensado en cada moneda que tendría, si contara todas las veces que ella desobedeció. Esas sí que eran muchas monedas.

Mirando hacia arriba se topa con un cielo sin luna, un cielo sin estrellas; lleno de luces artificiales el astro celeste que tanta tranquilidad le trae, ahora le causa cierta sensación de repulsión. Muy dentro de ella quiere estar y no estar, hablar y callar, cerrar los ojos para siempre o mantenerlos abiertos sin siquiera parpadear, desea por desear, pero eso es imposible. Para ella todo eso es imposible.

Está cansada y no sabe muy bien el porqué. A luchado toda una vida, y no siempre con espada, pero a pesar de todo, jamás se había sentido tan cansada como en ese momento. Una sonrisa melancólica desaparece la que anteriormente se burlaba del nuevo ser a su lado. Ella sabe porque está cansada, pero al igual que Splinter con sus hijos, no quiere reconocer la razón. No es algo físico, sino algo emocional lo que la hace sentirse cansada hasta la mismísima medula. No son las heridas, ni el camisón lleno de sangre e inmundicias, no es su pelo enmarañado ni la fría y molesta mirada de Camus contra su persona. Es Leo.

Por qué se parece,…no,…tu sabes que es igual,… ¿Quieres reconocerlo?, ¿Quieres afrontar la realidad?

Suspirando acepta lo irremediable. Leo se parece a él, se parece tanto que ahora no necesita cerrar los ojos para ver sus pesadillas, las tiene enfrente, en azul y verde, refregándose contra su cara llena de zarpazos, como un castigo cruel y despiadado. Pasándose una mano por la cara, se saca un poco el dolor y parte de la rabia que acarrea desde que tiene memoria, y se vuelve a enfocar en el cielo. El azul no la tranquiliza ni la hace sentir mejor, nada ha cambiado, pero por lo menos está ahí, es suficiente para ella.

Camus también la mira en silencio, tratando de reunir las palabras correctas, las más precisas, las que suenan mejor en su cabeza, las que tienen más sentido, ya que para variar, no tiene idea de cómo hacer comprender a la chica de lo que está haciendo. Su trabajo no era el más sencillo, y ella se lo hacía cada vez más complicado de llevar ha cabo. Si hubiera sido alguien más quién hubiera roto las reglas, no le habría importado tanto, pero era a Ami a quien debía volver a reprender; la chica ya acarreaba más problemas de los que podía llegar a soportar, y a pesar de eso, seguía sumando cada vez más puntos negros a la lista. Quizá estaba loca.

Una parte de él quiere golpearla con todas sus fuerzas; golpearla y que su pequeño cuerpo de infante quede pegado como una estampilla contra el concreto del edificio, golpearla y que al fin acepte dejar de meter la pata, quiere regañarle, gritarle hasta hacerle entender, hasta que se quede sin vos, enojarse y volver a golpearla, pero no lo hace, sabe que la pelinegra no se defendería contra el ataque, dejaría que hiciera lo que quisiera y luego de terminar con su show se levantaría, le sonreiría de manera arrogante, y le preguntaría si ya termino con el teatro.

Tapándose los ojos con una mano, se dijo a si mismo que era un idiota. Ami se lo había dicho no hace mucho, sentados en la cornisa del mismo edifico donde ahora estaban parados.

"¿Sabes Camus?, tú y yo somos idiotas, tú por creer que voy a cambiar algún día y yo por creer que vas a entenderme, ambos, así de idiotas, creemos que el otro, algún día dejara de serlo"

El no le había respondido en ese momento, Ami no era especialmente conversadora, el que más hablaba era él y aunque más que hablar le regañaba, la chica siempre se mantenía en silencio.

Suspirando término de reunir toda la paciencia que la hacía falta. Y agachándose un poco ante la pequeña chica le dirigió sus primeras palabras.

-"¿Que parte de no se permite hablar, inmiscuirse o meterse en asuntos mortales no has entendido todavía?"- su voz suena dura, pero mortalmente cansada, el joven a repetido lo mismo como video casetera frente a la niña millones de veces, y ella nunca entiende

-"¿quieres una respuesta?"- pregunta la chica, cansada también de lo mismo

Camus no respondió; resoplando se termino por sentar, cruzando las piernas y los brazos acerco su mirada gatuna hasta la chica, quien siguió viéndolo como total aburrimiento. Siempre era igual, la rutina era tan monótona, que ya dejaba de ser divertido ver al chico enojado. Por otro lado, el joven se entretenía con solo verla así de pequeña. "siete años, siete siglos ¿Cuál era la diferencia?"

-"¿Como tengo que decirte las reglas para que entiendas de una buena vez?"- pregunto curioso, olvidándose de que estaba molesto.

Ami se sentó a su lado sin contestarle, nada de lo que le dijera cambiaría su forma de pensar, ya se lo había dicho, pero aun así, el chico no se rendía, intentaba, se cansaba, se enojaba y volvía a intentar; el circulo vicioso no parecía tener fin. Testarudo, Camus era muy testarudo. Tomando las pequeñas piedras que estaban en el suelo comenzó a jugar, revolviéndolas en sus diminutas y rotas manos, la voz del joven volvió a salir, atrayendo lejanamente su atención

-"Sabes que no puedes hablarle a los humanos, o mutantes o lo que sea"- decía moviendo los brazos pero con la cabeza gacha, enfocada en el cemento-"sabes que no debes entrometerte en asuntos que confieran al mundo mortal, lo sabes, lo sabes, y nunca me escuchas"- termino por decir

-"Eres tú el que no entiende Camus"

El joven girándose enfrento al rubí y a la esmeralda que le miraban fijamente. Se mantuvo firme por escasos segundos, soportando el peso de esa mirada, que acarreaba dolor y tristeza, pero suspirando, se rindió ante ella.

El conocía su historia. Una historia larga y manchada de sangre, y por esta misma razón le importaba su existencia. Se podía decir que eran amigos. El la había entrenado para ser un ángel guardián, la había cuidado y había estado presente en todo momento desde su iniciación. Ami también pensaba que eran algo así como amigos, no entendía bien la palabra ni su significado, pues nunca había tenido alguno, pero creía que en algo se parecía su extraña relación. Camus era el único que podía mandarla mil veces a la mierda y volver a buscarla más tarde, eso no se lo permitiría a nadie más.

El chico suspirando la miro mientras le hablaba

-"Tengo que decirte las reglas fundamentales otra vez"- la chica bufo en respuesta mientras le ponía cara de pocos amigos-" Y no me mires así, que la que se mete en problemas eres tú, además es mi trabajo"- le recalco mientras se ponía de pie

-"Ya sé, ya se, solo dilas y acaba con esto, ¿quieres?, tengo que volver con Leo"- Le recordó mientras se ponía de pie. Por simple formalidad el mensajero debía repetir las reglas de pie, algo totalmente superficial a su parecer, pero ese era su trabajo.

-"¿Uso tu nombre o el que te puso el mortal?"- pregunto mientras limpiaba las arrugas de su túnica

-"Se llama Leo y si, ya te dije que desde ahora debes usar ese nombre"- dijo con tono de molestia

-"bien…"- Expreso ignorado el tono de la chica. Tomando aire dejo salir una voz atronadora y poderosa, junto con un enorme resplandor amarillo- "Ami, has desobedecido las leyes impuestas por Dios a sus ángeles, rompiendo por…..am…por…"- El extraño suceso fue cortado para sorpresa de Ami, quien solo se dedico a esperar- "¿pongo el numero de la semana o del mes?" - pregunto dudoso

- "Con el numero de la semana está bien"- la chica levantando los hombros, contesto lo que suponía

-"bueno ajam….- aclarándose la garganta prosiguió-"rompiendo por octava vez la segunda y la tercera regla fundamental, no hablar con humanos y no interferir en sus vidas, ahora te pregunto" – Su mirada dorada volvió a posarse de manera dura sobre ella- "¿te arrepientes?"

-"No"- Ami rodando los ojos termino alegrándose de que el melodrama acabara pronto

-"Entonces acepta tu castigo"- y dicho esto le paso un papel, algo así como un "vale por un castigo", Ami no se rió, otro castigo que se sumaría a los otros, "que desgracia", pensó con ironía

-"terminamos"- dijo el joven cansinamente, con la mira puesta en el cielo, escuchando el sonido del papel siendo arrugado y guardado por la niña

-"Me voy entonces"- caminando avanzando hasta el chico, pasándolo de largo

-"No, aún no puedes irte"- la voz dura la detuvo, aún así, decidió no voltearse, No tenia fuerzas ese día para enfrentarse a Camus, por milésima vez en su vida- "Tenemos que hablar, Ami"

-"¿y se puede saber, de qué quieres hablar?"- el tono burlón y molesto aunque no paso desapercibido por el otro, fue ignorado nuevamente. Camus no era un idiota total, de nada servía buscarle pelea.

-"¿Hasta cuándo seguirás con esto?"- pregunto melancólico, mirando su espalda

-"¿Esto…?"

-"Sabes a que me refiero, no me hagas especificar"- gruño enfadado

-"Entonces sabes la respuesta también"- le soltó en tono mordaz, mientras comenzaba a caminar

-"¡Maldición Ami!"- grito este haciendo que la chica se detuviera y abriera sus ojos desorbitadamente. Camus maldiciendo, que loco estaba su día- "¿¡Cuándo acabaras de condenarte!? ¿¡Cuándo dejaras de romper las malditas reglas!? ¿¡Es que quieres que manden tu alma al tártaro!? ¿¡eso quieres!? ¿¡o quieres volverme loco!? , ¡Porque si es así, vas excelente!"

-"¡No es eso y lo sabes!"- grito igualando su tono de voz

-"¡Rompiste las reglas!"- le grito mientras se ganaba detrás de ella-"¡Salvaste a ese chico y te quitaron la capacidad para regenerarte!, ¡ahora mírate!"- Ami apretando los puños se contuvo de golpearlo- "¡Te caes a pedazos y quieres que esté tranquilo! ¡esa cosa casi te mata!"-

-"¡Ya lo sé!" – grito con todas sus fuerzas, plantándose ante el de mayor estatura- "¡ya sé que estoy metida en líos!, ¡ya sé que te preocupo!, ¡lo sé!, ¡lo sé maldita sea!"- con la respiración agitada continuo, tratando de calmarse- "pero no puedo abandonarlo, no puedes pedirme que deje de meterme"- su garganta pedía piedad y al mismo tiempo entendimiento, en un ruego divino, como quien pide que la vida no le sea arrebatada-"el…él es tan parecido…..tan jodidamente parecido"- agarrándose el cabello desesperada, lo vio otra vez, al que no podía olvidar aunque tratara con todas sus fuerzas; con los ojos abiertos, pidiendo un perdón a quien no merecía ni palabras, el juramento fue solemne; no dejaría de protegerlo, no podía hacerlo- "y no dejare de hacerlo"- aclaro resuelta y decidida

-"¿Entonces…ya no te importa tu deseo?"

Camus observo como el rostro de su acompañante se quedaba helado y petrificado ante la pregunta. Era difícil ver a la chica sin fuerza o sin rastros de rudeza en sus ojos, Ami no era un árbol fácil de talar y menos aún de tirar abajo, pero ahí estaba ahora, plantada sobre el mismo edificio de siempre, con el camisón rasgado y cubierto de sangre seca, con la mirada perdida y herida, con los recuerdos a flor de piel, mirando hacia el oscuro y tormentoso pasado. Por un segundo el chico creyó que al fin se permitiría llorar, que al fin se quitaría la soga que se había atado al cuello, pero se equivoco, un milagro como ese no se vería jamás. Ami serenándose y recuperando la cordura perdida, volvió a sentarse, casi desplomándose sobre el frío suelo de concreto, rogando en silencio porque este lograra sostenerla. Su deseo era imposible de realizar, no podía permitirse ese beneficio, era demasiado bueno, demasiado imposible, para alguien como ella.

-"Tú no hiciste nada"- objeto el chico al leer sus pensamientos, tratando de animarla

-"Exacto"- susurro sin fuerzas la niña- "No hice nada y por eso debo pagar"

-"¡No podías hacer nada!"- volvió a gritarle el otro- "¡Por amor a nuestro padre Dios Ami, recapacita!"

-"¡El que debe recapacitar eres tú!"- Camus no pudo verse mas sorprendido ante la contestación- "¡Te dicho millones de veces que esas reglas no sirven para nada y tu nunca haces caso y todo lo que haces es castigarme!"

-"Las reglas están hechas para protegerte…y no es que ame castigarte"- llegado a este punto el joven también pidió comprensión- "es solo mi trabajo"- recordó el mensajero, agotando la poca paciencia que le quedaba

-"Camus, tu sabes mejor que nadie que esas reglas están mal escritas, lo sabes, solo no quieres verlo"- el de blanco volvió a enojarse sin remedio.

-"Muy bien Ami, ilumíname entonces"- dijo dramáticamente mientras se sentaba frente a la chica

Ami guardo silencio, sin ganas de entrar en una discusión con su obstinado "amigo", pero viendo como este esperaba que de una buena vez comenzara a platicarle, se resigno a repetir lo que su mente le había dicho hace tanto tiempo.

-"Dime la primera regla"- pidió cansada

-"¿para qué quieres…?"- simple curiosidad y sorpresa en su voz

-"solo dímela"- exasperada la chica volvió a mirarlo

-"M…"- no muy seguro termino por decirla- "Proteger y cuidar del alma mortal"

-"¡Exacto!, ahí está el error"- exclamo triunfante

-"¿qué? ¿qué diantres tiene que ver con…?"

-"Que las otras dos reglas contradicen la primera"- el joven de blanco solo pudo arquear una ceja al escuchar tal aseveración- "si quieres que cuide y proteja al chico, ¿cómo lo hago sin que este me escuche o sin que meta la cuchara en sus asuntos?, por eso nadie cree que existimos genio"- le dijo cruzándose de brazos; el de mirada amarilla no pudo si no negar con la cabeza antes de contestarle

-"¿No has escuchado que es feo meter la cuchara en sopa ajena Ami?, no estamos para solucionar sus vidas, estamos para guiarlos, y tu estas ayudando demasiado"- Ami tuvo que morderse le lengua y tragarse sus arrebataos; en ese punto algo de razón tenía el ser alado- "y si no me crees, sumemos"- dijo mientras se arremangaba las mangas y usaba sus dedos como anotación numérica – "Ayudaste al chico a contactarse con sus hermanos, ayudaste a los hermanos a darse cuenta de lo que tu protegido intentaba hacer, ayudaste a…¿Cómo se llamaba?"- pregunto dudoso

-"Raphael"- contesto a media voz, sabiendo a donde se dirigía la conversación

-"Bueno, ayudaste a ese tal Raphael, luego le salvaste la vida al chico, y no me pongas esa cara que tu sabias lo que habría pasado de no intervenir"- agrego enseguida al ver la cara enojada de la chica, la cual no dijo nada pero bufo en respuesta- "Y ahora lo ayudas con sus problemas familiares y con la bestia, ¿Te das cuenta de lo que te digo?"- Ami simplemente ignoro su pregunta-"Estas interfiriendo"-contesto por ella-" Y tu cuerpo se rompe, ¿me oyes? , ¡se rompe!"

-"¡Camus ya entendí!, ¿quieres dejar de gritarme?"

-"Es que si no grito no me entiendes"- argumento el de blanco-"haber si a si logro destaparte el cerebro"-agrego en un murmullo, claramente destinado a no ser oído en su totalidad

-"Eres un necio"- Camus sonriendo, le siguió el juego a la más pequeña, sin ganas de perder en su ya común tanda de insultos

-"Y tú una terca"

-"Y tú un cabezotas"

-"Y tú una incorregible"

-"Y tú un porfiado"

-"Y tú una idiota"

-"si…"-susurro con una sonrisa, mirando hacia el cielo, aceptando la derrota- "Es lo más probable"- esta vez no hay sarcasmo ni burla, ella acepta lo que es, y Camus también.

Ami suspirando se echo hacia atrás, dejando estirado por completo su cuerpo sobre el techo. Camus la imito mientras intentaba comprender a la niña de blanco. Bien sabia que algo de razón tenía la de ojos bicolores, pero él, como simple mensajero, era poco o casi nada lo que podía hacer para mejorar aquella "contradicción legal". El cielo lleno de nubosidad era testigo de que lo había intentado, le quedaba esa pequeña garantía.

La niña cansándose volvió a ponerse de pie. Era hora de volver con Leo. Tenía deberes que cumplir, un trabajo y muchas cosas que decir, era el momento de poner todo en su lugar. Avanzando por el tejado espero por un segundo que alguien la detuviera, que alguien le dijera que no tenía que seguir torturando su mente, pero el pensamiento se borra en cuanto llega a su cerebro, ella nunca podría abandonar a Leonardo, ni aunque el mismo Leo se lo pidiera. Camus volvió a hablarle, cumpliendo por segundos su extraño deseo.

-Antes que te vayas, te tengo que avisar de algo- expreso, aún acostado sobre el suelo

-¿Es información del consejo de ángeles?- pregunto curiosa, pero no ilusionada

-Ya te gustaría- sonrió este, burlándose de ella, aprovechándose de poder hacerlo

-¿Entonces?- pregunto fría y cortante

-"Son noticias, te tengo una mala y otra peor ¿Cuál quieres escuchar primero?"- ladeando la cabeza busca a la niña, esperando una respuesta, pero viendo la mirada seca y filosa que se clava en el, como un aguijón, termina por responderse solo- "Empezare por la mala entonces"- agrego, mientras volvía a mirar hacia el cielo y extendía a todo lo que daban sus brazos por el cemento- "Los humanos Casey y Abril irán esta noche a la casa del chico"-

-"¿¡Que, qué!?"-

-"Valla…hasta que al fin veo reacción"- hablo irónico

-"Camus, esto es serio"- El joven no pudo evitar sonreír, divertido ante su irritación.

-"No es para tanto"- Ami viendo que no conseguiría nada, no reclamo más, suspirando acepto la información, al parecer la "diversión", no tendría fin aún- "Y la peor noticia tiene que ver contigo…"- la chica tensándose se acerco y puso toda la atención que habría podido ponerle a Camus- "Se muy bien que no le has dicho al chico sobre lo que vive dentro de él, también se que vas a decírselo, eso no me preocupa"- soltó tranquilo e indiferente- "Pero has de saber, que no puedes ayudar al chico a enfrentarse a esa cosa, no puedes decirle como es, y menos aún meterte si es que llegan a luchar, cosa que pasara de manera irremediable"

-¿¡Que!?- de mal en peor, excelente, realmente perfecto

-"Lo que has oído"- dijo este sin prestarle atención a su sorpresa- "Si llegas a interferir en esto, tu alma será enviada al tártaro enseguida, y borraremos de su memoria, todo rastro de tú existencia, sin mencionar, que quedara a merced de lo que sea que viva dentro suyo"

-"¡Pero va a necesitar ayuda!"- agrego desesperada, como si el chico pudiera ayudarla o hacer algo por ella- "¿Cómo se supone que…?"

-"Escucha Na…"-

-"¡No uses ese nombre!"- Camus girándose vio como temblaba, no supo si de rabia o dolor- "Dime Ami, solo Ami"-si mirada llana de dolor, se poso en el suelo.

-"Como quieras…"- hablo cansado y desanimado por su reacción- "Ami…no puedes ayudarle con eso, es algo que solo él puede vencer, y lo sabes, si te sirve de consuelo, ayúdale antes de que se interne en el mundo del otro, pues una vez lo haga, no podrás hacer nada"- La chica relajándose acepto el consejo. Ya vería que hacer- "Mejor vete, los amigos de tu protegido llegaran pronto y no querrás que le de un infarto"- incorporándose se volvió a topar con la mirada triste y cansada de la chica, él aunque le regañaba y le gritaba, la entendía – "Se parece a él ¿no?"- pregunto con preocupación

-"Como no tienes idea"- suspiro mientras un resplandor blanco comenzaba a envolverla

-"Suerte"- Camus sonrió ampliamente, demostrándole que era sincero en sus palabras, Ami sonrió también y le susurro un último "Idiota", antes de comenzar a desaparecer, el chico rió sonoramente mientras agregaba- "Corrección, SOMOS, idiotas"- La chica desapareciendo, se llevo la risa de Camus con ella.

Cuando aterrizo en el salón vio a los chicos sentados en la misma posición; con su padre choqueado y cansado, pero atento a todas sus palabras. Leo en el centro de aquel vórtice de emociones y culpas, tenía los ojos rojos e hinchados, prueba irrefutable de que había llorado lo suficiente para toda una vida. Ami suspiro, la batalla apenas había iniciado, Leo no tenía ni idea de lo que le deparaba el destino y la suerte.

Leonardo por su parte, aunque más tranquilo con que su padre ya supiera la aberrante verdad, no dejaba de cuestionarse. Sus hermanos parecían querer poner todo de su parte para que las cosas mejoraran, lo notaba en sus voces llenas de ánimo y emoción, pero el miedo que parecía haberse esfumado con el abrazo de su padre, poco a poco había retomado la fuerza anterior. Era algo irónico; había extrañado tanto a su familia, pero ahora tenía miedo de tenerla tan cerca, miedo de ver como se alejaban los unos de los otros otra vez, ese miedo maldito no parecía querer dejarlo en paz, y eso dolía. Dolía saber que en fondo de su corazón, no confiaba totalmente en sus hermanos. Estaba tan acostumbrado a su lejanía y a sus propios secretos que poco o nada creía en las palabras de aliento de todos. Las cosas cambiarían, bien, pero la pregunta era ¿hasta cuándo? , no todo podía ser tan maravilloso y lindo como se lo habían contado. La realidad nunca había sido amable con él, ¿Por qué cambiaria ahora? ¿Por qué estaba ciego? ¿Por pena? ¿Cambiarían porque él daba lástima?

No importando lo que le hubieran dicho sus pequeños hermanos, una pequeña voz dentro de sí mismo le seguía negando la posibilidad de ser feliz. La misma que le repetía una y otra vez que se prepara para quedarse solo, que aprendiera a vivir en la oscuridad y que se dejara de cuentos de hadas.

¿Qué dirían los chicos si supieran como pensaba?

"Sinceramente, Que estás loco"

La voz de Ami interrumpe sus pensamientos, provocando un pequeño sobresalto en sus pupilas y en su corazón, tragando despacio se concentro en ubicar bien a su ángel, la había sentido marcharse hace unos minutos, no supo si se alejo o realmente salió de la guarida, pero lo seguro era, que no había estado a su lado en los últimos minutos, o por lo menos eso creyó

La chica sonrió sorprendida y feliz, el chico apenas sintió su presencia, congelo el resto de sus sensaciones y se concentro de en ella, Leo estaba aprendiendo muy rápido a manejar sus emociones y sentidos, pronto, lo haría por instinto. Por desgracia las felicitaciones quedarían para más tarde, ahora debía avisar de lo que pasaría, y aunque los humanos aun estaban lejos de llegar, lo mejor era comenzar a organizar la situación

"Leo…no quiero asustarte…..pero Splinter no es el único que vendrá a darte una sorpresa

El de azul se quedo quieto al oír de nuevo la voz de la niña, pero no entendiendo el mensaje movió la cabeza de un lado al otro, tratando de explicarle que no comprendía a que se refería. La chica escuchando los pasos, bastante lejanos de los humanos, respiro hondo antes de contestar

"Al parecer Abril y Casey han decidido bajar a verlos"- susurro cansada. Lo que se vendría no sería bonito

Leonardo sintiendo que comenzaría a balbucear por la sorpresa, se tapo la boca, intentando contener algo del pánico que comenzaba a burbujear en su estomago. Sabía que tarde o temprano los demás se enterarían, pero según él, todo iba demasiado rápido. La niña no pudo estar más de acuerdo

El problema principal era decirles a los demás lo que estaba a punto de pasar. No podía llegar y decirles que gracias a su ángel guardián, sabía que Casey y Abril estaban por llegar a la casa, y que lo que menos hallarían seria una fiesta. Realmente eso no era una opción. Ahora quedaba la pregunta de qué hacer.

"Tengo una idea…pero dudo que te guste, ya veremos que hacer"

Leonardo a punto de preguntar de qué se trataba cayó abruptamente al sentir que era remecido

-"¡Leo!, ¡Leo!"

Al principio descolocado, no parece escuchar bien las palabras, confusas y distorsionadas se mezclan entre sí, cuando al fin se da cuenta de lo que sucede, un pequeño mareo le sobreviene al cuerpo, teniendo todo su mundo oscuro no supo de donde agarrase para detener a su pequeño hermano, tanteándolo termino por detener sus movimientos

-"Mike, tranquilo, me mareas"- pidió cerrando los ojos el de azul al sentir que su pequeño hermano lo batía como un milkshake

-"Uff. Ya pensé que te habíamos perdido"- agrego soltándolo

-"Te quedaste en trance otra vez"- Raphael cruzado de brazos miraba extrañado y preocupado a su hermano

-"Hijo, ¿Te encuentras bien?"- Splinter tomándole las manos al mayor trato que este se concentrara nuevamente en ellos, pero notando que su perdida y ahora oscura mirada se enfocaba en la parte baja de la puerta de la cocina, miro con curiosidad hacia el mismo punto. Sus hermanos copiando la actitud de su padre también observaron atentos. Ami por un segundo se sintió observada, toda la familia Hamato la miraba, pero claramente no la veían. Las ganas de hacer morisquetas frente a sus caras tuvo que guardárselas para otra ocasión. Donatello carraspeando termino por atraer la atención de la familia nuevamente, sintiéndose algo tonto por estar mirando un punto vacío.

-"Quizá sea mejor que llevemos a Leo a su cuarto"- no quería apresurarse, pero tenía que comenzar a revisar a su hermano y hacer los análisis correspondientes al caso.

-"Pero Donny, no estoy cansado"- Leo buscando la voz de su hermano termino por girarse

-"Eso díselo a tus ojeras"- argumento el más pequeño

-"Pero no estoy cansado"- su voz ya no sonaba tan amistosa como al principio

-"Leo, no reclames"- gruño Raphael- "o te subiré a lo princesa otra vez"- amenazo, logrando que Leonardo solo con recordar el asunto se fuera poniendo cada vez mas rojo

-"¿A lo princesa?"- pregunto extrañado el sensei

-"Ya sabe, como a los bebes, como a la Bella durmiente, como a Blanca nieves, como a las novias cuando se casan, como….."

-"Mike ¿quieres callarte?"- corto el más rudo, un ligero dolor de cabeza ya estaba empezando a molestarlo- "el sensei yo ya creo que entendió"

-"A decir verdad Raphael, pues…aun me quedan algunas dudas"- respondió juguetón el maestro, mirándolos. Los chicos captando el mensaje se sonrieron antes de moverse. Leo tratando de concentrarse y de captar a Ami otra vez, no se percato de la inocente travesura de su familia. La chica sonrió y hablo en voz alta en el segundo preciso que era alzado por uno de sus hermanos

"Te atraparon"

-"¿a qué te re… ¡Ah!"- No pudo evitar gritar al sentir de nuevo la lejanía entre el suelo y sus pies; aferrándose a lo que encontró, se dio cuenta de la triste realidad, Raphael lo estaba cargando de nuevo - "¡RAPHAEL BAJAME!"

-"¿Raphel?, ¿estás seguro?"- la voz juguetona paralizo todos sus sentidos. Definitivamente ese no era Rapha

-"Mi…mi… ¿Mike?"

-¡El mismo e inigualable!- grito contento al ser reconocido, zamarreándolo un poco en el proceso

-"¡Mike!, ¿Te has vuelto loco?, ¡bájame, te are daño!"

-"¿Daño?"

-"Peso demasiado para ti"- Le explico paciente, pero recordando que estaba en brazos de su pequeño hermano, y afirmado a su cuello como una niña volvió a gritar- "¡aparte que puedo caminar, ahora bájame!"

-"Déjame pensarlo…m…NO"

-"¡Que me bajes!"

-"No"

-"¡Donny!"-grito llamando al de morado, en un grito parecido al que el genio efectuaba cuando el menor le rompía algún experimento y llamaba al mayor para que lo castigaran

-"Dime"- hablo a su lado, como si no supiera lo que sucedía; Leo notando su cercanía hablo más despacio, avergonzándose de lo fuerte que había gritado

-"Estoy seguro de que en algún libro, estudio, o lo que sea, debe salir que está mal, que Mike me cargue"

-"Leo tranquilo, Mike es suficientemente apto en porte y peso para cargarte, considerando que eres el que menos pesa de los cuatro"- explico, echando por agua los intentos de Leo

-"Pero…"- de pronto el claro sonido de la captura de una foto lo dejo helado. ¿Fotos? ¿Estaban sacando fotos?, a punto de reclamar por la vergüenza, la voz de su Maestro dejo su cabeza en otra dimensión

-"Raphael pégate mas a Don…si así…ahora todos quietos"

-"Tiene que ser un chiste"-susurro Leo, sin creer que fuera su padre, el causante de todo

-"Lo siento hijo…"- Expreso apenado Splinter- "Pero era una oportunidad inigualable, nunca te había visto tan lleno de ropa, has de comprender"- se -excuso. Leo puso su mejor sonrisa de histeria, el mundo debía haberse vuelto loco.

-"Bueno enano, pásame ahora al intrépido, tenemos que subir"-no, se corrigió; ahora sí que se hallaba en una dimensión desconocida

-"¿y si mejor lo cargo yo?"- se acerco con los brazos abiertos el genio

-"No Donny, ya dijimos que el que lo sube por las escaleras soy yo"

-"¿y mañana?"- pregunto esperanzado

-"m…pues quizá después de almorzar"

-"¡Hey!,¡esperen un segundo!, que a mí, nadie me está preguntando nada"- reclamo el de azul, al ver como sus hermanos armaban todo aquel itinerario de subidas y bajadas- "¡No soy un muñeco, puedo caminar!"

Leonardo no entendía que es lo que estaba pasando. Eso no era normal. Sus hermanos nunca se pelearían por cargarlo, tampoco intentarían ponerse de acuerdo, ellos no eran así, Donny debía estar en su laboratorio, Mike jugando videojuegos, Rapha debería estar pegándole al saco, y su sensei debería estar esperando que le llevara su té de la tarde; no deberían estar peleándose por cargarlo, ni por estar con él, porque ellos nunca estaba juntos, nunca habían deseado estar cerca de su presencia, siempre lo echaban, le gritaban, le decían que no hacía falta, lo herían…; Su padre debía estar avergonzado…y sus hermanos deberían de odiarle aún mas, por todo lo que estaba pasando; todo lo que sucedía era ilógico a su razonamiento. ¿Realmente las cosas cambiarían?, se pregunto de manera inconsciente, y de esa misma forma le contestaron

"Todo es cosa de esperar"

Una corriente eléctrica le recorrió la espalda. Estaba ahí. Estaba otra vez

"Nada ha cambiado,… y lo sabes… ¿o acaso crees en sus mentiras?"

La voz, esa voz que no era suya ni de Ami, la que le hablaba cuando se iba a dormir, la que le decía que se quedaría solo, la misma que se reía de él, en medio de la oscuridad. Había regresado. Sintiendo un terror inmedible, perdió toda fuerza contra ella.

Splinter mientras tanto, veía con alegría la imagen proyectada en la cámara. Sus hijos estaban creciendo muy rápido, el menor ya sostenía en brazos al mayor de ellos con infinita facilidad.

"Pero uno de ellos casi no creció, ¿lo olvidas?"- abriendo sus ojos el maestro se giro asustado, buscando a quien le hablaba- "me pregunto si hubieras podido soportado enterrar a tu propio hijo…Quizá no,…quizá si…¿lo comprobamos? "

El viejo maestro palideció al escuchar el horror de lo que creía eran sus propios pensamientos. La vieja cámara que tantas veces logro reparar Donatello, se fue al suelo junto con la alegría que había sentido, deslizándose bajo sus manos temblorosas. El grito de su segundo hijo lo devolvió al presente

-"¡Leo!"

-"¡Hermanito!, ¡por favor reacciona!"

-"¡Mike recuéstalo, recuéstalo!"

Mike haciéndole caso a su inteligente hermano acostó a Leo en el sofá. Mientras pequeñas lágrimas salían de sus ojos celestes. De un momento a otro Leo se había quedado quieto, todos, pensando que se había enojado, intentaron relajar al mayor, pero en cuanto Rapha había logrado poner una mano sobre el hombro de Leonardo, este comenzó a temblar. Donny acercándose vio helado como este apretaba los dientes mientras sus ojos miraban horrorizados hacia algún punto del espacio. En medio de sus llamados las lágrimas comenzaron a caer por parte del de azul, mojando el chaleco anaranjado del más pequeño.

Leo había entrado en crisis

Al acostarlo, Leo comenzó a murmurar, trataba de hablar, pero nada salía. El aire comenzó a desparecer de sus pulmones y las lágrimas comenzaron a ahogarlo. Don empezó a alterarse, las crisis de pánico de Leo no duraban mucho, pero en este caso, la espera a que el de añil volviera con ellos se hacía cada vez más larga y notando como este comenzaba a dejar de respirar solo pudo comenzar a gritar órdenes

-"¡Raphael trae el tubo de oxigeno, pero ya!"

-"s..si"- y diciendo esto se largo a correr en dirección al laboratorio

-"¡Mike, Sensei, no dejen de hablarle!"

-"¿¡Donny , que pasa!?"

-"¿¡Donatello que es lo que…!?"

-"¡Solo háganlo"!- grito cortándole los gritos a los otros dos y parándose echo a correr en dirección a su laboratorio, si Leo no volvía en sí, su corazón se detendría, y el tendría que estar preparado. El desfibrilador sería su último recurso. Rogaba por no tener que usarlo.

Mike asustado no dejaba de llamar a su hermano, clamándole por una respuesta; él maestro tampoco se rendía y seguía intentando recuperar a su hijo, sintiéndose dentro de una pesadilla. El viejo padre pensó con dolor, en todo lo que habían sufrido sus hijos estando solos. Tomando las manos de Leo volvió a llamarlo, Miguel Ángel siguió gritando su nombre.

Raphael llegando lo más rápido que pudo junto con Don, se apresuraron a proveer de oxigeno al chico, poniendo una mascarilla sobre su cara, presionándola para que cada gota de aire penetrara en los pulmones del mayor, el cual seguía balbuceando sin parar. Donny tirándose de la bandana comenzó a rogar, sin saber a quien realmente, pero a quien sea que le escuchara, pidió un milagro. Los gritos de los cuatro siguieron resonaron contra las paredes de la casa, rogándole al mayor que regresara, pero nada cambio.

Don siguió rogando, algo tendría que funcionar.

Mike detuvo sus gritos por un segundo al captar la caja de metal que reposaba en el suelo. Mirando de soslayo a Donny para su llanto en seco, y aterrado siguió llamando a su hermano mayor, no podía abandonarlos de nuevo, tenía que regresar. Splinter y Raphael estaban atados de manos, no entendían ni conocían nada de medicina, como para haber podido ayudar a Donny, y todo lo que podían hacer, era oír con impotencia, como los murmullos de Leo se apagan, hasta el punto en que el de azul solo lograba mover la boca.

Un grito atronador salió de la garganta del de rojo, imprimiendo el pánico generado por todos

-"¡LEO!"

Leonardo no podía escuchar sus gritos, pero oía claramente los suyos

-"¡SAQUENME DE AQUÍ!"

No tenía idea de cómo había pasado. Los brazos de su hermano menor habían desaparecido de pronto, dejándolo de pie. Nervioso por este extraño hecho, comenzó a llamarlos a todos, pero en vez de recibir respuesta, hoyo como un montón de gente comenzaba a reírse. El miedo se gano en su pecho al darse cuenta de que los que se reían, eran sus propios hermanos, su sensei genero el sonido que indicaba molestia y represalias, y antes de que pudiera preguntar qué pasaba, todos, comenzaron a caminar, lejos de él.

Reconocía cada paso particular; el acelerado de Mike, el suave de Donny, el pesado de Rapha, y el lento caminar de su sensei. Avanzando a ciegas intento alcanzarlos, tocarles la espalda, frenarlos de algún modo; los llamo varias veces, pero nada se escucho luego de unos segundos. Asustado comenzó a correr, sin saber hacia dónde iba, extendiendo los brazos trato de toparse con algo, pero la nada fue lo único que hallo. Sus pasos de pronto se interrumpen, y la desesperación toma otro rumbo. Sus pies parecen chapotear en lo que ruega al cielo sea solo agua, pero el olor metálico y corrosivo solo le indica otra cosa. El terror le hace correr y salpicar lo que sea que pise; corre sin detenerse, sin ninguna dirección, corre por que el miedo le obliga a hacerlo.

Tropezando con sus propios pies cae al suelo, mojándose los brazos en el viscoso piso. Agarrándose la cabeza sintió que perdía la cordura. Estaba oscuro y estaba solo, estaba oscuro y no tenía idea de donde estaba. Estaba solo, y nadie vendría por él. Llorando desgarradoramente, comenzó a llamar a su familia a los gritos.

-"¡RAPHAAAAAAA!"- nada, el no estaba ahí-"¡MIKEEEEEEEE!"- su risueño hermano había desaparecido- "¡DONNYYYYYYY!"- su tierno hermanito le había abandonado-"Padre…"- nada-"alguien….por favor"- susurro con un hilo de voz, rogando por ser escuchado- ¡SÁQUENME DE AQUÍ!- pero a pesar de todos sus gritos, el silencio y la oscuridad fueron los únicos que se quedaron.

Su llanto quebró todo rastro de firmeza y cayéndose de rodillas se dio cuenta de la verdad, la que no quería ver, la que trato de ignorar, la que pidió que fuera mentira

-"Es…toy….solo…me aban…donaron, me min…tieron, nun…ca me qui…si…eron"

-"No Leo…no estás solo"- la voz femenina inunda la habitación en un soplo parecido a la esperanza

-"A..mi"- susurra asustado, buscándola con las manos

-"Estoy aquí, todos estamos aquí"-estirando los brazos no consiguió encontrar nada

-"No…"- balbucea- "na….nadie..es..ta …aquí"

-"si están…"- habla suave y paciente

-"¡Mientes, ellos me abandonaron!"- Ami miro con tristeza a su joven amigo, pero no se rindió

-"Leo…deja de intentar ver con los ojos, levanta tu brazo"-Temblando el de azul levanta despacio el brazo derecho, pero sigue sin encontrarla

-"No hay..na…da"- un sollozo escapa de su garganta, como un símbolo de su derrota

-"Eso es porque tú crees que no hallaras nada…vamos, cree un poco en mi, cree que estoy aquí"

Leo respira intentando calmarse, y tembloroso levanta el brazo, esta vez, alguien se lo toma con fuerza, sobresaltándolo

-"Te lo dije…estoy aquí"- Leo sintiendo la pequeña mano de su ángel comienza a oír las voces de sus hermanos. No oye risas de burla, ni pasos alejándose, oye su nombre en una plegaria parecida a la suya

-"Están aquí…"-dice sorprendido, mientras su cuerpo parece desaparecer del lugar donde había sido puesto, la voz de Ami le deja un último mensaje antes de marcharse.

-"Siempre están ahí…solo tienes que creerles"

Una enorme bocanada de aire es todo lo que Leo necesita para regresar. Respirando agitado se sienta de golpe sobre el sofá, sintiendo la presión de la mascarilla contra su boca, como una mano invisible que solo intenta ayudar. La familia mira asustada al hijo y hermano, el cual entre que respira y llora, sin poder contener sus emociones. La oscuridad no ah cambiado, pero algo dentro de él, brilla lo suficiente como para darse cuenta, de que no necesita seguir gritando por ayuda.

Ami sentada en el respaldo del sillón observa silenciosa y paciente. Esta vez no hay garras ni sangre en su rostro, solo el sentimiento de rabia. Reprochándose lo suprime. Tiene rabia contra ella, pero Leo no necesita saber eso. Mirando a la familia ve como nadie se atreve a decir palabra. Las lágrimas se han congelado en sus rostros desencajados, la garganta se le has secado de tanto gritar, y el miedo indomable ha entrado sin carta de invitación, al antes, feliz hogar.

Leo respirando ahora sin dificultad se saca la máscara de oxigeno, despreciando su labor la tira lejos, como si ella fuera la causante de su dolor y sigue llorando, agradecido de estar de vuelta. Ami sonríe comprensiva. El llanto es liberador, el chico necesita desahogarse, nada ni nadie puede impedírselo. Bajándose del sofá se acerca al de bandana morada, y poniendo una mano sobre su pecho, le entrego el valor que la faltaba. El iniciaría esta vez

Donatello es el primero en lograr reaccionar, pestañea y vuelve a tomar aire, como saliendo de un hechizo auto impuesto. Con el dorso de la mano se limpia las lágrimas que han caído en medio de su batalla interna. Un suspiro de alivio se le ah quedado atrapado en el pecho y le causa dolor, pero por ahora, no hay nada que pueda hacer para remediarlo. Sentándose al lado de su hermano lo abraza. Las palabras sobran, no son necesarias.

El de añil al sentir el tacto suave y tibio de uno de sus hermanos aumento el volumen de su llanto. Creyó estar solo. Estuvo solo. Saboreo por segundos la amarga y dura soledad en la que temía caer en cuanto sus hermanos le olvidaran. Tenía miedo.

Mike volvió en si cuando las lágrimas calientes rodaron por su cara. Cayendo de rodillas en la alfombra, se aferro a la cintura de su hermano. No había forma de borrar lo que habían hecho. Ni con todas las risas que le sacaran al mayor, borrarían sus lágrimas y el dolor que le habían causado. La culpa era peor que un disparo en la cabeza. Raphael se les une a los chicos en silencio, poniendo una mano sobre la cabeza de su hermano y la otra sobre sus ojos. No está avergonzado de llorar, lo que le avergüenza es saber que todo es su culpa.

Splinter mira la escena helado. Sin color o rastro alguno de tranquilidad. Sin poder reaccionar sigue oyendo los gritos de sus hijos, se oye a si mismo gritando, rogando, implorando. Leonardo en su misma posición sigue llorando, preso de la alegría fusionada con el miedo. Ami sin molestarse avanza hasta el roedor, que sigue con la vista fija en sus hijos. El maestro siente la culpa caer sobre sus hombros como un balde de cemento. Como padre es un fracaso. No puede ayudarlos. La chica ladea la cabeza al leer sus pensamientos, el enojo que siente hacia el no ah cambiado, pero las ganas de ayudar a su protegido son mayores a cualquier sentimiento que posea, poniendo una mano en su espalda, lo empuja. Splinter desde ese punto avanza por su cuenta.

Leonardo siente los brazos de todos a su alrededor, su padre tardo un poco, pero esta también. Lo único que extraña es a Ami, pero la chica enseguida hace acto de presencia, calmando por completo

"Estoy aquí, tranquilo"

Leonardo respira hondo, llenado de aire sus pulmones y de vida su corazón. No está solo. Por lo menos, aún no.

Donatello también mucho más calmado inicio las preguntas, necesita saber que está pasando, o no podrá ayudar en nada a su hermano.

-"¿Qué…que sucedió?"

-"Yo….yo no sé…- ¿cómo explicar todo lo que había vivido?- de repente…ya no estaban"

-"Hermanito…"-sollozaba Mike con los nervios destrozados- "que susto…que susto"- decía mientras presionaba su cabeza contra las piernas del mayor, mientras este le acariciaba la cabeza

-"Eso fue espeluznante"- corroboro Rapha sentándose también en la alfombra

-"Creo…que envejecí 10 años"- susurro casi paralizado el maestro, mientras miraba a sus hijos

-"Leo…escucha, creo que lo mejor será que subamos"

-"De acuerdo Don…"- Leo no podía seguir batallando, ni contra sus hermanos, ni con nadie, y recordando algo se vuelve ciegamente hacia Donny- "Además, falta que te bañes…"

-"¿Me estás diciendo que huelo mal?"

-"¡no!, no es eso…no quise…lo siento"- el de morado entristece al oír su respuesta, es obvio que su hermano ya no sabía ni cómo actuar.

-"hey, que todo está bien, juntos, ¿recuerdas?"- Leo asiente, claramente no muy convencido. Han retrocedido dos pasos y el grupo lo nota.

Don con toda la seguridad del mundo, toma la mano temblorosa de Leo, y le ayuda a pararse, Mike incorporándose le toma la otra mano y le ayudan a caminar. La vida ya no es fácil para ninguno. El sensei se queda atrás mirando completamente devastado al mayor, quien se ve más pálido que la muerte, su voz y ahogada mirada se dirigen a Raphael

-¿Cuántas veces a pasado esto?- se toma la cabeza, tratando de serenarse

-¿con esta?, pues van tres, y no sé si pueda soportar otra- Raphael volteando vuelve a observar el punto en donde Leo parecía estar mirando, Ami le devuelve el reflejo de sus ojos tristes y cansados, pero él, nada ve. Girándose, el de rojo se alejo, no podía dejar solo a sus hermanos.

Leo ya en el segundo piso, sigue teniendo su cabeza ocupada. Tropezó dos veces en la escalera, pero bien sabe que es su culpa, Mike era muy amable en intentar ayudarlo, pero él nada de atención logro ponerle a su voz. Cuando están a punto de cruzar el umbral de su puerta, se detiene; tiene que hacer algo, y ya no puede seguir esperando.

-"chicos…esto…"-

-"¿Qué sucede? ¿te sientes mal?"- Donny esta estresado, teme que de un segundo a otro, Leo vuelva a evaporarse entre sus manos

-"No, es que..."

-"¿¡Donny, que pasa!?"- Rapha también esta histérico, y el solo verlos detenido ante la puerta, piensa en la peor tragedia

-"no se…yo..."- Pero el mas gruñón no tiene tiempo para escuchar

-"Hey, intrépido, relájate, lo que paso es normal, el cerebrito ya nos había dicho que podía volver a pasar, no tienes…que… ¿Qué estás haciendo?"- Leo a levantado la cabeza como muestra de que le escucha, de forma curiosa, como si tuviera en la punta de la lengua una pregunta universal, y se ha puesto en punta de pies, como si quisiera ser tan alto como Rapha y a comenzado a olerlo

-"Es que…huele dulce"

"-¿Dulce?"- preguntan todos sorprendidos, Don mirándolo extrañado niega el hecho

"-Leo…no hay nada dulce"

-"pensé que era Rapha….pero no es él"- sigue murmurando

-"Leo escucha, quizá tu mente te ah jugado una mala pasada, porque no hay nada dulce aquí"- la dureza de su vos no le molesta al de azul. Su hermano es un científico hecho y derecho, no creerá en lo que no ve.

-"Eso no es verdad"- dice paciente, sin molestarse por que no le crean, Donny se sorprende de que le siga rebatiendo- "Sigo oliendo algo dulce"

-"Bueno, como quieras"- Donatello tampoco tiene ganas de pelear; tomándole el brazo volvió a intentar avanzar, Leo volvió a frenarlo, poniéndose rojo, el joven líder pidió un favor

-"chicos… ¿me pueden dejar aquí?"

-"¿Aquí?", "¿pero por qué?", "¿Que intentas?"- Leo avergonzado le contesta a los tres

-"Es que…quiero ir al baño"- soltándose de las manos de sus hermanos agrego apresurado, con las palabras apretujándose por salir primero- "pero si me dejan aquí, ya sé cómo llegar solo, no es necesarios que ¡ah!…"- Mike no necesita oír mas. Tomando de la mano a Leo, ha comenzado a caminar hacia el final de pasillo, dirigiéndolo hacia donde quiere ir el mayor. El de añil sonrojado, omite sus quejas.

-"Listo, llegamos"- anuncia feliz de haber podido ayudar.

-"Gracias"-contesta bajito

Levantando los brazos, palpo la puerta hasta encontrar el pomo, y girándolo se metió dentro del baño. No había alcanzado a tantear el seguro cuando la voz de Mike lo sobresalto

-"¡Hey!, ¡que ni se te ocurra poner el seguro!"

-"Esta….bien"- soltó a media voz, como si lo hubieran pillado comiéndose las galletas de navidad a escondidas

Girándose, el desierto de oscuridad lo envolvió, sin amedrentarse, avanzo dos pasos. No choco con nada, respiro y una gota de sudor cayendo por el lado derecho de su cabeza, le marco el siguiente paso a seguir. Dio otro paso y la tina detuvo el siguiente, sin ganas de seguir moviéndose, se sentó en el borde. Tomando aire llamo con su mente a su ángel.

-"Ami… Ami ¿estás ahí?"-

-"¿Esta es tu idea de una conversación?"- Leo se sobresalta, pero enseguida le sonríe al ubicarla

-"Fue lo único que se me ocurrió"- la vergüenza en su vos hace que la chica sonría

-"No me malentiendas, es buena la idea, pero realmente jamás pensé que tendríamos que conversar en un baño"- el chico más seguro entonces, sigue hablando con su mente

-"¿Qué fue lo que paso…?"

-"Es algo difícil de explicar…..lo siento Leo, tendrás que esperar un poco"-Leo sin rendirse, cambia entonces el tema

-"¿Cuánto falta para que lleguen los chicos?"

-"Dos minutos"

-"Dos minu ¿¡QUE!?"

-"¡Leo!, ¿estás bien?"-

-"Mike está detrás de la puerta, si gritas te oirá"- Leo respira y le contesta a Mike, sin ponerle atencion a la niña

-"Si Mike, tranquilo"- Ami se sienta en el piso y espera a que el de azul retome la conversación-"¿y qué haremos?"

-"¿hacer?, Leo, tú no tienes que hacer nada, deja que tus hermanos se encarguen"

-"Pero…"

-"Además,ya es muy tarde para pensar, Casey está abriendo la puerta"-

Leonardo aparta la atención de la voz de su amiga y oye el sonido particular de los engranajes pidiendo aceite, el seguro de la chapa salta, y la puerta se abre con su mágico chirrido musical, enseguida una voz conocida, se incrusta en la casa

-"¿ME EXTRAÑARON PRECIOSAS?"

-"Casey, no grites"- la pelirroja entra sin tanto alboroto, pero con el mismo entusiasmo

-"Vamos Abril, que no los hemos visto en mucho, ya quiero ver la cara de todos cuando… ¿pero qué….?"-El de azul, oculto en el baño, comprende enseguida la pregunta a medias. No tiene que ver, para saber más o menos, las caras que han puesto sus hermanos, sin contar la cara que tendrá su sensei.

Primer strike...-susurra Ami

-"Señor Jones…Señorita Oneil… ¿Pero, que hacen aquí?"

-"Pues…¿hemos venido a saludar?"-Abril ya no está muy segura de la "buena idea", que tuvo Casey, pero este sigue sin darse por enterado

-"¿Y donde están los chicos?"- Splinter los mira choqueado, sin creer en su mala suerte. Raphael desde el segundo piso, junto con sus hermanos, miran helados la escena-

-"Estamos aquí arriba…"- susurra Mike, mientras se agarra la cabeza de solo pensar que tienen que repetir todo de nuevo. Donny se vuelve a tirar de la bandana. ¿Cuándo acabaría la tortura?

-"¡Rapha!, ¡viejo, tanto tiempo!, ¡baja de una buena vez!, ¿o me dejaras con los brazos abiertos?"- el de rojo por un segundo piensa que no es mala idea, pero sobreponiéndose, baja de un salto, y acercándose a la pareja pone su mejor mueca, lo más parecido a una sonrisa. El chico le abraza y le palmea la espalda. Abril enseguida se le acerca; no sabe si es el aire, o la casa, o la cara descompuesta de todos. Pero algo no anda bien

-"Raphael… ¿Qué a pasado?"

-"¿De qué hablas nena?"- Casey sigue en una galaxia distante al entendimiento, Donny bajando al primer piso suspira y se dirige a la chica, era hora de finalizar con todo el asunto.

-"Sera mejor que vengas conmigo Abril…Rapha, te dejo a casey"- el de rojo asiente, y haciéndole un gesto con la mano a su amigo le pide que lo siga, y se encamina en silencio hacia el Dojo. Donny se encamina a su laboratorio, el cual no ah limpiado, se recuerda, pero no le queda de otra. Mike bajando se dirige donde su padre, el cual sigue mirando hacia la puerta, como esperando que pasen más personas a ver su desgracia, para que sacasen fotos y lo vieran llorar ante la mirada indiferente de una cámara.

Leonardo luego de escuchar algunas de las frases de los chicos, se había parado del borde de la tina y se había quedado quieto. Cuando escucho el paso lento de Donatello sobre la escalera dejo de oír voces. Espero por algunos segundos, puso su mano derecha sobre su oído, pero nada más se escucho. ¿Eso era bueno o malo?

"diablos, diablos y mas diablos"-penso el de azul

Ami mirándolo y sintiendo que todos se encontraban en el segundo piso, se permitió materializarse, y sentándose en el piso, espero. Leonardo sintiendo su pequeña presencia, pregunto alarmado

-"¿Qué a pasado?"

-"Tu hermano Donatello se ha llevado a Abril para contarle lo que a sucedido; es un chico muy listo"- afirma- "ha empezado por la consecuencia y no por la causa; listo en verdad"

-"¿Y Casey…donde…?"

-"Esta con Raphael en el dojo; tiene algunas dificultades para expresarse, pero estará bien, tu padre está algo choqueado, pero Mike le está haciendo compañía, no te preocupes"

"Y… ¿Cómo se lo están tomando?"- no puede reprimir la curiosidad, y Ami tampoco evita mirarlo con comprensión infinita.

-"Veamos…"- Cerrando los ojos se mete en los diferentes cuartos, en busca de los mencionados- "m…Abril está llorando y casi ha subido a buscarte, Donny no se lo ha permitido y es obvio el porqué, todavía tiene que contarle la razón, y Casey…pues…él sigue sin entender nada"

-"¿Cómo que no entiende nada?"

-"vamos Leo, que esta no es una historia de tiernos duendes, no es fácil para Rapha contar esto, además que la paciencia que tiene tu hermano es poca, y Casey sigue sin luces de nada, dale tiempo"

-"¿Sera buena idea bajar?"-

-"En mi humilde opinión, creo que …"- un estruendo y un grito responden por la chica

-"¡COMO HAS PODIDO DONATELLO!"-

Segundo Strike…- habla para sí misma la chica

-"creo que no, definitivamente no"- le respondió a Leo, por si aún quedaban dudas

-"¿¡que pasa!?"- pregunto alarmado , tratando de llegar a la puerta

-"Tranquilo, no te alteres, déjame ver"- Leo espero mientras seguía escuchando como miles de cosas se rompían, junto con el llanto desgarrador de la pelirroja-"Santo cristo..."

-"¿¡Que!?"- pregunto a punto del colapso nervioso el de azul

-"La chica se ha lanzado sobre tu hermano y no sé si intenta solo dejarlo inconsciente o matarlo"-

-"¡Dios santo!"- más cosas se quiebran en la planta baja y Leo comienza a desesperarse- "¡Hay que hacer algo!"-

-"¡Raphael se ah metido en la pelea!"-

-"¿¡Qué, qué!?"

-"No ha servido de mucho"- contesta pesimista-" Abril lo ha mandado volando de una patada"

-"¡Tenemos que hacer algo!"

-"No sé si sea buena idea…"- contesto

-"¡AMI!"- le grito en reproche

-"¡Muy bien, muy bien!"-odiaba que le gritaran-"¿alguna idea?"

-"¡sí!, ¡ayúdame a bajar!

-"¿¡Estás loco!?"

-"¡Entonces bajo solo!"- y diciendo esto avanzo hasta dar con la puerta, o mejor dicho, chocar con ella; con el fuerte golpe su cabeza se desoriento aún más de lo que ya estaba, pero sin darle mayor importancia giro la manilla y salio. Mareado y sin prever el pequeño desnivel que se producía con la alfombra, tropezó. La sensación de que caía le izo cerrar los ojos, pero luego de unos segundos, al no sentir que se golpeaba con nada, noto como alguien le afirmaba firmemente del chaleco, evitando a si que se azotara contra el suelo. La voz de Ami salio entonces, realmente molesta.

-"Me provocaras un infarto"- y sin esperar que este le contestara lo incorporo, le tomo la mano y comenzó a caminar. Leo, ahora sin la puerta del baño, oía claramente los gritos de su familia

-"¡COMO PUDISTE!"- Abril no dejaba de gritar sobre el genio, al cual había logrado derribar en el piso del laboratorio- "¡ABRIL, VAS A MATARLO!"- Mike intentaba por todos los medios de sacar a Abril, pero todo intento era inútil- "¡SEÑORITA ONEIL, DETENGASE!"- el sensei había agarrado una de sus muñecas, pero las piernas de la chica seguían encerrando al de bandana morada, sin dejarlo escapar- "¡CASEY ¿QUIERES AYUDAR?!"-Rapha pedía ayuda a Casey, pero el joven guerrero solo podía mirar paralizado a su novia, totalmente enloquecida sobre el inteligente quelonio; cuando había entrado al laboratorio la voz de abril le había perforado los oídos, la frase que salió de sus labios seguía rebotando en su cabeza, y solo podía seguir viendo a su amigo luchar contra la indomable pelirroja

"Intentaron matar a Leo"- eso le había dicho Abril cuando intento detenerla, con semejante argumento, el chico solo pudo mirar a su mejor amigo, pidiendo una explicación. Pero Raphael no podía hacer nada más que intentar apartar a la chica. Después de todo, ahora ella intentaba matar a su hermano.

-"Ami, ¿no podemos ir más de prisa?"- pregunto claramente asustado el de añil al escuchar tantos gritos

-"Está bien, sostente de mi"- y abrazando como pudo con sus pequeños brazos a Leo, salto del segundo piso al primero, depositando suavemente al de añil sobre la alfombra, a quien no le importo como había logrado tal hazaña, lo importante era ayudar a su hermano; detener a Abril a como de lugar.

Donatello visiblemente más morado que su bandana, intentaba inútilmente sacarse a su "amiga" de encima, jamás pensó que reaccionara así, y por lo mismo no había puesto ninguna medida preventiva, que evitara semejante alboroto. La chica lo había lanzado de un puñetazo contra el estante de su laboratorio en cuanto había finalizado de hablar, y mientras todos los frascos caían al suelo, la chica se había abalanzado sobre él; su sensei y Mike habían aparecido enseguida, pero la chica no había hecho más que empezar con él, cuando el de rojo logro cruzar la puerta, pensó por segundos que al fín, todo terminaría. Se equivoco. Abril liberándose de Mike le había dado una patada tan fuerte al mas temperamental, que lo había dejado enseguida fuera de combate. Los chicos no podían estar más impresionados.

Leonardo siendo guiado por Ami, detecto enseguida el olor dulzón que había sentido antes de meterse al baño, la voz de Ami, ahora en su mente le entrego la explicación.

-"Es el perfume de Abril, toda la casa ahora huele a ella"-

Leo, sin más necesidad de explicaciones, noto enseguida como el volumen de los gritos aumentaba conforme avanzaba

-"Abril está muy enojada" – soltó al aire

-"Yo también lo estaría"- contesto la niña- "Bien, vamos entrar al laboratorio, ¿preparado?"

-"Listo"- afirmo seguro el de azul

-"Bien, mantente alerta, y no olvides que…"

-"Tú, estás conmigo"- Ami dedicándole una última sonrisa, abrió la puerta con un punta pie

Abril, sostenida por los chicos, se dio la vuelta como pudo, dispuesta a pelear con todo el clan Hamato por lo que habían hecho, pero toda la rabia que sentía, se desplomo cuando vio al mismo Leo parado en el umbral de la puerta. Cubierto de ropa azul, gordito y con las mejillas coloradas, no supo si por vergüenza o por el calor de todo aquel ropaje.

La familia entera se quedo en silencio y Leo no supo a dónde dirigir la ciega vista. Preocupado por su hermano, dio dos pasos, con los brazos extendidos, intentando no chocar con nada importante; pero sin lograr oír nada, no supo hacia donde más caminar; todos los gritos de antes le hubieran servido ahora, que irónico. Ladeando la cabeza puso su mejor cara de pregunta. ¿Donde estaban todos ahora?

El sonido de unos pantalones al rosarse, término por atraer su atención y el perfume dulce que tanto había sentido, termino por invadir su nariz. Abril llorando se abalanzo sobre sus brazos, dejando caer todo su peso y pena sobre el chico. Leo tambaleándose, aguanto el poderoso abrazo y todas las lágrimas que cayeron sobre su sweater azul. Acariciando el enmarañado pelo de la chica, comenzó a calmarla, con los ojos enfocados en frente. La familia entera no cabía en su asombro. Leo como siempre, había logrado lo que ninguno.

"-Abril…estoy bien…tranquila…"

"-Oh Dios…"- susurro Casey, saliendo al fin de su parálisis y dándose cuenta de lo que más temía contar Raphael- "Leo… ¿estas…?"

-"¿Ciego….?" Pregunto con una sonrisa triste- "Me temo que si Casey"- La pellirroja solo pudo sollozar desgarradoramente contra el cuello del joven líder, al oír la verdad de sus propios labios. Leo levantado la cabeza hacia el cielo susurro- "Tercer Strike"

-"Estas ponchado"- completo Ami a su espalda, mirando hacia el cielo de la habitación- "Fin del juego"


OK!, Espero que les haya gustado el capitulo, no me maten y sigan en sintonía xD. Espero comentarios, cartas de muerte, consejos, opiniones sobre los nuevos personajes, y todo lo que quieran escribirme. Un abrazo y que esta sea una excelente semana para todas (y todos si es que hay) Sayonara!