Disclaimer: Los personajes pertenecen a J K Rowling. Dudo que alguien pudiera confundirnos. Sólo Edmund es producto de mi febril imaginación.
En el despacho del Director de Hogwarts, Edmund contemplaba distraído algunos de los curiosos objetos dispuestos en una mesilla cerca de la chimenea.
En cuanto llegó, se dirigió inmediatamente a ese lugar, tal como habían acordado él y Dumbledore, pero al parecer el anciano estaba atendiendo algún asunto de urgencia, de modo que no cabía más que esperar. Por lo menos, había tenido la precaución de indicarle la contraseña, sino ahora estaría dando vueltas al pie de esa fea estatua; lo que no habría sido muy conveniente, ya que si bien era algo tarde, aún había varios estudiantes pasando por esa zona y sin duda llamaría la atención.
Empezaba a molestarle eso de andar escondiéndose. Se consideraba un hombre reservado, pero esto sobrepasaba los límites. Era consciente de que su habilidad de moverse por ambos mundos le proporcionaba una tremenda ventaja, pero también era cierto que de algún modo no podía evitar sentirse limitado cuando debía tratar con otros magos. Como espía, sosteniendo reuniones clandestinas con extraños, y hasta participando activamente en algunos ataques a mortífagos prófugos, era entonces cuando sabía qué era lo que debía hacer exactamente.
Pero le habría gustado poder revelarse abiertamente como el mago que era. Cierto que su status no era el más común; criado a la luz pública como un muggle en una posición destacada en su entorno; y por otro lado, entrenado de manera secreta para desarrollar sus habilidades por los dos maestros más capaces que se podía imaginar: Su propia madre y Albus Dumbledore.
Y era allí justamente donde radicaba el problema a su entender. El secretismo. El rechazo de su padre a la sola idea de que su único hijo abrazara un camino distinto al suyo. Aunque él nunca lo dijo abiertamente; por el profundo amor que sentía hacia su esposa, el cual le impedía negarle prácticamente nada, Edmund siempre supo que era un temor latente con el que vivió hasta sus últimos días. Que le diera la espalda para correr fascinado hacia ese otro mundo del cual provenía su madre. Pero él no habría sido capaz, lo respetaba demasiado para eso. Fue el hombre más honorable que había conocido y jamás le habría provocado semejante dolor.
Fue sólo después de su muerte que retomó el contacto con Dumbledore, a pesar de la reticencia de su madre, que sabía de todo lo que acontecía en el mundo de los magos y quería a su hijo a salvo. A él no le importó. Al contrario, le avergonzaba no haber actuado antes, pero al menos había sido aceptado por su viejo profesor cuando ofreció sus servicios casi a ciegas, sin saber realmente si podría ser de alguna utilidad. Y para su sorpresa, dejando de lado la modestia, sabia que lo estaba siendo.
En cuanto se sintió libre para actuar, utilizando los conocimientos que durante tanto tiempo mantuvo a la sombra, supo que ese era su camino. Desde el primer encargo fue así. Sin dudas ni reparos. Casi feliz de poder abrir sus alas y dejar fluir todo ese poder milenario recluido por su obligación filial.
Pero la casi nula interacción con otros magos durante todo ese tiempo lo volvía aún más cauteloso. Odiaba reconocer que había muchas cosas que no comprendía del todo; así como también la desconfianza que notaba desde un inicio en las pocas personas que Dumbledore le había presentado. No podía reprochar sus reparos, pero tampoco era una sensación muy agradable. Su madre se burlaría sin piedad si supiera que su orgulloso hijo deseaba ser plenamente aceptado por un grupo de brujos de los que ella sin duda ni siquiera había oído hablar.
No había tocado el tema con el director porque se daba una idea de cuál sería su opinión; y recibir conmiseración, aún de alguien a quien apreciaba tanto, le resultaba insoportable. En cambio, de algún modo sentía que era una conversación que podría sostener con Hermione. Ella comprendería. No estaba seguro de cómo, pero sabía que así sería. Le maravillaba la confianza que esa chica le inspiraba, y como casi podía verla en su mente, oyéndole atentamente mientras le contaba la historia de su vida, sus motivos para actuar de modo extraño a veces y la inseguridad que no se permitía mostrar a nadie. Sí, ella sabría exactamente qué decir y cómo hacer que se sintiera mejor.
Por ridículo que sonara, la extrañaba mucho. ¿Cómo añorar a alguien a quien apenas has visto? No tenía ni idea, pero era una sensación muy agradable. Desear con desesperación ver a una persona que en ese momento se encontraba tan cerca tenía un sabor agridulce. Se imaginaba apareciendo en el comedor y dirigiéndose a su mesa para saludarla. Conocía el camino, el profesor se le indicó recientemente. Pero suponía que a ella no le haría ninguna gracia, por el contrario, se enfurecería y esa no era la idea del reencuentro que él tenía en mente. Sin embargo, empezaba a impacientarse y no se le ocurría otro modo de verla nuevamente; además de que si bien no lo reconocía del todo, era consciente de que tenía muchas cosas que explicar y no estaba seguro de cuál sería la reacción de la joven.
Retiró su capucha con molestia por la frustración, y empezó a dar vueltas por todo el despacho. Vaya con Dumbledore, ¿dónde rayos se había metido? Estaba a punto de empezar un nuevo recorrido por la habitación, cuando fue interrumpido por el sonido de la puerta abriéndose y revelando la imponente figura del guardián de Hogwarts.
- Buenas noches, no sé si me recuerda, soy Rubeus Hagrid.- saludó el hombre con reticencia, fijándose en el rostro del otro, que podía ver por primera vez al descubierto.
- Desde luego, buenas noches. – respondió Edmund, rezongando para sí "otro receloso, lo último que necesito".
- Verá, el profesor Dumbledore me pidió que le avisara que iba a tardar algo más de lo que pensaba. Un problemita con unas plantas carnívoras en el invernadero tres. Nada que la profesora Sprout no pudiera resolver sola, pero es que trataron de comerse a un nuevo ayudante y el director anda viendo que el pobre se calme. – explicó Hagrid, sin darle mucha importancia.
- Ya veo.- respondió escuetamente Edmund, alzando las cejas.
- Bueno, el director me pidió que se lo explicara y que le hiciera compañía un rato.- mencionó el guardabosque.
- Eso no será necesario, señor Hagrid, puedo esperar solo. Seguro que usted tiene asuntos más importantes que atender.- le dispensó Edmund.
- Pues la verdad es que no. Ya me iba para mi casa. Yo vivo allá fuera, ¿sabe? En una cabaña en los terrenos del castillo, y no me molesta para nada quedarme unos minutos. Además, me lo ha pedido el profesor Dumbledore.- culminó, como si eso fuera más que suficiente para no poner ninguna objeción.
- En ese caso, se lo agradezco, es usted muy amable.- repuso el otro.
Ninguno dijo más durante algunos minutos. Hagrid se limitó a permanecer de pie junto a la puerta y Edmund decidió sentarse en una silla frente al escritorio del director. En circunstancias normales, hubiera considerado su actuación poco educada, pero no estaba de humor para soportar las miradas suspicaces que le dirigía el semigigante.
- Es la primera vez que le veo la cara, ¿no le incomoda andar siempre cubriéndosela? – rompió el pesado silencio Hagrid.
- Mucho, pero forma parte del trabajo, lamentablemente. Aunque estoy pensando que puede resultar innecesario; por lo menos cuando vengo aquí.- comentó Edmund, decidiendo responder la pregunta del otro hombre, ya que reconocía era hecha con inocente curiosidad.
- Pues haría bien en dejarlo, por lo menos cuando viene por aquí, como dice usted; ni que fuera tan feo.- intentó bromear Hagrid para relajar el ambiente.
- Vaya. Gracias, creo. Tiene usted razón, imagino que debo de inspirar más suspicacia todo cubierto, ¿no?- concordó el hombre más joven.
- Claro. No se vaya a ofender, pero la primera vez que vino me dio un buen susto. Creí que se trataba de algún mortífago rondando el castillo; tal vez por eso fui tan descortés. Casi le echo encima a Fang.- reconoció el guardabosques.
- No se preocupe por eso. Hizo bien en desconfiar; podría haber sido cualquiera, es cierto. Es sólo que esa fue la primera vez que venía a este lugar y tenía mucha curiosidad. Debí presentarme directamente en el despacho del profesor Dumbledore.- le dio la razón Edmund.
- Tampoco hizo nada malo. Hogwarts es sorprendente, ¿quién no se moriría por ver tanto como pudiera? – comentó orgulloso Hagrid.
- Es cierto. Veo que usted realmente aprecia este lugar. – afirmó más que preguntó Edmund.
- Sí, este es mi hogar y estoy muy honrado de servirle; y también al director, que es el mejor que ha tenido Hogwarts. – indicó el mayor, hablando con devoción y sentándose en una silla cercana al fuego.
- No lo dudo. Conozco a Dumbledore hace varios años y es un hombre admirable en todo sentido.- concordó Edmund, acomodándose mejor en su asiento para ver el semblante del otro hombre.
- Lo es, lo es. De modo que conoce hace tiempo al profesor. Qué bien, estará contento de que usted le esté ayudando. Le tiene mucho aprecio, ¿sabe?- mencionó Hagrid.
- Espero que tanto como el que le tengo yo a él.-asintió el otro.
- Oiga, ¿usted es inglés? – preguntó Hagrid luego de permanecer un momento en silencio.
- Sí, lo soy. ¿Por qué lo pregunta? ¿Acaso no lo parezco?- se extrañó Edmund.
- Pues la verdad no es que no lo aparente. Es sólo que me parece un poco raro no haberlo visto nunca antes, siendo un mago amigo de hace tantos años del profesor Dumbledore…-dejó Hagrid en el aire.
- No tengo una participación muy activa en la comunidad mágica.- se limitó a responder el otro algo esquivo y cortante.
- Ya. No era por andar de curioso, sólo era una pregunta.- medio que se disculpó Hagrid, para luego guardar silencio.
Edmund calló también y se quedó viendo el fuego de la chimenea. Le agradaba este hombre; algo brusco, pero honesto. Se notaba que hacía un esfuerzo por ser amable, a pesar de la reserva que le inspiraba. Este era uno de esos casos en los que no sabía muy bien como actuar. Suspiró y decidió tratar de entablar conversación nuevamente; después de todo, ¿no se quejaba hacía unos minutos de no poder mantener una plática normal con otro mago que no fuera Dumbledore?
- Y, dígame, señor Hagrid, tengo entendido que es usted también profesor aquí en Hogwarts, ¿cierto?- preguntó con su voz más afable.
- Sí, de Cuidado de Criaturas Mágicas. Tengo sólo algunos años en el puesto, pero el director me dio la oportunidad y estoy muy contento; es lo que más me gusta. Las criaturas mágicas son fascinantes y así puedo enseñarles a los chicos acerca de ellas.- contó entusiasmado el hombre por estar tocando su tema favorito.
- No sé mucho respecto al tema, pero puedo hacerme una idea. Imagino que a veces puede conllevar ciertos riesgos; algunas criaturas son de cuidado.- comentó Edmund.
- No crea. Mucha gente lo piensa, pero sólo hay que saber tratarlas. Hasta las criaturas más fieras son nobles con quienes las tratan bien.-indicó el semigigante.
- Un rasgo que lamentablemente no compartimos siempre los humanos. Nos llevan mucha ventaja en eso.-reflexionó el hombre.
- ¡Muy bien dicho! Siempre lo he pensado, pero no lo ando diciendo para no ofender a algunas personas. Oiga, usted tiene una mente muy despierta, ¿eh? - lo alabó Hagrid, con honestidad.
- Gracias, es muy amable; pero es tan solo la verdad, aunque concuerdo en que no es algo que a mucha gente le agrade oír.- sonrió irónico Edmund.
- Ni que lo diga. ¿Porqué no viene un día de estos a una de mis clases? Puede estar como observador, tengo unos especimenes preparados que creo que le pueden gustar.- lo invitó Hagrid.
- Me encantaría, se lo agradezco; aunque deberé discutirlo primero con el director, no sé si resulte conveniente. – indicó el hombre más joven.
- Es verdad, había olvidado eso. Debemos preguntarle, no se pierde nada. Y si no puede ir, siempre puedo prestarle unos libros muy interesantes que tengo. ¿A usted le gusta leer?- inquirió el guardabosque.
- Tanto como puedo. Lo que más extraño de estar en casa es poder visitar la biblioteca como tengo acostumbrado.- comentó Edmund, sintiéndose más en confianza.
- ¿Tiene allí muchos libros?- se interesó Hagrid.
- Algunos.- mencionó Edmund, pensando en los miles de volúmenes que se encontraban en la gigantesca biblioteca de la mansión Lascelles.
- En ese caso, visite la biblioteca de Hogwarts, allí encontrará todos los libros que se pueda imaginar y no habrá problema si va. Sólo trate de no hacerle la competencia a Hermione, porque seguro que perdería.- bromeó el hombre al vuelo.
Al escuchar el nombre, Edmund fijó la mirada muy interesado en su interlocutor. ¿Sería posible que este hombre fuera amigo de Hermione?
- ¿Hermione? ¿Es una estudiante?- preguntó Edmund, fingiendo desinterés.
- Claro, Hermione Granger, la mejor amiga de Harry Potter. Seguro que a él sí lo ha oído nombrar. – indicó extrañado Hagrid.
- Por supuesto, ¿quién no conoce la historia de ese joven? Ahora que lo menciona, creo haber leído algo relacionado a él y a unos amigos muy cercanos que lo ayudaron en la última lucha.- comentó Edmund.
- Eso es. Hermione es una de esos amigos, el otro es Ron Weasley.- informó el semigigante con simpleza.
- Ya veo, debe de ser una joven muy especial para haber demostrado tanto valor.- dijo Edmund, sin poder evitar la admiración en su voz.
- Vaya que lo es. La mejor bruja de su generación; y no crea que lo digo porque soy su amigo. Pregúntele a cualquier profesor y todos estarán de acuerdo en eso.- dijo muy orgulloso el hombre.
- Si usted lo dice, no tengo ninguna duda de que debe de ser así. Qué interesante. La conoce desde pequeña, supongo, igual que a los otros chicos.- interrogó cauto.
- Desde su primer día aquí. Toda una mira sabidilla, al comienzo le resultó difícil hacer amigos justamente por eso, pero ya ve. Ahora no hay quien la separe de Harry y Ron; han pasado por muchas cosas juntos y se quieren tanto…- rememoró conmovido Hagrid.
- No es para menos. Por lo que he oído, se han enfrentado a cosas terribles; es natural que todo eso haya fortalecido su amistad. Supongo que son tan unidos como hermanos.- anotó Edmund.
- Se podría decir. Especialmente entre Harry y Ron. Verá, Harry es hijo único, como tal vez sepa y los Weasley han sido como una verdadera familia para él. Ron es el hermano que nunca tuvo.- informó el guardabosque.
- Y Hermione es como su hermana.- insistió el hombre.
- Más o menos. Hasta hace unos meses le habría dicho que sí sin dudar, pero ya no estoy tan seguro.- dijo Hagrid en plan de confidencia.
- ¿Acaso están peleados?- inquirió extrañado Edmund, sabiendo lo mucho que eso afectaría a Hermione.
- No, al contrario. Imagínese, eso me parece casi imposible. Lo digo porque tal vez tengamos allí una parejita en ciernes. – se fió Hagrid, casi dando palmadas de la emoción.
- ¿En serio?- dijo Edmund imprimiendo un tono helado a su voz que por suerte pasó inadvertido para el semigigante, demasiado entusiasmado para notarlo.
- No digo que sea algo seguro, aunque estaría feliz si fuera así. Pero creo que Harry está dando unos avances en ese sentido que podría darnos una buena sorpresa muy pronto.- terminó de contar el guardabosque.
- ¿Qué clase de avances?- insistió Edmund, sin dejar su voz gélida, aunque esta vez el otro hombre si la percibió.
- Oiga, lo que he mencionado son sólo ideas mías, se me he ido la lengua. Harry me mata si sabe que lo ando mencionando. Usted no va a decir nada, ¿verdad? – casi pidió nervioso.
- Por supuesto que no, jamás traicionaría su confianza, pierda cuidado.- aseguró Edmund, recuperando su tono sedoso, aunque alguien más observador que Hagrid habría prestado atención a su mirada intimidante.
- Menos mal. Ya me había asustado; si supiera la cantidad de veces que he pecado de indiscreto. Un feo defecto que tengo, pero como usted dice, no pasa nada.- suspiró aliviado el hombre.
- Descuide. Créame, soy la última persona a la que oirá siquiera mencionar esa posibilidad.- dijo Edmund recuperando el aplomo, y hablando como quien menciona el clima.
Hagrid iba a darle las gracias nuevamente por su discreción, pero lo distrajo la entrada del profesor Dumbledore, que miró a ambos hombres con curiosidad, ya que no esperaba encontrarlos conversando al parecer tan cómodamente.
- Buenas noches. Edmund, cuánto lamento la tardanza, supongo que Hagrid te explicó.- se acercó el director para darle la mano al hombre.
- Por supuesto, no se preocupe, además el señor Hagrid ha tenido la amabilidad de hacerme compañía.- mencionó Edmund estrechando la mano extendida.
- Muchas gracias, Hagrid; como siempre, has sido de gran ayuda.- agradeció el anciano sonriendo.
- No fue nada, profesor. Nos hemos entretenido un buen rato charlando, ¿verdad?- dijo el guardabosque lanzándole una mirada amistosa a Edmund.
- Desde luego. No tiene idea de cuánto me ha ayudado el señor Hagrid. Su charla ha resultado de lo más instructiva. – comentó Edmund sonriendo en retribución a Hagrid.
- Cuánto me alegro que hayan congeniado. Ahora, si nos disculpas Hagrid, tenemos algunos temas que tratar y ya he hecho esperar demasiado a nuestro amigo. – dijo el profesor, sentándose frente a su escritorio.
- Seguro, señor. Yo debo ir a dar unas vueltas por los terrenos. Bueno, fue un gusto conversar con usted. Ya sabe, cuando quiera puede pasar a visitarme.- se despidió muy amable Hagrid.
- Gracias a usted. De nuevo, me ha ayudado muchísimo. Espero verlo pronto.- dijo Edmund perdiendo su mano en la gigantesca del otro.
- Eso espero. Buenas noches a ambos, nos vemos.- terminó de decir Hagrid, cruzando la puerta y cerrándola tras de él.
- ¿Y bien, Edmund, quieres darme el informe ya o prefieres que te haga traer algo para cenar? Seguro que no has comido desde el almuerzo.- ofreció el profesor.
- Será en otra ocasión. Ahora tengo algo de prisa y preferiría darle el informe ya, aunque no hay mucho que contar en realidad. Todo ha estado muy tranquilo últimamente.- señaló Edmund.
- Como gustes. ¿Ocurre algo? Te veo extraño. Espero que no haya habido ningún problema con Hagrid.- dijo algo preocupado el director, conocedor del excesivo celo de su guardabosque.
- En lo absoluto, al contrario. Como le mencioné, él ha sido de gran ayuda. Bueno, ¿le parece si empezamos ya con los detalles? De verdad tengo asuntos muy urgentes que atender.- dijo inquieto el hombre más joven.
- Si es así, adelante.- aceptó Dumbledore, extrañado, pero sin hacer más comentarios.
- Perfecto. En lo que respecta a la última incursión en Roma…- empezó la profunda voz a relatar.
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Harry, Ron y Hermione estaban en la biblioteca consultando unos libros para la tarea de Pociones. En circunstancias normales, sólo la chica habría ido y los muchachos le hubieran preguntado luego; pero de un tiempo a esta parte, Harry intentaba pasar tanto tiempo con ella como podía. Lo ideal habría sido que no los acompañara Ron, pero Hermione insistía porque aún la ponía un poco nerviosa estar a solas con Harry.
Los tres chicos rebuscaban entre varias pilas de libros, Hermione y Harry sentados lado a lado, con Ron al frente.
- Pero qué injustos son los profesores. Si quieren que estemos listos para los EXTASIS no entiendo porqué nos mandan tanta tarea. Deberían dejarnos repasar lo de los otros años.- se quejó Ron, dándole vueltas desganado a las hojas de un ejemplar polvoriento.
- Se podría decir que eso es lo que estamos haciendo. Si te dieran carta libre para estudiar cuando tú lo creyeras conveniente, no tocarías un libro hasta el día anterior a los exámenes.- lo recriminó la chica, mientras tomaba apuntes.
- ¡Eso no es cierto! Como si tú fueras a dejarnos. Sé que ya debes de andar preparando los horarios de estudio, ¿o me equivoco?- la provocó el pelirrojo.
- No digas tonterías. No lo haré hasta dos meses antes. Necesito estar segura de todos los temas que pueden entrar.- lo contradijo ella.
- ¡Qué alivio!- suspiró burlón su amigo.
- Te recuerdo, Ron, que si no fuera por el método de Hermione no habríamos sobrevivido a los TIMOS.- intervino Harry con voz pausada, arrugando la nariz por alguna desagradable receta que estaba leyendo.
- Gracias, Harry. Es bueno saber que alguien me valora.- agradeció la chica, apretando con cariño el hombro del muchacho.
- No hay de qué. Es sólo la verdad; no sé qué sería de nosotros sin ti.- comentó Harry, separando la vista del libro, para brindarle una cariñosa sonrisa, que fue correspondida por Hermione.
Ron tan sólo rodó los ojos y lanzó un suspiro aburrido. Eso de que "dos son compañía y tres son multitud" le resonaba en la mente, pero había quedado con Harry en que estaría con ellos hasta recibir alguna señal, y hasta ahora no le había dicho nada. Vaya que le debía una grande. Empezó a dar vueltas con la mirada por la habitación, haciéndose el de la vista gorda para dejar a Harry actuar, cuando notó que madame Pince le hacía gestos. Extrañado, se señaló a sí mismo, pero ella negó con la cabeza y señaló a Hermione.
- Hermione, creo que el viejo buitre quiere hablar contigo.- le dijo a su amiga, interrumpiéndola.
- ¿Quién?- preguntó la chica, distraída.
- Madame Pince, te está haciendo muecas. – le explicó Ron.
- ¡Ron, no la llames así! En serio, a veces puedes ser tan descortés.- increpó Hermione indignada y poniéndose de pie.
- ¿Qué? Parece uno.- se defendió el chico.
- Eres un caso perdido. Harry, por favor, ¿puedes transcribir el segundo párrafo de la hoja marcada de este libro? Encontré algo muy interesante y no quiero que se me olvide. Voy a ver qué es lo que necesita Madame Pince.- pidió la joven, dirigiéndose al muchacho de ojos verdes.
- Claro, ahora mismo lo hago. Pásamelo. – aceptó Harry.
- Es este de aquí, sólo el segundo párrafo, lo demás no es necesario.- le explicó ella, acercándole el libro, movimiento que el muchacho aprovechó para cubrir con su mano los dedos de la chica mientras tomaba el volumen.
Hermione se sonrojó y lo miró con exasperación a lo que Harry correspondió con una sonrisa inocente. La chica retiró su mano y con un bufido más divertido que molesto, se encaminó al escritorio de la bibliotecaria.
Madame Pince la esperaba con expresión algo fastidiada por la tardanza y en cuanto Hermione se acercó a la mesa, la mujer se agachó a su altura para no ser oída por otros estudiantes.
- Señorita Granger, como usted supondrá, no acostumbro hacer favores personales a los alumnos, de modo que si le solicito que venga, tenga la amabilidad de hacerlo a la brevedad posible.- espetó.
- Lo lamento, Madame Pince, pero necesitaba dejarle algo encargado a mis amigos, no se volverá a repetir. Y, este… ¿acaso ha averiguado algo sobre el libro que le mostré?- inquirió la chica muy nerviosa.
- Como le prometí, le envié una carta al señor Kingston, pero me temo que aún no he tenido una respuesta.- le explicó la mujer, frunciendo el seño.
- Ah, qué lástima. Tal vez no ha tenido tiempo para contestarle.- comentó la chica desalentada.
- Eso es lo que me extraña, porque hace casi diez días que le escribí y no es común que él tarde tanto en responder. Después de todo, sólo era una carta para saludarle y hacerle una sencilla pregunta.- rezongó la dama, que al parecer se tomaba el gesto como un desaire.
- Puede que tenga mucho trabajo.- trató de calmarla Hermione, aunque no se imaginaba cuánto trabajo podría dar administrar una vieja tienda que casi no tenía visitantes.
- Tal vez. Pero quería comentarle que si no me responde en los próximos días, tomaré mi día libre para acercarme al Callejón Diagon y hablar personalmente con él.- afirmó la bibliotecaria.
- Se lo agradezco mucho, pero no tiene que tomarse tantas molestias.- indicó la chica sin poder evitar mostrarse más entusiasmada.
- No crea que lo hago por usted. Como le dije, le guardo mucho aprecio al señor Kingston y me gustaría saber si se encuentra bien de salud. Es el único motivo que me imagino podría impedir que me contestara.- aseguró la mujer, que parecía haberse tomado el asunto de modo personal.
- Sí, claro, tiene usted razón. Será un gesto muy amable de su parte.- alabó la chica para evitar la ira de la bibliotecaria.
- Es lo más correcto. Bien, eso era todo lo que le quería mencionar.- indicó la dama.
- Gracias de nuevo; espero que el señor Kingston responda pronto y que se encuentre bien de salud.- deseó la chica con amabilidad.
- Así lo espero también, gracias. Sólo una cosa más, señorita Granger. Estuve buscando en algunos de mis archivos y no he podido encontrar ninguna referencia a un mago llamado Edmund Lascelles. – indicó la bibliotecaria.
- Ya veo.- se limitó a decir Hermione, que en parte lo esperaba.
- Sin embargo, el apellido Lascelles me resulta conocido. En un primer momento no lo relacioné, como le dije no es un apellido de magos y menos antiguos; pero estoy segura de que lo he oído nombrar o lo he leído en alguna parte, eso es lo más probable; tal vez relacionado por matrimonio con alguna familia renombrada, no estoy segura. Quizás si busco en los registros encuentre algo. -. Culminó su explicación la dama, algo curiosa por la sorpresa que mostraba el rostro de la estudiante.
- No sabe cuánto se lo agradecería, Madame Pince, por favor hágalo.- pidió la chica con fervor.
- Como ya le dije, eso haré. Tan pronto como cuente con tiempo disponible, claro. Tengo demasiado trabajo y muchos pendientes. Además, no debe entusiasmarse tanto, tal vez me equivoco, leo demasiado y puedo haberme confundido.- indicó la bibliotecaria.
- No se preocupe. Cualquier cosa que logre averiguar se lo agradeceré mucho. Sé que usted puede encontrar la respuesta correcta.- ensalzó la chica muy segura.
- Gracias por su confianza. Bueno, vuelva a lo suyo, yo debo atender algunas cosas y cerrar la biblioteca pronto, ya casi son las ocho. – la despidió la mujer, algo incómoda con los halagos.
- Seguro, gracias de nuevo. Buenas noches, Madame. – se despidió la chica, más aliviada por la información que había podido obtener y acercándose a la mesa que antes ocupaba, para encontrar sólo a Harry esperándola.
- Se te hizo larga la charla. ¿Desde cuándo tú y Madame Pince se llevan tan bien?- comentó el chico con tono divertido.
- Sólo estaba dándome una información que necesito para un trabajo.- murmuró la chica esquiva, en tanto retomaba su lugar- ¿Dónde está Ron?
- Se fue hace unos minutos. Dijo que si se quedaba más tiempo iba a enloquecer, pero lo convencí de que se llevara un par de libros para que los repasara mañana.- informó Harry.
- Supongo que eso es algo. Tampoco podemos exigirle más, ya hizo mucho esfuerzo quedándose tanto tiempo aquí. Tú también deberías ir a la Sala Común; debes de estar exhausto.- aconsejó Hermione.
- Prefiero quedarme aquí contigo; nos iremos juntos.- descartó él.
- Harry, eso no es necesario. ¿Por qué mejor no vas con Ron? Seguro que él tiene un montón de cosas de qué hablarte; Quidditch, por ejemplo. Te distraerás más que estando aquí conmigo. – insistió ella.
- Hermione, no hay ningún otro lugar en el que podría querer estar, y mucho menos nadie con quien preferiría pasar el tiempo, ¿de acuerdo?- recalcó el muchacho.
- Está bien. ¿Copiaste lo que te pedí?- preguntó la chica sonriente.
- Sí, señora. Cada palabra.- repuso el chico, bromista.
- Muy gracioso.- contestó la chica, dándole un suave codazo en plan de juego.
- No era una burla. Si me como un punto me matas. – dijo Harry, sobándose exageradamente.
- No es para tanto, a lo mucho te hago volver en la madrugada para que lo copies correctamente.- indicó la chica siguiéndole la broma.
- Ja,ja. Eso sí que no. Mucho te puedo querer, pero tampoco voy a dejar que me explotes.- increpó Harry con falsa indignación.
- Harry… ¿en qué quedamos? – expresó la muchacha molesta.
- ¿En que estoy perdidamente enamorado de ti, pero no tengo problema en esperar a que te des cuenta de que sientes lo mismo?- comentó chico inocentemente.
- No tienes remedio. – suspiró Hermione, tomando otro libro del montón para empezar a revisarlo.
- Pero así y todo me quieres.- dijo él, pasando el brazo sobre los hombros de la muchacha.
- Harry…- se limitó a decir Hermione, en plan de advertencia.
- Ya sé, está bien. Además tu amiga empieza a mirarnos mal; no vaya a ser que nos eche.- aceptó Harry, retirando su brazo.
- Si te refieres a Madame Pince, no es mi amiga, pero si la responsable de este lugar y como tal es su deber hacer que se cumplan las reglas; y los juegos las rompen.- indicó Hermione muy tiesa.
- Me encantas cuando asumes esa actitud tan recta. Te ves adorable.- alabó el muchacho susurrándole cerca al oído.
- Harry, es la última vez.- ahora si Hermione se oía exasperada.
- De acuerdo. A ver, ¿necesitas que te ayude a copiar algo más?- se ofreció el Gryffindor.
- No por ahora. Pero sí dale una leída a ese libro de tapa azul de tu izquierda, podría haber algo que nos sirva- sugirió la chica, volviendo a su lectura.
- A la orden.- se limitó a decir Harry, con voz divertida.
Hermione sólo lo miró sacudiendo la cabeza, sin decir nada y concentrándose en copiar unos párrafos del texto que tenía en frente, mientras Harry leía con mucha atención el libro que le mencionó.
Así siguieron trabajando en silencio un rato más, sin notar que desde antes de que Ron se marchara, un hombre de ojos oscuros y con la cabeza cubierta no les quitaba la vista de encima, escondido detrás de una de las estanterías más lejanas y oscuras, siguiendo cada uno de sus gestos y movimientos.
En cuanto la bibliotecaria anunció como acostumbraba que cerraría el lugar en unos minutos y los pocos alumnos que quedaban empezaran a guardar sus cosas y acomodar los libros, el hombre dio una última mirada a los jóvenes sentados en el otro extremo de la habitación y con sigilo dio media vuelta para salir sin ser notado.
En cuanto salió del cuarto, Hermione levantó la vista de lo que hacía para buscar con la mirada. Harry lo notó y se le quedó viendo extrañado.
- ¿Ocurre algo?- preguntó.
- No, nada. Sólo me pareció…No puede ser, olvídalo. Ten, toma estos libros, será mejor que nos los llevemos.- dijo la chica algo alterada.
- ¿Seguro que estás bien?- insistió Harry.
- Sí, claro, no te preocupes. Vamos ya, antes de que Madame Pince se moleste.- indicó ella tomando aire y enrumbando el camino a la salida, pero sin poder deshacer el ceño fruncido, cosa que Harry no pasó por alto, pero prefirió no hacer ningún comentario.
Los muchachos tomaron el camino a la Torre de Gryffindor sin intercambiar palabra. Harry pensaba que algo había perturbado a la chica, pero algo le decía que ese no era el mejor momento para preguntar; de modo que continuaron la marcha en silencio, cada cual sumido en sus pensamientos.
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N.A. Empezamos con los agradecimientos especiales para la gente estupenda que dejó un review. Gracias a Alastor (siempre presente, lo máximo), Alexa-potter (tan encantadora), Nocturnal Depression (x4, tú entiendes) y desde luego a Lady Bellatrix Black (caro querida, qué bueno es saber de ti). Gracias también a quienes leen y no dejan mensaje, aunque como ya he comentado no es algo que me disguste en lo absoluto, al contrario, me hace muy feliz.
Acerca del capítulo, pensé que ya era buena idea darle motivos a Edmund para que se espabilara, el hombre se me estaba durmiendo y eso no puede ser. ¿Y qué opinan de la nada sutil estrategia de Harry? ¿Hermione investigará como se debe de una buena vez o las cosas se le irán de las manos? Sólo el tiempo lo dirá.
Espero saber de ustedes, recibo consejos, sugerencias, tomatazos, flores (adoro las margaritas), lo que sea será bienvenido. Muchos besos, bendiciones y espero que nos estemos leyendo muy pronto.
