Fucking shit. Llegué a casa hace media hora. Feliz Navidad por atrasado, sweeties.
AVISO TRASCENDENTAL, AGRADECIMIENTOS Y CONTESTACIÓN AL REVIEW ANÓNIMO AL FINAL DEL EPÍLOGO.
SEGUNDO AVISO TRASCENDENTAL; ¡Poned There´s a fine, fine line, de Avenue Q, antes de empezar a leer! Espero haberla traducido bien, ñé.
Sin más, enjoy. Perdonad a esta cabecita loca por publicar un epílogo a estas horas. ¡A la hoguera conmigo!
There´s a fine, fine line. Epílogo. Datos omitidos.
Si sentarse en el asiento verde asiduo a la cama de Shindou y no moverse aunque un elefante le pisara el dedo meñique gozara de reconocimiento público, Kirino Ranmaru se habría hecho famoso. Los padres de su amigo tenían en mente volver de su viaje de negocios por Hokkaido tres días después, pero un hijo era un hijo, y cualquier compromiso laboral pasaba a un segundo plano cuando se trataba de Shindou. Que los señores de la casa no parasen mucho por ella no significaba que lo descuidaran. Ni mucho menos. Únicamente no podían dedicarle todo el tiempo que a los tres les habría gustado, pero Shindou los entendía. Los añoraba cuando partían, pero tampoco es que conociese otra manera de vivir que con sus padres fuera de casa cinco o seis de los siete días de la semana.
Un pequeño seísmo en sus párpados alertó a Kirino, que se medio levantó de un salto con los músculos de la espalda baja dormidos. Esperó, inmune a los pinchazos que palpitaban bajo su piel. Inmune a todo aquello que no fuera Shindou, el cual entreabrió los ojos, aletargado, acostumbrándose a la luz aséptica de la habitación del hospital.
"Shindou, ¿sabes que las pupilas se contraen y se agrandan en función de la luz a la que se exponen? Cuando estás a oscuras, la pupila ocupa casi la totalidad del iris, pero cuando enciendes la luz, se contrae."
— ¿Cómo estás?—preguntó por fin, examinando su rostro en busca de señales que le respondieran antes que el propio Shindou.
"¿En serio? Entonces creo que Akane me acaba de dejar sin pupilas."
—Bien, supongo. ¿Qué ha pasado?—interrogó con una nota de ronquera en la voz. Kirino se mordió el labio, sintiendo como una punzada de culpabilidad lo atravesaba de lleno.
"¿Quién te cuenta esas cosas?"
Algo ajeno a esa punzada de culpabilidad se le clavó entre las costillas flotantes como una jabalina. Distinto. No pudo reconocerlo, pero intuyó que estaba pobremente relacionado con…
"Kurama."
…la aspereza en el timbre de Shindou. Arañaba las vocales cerradas con parsimonia, casi como si pudiera palparlas y sujetarlas entre los dientes. Como si pudiera tocarlas.
—Ganamos el partido contra el Mannouzaka.
"Hablando en serio, Shindou, ¿deberíamos contárselo a los demás?"
—Me acuerdo—corroboró su amigo, sonriendo un poco. Su vista se opacó durante una milésima de segundo, y Kirino supo que Shindou estaba pensando en lo orgulloso que se sentía de su equipo—. ¿Y después?
"¿Lo de las pupilas?"
Kirino se revolvió en el asiento, acorralado como un zorro ante un perro de presa.
—Después entramos en el vestuario. Fue una tontería. Estábamos tan contentos de ganar que… bueno, entre todos te encerramos en una taquilla—Kirino reflexionó sobre lo estúpido de la broma. Dicha en voz alta tenía menos sentido aún.
"Shindou…"
Shindou lo miró largamente.
—Y me desmayé, ¿verdad?—adujo con resignación.
—Sí. Lo siento mucho, Shindou. No lo hicimos con mala intención—le hizo saber atropelladamente. Pero su amigo no le rebatió nada de nada.
"Despierta, porfa."
—Kirino, ¿nunca te has preguntado por qué mis padres y yo no tenemos relación con el resto de la familia?—increpó en un tono vacío. Kirino se cuestionó qué estaría pasando por su cabeza.
"Venga Kirino, es lo que siempre me haces hacer tú."
—No. Bueno, alguna vez, pero no lo he considerado importante. Quiero decir, si nunca me has comentado nada, tus razones tendrás—respondió con sinceridad.
—Creo que deberías saberlo—resolvió Shindou—, pero con la promesa de que no se lo contarás a nadie.
"Pinkie promise entonces."
— ¿A quién se lo iba a contar, Shindou? Eres mi mejor amigo. Mis secretos son tuyos y viceversa.
—Lo sé—admitió el chico, ahuecando el almohadón almidonado tras él.
Kirino resistió la tentación de ahuecarlo él mismo, pero se dijo que entre preocuparse por alguien y tratarlo como si fuera inválido existía una fina línea que no debía ser cruzada.
Hay una delgada, delgada línea.
—Dispara.
Shindou fijó su vista en las rodillas, la barbilla a muy poca distancia de la clavícula. Una curva pronunciada de su cuello por la que se filtraba el brillo nacarado de una tarde de invierno que acecha tras el cristal.
Hay una delgada, delgada línea entre la realidad y el fingir.
—Cuando era más pequeño, mi familia solía reunirse de vez en cuando. En Navidades, en verano y ese tipo de cosas. La última vez que los vi fue cuando cumplí cuatro años. Vinieron todos; mis abuelos, mis tíos, mis tíos políticos y mis tres primos. Eran todos mayores que yo, aunque fuera por unos años. El más pequeño tenía siete. Nos pusimos a jugar al escondite en el jardín trasero de casa, pero no tardamos en descubrir que había pocos sitios donde esconderse.
Kirino contempló de soslayo el jarrón vacío junto a la cama, solitario sobre la mesilla de noche, y se le ocurrió que alguien debería verter un poco de agua dentro y llenarlo de flores.
Y antes de alcanzar la cima es difícil saber si vale la pena el camino cuesta arriba.
—Suele pasar—no pudo evitar interrumpirle. La última vez que Shindou y él habían jugado al escondite no llegaban a los once años, y el juego había terminado con un berrinche descomunal por parte de Kirino, escondido tras la cortina de la bañera de su casa, a la espera de que Shindou la descorriera para darle un susto. Pero su amigo se las sabía todas y, viéndose venir la jugarreta, se plantó en el umbral del baño con rotundidad y arrojó uno de los zapatos de tacón de su madre hacia la bañera.
El chillido que lo siguió y un chichón en la frente pusieron de manifiesto que no estaba vacía.
Hay una delgada, delgada línea entre el amor…
—Te has acordado—sonrió Shindou—. Bueno, mis primos se aburrieron pronto. Ellos eran mayores—ironizó, y Kirino pudo visualizar un par de comillas envolviendo esa palabra—y ya no disfrutaban jugando a cosas de críos. Ni siquiera recuerdo sus nombres—apuntó. Kirino se fijó en que tenía los nudillos blancos en torno a las sábanas almidonadas y le acarició la mano con la yema de los dedos en un toque casi fantasmal, que hizo que fuera perdiendo fuerza y recuperando el color poco a poco. Shindou no se dio cuenta—. ¿Sabes el rincón del jardín más apartado de la Mansión?
…y una pérdida de tiempo.
—Sí. El de los rosales.
Hay una delgada, delgada línea entre un cuento de hadas…
—En aquel entonces mi padre ni siquiera tenía decidido qué plantar, así que solo había un agujero poco profundo, un montículo de tierra y un par de cajas de cartón llenas ropa que ya no utilizábamos y que pensábamos donar a una ONG a la semana siguiente. También había un par de juguetes míos. Nunca fui muy aficionado a ellos, y prefería que los tuviera alguien que pudiera darles uso de verdad—Kirino se descubrió admirando la solidaridad de un Shindou de cuatro años de edad—. En una de las cajas estaba el equipo de submarinismo de mi padre, bueno, unas gafas, un tubo y unas aletas.
... y una mentira.
—Muy profesional.
—Ya. Ahora uno de sus hobbies es el buceo de verdad, a más de diez metros de profundidad. El caso es que decidió tirar ese equipo porque ya no lo utilizaba y a mí me quedaban grandes las aletas, por no hablar de las gafas—hizo una pausa—. Mis primos se aburrían, y mucho. No les apetecía estar en casa con el resto de la familia escuchando conversaciones en las que no entraban ni salían, así que empezaron a registrar las cajas. Les expliqué lo que había dentro y les pedí que pararan, porque luego habría que doblar la ropa otra vez y seguramente todos nos llevaríamos una reprimenda. Me pareció lógico.
Y hay una delgada, delgada línea entre "eres maravilloso"…
No continuó. Parecía no encontrar las palabras idóneas para hacerlo. Kirino apretó levemente su mano y le instó a retomar la anécdota. Y lo hizo, con la rapidez de alguien que desea llegar al final de una historia lo más rápido que su facilidad de verbo le permita.
… y "adiós."
—Empezaron a lanzarse prendas de ropa por encima de mi cabeza, pero yo era más pequeño que ellos y nunca las alcanzaba. Lo único que cogía entre las manos era aire. El tubo y las gafas estaban en el suelo, así que tuve una idea. Las cogí y en una de esas conseguí pescar una de las camisas de mi madre. Les dije que se había acabado y que devolviéramos todo a las cajas y las colocásemos como estaban, porque así tal vez no se darían cuenta de que las habíamos abierto. Pero ellos tenían un plan mejor que el mío.
Supongo que si alguien no te corresponde no está cometiendo ningún crimen.
Silencio otra vez. Kirino se dio cuenta de que había estado conteniendo el aire y lo dejó escapar.
— ¿Qué plan?—preguntó con el corazón en un puño.
Éramos unos críos. Fue un accidente.
—El mayor de los tres rompió la camiseta que había cogido al vuelo y los otros dos me sujetaron. Me ataron las manos, me vendaron los ojos y me colocaron las gafas y el tubo. La boquilla era demasiado grande y me hacía babear—tragó saliva—. Me metieron en una de las cajas y dejaron el tubo por fuera.
Pero hay una delgada, delgada línea entre el amor…
—Shindou…
—Y empezaron a echar tierra encima. Podía oír el sonido de las piedrecillas contra el cartón, repiqueteando como la lluvia contra el cristal, colándose en la caja y en el tubo, haciéndome toser. Y de repente pensé algo espantoso.
… y una pérdida de tiempo.
Kirino sintió como su vista se nublaba y los ojos se le cristalizaban en lágrimas.
Se odió a sí mismo por no aguantar el tipo.
Por llorar, aun cuando el dolor pertenecía a Shindou. Otra vez.
Kirino Ranmaru se odió por ser débil.
—Pensé que nadie se daría cuenta de mi ausencia, que no vendrían a buscarme y que no volvería a ver la luz del sol. Pensé que moriría dentro de esa caja.
Y no tengo por qué perder el tiempo contigo, nunca más.
Kirino lo abrazó con fuerza, temblando de pánico en estado puro. Malditos críos. Maldición, maldición, MALDICIÓN. ¿Cómo esperaba Shindou que volviese a dormir tranquilo sabiendo que en un universo paralelo jamás habrían merendado juntos, jugado un partido, ido los dos al instituto o sido amigos siquiera?
Dudo que alguna vez hayas sabido siquiera lo que estás buscando.
Un universo en el que jamás podría haber visto a Shindou tocar el piano. Privado para siempre de los únicos momentos en los que sentía que podía evadirse de sus problemas, una niebla blanca y densa que lo colmaba por dentro y se llevaba consigo tensiones, inseguridades y miedos acumulados; como el agua después de un incendio.
Por mi propia cordura, tengo que cerrar la puerta.
Un roble carbonizado rodeado de árboles caídos, con las brasas de un gris rojizo latiendo aún contra la corteza.
Un universo sin Takuto Shindou.
Y marcharme…
—Shindou, no volverá a pasar. De verdad. No permitiré que te pierdas la luz del sol, ¿me estás escuchando?—inquirió con la voz estrangulada, aferrándose a su camisilla. Shindou estaba en la parra, pensando en que era curioso que el más afectado al final hubiera sido Ranmaru.
…oh. Siempre sorprendiéndolo.
—Eso pasó hace mucho tiempo, Kirino. Sabía que no debería habértelo contado—murmuró dándole unas palmaditas reconfortantes en la espalda. Kirino lo fulminó con la mirada.
—No digas tonterías. Nunca te habría perdonado si no me lo hubieras dicho.
Hay una delgada, delgada línea entre estar juntos…
—Jamás lo habrías sabido—Kirino iba a protestar, pero Shindou se le adelantó—. Sea como sea, no te preocupes. Ocurrió hace mucho tiempo.
—Ni tú. Nunca volverá a suceder—prometió alzando el meñique.
… y no estarlo.
Ambos sintieron una punzada de pavor incrustándose como metralla contra la piel ante esa última afirmación, tan fácil de decir y tan abstracta de cumplir. Desapareció con la misma rapidez con la que había aparecido, dejando un regusto amargo en el paladar y la boca de la garganta.
Y hay una delgada, delgada línea entre lo que deseas…
Pero se esforzaron en no pensar en ello.
Y se puede decir que lo consiguieron.
… y lo que tienes.
"En el Raimon solo había dos personas sabedoras de que antes de estudiar Latín y lenguas muertas, el italiano Luca Nazorine había pertenecido a uno de los sectores más influyentes de la mafia italiana. Al menos hasta aquel catorce de febrero. Se había visto envuelto en asuntos de chantaje y tráfico de drogas, concretamente heroína y drogas experimentales. No había pisado Rebibbia en su vida y jamás lo haría. Eso fue lo que pactaron él y sus superiores antes de que fuera destinado a Japón, donde todos sus delitos prescribirían mientras allí permaneciera. Y ahí estaba, desempeñando con saña un empleo tan inofensivo y filantrópico como podía ser enseñar en un instituto. Nazorine no simpatizaba con los mocosos, sobre todo con los mocosos insurrectos con complejo de mocosas insurrectas, motivo por el que le gustaba tanto su trabajo.
Aún conservaba su amor por el poder."
Debes ir tras las cosas que deseas cuando aún estás en tu mejor momento.
Hay una delgada, delgada línea entre el amor…
… y una pérdida de tiempo.
FIN
AVISO TRASCENDENTAL
[Editado el 27 de febrero de 2014] ¡Hola! :D Gracias por llegar hasta aquí. Hace más de un año que publiqué el último capítulo de PDS, y vengo para decir que he modificado un poco el final (apenas unas palabras) de este fic para que sea el definitivo. Lo siento por los que esperabais una continuación. Hace mucho que no escribo para el fandom (sigo leyendo, pero sin escribir) y dudo que retome El sabor del mes, por lo que he decidido borrarlo y dejarlo hasta aquí. Creo de corazón que es lo mejor pero eh, lo guardaré a buen recaudo en mi carpeta :)
AGRADECIMENTOS
Quiero dar las gracias a Kim Natsuyaki; por estar ahí desde el origen de los tiempos, a Azmine Junet; por su valiosa y apreciada opinión, a Neko Hika-chan; por su amor a los chicos y sus grandiosas fantasías, a The-Queen-Nasuda por hacerme amar la palabra "magistral" (ma-gis-tral. No lo decimos tanto como deberíamos), a todas las que llegásteis después de publicar el epílogo y a ti, que nunca has dejado un review pero me has acompañado a lo largo de esta primera parte: espero de todo corazón que os haya gustado y os haya llegado un poco a la patata.
CONTESTACIÓN AL REVIEW ANÓNIMO
¡Hola! Y… sí. Supongo que puedo. Don´t like promises, pero estoy medio fantaseando con un One-shot en el que estarán (chananán) Hiroto y Midorikawa de por medio. Finales de Febrero es la fecha tope. Es posible que haya lemon de Suzuno y Haruya, que no probable. Si no lo has leído, te aconsejo mi One-shot We believe, para que averigües si te gusta la manera de enfocarlos. Me sorprende encontrarme tu sugerencia en el noveno capítulo de este fic, porque lo que son Burn y Gazelle, no aparecen. Tanto si te ha agradado PDS como si no, me gustaría mucho que me hicieras saber tu opinión. Mil gracias por leer, ¡un saludo!
Nos vemos en menos de lo que todos creemos, ¡Feliz año nuevo a todos!
Janet.
PD: he abierto un negocio de adopción de animales adorables a cambio de reviews. ¿Quién quiere a Mao? ¿Y a Nam? ¡Están a la venta por el módico precio de un review!
