Nunca pensé que volvería a coger este tren y mucho menos como profesor ya no soy aquel niño lleno de ilusiones y miedo, estoy cansado de andar el camino, de aullar a la luna sin recibir respuesta alguna, observo por la ventana hasta dormirme perdido en recuerdos pasados que me traen dolor, sin importar el tiempo pasado sigo sin entender como Sirius fue capaz de tal traición y ahora que se ha escapado temo que termine lo que empezó en el pasado.
No puedo desaprovechar la oportunidad que Dumbledore me está dando una vez más, mi reencuentro con Severus está cargado de tensión él sigue odiándome y no parece muy dispuesto a cambiar de opinión. El desprecio en sus palabras, en sus actos y en su mirada me duele como si todavía fuese un adolescente buscando ser aceptado, pero no se lo demuestro al contrario le agradezco con una sonrisa cada vez que me entrega la poción y disfruto viendo como le molesta ver que cada vez que me pide un objeto para prepararla corto sin miramientos un trozo de mi viejo y desgastado abrigo, he aprendido con el tiempo a viajar ligero, no tengo muchas cosas de las que esté dispuesto a deshacerme.
Si James y Lily estuvieran no tengo duda del orgullo que sentirían por su hijo, puedo ver el reflejo de los dos en él y a veces resulta tremendamente doloroso, a veces pienso en ser débil y convertirme también en un traidor a base de un movimiento de varita y palabras que se llevaran todos los recuerdos que me crean dolor, pero entonces sé que tendría que deshacerme de los buenos también, convertirme en una cascara vacía y eso no pienso dejar que pase, porque también tengo muy buenos recuerdos de lo que compartí no sólo con mis amigos del colegio, también están los recuerdos de muchos otros amigos y uno recientemente adquirido que dudo que alguno de mis jóvenes alumnos pueda llegar a olvidar, pero es que el joven Neville nos ha regalado un Severus realmente adorable con las ropas de su abuela, sólo pensar en ello me hace sonreír.
Las noches son largas, siento la luna acercándose a mí, aunque la poción me tranquiliza al estar tan cerca de mi pasado me pongo nervioso y no logro dormir. Vago por los pasillos ocultando mi inquietud en las guardias, es entonces cuando veo la negra figura deslizarse por los pasillos, la sigo en la distancia ocultándome en los rincones de mi infancia como si él pudiese atraparme en cualquier momento, pero no mira para atrás ni una vez, ni tan siquiera comprueba antes de entrar a la sala de los menesteres y yo me quedo oculto en mi escondite un tiempo eterno en el que me pierdo en los recuerdos de aquel niño con mirada de adulto que jugo conmigo, el mismo que reía inocentemente jugando con patitos de goma, al que jure proteger sin darme cuenta. Suspiro ante esos recuerdos que terminan trayendo otros, como al joven que no dudo en coger su mano después.
No sé porque me planto delante de donde debe aparecer la sala, me digo a mi mismo que debe haber buscado otra cosa, pero cuando la puerta se abre lo veo todo igual que aquel día, salvo por el cuerpo desnudo y brillante por el agua pegada en la piel, tiene una expresión tan triste en su rostro, incluso dormido mantiene el ceño fruncido, acaricio su cabello mojado, y lo tapo con una manta no sin poder evitar observar que su cuerpo esta surcado de cicatrices, debo dar gracias de que Madame Pomfrey lograse cerrar las heridas que yo le cause, aunque aún puedo ver la marca de ellas, los nervios que siento por la cercanía de la luna se han ido para dejar sólo el deseo de enmendar el pasado. No sólo con Severus también con Sirius, ahora que está detrás de Harry pienso enfrentarle y averiguar el motivo de su traición.
Durante mi primera transformación permanezco encerrado y algo atontado, se supone que la poción debe calmarme, pero mi lobo está inquieto no de una forma agresiva que me llevase a ir comiéndome las pobres ovejas de algún ganadero, no, es una inquietud distinta de decir al mundo "Estoy aquí.", pero de alguna forma siento que comparto sus sentimientos y no puedo más que dejarme llevar y aullar, aullar a la luna una y otra vez aunque donde estoy no pueda verla, pero mi mensaje llegara.
El viejo mapa del grupo ha vuelto a mí, parece que el destino quiere que permanezca en manos de los Potter aunque no tengo más remedio que confiscárselo si quiero mantenerlo a salvo, Sirius está acercándose demasiado a él.
Observando el mapa para asegurarme que todo el mundo está donde tiene que estar, descubro un nombre en el que me hace saber la verdad como si fuera una puñalada, no dudo en coger mi varita y terminar lo que empezó hace más de una década junto a mi amigo.
Ni tan siquiera me sorprende de lo que es capaz Severus llevado por todo su rencor, es realmente tan apasionado que no soy capaz ni de culparle por intentar matar a Sirius, él no sabe la verdad, de la misma forma que Harry siempre acusándolo de ser el villano no nota como lo mira cuando cree que nadie ve, es la misma forma en que miraba a Lily un cariño infinito. Los dementores están cerca y esa maldita alimaña se os ha escurrido de las manos. Estúpido de mi he olvidado algo esencial, la poción que Severus ha preparado diligentemente para mí sin ocultar ni una sola vez que lo hacía por Dumbledore, pero en cada poción he notado ligeras variaciones, como si lentamente pudiese tomar el control de mí mismo en la transformación, pero ahora no es así, ahora sólo siento a la bestia gruñendo desde mis entrañas mientras toma el control, la poca conciencia que me queda me sirve para ir hacía el bosque, para ver a Sirius cambiando como tantas veces para estar a mi lado, pero también veo algo más, algo que me confunde, Severus está delante de los chicos varita en mano para protegerlos, pero ahí cierto brillo en su mirada que me confunde.
Cuanto daño puede hacer la verdad, Severus se ha quedado sin su condecoración y yo sin trabajo, debería estar odiándole como hacen los demás, pero yo sólo siento que los dos nos la hemos devuelto y estamos en paz.
Maleta en mano camino por el pasillo sintiendo que he cambiado, el saber la verdad de Sirius, el ver que Harry es un buen muchacho con amigos que permanecerán a su lado.
– Lupin. – Me llama Severus justo cuando su nombre venía a mis pensamientos.
– ¿Si? – Contesto girándome lentamente, quiero alargar este momento.
– Dumbledore me ha pedido que te de esto, ten cuidado es delicado. – Me entrega un paquete envuelto cuidadosamente y se marcha, pero nuestras miradas se han cruzado y esta vez la he mantenido, no voy a huir más, la próxima vez seré yo el que corra tras él.
He regresado a la vieja casa que compartí con Sirius, entonces no lo supe, pero el muy cabrón la había comprado y puesto a mi nombre, cuando lo descubrí no fui capaz ni de venderla ni de ocuparla, no quería nada que viniese de un traidor, pero ahora vuelvo a ella sintiéndola una vez más mi hogar. La limpio a movimientos de varita para terminar sentado en el sofá con el paquete sobre mis piernas, lo abro con cuidado, y al momento sé que Dumbledore no me ha enviado nada de lo que contiene, ni el suministro de pociones, ni el abrigo marrón con botones de madera y bolsillos suficientes para ocultar lo que quiera.
Capricornio que complicado eres y que feliz me haces sin saberlo.
