Perdonen por la demora de este capítulo, estaba un poco corta de inspiración, luego de mucho pensar y algunos destrozos en mi pobre cabecita, les traigo este capítulo, espero sea de su agrado. Recuerden que el fic no es continuación del manga, sino una especie de Universo Alterno después del final del anime, por eso algunas inconsistencias. Pese a lo anterior, espero lo disfruten.

Presentando a un nuevo personaje se halla la imagen de este capítulo. Aprovechando esta nueva función de FF he decidido cambiar la imagen de portada con cada nuevo episodio.

Recuerden que todas sus dudas serán contestadas en mi fic "Entrevista con los Hitachiin", así que no se olviden de comentar.

No se olviden de votar mi encuesta de perfil, ésta es sobre el título del capítulo 13, titulado "Haruhi en el País de las Maravillas" en el original. La opción con más votos será la elegida. Además, no sé si el protagonista de la bizarra aventura deberá ser Haruhi o Hikaru, ¿ustedes qué opinan?


Las nubes de delicada apariencia flotaban suavemente en el cielo azul, los rayos del sol sobre las mismas les daban un baño dorado que aumentaba su belleza. Sus orbes chocolate contemplaron un instante lo anterior para luego dirigirse a sus manos sobre su regazo. Cerró los ojos y soltó un suspiro dirigiendo la mirada al frente.

No parecen reunirse a menudo… por eso, tengo que esforzarme mucho en este encuentro. Este encuentro que se realiza en Londres, por eso ellos han estado tan extraños estos días.

Kaoru usaba un pantalón azul marino, una camisa gris y, sobre ella, una chamarra verde. Sentado a su derecha, del otro lado del pasillo, jugaba distraídamente en su NintendoDS. Parecía no estar muy concentrado en ello, puesto que por los ruidos procedentes del juego había perdido ya varias veces y, en contestación, él soltaba algunos bufidos de enojo, reintentando pasar el nivel.

Por su parte, Hikaru, sentado a su derecha en el mismo lado del pasillo, se entretenía escuchando música con ayuda de grandes auriculares, cerrando los ojos y tamborileando los dedos al ritmo de la música, si bien es cierto que lo más probable era que no la "escuchara" realmente, pues no había notado que el modo de Repetición estaba activado y, por eso, la misma melodía se oía desde un par de horas atrás. El mayor usaba el mismo conjunto que Kaoru, con la diferencia de que su sudadera era roja.

Se escuchó la voz del capitán indicando que pronto aterrizarían. Kaoru pareció comprender por fin dónde se hallaba, dejó la consola de lado y se abrochó el cinturón. Hikaru abrió los ojos, se quitó los auriculares e imitó a su hermano. El avión descendió lentamente en el aeropuerto. Haruhi comprendía que algo no andaba muy bien con los chicos, sin animarse a preguntar, pues ella misma era un manojo de nervios.

-Hemos llegado –se oyó la voz del capitán–, esperamos que hallan disfrutado del vuelo.

Hikaru se desabrochó el cinturón y paró de inmediato, bajando del avión como si de ello dependiera su vida. Por su parte, Kaoru no se movió ni un centímetro, fijando la vista en la alfombra roja bajo sus pies que era parte de la decoración del sitio. Haruhi se paró lentamente y tomó su pequeño bolso café, regalo de los gemelos, dispuesta a bajar.

-Oi, Haruhi –oyó la voz de Kaoru llamarle, sin que el aludido cambiara su cara de desgano–, no te preocupes por Hikaru, él está bien.

-¿Y tú, Kaoru? –preguntó, viéndole en una situación parecida.

-¿Oh? –le miró mientras jugaba con un mechón de su cabello.

-¿Estás bien? –se sentó a su lado.

-Sí… –desvió la mirada.

Haruhi no creyó esta contestación, colocó una mano sobre la del pelinaranja, quien volteó a verle, y dijo:

-Sabes que puedes contar conmigo, si algo pasa, dímelo, ¿de acuerdo?

-Mmm… –recibió de contestación.

En ese momento Hikaru entró en el sitio, encontrándoles muy cerca el uno del otro. Además, Haruhi aún tenía su mano sobre la de su hermano. Se quedó parado a la mitad del pasillo, mirándolos. Kaoru se dio cuenta de su llegada.

-Oh, Hikaru, no debiste marcharte así, tenías preocupada a Haruhi –dijo.

-Hikaru, menos mal –sonrió la otra, enderezándose.

-¿Ya arreglaste los pormenores? –preguntó el otro, parándose y metiendo ambas manos a los bolsillos del pantalón.

El mayor permanecía serio, limitándose a verles, sin siquiera parpadear.

-¿Qué ocurre, Hikaru? –le miró confundido su hermano.

-Perdón, creo que he interrumpido… –masculló antes de dar media vuelta y salir.

La castaña fue detrás de él, alcanzándolo en la limosina negra que los fue a recoger. Se sentó a su lado en la parte trasera, cerrando la puerta detrás de sí. Hikaru estaba callado, cruzando los brazos y mirando por la ventanilla sin prestarle atención.

-¿Pelearemos por esto? –preguntó con voz calmada la chica.

-No sé a qué te refieres… –se hizo el desentendido.

-Hikaru, aún cuando no sea tu novia de verdad, me gustaría que confiaras en mí y no que pusieras en duda todo lo que haga o diga –le comunicó, mirándole sin hallar sus ojos.

-Eres libre de hacer y decir lo que quieras –sentenció, colocándose los auriculares, dando por terminada la discusión.

-¿En verdad piensas de esa manera? –se dio cuenta de que no la escuchaba, por lo que le quitó los audífonos– ¿Me prestarás atención?

Sin embargo, notó la mirada del mayor, la cual lucía perturbada por algo. Desde días atrás que algo había pasado, pues los dos estaban un poco (mucho) más serios y no hacían tantas bromas o juegos. Haruhi entendió que aquello que preocupaba a Kaoru también causaba ese efecto en Hikaru, aunque a un grado mayor.

-Hikaru…

-Haruhi… yo…

El pelinaranja la abrazó suavemente, recargando su barbilla en el hombro izquierdo de la castaña. La adolescente no se movió ante tal acción, ¿cómo era posible que el Hitachiin pasara de la indiferencia a ese grado de ternura que no mostraba con los demás? Y… le gustaba… debía admitir que eso le gustaba, verle tan decidido en algunos aspectos y tan tierno en otros. Escuchó cómo susurraba en su oído:

-Lo siento… no debí… no debí comportarme así…

-¿Qué ocurre, Hikaru? ¿Qué te tiene tan preocupado a ti y a Kaoru?

-No… no estamos preocupados… –volvió a susurrar, hundiendo más el rostro.

-¿Entonces?

-No preguntes… por favor…

Sabía que no sacaría más de él, por lo que ya no insistió. Instantes después entraba Kaoru con actitud despreocupada. Se sentó al lado de Haruhi y continuó jugando con la consola. Hikaru volvió a colocarse los auriculares y a mirar por la ventana, Haruhi entrelazó su mano con la suya transmitiéndole seguridad con ello, el pelinaranja correspondió apretando la suya más fuerte, ella se recargó en su hombro izquierdo, quedándose dormida no mucho después. Despertó siendo sacudida levemente por Kaoru al poco tiempo, el menor le dijo que ya habían llegado y que lo mejor sería que bajaran. Hikaru se talló los ojos, despertando casi al unísono que ella.

-Te ves terrible… –bromeó, viéndola despeinada.

-Tú luces peor… –le restó importancia, encogiéndose de hombros.

-Oh, ¿sí? –sonrió.

El gemelo le revolvió más el cabello, comenzando a reír al ver el resultado causado. En respuesta, la castaña le imitó, comenzando a pelear en el interior de la limosina.

-¡Me rindo, me rindo! –levantó ambas manos el pelinaranja, riendo divertido.

Haruhi se detuvo, mirándole. Hikaru le devolvió la mirada y sonrió tranquilamente.

-Será mejor que entremos –le avisó, saliendo y ayudándole a bajar.

Cuando Kaoru les vio entrar por la puerta de la casa que rentaban en Londres cuando se quedaban una larga temporada, notó que estaban de buen humor, recordando cosas del Host Club mientras reían. El menor sonrió al ver esta escena, ahora ya podía relajarse. Se acercó a ambos y, sonriendo, preguntó:

-Neee, Haruhi, ¿ya sabes qué te pondrás?

-¿Ehhh? –le miró confundida.

-Mamá te envió parte de su colección privada, ¿no es así? –sonrió más ampliamente.

-Sí.

-Entonces, creo apropiado que uses uno de sus vestidos en esta comida. Ya llamé a un amigo estilista para ayudarte con el cabello –cruzó los brazos detrás de la nuca mientras sonreía ampliamente.

-No es necesario –negó con ambas manos.

-Vamos, le hemos sacado de una sesión fotográfica con la revista Losmo en Milán y hecho viajar en un jet de primera clase sólo para ti –comunicó.

-Malditos ricos bastardos… –pensó.

o0o

-¡Qué linda! –festejaron los gemelos, elevando los pulgares al mismo tiempo al verle salir.

La castaña tenía el cabello recogido del lado derecho, algunos mechones sueltos enmarcaban su rostro, una orquilla rosa pálido del lado derecho realzaba el peinado. Usaba un vestido del mismo color que el adorno en el pelo, el cual era de una tela delgada semivaporosa, la parte superior se ajustaba a su cuerpo, pero debajo del busto había una costura que daba inicio a la falda, la cual caía suavemente. Un lazo rosa fuerte ceñido bajo el busto y zapatos del mismo color completaban el conjunto. En las manos llevaba un pequeño bolso blanco.

-Creo que falta algo, Kaoru –sonrió esta vez Hikaru, saliendo del cuarto.

Kaoru agradeció en perfecto italiano a su amigo, de quien se despidió de inmediato, pues debía volver a Milán. Se sentó en la cama que estaba en medio del cuarto de la castaña, observándole unos minutos.

-Si no fueras novia de Hikaru, te invitaría a salir –bromeó.

-Kaoru, no debieron hacer todo esto. Es demasiado, tomando en cuenta que sólo me están ayudando a mantener la mentira a los padres de Kyouya y Tamaki-senpai –se sintió un poco incómoda, mirándole tímidamente.

-Vamos, vamos, ya hemos discutido eso muchas otras veces antes –se puso serio el otro.

-¿Realmente no es una molestia?

-Haruhi, tú nunca eres una molestia, debes comprender eso –sonrió.

-He vuelto –avisó Hikaru, entrando por la puerta.

-¿Qué fuiste a hacer? –preguntó su hermano.

-Creí que a Haruhi le hacía falta esto… –sonrió.

El mayor se paró detrás de la castaña, llevó sus brazos al frente y le colocó suavemente un collar, la cadena era de oro blanco y el dije era un zafiro rosado alargado. La chica le tocó apenas con las yemas de los dedos.

-No… Hikaru… no puedo aceptarlo… –volteó a verle– Es demasiado…

-Haruhi, velo como un préstamo, ¿sí? ¿No eras tú la que fue a Lobelia sólo para este día? –le miró un poco serio, mas luego cambió su mirada a una afable–. Este día eres Cenicienta, acepta mi regalo.

-Está bien… lo acepto…

Hikaru le abrazó.

-Hasta que se convierta en calabaza… –pensó Kaoru.

Minutos después los tres bajaban las escaleras de la casa grande sin ser mansión, llegando hasta el comedor, donde una pequeña orquesta se hallaba en un rincón. Los criados llegaron con unos bocadillos, ofreciéndolos en amplias bandejas, junto con algunas copas de diversos vinos.

-¿Ya probaste el salmón? –preguntó Kaoru a Haruhi.

-Ahhh, no… estaba probando esta galletita… –miró su bocadillo.

-Jeje, Haruhi, eso es un mini hojaldre con crema de Roquefort, camarón y atún en una base de espinacas con ricotta –sonrió Hikaru.

-Ohhh… –miró perpleja, entendiendo sólo la mitad de lo que había dicho.

-¡Haruhi!

La voz de la madre de los Hitachiin invadió el salón. La joven madre de los gemelos llegó pronto a su lado, abrazándola fuertemente. Cuando se separó notó que vestía impecablemente un conjunto de falda y saco color rojo vino, debajo del saco una blusa blanca con holanes, zapatillas y pulseras y collares a juego. Usaba un labial rojo que realzaba sus ojos.

-¡Me alegra tanto verte aquí! –sonrió, tomándole de ambas manos– Es realmente triste estar todo el tiempo rodeada de hombres… ¡y usas el vestido que te envié! ¡Me haces muy feliz!

-Gracias, Señora Hitachiin.

-Dime Yuzuha, por favor… me haces sentir vieja… –se quejó.

-Perdón… Yuzuha…

-¡Mucho mejor!

-Haruhi… –saludó inclinando la cabeza el padre de los gemelos.

-Ahhh, Señor, gracias por la invitación –agradeció la castaña, inclinándose.

-Me complace volver a verte –sonrió afablemente.

A Haruhi le agradaban mucho los padres de los gemelos. Su padre tenía una rebelde cabellera azabache que contrastaba con su bigote y barba. A pesar de lo anterior, esto le deba un aire juvenil y fresco. Admitía que seguía siendo atractivo y que, de haberle conocido en la preparatoria, posiblemente se sentiría atraída hacia él.

Por su parte, Yuzuha Hitachiin era todo un personaje. La primera vez que la vio, con ese cabello largo y mirada serena, creyó que era una mujer seria y tranquila, pero después, al darse cuenta de que sólo eran extensiones las que usaba y que su cabellera era corta, peinada a la última moda y muy parecida a los gemelos (aunado a sus ojos, que eran los mismos) se dio cuenta de que realmente era alguien extrovertida.

-Perdonen el retraso, había un horrible clima en Nueva York –llegó una joven mujer.

La aludida vestía un traje gris con delgadas franjas verticales, una blusa azul debajo y zapatillas a juego, se quitó el sombrero que en ese momento usaba, siendo recogido por un criado. Lentamente se deshizo de los anteojos oscuros, dándole el aspecto de una actriz de Hollywood. Su cabello era corto y claro y sus ojos muy bellos.

-No te preocupes, querida –sonrió Yuzuha.

-Oh, cuánto han crecido –prestó atención a los chicos–, una se marcha por otra campaña publicitaria y se encuentra con estos apuestos jóvenes.

Los gemelos vestían un pantalón negro y camisa blanca sobre la cual llevaba otra de color naranja (para Kaoru) o azul turquesa (para Hikaru) con una franja blanca en el costado derecho. La joven mujer se acercó y les miró a detalle.

-Vaya, Yuzuha, esos diseños son muy buenos –admitió.

-Gracias, aunque aún hay veces en las que se niegan a usar uno, empeñándose en hacer Cosplay en su Club.

-Jeje, no importa, están guapos con cualquier cosa –rió, luego fijó su vista en la castaña– ¡Qué mala, Yuzuha! Ese vestido lo reconocería en cualquier parte, es obvio que no lo sacarás a la venta, dándole exclusividad a esta jovencita. Tú debes de ser Haruhi, ¿no es verdad?

-Ahhh, sí, mucho gusto –se presentó.

-¡Eres muy linda! –sonrió ampliamente– Se quedaron cortos al describirte. Hikaru, espero que la trates como se merece.

-¿Dudas de mí, tía? –sonrió ladinamente.

-Sólo un poco –rió cantarinamente.

-Será mejor que nos sentemos a comer –pidió el padre de los gemelos.

-¿No vendrá Kakeru? –preguntó Kaoru.

-Nunca llega puntual –se quejó Yuzuha, sentándose a la mesa.

Los demás le imitaron, sus sillas fueron retiradas por un sirviente, quien les colocó la servilleta en el regazo luego de ello. Una suave música comenzó a sonar, inundando la habitación. Entró un hombre vestido de blanco seguido de otros que empujaban un carrito, el hombre hizo una reverencia y habló:

-En esta ocasión tenemos terrina con vegetales ahumados al té Darjeeling de aperitivo, seguido de Mil hojas de espárragos y Beurre Blanc de azafrán; de plato fuerte una pechuga de pato en mole de frambuesa acompañada de puré de camote y chaya salteada, posteriormente una selección de quesos importados y de postre Parfait de naranja roja y Grand Marnier con canasta de almendras y moras rojas acompañado de café o té.

Haruhi estaba impresionada con lo escuchado, en ese momento agradecía el haber permanecido tantos días en Lobelia, pues al menos conocía los diversos tenedores, cubiertos y cucharas presentados, limitándose a imitar a los gemelos al comer.

-Dime, Haruhi, ¿cómo va tu relación con Hikaru? –preguntó la Señora Hitachiin mientras degustaba la terrina.

-Hikaru y yo hemos tenido ciertas diferencias, pero ya se han solucionado… –respondió sinceramente.

-Lamento interrumpir.

Por la puerta entró un chico de rebelde cabello castaño oscuro, ojos color chocolate y mirada cautivadora. Su sonrisa era ladina. Vestía un pantalón oscuro y camisa blanca sobre la cual llevaba otra de color verde, del cuello le colgaba un collar con una cruz.

-Kakeru, llegaste antes de lo que creía –sonrió Hikaru.

-Oh, ¿así que mi fama me precede? –se sentó a la mesa, con aire de superioridad.

-Nunca has llegado a tiempo a ningún sitio –contestó Kaoru, llevándose un bocado de su plato a la boca.

-Bien, en esta ocasión cancelé una cita con Hitomi-chan para acompañarles, es bueno que la familia se reúna de vez en cuando –sonrió mientras le servían de comer– ¿Y quién es esta hermosa dama que hoy nos acompaña?

-Es Haruhi, mi novia –le miró adustamente Hikaru.

-¿Desde cuándo? Siempre has sido muy problemático para llevarte con la gente, realmente me sorprendes… primo… –bromeó.

-Kakeru-sama, tiene una llamada de la joven Ryoko –llegó a su lado una sirvienta con una bandeja sobre la que se hallaba un teléfono.

-Ohhh, ¿podrías decirle que estoy ocupado? Dile que le devolveré la llamada después, ahora quiero disfrutar con mi agradable familia –sonrió.

-S-Sí –se sonrojó la muchacha.

-Gracias, eres un encanto –cerró los ojos e inclinó ligeramente la cabeza.

Las sirvientas que se encontraban en la habitación dejaron escapar un suspiro que fue oído por todos los allí presentes. Kakeru comenzó a comer tranquilamente.

-¿Qué tal su vuelo? –preguntó su padre.

-Muy tranquilo –respondió Kaoru.

-Aunque en esta ocasión el piloto tardó 4 minutos más que la vez pasada –se quejó Hikaru.

-¿De manera que llevas el registro de duración del vuelo? –se burló Kakeru.

-Es indispensable –contestó Kaoru.

-Sino, ¿cómo podríamos llegar a tiempo a nuestro destino? –continuó Hikaru.

-Aunque eso, obviamente, no lo entiendes tú –finalizaron al unísono.

Haruhi comprendió que esa era la razón de su comportamiento extraño los últimos días, pero aún no lo entendía del todo, ¿por qué se agredían de esa manera? ¿Por qué Hikaru estaba tan a la defensiva?

-Es un hermoso collar, Haruhi –sonrió la tía de los gemelos.

-Gracias, Hikaru me lo ha dado –agachó un poco la mirada.

-Siempre ha tenido un gusto exquisito por las joyas –sonrió la joven mujer.

-Y al parecer, también por las mujeres –le miró seductoramente el castaño.

El segundo plato fue servido

-Haruhi es una persona increíble, no sólo físicamente –contestó el de mirada gatuna.

-Cometería un error si juzgara a tu novia por la apariencia, eso antes ya me ha causado muchos dolores de cabeza…

Su celular comenzó a sonar, le tomó sin contestar y simplemente esperó a que se cansaran de llamar para volver a guardarlo.

-¿Y de quién se trata esta vez? –le hizo burla Hikaru.

-Eso no te incumbe –se llevó un bocado a la boca.

Tercer plato

-¿Cómo les va en el Ouran? –preguntó Yuzuha.

-Muy bien; Haruhi y Hikaru llevan los dos primeros lugares del salón –comunicó Kaoru.

-Vamos, no seas modesto, Kaoru, tú ocupas el tercero con apenas una décima de diferencia –le miró su hermano.

-Oh, Haruhi, qué alegría escuchar eso. De regalo te llevaré de compras a París –festejó la Señora Hitachiin.

-No es necesario… –se sonrojó.

-Y encima modesta, eres una chica encantadora, Haruhi –le miró de soslayo Kakeru, volviendo a guardar el celular tras colgar otra llamada.

Hikaru apretó el puño, siendo esto percibido por Kaoru, quien se hallaba sentado a su izquierda.

Selección de quesos

-¿Cuánto planean quedarse en Londres? –preguntó su tía.

-Sólo el fin de semana –avisó Kaoru.

-Debemos volver al Ouran pronto –avisó Hikaru.

-Ohhh, pensaba tenerles más tiempo con nosotros, es una lástima –se quejó Yuzuha.

-¿Por qué la prisa en regresar? Deberían aprovechar y enseñarle la ciudad a Haruhi, no es justo que viniendo desde tan lejos se pierda todos sus atractivos. Si están ocupados, yo podría invitarla a un recorrido en mi moto –ofreció, comiendo un trozo de queso.

-Eso no será necesario, Haruhi y yo ya tenemos planes –avisó Hikaru.

Postre

-Kaoru, ¿no tendrás tú también una linda novia que no nos quieres presentar? –le miró su tía.

-Ahhh, no, no es así –agachó la mirada ligeramente sonrojado.

-¡Vamos! ¡Debe haber mínimo una chica que te guste! –le apremió.

-No… no diría "gustar"… creo que… no… no hay alguien…

-No te creo –le miró pícaramente su madre.

Kaoru tomó un largo sorbo de té, por su parte, Hikaru miró el mantel como si no hubiera nada más interesante.

-Si Kaoru estuviera enamorado de alguien, me lo habría dicho, confiamos plenamente en el otro –sonrió el mayor, recibiendo el mismo gesto de parte de su hermano.

Aún así, sé que ellos siempre estarán el uno para el otro…