Roja/Puerto de Storybrooke.

La noche parecía clara, y el viento enviaba una brisa refrescante en el puerto. Sin embargo, el fuerte olor a pescado solía mantener alejada a la gente del pueblo. A mí, sin embargo, me apetecía pasear por él. Aunque la calma por la que había venido, para alejarme de Lucrezia, no parecía que fuese a durar. Escuché un sonido que me desconcertó y acto seguido comprobé como un enorme barco de vela atracaba en el puerto y dos personas bajaban de él. Me acerqué con cuidado, tratando de no ser descubierta.

Reconocí a una mujer y a un hombre. La primera alzó la mano, y el barco desapareció de mi vista. No oía lo que decían, pero supe que era importante, así que traté de acercarme. Fue un error, pues el sonido que hice al pisar una tabla mal sujeta no les pasó inadvertido. Me giré, y quise oír, pero mis pies ya no tocaban el suelo, y me hallaba pataleando ridículamente tratando de avanzar a pesar de que sabía que no podía hacerlo.

_ Tengo entendido que las mujeres se te dan bien, Garfio._ Musitó la mujer, que me resultaba familiar, a pesar de no haberla visto jamás._ Y esta puede darte las respuestas que necesitas.

_ ¿Las respuesta que necesito?_ Preguntó el hombre, llevándose el garfio que coronaba su muñón a los labios._ No tengo idea de que me hablas, Cora.

Cuando la llamó por su nombre, sentí un escalofrío recorrer mi espalda. La madre de la reina. Sabía lo bastante sobre ella para saber que no podía permitir que campase a sus anchas por Storybrooke. Pero hasta que llegase la luna llena lo único que parecía capaz de hacer era lo mismo que estaba haciendo, patalear.

_ Queremos liquidar a dos seres inmortales. Yo en tu lugar me preocuparía menos por atravesar el pecho de la gente con ese garfio y más en asegurarse de que ese garfio deje muerta a esa persona. ¿No querrás acabar devorado por tu cocodrilo, verdad?

_ No, lo cierto es que no. Y mucho menos mordido por una sanguijuela.

Mi mente acudió inmediatamente a Anzu al oír esa forma de referirse a alguien. ¿Qué tenía que ver ella con aquel pirata o con aquella mujer? Anzu había sido mi amiga antes de la maldición, y sin embargo siempre sentía que no sabía nada sobre ella. ¿Cuántas víctimas, llevaría ya a sus espaldas?

Narrado en tercera persona/Puerto/Flashback

_ Mire lo que hemos encontrado, capitana.

La mujer que había hablado, una joven asiática ataviada con un kimono de hombre, metió la mano en el barril de los melocotones, venció la escasa resistencia que allí se encontraba, y sacó de entre ellos a un adolescente, que trataba en vano de golpearle la cara. Una mujer, de porte regio. Dejó de jugar con una vieja brújula y se acercó. Su cabello pelirrojo se movió como el fuego con ese gesto.

_ ¿Querías robarme, pequeño?_ Preguntó la mujer. Su voz sonaba calmada, pero en sus ojos había el mismo fuego que en su cabello.

_ ¡No!_ Se defendió el chico.

_ Entonces… ¿Qué hacías escondido en mi barco, pequeñajo?

_ Quería unirme a la tripulación._ Dijo él, muy serio.

_ No sé si cuentas con los atributos necesarios para ello._ Dijo, la mujer, que fue secundada por una serie de risas.

_ ¡Dame una espada y que te demostraré que te equivocas!_ Exclamó el joven, con ímpetu.

La mujer rió, y no fue la única, de hecho, toda la tripulación la secundó, incluyendo la mujer que aún lo sujetaba. Estaba claro que confiaban en las habilidades de la mujer, quizás demasiado.

_ Eres un poco bocazas, pero tienes arrojo, muchacho._ le dijo la capitana._ Creo que puedo hacerte sitio en mi tripulación. ¿Tu nombre?

_ Killian Jones, señora.

_ Mi nombre es Anzu, pero a partir de ahora te dirigirás a mí como capitana. ¿Alguna pregunta?

Discordia/En algún apartamento de la ciudad.

Se oía una melodía tocada por un piano. Nunca había oído nada tan hermoso como despertar. No se trataba de un despertar abrupto, como el de un despertador. Era como si alguien te zarandease lo más suavemente posible, y te susurrase al oído que te despertases, con toda la educación del mundo. Abrí los ojos y me dirigí hacia el salón de aquella casa en la que nos habíamos alojado. Y allí estaba Shery, pasando los dedos por aquellas teclas con una suavidad que parecía una caricia. Su cabello caía en ondas doradas sobre sus hombros, moviéndose levente por la acción de la brisa.

Permanecí un momento de pie, apreciando ese sonido, que era en parte ciencia, y en parte una mágica que ya hubiésemos querido poder dominar los seres divinos. Pero por más que lo intentásemos, los dioses no podíamos tocar como los seres que habían nacido mortales. Sheryanna se dio cuenta entonces de mi presencia y se giró. Nos miramos a los ojos, y me sonrió. Tenía esa sonrisa que guardaba solo para mí, una sonrisa de alegría, de genuina felicidad.

_ Siento haberte despertado…_ murmuró, separando los dedos del piano.

_ No lo sientas…_ Le dije mientras me acercaba, me sentaba a su lado y besaba sus labios._ ¿Cuál es el plan para hoy?

_ Sospecho que a estas alturas nuestros enemigos estarán organizando filas. Y nosotras tenemos que hacer lo mismo.

_ ¿Pretendes reclutar a alguien?_ Pregunté, rodeando su cintura con mis brazos.

_ Hay gente que puede ayudarnos, y yo no voy a arriesgarte. Ya te perdí una vez, y no serán dos.

Sheryanna Shaykary/Inframundo/Flashback

La jaula se había abierto. Y eso sólo podía significar una cosa. Hades había hecho un trato con Discordia. No quería imaginarme en qué estado iba a encontrármela. Corrí, desesperada, por aquella marea de cristal. Podía escuchar los latidos de su corazón, y eso no hacía más que aumentar la preocupación que sentía se convirtió en dolor al verla tambaleándose, buscándome. Apenas le quedaban fuerzas, y su debilidad se percibía desde donde me encontraba.

_ ¿Qué te ha hecho?_ Le pregunté, rodeándola con mis brazos._ ¿Te ha quitado tu divinidad? ¿Has dejado que te la quite por mí?

_ Debía hacerlo… era el único modo de que pudiese ser libre. Y me alegro de haberte visto una última vez…

_ ¿Una última vez?_ Exclamé, dando cuenta de la gravedad de la situación.

Quería entenderlo, pero no tendría tiempo para hacerlo. Cuando quise darme cuenta mi amada Discordia se estaba convirtiendo en cristal. Grité desesperada, mientras miraba sus ojos, que poco a poco se convertían en cristal. Ya no me sentía igual al verme reflejada en ellos. Y por primera vez en mi vida, sentía algo húmedo recorrer mi rostro. Nunca había podido llorar, no estaba en mi naturaleza. Pero si existía una ocasión triste para hacerlo, era esta.

_ Voy a recuperarte… te prometo que lo haré… Encontraré la forma de superar el poder de un dios.

Regina Mills/Apartamento Blanchard

_ Esta vez es cierto._ murmuré, mientras rodeaba a Henry con los brazos._ Quiero redimirme. Y sé que esto es culpa mía.

Los príncipes me ponían de los nervios, eso era cierto. Pero saber que Henry estaba conmigo, que me quería, me bastaba para no querer decepcionarle, y abandonar la idea de asesinar a Blancanieves, incluso cuando estaba delante de mí. Realmente sentía que algo dentro de mí había cambiado.

_ Si os centráis en mí no podréis resolver el verdadero problema._ Les dije._ Alguien mucho más peligroso que yo.

Los príncipes tenían dudas, y no podía culparlos. No había sido precisamente un ángel en su presencia. Y durante todos los años que había estado en esta tierra no había recordado quien era, y quizás por ello había actuado como lo había hecho. Pero lo cierto es que quería creer que realmente había bondad en mí, y estaba descubriendo que así era, gracias a Henry.

_ Está bien, Regina. Te daremos otra oportunidad. Y esperamos que esta vez no la desaproveches.

_ Ten por seguro que no lo haré._ Sentencié.

Desideria/El bosque

Podía sentirlo, siempre podría. Y sabía que me necesitaba, por lo que mi espada iba cortando los troncos que se ponían en mi camino, como si de mantequilla se tratase. Al final la encontré. Una caravana perdida en mitad del bosque, cubierta por la maleza y descuidada. No toqué, porque supe que él no querría abrirme. Di un tajo y la puerta cayó, partida por la mitad. Entré sin ser invitada, y me lo encontré tumbado en el sofá.

_ ¿Crees que ese es modo de valorar tu libertad, hermano?

August estaba en un estado lamentable. Sí, seguía siendo de madera, pero ese no era motivo como para quedarse allí tirado sin hacer nada. A pesar de todo, no podía evitar recordar aquellos días en que yo había sido de porcelana, y lo vacía que me había sentido. Pero yo estaba sola, y él no iba a estarlo.

_ No puedo dejar que me vean así, Desideria._ Me dijo, incorporándose._ No puedo dejar que ella me vea así.

_ ¿Ella?_ Le pregunté, sin tener idea de a quién podía referirse.

No me quiso contestar, como si lo que hubiese dicho, estuviese de más. Pero intuí que era la clave para conseguir sacarlo de allí, y que se esforzase por ser una persona mejor, y así recuperar su cuerpo. Le clavé la mirada de mis ojos, haciéndolos brillar como los dos rubíes que fueron en su día.

_ ¿Quién es ella, August?_ Él se quedó callado y yo decidí insistir._ August, soy tu hermana. Dime quien esa mujer.

_ Regina…_ Me dijo, sin mirarme.

_ ¿La reina? ¿Por qué te preocupa lo que la reina piense de ti?

Él no dijo nada, pero la forma en que se frotó las manos y miró al suelo me dejó claro lo que le pasaba por la cabeza. Yo negué con la cabeza, incrédula. No me podía creer que mi hermano, después de lo que había pasado, se hubiese enamorado de una mujer como aquella.

Roja/Cubierta del Jolly Roger

Esto era ofensivo de muchas maneras. Convertida en la vulgar prisionera de un pirata, e incapaz de transformarme pues aún restaban bastantes noches para la Luna llena. Aunque tenía claro que era cuestión de tiempo que empezaran a buscarme y terminaran por encontrarme. Y mientras tanto no iba a ser una invitada cortés con aquel hombre que ya desde un inicio mostraba no tener escrúpulos.

_ Te lo preguntaré una vez más. ¿Qué sabes sobre Rumpelstiltskin?_ Me preguntó, mientras giraba su garfio amenazadoramente._ ¿Sabes dónde está su daga?

_ No sé nada sobre el señor Gold, y aunque lo supiese, no te lo diría._ Le dije, pataleando.

_ Probemos otro enfoque, entonces._ Noté como presionaba su Garfio sobre mi pecho y el corazón se me aceleró._ Dime lo que sabes sobre Anzu Stealer.

Mi pulso se disparó al escucharle preguntarme eso. No quería pensar en lo que podría pasarle a Anzu si ese pirata descubría lo que había hecho. Al margen de los últimos veintiochos años, Anzu seguía siendo mi amiga, y no pensaba dejar que le pasase nada, y mucho menos a ponerla en manos de Cora y este pirata.

_ De modo que sobre la sanguijuela sí que sabes algo._ Dijo el pirata, colocándose más cerca de mí._ Cuéntamelo todo.

Killian Jones/Cubierta/Flashback

Fregar, lo único que hacía en aquel barco era fregar. Creía que iba a vivir aventuras y enfrentarme a otros sanguinarios piratas. Pero hasta ahora mi único enemigo había sido la mugre del suelo y mi espada había sido la fregona. Empezaba a odiar a la contramaestre, que se burlaba de todo lo que hacía, como de todos los hombres del barco. Parecía que despreciaba a todo el género masculino. Una vez le repliqué, y me amenazó con su espada. Un arma que provenía de tierras de oriente. Era lo más exótico que había visto en aquel viaje.

Uno de mis compañeros me apartó de su camino de forma brusca. Y además me pisó lo fregado. Una media hora de trabajo tirada por la borda. Volví a meter la fregona en el cubo, de mala manera, cuando el barco dio un viraje brusco y el cubo se cayó, mojando todo el suelo. Repentinamente escuché una voz, una voz embriagadora, que provenía de las aguas. Sentí la necesidad de saltar al mar, acercarme a aquella voz.

Entonces la vi, asomándose entre las aguas. Una mujer, cuya belleza parecía sacada de un cuento. Una belleza que decididamente no podía ser natural. Me encontraba inclinándome para lanzarme al agua, cuando noté como algo me sujetaba y escuché un disparo. El agua se tiñó de rojo, y la mujer se perdió en las profundidades. Yo me volví horrorizado, y mis ojos azules quedaron atrapados por los marrones de la capitana.

_ ¿Acaso no te han hablado nunca de las sirenas, grumete? No te puedes fiar de ellas.

_ Lo siento, capitana._ Dije, apartando la mirada.

_ Con un "lo siento" no basta. Termina de fregar la cubierta. Quiero verla impoluta.

Lo cierto es que pensaba que de ser por ella, me habría tirado ella misma a las aguas. Pero me había salvado la vida y a fin de cuentas la que me había permitido quedarme había sido ella. Quizás no todo el mundo me odiaba en aquel barco.

Sheryanna Shaykary/?/Flashback

Ahora sabía cómo detener a Hades. Pero no sería una tarea sencilla. El único modo de detener a un dios era usando la fuerza de un dios. Y eso me había llevado a la cima de aquella montaña. Nevaba y hacía frío. Lo cierto es que notaba heladas las puntas de las orejas. Pero lo que realmente me importaba era que estaba tronando, tronando continuamente. Me senté en la cima y esperé, pacientemente durante unos momentos. Luego grité, a pleno pulmón.

_ ¡Tormenta ridícula provocada por un bastardo impotente!_ Exclamé, haciéndome oír por encima del aullido del viento.

No obstante, obtuve la respuesta esperada. El aullido de la tormenta se hizo más fuerte y los truenos cortaban el cielo. Yo, sin embargo, me reí, como si aquello no tuviese menor importancia.

_ Valientes acciones para un hombre que no se aparta de las faldas de su padre.

Noté como un trueno me caía al lado, y me aparté justo a tiempo para evitar que el rayo me partiese en dos. Había aparecido una figura en mitad de la tormenta de nieve. Resultaba imposible distinguirla, salvo por la capa escarlata que colgaba de sus hombros. Lanzó un grito de guerra, y sin más me atacó.

Noté como su arma, un martillo, me golpeaba en el brazo y los huesos se astillaban. El brazo se me deformó como si fuese gelatina, y aunque en cuanto recibí el golpe mi magia empezó a sanarlo, el dolor era insoportable. Pero aunque grité de dolor, esos gritos se mezclaron con una risa. La risa enfermiza de alguien que ha perdido todo lo que ama, y no teme arriesgar lo único que aún le queda, la vida. Por lo que, cuando hablé, mi voz sonó totalmente desquiciada.

_ Supongo que tú eres Thor… He venido por una audiencia con tu padre.