-¿Qué? – espetó la reina, sin dar crédito a lo que oía- No puede ser, no hoy. Una parte de nuestros soldados están buscando a los bandidos en el bosque y el castillo no puede quedar desprotegido. No llegarían a tiempo.
-Llegó una carta temprano por la mañana, decía que estarían allí esperando para el mediodía, lo que significa que ya deben de estar en marcha, y una negativa se tardaría demasiado en llegar- dijo la princesa, agravando el asunto. Tenía razón- O cualquier tipo de respuesta, de hecho.
-¿La reina Jessica del reino del Norte vendrá a Arendelle? – preguntó Ashley con sorpresa, ¿de cuánto se había perdido?
-Sí, se supone que sería la próxima semana, pero ya ves- dijo el rubio.
-¿Para qué?
-Teníamos que pautar cuáles serían las medidas a tomar contra un grupo de ladrones que asaltan los carruajes en nuestras fronteras- aclaró la reina.
-Y supongo que la escolta de la que hablan es para proteger su carruaje de dichos ladrones.
-Precisamente.
-¿Qué haremos? – inquirió Anna a su hermana.
-Mandemos o no una escolta, están expuestos al peligro. El no hacerlo nos creará conflictos y no nos convendría una enemistad con el reino de Norte- expuso la reina, casi podía escuchar como su mente maquinaba para encontrar una solución.
-Pero, como dijiste, no podemos arriesgarnos a dejar el castillo sin protección- puntualizó la rubia fresa.
-Además, está Hans- dijo Kristoff- Solo digo que sería una oportunidad estupenda si está tramando algo.
-No podemos dejar de enviar una escolta- dijo Elsa.
-Pero no podemos dejar el castillo desprotegido- dijo Kristoff.
-No hay que hacerlo- intervino Ashley, quien había estado callada todo el rato, aparentemente analizando la situación, captando inmediatamente las miradas de los presentes.
-¿Qué quieres decir? – inquirió la princesa.
-¿Cuántos hombres hay disponibles para enviarlos? – preguntó la castaña.
-Tal vez unos cinco, a lo sumo, si no queremos arriesgarnos a vernos vulnerables- dijo la reina.
-Son suficientes, supongo que la reina Jessica irá con su propia escolta.
-¿Qué estás tramando? – preguntó Kristoff.
-Podemos ir de escolta- dijo la joven dirigiéndose a la reina- Serán suficientes esos cinco soldados, entre tus poderes y los míos podemos contra los bandidos. Además, dudo que siquiera piensen en atacarnos- expuso, la reina pareció pensarlo. Parecía un plan, uno muy improvisado y con una margen de error muy grande, pero un plan.
-No creo que sea buena idea. Nuestros hombres no han tenido suerte con ellos, y algunos de los mejores siquiera volvieron de la búsqueda- dijo la princesa, preocupada por el bienestar de su hermana y cuñada- Además, el viaje es largo y no llegarían sino hasta el atardecer.
-¿Quién mejor que la reina para explicar la razón del retraso? – objetó la joven- Es cierto, es un viaje largo, si partimos dentro de una hora con suerte estaríamos allí antes del atardecer. La ventaja de tener pocos hombres es que podremos movernos más rápido y no hemos de llevar demasiado para aligerarle la carga a los caballos- analizó en voz alta y al ver la expresión no muy convencida de la princesa agregó- No dejaré que nada le pase a Elsa.
-¿Crees que es una buena idea? – preguntó Anna a su hermana.
-No tenemos otra opción- dijo ésta, la princesa le miró con cara de No respondiste a mi pregunta- Más o menos.
-Entonces yo también voy- afirmó decidida la menor de las hermanas.
-Anna…
-No me harás cambiar de opinión- sentenció, cruzándose de brazos.
-No creas que te dejaré ir sola- intervino el rubio.
-Entonces es mejor volver al castillo cuanto antes, tenemos un largo trecho por delante- dijo Ashley.
Una vez hubieron llegado al castillo, no hubo tiempo para que la reina explicase nada de lo de anoche. Rápidamente reunieron a los hombres disponibles y que osaron aceptar la misión (los cuales resultaron siendo 3), y prepararon provisiones suficientes para un viaje de tres días. Era una de las escoltas más raras que pudiesen desfilar. Al frente iba una reina con la capacidad de crear y controlar hielo, a su lado una chica-lobo quien, por cierto, era su pareja y los guiaba por los atajos que conocía, justo detrás iba la princesa del reino de Arendelle, el maestro y recolector oficial de hielo y uno de los guardias del castillo, y cerrando la marcha los otros dos guardias.
Cabalgaron por el bosque casi a ritmo de trote (Kristoff montaba a Sven), intentando llegar a la frontera lo más pronto como les fuese posible. Cada ruido era una señal de advertencia y motivo para que la alerta encendiese, cada sombra parecía moverse y cada hundimiento en la nieve podía ser señal de que los vándalos estaban cerca cuando entraron en su territorio. Procuraban no hablar y estar todos atentos a cualquier indicio de movimiento.
La formación que llevaban era muy cerrada y poco se detuvieron para analizar su entorno y retomar la dirección correcta. Ya el Sol irradiaba una luz rojiza, con ganas de terminar el día, cuando vieron el carruaje en medio del camino. Aunque intentaron mantener un perfil bajo, el carruaje negro y rojo evidenciaba ser de la realeza, tirado por corceles blancos.
Al frente iban dos hombres uniformados con armaduras de plata y con espadas a la cintura. Otros dos franqueaban la parte trasera del carruaje, montados en caballos marrones. Otro custodiaba la puerta del carruaje, parecía que había hecho el viaje de pie en el peldaño que sobresalía de ésta. Los hombres entraron en guardia al verlos, aparentemente reconociendo una escolta no desenvainaron las armas, pero se mantenían atentos.
Elsa, Anna, Ashley y Kristoff desmontaron sus caballos. Aunque todos iban armados, no causaron mayor prevención en los soldados del Norte. Se acercaron a la puerta que el hombre guardaba, éste se mostró firme, aparentemente sin intenciones de dejarles pasar.
-¿Quiénes son? – inquirió bruscamente con voz grave y grosera.
-La reina Elsa de Arendelle- dijo ésta con voz fría, en respuesta al descortés guardia- Estamos aquí por la reina Jessica del reino del Norte- anunció con la misma voz, el hombre la examinó con una descarada mirada, luego la pasó de su hermana, quien trató de verse lo más capacitada para hacer un trabajo de escolta, al rubio, quien se cruzaba de brazos para no evidenciar la intimidación que veía en el hombre, a la castaña, quien le devolvió la mirada con el mismo recelo.
-¿Quiénes son? – preguntó de nuevo el guardia asintiendo hacia los compañeros de la reina.
-No tenemos porqué rendirle cuentas- replicó la castaña, parada a un paso detrás de la rubia. El hombre volvió la mirada a ella, quien se la devolvió, impasible. En unos cuantos segundos, el soldado se vio intimidado por la oscuridad que reflejaba claramente su mirada.
Del interior del carruaje se escucharon unos golpecitos que claramente comunicaban impaciencia. El hombre, ahora verdaderamente nervioso, se apresuró a abrir la puerta. De ella salió una mujer alta, de la misma altura que la castaña, de tez pálida, ojos azul acuoso, y cabello azabache que ondulaba hasta su cintura. Traía un vestido negro y rojo que, aunque no llevaba accesorios para no llamar la atención, no dejaba de verse hermoso, y una capa negra echada a los hombros.
La mujer, cuya mirada era tan impenetrable como elegante su presencia, se paró frente a la reina de Arendelle. Primero posó su mirada en ella, luego en la princesa y luego en el rubio. Ashley se había quedado con la mirada baja detrás de Elsa. Volvió nuevamente a ver a la rubia y esbozó una cálida sonrisa.
-Ya era hora, temí que los hubiesen atacado- dijo Jessica con voz suave y firme.
-Hubiésemos llegado antes, de no ser porque el comunicado del cambio de fecha llegó esta mañana- dijo la rubia, sonriendo igual. Había conocido brevemente a la reina Jessica el día de su coronación, cuando se vio obligada a entablar conversación con casi cualquier persona de la realeza.
-Me disculpo por la falta de anticipación. Mi hermano quiso que este problema se resolviese cuanto antes, y cuando algo se le mete a la cabeza, no escucha razones- explicó la pelinegra con la misma voz cálida y educada.
-No hubo mayor inconveniente, después de todo, ya estamos aquí.
-Y debemos partir lo antes posible. Estamos en una zona peligrosa y es mejor que avancemos cuanto podamos antes de que caiga el anochecer- intervino la castaña, aún tras la reina, fue entonces cuando Jessica dirigió su mirada a ella, aparentemente sorprendida- Hola, Jessica.
-Ashley, ha pasado mucho tiempo- saludó la pelinegra, ante la mirada atónita del resto. Ciertamente, soy la única que no la conocía desde antes, pensó Anna- ¿Ahora trabajas para Elsa?
-Podría decirse que sí- dijo la joven, dándole a la rubia una rápida mirada furtiva, comprobando que la veía confundida- Es mejor empezar a marchar, tendremos aproximadamente una hora antes de no tener luz solar y vernos obligados a instalar un campamento- Jessica asintió.
-Señores, ya la oyeron, ¡hay que ponernos en marcha! – dijo ésta a sus hombres, luego se dio media vuelta y entró nuevamente en la carroza. Antes de cerrar la puerta, se volvió- Elsa, puedes viajar conmigo si prefieres- ofreció amablemente.
-No, gracias, Jessica, soy parte de la escolta y más útil en el exterior- se excusó, aunque en el fondo pensaba hacerle unas cuantas preguntas a la castaña. La pelinegra asintió y el guardia de la puerta la cerró.
Volvieron a montar los caballos y comenzaron el camino de regreso al pueblo de Arendelle. Mientras que los dos guardias que fueron al final en un principio estaban a ambos lados del carruaje, la princesa y su novio iban junto a los soldados del Norte, y la reina y la castaña volvían a encabezar la marcha.
La rubia cercioró que estaban lo suficientemente distanciadas del grupo para hacerle las preguntas a la joven.
-¿Conocías a Jessica? – le preguntó en voz prudencialmente baja.
-Sí.
-¿Cómo se conocieron?
-En un Festival de Otoño en el reino del Norte- explicó cabalgando a su lado- Era una hermosa fiesta, pero su hermano no quería que ella anduviese sin protección en ningún momento.
-¿Cómo entonces te acercaste a ella?
-Yo era su protección- afirmó la castaña, la rubia se quedó mirándole sorprendida, ella esbozó una sonrisa- Así es, hice de su guardaespaldas durante unos ocho meses tal vez. Necesitaba dinero y ella alguien que le diese un poco de libertad- ante la mirada de la ojiazul, su sonrisa adquirió ese toque lobuno que la caracterizaba- Ese festival fue mi primer día de trabajo.
-¿Te contrató ella?
-De hecho, quien buscaba que tuviese un guardaespaldas era su hermano, pero ella tuvo la oportunidad de decidir quién sería. Así que, técnicamente, sí, ella me contrató- ya el Sol se ponía en el horizonte, pero no podían ir demasiado rápido si no querían llamar la atención- Nos hicimos amigas con el tiempo. Yo en lugar de mantenerla reprimida, como eran las intenciones de su hermano, la ayudaba a salir del castillo sin que se notase y la acompañaba a caminar por el pueblo para que no se viese en problemas con su hermano. Claro que, nunca nos atrapó.
-Una vez intentaste que saliese de mi habitación a escondidas de mis padres- recordó la reina con una sonrisa.
-¿Qué puedo decir? Soy experta en escapes- rió por lo bajo, luego se volvió a Elsa, notando su mirada un poco sombría- No quise decir que… No era mi intención…- intentó enmendar su imprudencia.
Por unos largos minutos en los que solo escuchaban el susurro del bosque, mientras que el Sol hacía su espectáculo de despedida, permanecieron mirando al frente, en un silencio raramente incómodo.
-¿Te irías de nuevo? – preguntó lentamente y en voz baja la reina, la joven volvió su mirada rápidamente a ella, no respondió de inmediato- ¿Lo harías? ¿Me abandonarías? – la ojimarrón permanecía viéndole, conmocionada por sus preguntas.
-Por supuesto que no- aseguró al cabo, su voz sonó algo más fría de lo que hubiese querido, pero sin quitar el cariño de la misma- No podría. Te dije que tal vez fue un error volver, pero, en caso de que lo haya sido, ya estoy aquí. Y puedo pensar en nada peor que irme de tu lado. Tanto para ti, como para mí- siguió, se oía completamente convencida de sus palabras, y por el bien de la confidencialidad de su relación, la reina contuvo el impulso de echarse a sus brazos. La castaña dirigió la mirada al frente- No estoy dispuesta a hacerte sufrir de esa manera- culminó, seguía viendo al frente.
Siguieron cabalgando en silencio. Al cabo de unos quince minutos más, el Sol desapareció en el horizonte, cediéndole su puesto a la luna y las estrellas que brillaban en lo alto de la negra espesura del firmamento.
-Es mejor que acampemos aquí. Si seguimos avanzando, nos arriesgaremos demasiado- dijo Ashley desmontando y observando a los demás detenerse detrás de ellas- Seguiremos mañana a primera hora. Nos turnaremos para montar guardia- dictaminó, los soldados de Arendelle desmontaron y asintieron a sus palabras, los hombres del Norte asintieron igualmente, pero luego hicieron sonidos desdeñosos, irritados por recibir sus órdenes- Tomaré el primer turno, ve a dormir- le susurró al oído a la reina una vez hubo desmontado su yegua.
Al cabo de una media hora ya habían instalado un campamento decentemente improvisado. Cavaron un agujero mediano en el suelo y encendieron una hoguera dentro, para que el brillo de las llamas no atrajese atención indeseada, apartando la nieve de los alrededores de la fogata. Mientras que Ashley y un par del reino Norte hacían la primera vigilancia, el resto se reunió alrededor del fuego para eludir el frío de la noche.
Jessica estaba con ellos. También dormiría fuera ya que, en caso de un ataque, lo primero que asaltarían sería el carruaje. Mientras que su hermana conversaba con ella y Kristoff mantenía una acalorada conversación con uno de los guardias de Arendelle sobre la importancia de su trabajo, Elsa se dedicaba a intentar dormir.
Sabía que sin lugar a dudas ese sería el turno más seguro, pero no podía pegar el ojo. Seguía con la mirada la silueta de la castaña patrullando los límites del campamento. Tenía un mal presentimiento. Una sensación de inseguridad le invadía y le impedía serenarse. Debía ser por el hecho de dormir a la intemperie en un territorio donde asaltantes habían probablemente asesinado a algunos de sus mejores hombres.
Pero era extraño, ya que todo el día había estado recorriendo esos territorios sin sentirse tan vulnerable. En ese momento la guardia estaba al máximo. Aunque estaban conversando, sabía que todos estaban alertas por cualquier señal de invasores. Ashley y otros dos hombres entrenados estaban velando por el bienestar de los presentes. No sabía por qué estaba tan inquieta. Pero, aun así, lo estaba.
No supo por cuánto tiempo estuvo mirando las estrellas, intentando conciliar el sueño, sin éxito alguno, sino hasta que la castaña se sentó en la nieve a su lado. Aún tenía la espada en la cintura, seguramente no tenía intenciones de deshacerse de ella. Se quedó observándole desde arriba. Su turno había terminado. Habría de ser la medianoche.
Si no fuese porque estaba tan tensa, hubiese disfrutado el momento. Las estrellas abundaban en el cielo y el frío viento era ocupado por un placentero, aunque inquietante, silencio, todo era bañado por la plateada luz de luna. No podría imaginar una escena más encantadora y a su vez turbadora que esa. Lo cual era especialmente contradictorio. Como la joven en ese momento.
Su mirada brillaba, enfocada en ella, con esa oscuridad que parecía mayor en la penumbra, con toda la adoración que siempre le dedicaba al observarle. Una media sonrisa adornaba sus labios. A su vez, su cuerpo estaba tenso y, si sus orejas estuviesen a la vista, seguramente se estuviesen moviendo para captar los sonidos de los alrededores.
-¿Qué tal el turno? – preguntó la reina luego de un rato de dedicarse a disfrutar de su mirada sobre ella.
-Aburrido, pero supongo que eso es bueno- respondió en voz baja. Siempre que bajaba la voz se convertía en un ronroneo suave y grave que le daba un aire seductor. Eso, siempre y cuando no estuviese profesando una amenaza- No puedes dormir, ¿cierto?
-No- susurró volviendo la mirada a las estrellas, sintiendo de repente una punzada de miedo- ¿Crees que estemos seguros?
-Estamos tan seguros como podemos estar- afirmó la castaña, paseando la mirada por entre la oscuridad del bosque. Pareció percibir su angustia, pues dijo- No te preocupes, no dejaré que nada te pase… Ni tampoco a Anna.
Eso logró calmarla en cierto grado. La joven se recostó en la nieve a su lado, quizás siendo algo evidente respecto a su capacidad para soportar el frío. Clavó la mirada en el cielo. Se quedaron así, en silencio, escuchando solo el susurro de las llamas y los sonidos del bosque. Disfrutando de un momento de mediana paz.
Pasados unos minutos, el sueño empezó a hacerle efecto. El hecho de que Ashley estuviese a su lado de hacía sentir más segura. Pero su presencia no podía salvarla. La castaña se incorporó de golpe, sin molestarse en que sus orejas no salieran a la vista. Se movían de un lado a otro, captando cosas. Entonces bajaron. Éso no podía ser una buena señal.
-¿Cómo es posible? – murmuró para sí misma, observando a todos lados, sin moverse.
-¿Qué sucede? – preguntó la reina, incorporándose a su lado.
-Estamos rodeados- anunció en un susurro. Se levantó, desenfundó la espada y casi inmediatamente dos docenas de sombras aparecieron a su alrededor, rodeándolos.
Todos se levantaron rápidamente, tomando las espadas, desconcertados por ese ataque sorpresivo. Los enemigos los superaban en número, pero los soldados eran fuertes y se defendieron tan bien como pudieron. Mientras que la princesa peleaba con una destreza que había adquirido entrenando con los soldados, Kristoff le cubría las espaldas. Ella intentaba acercarse a ellos, pero un nuevo enemigo le bloqueaba el paso siempre que lo hacía.
Sin tiempo para llegar a las armas, creó una espada de hielo, sin atreverse a atacar directamente con sus poderes. Se defendía como podía, mientras que Ashley peleaba cerca de ella con dos hombres a la vez. Dos de los soldados del Norte cayeron inconscientes. Jessica igualmente había tomado una espada y se defendía de los ataques de una silueta de complexión femenina.
Los soldados de Arendelle y otros dos del Norte cayeron desmayados. La rubia se dio cuenta de que no había derramamiento de sangre, los guardias solo habían quedado inconscientes por fuertes golpes y tenían heridas no muy profundas. Ya algunos de los ladrones estaban tendidos en el suelo, en las mismas condiciones que los soldados. Elsa se pudo sacar de encima al hombre que la atacaba cuando Ashley desarmó a uno de los hombres con los que estaba peleando (el otro estaba inconsciente), lo tomó de la ropa y dándole la vuelta puso el filo de la espada en su cuello. La reina se dio cuenta de que era uno de los líderes.
Antes de que esta llamase la atención de los atacantes, sintió como alguien, aprovechando su momento de despiste, la tomaba por detrás y la colocaba en la misma situación que el hombre. Sentía el metal frío y terriblemente afilado contra la piel de su cuello, amenazando con cortarlo al más mínimo movimiento. Una gota de sudor frío, llena de pánico, resbaló por su sien.
-¡Alto! – gritó Ashley, al momento el estallido de metal contra metal dejó de hacer eco entre los árboles y todos dirigieron la mirada a ella- ¡Suelten las armas! – ordenó a los bandidos, quienes permanecieron inmóviles. Estaba de espaldas a la reina.
-No podría haberlo dicho mejor- espetó una voz femenina, considerablemente grave, fría y a su vez tenía un deje de diversión. La castaña se volvió y ante la escena le cayó el alma a los pies.
-Suéltala- dijo con voz baja pero audible, amenazante y profunda, comprobando lo anterior mente dicho.
-Dejen sus armas y la soltaré- repuso calmadamente la voz de la chica que amenazaba a la reina. Por el timbre no podía estar muy alejada de su edad.
La castaña no hizo caso y dio una patada a la espinilla del hombre, quien cayó de rodillas al suelo. Un simple movimiento bastaría para cortar su cabeza. La joven amenazaba con hacerlo, si mirada encendida en una furia que no le había visto antes y que daba miedo hacerlo. Sin embargo, la chica se mantenía serena. Por un momento se le ocurrió utilizar su poder para escapar, pero luego vio un destello entre las sombras. Un par de arqueros tensaban las cuerdas.
-Si no la sueltas, él muere- sentenció la castaña, su voz sonaba más grave que nunca y, de no estar en esa situación, un escalofrío hubiese recorrido su cuerpo. El resto observaba expectante.
-Si él muere, ella se va con él- condicionó la chica, su calma era inquietante.
-Suéltala- repitió Ashley.
-Bajen las armas.
Durante un tenso segundo todos se miraban entre sí, intentando adivinar quién cedería. La castaña blandió la espada y la bajó de golpe, golpeando al hombre con la empuñadura, quien cayó inconsciente. Con la mirada llena de odio fija en la joven que amenazaba a su reina, dejó hacer la espada sobre la nieve, de forma que no hizo ningún ruido. Anna, Kristoff, Jessica y el soldado del Norte imitaron su acción.
Por un momento la reina temió que la joven tomase represalias por la acción de la castaña, pero ésta solo la soltó al cabo de unos segundos, empujándola para hacerle caer directamente en los brazos de la ojimarrón, quien no sacaba su mirada asesina de la joven. Los ladrones recogieron las armas del suelo.
La joven dio media vuelta y se dirigió al carruaje, bajo la mirada de la castaña. Cerca de éste estaban Jessica y el guardia del Norte. Cuando la joven tomó el pomo de la puerta, el hombre se lanzó hacia ella en un intento de someterle y sacer provecho de ello. Fue atajado a medio camino por una flecha que se clavó en su pecho, a la altura del corazón. Cayó rendido sobre la nieve. Fue el único que murió esa noche.
La joven volvió la vista al cuerpo inerte tendido sobre la nieve, ignorándolo y procediendo a abrir las puertas del carruaje. Dentro no había nada más que las provisiones. Nada de valor. En realidad, en ese campamento lo único que podría valer unas cuantas monedas eran los brazaletes de la castaña, la cadeneta de la reina de Arendelle, y el collar de la reina del Norte. La joven suspiró y luego se volvió hacia ellos, pasando por sobre el cadáver del hombre.
Ya sus hombres habían hecho prisioneros a los que estaban conscientes. Se paseó despreocupadamente por delante de ellos. La primera en la fila era Anna, a quien analizó por momentos bajo su mirada asustada, luego Kristoff quien estaba tan nervioso como asustada la princesa, y quien le causó tanto interés como ella. Seguido de Jessica, a quien se quedó observando por un rato, la pelinegra mantenía los ojos fuera de su alcance, con la mirada gacha, pero la joven se encorvó un poco para buscar la misma, impenetrable y fría, le observó con curiosidad, desconcertando a la reina del Norte.
Luego estaba Ashley. Se paró frente a ella con porte recto, mostrando el hecho de que no se dejaba intimidar por su mirada asesina. Pasados unos segundos en los que la observó entornado los ojos, los abrió de par en par. La reina pudo distinguir un brillo dorado que solo había visto en otra mirada. Notó que se contuvo de dar un paso atrás. Se preguntó por qué. La chica-lobo seguía fulminándola con la mirada, ahora soltando un pequeño gruñido. Sus orejas ya no estaban a la vista.
Luego pasó a ella. Parecía que aquel imponente porte se había desvanecido y ahora solo la analizaba con curiosidad. Se fijó en sus rasgos lo más que pudo. Su rostro estaba oculto entre la capucha de una capa y un pañuelo, de forma que solo veía sus ojos, dorados y semi-brillantes. Pero se arriesgaba a decir que era de tez bronceada. Los ojos dorados se desviaron por momentos hacia la castaña, quien intercalaba una mirada ansiosa entre ella y la joven, y luego volvieron a ella, brillantes en curiosidad.
Tomó su rostro con una mano y le obligó a subir la mirada con brusquedad. La castaña soltó un gruñido de disgusto. La joven pareció satisfecha, pues pudo ver que sus ojos sonreían, probablemente sus labios bajo el pañuelo también, pero no pudo decir si en realidad había malicia en esa sonrisa o solo le pareció que así fue por quién era.
Soltó su rostro y se separó de ellos unos pasos. Luego se dirigió a sus hombres.
-Los centinelas deben volver a sus lugares- dijo para que todos la oyesen- Los exploradores, asegúrense de que éstos- señaló a los hombres inconscientes- se despiertes bien lejos de éste punto y monten la escena. El resto, volvemos con el clan- dijo volviendo a pasar la mirada por sus prisioneros y, anticipando una pregunta que iba a hacerle un hombre, agregó- Desmáyenlos. Los llevaremos con nosotros.
Lo último que vio fue la espalda de la joven antes de sentir como un fuerte golpe le fue proporcionado en la parte de atrás de la cabeza, nublándole inmediatamente el pensamiento. Los bordes de su campo de visión se sombrearon hasta que todo se volvió negro y cayó dentro de la espesura de su mente.
Abrió los ojos con pesadez, la cabeza le daba vueltas y no sabía dónde estaba. No había mucha iluminación, sentía un traqueteo, estaba en movimiento. Captó algunos sonidos del exterior, voces ahogadas conversando en voz muy alta, tanto femeninas como masculinas, no entendía sus conversaciones. Se vio encerrada, sintió un cuerpo a su lado. Espabiló un poco más, recordando lo que había pasado la noche anterior.
Observó con algo más de miedo a su alrededor. El cuerpo que había sentido era de su hermana, quien también estaba despierta. Frente a ellas, Kristoff y Jessica estaban atados de pies y manos sobre el asiento; a sus pies, Ashley reposaba en la misma situación en el suelo. Estaban dentro de la carroza de Jessica. Pese a estar todos despiertos, no hablaban, quizás para no hacer notar ese hecho. Ella misma estaba atada de pies y manos. Pensó que era raro el hecho de que no les hubiesen amordazado.
Dirigió la mirada a su hermana, quien se la devolvió evidentemente preocupada. Tanto Kristoff como Jessica las veían con el mismo grado de preocupación. Ashley veía sus manos sin observarlas realmente. Eran rehenes de un peligroso grupo de ladrones que ahora los llevaban a su clan. ¿Cómo saber si no los matarían cuando llegasen allí? ¿Cómo saber si no los torturarían u obligarían a hacer cosas de las que luego se arrepentiría? Porque sabían quiénes eran, y dudaba que los hubiesen llevado con ellos solo porque sí.
-¿Están bien? – si bien no podía hacer el ambiente más ameno, al menos trataría que la angustia no le perforase la cabeza como ese silencio los oídos.
-Podría decirse- respondió la princesa, mientras que los demás solo asintieron, la castaña seguía sumida en sus pensamientos.
-¿Adónde nos llevan? – preguntó Jessica en voz baja mirando a los lados, como si temiese que alguien en el exterior estuviese con el oído pegado a la ventanilla cerrada de la carroza.
-Ni idea- respondieron las hermanas al unísono. La castaña movió la cabeza, evidenciando que no estaba pensando, estaba escuchando.
La reina trató de imitar sus acciones. Aunque su oído era inferior al de la chica-lobo, el tenso silencio le permitía escuchar con mayor facilidad lo que sucedía fuera. Lo más predominante eran los cascos de los caballos golpeando el suelo, debían de estar rodeados por los jinetes. Voces rasposas hablando a los gritos. Pitas, abucheos, risas y más gritos. Parecía que fuera había un campamento vacacional en lugar de una caravana de ladrones potencialmente peligrosos.
Los llevarían con su clan, recordó que había dicho quien parecía ser la líder. ¿Todo un clan de ladrones? ¿Qué harían con ellos? ¿Los asesinarían? ¿Los torturarían? ¿Los tendrían prisioneros como trofeos de las cosas que podían llegar a hacer? Sabían quiénes eran, así que dudaba que los llevasen con ellos porque sí. Anoche los miembros del grupo de maleantes se habían separados. ¿Cuántos serían ahora? ¿Tendrían oportunidad de escapar?
Recordó los momentos cuando la joven líder se propuso a analizarlos. Pareció tener muy poco interés por su hermana y cuñado, pese a que estaba segura que no eran nada menos que la princesa de Arendelle y su novio. Luego mostró interés por Jessica, quizá por su cargo mayor como reina del Norte, pero eso no explicaba por qué se había esforzado para mirarle a los ojos.
Luego se mostró especialmente interesada por Ashley. La había analizado por momentos antes de mostrarse aparentemente asustada o sorprendida, por la forma en la que abrió abruptamente los ojos. ¿Por qué? ¿Acaso sabría algo de ella? ¿Habría acaso alguna posibilidad que con solo mirarla supiese de sus habilidades? ¿O habría reconocido alguna otra cosa?
Cuando se concentró en ella, se mostró curiosa. Y, a juzgar por su comportamiento, mirando de soslayo a la castaña, lo que le interesaba era la reacción de ésta con respecto a ella. Al escuchar el sonido de disgusto que salió de su garganta cunado la tocó, había sonreído. ¿Por qué? ¿Qué significaba aquella actitud? ¿Por qué tanto interés en Ashley?
Escuchó un par de gritos y fuera se hizo un relativo silencio. Se detuvieron con un traqueteo. Escuchó que fuera hablaban con un tono normal, los caballos relinchaban, parecían excitados. ¿Qué estaba pasando? Todos se vieron entre sí, menos la castaña, que seguía atenta a lo que pasaba en el exterior, igualmente inquietos por haberse detenido. ¿Habrían llegado al clan de los ladrones?
Escucharon claramente pasos acercándose a la puerta, luego esta se abrió dejando entrar la luz del exterior. Un muchacho que no parecía ser demasiado mayor apareció tras la puerta. La noche anterior todos llevaban la cara cubierta, pero al parecer ya no. El muchacho era alto y delgado, ojos azules y cabello castaño claro. Tenía la cara manchada de tierra al igual que la ropa. Parecía que se había caído del caballo y rodado un par de veces en la tierra. Lo cual era poco probable, ya que el suelo estaba cubierto de nieve.
Les ordenó que salieran del carruaje, y en cuanto lo hicieron notaron espantados dos cosas. Una era el hecho de que donde sea que estuviesen, parecía que el invierno no había llegado hasta allí como debería ser. Había nieve en el suelo, un viento helado movía las hojas de los árboles. Sí, los árboles, aunque las copas eran adornadas por una capa de nieve fresca, aún conservaban sus hojas, verdes, brillantes y húmedas. En el suelo se apreciaban puntos verdes que no había quedado del todo enterrados bajo la nieve. Habría de ser más del mediodía.
La otra es que el lugar en el que se encontraban era una especie de pequeño pueblo. Las casas se alzaban en torno a una gran hoguera central, justo detrás de la cual se alzaba un castillo más pequeño que el de Arendelle, construido en piedras grises y con pinta de que había estado deshabitado durante un largo período de tiempo. Una multitud se concentraba frente a ellos, aparentemente esperando emocionados por algo, murmurando entre ellos al verlos. Parecía un pueblo normal, si obviamos el hecho de que eran ladrones y asesinos.
Aunque no todos parecían serlo. Entre la multitud, que era mayormente llenada por personas jóvenes, muchachos y chicas que no parecían tener más de 25 años; también, había ancianos y niños tomados de las manos de sus madres, dando saltitos, compartiendo la felicidad que embargaba al resto al ver la caravana llegar.
Sintió una extraña carga de energía en el ambiente. Esas personas irradiaban… magia. ¿Cómo lo sabía? No estaba segura. Pero sabía que, inclusive los más jóvenes de ese lugar, que dormían plácidamente en los brazos de sus madres, desprendían una energía mágica muy peculiar. A su vez, el ambiente era llenado por una cierta tensión pacífica, como alegría mezclada con odio. Un indiscutible y sutil aura de resentimiento se combinaba con un sentimiento de felicidad o de tranquilidad.
Las personas comenzaron vitorear cuando la líder del grupo de ladrones pasó al frente, ahora sin preocuparse en ocultar su aspecto. Siendo de la misma altura de la reina, de tez bronceada, brillantes ojos dorados, y el cabello de color púrpura intenso, sonreía a las personas allí reunidas con orgullo, enseñando en su sonrisa dos pares de afilados caninos que no llegaban a ser colmillos.
Un hombre se abrió paso de entre la multitud. Su cabello color paja combinaba con sus ojos miel, su tez igualmente bronceada y su gran altura. Habría de medir aproximadamente uno noventa, musculoso más no robusto. Se acercó a la líder y esbozó una cálida sonrisa de bienvenida para luego estrechar su mano. Luego dirigió la mirada a los prisioneros, paseándola por ellos hasta detenerse en Ashley.
Sus ojos se abrieron como platos, evidentemente sorprendido, dirigió la mirada rápidamente a la líder pelimorada, ella hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Se volvió a ver a la castaña, que estaba a su lado, también se había dado cuenta del comportamiento de los maleantes y estaba tan desubicada como ella.
-¡Miembros de la manada, su líder, una vez más, ha vuelto de una exitosa misión! – gritó el hombre que se había acercado a la joven líder al resto de las personas allí reunidas. La gente dio un grito de júbilo. La líder alzó una mano, pidiendo silencio, que obtuvo de inmediato.
-Mis queridos amigos, hoy estamos un paso más cerca de lograr aquello que hemos deseado desde hace ya dos largos años- comenzó a decir ésta, en voz alta, pero sin gritar, aunque no era necesario, pues el silencio permitía que su voz llegase a oídos de todos- ¡Pronto podremos reclamar lo que nos fue arrebatado! – ante ese anuncio, el júbilo volvió a apoderarse de la gente.
Los ladrones fueron a reunirse con sus familiares, quienes los recibían con cálidos abrazos e incluso con lágrimas en los ojos. La reina notó que eran pocos quienes se acercaban a personas adultas, y la mayoría se reunía con un grupo de las personas de edades muy cercanas. Era una extraña aldea de extrañas personas.
La líder se volvió a ellos, con una expresión seria de suficiencia, y con un movimiento de cabeza les indicó que la siguieran. Obedecieron titubeando. La siguieron desfilando a la vista de todos. Los jóvenes, los ancianos y los niños se les quedaban viendo curiosos, murmurando, algunos se preguntaban quiénes eran, otros los veían sorprendidos, sabiéndolo. Caminaron en silencio detrás de la líder hasta llegar hasta el pequeño castillo.
Al entrar fue recibida por un comité de jóvenes aparentemente de su edad, donde estaba incluido el castaño claro que les dijo que saliesen del carruaje. Un muchacho, que parecía ser el mayor en el grupo, era alto, más que el joven castaño, de cabello castaño oscuro y ojos de un azul intenso espectacular, lucía una expresión suavemente severa. Otra, era una chica que no parecía estar alejada de la edad de la líder, unos 19 tal vez, de cabellos castaño claro y ojos marrones, de apariencia altanera. Otra era una chica un tanto más bajita, tal vez 1,65, cabello rubio oscuro que le llegaba hasta la cintura y ojos verde brillante, se veía muy inquieta. El último chico habría de medir 1,75, el más bajo de los hombres, cabello cobrizo y ojos miel, flacucho y con apariencia desentendida.
Todos recibieron con una gran sonrisa a su líder y se acercaron a ella para darle una muy cálida bienvenida.
-¡Blacky, ya era tiempo! – gritó la más baja lanzándose a abrazar a la muchacha, obviando por completo que era su superior y tratándola con gran familiaridad. La muchacha, respondiendo a ese nombre, le devolvió el abrazo, sonriente.
-Tuvimos unas cuantas dificultades en lo que refiere a mantenernos ocultos- insinuó ésta, diciendo de tal manera las palabras como para hacerles captar algo, observando al hombre que parecía ser el mayor.
-¿Quieres decir que…- dijo él, con voz grave y aterciopelada, la líder asintió. Todos pasaron las miradas a ellos, evidentemente curiosos por algo que ellos aún no sabían, pero solo el hombre mayor se quedó observando a la castaña.
-Max, te agradecería que buscarás a Eric, debemos hablar esto con él- dijo la pelimorada dirigiéndose al muchacho larguirucho de ojos azules.
-En seguida, Black- dijo este, con entusiasmo palpable y salió corriendo por las puertas principales.
-Ryan, ve por Henry y dile que tendremos una reunión- se dirigió al muchacho de ojos miel, quien no se vio tan desentendido en ese momento, asintió y salió por uno de los pasillos laterales- Alice, Stacy, denle a nuestros…- les dio una mirada de soslayo, la reina pudo jurar que se quedó viendo un segundo a Ashley y ese fue el motivo de la sonrisa que apareció a continuación en su rostro- …invitados una habitación- las muchachas asintieron y se acercaron a ellos, ordenándoles con una seña que avanzaran, dejando que notasen las armas en sus cinturas; antes de que se alejasen, oyeron a la líder decir- Dean, hay que empezar a prepararnos: la guerra está próxima.
Seguramente no me creyeron cuando dije que publicaría más seguido. JA!
Bueno, mis amores, aquí está el capítulo 10 de Blutmond. Me tardé menos de lo que incluso yo esperaba. Espero poder tener el siguiente capítulo listo igual de pronto. He empezado las clases y dudo que los profesores tengan compasión.
Creo que pronto estaré publicando una de dos: Un fanfic ElsaxAshley en el universo HP, o un fanfic ElsaxAshley en nuestro universo, sin poderes, pero muy dramático. Pienso que debería escribir una novela y mandarla a Venevisión JAJA.
Bueno, no tengo nada más que decir, o escribir. Espero que les haya gustado el cap, y la historia en general. Déjenme saber qué opinan en los comentarios. Nos leemos por ahí.
Chau Chau.
