—Aquí tienen, otra ronda de Capuchinos para ustedes ¡que lo disfruten! —la camarera les dejó las bebidas y se alejó con una agradable sonrisa en el rostro.

Bankotsu no perdió el tiempo, y se llevó la espumante y cálida bebida a sus labios dándole un gran sorbo. La cafeína ayudaría a evitar una futura resaca gracias a todo el alcohol que había consumido esa noche. Llevaban allí más de una hora, y él aún no había podido convencer a Sara de regresar a la fiesta, aunque dadas la altas horas de la madrugada que era, suponía que todo ya estaba por llegar a su fin en la mansión.

Bajó su taza y echó una rápida mirada hacia la morena, ésta tenía la mirada perdida en el piso, y al parecer aún no había tocado su bebida. —¿Te encuentras bien, hay algo que pueda hacer por ti?

Sara posó su atención en él y medio sonrió. —No, no es nada, solo... pensando. Además ya has echo suficiente por mí esta noche, te estaré eternamente agradecida. Eres un buen chico Bankotsu.

Él sonrió y apartó la mirada, mientras negaba con la cabeza. —No, sólo hago las cosas bien, nada especial, cualquier persona lo haría.

—Sí, quizás. Pero se nota que tienes un gran corazón, la chica que logre conseguirlo tendrá mucha suerte.

La expresión del moreno cambió a una de diversión. —Bueno, Rin es muy afortunada sí.

Sara eligió ese momento para tomar un sorbo del Capuchino, y tras oír eso, casi se ahoga con la bebida, lo que la llevó a toser reiteradas veces. —¿Qué quieres decir con eso? —preguntó extrañada.

El sonrió de lado y le guiñó un ojo. —Nada, no te tomes tan en serio todo lo que digo.

Ella bajó la mirada y asintió lentamente, sentía como sus mejillas ardían levemente ¿por qué se sentía como una estúpida en su presencia? Todo lo que hacía o decía la hacía sentir fuera de lugar. Y no ayudaba que él fuera extremadamente perfecto.

Miró por la enorme ventana que rodeaba el lugar, intentando buscar una distracción. Afuera había algo de movimiento todavía, supuso que se trataba por ser fin de semana, pues el Café también estaba atendiendo a varios clientes aparte de ellos.

Bankotsu notó a Sara algo distante aún, al parecer todavía no se había recuperado de lo que le había sucedido, y no la culpaba, Sara parecía una chica sensible, solitaria y dulce, de esas que no le gustaban los problemas y le encantaba llevarse bien con todo el mundo. Debe de haberle dolido que sus "amigas" la dejaran de lado y no la defendieran ante Rin o Miyuki.

Se aclaró la garganta para llamar su atención, cuando ella lo miró, él le sonrió de forma tranquilizadora. —¿Esto está bien para ti? —le preguntó suavemente. — ¿O prefieres ir a otro lugar? Solo dímelo y podremos irnos.

Ella le dio un intento de media sonrisa y negó. —No, aquí esta muy bien. Pero gracias por la oferta, eres muy dulce. Por algo las muchachas de la escuela están siempre detrás de ti. —se mordió fuertemente la lengua al terminar esa frase, sentía como sus mejillas se encendían ¿de dónde rayos había salido eso? Se maldijo una y mil veces por no poder controlar sus palabras cuando estaba cerca de él.

Bankotsu por otro lado, encontró divertido las palabras de Sara, y sonriendo de costado, apoyó su codo en la mesa para recostar su barbilla en su palma. —Así que... te dedicas a observarme en la escuela, eh.—le guiñó un ojo, lo que no ayudó en nada con su sonrojo, y la guinda del pastel era que sentía como comenzaba a derretirse por dentro por la forma en la que él la estaba mirando.

Se removió incómoda en su asiento y bajó su cabeza para concentrarse en las pulseritas de goma que siempre llevaba puesto. Las comenzó a estirar y a dejar que chocaran contra su piel, haciéndole visibles marcas rojas. —Yo, no... —titubeó, nerviosa al no saber qué decir. — Sólo lo digo p-porque... bueno, es difícil pasarte por alto, y las chicas en la e-escuela, estan... siempre detrás de ti, y entonces ellas... —calló al ver como él comenzaba a reírse por lo bajo, tenía la ligera sospecha de que estaba tratando de burlarse de ella. Eso solo la hizo sentirse aún más tonta.

Bankotsu notó ese ligero decaimiento en ella, extrañamente lo encontró dulce. —¿Te enojaste? Lo siento, es que no me pude aguantar, te veías muy tierna toda nerviosa.

Tras eso, Sara sintió mariposas revolotear en su estómago ¿acababa él de decirle que se veía tierna o se lo había imaginado? ¡Seguro se lo había imaginado! Su tonta mente estaba de vuelta en estado de ensoñación por el muchacho a su lado.

—No estoy enojada. —murmuró por lo bajo, y continuó jugando con sus pulseritas. El leve sonido de la goma al chocar con su piel llamó la atención de Bankotsu, quién frunció el ceño y se inclinó un poco hacia delante, intentando ver a qué se debía tal ruido.—¿Qué tienes ahí? —preguntó. Sara ocultó rápidamente su brazo bajo la mesa antes de que la descubra.—No es nada, sólo mis pulseritas.

Bankotsu entrecerró sus ojos en sospecha ¿era su imaginación o ella le estaba ocultando algo, por qué si no iba a reaccionar de esa manera? Intentó acercarse más a ella, pero Sara se levantó abruptamente de su asiento y tomó su cartera de la mesa. —Lo siento, ya tengo que irme. —anunció apresuradamente. —

Te agradezco una vez más por lo que has echo por mí.

Cuando Bankotsu volvió en sí tras el desprevenido y extraño comportamiento de Sara, notó que ya no se encontraba en el café, sino del otro lado de la calle dirigiéndose hacia alguna parte. Con un fuerte suspiro, tomó su billetera y dejó algunos billetes sobre la mesa para pagar los Capuchinos. Cuando se disponía a salir tras ella, un destello plateado en el suelo llamó su atención. Se agachó y notó que se trataba de una pulsera fina de cuero negro con un dije de plata en forma de media luna. La tomó sabiendo que era propiedad de Sara, y se la guardó en su bolsillo.

Cuando salió a la calle la vio a lo lejos, caminando a paso apresurado y sin voltear ni un momento ¿qué demonios había echo él para incomodarla, y en qué memonto? Definitivamente empezaría a pensar que esa muchacha era bipolar o estaba loca ¡no había otra explicación razonable! Uno no sólo se levantaba y se iba de la nada cuando estabas teniendo una tranquila conversación ¡era una idiotez! Pero allá ella...

Tomando una profunda respiración para mantener estable su paciencia, Bankotsu comenzó a seguirla calle arriba. Su teléfono sonó en ese momento y mientras se disponía a contestarle un texto a Naraku, trataba de no perder de vista a Sara. La vio pasar en frente de una tienda de celulares donde unos tipos con facha de motociclistas estaban sentados en el suelo bebiendo, e ingenuamente a la muy tonta no se le ocurrió cambiar de vereda y tuvo que pasar justo por al lado de ellos.

Solo pasó un par de minutos cuando un muchacho alto y pelirrojo del grupo se puso en pie y comenzó a seguirla. «Genial» pensó Bankotsu «ahora tendré que meterme en una estúpida pelea por una muchacha caprichosa». Apuró su paso cuando los vio doblar en una calle oscura, al llegar ellos se ocultó tras una pared de ladrillos esperando el mejor momento para intervenir en lo que sea que tenía pensado hacer el idiota.

—Por favor. —pidió Sara al muchacho desconocido que tenía en frente. No tenía idea en qué momento la había seguido, para cuando reaccionó él ya estaba detrás suyo diciéndole un montón de cosas y ofreciéndose a acompañarla.— Déjame pasar, tengo que llegar a algún lado.

—Y yo ya te he dicho que puedo llevarte. —contestó el sujeto, con una desagradable sonrisa.— No es seguro que una preciosidad como tú ande sola a estas horas.

Cuando intentó esquivarlo, él se lo impidió nuevamente. Solo que esta vez la tomo de ambos antebrazos y la hizo retroceder hasta tenerla presionada contra una sucia pared. El corazón de Sara comenzó a palpitar aceleradamente y la sangre bombeaba en sus oídos, un horrible escalofrío le recorrió la espalda cuando su atracador levantó su mano para acariciarle la mejilla.

—En realidad eres una belleza. —susurró con malicia. Sara comenzó a temblar y sentía como el aire intentaba abandonar sus pulmones, pronto comenzaría a hiperventilar. —P-por favor... d-dejam-me ir. —los bellos de sus brazos se pusieron en punta al sentir que los sucios dedos que estaban en su mejilla, bajaron lentamente por su cuello para detenerse en la cima de sus pechos.

El pelirrojo sonrió como loco maniático, y sus ojos se oscurecieron de una manera que la asustó aún más. ¿Por qué se había comportado así con Bankotsu en el café y había decidido regresar sola a su casa? Era totalmente una estúpida por precipitarse a los echos y salir sin él a las calles. Sí, temió a que él pudiese haber descubierto su humillante secreto y la tachara de rarita y demás, eso habría sido un gran golpe para ella. De igual forma no era motivo para huir sin ninguna explicación y solo dejarlo como un tonto en frente de todos para salir sola a la calle. Si ella le hubiese dejado acompañarla, eso jamás le hubiese sucedido.

Lastimosamente era ya demasiado tarde para razonar y arrepentirse...

Cuando sintió las sucias manos del pelirrojo tocar sus pechos, lanzó un fuerte grito y lo empujó con todas sus fuerzas, haciéndolo retroceder varios pasos. Tomó ese momento para intentar escapar, pero no pudo dar ni un paso, cuando él ya estaba nuevamente encima suyo. La agarró aún mas con firmeza y la empujó una vez más contra la pared, quitando bruscamente el aire de sus pulmones por el impacto. —Escúchame bonita. —comenzó con tono amenazador. La tomó por el cuello y la obligó a levantar la cabeza. —Si intentas huir será aún mas peor para ti. No creo que vuelva a tener la oportunidad de cruzarme a una belleza como tú nuevamente, así que espero que te hagas una idea de lo mucho que pienso disfrutar de ti.

El olor a alcohol en su aliento le revolvió el estómago, y esa horrible amenaza hizo que se le nublara la vista con las lagrimas de miedo que comenzaron a brotar de sus ojos. El miedo y la ansiedad de lo que él tenía planeado hacerle invadieron su sistema, alertándola para revivir sus peores pesadillas.

—De-déjame ir... por favor... —comenzó a sollozar, los temblores en su cuerpo aumentaron.—N-no me ha-hagas daño.

Él le agarró del cabello y le dio un fierte estirón. —¡Cállate! Ni pienses que tu tonto llanto me va a convencer de librarte. No pienso dejarte ir por nada en el...—pero no pudo terminar sus palabras porque un fuerte empujón lo envió de bruces al suelo. El impacto de su caída lo dejó medio aturdido, pero Bankotsu ni siquiera le dio tiempo de aclarar su mente cuando ya lo estaba golpeado brutalmente en el rostro.

El imbécil ni siquiera intentar defenderse, no que pudiera de todos modos, con lo borracho y drogado que seguramente estaba, hasta le sorprendía que se hubiese mantenido en pié sin tambalear.

El último golpe que le dio lo noqueó por completo, enviándolo a la inconsciencia. Ver al idiota ensangrentado tirado en el suelo,no disminuyó el enojo del moreno aún, pero trató de mantener la calma para no asustar aún más a Sara. La pobre ya había tenido suficiente con lo que le había sucedido esa noche, no necesitaba que él la reprimiera por no haberlo escuchado desde un principio, ella ya parecía haber aprendido esa lección.

Se acercó a la morena y la tomó suavemente del brazo para tener su atención. Ella medio se estremeció ante el toque, pero al levantar su mirada y darse cuenta de que era él, rompió en llanto una vez más y se lanzó a sus brazos.

—Gracias... —murmuró entre sollozos. —Tenía mucho miedo.—él le abrazó de vuelta, acariciándole suavemente el cabello. —No me lo agradezcas, de ninguna manera iba a dejar que ese idiota te hiciera daño.

—Me siento tan tonta por huir así se ti, al final tenías razón. Desde ahora en adelante, no volveré a desobedecerte.

Bankotsu soltó una ligera risa y preguntó con voz burlona. —Oh, bueno ¿eso quiere decir que seguiremos en contacto?

Sara se apartó un poco de él y levantó su rostro manchado de lágrimas. —¿Tú quieres? —contra preguntó. El moreno encogió sus hombros. —Bueno, por mí no hay ningún inconveniente. El problema es para ti, si estás dispuesto seguir viendo a este papanatas... entonces excelente, dulzura.

Sara rió y le dio un ligero golpe. Sintió mariposas revolotear en su estómago tras oír ese apodo. ¿Por qué tenía que ser tan perfecto? ¿Cómo iba a evitar enamorarse de él si seguía comportándose de esa manera tan dulce y encantadora con ella? Ya de por sí era todo un sueño: alto, hombros anchos, brazos musculosos, cabello negro rebelde, piel con un bronceado justo, y una sonrisa arrogante que la derretía por completo. Con esa encantadora personalidad que estaba descubriendo en él, no dudaba ni por un segundo que caería enamorada tarde o temprano.

Lástima que era familiar de Rin.

Ese recordatorio hizo que se pusiera un tanto incómoda, así que se apartó de él con una sonrisa tensa en sus labios. Bankotsu por supuesto notó ese repentino cambio en Sara, pero no quiso molestarla preguntando, así que solo le mostró una sonrisa complaciente.

—Entonces... ¿quieres que tomemos un taxi para llevarte hasta tu casa?

Sara estaba a punto de contestar, pero fue interrumpida por el pitido de un celular. Bankotsu metió las manos en su bolsillo y miró la pantalla de su teléfono, al ver de quién se trataba, rodó los ojos y lanzó un suspiro de cansancio. —¡¿Y ahora qué?! —preguntó irritado, y se llevó el aparato a la oreja para escuchar lo que tenía para decir Jakotsu.

Sara vio como el semblante de cansancio de Bankotsu iba cambiando a uno de enojo mediante escuchaba atentamente a la persona del otro lado de la línea.

—¿Y dónde demonios está Sesshomaru, no debería estar él junto a ella en todo momento?

No sé dónde está, no lo he visto desde hace un rato. —Jakotsu sonaba algo desesperado, al parecer encontraba muy alarmante el asunto. —Pero creo que ese es el problema, Rin no me quiere decir nada, por eso necesitamos que tú vengas urgente.

—Está bien, solo estamos a un par de cuadras, llegaré allí en unos minutos. —le echó un vistazo al sujeto desmayado en el suelo, no parecía que fuese a despertarse pronto. —Y hazme el favor de enviar a esos policías que Rin invitó a la fiesta, tengo un idiota aquí que se quiso pasar de listo. Te enviaré la dirección.

Bien, hermano. Pero no tardes en llegar, la cosa esta muy tensa aquí.

Bankotsu corto la llamada y rápidamente le envió la dirección. Sara lo observaba confusa, no tenía idea de lo que le habían dicho, pero por su expresión de enojo, intuía que no habían sido buenas noticias. Además él había nombrado a Sesshomaru ¿qué rayos había sucedido con el peliplata? ¿Rin estaba incluida en todo eso? No tenía ni idea de nada, pero sí tenía la intención de averiguarlo.

Pero una vez más cuando estaba a punto de hablar, fue interrumpida nuevamente, solo que esta vez por el moreno. —Vamos. —anunció, y levantó la mano para parar a un taxi que se avecinaba en dirección a ellos. — Tomaremos ese taxi para dejarte en tu casa.

—¡No, espera! —interrumpió ella, poniéndose enfrente de él y agarrándole el brazo que tenía levantado. —¿Qué ha sucedido con Sesshomaru, por qué estás tan ansioso en regresar?

Bankotsu se pasó la mano por el cabello reiteradas veces. —No lo sé. —contestó en tono frustrado. —Jakotsu no me dijo mucho, pero tengo que regresar con Rin lo antes posible. —la tomó del brazo con intención de arrastrarla hacía el auto que ya se había estacionado, pero Sara se libró de él fácilmente y se plantó en el medio de la acera, sin intención de moverse hasta que él le dijera lo que había sucedido en la fiesta.

—No voy a regresar a mi casa ¡voy contigo! —anunció, con un tono decisivo.

Bankotsu entrecerró los ojos hacia ella. —Pero si tú no querías regresar a la mansión hasta hace unos minutos atrás.

—Pero ahora sí quiero. —bajó la mirada al suelo y pateó unas piedritas con sus tacones, cruzó sus manos en su espalda y murmuró: —Además... Si voy a casa, me sentiré muy sola. No estoy preparada para dejarte ir aún, al menos no por esta noche.

Bankotu sintió un muy pequeño cosquilleo en su pecho tras escuchar aquello, pero fue tan leve y ligero que a lo mejor solo se lo imaginó. De todas maneras no podía negarse a la decisión de Sara por acompañarlo, además era muy conveniente ya que no tendría que ir primero hasta su casa y dejarla, podría llegar más rápido a la mansión sin hacer esa escala. Lanzó un largo suspiro y asintió, Sara le sonrió complacida y él la tomó nuevamente de la mano guiándola hasta el auto para que ambos pudiesen subirse.

Rin estaba sentada en unos de los escalones de la gran escalera en la mansión Taisho. Tenía la mirada perdida en un punto fijo hacia la puerta de entrada, y sus mejillas estaban manchadas por su reciente llanto. En sus manos todavía cargaba el teléfono de Sesshomaru, él había desaparecido hacia un poco más de media hora, dejándola destruida por sus hirientes palabras y con una enorme grieta en su corazón.

Rin todavía no entendía muy bien lo que había sucedido ¡ella no era así, jamás se atrevería hacerle eso a él! Sesshomaru era el amor de su vida, no había nadie después de él. Era el único chico a quien amaba, el único a quien necesitaba y la hacia inmensamente feliz a pesar de como era, a pesar de todo...

En ningún momento de su vida se le paso por la mente hacerle eso, todos sabían el inmenso amor que sentía por él. Sí, tuvieron momentos muy difíciles, pero ni aún así pensó en lastimarlo de esa forma ¡¿qué en el cielo pasaba con ella, por qué le había echo eso?! ¿por qué había dejado que un idiota la besara y la tocara de esa forma? Se sentía sucia, asquerosa, la peor de las rameras. Y lo peor de todo es que no recordaba ni un segundo de lo sucedido, todo estaba borroso y confuso para ella. No recordaba haberse metido a esa habitación, ni dejarse besar por ese idiota ¡y mucho menos haberse quitado la ropa! El remordimiento le carcomió el alma, estaba destrozada.

Bajó su mirada hacia el aparato en sus manos, las horribles fotos aún seguían en el chat de mensajes, obviamente éste no tenía un nombre en el remitente,tan solo un número desconocido y una burbuja de texto: Esto es lo sucede cuando sales con una zorra cualquiera. Te vieron la cara de idiota, no te molestes en agradecerme ;)

Una oleada de náuseas la invadió nuevamente. El mareo aún estaba un poco presente en su cabeza, pero estaba intentando controlarlo para no desmayarse una vez más. En eso, la puerta de la cocina a su derecha se abrió, dejando salir a un pequeño grupo de adolescentes que aún andaban merodeando por la casa. Rin tenía la cabeza gacha, pero escuchó como abrían la puerta mientras salían por ésta para luego cerrarla y que el lugar volviera a su estado silencioso.

Luego escuchó la voz de Jakotsu al pie de las escaleras. —¿Rin? —ella levantó lentamente su cabeza, y éste al ver el estado de su rostro, se apresuró a subir los escalones hasta posicionarse a su lado. —¿Qué te sucede, estás bien? —preguntó preocupado. Su prima había desaparecido de su vista hacia unas horas en la pista de baile, como no la vio por ningún lado después, supuso que se habían reconciliado con Sesshomaru luego de la corta discusión que habían tenido frente a él y Hakudoshi, pero al parecer estaba equivocado.

Rin lo miró en ese momento, sus ojos estaban apagados y su expresión rodeado de angustia. Negó lentamente hacia él y sus labios temblaron un poco, amenazando romper en llanto en cualquier momento.

Él le acarició el cabello, intentando consolarla. —¿Qué ha ocurrido, es por lo de hoy? ¿éstas mal porque aún no se han reconciliado?

Ella desvió la mirada, no quería que Jakotsu se enterara de lo que había echo, si él lo descubría la miraría con otros ojos durante el resto de su vida, ya no sería su prima favorita y consentida, perdería totalmente su confianza y respeto, y eso era algo que ella no podría soportar. La bajaría totalmente de la estima que él la tenía, quizas ya ni siquiera volvería a hablarle. Jakotsu era muy leal con todos, y al igual que Bankotsu, detestaba a las personas traicioneras y mentirosas. Si llegaban a descubrir lo que había echo (que tarde o temprano lo haría) todo lo bueno que pensaba de ella cambiaría drásticamente.

Y cuando sus amigos también lo supieran... ¡Dios, en que lío se había metido!

—Rin, dime por favor qué tienes.—insistió Jakotsu, ya se estaba impacientando. —Sabes que no me gusta verte mal.

Ella negó y apartó suavemente la mano de él que le estaba acariciando el cabello. Notó un movimiento al pié de las escaleras, y al mirar se encontró con Miyuki, quien al parecer había estado ahí todo ese tiempo. Genial, ahora esa muchacha se regodearía con su miseria cuando se enterara lo que había pasado entre ella y Sesshomaru. Quizás hasta se aprovecharía de todo ese lío para intentar hacer un movimiento con él, y ella ya no podría hacer nada porque ellos ya no eran nada y no podía reclamarle nada a él.

Esos tontos pensamientos no ayudaron en nada con su horrible estado de ánimo.

Se encogió en su lugar, en esos momentos sólo deseaba desaparecer. —Dime algo Rin, me estoy volviendo loco aquí. En cualquier momento iré a traer a Sesshomaru. —Eso tuvo su total atención, y cuando estaba por negarse a la idea, unas voces y pasos detrás suyo cortaron sus palabras.

—¡Genial, no los visito desde hace meses, y cuando lo hago, me encuentro con una inesperada fiesta de cumpleaños y un horrible primo que me cierra la puerta de su habitación en las narices cuando intento saludarlo!

Rin juró haber escuchado esa voz en alguna parte antes, solo que no recordaba a la persona perteneciente. —Hmp, como sea, me debes quinientos yenes.

La voz de la muchacha cambió a una de reproche. —¡Es que es tan injusto! O sea, "Holaaa" soy Shiori, no es normal que me vean por aquí más que en Acción de gracias y Navidad ¡deben alabar mi visita inesperada!

—¿Quién te crees? —se burló Byakuya. —¿La reina de Inglaterra?

Shiori detuvo su paso antes de llegar a las escaleras y se giró para enfrentar a su hermano. —¡Nooo! —contestó, cohibida.—O sea, puff. Soy mejor que esa viejucha. —cuando volvió a girar su cuerpo para bajar las escaleras, cálculo mal su paso, y se fue con gran impulso hacia delante. Byakuya no tuvo tiempo de agarrarla, y su querida hermana iba a llevarse el golpe de su vida de no ser por Jakotsu, quien reaccionó rápidamente y la sostuvo fuertemente de la cintura para evitar lo que podría haber sido un grabe accidente.

Cuando la muchacha volvió en sí, sintió que alguien la tenía firmemente sujeta. Se apartó lentamente, intentando llenar sus pulmones con el aire que se le había escapado por el susto que se había pegado. —Ay... ay, por Madonna... estoy bien... ¡que susto me pegué! —al mirar hacia su salvador, sintió un flechazo instantáneo. Se llevó una mano al pecho, mientras lo evaluó de pies a cabeza. —Riquísimo.—murmuró sin pensar. Jakotsu frunció el ceño, confundido. —¿Cómo? —preguntó, no seguro de que la había oído bien. Shiori sacudió su cabeza, apartando sus tontos pensamientos. Sus mejillas ardieron en pena cuando se percató de que él la había escuchado. —Ammm, quiero decir, ¡Gracias, has salvado mi vida, estoy en deuda contigo!

Jakotsu se rascó la mejilla, estaba un poco incómodo ante la atenta mirada de la muchacha.—No fue nada.

Shiori tenía la intención de seguir la plática, pero al ver a la persona que se encontraba en el suelo, rápidamente su prioridad cambió. —¡Rin! —tomó asiento al lado de la pelinegra, y cuando notó el estado en el que ésta se encontraba, la sonrisa desapareció de su rostro. —¿Qué te pasó? —miró hacia Jakotsu, esperando una respuesta. Él negó con la cabeza y se encogió de hombros. —¿Has discutido con el tonto de mi primo, te dijo algo que no te gustó?

Rin no respondió a ninguna de sus preguntas, y Jakotsu estaba al límite de su paciencia. De repente una idea excelente cruzó por su mente. Se alejó de ellas mientras Shiori seguía haciéndole preguntas a su prima, y cuando llegó al lado de la puerta de entrada, sacó su celular y le marcó a Bankotsu.

Luego de unos segundos de espera, su hermano aceptó la llamada. —Bankotsu, necesito que vengas en este instante a la mansión, verás, Rin está en un estado pésimo, no tengo idea de lo que le ha sucedido y tampoco me ha dicho ni una sola palabra, pero es muy evidentemente que ha estado llorando desde hace un rato. Se encuentra muy mal.

¿Y dónde demonios está Sesshomaru, no debería estar él junto a ella en todo momento?

Siguió hablando con él por un par de minutos, hasta que le confirmó que estaría allí en poco tiempo. Lanzó un suspiro de cansancio, mientras se dirigía hacia Miyuki. Al llegar a ella, le tendió su celular. —¿Me haces un favor, le puedes dar esta dirección a esos extraños policías que estaban por aquí? Diles que es urgente que vayan allí en este instante.

Miyuki asintio con una sonrisa, y tomó su celular para ir en busca de Kageromaru y Juromaru.

Jakotsu la vio desaparecer en dirección a la sala de estar, y regresó su atención a Rin ¿era posible estar así solo por una tonta discusión? No tenía idea...

Luego de un rato, la puerta principal se abrió dando paso a Bankotsu acompañado de Sara. Al verlo, Rin sintió una fuerte opresión en su pecho y el llanto que había contenido desde hace tiempo, salió en un fuerte quejido mientras se ponía en pie e iba corriendo a su encuentro. Sintió como los fuertes brazos de Bankotsu la rodeaban y la acercaban más a su cálido pecho. La dejó desahogarse, mientras le acariciaba suavemente la espalda y le susurraba palabras tranquilizadoras.

—Dime que ha pasado. —murmuró dulcemente. —¿Quién te ha echo daño?

El corazón de Rin se oprimió ante la dulzura de esa pregunta, porque cuando él descubriese todo lo sucedido, no sabría si seguiría estando de su lado, defendiéndola. Y él era todo lo que ella más necesitaba por esa noche.

Él la apartó un poco para poder tomar su rostro entre sus manos, el verla en ese estado, se sintió como un fuerte puñetazo en el estómago y una herida abierta en su corazón. La última vez que vio llorar a Rin fue cuando fueron a la carrera de motos aquella madrugada, y lo odió, por supuesto. Pero ese llanto no era nada comparado con el que estaba sufriendo ahora, ella en realidad estaba que ni siquiera le importaba que Sara la estuviera viendo.

—¡¿Aún sigues aquí?!

El estruendo de la voz de Sesshomaru hizo que todos voltearan a verlo. El corazón de Rin comenzó a bombear rápidamente, sabiendo lo que se avecinaba.

Bankotsu la separó un poco de él para enfrentar al peliplata. Frunció el ceño, no contento con lo que había escuchado. —¿Por quién lo dices?

Sesshomaru entrecerró sus ojos. —Pues por la cosa que está al lado tuyo.

Bakotsu apretó fuertemente su mandíbula. —¿Te refieres a Rin?

—Rin se hace llamar, sí.

—¿Qué demonios? —murmuró Jakotsu, y cerró sus puños.

Bankotsu por otro lado, intentaba mantener la calma.—¿Y todo esto solo porque han tenido una tonta discusión?

Sesshomaru frunció aún más el ceño, y se dispuso a bajar el tramo de escalones hasta estar a cierta distancia de Bankotsu y Rin.—¿Eso es lo que ella te ha dicho, que solo fue una discusión? —observó a la pelinegra con una mirada despectiva, su tono de voz se volvió helado cuando se dirigió a ella.—¿Te estás haciendo la víctima? No me digas que ahora te avergüenza contarle a tus primos la clase de *fulana* que eres.

Tras oír aquel término insultante hacia su prima, Jakotsu dio un par de pasos en su dirección, en gesto de clara advertencia.—Oye, no Sesshomaru, no vuelvas a llamar a Rin de esa manera de nuevo. —el tono que empleó fue tranquilo pero con un dege de autoridad.

Por su parte Rin sintió como si él tomara su corazón y lo arrancara de su pecho para luego pisotearlo. Las lágrimas seguían derramándose de sus ojos, y con cada segundo que pasaba bajo aquella mirada de desprecio, el dolor en su alma aumentaba al igual que las ganas de desaparecer.

Bankotsu lanzó un fuerte suspiro, intentando mantener la calma antes de que todo se saliera de control. —Mira, no sé lo que haya sucedido aquí entre ustedes.—miró a Rin, quien se pasó los dedos por sus mejillas para apartar algunas lagrimas. Luego su atención se dirigió al peliplata en frente suyo, su voz se tornó filosa.— Pero eso no te da el derecho de hacerla llorar y mucho menos de referirte a ella de esa manera. Y será mejor que no lo vuelvas a hacer porque ya estoy hasta el límite de mi paciencia por esta noche.

Sesshomaru lo fulminó con la mirada, y dio un paso hacia delante para acercarse más al moreno. —¿Me estás amenazando? —preguntó en tono peligroso.— ¿a mí, y en mi propio casa?

—No es una amenaza. —aclaró Bankotsu.—Más bien, una advertencia. Rin no se merece la clase de trato que le estás dando, y a mí no me hace gracia que lo hagas.

Sesshomaru iba a responder, pero fue interrumpido por la voz apagada de la pelinegra dirigida hacia él.—Shessh, escucha, te juro que... —Creo haberte dejado muy en claro que no vuelvas a hablarme y que te largues de mi casa. —la interrumpió en tono cortante. —¿o acaso estás esperando a que te saque yo mismo?

Bankotsu intervino en ese momento, su paciencia había llegado al límite. —¡Ponle un solo dedo encima y te la verás conmigo!

Sesshomaru, lejos a darle la menor importancia a la advertencia de Bankotsu, tomó a Rin del ante brazo con la intención de arrastrarla hasta la salida, pero el moreno actuó rápidamente y lo empujó hacía tras, haciendo que suelte a su prima en el proceso. —¡Te lo advertido una vez más, no me importa que estemos bajo tu techo, si quieres vamos a la calle y resolvemos esto de una vez por todas! ¡No voy a dejar que te salgas con la tuya al tratar a mi prima como basura!

El peliplata resopló y volvió a mirar de forma despectiva a la pelinegra. —¿Y crees que se merece un trato mejor después de lo que ha echo?

—¡Es suficiente! —gruñó Bankotsu. — Ya me... —pero ni siquiera se molestó en terminar la frase cuando se abalanzó hacia el peliplata y le propinó un fuerte puñetazo en la mandíbula. Escuchó como Rin lanzó un grito de sorpresa ante ese acto, pero no se detuvo y continuó con la pelea.

Jakotsu dio unos rápidos pasos hacia delante con la intención de entrometerse entre los dos, pero fue detenido por la mano de Miyuki en su pecho, para mantenerlo en su lugar. —No lo hagas. —le advirtió. —Rin no necesita que tú también la defiendas.

El puñetazo de Bankotsu tomó por sorpresa a Sesshomaru, pero cuando un siguiente se avecina, reaccionó rápidamente para esquivarlo. Ambos tenían la misma estatura, sólo que el moreno tenía un poco más de masa muscular debido a su entrenamiento. De todos modos eso no era problema para el peliplata, podría vencerlo cuando quisiera, y lo demostró fácilmente cuando lo empujó fuera de sí y lo golpeó primero en su frente y luego el la mejilla. Debía admitir que el muchacho tenía agallas pues, arremetió una vez más contra él.

Rin miraba aterrada la batalla que se había desatado entre su primo y Sesshomaru ¡y todo por su estúpida culpa! Era increíble a lo que había llegado esa noche. Hace tan solo un par de horas atrás estaba extasiada de la emoción por la gran fiesta que se estaba desatando allí, y ahora no podía con el terrible dolor que le atormentaba el corazón y el alma debido a las consecuencias de ésta.

Sin pensarlo muy bien, se interpuso entre ellos con la intención de frenar la pelea. —¡Basta, es suficiente, ya terminen con esto de una vez!

Justo en ese momento aparecieron Inuyasha y los demás, quienes habían escuchado los gritos que se habían desatado hace unos segundos. —¡¿Qué demonios?! —Lanzó Inuyasha, y fue corriendo hacia su hermano para agarrarlo de los brazos y detenerlo con la ayuda de Miroku. Jakotsu hizo lo mismo con Bankotsu, lo tomó de ambos brazos y los sujetó firmemente en su espalda.

Sesshomaru intentaba zafarse del agarre de su hermano y Miruko. Él no tenía ni un problema con Bankotsu, y jamás lo había tenido. El moreno era una de las pocas personas que toleraba, por no decir que admiraba la forma en que era protector con Rin y su forma de tratarla. Pero nada de eso era excusa para no defenderse de su ataque, no iba a dejarse golpear por él, y mucho menos si era para defender a Rin. Ella no lo valía en ese momento, solo que él aún no era consciente de eso.

—Suéltame Inuyasha. —ordenó fríamente a su hermano. — No te lo diré dos veces.

Inuyasha y Miroku lo dejaron ir, pero estaban muy a la expectativa de sus movimientos por si decidía abalanzarse sobre Bankotsu desprevenidamente. —¿Qué fue lo que pasó aquí, por qué estaban peleando?

Bankotsu se liberó del agarre de Jakotsu, y lanzó una mirada de desprecio hacia Sesshomaru.—Pregúntale a tu hermano, veamos si tiene las agallas para contarte como estaba tratando a Rin y las cosas que dijo de ella.

Inuyasha miró a la pelinegra en ese momento, recién descubría que estaba siendo rodeada por sus amigas al romper en llanto. Se giró hacia su hermano con el ceño fruncido, no le gustó para nada lo que estaba presenciando —¿Hiciste llorar a Rin?

—Hmp, si ella está llorando, ese es su maldito problema. Además esto no es de la incumbencia de ninguno de ustedes, así que no se metan donde no los llaman.

Bankotsu apretó su mandíbula con rabia contenida y cruzó sus brazos encima de su pecho. Ya estaba nuevamente tentado de golpear a Sesshomaru. —Es de mi maldita incumbencia si está involucrado alguien de mi familia. Ella no se merece bajo ni un término como la estas tratando.

—¿Ah, no? —preguntó en tono irónico, levantando una ceja plateada. Sin previo aviso, se acercó a Rin, y antes de que ésta pudiese reaccionar, le arrebató su teléfono de las manos y se lo lanzó a Bankotsu, quien lo abarajó antes de que pudiese caer al suelo. —No te diré más nada, esas fotos hablan por sí mismas.

El aliento de Rin se atascó en su garganta al momento en el que el rostro de Bankotsu palidecía al ver las imágenes del teléfono. El miedo y la humillación invadieron su cuerpo, junto con la vergüenza de que él la estuviera viendo en ese estado. Pero nada de eso se comparaba con el dolor que sintió al ver la decepción en sus ojos cuendo el levantó la mirada hacia ella, lo que más se temía, había sucedido. —Rin... —fue todo lo que él pudo decir.

—Yo... t-te juro que... —no podía formular palabras gracias al llanto que amenaza con salir, y su visión se volvió borrosa por las lagrimas que inundaron su rostro una vez más. El mareo en su cabeza regresó acompañado de las horribles náuseas que la obligaban a que devolviera todo lo que había tomado. Rin sentía todos los ojos puestos en ella, los demás no tenían idea de lo que estaba sucediendo con ella y Sesshomaru. Pero si de algo estaba segura, era de que lo descubrirían muy pronto. Solo rezaba que para cuando eso sucediese ella no estuviera presente. Ya estaba sufriendo la peor de las humillaciones bajo la mirada de su primo y del peliplata, no necesitaba más por parte de sus amigos.

Cuando abrió la boca para decir algo respecto a lo que Bankotsu estaba viendo, sintió un fuerte mareo y puntos negros aparecieron en su visión. Lo último que escuchó fue la voz de Jakotsu nombrándola antes de que se dejara llevar por la oscuridad.

El sonido de una máquina pitandando, sacó a Rin de su ensoñación. Voces amortiguadas se oían a lo lejos, acompañados de un revuelo de otros ruidos que no supo identificar muy bien a qué se debían.

Se removió incómoda en el lugar que estaba, sentía estar recostada sobre una superficie dura y áspera. Abrió de a poco los ojos, encontrándose con una segadora luz blanca, entrecerró sus ojos para poder echarle un vistazo en donde se encontraba. Las paredes y el techo eran igualmente blancos, también la cama áspera en la que se dio cuenta que estaba, al parecer lo único de color en esa habitación eran unas cortinas púrpuras que decoran un gran ventanal.

De pronto, un movimiento a su izquierda llamó su atención. Miró en esa dirección y vio a lo que parecía ser Bankotsu durmiendo sentado en un sillón que se encontraba cerca de la cama junto a un monitor de signos vitales y un electrocardiógrafo.

Sólo así cayó en cuenta que se encontraba en un hospital. Se levantó abruptamente, casi entrando en pánico ¡odiaba los hospitales! Intentó ponerse en pie, pero los cables de las máquinas conectados con su cuerpo lo impidieron. Sin pensarlo mucho, los arrancó haciendo que el electrocardiógrafo comenzara a sonar con un fuerte y agudo pitido de corrido, lo que hizo despertar de un salto a su primo, quien se dirigió hacia ella tambaleando y medio dormido.

—¡Por dios, Rin! —soltó un gran suspiro de alivio cuando la vio sentada al borde de la cama y en buenas condiciones. Se puso de cuclillas, con la respiración acelerada. —Casi me da... algo al escuchar eso.

Rin quiso responder, pero al intentar abrir la boca para formular una palabra no pudo decir nada, ya que la tenía seca al igual que su lengua y garganta. La sensación era similar al haber masticado bolitas de algodón. Justo en ese momento, la puerta de la habitación se abrió dejando entrar a un hombre bastante mayor vestido con bata blanca, iba acompañado de lo que parecían ser dos bonitas enfermeras vestidas con filipinas rosa pastel.

El hombre con la bata (quien parecía ser el doctor encargado), se acercó a ella con una mirada de desaprobación. —Hmp, no fue muy inteligente lo que acabas de hacer, jovencita. —La regañó, apagando las máquinas que la habían chequeado. Sacó una pequeña linterna de su bolsillo y la tomó del mentón para poder revisar sus ojos.—¿Sientes nauseas? —preguntó, a lo que Rin negó con la cabeza.—¿Dolor de cabeza, fiebre, debilidad? ¿te duele el estómago? —Volvió a negar a todas las anteriores, a lo que él exigió:— Dime cómo te sientes.

Rin tomó una profunda respiración, el acto la hizo estremecerse por la quemazón que sintió en sus fosas nasales y garganta. Su respuesta salió en un tono bajo y rasposo. —Me arden la nariz y mi garganta, también necesito un vaso de agua, por favor.

El medico asintió en compresión al tiempo que le pedía a una de las enfermeras la bebida para la pelinegra, mientras que tomaba los informes clínicos de la otra. Frunció el ceño a medida que iba leyendo los papeles de la tableta sujetapapeles que tenía en sus manos. Luego de unos minutos, se dirigió a ella. —Bien señorita Murakami ¿tienes alguna idea de lo que estás haciendo aquí?

Rin negó asustada, la verdad era que ni siquiera se acordaba cómo y por qué razón había terminado allí. Le echó una rápida mirada a su primo con la esperanza de que a lo mejor él pudiera explicarle lo que había pasado con ella, pero Bankotsu apartó rápidamente su mirada de ella y se alejó de su lado para tomar asiento en el sillón con la vista hacia el suelo ¿qué había sido eso?

Ese acto por parte de él le dolió un poco, pero se concentró más en responder a la pregunta. —No, odio los hospitales.

El doctor soltó una corta risa. —Tú y el resto de los pacientes que están aquí, preciosa. De todos modos, estamos en una clínica.—Le echó otro rápido vistazo a su tableta.—Bien, pues ha sido trasladada aquí luego de un fuerte desmayo que sufriste por una fuerte conmoción causada por una disputa con amigos, o eso es lo que ellos me dijeron. —echó una mirada rápida hacia Bankotsu, luego continuó. — Pero la verdad es que nada de eso es certero, ya que tu desmayo no tiene nada que ver con eso, si no más bien con una sobredosis excesiva de alcohol y metanfetamína, lo cual nos llevó a tener que hacerte un lavado de estómago urgente para eliminar lo poco que quedaban de las dosis no disueltas. Has tenido mucha suerte jovencita, la cantidad de alcohol que has ingerido junto con las drogas, pudieron llevarte a un coma etílico, o peor aún, una sobredosis masiva de la que no hubieras podido salvarte. Deberías estarle agradecida a ese muchacho, actuó con gran inteligencia al decidir traerte lo más rápido posible hasta aquí.

El corazón de Rin casi se detuvo al escuchar la palabra sobredosis y metanfetamína ¿en qué momento había ella ingerido esa droga? Trató de recordar lo que había sucedido en las últimas horas, pero por más que se esforzó, solo pudo obtener retazos: Ella bailado con sus amigos, chocando con Miyuki, recordó haber estado todos reunidos en una habitación jugando, una leve discusión con Sesshomaru ... y luego de eso, nada. Todo estaba difuso para ella, no tenía idea cómo había terminado consumiendo las drogas ni la razón por la que había tomado la estúpida decisión de hacerlo.

Se llevó una mano al pecho cuando un fuerte dolor empezó a surgir a través de éste. Sentía que las paredes comenzaban a encogerse a su alrededor intentando capturarla y arrastrarla cuando fue consiente de su peor pesadilla: ¡La habían drogado! Ella jamás había consumido ni un tipo de droga en su vida, bajo ninguna posibilidad o estado en el que se encontrase. Por dios ¡ni si quiera había fumado un cigarrillo! Odiaba ese tipo de cosas al igual que sus amigos, ellos nunca habían estado ni siquiera cerca de eso.

Su visión se volvió borrosa cuando las lágrimas inundaron sus ojos, un sollozo se escapó de su boca y llevó ambas manos para cubrirse el rostro mientras su cuerpo se sacudía en llanto. Alguien había puesto la droga en algunas de las bebidas que había consumido esa noche ¡no podía ser de otra manera! Rin se conocía demasiado bien a sí misma y podría jurar con gran seguridad de que las drogas que había ingerido fueron sin su consentimiento.

Bankotsu se acercó a ella en ese momento, y tomó asiento a su lado para acariciarle la espalda en gesto de consuelo. Había estado enfadado con Rin por la forma en que se había comportado en la fiesta y por lo que le había echo a Sesshomaru ¿en qué momento se había vuelto tan odiosa? ¿por qué demonios le había echo una cosa de esas al peliplata, acaso él había echo algo tan malo como para merecer una venganza de ese tipo?

Todo ese tipo de preguntas y pensamientos habían pasado por su mente en el transcurso de hora en el que Rin estaba siendo atendida de urgencia. Luego de haber pasado más de quince minutos desmayada y al ver que nada de sus conocimientos en primeros auxilios la reanimaban, Bankotsu sintió un extraño presentimiento y no lo pensó dos veces cuando la tomó y la metió en el auto de Naraku para traerla a la Clínica más cercana. Ahora más que nada, agradecía eternamente a sus instintos, pues de no ser por ellos, quizás su prima ya no le estuviese acompañando en esos momentos.

La enfermera entró en la habitación portando un vaso y una jarra de agua. Le tendió el vaso a Bankotsu y él se lo pasó a Rin, quien se tomó su tiempo en beberlo. En eso el doctor se aclaró la garganta para llamar la atención. —Le daré unas vitaminas, y cuando firmes el alta, la señorita podrá irse a su casa. Yo le recomendaría beber mucha agua con hielo, y no comer nada en por lo menos dos horas.

Bankotsu asintió en acuerdo, de todos modos no creería que Rin estuviese con las ganas de comer algo después de todo. Seguramente lo que ella más deseaba era regresar a su casa para tirarse en la cama a dormir hasta tarde.

Por lo menos esa idea le parecía atractiva a él...

Después de hacer todo un trámite firmando papeles aquí y allá para retirar a Rin de la clínica ya que sus padres no estaban presentes, por fin eran libres de regresar a casa sin ningún inconveniente.

Rin aún no había dejado de llorar, pero por lo menos su llanto ahora era más leve que el del principio, no que eso no fuera un problema, pues Bankotsu ya comenzaba a extrañar a la sonriente y energética Rin de antes.

Se acercó a ella, quien estaba aún sentada cabizbaja en el borde de la camilla, tal como la había dejado mediahora antes de ir hacer los trámites. —Rin, ya podemos irnos. —le informó suavemente. La pelinegra levantó su mirada entristecida y asintió con desgana. Al notar que su prima estaba muy decaída y probablemente sin fuerzas, Bankotsu posó un brazo por detrás de sus rodillas y el otro en su espalda, y la levantó en sus brazos para salir de la habitación, mientras que Rin ocultaba su cabeza en su cuello y cerraba los ojos.

En el pasillo se encontraron con todos sus amigos, quienes al verlos se levantaron rápidamente de sus asientos y se dirigieron a ellos con miradas tristes y preocupadas.

Inuyasha lanzó un suspiro de alivio y observó a la pelinegra dormitando. —Uuff... gracias al cielo —habló en voz baja para no molestarla. — ¿Cómo se encuentra? El doctor no nos quiso decir nada al principio, pero luego Shiori lo acorraló y le dio algún tipo de amenaza que prácticamente lo hizo soltar todo sin escatimar en detalles. Yo... aún no puedo creer que alguien le haya echo eso.

Bankotsu echó una rápida mirada hacia Rin, luego miró al peliplata y entrecerró los ojos.—Ella estará bien ¿pero sabes quién no lo estará? —su voz se tornó filosa. — La persona que la drogó, porque aunque Rin no me haya dicho nada, sé que ella no está así por sus propios medios. Sea quien sea, pagará muy caro por lo que le hiso.

Sango se aclaró la garganta para tener la atención del moreno. Su voz salió con vacilación, no estaba muy segura si era el momento para traer a colación el tema de las fotografías, pero qué más daba. —Amm... nosotros ya estamos al tanto de lo que ocurrió con ella y Sesshomaru. En mí opinión yo no creo que eso haya sucedido con el consentimiento de Rin, creo que está ligado con las drogas en su bebida.

Aome asintió en acuerdo con su mejor amiga. —Yo también lo creo así. Todos conocemos perfectamente a Rin, sabemos que ella no es capaz de hacer algo como eso.

Jakotsu apareció en ese momento, tenía en sus manos la pequeña caja de vitaminas que el doctor había recetado a Rin. —Alguien le tendió una trampa. —soltó entre dientes. — Drogarla, las fotografías, los mensajes enviados a Sesshomaru; todo fue consecuencia de un malévolo plan.

Bankotsu también lo creía de esa manera. —Lo sé. Al principio creí que solo era cosa mía y de mis sentimientos al querer defenderla. Pero si ustedes también piensan lo mismo, entonces no hay explicación más lógica y verdadera que esta. —se aclaró la garganta y acomodó mejor a Rin en sus brazos. — Como sea, ya encontraremos una manera de arreglar este lío. Ahora sólo quiero llevarla a casa para que descanse.

Todos asintieron en comprensión y se dispusieron a caminar junto a él hasta la salida para así tomar cada uno su camino y regresar a sus casas. Mientras la voces se disipaban a lo lejos, Kikyo (quien había estado recostada contra una pared escuchando atentamente la conversación que había surgido), se cruzó de brazos y caminó en dirección a Kagura, y antes de que ésta pudiera alejarse en dirección a la salida, la agarró del brazo haciéndola girar para enfrentarla.

—Si llego a descubrir que tú y Kohaku se unieron para armar todo este lío, ni pienses que me quedaré cayada. —le advirtió, con voz amenazadora. — Esta tontería por intentar dizque recuperar a Sesshomaru, casi le cuesta la vida a Rin. Has ido demasiado lejos.

Kagura se soltó bruscamente de su agarre y le lanzó una mirada fulminante. — Busca a otra persona a quien culpar, yo no tuve nada que ver en esto.

Kikyo se acercó más a ella, intimidándola. —Te estaré vigilando muy de cerca. —en ese momento, apareció Naraku en busca de ella. —Linda, es hora de irnos, Bankotsu está esperando. —Kikyo la miró una última vez de pies a cabeza antes de alejarse en dirección a su novio, quien la tomó del brazo para conducirla hasta la puerta de salida.

Cuando Kikyo desapareció de su vista, Kagura soltó un pequeño grito amortiguado y cerró sus puños con enojo a ambos lados de su cuerpo. —¡Maldita, maldita, maldita! —pataleó con rabia. —¡¿Cómo se atreve a amenazarme de esa manera?! ¡La odio!

Kohaku apareció a su lado, mirándola con una ceja levantada. —¿Le dijiste lo del plan? —preguntó medio molesto. La pelinegra lo fulminó con la mirada por esa vana acusación. —¿Acaso piensas que soy estúpida?

Él encogió los hombros en gesto de indiferencia. —Viniendo de ti, nada me extrañaría.

—¡Ay, cállate! —resopló ella, mirándolo de pies a cabeza. —Y no me digas que ahora te echas para atrás después de lo lejos que hemos llegado.

—Logramos separar a Rin de Sesshomaru, es todo lo que deseaba. —una sonrisa de complicidad se dibujó en sus labios. — Por fin llegó la oportunidad de hacerla mía.

Bankotsu acomodó suavemente a Rin en su cama, le quitó las sandalias y la cubrió con su manta hasta la barbilla, ella se removió un poco y soltó un suave suspiro, pero no se despertó. Dio gracias al cielo que sus tíos no se encontraban en casa, habían salido muy temprano para una reunión de negocios fuera de la ciudad, de lo contrario no sabría cómo explicarle por lo que su querida y única hija había pasado. Por no decir la culpa y el remordimiento que estaba sintiendo por dentro, su única obligación por esa noche había sido cuidar a Rin y estar pendiente de ella, pero había fracasado miserablemente. Tanto que ella había sufrido la peor de las consecuencias, sumado también el echo que casi pierde su vida.

Bankotsu jamás se lo perdonaría...

Aunque existía una manera de poder sentirse menos miserable, y esa era encontrar a la persona causante de todo ese desastre y hacerla pagar con cada minuto de sufrimiento y dolor que pasaría su prima desde ahora en adelante. Sí, eso es lo que haría.

Le acarició la mejilla delicadamente, intentando no despertarla. —Te prometo Rin que no me voy a quedar de brazos cruzados viéndote sufrir. —le susurró en un suave tono. — Alguien va a pagar muy caro por lo que te hizo, eso no lo dudes.

Se levantó de la cama y salió del cuarto cerrando despacio la puerta tras de sí, y se metió en la habitación continua (la cual era su habitación por el tiempo que se quedara allí). Se quitó su remera y la lanzó a su cama, mientras se acercaba a un espejo posado en la esquina de la habitación. Tenía un ligero corte encima de su ceja derecha, la herida parecía estar un poco abierta, pero no había sangrado lo suficiente como para considerar cocerlo o algo, como le habían sugerido las enfermeras en la clínica. Aparte se eso, sólo logró descubrir un rasguño en su garganta y una marca medio morado en su mandíbula, nada que requeriría atención médica.

«Maldito Sesshomaru, espero estés igual o peor».

Lanzó un fuerte suspiro mientras se metía al baño para tomarse una ducha, era un poco más de la seis de la mañana, y afuera la lluvia los había sorprendido nada más salir de la clínica. Su plan en ese momento era ducharse y dormir hasta tarde, nada le apetecía más.

Metió su mano dentro del bolsillo delantero de sus jeans con la intención de sacar su billetera antes de meter la prenda en el canasto de la ropa sucia, pero se llevó una gran sorpresa al encontrarse con la pulsera de cuero que se le había caído a Sara en el café.

Sonrió levemente recordando a la ingenua pelinegra, era todo un misterio para él. Pero debía admitir que su ingenuidad y extraña forma de ser despertaron su curiosidad, lo cual lo hacía querer saber más de ella, conocerla más a fondo. Hacia mucho que no le sucedía lo mismo con un extraño, quizás la morena era alguien diferente y especial. No tenía idea de cómo no la había notado antes, pero eso no era un problema ya que ahora que sabía de su existencia, no tenía intención de dejarla ir.

Se colocó la pulsera en su muñeca derecha y se metió bajo el cálido chorro de agua.

El sonido de un fuerte llanto despertó abruptamente a Bankotsu de sus sueños. Se incorporó de la cama medio dormido y salió de ésta de un salto para correr a la habitación de Rin. Al entrar, la encontró sentada en su cama con la espalda recostada en la cabecera y sus rodillas en su pecho, mientras se balanceaba levemente de ida y vuelta. Lágrimas recorrían su mejilla todo el camino hacia su mentón.

Bankotsu se metió en la cama junto a ella, y la atrajo hacia su pecho para consolarla.

—Lo recuerdo todo. —le confesó en un sollozó. —La pelea con Sessh... po-por esas horribles fotografías que alguien le en-envió, las cosas que me di-dijo... y como me trató.

El le acarició la espalda al tiempo que le susurraba. —Shh... tranquila, está bien, todo va a estar bien.

Ella se separó un poco de él para poder miralo a la cara. —No, nada va a estar bien Otsu, Sessh no me creyó cuando le dije que no tenía idea de lo que había sucedido conmigo y cómo había terminado así. —le era difícil hablar por el llanto, pero como pudo, prosiguió. — Y es que no tenía la manor idea de cómo llegué a esa habitación, pero ahora que se supo lo de las drogas que habían en mi bebida, sé que hubo alguien que planeó eso para mí, y...

Bankotsu la abrazó fuertemente cuando los sollozos no la dejaron seguir. Le desgarraba el alma ver a su querida prima en ese estado, pero él haría lo que es tuviera a su alcance y más para regresar esa hermosa sonrisa a su hermoso rostro. —Tranquila, princesa. Todo esto se resolverá, ya lo verás.

—T-tú me cr-crees ¿verdad Otsu?

Él le acarició su suave y largo cabello. —Por supuesto que sí, sabes que siempre estaré de tu lado, en cualquier situación y por la razón que sea. —la obligó a levantar su rostro para mirarla a los ojos y pasar sus dedos por su mejilla, apartando sus lágrimas. — Tú eres lo más valioso que tengo. No tienes idea por el terror que pasé cuando estabas en urgencias. —bajó un poco su cabeza para darle un suave beso en la frente. — Dios, Rin, no volveré a descuidarte así.

Ella asintió, pero aún no estaba muy convencida de algo.—¿Me prometes que me crees? ¿No lo estás diciendo solo porque te sientes culpable?

Él entrelazó su mano con la de ella y le dio un fuerte apretón. —Te lo prometo.

—¿Lo juras, por Katsumy?

Bankotsu tragó saliva. Con sólo escuchar ese nombre, las heridas del pasado eran reabiertas y el puñal que sentía en su corazón, se hundía cada vez más con cada recuerdo que reaparecía en su mente, a pesar de que él hacia todo lo posible para no dejarlos salir.

No supo más que hacer que asentir a la petición de Rin, después de todo, le era muy difícil negarle algo. —Sí, por Katsumy. —respondió con voz apagada.

Se quedó sosteniendo a su prima hasta que ella volvió a caer en un profundo sueño que ni los fuertes truenos que sonaban afuera eran capaz de despertarla. Mientras que él estaba allí, sin poder pegar un ojo de nuevo y siendo atormentado por las remembranzas del pasado que, al igual que tantas veces, le dejaban el amargo recordatorio de que jamás sería libre de los horribles acontecimientos de una noche de verano hace cuatro años atrás, la peor noche de su vida...

Mientras que en la mansión Taisho, Sesshomaru estaba acostado en su cama, sin aún haber logrado dormir. Imágenes de todo lo que había sucedido esa noche rondaban por su mente, mientras él solo se dedicaba a mirar el techo de su habitación.

«Espero que ahora a todos les haya quedado muy claro la razón por la cual siempre me niego a festejar mi cumpleaños, nada bueno sale de éste...»