Hola a todos, ya he terminado el final de Kaito. Como habíais dicho que el otro os parecía corto este es más de lo que acostumbro a hacer, el epílogo es bastante entretenido y me reído al hacerlo. Espero que a vosotros también os guste.

Bueno, ahora solo falta Kaneki, y a ver si adivináis de que va por medio del trailer.

Ciao!


Mañana iremos a comprar el vestido ¿Te parece? – te preguntó el rubio.

Claro. – hacía mucho que no ibas a comprarte un vestido y nunca te habías comprado uno así. Estabas más que emocionada.

No era fácil confiar en una persona eso lo sabías mejor que nadie, pero la verdad es que no era tan difícil. Kaito siempre se había portado bien contigo, nunca había hecho un mal comentario… pero no era eso, no sabías cuándo ni cómo, pero poco a poco Kaito se metía debajo de tu piel. Podías sentir aún el tacto de sus manos en tu cuerpo, era una sensación extraña como si tu piel la recordara, se borraba tan lentamente que no parecía que te hubiese dejado de abrazar.

Cuando se despidieron y salieron por la puerta te dirigiste al supermercado. Y allí estaba ella, la que lo empezó todo… Touka Kirishima.

La morena te miraba sin poder dar crédito a sus ojos, estabas allí, de verdad estabas viva; corrió a abrazarte y te llamaba llorando.

[Nombre], [Nombre]… – no podías reaccionar, era como si el mundo se hubiese parado por un segundo, ¿Qué hacía Touka allí? ¡¿Qué diablos hacía esa zorra abrazándote después de haberse liado con tu ex cuando aún salían?! – Gracias a Dios que estás bien, ¿Está Kaneki contigo? – Así que era eso lo que le interesaba, obviamente tú le dabas igual, ¿Quién iba a querer a la piedra de su zapato? Porque eso eras para ella, lo sabías, pero a ella ni siquiera se le había pasado por la cabeza que pudieras tener conocimiento de tal cosa.

Touka. – la llamaste y te soltaste suavemente de su abrazo, con la sonrisa más pacífica del mundo la miras con afecto falso. – Eso deberías saberlo tú mejor que yo, después de todo fuiste su primera amante.

Y ella palideció al punto de parecer una hoja de papel, tu voz había sido tan fina, tan cortante como un cuchillo hecho de cristal. Delicada, cortante y helada.

Por cierto, ¿Te gusta cómo te ama? – preguntaste con la misma cara, era una expresión tan suave, tan dulce que a Touka no le fue posible negarse a responder. Un amago de asentimiento y luego otro de negación, porque tal y como sospechabas al final tú eras la que tenías el título de novia y las demás… eran la otras. – Yo le enseñé a amar así. Si me disculpas tengo que hacer unas compras, dale recuerdos a mi tío y dile que pasaré a verle un día de estos. Nos vemos Touka.

Y saliste de allí, tan digna, con tanta clase que nadie podría decir que acababas de restregarle por la cara a la amante de tu ex que tú le hubieras enseñado cómo amar a una mujer. En otras palabras, habías sido la primera y la que obtuvo todas las primeras veces de ese hombre, porque al fin y al cabo podía ser todo lo hijo de perra que quisiese pero tú eras la que le habías dejado a él.

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No era que te gustase presumir pero no pudiste evitar contárselo a Aisha, después de todo erais mejores amigas.

Te adoro. – fue lo primero que dijo cuando terminaste de narrar el pequeño encuentro. – Y por cierto, hazte actriz por favor.

Gracias y no. – fueron tus respuestas, querías ser traductora, ¡Para eso estabas en esa carrera! No era que no te atrajese el mundo del espectáculo, pero jamás lo habías visto como una opción realista. No es que fueses negativa pero querías tener una relación normal, una familia normal y una vida normal. Pero tus prioridades eran otras en ese momento. – Aisha… tengo algo que preguntarte. – por supuesto que sabías qué era estar enamorada, pero cada historia es distinta. El amor tiene muchas formas, colores y tamaños, aunque hayas experimentado el amor con una persona eso no significa que te enamores de otra persona de la misma forma.

Dime, soy toda oídos. – te incitó con una sonrisa radiante, tan característica de ella.

¿Estoy enamorada de Kaito?

Bueno, ¿Qué sientes cuando estás con él? – Aisha era simplemente la mejor, sabía qué necesitabas y cómo sacarlo de ti.

Estoy muy a gusto con él, me hace reír. – no sabías que otra cosa decir. Pero ella te pidió más detalles. – A veces hace comentarios insinuantes de broma e intenta animarme si estoy triste o frustrada. Cuando estoy con Toru se queda mirándonos con una sonrisa desde lejos, entonces lo llamo y sonríe aún más, se acerca… cada vez que se acerca tengo calor en el pecho y me siento eufórica. Además aún siento su tacto, a pesar de que hace horas que dejamos de practicar y puedo escucharlo cantar en mi cabeza como si estuviera aquí. – Aisha sonrió y decidió hacer una última prueba, la determinante según su opinión.

Kaito tiene novia y los he visto besarse hace un rato. – te dijo con una cara seria y culpable, se sentía mal por hacerte esto pero al fin y al cabo era por una buena causa.

¿Qué? – preguntaste atónita, tenías la cara desencajada y un gesto de total desesperación.

Entonces y solo entonces Aisha comprendió el gravísimo error que había cometido, al tiempo empezabas a reír. Después de todo siempre era igual, todos aquellos que querías simplemente no estaban destinados a estar junto a ti. Kaneki, Ayato, Kaito, Toru, tu tío, tus padres, Sakura… Seguramente Aisha se marchara pronto también, pero aún te quedaba algo, tenías a Hypnos…

V-voy a recoger a Hypnos. – dijiste en voz baja mientras Aisha te miraba con horror, ¿Qué había hecho? Tenía que llamar a Kaito o te desvanecerías como el aire otra vez. Estaba segura de que recogerías todas tus cosas y te irías de nuevo como hiciste con Kaneki.

Cuando saliste por la puerta, notaste el frío viento de noviembre en el rostro. El aire olía a leña, a viento frío y a árboles. Tenías un parque cerca, sería lindo pasear por ahí con Hypnos… o con Kaito. Boreas te saludó con una ráfaga de viento en la cara, de esas que dejan tu pelo hecho un desastre, y te borró las lágrimas. Dejaste que mientras caminaras te acompañase el viento del norte, empujándote como si quiera que te dieses más prisa para ir a recoger al gatito negro que llevaba el nombre del dios del sueño eterno. Hypnos era un titán griego hijo de Nix, la noche, el hermano gemelo de Tanatos, la muerte. Siendo sinceros, en esos momentos, cuando le pusiste el nombre, quienes querías que te llevasen eran los gemelos Hypnos y Tanatos. Ahora estabas avergonzada de tu comportamiento, huiste sí, pero no huirías de la vida. Después de todo, la vida era un regalo y valía mucho más la pena que cualquier hombre.

Como dijo Ghandi: "Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir siempre."

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Estabas en la puerta de Kaito, a punto de llamar, y tan nerviosa que parecías un manojo de nervios. Estabas a punto de llamar cuando Kaito te abrió la puerta y casi choca contigo.

No pudiste evitarlo, en cuarenta minutos no puedes olvidar a la persona que amas, se te saltaron las lágrimas.

¡[Nombre]! ¡Estaba a punto de salir a buscarte! – parecía un león enjaulado, el pelo desastroso, la ropa desarreglada, y un poco sudado. Y ocurrió lo inesperado, te abrazó, con fuerza y retrocedió unos pasos llevándote consigo. ¿Qué demonios…?

Kaito… qué haces tú ya tienes… – no te dio tiempo a continuar, él te interrumpió.

Es mentira, no tengo ninguna novia. – eso te cortó el aire, pero si Aisha… – Agha-san te lo dijo para saber si sentías celos. Pero, hay alguien que me gusta. – eso heló la sangre de tus venas, estabas segura de que llorarías si decía una palabra más. – Quiero presentártela, ven. – como un muñeco fuiste tras él se paró en medio del salón, junto a la estantería. – Cierra los ojos. – lo hiciste. Notaste que se movía no muy lejos de ti, estuviste muy tentada de mirar. – Ábrelos, te presento la mujer de la que estoy enamorado. – deseando terminar esto los abriste.

Delante tenías un espejo, ¿Qué significaba eso?

Estoy enamorado de ti [Nombre]. – te dijo sin dejar de mostrarte tu propia imagen en el espejo. – Ti amo, [Nombre] [Apellido]. – si el mundo se destruyera en ese mismo instante no podría importarte menos, la felicidad que sentías era la más completa y absoluta.

Como decía esa vieja canción, Kaito te había quitado a Kaneki del corazón, del cuerpo su sensación. Porque siempre podías enamorarte de nuevo, si el amor que llegaba era superior al anterior.

Yo también te quiero. – le dijiste y las lágrimas se derramaron, dejó el espejo en la estantería y te volvió a abrazar. La diferencia esencial residía en que tú también lo abrazabas por el cuello.

Entonces entró una tercera persona a la escena y el motivo de tu visita. Uno en los brazos del otro.

Ya era hora par de idiotas. – os dijo Toru con una sonrisa. – Me voy a casa de Yuu, nos vemos mañana. Y no hagáis mucho ruido, o despertareis a los vecinos.

¿Desde cuándo tu hermano tiene una mente tan sucia? – no pudiste evitar preguntarlo, el rojo se te subió a la cara cuando miraste a Kaito.

¿Es que era mentira? – ronroneó en tu oído.

Si algo podías decir con seguridad era que esa iba a ser una larga y calurosa noche.

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¡Mamá! ¡Beato está rompiendo toda la vajilla! – gritó el muchacho de doce años, pelo rubio ojos [Color de ojos] y pelo rubio como su padre.

Entraste alarmada a la cocina por el grito de tu hijo, desde luego había heredado la pasividad de su tío.

¡Beatrice Castilglioni [Apellido]! ¡¿Se puede saber qué demonios estás haciendo?! – prácticamente gritaste, en ese momento un muchacho de veinte-pocos bajó por la escalera que conectaba con el segundo piso.

¿Tendríais la bondad de callaros? Tengo que entregar mi proyecto final mañana y estoy tratando de terminarlo. – pidió Toru con una orejas que te hacían dudar que hubiese dormido más de una o dos horas esa noche.

Dile eso a tu sobrina, ¡se está cargando mi vajilla! – dijiste indignada, no era justo. Te había costado mucho encontrar una vajilla tan bonita como esa y os había costado un buen pellizco.

¡Pero, pero! – y la quinceañera se puso a llorar desconsolada. – ¡Luca me ha engañado! – mal de amores, de eso sabías tu bien. Pero nunca, ni una vez habías actuado así, rompiendo cosas de tú propiedad de esa manera.

¿Y por qué no se los lanzas a él en vez de romper los nuestros? – preguntó Angelo aburrido. – Mamá, ¿Me ayudas con esto por fa? – él siempre había sido el niño mimado de la familia. Bueno, en realidad ambos eran niños mimados, tus pequeños reyes de un solo ojo.

Antes de que te dieras cuenta tu mansión, de la que Kaito y tú os habías enamorado a primera vista al llegar a Venecia, se había convertido en una jaula de grillos. ¿Dónde se quedaron esos hermosos días de luna de miel cuando solo estabais Kaito y tú?

Pero, a fin de cuentas, no cambiarías tu vida actual por nada del mundo.

¡Hey! ¿Cómo están mis niños favoritos? – oíste a Aisha gritar desde la puerta, seguías preguntándote dónde había conseguido las llaves de tu casa/palacio. Entonces vio a Beatrice llorar, y se convirtió en pañuelo de lágrimas para la "pequeña" como ella le decía. – Ven aquí mi vida, la tita Aisha te consuela.

¡Aisha! ¡Mi vida lo siento, en serio! – gritaba el amante de turno de la hindú, desde que Shoma hacía unos años en aquel accidente de tráfico y se había quedado viuda, la muchacha no dejada de echarse un detrás del otro. Por supuesto, el refugio de la morena era nada menos que tu casa. Genial ahora tenías a otro idiota gritando en la puerta de casa –el quinto del mes–.

Estoy en casa. – anunció Kaito abrazándote por detrás. – ¿Qué es hoy?

Bueno, en el menú tenemos a dos engaños amorosos, un proyecto final en peligro y unos deberes por terminar. – dijiste apoyándote en él.

Míralo así, siempre nos quedará el Danieli. – allí es donde habíais estado hospedándoos durante vuestra luna de miel. – Espera, ¿Dos?

A tu hija le han roto el corazón. – no mediste el efecto que tendrían tus palabras en tu esposo, pero luego de ver como sus ojos se volvían rojos y negros… bueno, tampoco te importaba mucho que pasara con ese chico. Más carne para congelar.

No, desde luego no cambiarías tu vida por nada del mundo. Era tan divertida y normal como podía ser una familia compuesta por dos ghouls, dos medio ghouls y dos personas normales. Ahora que lo pensabas, hasta las proporciones iban en parejas.