NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK YO SOLAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS ALOCADAS.

Últimamente no tengo muchas cosas que decir en mis notas de autor, y eso me consterna...

Revisión de comentarios:

Ari Thermaian: te aseguro que tus historias serán mucho mejor que las mías, se nota solo en tus comentarios que eres una gran escritora. Me alegra que te gustara la historia... ya en el próximo capítulo veremos dónde Sokka y Katara metieron la pata.

nisseblack: mini-aang sufrirá, es la realidad, no puedo cambiar eso. Katara cambiará algunas cosas, no entraré en detalles, pero lo hará.

bronkaloka: sip, Sandy1994 es buenísima.


Capitulo 11.

Dos semanas más pasaron después de eso. El cumpleaños doce de Aang finalmente llegó, Katara sintió mucha alegría de ver al niño jugando feliz y emocionado entre los regalos y felicitaciones de los monjes y compañeros. Fue de lo más conmovedor que vio la morena, así como su hermano. Inconscientemente, toda la velada se la pasó sujetando el relicario en forma de corazón en sus manos.

Días después, esa mañana, Katara caminaba tranquilamente por el templo. Entró a una de las habitaciones de meditación, para intentar conectarse con el Aang del futuro; no esperaba encontrar ahí a los monjes. Ellos no se percataron de su presencia, así que siguieron conversando entre ellos.

-No creo que sea una idea prudente el decírselo—dijo Gyatso.

-Pero debemos hacerlo—comentó otro de los monjes.

-Gyatso tiene razón—dijo otro—Él es muy pequeño aún ¡Recién cumplió los doce!

-El mundo lo necesita.

-Necesita a un Avatar sano y maduro, no a un niño.

-Necesita crecer, es verdad eso.

-¡Pero debe ya ser entrenado!—gritó otro monje.

-No, es muy pequeño—Sentenció Gyatso.

-¡Silencio!—dijo el monje mayor—Se lo diremos, fin de la discusión.

Aprovechando que no notaron su presencia, Katara se deslizó fuera de la habitación. Solo Gyatso escuchó el sonido de sus pisadas alejarse. Ella sabía muy bien de qué estaban hablando, iban a decirle a Aang que era el Avatar ¡No podía ser verdad! Él solamente era un niño…

Compartía la misma opinión que el Monje Gyatso. Estaba a punto de ir para reclamar que lo dejaran en paz, pero se contuvo. Cerró los puños con fuerza, obligándose a no hacer nada. No debía interferir en el pasado, por más que quisiera. Se abrazó a sí misma y comenzó a llorar, afligida por el martirio que comenzaría a vivir Aang ¡Tan lindo que se veía estando feliz, como un niño normal! Ella quería seguir viéndolo así, sonriente. No abatido.

Sokka encontró a su hermana recargada en la pared, llorando.

-¿Qué pasa?—le preguntó.

-Los Monjes van a hablar ya con Aang—contestó entre sollozos—le dirán ya sabes qué.

-Oh…

Sokka se agarró la barbilla en pose de pensador, antes de abrazar suavemente a Katara.

-Sabes que no podemos hacer nada ¿Verdad?

-Sí ¡Y eso es lo que me desespera! Quiero protegerlo… va a sufrir mucho, Sokka ¡Lo sabes!

-Lo sé, pero no debemos interferir. Es lo que debe pasar.

-¿Es necesario que Aang sufra?

-Parece que sí.

-¿Sufriré el qué?—preguntó la inocente voz del susodicho.

Los dos hermanos se congelaron y voltearon a ver al niño tatuado. Los miraba con el rostro pasmado de curiosidad, cerrando los pocos pasos de distancia que había entre él y ellos.

-¿Sufriré porqué?

-¡Aang!—Katara solo lo miró. Sokka fue el que habló.

-Nada muchacho, acá nosotros de habladores. No pasará nada.

-¿seguro?

-Sí.

-Como digan…iré a jugar en el muro sur.

Apenas volteaba para irse, Katara recuperó el control de su cuerpo y abrió la boca, saliendo de esta un grito.

-¡Aang, ven!

El niño fue con ella. Katara colocó su mano sobre el hombro del chico, mirándolo de una manera intensa. Los ojos aún le brillaban por los restos de las lágrimas que recién había derramado, pero ahora eran curiosamente dulces en su mirada.

-cualquier cosa que pase… sabes bien que cuentas conmigo para todo ¿verdad?

-…claro…-contestó, sin entender la naturaleza de esa oración.

-Ve entonces a jugar.

Aang le sonrió, aunque su semblante seguía siendo confundido, antes de salir corriendo-volando al patio ya mencionado. Katara se le quedó viendo, con el horrible pensamiento de que ese sería el último día en que lo vería llevando una vida normal.

-Te estas entrometiendo demasiado, Katara—le dijo Sokka, enojado—No debemos interferir tanto en el pasado.

-Apoyar no es interferir, Sokka.

-Lo es si con eso te acercas más y más a él, Katara ¿No lo entiendes? ¡No pertenecemos a este tiempo!

-Eso lo sé muy bien, es solo que… me parte en dos, Sokka, tú sabes lo mucho que lo quiero.

-Lo sé de sobra, pero cosas como estas puedan cambiar el futuro, nuestro futuro, Katara. He pensado seriamente irnos del Templo.

Ella abrió los ojos.

-¡No podemos irnos de aquí! Me hace sentir cerca de él… ¡No!

-Katara…

-¡No hablaré más con Aang, pero no debemos irnos de aquí!

-No es por eso. Piensa, ya le van a decir a Aang, eso quiere decir que el ataque está muy cerca.

Katara se quedó callada. En todo ese tiempo nunca había pensado en eso. Se golpeó mentalmente, Sokka tenía razón. Se llevó una de sus manos a la cabeza.

-¿Qué vamos a hacer?

-Irnos de aquí.

-¡Y abandonarlos a su suerte!

-Así deben ser las cosas.

Era espantoso escuchar esa verdad que ya conocía de esa fría forma.

-¿Y a dónde iremos?

-al Polo Sur.

-será atacado pronto.

-¡No lo sé! Irnos a otra parte, quizá, después. Escapar de la Nación de Fuego. Ya lo hemos hecho.

-Pues… sí. Pero… ¡Ay, esto está muy mal!

Caminó de un lado al otro del pasillo, desesperada.

-No pertenecemos aquí, deberíamos irnos, a nuestro lugar de origen, de donde somos.

-¡Que más quisiera yo! Pero no sabemos cómo regresar al futuro. Te consta.

Katara se controló, porque en esos momentos se sentía devastada, desesperada, atormentada por una espantosa sensación de impotencia ante lo que ocurría a su alrededor. Quería ayudar a Aang, pero no podía hacerlo. Quería ayudar a los nómadas del aire para que siguieran vivos, tampoco podía hacerlo. Nada de lo que quisiera hacer en ese tiempo era factible, porque cada acción tenía su reacción y en ese pasado las consecuencias podían ser desastrosas.

Finalmente, Katara no dijo nada más y se fue. Se encerró entonces en su habitación, queriéndose alejar de todo. En un principio estuvo recostada sobre la cama, pero después se levantó y paró frente a la ventana, sintiendo el viento golpear su rostro y mover suavemente su melena.

No supo cuánto tiempo estuvo ahí de pie, no sabía nada del mundo exterior, hasta que alguien tocó s puerta.

-Pase—contestó. Aunque no quería hablar con nadie ¿Qué más podía hacer?

No esperaba la figura de Aang, entrando tímidamente en su recámara.

-¡Aang! ¿Qué pasa?

El niño tenía lágrimas en sus ojos. Sin pensarlo dos veces, Katara abrió los brazos. Corrió entonces hacia ella y escondió el rostro en sus túnicas azules, llorando, mientras la maestra agua lo abrazaba con fuerza y acariciaba seguidamente su desnuda cabeza, consolándolo.

-No llores, tranquilo. Todo está bien.

Pasó mucho tiempo en esa forma, hasta que Aang finalmente hablara. Entre balbuceos y sollozos, le dijo que era el Avatar, rogándole que no lo tratara diferente, narró entonces lo ocurrido con sus amigos, cómo nadie quería ya jugar con él. Suplicó que no cambiara nada de su amistad.

-No me importa que seas el avatar, Aang. Para mí sigues siendo el mismo.

Ella sabía—porque el Aang del futuro se lo dijo—que eran esas las exactas palabras que tanto necesitó escuchar en esos momentos de desesperación. El niño pareció recuperar algo de ánimo y dejó de llorar, pero siguió abrazado.

Katara solamente lo abrazaba, sin pensar en nada más. Consolándolo.


Espero que no me maten por ser este un capítulo tan corto, lo que pasa es que será en el próximo donde veremos, de manera más detallada, el error que cometieron estos morenos hermanos. Porque serán los DOS no sólo Katara.

¿Qué les pareció? ¡Espero muchos comentarios! xD

chao!