Era un nuevo día. Los seis hermanos Matsuno tuvieron una mañana normal y tranquila. La pista de patinaje abría a las tres de la tarde y su hermano mayor ya había reservado lugares, por lo que no tenían ninguna prisa por llegar.

-Cielos, Ichimatsu nii-san, luces muy cansado. - Advirtió Todomatsu. –Probablemente eres quien más duerme de todos nosotros y aún así, ¿por qué te ves más agotado? -

El joven despeinado no quiso responder. Él sabía muy bien que dormir era lo que menos hacía últimamente, y que si antes lucía con ojos cansados, ahora era mucho peor.

-Vamos, no molesten a Ichimatsu. - Recriminó el tercer hermano. –Se supone que hoy va a ser un día entretenido para todos, no lo arruinen. -

-Lo siento. - Refunfuñó Totty.

-Hoy hace frío afuera. Nos congelaremos en la pista de patinaje, ¿no crees? -

-No creo, con un suéter extra no habrá ningún problema. -

Jyushimatsu notó que Karamatsu estaba muy serio esa mañana, y se lo hizo saber.

-¿Te sientes bien, Karamatsu nii-san? - Éste volteó hacia él.

-No lo sé. Tengo un mal presentimiento. - Esas palabras llamaron la atención de todos.

-¿Qué? ¿Cómo que un mal presentimiento? -

-Quién sabe… es extraño, ¿cierto? Es como si sintiera que algo malo va a pasar. -

-No deberías decir esas cosas, es de mala suerte. - Reprendió Choromatsu.

-¿Qué tal si la pista de hielo se rompe o algo así? – Bromeó preocupado el primer hermano.

-Qué tontería. No pasará nada… - Discrepó Ichimatsu. –Todo va a estar bien. -

-Tienes razón. Procuremos pasarla bien ésta tarde. -

•••

Al llegar al lugar en cuestión vieron que no había muchas personas.

-¡Vaya! Karamatsu nii-san estaba equivocado, ¿no? En realidad tuvimos buena suerte. -

-¿No es porque está haciendo mucho frío? -

-No importa, entremos ya. -

Al entrar a la pista, Jyushimatsu demostró ser un as para casi todos los deportes patinando a la perfección desde el principio. Hacía piruetas increíbles; a veces se caía pero se volvía a levantar como si nada pasara, demostrando poseer una energía envidiable para cualquier atleta.

Osomatsu era bastante más torpe, pero se sabía mover. En cambio Choromatsu sólo podía caminar obtusamente apoyándose en la barda de la pista.

-Lo sabía, no puedo hacerlo. -

-Jaja, vamos hermanito, ¡tú puedes, suéltate! – Lo animó su burlesco hermano mayor.

-¡Cállate Osomatsu nii-san! ¡Métete en tus asuntos! -

-Oh vamos, no enloquezcas. Ven, te ayudo. - Le ofreció su mano.

-De ninguna manera… No confío en ti. – Respondió tosco, tambaleándose.

-¿Eh? Qué cruel eres… Yo nunca te dejaría caer. -

-No te creo. -

-Ven, toma mi mano, te enseñaré cómo se hace. - Al sentir que no tenía opción, decidió confiar. Choromatsu tomó la mano de su hermano mayor y lentamente comenzaron a patinar juntos.

Entre tanto, a Karamatsu también se le daba muy bien el patinaje, no más a que Jyushimatsu, pero igual era bastante competente. Por supuesto que haciendo gala de su habilidad intentaba lucirse frente a sus hermanos.

-Jyushimatsu nii-san y Karamatsu nii-san patinan increíble, ¿no lo crees, Ichimatsu nii-san? - Ambos hermanos ni siquiera habían entrado a la pista. –Yo no me atrevo, estoy seguro que caeré y me lastimaré. ¿Tú por qué no entras, nii-san? -

-Porque no creo salir vivo. - Respondió sincero y desanimado. Mirar a Karamatsu y lo bien que patinaba lo hacía enfadar. Después les echó un vistazo a su primer y tercer hermano, tomados de la mano. En un momento, Choromatsu se tambaleó y cuando estuvo punto de caer, Osomatsu lo sostuvo del abdomen con sus manos. El primero se avergonzó mucho y al intentar quitárselo de encima, terminó cayendo. Su hermano mayor se mofó de él. -No está tan mal tener un poco de ayuda, Choromatsu nii-san. -Pensó el cuarto hermano al ver que de nuevo los mayores se tomaban de la mano para seguir patinando. De inmediato posó sus ojos en Karamatsu… y se empezó a imaginar cosas raras. Agitó su cabeza intentando sacar esos pensamientos. De repente miró que su segundo hermano venía hacia ellos y por reflejo sintió su pecho arder.

-¿Qué hacen ustedes dos? ¿Por qué no entran? ¿Tienen miedo? -

-Cierra la boca… - Contestó avergonzado el molesto muchacho.

-No sabemos hacerlo, Karamatsu nii-san. - Gimoteó Totty.

-¡Heh!, don't worry my dear brother. – Le ofreció su mano. -Yo te enseñaré. - Todomatsu le obsequió una linda sonrisa y aceptó ante la apática mirada de Ichimatsu.

Karamatsu tomó las dos manos de su hermano menor. -Despacio, el secreto es deslizarse, no caminar. Por eso el trasero de Choromatsu sigue saludando al hielo. -

-¡Hey! ¡Escuché eso! - Reclamó el tercer Matsuno. Osomatsu soltó una carcajada.

-No me sueltes, Karamatsu nii-san. - Pedía el más pequeño con ojos llorosos, dejándose consentir.

-Lo prometo. - Respondió comprensivamente su confiado hermano. Ichimatsu quería desviar la mirada hacia otra parte; quería incluso irse de ahí, sin embargo no podía apartar sus ojos de ellos. Ver a Todomatsu tan contento con Karamatsu y que éste se mostrara tan afectuoso lo fastidiaba bastante… aunque no se diera cuenta.

Poco después Jyushimatsu fue él hacia patinando a toda velocidad y frenando como todo un profesional.

-¿Qué pasa, Ichimatsu nii-san? ¿No quieres patinar? -

-Estoy bien aquí. -

-¿Quieres que te ayude? -

-No. - Seguido de un momento de silencio.

-… ¿Ichimatsu nii-san? -

-¿Qué? -

-¿Quieres que Karamatsu nii-san te ayude? - Esas palabras tomaron desprevenido al joven taciturno; una clara expresión de sorpresa invadió su rostro.

-N-no digas tonterías, Jyushimatsu. – Se notó avergonzado y fastidiado. El menor no se dejó intimidar.

-Espera un momento. - Seguidamente se fue patinando hacia su segundo y sexto hermano.

-¡Quiero patinar con Totty! - Esto asustó a su hermano menor.

-¿Ah? ¡No, espera! - Gritó mientras Jyushimatsu lo jalaba hacia él, quitándoselo de las manos a su hermano mayor.

-¡Patinemos, Totty! - Enseguida se lo llevó cargando como si fuera su pareja de patinaje, a pesar de los gritos de pánico de Todomatsu.

Karamatsu se quedó estupefacto un momento, aunque poco después ya estaba como si nada. Eran los mismos de siempre, en realidad. Al voltear hacia la entrada de la pista, vio que Ichimatsu ya no estaba, por lo que salió a buscarlo. Cuando lo encontró se había quitado los patines y estaba en la cafetería pidiendo algo de beber.

-Hey, brother. ¿Por qué no quieres patinar? -

-No te incumbe. - Sus palabras fueron bastante más rudas de lo habitual.

-Claro que me incumbe, si mi querido hermano menor no se divierte no tiene sentido haber venido aquí. -

-¿Por qué te importa? -

Karamatsu se acercó a su hermano, quien se puso nervioso.

-Ichimatsu… -

-¿Qué quieres? No te acerques tanto. -

-Me importa porque te quiero, claro está. -

Silencio…

-¿Ichimatsu? ¿Qué te sucede, hermano? Estás temblando. - De inmediato su hermano menor se puso de pie y se colocó una de sus manos en la frente, mirando a la nada.

-¡Ichimatsu! ¿Te sientes mal? ¿Estás mareado? - Observó preocupado.

-Un poco. Saldré a tomar aire fresco. -

-¿Te acompaño? -

-¡No! - Gritó involuntariamente. -No te acerques… sólo… regresaré en un momento, ¿está bien? -

-Ah… está bien. - Respondió desconcertado.

•••

Afuera, Ichimatsu intentó tranquilizarse todo lo posible y así disminuir los latidos de su corazón, con muy poco éxito.

-Ja, así que me quieres… Que estúpido eres… -Sonrió amargamente. -Es curioso, ahora mismo deberías odiarme más de lo que yo te odio a ti… -

Odio…

-¡Jmm! Así que te odio… ¿Quién lo diría?… -Su sonrisa empezó a desaparecer. -Cierto… me quieres a mí, quieres a nuestros hermanos, quieres a las mujeres... pero más que nada te quieres a ti mismo… -

-Estoy cansado… - Susurró. Deseó tanto ya no sentir nada. Odiaba esa confusión; ese dolor en el pecho, cada una de las contracciones de su cuerpo. Estaba cansado de que Karamatsu fuera responsable de sus insomnios… Cansado de tenerlo al lado todas las noches, de encontrarse con él cuando menos quería verlo. Estaba cansado de su hermano y de las contemplaciones que tenía hacia él. De su amabilidad, de su voz, de su estúpido rostro… de todo… Pero muy a su pesar… era algo que no podía decirle. Karamatsu nunca debía saber lo que le hacía sentir…

No… no podía saberlo, jamás...

Aunque irónicamente… en lo que a su hermano respectaba, Ichimatsu y él eran más unidos que nunca; mientras que Ichimatsu mismo sólo podía sentir que cada hora que pasaba se desmoronaba un poco más en las manos del estúpido Kusomatsu. Y lo odiaba por eso…

-Ojalá esto termine pronto. - Habló en voz alta. Sacó su llavero de gato negro de uno de sus bolsillos y le echó un vistazo. Al final decidió que al menos por el resto de ese día, el joven enterraría sus emociones lo más profundo que fuera posible. Tenerlo cerca era doloroso para él… pero no tenerlo era…

Acalló sus pensamientos. -Deja de pensar tonterías… -

•••

Al regresar, su hermano lo estaba esperando.

-¿Te sientes mejor, Ichimatsu? -

-Sí. ¿Por qué no estás con los otros? -

-Estaba preocupado por ti y quise esperarte. -

-Ya deja de ser tan amable… idiota. -

-¿Quieres que mejor vayamos a casa? -

-No. Enséñame a patinar, Kusomatsu. - Su hermano mayor se sorprendió de tan espontánea petición.

-¿Eh? ¿En serio? ¿Estás seguro? – Sus ojos brillaron.

-No me hagas repetirlo. ¿Por qué te entusiasmas tanto?... -

-Hehe… sorry. Fine, come here. -

Al regresar, Ichimatsu se puso los patines de nuevo y ambos entraron a la pista. Karamatsu le ofreció ambas manos a su hermano menor.

-Toma mis manos, Ichimatsu. Entra al hielo muy despacio. - Lo hizo, y de nuevo sintió esas tortuosas sensaciones que odiaba sobremanera. Pero ésta vez, las ignoraría. Su hermano era como una droga dañina para él. Sabía que le hacía mal, pero no podía dejar de consumirla.

-Lo haces bien, brother. Deslízate suavemente... - Lo miró divertido. -Je, a pesar de ser medio gato no eres tan ágil, ¿eh? -

-¡Tch! Silencio Kusomatsu, si me sueltas te mataré. -

-No, no. Yo sería incapaz de hacer tal cosa. -

Ambos se deslizaron sobre el hielo varios minutos, Ichimatsu cada vez lo hacía un poco mejor y mejor.

-¿Crees que ya puedas hacerlo solo? -

-¡No! ¡No me sueltes, idiota! - Su hermano no lo soltó, pero ahora lo tomó de una sola mano.

-Vaya vaya, qué linda pareja tenemos aquí. - Se acercó Osomatsu aún tomando de la mano a Choromatsu.

-Mira quién lo dice. - Respondió de inmediato Karamatsu.

-Hey, tengo una idea. ¿Qué les parece una carrera al otro extremo de la pista? ¡El perdedor pagará la cena de ésta noche! -

-¡¿Qué?! ¡¿Estás loco, Osomatsu nii-san?! – Protestó sorprendido el tercer hermano. -¡¿Acaso quieres matarme, idiota?! -

-¿Pero qué dices? Mejoraste mucho y ahora mismo creo que puedes patearle el trasero a Ichimatsu, mira cómo se tambalea el pobre. -

El joven de mirada decaída entrecerró sus ojos, molesto.

-¿Así que eso crees, eh? Hay que hacerlo entonces. -

-¡No, esperen! ¡Yo ya dije que no quiero! – Gritó Choromatsu.

-Tranquilo pequeño cobarde, será en parejas. Tú sólo aférrate a mí. - Le guiñó el ojo a su tercer hermano menor, quien lo miró con furia.

-¡Je! No problem. Ichimatsu y yo ganaremos fácilmente. - Alardeó Karamatsu mientras abrazaba por detrás a su acompañante. Ichimatsu, en un auto reflejo, le pegó en el rostro con su nuca, haciéndolo lagrimear. Su hermano menor era el mismo de siempre, pensó en sus adentros. Eso era bueno…

•••

-¿Listos?... – Todos asintieron. -… ¡Vamos! -

La carrera fue lamentable. El tercer y cuarto Matsuno apenas permanecían estables, mientras que el primero había subestimado por completo sus habilidades como patinador. Choromatsu resbaló y cayó contra el hielo, llevándose a su hermano con él porque se negó a soltarlo. Se estrelló de cara en el agua congelada… Se lo merecía, eso es seguro.

Entre tanto, Ichimatsu se mantenía en pie, pero a duras penas. Cuando vieron a sus otros hermanos caer, quiso detenerse pero también resbaló. Él si soltó a su hermano, pero justo antes de caer, Karamatsu rápido lo sostuvo en sus brazos y cayó con él. El mayor se fue de espaldas contra el suelo y el menor cayó en su pecho.

-Eso estuvo cerca. ¿Te encuentras bien, Ichimatsu? - Sus rostros quedaron tan cerca el uno del otro que Ichimatsu ya no pudo mantener su temple tranquilo. Se separó de él tan rápido como pudo y rodó por el hielo, mojándose con la escarcha.

Nadie ganó y en adición todos estaban golpeados. Mientras, Jyushimatsu seguía con Totty dando vueltas sin parar. El Matsuno menor ya no podía más, estaba noqueado…

•••

De regreso, casi al atardecer, todos se mofaban unos de otros. Ichimatsu por suerte ya se veía de mejor humor. Bromeaba con el patético desempeño de su primer y tercer hermano mientras ellos decían lo mismo de él. Entonces Todomatsu, ya un poco recuperado, observó a su hermano más sonriente cargando algo inusual.

-Oye, Jyushimatsu nii-san. ¿Qué tienes en esa valija? -

-¿Ah? Los patines que usé, ¿por qué? - Todos voltearon hacia él.

-¿Los patines? Jyushimatsu, ¿los robaste? -

-¿Eh? ¿Qué no venían con el boleto? -

-¡Claro que no, tonto! -

-Debemos ir a regresarlos ahora mismo. - Suspiró el hermano mayor.

-Esperen. – Interrumpió Karamatsu. Traía sus lentes para el sol puestos. ¿De dónde los sacaba? Jamás había que hacerse esa pregunta. -Ahí va, dirá algo estúpido. -Pensó Ichimatsu.

-Tu querido hermano mayor hará eso por ti, my little brother. - Le sonrió a Jyushimatsu mientras le quitaba la valija de las manos.

-Y lo dijo… -Concluyó el cuarto Matsuno al verlo destellando horriblemente, igual que cada vez que quería hacerse el genial.

-Váyanse sin mí, compraré algo de beber para el camino. - Todos le hicieron caso, o lo ignoraron mejor dicho. No necesitaba decirles que se fueran sin él; ellos siempre lo hacían.

Por momentos todo fue tranquilidad. Ichimatsu por primera vez en mucho tiempo se sintió más sereno y relajado. Miraba a sus hermanos bromear y lo animaban a participar. Él incluso sonreía…

Pero entonces… el mal presentimiento de Karamatsu se hizo presente…

Caminando por la acera contraria a toda prisa, Ichimatsu pudo divisar a dos personas, y una de ellas… tenía un rostro muy familiar.

De inmediato se horrorizó…

-… ¡Iré con Karamatsu, también quiero comprar algo! – Les dijo prácticamente con gritos a sus hermanos, intentando no sonar muy exaltado. Luego, sin perder tiempo, se marchó lo más rápido posible, pero no demasiado; aún pretendía no levantar sospechas. No lo logró. Todos notaron su cambio repentino.

-¿Qué le pasa? - Se preguntó Osomatsu. Jyushimatsu dejó de caminar mirando a su hermano irse con urgencia. Su rostro se tornó increíblemente serio; también lo invadió un mal presentimiento. Los demás vieron el temple del quinto hermano y se pusieron muy nerviosos.

-¿Jyu-Jyushimatsu nii-san? - Preguntó su único hermano menor.

-Creo que deberíamos seguirlo. - Habló sin miramientos.

-¿Por qué? -

-No lo sé, pero creo que deberíamos. - Sus incrédulos hermanos al final decidieron hacerle caso.

Ichimatsu corrió lo más rápido que pudo. Sentía una terrible corazonada clavada en su pecho. -Tal vez sólo es mi imaginación, pero necesito cerciorarme. Es probable que no sea la misma mujer de ayer. Y si lo fuera, no creo que lo llegue a ver, además iba con alguien más. -Refiriéndose a una mujer muy alta que la acompañaba. El joven pasmado se repitió lo mismo una y otra vez, intentando creerlo. Sería demasiada mala suerte para ser cierto...

Por desgracia… sucedió lo que tanto temía…

-No… -

Ichimatsu llegó justo a tiempo sólo para ver cómo la acompañante de la mujer del puente descargaba su mano extendida de lleno en el rostro del joven de ceño fruncido, rompiéndole los lentes para el sol. Éste la miraba totalmente incrédulo.

Pudo escuchar gritándole cosas que no alcanzó a entender. El joven asustado fue corriendo hacia su segundo hermano.

Pero… de repente se detuvo en seco.

-Un momento… ¿por qué voy hacia allá? Además, ¿qué voy a decir cuando me vea? -

Sabía bien que haber ido a su encuentro en el puente aquel día fue algo muy estúpido, y sólo hasta ahora pensó en las consecuencias. Ni siquiera él mismo entendía del todo por qué había hecho tal cosa en primer lugar.

El miedo lo invadió. Quiso retirarse de ahí, huir… pero Karamatsu alcanzó a verlo. Después las mujeres, siguiendo su mirada, pudieron verlo también. Se sorprendieron al ver que eran virtualmente el mismo.

Karamatsu, con una seriedad no propia de él, se aproximó hacia Ichimatsu mientras se quitaba las gafas rotas. Éste quería de correr y escapar más que nunca… pero sus piernas no le respondieron.

-Ichimatsu… - Escuchar su nombre de la boca de su hermano mayor con semejante severidad… le erizó la piel.

-¿Qué sucede aquí? – Habló la mujer alta. -¿Ustedes son gemelos? ¿Qué clase de broma es ésta? -

El joven decaído no dijo nada.

-Bueno, eso no importa.- Volvió a hablar la alta acompañante de la mujer despechada. -Vamos, ¡Al menos le debes una disculpa, basura! – Gritó con rabia.

-Por favor, te repito que no sé de qué estás hablando. - Sin pensarlo dos veces, la enardecida mujer volvió a abofetear a Karamatsu. Su hermano menor no sabía qué hacer. Ver eso lo enfadó mucho, pero la situación lo sobrepasó desde que estúpidamente decidió seguirlas.

-¡No te hagas el inocente! ¡Aunque tengas un gemelo, ella pudo reconocerte! ¡Es obvio que tú fuiste el que le rompió el corazón a mi amiga! - La chica del puente, ya con lágrimas en sus ojos, sacó algo de su bolso.

-Quería verte una última vez para darte ésto.- Era una rosa marchita, ya casi sin ningún pétalo. Las espinas estaban tan secas y endurecidas que al sostenerla, se pinchó los dedos y la hicieron sangrar un poco.

Karamatsu recordó levemente. Entre tantas mujeres a las que les había regalado una rosa en San Valentín, la mujer que tenía frente a él era quien más se había alegrado por ello.

-Yo… recuerdo haberte visto cerca del puente el catorce de febrero, pero te juro que no sé de qué estás hablando. Ayer no fui en ningún momento para encontrarte en ese lugar. -

-¿Ah no? ¿Entonces me dices no eras tú quien tenía puesta la misma ropa ni los mismos anteojos oscuros? - Fue entonces cuando Karamatsu empezó a atar cabos… Ichimatsu y su ausencia de ayer, la mochila con su ropa… Su hermano menor lo notó de inmediato y al verlo clavarle una agresiva mirada acusadora, supo que él ya se había dado cuenta de su culpabilidad.

Primero nervioso… luego aterrado… y finalmente, resignado.

-Ya nada importa. - Lo único que pudo hacer en ese momento fue reírse.

-¡Ja!… No me mires así, Karamatsu nii-san. Mira el lado positivo, te liberé de tener que lidiar con esa loca. ¿Quién carga una rosa marchita en su bolso, eh? Eso es mórbido. - La chica del puente se sorprendió. Esa voz, esa agresiva manera de hablar… y ahí lo entendió.

-¡¿Cómo te atreves?! - La violenta amiga de la mujer, aún más furiosa que antes, intentó asestar otro golpe, ésta vez a Ichimatsu. A él le daba igual que fuera a hacerlo; de hecho lo único en que pensó fue en que bien se lo tenía merecido. Pero su hermano la detuvo; quien ahora tenía mirada perdida en ira.

-Perdone, pero no puedo permitir que le ponga una mano encima a mi hermano, señorita. - La mujer alta se puso nerviosa al sentir la mano del molesto muchacho deteniéndola. Ella, nerviosa bajó su brazo. -Lamento mucho lo que sucedió… de verdad. – Se disculpó con la chica del puente mientras tomaba la rosa marchita en sus manos, cortándose también, para después soltarla y dejar que el viento se la llevase.

-No importa… - Respondió ella con desdén.

-¡Karamatsu nii-san! - Se escucharon voces a lo lejos, llamándolo. Los cuatro hermanos restantes iban hacia ellos.

-¿Ves lo mismo que yo? - Volteó la amiga con la otra chica, al ver más hombres de rostros idénticos acercándose a ellas.

-Sí. - Respondió la otra. -Esto es demasiado extraño, mejor vámonos de aquí.- Antes de irse le echó un último vistazo al chico que le había obsequiado la rosa; ese que le gustó tanto. Él no le dirigió ni una sola mirada de regreso, pues lo único que hacía era ver a su hermano. Con una mirada apática pero triste, le dio la espalda esperando no volverlo a ver jamás.

•••

Unos diez metros antes de llegar con ellos, Jyushimatsu se detuvo; aún con un inverosímil rostro lleno de seriedad.

-Esperen, hay que quedarnos aquí… - Les pidió a sus hermanos. Aunque confundidos, ninguno respondió una palabra… sólo se miraron unos a otros e hicieron lo que pidió.

Entre el segundo y cuarto hermano el silencio imperó. El mayor tardó un poco en romperlo al ver al joven frente a él, de espaldas… sin intenciones de mirarlo.

-Ichimatsu… -

-Maldición… estoy tan cansado de esto… Siempre hago y digo cosas tan estúpidas por culpa tuya… ¿Qué quieres? -

-¿Es verdad, cierto? ¿Le rompiste el corazón a una inocente dama sólo porque sí? ¿Por qué lo hiciste? - Ni siquiera le reclamó que hubiera usurpado su propia identidad para hacerlo.

-¿Eso es todo lo que piensas? Estoy tan cansado de ti, Karamatsu… ¡No sabes cuánto quiero alejarte de mí de una vez por todas! La muy tonta te confundió conmigo y decidí vengarme, nada más.

Tan cansado… tan cansado de ti… -

El mayor se quedó callado…

-Vamos… ¡Dime algo!… ¡Ódiame ya, maldita sea!… ¡Tch! ¿Te crees mejor que yo, Kusomatsu? ¿Ahora me dirás que te preocupas más por los sentimientos de una extraña? Eres tan retorcido.

Me duele… quiero deshacerme de esto que siento. Ya no lo soporto más… -

-Ichimatsu… -

-¡No puedo más!

¡¿Qué no lo entiendes, estúpido?! ¡¿No puedes comprender lo mucho que me fastidias?!

No…

¡¿Crees que sólo porque de repente tuvimos un miserable pasatiempo en común ahora mismo ya debo ser amable contigo?!

No quiero decirte esto…

Para mí no eres más que un hipócrita narcisista con delirios de grandeza. ¡¿Eres tan patético e incrédulo que no te das cuenta de que eso es lo que siempre he pensado de ti?!

Basta...

¡¿Por qué no quieres entender que te odio?! ¡¿Que no me importa en lo más mínimo haberte difamado así y que no me importaría hacerlo de nuevo?!

No… Basta… ¡Por favor!

¡¿Por qué no desapareces de una vez, Kusomatsu?! ¡Muérete ya! ¡Desaparece! ¡Estoy tan cansado de ti que no puedo soportarlo!

¡Basta!

¡Estoy tan cansado! ¡Te odio! ¡Te odio! -

Karamatsu… totalmente impactado, sintió un dolor abismal. Le faltaba el aire… ya no podía sentir ni dónde estaba parado.

Era la furia…

Se dejó llevar por sus sentimientos. Las desgarradoras palabras de su hermano terminaron con su paciencia. Tomó a Ichimatsu de su abrigo. Tan fuerte… tan enojado que lo levantó del suelo... El cuarto hermano pudo ver muy bien el dolor y la consternación en los ojos del mayor. Ichimatsu sintió como si estuviera flotando, como si estuviera soñando…

Ver a su hermano así… Sabía que no había vuelta atrás…

-Ayúdame… Karamatsu nii-san… Ayúdame a deshacerme de ésto que siento por ti de una vez por todas…

¡Jaja! ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a golpearme? - Su hermano aún lo sostenía, cada vez más furioso y dolido… sin decir palabra alguna.

-Quiero vivir mi vida en paz… Quiero estar solo… Ya no quiero que me hagas sentir tan confundido… Ya no quiero que me trates como si fuera especial para ti… Ya no quiero éstos sentimientos enfermizos… No quiero sentir nada… Ayúdame por favor…

Vamos… hazlo, imbécil. Ten bolas por una vez en tu vida… -

Y… Karamatsu, con su boca temblorosa y una amarga lágrima deslizándose y descendiendo por su rostro desolado… lo hizo. Lo golpeó justo en su mejilla izquierda. Ichimatsu no sintió nada a pesar de que lo lanzó lejos y al caer provocó que se mordiera el labio haciéndolo sangrar…

Él no sintió nada en ningún momento.

Fue entonces cuando todos sus hermanos corrieron hacia ellos, encabezados por Jyushimatsu, que no podía creer lo que estaba viendo, pero que aún así no se atrevió a intervenir antes.

-¡Karamatsu, Ichimatsu! ¡Ya es suficiente! - Gritó el mayor de los hermanos, corriendo hacia él para que no lo golpeara de nuevo; aunque juzgando por su estado, sabía que eso no pasaría. Choromatsu lo ayudó a ponerse de pie.

Ya había anochecido.

Karamatsu ya no hizo nada, tal y como supuso su único hermano mayor. Sólo se fue caminando del lado contrario, alejándose.

-¡Karamatsu nii-san! ¿A dónde vas? -

-Iré a caminar, no se preocupen. Cuiden a Ichimatsu por favor. - Él escuchó eso…

Pronto se perdió de vista. Nadie tuvo el valor de seguirlo.

-Ichimatsu nii-san… - Llamó Jyushimatsu. No sabía qué decirle. Su hermano se quedó sentado en el piso.

-¿Podrían dejarme solo? - Pidió el joven con la voz entrecortada.

-Pero, Ichimatsu… -

-¡Déjenme solo! - Gritó como nunca antes lo habían escuchado.

Sus hermanos acataron sus deseos. Lo dejaron solo… Ichimatsu se quedó sentado en medio de la calle por varias horas. Ya no estaba pensando en nada… tampoco sentía nada…

En ese momento fue como si se hubiera quedado completamente vacío por dentro.

•••

Regresó a casa en la madrugada, y Karamatsu no estaba ahí… No le importó. Esa noche durmió en el tejado.

Al día siguiente… Karamatsu no regresó…

Tampoco al día siguiente.

Ni al siguiente…