II. Devuelve esos días soleados
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¿Recuerdas cómo disfrutábamos las horas y soñábamos con todas las grandes cosas que haríamos?
Esos fueron los días, mi amigo, que creíamos que nunca terminarían y que cantaríamos y bailaríamos por siempre y un día viviríamos la vida que siempre escogimos.
Pelearíamos y nunca perderíamos porque éramos jóvenes y confiados de poder realizar nuestros sueños.
Sin embargo… hoy me detuve y me di cuenta que nada era como solía ser…
… Vi mi reflejo y era el de un hombre solitario.*
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/. . . [Naruto Uzumaki]. . ./
Las estrellas caen sobre mi cabeza y me golpean frente a la realidad que ahora está en mis ojos. No puedo llorar, las lágrimas no salen. En cambio, me conformo con el triste rostro del hombre que ha mentido para salvar a los que quería.
Quizá, tal vez, fui demasiado estúpido. Siempre quise hacer a las personas felices, porque de esa manera ellos me harían feliz a mí. Quise dar esperanzas al mundo y ser una nueva luz en medio de la oscuridad, y de verdad que lo intenté.
Sin embargo…
Me encuentro solo. Las personas a las que un día quise, las alejé en el intento de hacerlas felices.
A él lo conocí cuando teníamos diez años. Éramos demasiado jóvenes en aquel entonces y pensábamos que podíamos derrotar todo lo que se nos pusiera enfrente. Me vio llorar y lo vi llorar. Tomé y tomó mi mano en los momentos más difíciles.
Cuando su padre murió… cuando parte de su familia fue asesinada.
No supimos la verdad, nadie nos la dijo.
Tiempo después, Sasuke perdió a su madre. No en el sentido físico, sino espiritual. La señora Mikoto nunca volvió a ser la misma desde que su esposo falleció.
Así pasaron los años, nos volvimos más viejos. Conocimos nuevos lugares y vimos otros más desaparecer. Fue entonces que apareció ella, llegó de la nada, vino de las leyendas urbanas de que una niña asesinaba por placer. En cuanto la conocí dudé que Sasuke fuera capaz de protegerla. No porque no quisiera, sino porque no estaba en su naturaleza ser tan afectuoso. Y sin embargo, la protegió, incluso fue capaz de dar "su vida" por ella. Me sorprendí a mí mismo y he de reconocer que la detesté por haberse llevado a mi mejor amigo, quizá el único. Lloré mucho por la muerte de Sasuke.
Entonces, llevé a cabo la promesa que él me hizo cumplir. La cuidé, la traté, hablé con ella y entendí porque Sasuke se aferraba a ella. Ella era como una luz en medio de nuestras vidas, una luz medio pálida pero que nos daba las fuerzas suficientes para enfrentar el mundo entero. Por desgracia, caí en la tentación y le mentí a Sakura, no le dije que Sasuke estaba muerto.
Ese error me costó caro. Itachi se aprovechó de la vulnerabilidad emocional de Sakura y se la llevó. Poco pude hacer yo en el hospital, mientras curaban mis heridas. Tsunade poco quería saber de Sakura, quizá es demasiado dura. Tal vez nunca la perdone…
… Tal vez las cosas nunca vuelvan a ser como antes.
Es complicado.
Yo no quería que esto sucediera.
Decidí huir para siempre e hice mis maletas después de que salí del hospital. Con una PTB en mi mano y con el corazón destrozado. Tsunade se había marchado, no supe a donde fue. No me dio los motivos ni yo se los pedí. ¿Se rompió nuestra relación? ¿Nos enojamos? ¿Fue el punto de quiebre?
No lo sé. No lo sé. No lo sé.
Y apareció en medio de mi tristeza Kakashi Hatake. Llegó en un convoy militar y me saludó. Le dije que él nada tenía que hacer ahí. Era quizá un intento para zafarme de su presencia y hundirme cada vez más en mi depresión. Pero a Kakashi poco le importó e hizo que me sentara en la cama del hospital. Se quitó su máscara y fue entonces que supe que la conversación sería seria.
Una gran cicatriz atravesaba todo su rostro, deformaba la belleza del mismo. Me observaba y no supe si aquello era un acto fraternal o de mera camarería. Me tomó del hombro y me dio un paquete, estaba envuelto en un papel de periódico gastado. Dudé en abrirlo y entonces lo hice.
Ante a mí aparecieron fotografías de mi difunto padre y mi madre. Los dos me sostenían entre brazos. Tenía yo quizá menos del año de edad. Los dos sonreían y yo lo hacía. Me veía feliz. Sentí que mi corazón se rompía porque era la primera vez que veía a mi madre, nunca había visto su rostro ni sabía cuál sería su apariencia. Me di cuenta que ella era excepcionalmente bella, con su largo cabello rojo hasta la cintura y aquella piel blanca. Me sentí conmovido por su belleza y entonces empecé a llorar.
"¿Por qué" le pregunté "¿por qué me enseñas esto?"
Mis manos temblaban y Kakashi lo supo. Él suspiró a mi lado y me dijo que siguiera leyendo. Que siguiera revisando. Fotos y más fotos. Desde noticias geniales referentes a mi padre —el 49º Presidente de Braznia— hasta noticias trágicas sobre la misteriosa muerte de mi padre a la edad de 35 años. Aquello no era ninguna novedad. Yo había crecido bajo la tutela de Jiraiya, mi padrino, y él me había contado ciertos detalles acerca del periodo de gobierno de mi padre, siempre hablaba maravillas.
Volteé todas las fotografías y solo me encontré con años y más años, fechas y lugares. Aquello solo me hacía sentir peor. Sin saberlo, aventé todas las fotografías y apreté mis puños por puro enojo, aunque con dificultad debido a una de las PTB. Estaba iracundo. Kakashi se levantó y me dirigió una mirada que me supo a un placebo barato. Me hinqué y recogí las fotografías y las puse en la cama, entonces encontré una carta.
La abrí…
… ¿debí hacerlo?
"—Naruto, detente y escucha—Por favor escucha. Por primera vez haz lo que te digo idiota.
—Adiós, Sasuke.
—Tú querías saber todo acerca de tu padre, ¿no?
—¿De qué estás hablando?
—Tengo información confidencial. No puedo dártela en este momento. Es importante.
—¿Información confidencial? ¿De esa a la que sólo tienen acceso los Mayores?
—No realmente. Cuando sea tiempo recibirás dicha información. La dejo en tus manos.
—No entiendo nada de lo que dices.
—Hace tres meses, justo después de que llegó la convocatoria oficial de la misión me llegó una correspondencia. No se me hizo raro puesto que es normal que los Generales recibamos paquetes. Pero solo me encontré con una hoja roída y junto a esa carta una fotografía de mi primo mayor, Obito Uchiha.
—Obito... Él falleció cuando se conquistó Temuk, hace ya unos cuatro años, ¿no?
—Sí. Así es. Por seguridad no tengo la carta aquí. Cuando sea el tiempo justo se te hará entregar en tus manos.
—Bien, supongo. Aunque no entiendo que tiene que ver con mi padre.
—Mucho, lo entenderás después…"**
En mi cabeza, la conversación que tuve con Sasuke antes de la misión de Limort —en 1964— se proyectó en mi cabeza. Incluso siete años después podía recordar cada palabra y cada semblante. Mi corazón se detuvo, de verdad que se detuvo porque justo entre todas las fotografías que había aventado estaba una de Obito Uchiha. Atrás decía su nombre y la fecha.
—Obito Uchiha, 1950. Teniente—
Miré a Kakashi y le exigí una respuesta con la mirada. Mi lengua no se movía, mis manos temblaban y dejé caer la fotografía. No podía leer la carta a pesar de haberla abierto.
"Es normal, es difícil" La voz de Kakashi sonaba de lo más tranquila y serena, sin embargo sus ojos denotaban que estaba desesperado "Esta carta te revelará todas tus dudas, pero antes… quisiera saber si podría contar contigo, Naruto"
Negué. Asentí. No sabía qué hacer.
"¿Contar conmigo? Ya no soy más un Oficial, Teniente Hatake. No soy ya miembro del ejército, esos años quedaron atrás. Justo ahora me iba a marchar del hospital y…"
"Te necesito—carraspeó—. Te necesitamos"
Fue así que comencé a abrir la carta.
Mi cabeza dio vueltas y vueltas, en algún punto, Kakashi tuvo que sostenerme.
"Mi padre… mi padre… ¿fue asesinado por Danzou Shimura?"
"Así es… Para tomar el poder"
"Mi madre, el padre de Sasuke, mi padrino, Shisui, la familia de Sasuke, ¿murieron… por el Presidente?"
"Ellos comenzaban a saber cosas que no deberían" Me explicó Kakashi "Sasuke se enteró a medias de esto tiempo antes de ir a Limort. Uno de nuestros espías encontró la carta en Limort, enterrada bajo tierra. Perteneciente a Obito Uchiha, es su propia letra. Es original. En algún punto Obito se enteró de la verdad y por ello decidió fundar su propio levantamiento. Como sabemos no funcionó. Pero nos hicieron creer que él fue un traidor"
"¿Un espía?" Mi cabeza no procesaba tanta información. Me sentía mareado.
"Lo conoces… Es un miembro del Partido ANBU-RAÍZ… Sai"
En mi cabeza, apareció el rostro de aquel chico pálido. El que sostenía la mano de esa niña. Aquel que nunca hablaba y que estaba siempre cerca del Presidente. Uno de sus favoritos. Bajo mi lógica, era imposible que él fuera un espía. Lo habrían descubierto. Sin embargo, Kakashi puso su mano en mi hombro y me sonrió. Sus cicatrices se deformaron un poco, aun así, esa sonrisa me supo a placebo y anestesia.
"Te necesito Naruto. Ahora que sabes la verdad… Ahora que sabes que la guerra ha sido por culpa de Danzou y por el rompimiento del tratado de La Mersél. BIOMEDICS-R te necesita"
Negué con la cabeza. Estaba demasiado confundido.
"No puedo hacer esto, Teniente. Soy tonto, pero no estúpido. Lo que usted propone es un golpe de estado, lo está diciendo implícitamente. No será sencillo. Me temo decir que Danzou Shimura es demasiado poderoso"
"Hay una amenaza aún más potente que la de nuestro propio Presidente"
Kakashi mostró entonces un rostro deformado por la preocupación. Sentí miedo al ver aquel semblante lleno de arrugas y cicatrices deformadas. Tragué saliva y miré hacia el piso, en donde aún había muchas fotografías esparcidas bajo el suelo.
Mis padres, mi padrino…
… Y Sasuke.
"Él… él está vivo"
Mis ojos comenzaron a brillar. Tuve que sacudir a Kakashi y plantarle un golpe en el rostro para poder asimilar lo que acababa de escuchar. Él no opuso resistencia, en cambio se quedó en el piso y me miró, esta vez con un poco de condescendencia.
"No me jodas" dije "No me mientas"
"Sasuke Uchiha está vivo. Él nunca murió. Los de Belgurk lo capturaron en Limort y de cierta manera salvaron su vida. Él está actualmente en Cantiverrí…"
Una parte de mí se alegró de escuchar aquello. Fue como haber resucitado. Esa noticia hizo que de nuevo pudiera volver a sonreír. A pesar de todo, a pesar de todas las cosas mi mejor amigo estaba vivo.
"Pero no creas que todo volverá a ser igual…" Kakashi dijo aquello mientras tendía su mano "¿Me ayudarías en esta misión, camarada?
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Oscuridad.
Cielo nublado lleno de estrellas brillantes sobre el firmamento. Aire frío colándose por los huesos y cortando la piel. Tierra seca y arena amenazando con cubrir los zapatos. Esa era una noche en Belgurk, en Cantiverrí.
Ni las grandes montañas los cubrían del frío. Qué curioso que en el día hiciera tanto calor. Pero solo en las noches podían permitirse recordar cómo es que el cielo lucía. Vanquish iba detrás de ellos, Naruto en medio y Sasuke adelante. Aquella formación lo disgustaba: Tener que ver la espalda de Sasuke y recordarse una vez más que nunca volverían a ser conocidos. Que entre ellos ya existía una barrera irrompible de odio y rencores, pero lo admitía quien tuvo la culpa fue él —Naruto— y nadie más.
—Detecto presencias en un radio de 600 metros—dijo Vanquish.
Sasuke se detuvo y formaron otro tipo de formación, una en triángulo en donde los tres miraban hacia la lejanía —con ayuda de unas gafas que había diseñado BIOMEDICS en su tiempo de gloria— para ver en la oscuridad, aquellas gafas conferían la capacidad de detectar térmicamente a una persona o bien a un animal.
—Son tres—anunció Sasuke, quién gracias al ojo biónico que le habían colocado podía observar mejor todo—son…
—…Ignis—Naruto llevó su mano directamente hacia donde guardaba una magnum, dispuesto a atacar.
—Se supone que en esta zona, estando a dos horas afuera de Cantiverrí no debería existir ningún Ignis—Vanquish revisaba en una pequeña pantalla táctil su ubicación y las posibles zonas en donde estuvieran presentes los Ignis sin embargo donde ellos estaban no era una zona en donde deberían de estar esas creaturas—, entonces, ¿por qué?
—Se mueven a gran velocidad, están a unos 100 metros de nosotros—Sasuke sacó también su magnum y trató de analizar porqué esas cosas estarían ahí—. A menos que Belgurk haya extraído más energía de magma de forma muy reciente. Eso explicaría porque no aparece en el geonig.
—O sea, no está actualizado—Naruto frunció su ceño—, 40 metros y acercándose.
Pero antes de que ellos se pusieran en acción, un Ignis saltó sobre ellos haciendo que de forma inconsciente Naruto tirara un afilé, fallando así en el intento. Para ellos, aquel fue el primer contacto con una criatura convertida. Pensar que los Ignis habían sido humanos les causaba repulsión, al menos a Naruto y a Sasuke. Los rostros deformados y de un color rojizo intenso, de ahí su nombre.
Ignis; fuego. Caras ardientes y ojos en llamas. Humanidad deshecha y una bestialidad que sólo podía ser comparada con la de un animal salvaje.
Vanquish fue la primera en ponerse en acción, de un movimiento logró alejar a esa bestia, que de inmediato rugió desde el fondo de su pecho provocando que el sonido los desconcentrara. Era un chillido que producía más decibeles de los que ellos hubieran querido escuchar.
Naruto y Sasuke fueron los primeros en colocarse las manos en los oídos para cubrirse. Sin embargo Vanquish parecía ser inmune a aquello a excepción de que se le veía mareada y con los ojos un tanto desorbitados. Aun así cortó la garganta de Ignis. La bestia calló y se tumbó de espaldas provocando que el fuego que cubría su cuerpo se fuera extinguiendo dejando un olor desagradable.
Pero aquella situación no era buena pues las otras dos bestias chillaron al igual que la primera pero esta vez el chillido dejó en el suelo a Sasuke y a Naruto. Estaban ya en el umbral del dolor. Vanquish los miró de soslayo y supo que ella tampoco resistiría demasiado en esa condición. Sus oídos ciertamente no dolían pero su cabeza zumbaba, no podía enfocar su vista y empezaba a ver doble. Las piernas se movían en zigzag y sus movimientos se volvían cada vez más ridículos.
Comenzó a disparar tratando de enfocar su vista en las presas, sin embargo los afilé salieron disparados a todos los lugares menos a los verdaderos objetivos. Las bestias seguían chillando. Realmente esa era su forma de atacar y nadie se los había dicho.
Quizá porque ellos eran los únicos que se habían enfrentado a algo así, nadie debió haber sido lo suficientemente valeroso como para haber tomado las riendas y atacar a aquellos Ignis.
Naruto fue el primero en desplomarse en el suelo y comenzó a vomitar por la turbación. Sus oídos amenazaban con explotarle. Sasuke aún estaba de pie, sin embargo su visión se hacía cada vez peor, no podía concentrarse con todo aquel ruido. Chillante y que sonaba a interferencia.
Vanquish trataba de atacarlos sin embargo al blandir su katana y tocar a uno de los Ignis se percató que ellos emanaban calor y lo transferían a su katana. Pronto, su PTB comenzó a derretirse, al menos la parte superficial. Sasuke observó aquello con sorpresa, sin embargo Vanquish estaba inmutable. No le dolía realmente.
"Es como aquella vez, cuando se atravesó para… para salvarme"
—Sakura, ¡aléjate!
No sabía si ella lo escucharía. Era poco probable considerando la interferencia de los chillidos de aquellas bestias. Apenas y él podía escucharse. Estaba mareado y confundido, así que trató de llegar hasta ella. Sakura tenía ya media prótesis al descubierto, "la piel artificial" estaba desecha. La conducción del calor estaba pasando a través de esas bestias. Era imposible que ella las cortara. Sasuke usó su PTB y blandió su propia katana haciendo caer a una de las bestias, sin embargo el sobreviviente se abalanzó hacia él.
La muerte se veía cerca, tuvo a centímetros a aquella bestia. Pudo sentir el calor en su piel, abochornándolo. De repente, la noche se volvió silenciosa y todo aquel ruido desapareció.
Pero…
Vanquish gemía. Sasuke no entendió que había pasado hasta que observó mejor, Sakura había detenido a aquel Ignis y lo había estrangulado, sin embargo con ello solo provocó que toda la piel de sus brazos se hubiera caído y desecho. De las PTB's salía humo.
—¿Estás bien?—Se acercó a ella, sin embargo se alejó por inercia—, yo…
Naruto observó todo desde el suelo y desde el vómito. Sus oídos tintineaban. No sabía que estaban diciéndose pues en el fondo solo escuchaba un ruido extraño. Se preguntó si no había quedado sordo. Su cabeza dolía y se sentía mareado, aquello era peor que tomar sake.
Pero una vez más, estaba tendido en el suelo. Una vez más no pudo protegerla. Se sentía tan débil, tan desdichado. Como todo un fracasado. Apretó sus puños al ver como Sasuke se acercaba a ella e intentaba tomar aquellas prótesis. Sin embargo, ella se alejó y negó.
—Estoy bien—respondió queda—. Hemos eliminado a tres, pero esto será más difícil. Es apenas la primera noche—miró sus PTB's de los brazos y frunció su ceño—, y mi piel se ha ido.
Sasuke asintió y desvió la mirada hacia Naruto. Los dos se encontraron y supieron que nada bueno saldría de ahí.
"—¿No les parece hermoso el verano, niños?
—Claro que sí, mamá—respondió Sasuke gustoso, junto a él su mejor amigo tomaba una gran limonada junto con algunas galletas—, hey deja de comer tanto Naruto.
—Pero las galletas saben ricas con limonada—se quejó él—, ¡ah, Mikoto-san! ¿Podría cantarnos esa canción que siempre canta en verano?
—Uh… ¿te gusta?
—Es muy linda, ¡de verdad!
—Si madre, cántanos esa canción.
—… Y por más que el fuego nos abrace, por más que llueva. Siempre estaremos juntos porque somos una familia…"
—Una familia, ¿ah?
Sasuke se posicionó hasta el final de la formación, Naruto iba delante de él, un poco más consiente de la situación, y Sakura en primer lugar. Recordó aquellos días en los que su madre cantaba para ellos en las tardes calurosas de verano allá en Bradford.
En aquel tiempo, nunca se habían enojado, ni siquiera cuando los dos eran tan opuestos. Como la noche y el día, como el agua y el aceite, como lo dulce y lo agrio. Habían sido confidentes. Hermanos. Habían llorado y reído juntos. En verano, en invierno, en primavera y en otoño. Siempre unidos. Él era la única familia que le quedaba además de su madre pero… era tan difícil.
No lo odiaba realmente, pero tampoco es como si quisiera pretender que todo volvería a ser como lo era antes, como en aquellos días cuando cantaban en verano.
Cuando eran inocentes y no lo sabían…
Vanquish los observaba de soslayo. No podía entender nada de lo que ocurría, el hecho de que esos dos estuvieran siempre peleando, discutiendo. Pero lo más ilógico, desde su punto de vista es que los dos la llamaban como Sakura. Ya se le hacía tan natural que no le dijeran Vanquish que se había adaptado, pero no por eso era menos extraño.
El cielo estrellado los cubría, se escabullían y caminaban juntos. Tendrían que encontrar un refugio rápido antes de que el sol se mostrara, pues para ese momento tanto Sasuke como Naruto serían incapaces de continuar ya que había altas posibilidades de que el cielo mostrara el efecto de akarella.
—El geonig registra que dentro de los próximos diez kilómetros encontraremos la ciudad de Katah. Según esto, la mayoría de los habitantes han sido ya convertidos.
Sasuke logró escuchar aquellas palabras provenientes de Vanquish y asintió. No sin antes sentir un ligero escalofrío al saber que ese pueblo ya no era de humanos. O al menos no como los conocían. Tendrían que enviar un reporte de inmediato cuando llegaran a la ciudad de Fatma, al sur de la capital y a unos cuarenta kilómetros de su posición actual. Sin embargo, Sasuke tenía sus dudas respecto a la manera en que podrían llegar hasta Fatma vivos. Bastaba con ver a Naruto y como llevaba sus manos a sus oídos, claramente él no escuchaba con claridad. E incluso no tenía que ir tan lejos pues Vanquish ya no tenía piel, o al menos la piel sintética de la que se le había provisto para cubrir sus brazos.
Y sí, las estrellas en el firmamento brillaban de una manera muy peculiar. El cielo nocturno lucía tan bello y tranquilo como siempre…
… tan diferente al día.
/. . .(1). . . /
Amor sintético
[1972. Cantiverrí, Belgurk. BIOMEDICS-R]
"El precio de los renglones torcidos de Dios es muy alto. Incomprendidos. Desdichados. Torcidos cual renglones en un libro marchito…"
Karin siempre supo que tenía un sexto sentido, uno que era intuitivo. Nunca supo exactamente de qué iba pero desde que era niña sabía que debía confiar en ese instinto. Era su manera de sobrevivencia, y así fue como había logrado llegar hasta donde estaba: íntegra y completa en todos los sentidos. Ella que era un habitante de Uzugari, el continente al oeste de Allegria, había sobrevivido gracias a ese sexto sentido, a esos presentimientos que venían cada que algo malo ocurriría: podía detectar los halos de las personas, lo que ellos en realidad eran.
Y justo ahora, ella se siente extraña. Nunca le había pasado, no en Allegria al menos. Pero sí de forma constante cuando era una niña y masacraron a su nación. No le gusta hablar de su pasado, ni tampoco de las cosas que vivió. Prefiere dejarlo en el pasado, enterrado a muchos metros debajo de su corazón. Por salud mental y porque no quiere recordar aquellos tiempos felices. Porque la verdad es que Karin en algún punto fue feliz, de forma real y exquisita. Alguna vez existieron personas que la quisieron y la protegieron, alguna vez tuvo un lugar al cual llamar hogar.
Sí, ella había tenido todo eso y más.
Alguien a quien llamar papá y mamá. A quien abrazar en las noches frías. Tuvo amigos con los que solía jugar en la playa, allá donde se marcaba el límite entre el Mar de Mármara y donde apenas y se divisaban nuevas tierras.
Pero, esos días habían sido enterrados con todo y su gente.
No era de sorprenderse que cuando recibió en brazos a aquella criatura y cuando la tuvo entre sus manos hubiera sentido esa misma aura que sentía cuando sus padres la abrazaban. Era una sensación real, no fingida ni tampoco fabricada. Tal vez por eso había seguido a aquella niña, no la vio como algo que debía hacer, sino como alguien a quién debía cuidar. Cuando Itachi hizo su última petición supo que el hombre hablaba en serio.
"—Cuida de ella… hasta que sea el momento. Ella será el receptáculo."
Le decían Hope porque era la esperanza del mundo. Pero ella prefería llamarla tal y como el Mayor Itachi Uchiha había sugerido, simplemente como Sarada. Aquello la hacía sentir más familiarizada con la pequeña niña. Esa criatura que hacía que su vida valiera la pena.
Se sentía tan identificada con Sarada… eran similares en muchos aspectos: de alguna manera lo habían perdido todo sin siquiera saberlo y no tenían a nadie más en el mundo. Karin había querido descubrir la identidad real de Sarada, pero los resultados eran desesperanzadores. Ya sabía que el Mayor Itachi no era su padre, pero que sí que Sasuke Uchiha lo era.
Demonios.
Era tan difícil tener que ver a ese hombre a la cara y no gritarle que tenía frente a él a su hija. Pero las cosas no eran tan sencillas como parecían. Recordaba el día en el que la doctora Anko Mitarashi tuvo que fecundar un óvulo de Sakura con un espermatozoide in vitro. La observó cuidadosamente y anotó todos los pasos a seguir, ella quien era una mujer sin preparación científica ni mucho menos. Ella, que simplemente estaba ahí por su excepcional poder del sexto sentido y por ser una habitante de Uzugari, solo por ese motivo tenía las cartas abiertas para cualquier científico.
Ella, cuyo tiempo había sido detenido en su reloj biológico por tantas generaciones…
Y la niña se movía, sus brazos querían alcanzar su cabello y jugaban con un mechón rojo de ella. Karin la observaba con ojos amorosos, de esos que pocas veces logra expresar. Se pregunta si acaso ese momento puede ser eterno y si acaso el futuro les deparara buenas cosas. Espera que sí, después de todo no podría concebir una vida sin Sarada, sin Hope.
El laboratorio siempre era frío. Olía a humedad y desinfectante. Pero eso desde luego que no afectaba a Sarada. Karin lo sabía y de cierto modo le dolía aquello, que la niña no pudiera sentir las sensaciones térmicas y en general el dolor. Esa pequeña niña fue creada para ser el modelo perfecto de lo que debería ser un superhumano. No justificaba los motivos de aquellos que provocaron aquel experimento, porque si no hubiera sido por ellos Sarada simplemente no existiría ni hubiera sido concebida en el universo entero.
Pero…
… No dejaba de ser igual de aterrador. El hecho de que esa niña nunca sentiría dolor. Jamás en su vida.
El reloj digital tintineó y Karin comenzó a darle de comer a Sarada. La niña nunca lloraría porque tuviera hambre. No. Sarada no podía sentir el rugido de su estómago, ni tampoco sabría lo que se sentiría aquella sensación. Le apenaba aquello, pero era algo con lo que la niña debía aprender a lidiar para siempre.
Fue entonces que se dio cuenta de la magnitud del tiempo, habían pasado un par de semanas desde que el Mayor Kakahsi Hatake había enviado a Vanquish y a su sequito de seguidores a LeBrou, y en concreto a explorar la región.
Vanquish…
Mientras las semanas transcurrieron, eventualmente llegaron otras dos personas a BIOMEDICS-R y como siempre nunca se le explicó quiénes eran o de donde provenían. Solo le dijeron que ellos serían sus ayudantes. Ella, quién ahora había ascendido al grado de doctora y tenía a su plena disposición un laboratorio para sus propios experimentos. Debería estar feliz por aquello, sin embargo no era así. Tal vez era el hecho de que su maestra, su jefa, la que la orientaba y la había acogido ya no estaba. La doctora Anko Mitarashi había abandonado el mundo terrenal después de que se llevó a cabo la operación de "Sakura" aquella en donde ella se convirtió en una especie de marioneta viviente.
Una marioneta cuyos órganos reales eran el corazón y el cerebro. Los únicos órganos que no pudieron crear sintéticamente.
Karin odiaba un poco a Vanquish por ello. Vanquish era la consecuencia y la acción había sido que su maestra decidió suicidarse. Los motivos no fueron claros, ni mucho menos porqué alguien tan brillante decidiría hacer eso.
Los tiempos sin duda alguna se habían vuelto caóticos. Poco a poco los cerebros brillantes se iban secando, uno a uno. Aquellos que habían brillado en todo su esplendor ahora yacían muertos en las instalaciones de la que alguna vez fue la gran gloria de BIOMEDICS. Por suerte, mucho de su trabajo se había almacenado en el cerebro de BIOMEDICS: ALEJANDRIA. De modo tal que Karin cada día se empapaba de más y más información. Leí cada día decenas de artículos que alguna vez aquellos hombres y mujeres escribieron trabajando en aquella organización. En los tiempos de gloria…
—No hay absolutamente nada que hable de akarella, Sarada—Karin la tomó entre sus brazos y siguió mirando el monitor. Cientos de cifras, miles de palabras. Resúmenes, discusiones, conclusiones. Pero nada que le diera las respuestas—, los grandes cerebros se fueron y solo quedo yo. Una chica que solo aspiraba a ser esclava y conejillo de indias de experimentos.
Tapó los ojos de Sarada y se dirigió al ventanal, aquel que protegían pero que ella deseaba ver. Solo fue necesaria una clave para que ella pudiera observar el cielo y deleitarse de aquellos extraños colores que se presentaban cada vez con más frecuencia. Era un cielo sangrante, lloraba. Colores pasteles y rojos de fondo. La estremecían al igual que la excitaban. Era una curiosidad científica la que estaba naciendo dentro de ella. Lo supo desde el primer momento que vio el cielo en forma de acuarelas, fue por ello que decidió llamarles akarellas. Pero, ella no se consideraba a sí misma como alguien brillante. Jamás podría ser como la doctora Anko Mitarashi, ni siquiera como el doctor Orochimaru Mitarashi. Esos eran genios que se veían una vez cada mucho. Algo así como los cometas.
—No soy tan buena, Sarada—Karin le hablaba y la niña parecía escucharla—. Este cielo, ¿por qué no me afecta a mí? ¿Por qué Shikamaru se hizo inmune? ¿Qué secretos esconde? ¿Cómo se supone que debo empezar a investigar por mi cuenta?
—Hey, señorita zanahoria.
Fue esa voz, esa maldita voz… esa maldita voz que la logró sacar de su ensimismamiento. Frente a ella estaba de pie ese hombre, con rostro burlón y cabello blanco.
Sí… su nombre era Suigetsu. Lo recordaba. Había estado merodeando su laboratorio día y noche junto con el otro hombre a su lado ¿Juugo? No recordaba bien su nombre. Pero algo así era. Un hombre de unos dos metros y algo de estatura y cabello color naranja. Era bien parecido pero bastante callado, demasiado. Apenas y conocía su voz.
—¡Te hablé, señorita zanahoria!
Y de nuevo esa voz. Karin bufó por lo bajo, provocando que Sarada hiciera un puchero, muy similar al que ella misma hacía cuando comenzaba a molestarse.
—¡Largo de aquí, no necesito ayuda!
El grandulón, el que se llamaba Juugo según recordaba, se marchó haciendo una leve reverencia. No siendo así con Suigetsu, que se quedó recargado en el umbral de la puerta, divertido de la situación y de cómo ella se había enojado.
—Vaya, vaya. Pero si la jefa está enojada. ¿Qué quieres que hagamos entonces? Nos pusieron a tu servicio, cual perros.
Karin refunfuñó y lo apartó con todo y Sarada en brazos. Inmediatamente desactivó la vista hacia el exterior. No quería que la culparan que Suigetsu había enloquecido por akarella.
—¿A dónde vas, Miss Zanahoria?
No le dirigió ninguna mirada. Se dio la vuelta y con rapidez comenzó a bajar las escaleras para así dirigirse a la entrada principal. Había muchos soldados de Belgurk vigilando pero ella comentó que la niña necesitaba aire. Ellos asintieron, poco convencidos pero al ver la identificación con el grado de doctora supieron que esa mujer debía saber de qué hablaba. Así pues, Karin salió disparada y bajó por las calles secundarias para llegar al puente más cercano.
No había gente. Todos estaban resguardados. Nadie salía cuando akarella aparecía. Sin embargo ahí estaba Karin. Tapando los ojos de Sarada y mirando el cielo. Fue entonces que bajó su vista y observó que había una pequeña piedra entre la arena. Tan pequeña que podría haber tenido el tamaño de un grano de arroz. Sin embargo, la observó a contra luz y se dio cuenta que aquella piedra bien podía ser una joya preciosa…
En su cabeza aparecieron recuerdos. Algunos eran borrosos pero se sentía casi de la misma manera: Ella jugando a tomar conchitas en la playa, sentada en la arena y encontrando entre todo el montonal de arena una piedra pequeña color rojo. Ella, una niña que poco sabía de la vida.
Aquella no era una coincidencia. Karin lo tomó como que era una especie de señal. Tal vez… tan solo tal vez la piedra que estaba entre sus manos fuera del mismo tipo que la que había encontrado hacía casi treinta años en el pasado.
—El cielo… dime Sarada, ¿por qué el cielo era azul?—Karin sonrió. Estaba fascinada por aquel descubrimiento. El cielo y aquella piedra "mágica"—. Muchos de nuestros predecesores se lo cuestionaron y encontraron la respuesta en la energía y en la longitud de onda. ¿No es así? Lo que se absorbe y lo que se emite. Le llamaron dispersión de Rayleigh. Pero… ¿por qué tantos colores? ¿Por qué vemos el cielo sangrante y alrededor una gama hermosa? Es… es como si hubiera un gran prisma que desviara todas las longitudes de onda y las llevara hacia el cielo…—Karin comenzó a imaginarlo. Un prisma rectangular donde solo incidía un rayo, una luz blanca, y después comenzaría a verse más y más colores debido a que ese rayo se descompuso en las longitudes de onda visibles, aquellas que podemos apreciar—… ¡Lo tengo! Sí. El cielo actúa de espejo, y lo que vemos lo rebota en nuestros ojos, por eso nos hipnotiza. Nos hace daño. Pero… ¿de dónde se genera esto? Evidentemente no es de un prisma…
Los colores.
El efecto.
La hipnosis.
—… Lo produce la tierra, la propia tierra crea el efecto de descomposición. Como si hubiera un prisma gigante dentro de la tierra y alguien le hiciera incidir una luz blanca, un simple rayo. Lo descompone en los colores principales: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul y violeta. Y después es como si lo que está en el cielo rebotara a nosotros mismos. ¡Claro! Todo tiene sentido. Pero…—Miró hacia la piedra que sostenía en uno de sus dedos—, ¿será posible que esto pertenezca al gran prisma de la tierra?
Así fue como Karin llamó a ese curioso efecto como Prism. Era tan solo una suposición…
… Una mera intuición.
—Ey, zanahoria—Aquel que se decía ser su ayudante estaba buscándola, detrás de él iba caminando Juugo—. Te estuvimos buscando, saliste como loca corriendo. ¿Qué te ocurre?
Karin enmudeció. Se sorprendió a sí misma de que ellos estuvieran ahí, y sin ser afectados por akarella. Supuso entonces que algo estaba pasando pero no quiso expresarlo enfrente de ellos así que decidió tranquilizarse.
—¿Ustedes que son, ah? ¿Mis perros o mis verdugos?—Rodó sus ojos con molestia, no sin antes, guardó en su bata aquella pequeña piedra. Sintiendo que Suigetsu, el sujeto raro de cabello blanco, la miraba de forma burlona—, ¿qué, tengo monos en la cara o qué te sucede? Que impertinencia. Soy una doctora, no una nana. Bastante tengo con…
…¿Sarada era realmente una molestia? Negó y se arrepintió de haber dicho aquello.
—¿Bastante tienes con qué, zanahoria?—pero al notar el semblante serio de ella decidió no decir más.
—Necesito hablar con el Mayorl Kakashi—Karin caminaba dejando en la arena huellas de sus zapatos—, hay algo importante.
—Vaya. Yo creí que de verdad eras una doctora. Ese grado se respeta mucho por aquí, pero lo único con lo que me encontré fue con una loca que solo lee artículos en computadora. ¿Qué no sabes otra cosa?
Karin frunció su ceño.
—En realidad yo nunca tuve una educación propia—Pasé casi todos mis años siendo probeta de miles de experimentos más. Fui el conejo humano que estudiaron para conocer el secreto de la aguja del sol y del genoma humano.
—¿Escuchaste, grandulón? Ella no es una doctora de verdad. Es una impostora, como todos en BIOMEDICS-R. No sé porque me trajeron aquí. En principio. —Suigetsu bostezó con aburrición mientras entraban a la puerta principal y les hacían una revisión así como un minucioso análisis. Él pasó. El "grandulón" también.
Sin embargo, Karin fue detenida por una mujer de ojos perla. Quién le negó al acceso.
—¡Eh! ¿Ahora qué?
—No puede pasar—indicó sin muchos ánimos—el bebé sí, pero me temo que debe ser usted retenida para inspeccionarla—Karin frunció su entrecejo y le entregó a Sarada al más grande de sus "ayudantes", el grandulón ya que no confiaba para nada en Suigetsu—¿Por qué no puedo pasar? Soy doctora. Soy Karin—señaló su identificación a manera de ser reconocida—, ¿por qué no puedo pasar, eh?
—He detectado niveles altísimos de metales pesados en usted. Como si estuviera intoxicada. ¿Acaso se acercó a?… ya sabe dónde.
El rostro de la mujer de ojos perla era de mera preocupación. Parpadeó un par de veces y anotó algo en una libreta. Karin, por su parte, abrió sus ojos con sorpresa.
—Crucé algunas calles, hasta el puente de abajo. El bebé no tiene nada, y mis ayudantes tampoco.
—Algo debió haber ocurrido—dijo la mujer—, sus niveles de hierro y cadmio están por las nubes. ¿Se siente bien?
—Por supuesto que sí—Karin abrió sus labios para seguir reclamando pero entonces recordó esa pequeña piedra… ese pequeño descubrimiento—. Soy doctora, así que… supongo que me pueden traer algún material para que yo haga un análisis, ¿no?
La mujer, aquella cuyo nombre era Hinata Hyuga según su identificación de personal. Hinata frunció su ceño y notó como Karin tocaba la bolsa inferior de su bata. Aquello se le hizo particularmente extraño, así que se acercó a ella de un solo pasó y esculcó entre sus bolsos. Karin no hizo ningún intento para retenerla y en cambio solo bufó, ante la atenta mirada de sus lacayos y de Sarada, quién solo hacía pequeños mohines.
—Oh bueno, puedo explicarlo—Karin rodó sus ojos y bostezó. Hinata tomó la muestra e inmediatamente la dejó caer al suelo. Su mano comenzó a temblar. Karin observó aquello con cuidado, al tiempo que la piedra sonaba contra el azulejo—, carajo… ¿qué te pasó?
La mano de Hinata comenzó a enrojecerse. Fue entonces que ella comenzó a asustarse. Karin se acercó y observó algo… era una quemadura que abarcaba las yemas de los dedos y las palmas, las zonas en donde Hinata había tomado a la piedra.
—¿Te duele?
—¿De dónde sacó eso?—Hinata dirigió su mirada hacia el suelo, señalando indirectamente a la piedra, su voz sonaba trémula mostrando que claramente estaba asustada.
—La encontré en mi caminata y decidí que sería bueno analizarla.
—Sea lo que sea… no es normal.
Karin alzó sus hombros aburrida, pero para ese momento la mujer frente a ella emitió un gritito de horror que la azoró.
—¿Qué?
Fue entonces que sintió como de su nariz comenzaba a salir sangre. Todo se sentía diferente, su cabeza daba vueltas, de la nada vio como la mujer frente a ella gritaba y llamaba a algunas personas. Lo último que alcanzó a ver fue a Juugo y a Sarada en sus brazos. La pequeña la miraba curiosa.
Después de eso… no sintió absolutamente nada
/. . . (2). . ./
El continente perdido: Uzugari
[1945. Continente de Uzugari]
"Vienen de una región en donde las personas no se preocupan por algo tan banal como el tiempo. De un país en donde la gente nunca envejece a menos que salgan a las superficies. Ellos vienen de un continente flotante, que se mueve a la deriva en el Mar de Mármara…"
Karin jugaba en la playa. Agarraba conchitas de mar y las metía en su vestido color rojo. Sus amigos corrían y dejaban en la arena las pisadas, aquellos pequeños pies que se hundían en la arena y que dejaban huella.
Sin embargo, ese día fue particularmente interesante pues encontró una pequeña piedrita roja cerca de la playa. Era muy diferente a todo lo que hubiera encontrado en la playa con anterioridad. El color rojo intenso de esa piedra preciosa provocó que sus ojos quedaran hipnotizados por la belleza. No supo si se le quedó mirando por horas, o minutos. Pudiera ser incluso que solamente hubieran pasado segundos pero lo cierto era que se había quedado prendada de aquella joya, o al menos eso creyó que era.
De color rojo y brillante, tan suave al tacto y a la vez tan fría. Una simple belleza.
Fue entonces que antes de que se pusiera el sol en el horizonte escuchó el cuerno de "Urón". Aquel que solo ocupaba el Rey de la Isla del continente de Uzugari. Inmediatamente sus amigos dejaron la playa y en general, todas las personas que estaban ahí a esa hora se marcharon hacia la plazuela principal. A Karin aquello le causó extrañeza pues era muy raro que el Rey Atabata Uzumaki hiciera sonar el cuerno de Urón. Se usaba generalmente para anunciar alguna buena celebración y en muy contados casos una amenaza de guerra.
Aunque… quizá no debería ser tan extraño. En el mundo de aquellos que contaban el tiempo, habían pasado unos diez años desde que los invasores conquistaron una de sus Islas: Las Marakenas.
En realidad, Uzugari era un archipiélago rodeado de islas, en conjunto todas esas islas se llamaban Marakenas y entre todas ellas sobresalía la capital, aquella que denominaban Uzugari. Sin embargo, los invasores habían tomado ya un conjunto importante de sus islas y ellos las proclamaron como suyas. El Rey, en un intento desesperado por mediar la paz hizo un tratado con aquel hombre que lideraba la misión de conquista y ofreció a su hija como ofrenda.
El pueblo de Uzugari había quedado sorprendido por aquel atrevimiento, pues en sus cientos de miles de años de historia ninguna persona había osado salir de sus islas. Todo mundo vivía feliz y en armonía, nadie había roto ese equilibrio hasta que ese hombre conquistó algunas de las Marakenas.
La hija del Rey, Kushina Uzumaki, fue ofrecida para mediar la paz. Desde ese momento no se volvió a saber de ella. Muchos afirmaban que no podía sobrevivir. Que era imposible que alguien de Uzugari pudiera vivir en el mundo exterior, en ese en donde las personas dedicaban su vida a contar el tiempo. No eran como ellos, ellos que no se preocupaban por algo tan banal. Ellos eran eternos, crecían lentamente y vivían por generaciones eternas.
El Concejo, no estuvo de acuerdo con la decisión del Rey. Sin embargo, de momento ese "tratado" débil de paz funcionó, pues no se habían acercado más a sus Islas.
O al menos hasta ahora…
El cuerno de Urón seguía sonando por toda Uzugari. Las personas comenzaron a amontonarse en la plazuela central. Había cientos de miles de personas, tantas que Karin no sabía por dónde avanzar. Ella que apenas era una párvula. Los más ancianos y eruditos estaban hasta el frente y aquellos que eran adultos estaban cerca de los eruditos para empaparse de su sabiduría.
—Demonios, Karin…
Entonces, sintió como alguien tomaba de su mano y la alejaba de toda esa multitud de personas.
—Na-Nagato—Karin abrió su boca con sorpresa y chilló de alegría. Le dio un efusivo abrazo, ante la renuencia de él, de uno de sus primos—, pensé que estarías con los adultos.
Nagato alzó sus hombros y siguió avanzando con Karin, la condujo a un lugar menos lleno de personas. Había sido un milagro encontrarla, al menos entre toda esa multitud. Entre tantas personas con el mismo color de cabello. Porque si algo tenían ellos es que todas las personas tenían ese color rojo en sus cabellos. Era una cualidad de ser habitante de Uzugari.
—Te había estado observando en la playa—confesó, una vez que se hubieran alejado de la multitud de personas. La llevó hacia una torre alta y ahora ahí se encontraban mirando desde las alturas a toda la multitud—, te seguí pero por un momento te perdí de vista y creí que no te vería entre todas las personas.
—No respondiste mi pregunta—Karin hizo un puchero, que le pareció muy tierno a Nagato—, ¿qué está pasando, primo? ¿Por qué está sonando el cuerno de Urón?
Nagato llevó sus manos a la cabeza y suspiró. Su rostro se deformó por uno de angustia.
—Ellos, han regresado.
—¿Qué?—Karin abrió su boca con sorpresa y agitó a Nagato para exigirle la verdad. La diferencia de estaturas era abismal, pero aun así hizo un intento por causarle algún impacto en su humanidad—, ¡dime!
Nagato le hizo un ademán para que guardara silencio. De fondo, el cuerno de Urón seguía sonando cada vez con más intensidad. La plazuela estaba llena de personas, posiblemente todo el continente estuviera ya reunido.
—Los del exterior han comenzado una guerra… los del continente de Allegria—Nagato se agachó para quedar al mismo nivel de Karin—. Los centinelas han observado que los barcos de ese país… de Braznia se acercan.
—¿Braznia?—Karin trataba de recordar, en algún momento había escuchado ese nombre—. Ah, sí, los conquistadores. ¿Son los que tomaron a nuestras Marakenas?
—Ellos mismos—Nagato apretó sus puños de coraje. Recordar que habían sido conquistados le hacía crispar—. No nos dicen mucho los eruditos pero yo ya tenía conocimiento de que el Rey daría un comunicado hoy mismo. Es posible que se desate una guerra.
—¿Guerra? Pero… nosotros nunca hemos tenido una guerra.
—Lo sé. El Concejo lo sabe. Todos lo sabemos. Si existe una guerra, nosotros perderemos. Pero más que perder, no podemos permitir que nos roben…
—… ¡la aguja del Sol!
Karin abrió sus ojos con sorpresa y llevó su mano a la boca. La aguja del Sol era eso que los mantenía vivos. No era ningún secreto que ellos habían vivido demasiado tiempo en el Universo. Que por eso mismo, los antiguos habían decidido que ellos no deberían salir nunca al mundo exterior y que por ello los habían encerrado en un mar peligroso y de neblina, para protegerlos de las bestias del exterior… porque de forma segura, si ellos sabían de su fuente de vitalidad la robarían y…
—Na-Nagato—Karin abrazó a su primo, con mucha fuerza—. ¿Ellos quieren conquistarnos por la aguja del Sol?
La aguja del Sol… la causante de que ellos vivieran por muchos años sin parecer ancianos. La que provocaba que el tiempo se detuviera biológicamente en ellos.
—No lo sé… esos seres no creo que sepan de la existencia de la aguja, ellos lo que quieren es el petróleo.
—¿Petróleo?—Karin frunció su ceño—, ¿qué es eso?
—Ellos le llaman petróleo, pero para nosotros es la makará, nuestro combustible que mueve esta gran isla.
—Espera… ¿Ellos quieren la makará? ¿Por qué? ¿Por qué es tan importante?
—No lo sé, los del mundo exterior tienen unas ideas bastante extrañas. Lo poco que sé es lo que me ha contado el Capitan Atana.
—¿El que conoció al hombre que conquistó las Marakenas?
—Sí. Él nos ha contado todo cuanto sabe.
El sol poco a poco se estaba poniendo. Karin se atrevió a mirar el horizonte, a ese cielo naranja con tintes rojizos. La playa lucía tan en calma, las olas se movían con suavidad. Se le hizo de repente un nudo en la garganta y de sus ojos salieron lágrimas.
—Nagato, ¿puedes llevarme con mamá y papá? Tengo miedo.
Nagato asintió. Fue en ese momento que se escuchó la voz del Rey. Los dos se pusieron en posición de alerta y se silenciaron. Un silencio vil inundó la torre y debajo de ellos, a la plazuela. En donde las personas se miraban entre sí confundidas y algunos más con miedo.
—Querido pueblo…
El Rey caminaba con un bastón. Detrás de él se encontraba todo el Concejo de ancianos y algunos de los más altos mandos del ejército, entre ellos el Capitan Atana.
—… Tiempos difíciles se avecinan. Nunca hemos salido a la superficie porque claramente nuestro lugar está aquí, con nuestra propia gente. Se nos concedió cuidar la aguja del Sol y a cambio tendríamos vida eterna. Así ha sido por generaciones y no podemos cambiar nuestro destino. Sabemos que no podemos ganar la guerra.
Ante aquella declaración las personas soltaron abucheos y bramidos. Karin se encogió y escondió detrás de su primo. Él tocó el cabello de ella para tranquilizarla. En el fondo, él estaba igual o más nervioso.
—¿No podemos ganar la guerra?—Karin bajó su mirada y siguió llorando—, ¿qué significa eso?
—… He recibido una trágica noticia. Una carta. Como todos saben, mi hija fue dada en nombre de todo el continente para mediar la paz. Muchos estuvieron en desacuerdo con mi decisión, incluso llegué a odiarme por ello. Por sacrificar a mi propia hija. Déjenme confesar que ella vivió, como cualquier de nosotros sin embargo… Al estar lejos de la aguja del Sol ella envejeció rápidamente. Pero esa no es la noticia que hoy he querido decir, sino que ella ha sido asesinada.
Nagato frunció su ceño. Fue en ese momento que observó que junto a ellos había un hombre, uno de cabello diferente al de todos: su piel su porte, su complexión. A leguas se notaba que era extranjero. Apareció junto al Rey, e hizo un saludo a la multitud. Todos se silenciaron ante aquello. Lo miraron con curiosidad e hicieron muecas de desconfianza.
—Mi nombre es Jiraiya, y vengo de Braznia…
=ACOTACIONES=
(*) "Those were the days" de Mary Hopkin.
(**)Hace referencia al capítulo VI del primer arco "El sillón rojo".
N/A Realmente ha sido muy hermoso escribir este fic, antes que nada creo que estoy pensando seriamente hacer un mapa de las ubicaciones de las distintas ciudades. Ahora se ha introducido un nuevo continente: Uzugari, pero, ¿qué hay detrás de ese continente? Vanquish no es una historia lineal, no quiero llevar una sola trama, sino que quiero dar un desarrollo más complejo a las situaciones, personajes, conocer más acerca de su historia. Desde luego, este fic es Universo Alterno, por ello es importante aclarar muchas cuestiones para no caer en la confusión. Es la primera vez que hago un manejo tan extenso de la historia, pero creo que ahí vamos.
Agradezco todo su apoyo, todos y cada uno de los comentarios que han hecho. Es muy lindo leer su opinión y que opinan respecto a este fic.
¡Son los mejores lectores del mundo mundial! Gracias a todos.
Si les gustó, no les gustó, sean libres de comentar.
P.D ¿Qué pasará con Narutooo? ;-; ¿Se esperaban un ataque frente a los Ignis desde ya? ¿Qué son estas criaturas?
Sin más, me despido.
No me dejen en wachado ;-;
P.D 2 Me reservo el día de la actualización pero puede que Santa llegue a sus casitas con una actualización, no lo sé... me pondré en contacto con él a ver que opina.
