Bienvenidos, aquí les traigo un nuevo capítulo.
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Capítulo 11: Primer Día En La Escuela.
Estaban de pie frente a una gran edificación, en la entrada ponía: Instituto Senju.
Sí, acertaron, estaban justo frente a la antigua escuela de Naruto; él, Hinata y Nagato habían llegado hace unos momentos. Se escuchó un sonoro suspiro.
-No creo poder hacerlo – murmuró Naruto desanimado.
Se sentía como un estúpido portando de nuevo su antiguo uniforme escolar, pantalón y chaqueta azul oscuro, camisa blanca, corbata roja, junto a unos zapatos negros y su mochila al hombro. Sintió una mano entrelazándose con la suya. Miró de reojo a quien hacía tal gesto, quien más que Hinata; ahora vestida con la falda de tablones azul oscuro, blusa blanca, chaqueta azul, medias blancas y zapatos negros, su mochila de correa atravesando su pecho.
-Vamos, Naruto-kun, sé que podrás lograrlo – le sonrió con amabilidad. Nuevo suspiro, pero esta vez acompañado de una diminuta sonrisa.
-Sí, hermanito, lo conseguirás – Nagato posó su mano en uno de las hombros del rubio y le sonrió para infundirle valor.
-No lo sé – miró de nuevo al piso.
-Vamos, confío en ti, además ya he quedado con la directora Tsunade, no puedes hacerme quedar mal – le vio con reproche recordando su audiencia con Tsunade Senju el día anterior.
****Flash Back****
-¿Naruto quiere volver a mi instituto? – una rubia de ojos cafés le miró con incredulidad desde el otro lado del escritorio.
-Sí, él quiere regresar y continuar con sus estudios si usted se lo permite – aclaró.
-¿Esto es una broma, Nagato?
-No, es la verdad. Comprendo que es algo difícil de creer, pero mi pequeño y tonto hermano ha decidido enmendar su vida y tomar un buen camino – el pelirrojo cruzó sus piernas y vio fijamente a la directora del Instituto. Ella cerró sus ojos, pensativa.
-¿Conoces todo lo que hizo Naruto antes de dejar los estudios? – Nagato puso una cara de tristeza – destruyó propiedad escolar, golpeó a Hatake Kakashi, el maestro de literatura, le gritó obscenidades a varios de los educadores, peleó con varios de sus compañeros – se miraron a los ojos – ¿pretendes que lo acepte de nuevo en mi colegio?
-Yo, yo entiendo que Naruto hizo mal – suspiró el chico – pero también debe entender que estaba pasando por una cruda etapa – la directora hizo un esfuerzo por permanecer con el rostro sereno, después de todo a ella también le había dolido la muerte de dos de sus seres queridos – desde que nuestros padres murieron una parte de mi hermano murió con ellos, o al menos quedó sepultada muy dentro de él. No piense que no me apena venir a pedirle este favor, Tsunade-sama, pero tampoco me puedo negar a hacerlo. Hace unos días mi hermanito decidió cambiar, todo gracias a que una persona llegó a su vida y le ha hecho recapacitar sobre la misma.
-¿Quién pudo hacer ese milagro? – sonaba interesada.
-Una amiga suya, es una jovencita muy noble y gentil, a quien también espero acepte en el Instituto Senju.
-No solo me vienes a pedir que acepte a tu problemático hermano, ¿sino también a una extraña? – la rubia usó un tono escéptico.
-Tsunade-sama – Nagato hizo uso de un tono de reproche y súplica – por favor.
…
-De acuerdo, aceptaré de nuevo a Naruto y también a su amiga, con una condición.
-¿Cuál?
-Naruto se tiene que disculpar con sus profesores, no me interesa tanto que se disculpe con sus compañeros, eso es asunto suyo, pero si me importa que se disculpe con sus maestros. Si ellos aceptan sus disculpas y le permiten regresar, no pondré objeciones.
-Hecho.
****End Flash Back****
Naruto suspiró de nueva cuenta. Disculparse. No se sentía cómodo haciendo eso pero, ¿qué otra le quedaba? Él se había comprometido con su hermano, sus padres y Hinata para retomar su vida y ser quien era. Otro suspiro. Oprimió con fuerza la mano de su ángel guardián.
-Está bien, vamos de una buena vez – gruñó y caminaron adentrándose en el recinto educativo.
La campana que anunciaba el inicio de las clases ya había sonado, por tanto los patios y pasillos del instituto se encontraban desiertos. Caminando de la mano de Hinata y seguido por su hermano, Naruto llegó hasta las oficinas de la señora directora del Instituto Senju. Afuera de la puerta estaba Shizune, la coordinadora académica, enfermera y asistente de Tsunade.
-Nagato, veo que si han venido – les sonrió.
-Así es.
-Pasen, ya les están esperando – miró de reojo a Naruto y su acompañante. Se sorprendió por la manera en que él sostenía la mano de la chica, parecía que eso le estaba dando valor. Tal vez no era solo su amiga. Abrió la puerta de la dirección y les cedió el paso – adelante.
-Gracias – dijo Nagato.
Entraron y vieron a Tsunade detrás de su escritorio, a ambos lados de ella estaban ubicados todos los antiguos profesores del rubio, este apretó más fuertemente la mano de Hinata, quien se quedó un paso detrás de él.
-Buenos días Nagato – saludó Tsunade.
-Buenos días.
-¿Le has hablado a Naruto sobre nuestro acuerdo?
-Si – se le quedaron viendo – y está dispuesto a cumplir con su parte del trato – sonrió.
-En ese caso, Namikaze Naruto – los ojos cafés se clavaron en el chico. Naruto suspiró y cerró los ojos, dando una inclinación, pronunció unas palabras de forma lenta pero firme:
-Profesores, les pido que me perdonen por mi actitud de hace unos meses y que me acepten de nuevo en sus clases.
El joven Namikaze estaba por jalar a Hinata y salir corriendo de aquel lugar, no aguantaba el silencio y menos se animaba a abrir los ojos.
-Yo si te acepto de nuevo en mi clase, Naruto – el chico se incorporó solo para encontrarse con la cara sonriente de su maestro de Matemáticas: Iruka – creo que es justo darte una segunda oportunidad.
-Mmm, opino lo mismo que Iruka – dijo Kakashi, sin dejar de leer el libro que sostenía.
-Me sorprende que quieras perdonar a este mocoso por el golpazo que te dio, Kakashi – rio Anko, profesora de Física.
-Digamos que entiendo cómo se sentía y se lo perdono – mencionó alzándose de hombros.
-Pues yo no le perdonaré tan fácilmente los insultos que me dijo – cruzó los brazos fulminándolo con la mirada. El rubio tragó grueso, Anko era de las profesoras más temidas de toda la escuela.
-Anko, vamos, perdónalo. Cuando te dijo eso solo era un chiquillo confundido, no creo que Tsunade lo acepte para que haga de las suyas otra vez – habló un hombre muy pálido y de aspecto raro: Orochimaru, profesor de Química – yo lo perdono y acepto.
-Si Orochimaru-sama le acepta, yo también – Kabuto, profesor de Biología, usa lentes y tiene el pelo blanco; antiguamente fue alumno de Orochimaru y, cuando se volvió profesor del instituto, se volvieron los mejores amigos.
-La juventud siempre comete imprudencias por su temprana edad, ¡pero no hay nada que un buen líder no pueda arreglar! – Maito Gai, entrenador de Educación Física, raro, de enormes cejas y peinado y traje ridículos - ¡vamos a revivir la llama de tu juventud, Naruto-kun! – hizo su típica pose guay levantando el pulgar de la mano derecha y sonriéndole enormemente.
-Nosotros también lo disculpamos y aceptamos en nuestras clases –Asuma, maestro de Informática, habló por él y su esposa: Yuuhi Kurenai, profesora de Inglés.
-Opino lo mismo, solo espero que no existan problemas – el profesor de Historia, Yamato, se le quedó viendo con una cara que espantaba a cualquiera.
-Si vamos con eso, estoy con ustedes – dijo Baki, encargado de la materia de Geografía.
-Bien, ¿Anko? – todos vieron a la única profesora que no había cedido aún.
-De acuerdo, acepto al mocoso de nuevo. Pero tiene que trabajar muy duro para alcanzar a sus compañeros, ¡y más le vale sacar buenas calificaciones! – advirtió.
-En ese caso – Tsunade retomó la palabra – Namikaze Naruto, eres de nuevo estudiante del Instituto Senju – miró a la joven ojiperla que se mantenía a un lado del chico, brindándole su apoyo – y ella es Hyuuga Hinata, su amiga y nueva compañera de clase – agregó, recordando el tercer favor que Nagato le pidiera: dejar a la chica en la misma clase que su hermano, con la condición de que así Naruto estaría más controlado.
-Un placer – reverenció la joven.
-Bueno, ya hemos perdido demasiado tiempo, ¡a clase! – ordenó la directora y todos salieron despavoridos del aula, no sin antes escuchar un "gracias" por parte de los hermanos Namikaze.
-Naruto, Hinata, síganme. Su primera clase es conmigo – dijo Iruka.
-Bien - Naruto volteó a ver a su hermano – nos veremos por la tarde.
-De acuerdo – el ojimorado caminó hasta Hinata y le tendió un celular – toma, Hinata, es por si hay algún problema. En el celular están mi número telefónico, el de la oficina y la casa y los de Jiraiya e Itachi, también he agregado el de mi hermano – la joven tomó el aparato.
-Gracias, Nagato-san.
-Hm, me marcho, cuídense – se despidió para luego irse. Cuando le perdieron de vista siguieron a Iruka-sensei hacia su salón de clases.
Al llegar entró primero el profesor. Naruto de nuevo se quedó estático, sin atreverse a entrar. Aun sostenía la mano de Hinata entre la suya.
-Cálmese, Naruto-kun – le vio, ella le sonreía con gracia y ternura.
¿Cómo no clamarse con tal gesto? Le devolvió la sonrisa. En eso escucharon al profesor hablar después de habar calmado el alboroto que se armó durante su ausencia:
-Chicos, escúchenme. El día de hoy me complace informar que se nos reintegra un viejo compañero suyo, junto con otra nueva alumna – se oyeron murmullos – por favor, pasen – llamó Iruka y Naruto se aventuró a ponerse en el marco de la puerta para luego pasar, jalando a Hinata consigo. Al estar frente a la clase mantuvo su rostro frio e inexpresivo, aparentando tranquilidad.
El salón entero permanecía en silencio, asombrado por su repentina aparición, casi pasando por alto la presencia de la nueva estudiante.
-¿Naruto? – dijo un chico de cabellos castaño y largo, mientras se llevaba a la boca una patata frita. Chouji, el gordito del salón.
-Así es, Naruto ha decidido unírsenos de nuevo y espero que le apoyen para que pueda salvar el año – pidió Iruka. Todos sabían que Naruto siempre había sido su favorito por alguna extraña razón.
-¡Por supuesto que sí, sensei! – chilló Sakura, quien se encontraba sentada a un lado de Sasuke.
-Me alegra escuchar eso, Sakura – el maestro castaño recordó a la chica – ah, lo olvidaba, ella es Hyuuga Hinata – señaló a la aludida – la acaban de transferir desde Paris. Espero que la traten bien – la joven hizo una leve reverencia, en eso la clase notó como ambos estaban tomados de la mano.
-¿Es la novia de Naruto? – inquirió Ino, una rubia de ojos azules y carácter similar al de Haruno. Al instante Naruto soltó la mano de Hinata, un leve sonrojo coloreó sus pómulos.
-No – contestó tajante – es mi amiga – anunció con la calma que pudo mantener.
-Ok, ya perdimos bastante tiempo de la clase, así que, ¿por qué no pasan a sentarse, chicos? – el ojiazul asintió y Hinata le siguió, se sentaron hasta atrás del salón, Naruto detrás de Sasuke y Hinata detrás de Sakura, a un lado de su "amigo".
Luego de eso las clases continuaron normalmente, aunque existían las clásicas miraditas curiosas, las cuales irritaban de sobremanera a Namikaze. Lo único que le mantenía quietecito y sin cometer una locura era el saber que tenía a un lado a su ángel. Eso le daba fuerza, y vaya que la necesitaba. Por fin, el timbre que anunciaba el receso se escuchó. Naruto lanzó un largo suspiro mientras guardaba sus útiles. Miró a Hinata y esta le sonrió con dulzura, él le devolvió la sonrisa, algo cansado.
-Qué bueno que hayas decidido regresar, Naruto – el chico alzó la vista y vio a Sakura y Sasuke cerca de él, tomados de la mano.
-Hmp – se levantó, tenía hambre. Caminó hasta Hinata – vamos a comprar el almuerzo, Hinata-chan – medio grupo se volvió a verles, Naruto le tendía la mano a la chica ojiblanca, ella aceptó y tomó la mano amiga.
-Sí – cargaron con sus mochilas y salieron del salón, bajo la mirada alegre de Iruka. Por instinto, Sasuke y Sakura les siguieron. Los cuatro llegaron a la cafetería del lugar, adentrándose entre la multitud.
Muchos miraban extrañados al huérfano Namikaze, en especial por ir tomado de la mano de una alumna nueva. Él aprovechó su desconcierto y avanzó hasta donde servían la comida; tomó dos charolas y sirvió algo para él y para Hinata; acto seguido pagó y se encaminó hasta una mesa lejana. Puso las bandejas en el mueble y le indicó con un gesto a su acompañante que se sentara. Comenzaron a comer.
-Esto es molesto – murmuró para que solo Hinata le oyese – no me gusta cómo me miran.
-Tranquilo, todo saldrá bien – se miraron, él soltó un suspiro. Ya había perdido la cuenta de cuantos había dado esa mañana. Escuchó la tranquila risa de Hinata
- ¿Te divierten tanto mis pensamientos? – una sonrisa asomó en sus labios. Definitivamente estar con ella era lo que le mantenía cuerdo en ese momento.
-A veces – respondió comiendo un poco del emparedado que él le comprase.
-¿Les molesta si nos sentamos con ustedes? – eran Sakura, Sasuke, Ino y Sai, novio de la rubia. Naruto los miró un momento, dudando. Otro suspiro.
-Adelante.
-Gracias – sonrió la peli rosa.
Comían en silencio hasta que cierta ojiazul no soportó más, su curiosidad ganaba.
-¿En serio no son novios? – Sakura fulminó a su mejor amiga con la mirada. No deseaba que el Namikaze se sintiera más incómodo.
-No, Ino, ella es solo mi amiga – habló Naruto tan indiferente como pudo.
-No les creo. Ya, digan la verdad – miradita pícara.
-Solo somos amigos, esa es la verdad – contestó con frialdad, comiéndose su pizza.
-Mmm.
-¡Déjalos en paz, Ino-cerda! – estalló Sakura.
-¡¿Cómo me llamaste, frente de marquesina?! – genial, estalló Ino.
-¡Ino-cerda!
-¡Repítelo otra vez y te mato, frentona! – se miraban con rayitos saliendo por sus ojos.
-¡Cerda!
-¡Frentona! – Naruto suspiró con nostalgia, no le gustaba admitirlo, pero había extrañado las peleas de ese par. Las observó, Sasuke y Sai intentaban calmarlas, vio a Hinata, ella sonreía nerviosamente.
-¡Cálmense las dos! – Sasuke había conseguido sentarlas.
-¡Hmp! – miraron a lados opuestos.
…
-Entonces, ¿ustedes no salen? – indagó Sai por su novia.
-No – repitió con cansancio Naruto.
-Eso es fantástico – se giraron, detrás de Naruto estaban Kiba, un chico de aspecto perruno y alma intranquila, con quien siempre competía, al menos en el pasado; y Chouji.
-¿Por qué? – alzó una ceja Sasuke.
-Por qué a Kiba le ha gustado Hinata – dijo sin parar de comer el castaño. La nombrada se sonrojó un poco. Algo dentro de Naruto le causó molestia.
-¡Chouji! – gritó el moreno sonrojado.
-No lo hagas problemático, es la verdad – hizo acto de presencia un chico alto, moreno, de ojos y cabellos negros, peinado con una coleta; su expresión era de total aburrimiento.
-¿Nara-san? – Hinata le miró sorprendida, aún más Naruto y el resto.
-¿Conoces a Shikamaru? – la joven solo asintió.
-Sí, él… – no podía decir la verdad, al menos no delante de tantas personas.
-Fuimos amigos en un pasado lejano – salvó el pelinegro. Shikamaru y Hinata se miraron un rato.
-No creí encontrarme con usted aquí, Nara-san.
-Es problemático, pero no pensé que tu trabajo fuese cuidar de Naruto. Había escuchado que te mandaron por fin al mundo humano, pero jamás pensé que estarías tan cerca, vaya problema.
-¿Usted también tiene a su protegido aquí, Nara-san?
-Sí, aunque es problemática.
-Me lo imagino – sonrió la joven.
-Pero tiene su lado bueno.
-¿Es así?
-Quizá debas conocerla.
-De acuerdo.
-Bueno, ahora que me lo recuerdas, tengo que ir a verla o se enfadará demasiado.
-Está bien, tendremos tiempo de sobra para hablar, Nara-san.
-Si – sonrieron – bueno, es problemático y cansado, pero tengo que irme. Nos vemos luego, Naruto.
-Claro – el pelinegro se marchó.
Kiba y Chouji se sentaron a la mesa, el segundo a un lado de Sai y el primero al lado izquierdo de Hinata, ya que Naruto se encontraba a su lado derecho.
-¿Quieren una patata? – extendió su bolsa.
-No gracias – negaron al mismo tiempo Naruto y Hinata, se vieron y sonrieron, molestando a Kiba Inuzuka.
-¿De dónde vienes, Hinata? – habló el perruno demasiado cerca de la chica, para el gusto de Naruto.
-De París – respondió con su característica sonrisa angelical.
-Wow, ¿en serio? – Ino y Kiba.
-Sí, aunque mi padre es de Japón.
-Mmm, ¿cómo conociste a Naruto? – Chouji comía y comía y comía.
-Pues…
-No tiene importancia – cortó el rubio. Aun no tenía una coartada para esa pregunta.
¿Cómo decir que se conocieron en un cementerio?
-¿No tiene importancia? – Kiba lo miró de forma extraña.
-No – Naruto lo fulminó con la mirada. Funcionó, el chico de peculiares tatuajes en las mejillas se estremeció ante el gesto.
-¡Hola chicos! – saludaron dos voces, una masculina y otra femenina, las dos con mucha energía y entusiasmo.
-¡Hola, Tenten, Rock Lee! – llegaron una jovencita castaña de ojos miel, peinada con dos chonguitos; y un tipo raro, muy parecido al profesor de educación física, solo que más joven.
-¡Wow! Era verdad que Naruto había regresado. ¡Qué bien! – sonrió ampliamente la mujer.
-¡Sí! ¡Es perfecto que volvieras, Naruto-kun! – gritó el otro.
-Hmp – Naruto se levantó y tomó su mochila, junto con la de Hinata – vamos – ordenó con suavidad. La chica asintió, algo confusa y le siguió.
- ¿Pero qué paso?
-Necesita tiempo – comentó Sasuke mientras se terminaba su almuerzo.
Kiba siguió con la mirada a la pareja, mordiendo el interior de su mejilla.
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-Naruto-kun – llamó Hinata cuando llegaron a la azotea del colegio. Su "trabajo" solo había caminado sin detenerse, subiendo las escaleras y cerrando la puerta de acceso tras ellos –¿Se encuentra bien? – estaba preocupada, el joven dejó caer las mochilas al piso y se agarró de la malla de contención, suspirando con pesadez. Algo dudosa, caminó hasta él y le tocó el hombro con delicadeza. Al instante Naruto se giró y la abrazó con ímpetu. Lo necesitaba – ¿Naruto-kun? – se preocupó más, pero correspondió el gesto.
-Lo siento, lo siento – Naruto no podía hablar, sentía que si lo hacía gritaría idioteces y mandaría todo al carajo. Solo le quedaba hablar mentalmente con su ángel, esperando que ella le ayudase y comprendiera.
-¿Qué ocurre? – Hinata acarició su espalda con ternura, intentando calmar los temblores que él emanaba.
-No puedo, es difícil. Es, yo… – fantástico, hasta en su mente le era difícil expresarse.
Que idiota era.
-Respire, Naruto-kun. Relájese y, cuando esté listo, hable – pasaron unos minutos en los que Naruto logró controlarse, más permaneció abrazado a Hinata. Tenerla cerca le hacía sentir mejor, mucho mejor.
Al sentir la respiración del muchacho más tranquila el ángel habló de nuevo:
-Ahora sí, ¿qué le ha pasado, Naruto-kun?
-Yo, no sé, es que no puedo estar cerca de ellos, de mis antiguos compañeros. Veo como me miran, odio que me miren así – apretó más a Hinata para calmarse.
-¿Cómo no le gusta que le miren?
-Con pena, con curiosidad, con recelo, con, con compasión – murmuraba con la voz ronca por la frustración y la naciente ira.
-¿Por qué?
-Porque, porque me recuerdan todo el tiempo que ellos, mis, mis padres, que ya no están conmigo – unas lágrimas resbalaron por las morenas mejillas y Hinata sintió como mojaban su cuello y ropa. Acarició con cariño los rubios cabellos – me recuerdan que están, que están muertos – un sollozo escapó de su garganta, junto con una clara maldición.
No lo resistió más.
Llevaba tanto tiempo conteniendo sus penas, llorando solo en silencio, sin podérselas decir a nadie, y ahora que se desahogaba no resistía el impulso de llorar. Era patético, sumamente patético. Él, el gran Naruto, llorando como un niño pequeño que tiene miedo, porque eso era lo que él sentía: miedo, mucho miedo. Miedo de no poder, de volver a tomar malas decisiones, miedo a herirse de nuevo y a herir a los que estaban a su alrededor, sobre todo sentía miedo de volver a quedar solo. Tener a Hinata, su ángel guardián, cerca le aliviaba y lo hacía sentir en paz, tal y como se sentía cuando estaban ellos.
¿Qué sería de él cuando ella se marchara? La estrechó con más fuerza, empapando la ropa femenina con su dolor.
-Nunca estará solo, Naruto-kun, no tiene nada que temer. Nada – le dijo con su dulce y cálida voz – tampoco debe temer por lo demás, le aseguro que todo saldrá bien – se separó un poco de él, poniendo sus manos en las mejillas poseedoras de esas extrañas marcas, limpiando con sus dedos las lágrimas provenientes de los zafiros – mientras yo esté cerca, mientras tenga amigos y familiares que lo quieran, jamás, jamás estará solo – sonrió – en cuanto a la escuela, sé que lo conseguirá. Después de todo, usted es El Gran Naruto, ¿no? – el rubio abrió los ojos con sorpresa.
Las lágrimas dejaron de fluir y fueron sustituidas por una sonrisa, una enorme sonrisa.
-¡Tienes razón, Hinata-chan! ¡Y soy el Gran Namikaze Naruto! ¡Y nunca me rendiré! – gritó con los ojos llenos de decisión, sintiendo como se libraba de otro gran peso.
Ese era él, ese si era Naruto; el tonto, impulsivo, alegre y terco. Sí, ese era él. Hinata le sonreía con los ojos cerrados, nuestro joven no resistió y estiró sus manos, poniendo una sobre el rostro del ser celestial y tomando su mano izquierda con la otra.
-Gracias, Hinata-chan, realmente eres mi ángel guardián, el mejor de todos – la joven le miró con alegría. Sintió la mano de Naruto acariciando su rostro, un leve sonrojo cruzó por sus blancas mejillas, ¿por qué de pronto el corazón le latía un poco más rápido?
-Por nada – estrechó la otra mano de él. La campana que anuncia el fin del receso los sacó de sus pensamientos – creo que es hora de volver.
-Sí, vamos – Naruto recogió las mochilas del piso y se las puso al hombro.
Hinata le detuvo un instante y limpió todo rastro de lágrimas de su rostro. Al terminar Naruto la tomó de la mano y fueron hacia su siguiente clase. Sí, ya se sentía mejor y se le notaba. Llegaron al laboratorio de biología, abrió la puerta.
-Naruto-kun, que bien que nos honres con tu presencia; al igual que usted, señorita Hyuuga. – habló con su voz de siempre el profesor Kabuto, viéndoles y dejando de pasar lista.
-Perdona el retraso, sensei, pero le estaba mostrando la escuela a Hinata-chan y se nos ha hecho tarde – todos le vieron y se asombraron al ver una sonrisa en el rostro de quien pasara a ser el chico más frio del colegio.
-Oh, bien, siendo ese el caso, pasen. Tendrán que sentarse juntos, pues todos los demás ya tienen pareja.
-No hay problema – entraron, prácticamente Naruto jalaba a Hinata, se sentaron en la última mesa de laboratorio disponible, detrás de la mesa de Sakura e Ino.
La rubia no dejaba de lanzarles miradas, Sakura intentaba que se mantuviese callada.
-Bueno, continuemos con la lección sobre botánica de la clase pasada, abran sus libros en la página 157 y pongan atención – la clase y el día siguieron su curso con una pequeña variante a la mañana: Naruto no borró de su rostro esa pequeña sonrisa con la que entro al laboratorio de biología.
Esa sonrisa tan típica de él en los viejos tiempos.
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daniela hervar: jajaja, las Chicas Superpoderosas, no lo vi así. Más adelante se resolverán esas intrigas.
Akime Maxwell: gracias por tener paciencia, espero que este episodio te agradara.
Bien, tuve algunos problemas para subir el capítulo, pero lo logré al final.
Intentaré subir otro pronto, aunque creo que está bien actualizar poco a poco pues esta historia no está terminada y la escribo con calma.
Gracias por su tiempo.
Nos leemos en otra ocasión.
