Just On The Same Path
Notas de la Autora: Hoy no hay mucho que comentar... Simplemente lean y disfrútenlo XD
Rinoa Haatirii: Y yo pensando que por haber colgado el capítulo cuando ya no estabas esta vez no serías la primera en reviewear... y mira tú para quien es la primera contestación XD Tengo algunas teorías más sobre cómo funciona la magia de las brujas y como funciona la que pueden usar los humanos... En fin, ya iré poniendo más cosillas XD aún necesito documentación, que hace mucho que jugué a esta maravilla por última vez v.v En cualquier caso, ahí tienes un poco más de lo que pasa con todo el mundo! =D
rinoaangelo: De Laguna ya irás viendo cosas, a Selphie más te vale animarla que le queda mucho que hacer a la pobre XD Y sobre Irvine... atenta a los lugares llenos de ladroneeeees (8)
nancyriny: Antes de que empiece lo bueno entre Rinoa y Squall tienen que terminar de ver como son los dos XD Pensad que no se conocen! Pero ya lo harán ya XD
deidara-rock: Un perro muerde MUY fuerte... pero lo peor viene cuando dar un tirón para apartarte de él, porque la carne se suele desgarrar. El perro no suelta si no quiere XD Además! La boca de un perro está llenita de bacterias! Si alguno te muerde hay que andar con cuidado por las infecciones! (Y esto a que viene? XDD) En fin, de Laguna ya iréis viendo un poco más adelante ^^
Squall: OMFG! (pero qué mal hablada soy v.v...) un review de Squall o.o Preguntaste si para hoy estaría el 11 y juro que he hecho todo lo posible para que saliese antes! Pero me entretuvieron unos doujinshis llenos de muchachas desnudas y cosas por el estilo... en fin v.v Tienes razón, sé lo que piensas XD Por eso mismo espero que te guste como ha terminado la cosa ^^ (No... al final que Squall se girase y matase a Rinoa justo antes de que le bajase los pantalones para escapar de la situación de manera honrosa no ha sido posible v.v... La otra Rin me mataría, que más o menos sabe por donde vivo XD)
Hikki: Quedaría ridículo dejar que Squall se quede con esa marca en el trasero verdad? v.v... No le haría justicia ninguna al pobre personaje... No podía permitirlo, no? Así que es inevitable que Rinoa le baje los pantalones y le eche una mano (o dos) con ese asunto de su dolorida nalga... Qué maja ella v.v
CAPÍTULO XI: PORQUE SON UNA AMENAZA.
Cuando decidió escapar de palacio tenía ciertas posibilidades de morir, a día de hoy sentía que las tenía todas.
Squall caminaba en silencio tras Boko, mientras Rinoa se balanceaba sobre el inmenso animal, con la mirada clavada al frente. Hacía algo más de una semana que habían partido desde el Solitario, y cada vez estaban más cerca de su objetivo, los acantilados que había más allá de las cordilleras que rodeaban Dollet.
Y todo había sido por culpa de aquella muchacha.
Squall se sintió mal en cuanto aquel pensamiento cruzó su mente, y sacudió su cabeza un par de veces intentando sacarlo de allí. No era justo que le echase las culpas a aquella chica, de no ser por ella él estaría muerto.
Rinoa podría haberse callado, podría haber acatado la sentencia de su padre y haber mirado hacia otro lado mientras él era llevado hasta la horca. Bien podría haber vivido con aquel pequeño secreto sobre sus espaldas, el haber ocultado la verdad para salvar su propia vida.
Al fin y al cabo había sido él quien se había declarado culpable de toda falta cuando la princesa contó ante el rey su versión de los hechos.
Pero no lo hizo. Rinoa reconoció su culpa y cargó con el mismo castigo que le habían impuesto a él.
Aunque podía imaginar qué la había movido a hacer algo así, el hecho de que él mismo estuviese allí en aquel momento, pensando en todo lo que había hecho, incapaz de creerse aún que hubiese traicionado al rey al que había jurado lealtad por salvar a una mujer que realmente no conocía.
En el caso de la muchacha era lógico que sintiese pesar por mandar a un hombre inocente hacia su muerte, ella había mentido y él no merecía cargar con un castigo que le habría pertenecido a ella, pero ¿y en su caso? Él no tenía por qué inmiscuirse en los problemas de la princesa. Por muy injusta que le pareciese la decisión que el rey tomó en cuanto vio que era una bruja él no tenía por qué ayudarla. Haciéndolo se había convertido en un cadáver que se mantendría en pie el tiempo justo hasta que cualquier persona lo encontrase.
- Podemos cambiar cuando quieras – le dijo ella sin girarse siquiera.
Lo que Squall había aprendido en aquellos días, era que la joven heredera de Galbadia no parecía ser tan tranquila y amable como le había hecho creer durante todos aquellos años. Se enfadaba fácilmente, no desistía así como así en sus intentos por comenzar conversaciones triviales y sin sentido, y en general, no parecía tomarse nada demasiado en serio.
Rinoa se giró hacia él y lo miró por encima del hombro, esperando que le contestase.
- Estoy bien, no os preocupéis – fue lo que contestó.
La joven bruja frunció el ceño, y se volvió de nuevo hacia el frente.
Lo poco que había conocido a aquel muchacho había marcado una profunda impresión en ella. Parecía mucho mayor de lo que realmente era, siempre serio y justo, todo lealtad y nobleza cuando se dirigía a su padre. Sin embargo cada día que pasaba a su lado le parecía más gruñón y malhumorado.
Angelo trotaba felizmente junto al chocobo, y Rinoa lo miró sonriendo. Al menos tenía un compañero de viaje conocido y en quien podía confiar a ciegas.
- Pararemos aquí mismo – dijo Squall al cabo de unos minutos. Boko se detuvo en cuanto lo oyó, y Rinoa miró a su alrededor.
Se encontraban en un amplio claro en el camino, aún sobre aquella gran cordillera, y Squall se acercó a una zona que había al a derecha, donde la tierra se desnivelaba formando una pared de algo más de un metro que les serviría como cortavientos.
Acamparon en menos de cinco minutos, y Rinoa se entretuvo en encender una pequeña hoguera, como había hecho cada noche.
Poco a poco habían llegado a una especie de acuerdo de tareas sin llegar a discutirlo del todo. Acampaban al anochecer, en el lugar que Squall escogía. Él desaparecía durante una media hora, mientras buscaba algo para comer, y Rinoa amontonaba en el suelo los restos de arbustos que Squall había ido recogiendo en el camino y que iba atando tras la silla de montar de Boko para encenderlos. Después daba algo de agua al chocobo, y también a Angelo, y se sentaba pacientemente junto al fuego mientras esperaba a Squall.
Comían lo que hubiese encontrado, cocinándolo sobre la hoguera. Daba igual que fuese carne, pescado, o algún fruto o tubérculo. Aún les quedaba algo de carne ahumada y en salazón de lo que Zell les había proporcionado, pero Squall le había dejado bien claro que les sería más útil guardarlo para situaciones más complicadas, aunque no le había dado demasiados detalles sobre qué situaciones podían ser aquellas.
En aquella ocasión Squall apareció con un pequeño animal ya desollado, que bien podía haber sido un gato pequeño, o una rata bien grande. Le había cortado la cabeza y las zarpas, por lo que a Rinoa se le hacía difícil averiguar qué era, y después de los dos primeros días comiendo raíces y pequeños animales que ni sabía que existían fuera de la fortaleza, empezó a dejar de preguntar.
Squall afiló la hoja de su sable y algunas cosas más mientras la carne de su cena empezaba a cocinarse y Rinoa arrancaba pequeños trozos aún algo crudos para apaciguar el hambre de Angelo, y después cenaron sin dirigirse la palabra.
No era algo extraño, ya que por mucho que lo intentase, Rinoa no conseguía mantener ninguna conversación con el comandante durante más de cuatro o cinco frases.
Pero aún así, de vez en cuando tenía que intentarlo.
- ¿Cuál es el plan? - preguntó de repente, sacándolo de sus pensamientos.
- Vamos al promontorio Holy Glory, ya os lo dije - contestó él sin más.
Rinoa lo miró con el ceño algo fruncido, sabía que se dirigían hacia allí, pero había que ser muy necio para creer que aquello era un plan.
- ¿Y después? - volvió a preguntar - ¿Qué haremos cuando hayamos llegado?
Squall continuaba clavando ambos ojos en la hoguera y masticando con parsimonia. Había pensado con tediosa cautela sus pasos, y tenía una idea aproximada de qué debían hacer después de llegar a los acantilados, pero sabía por experiencia que compartir sus planes completos con cualquier simple soldado no significaba más que complicaciones y riesgos. En aquel caso Rinoa no era uno de sus soldados, pero tampoco podía considerársela uno de sus capitanes o sargentos.
- Dices que a estas alturas nos estarán buscando en todo el reino, y que no podemos acercarnos ni a ciudades ni a la fortaleza de Deling - le recordó ella - ¿Entonces qué nos queda? ¿Vivir en una cueva para siempre?
Le había dicho hacía unas horas que llegarían a los acantilados al día siguiente, y desde entonces parecía que Rinoa comenzaba a impacientarse por el tema, así que giró la cara y la miró con el ceño fruncido por unos instantes.
- Nos quedaremos allí tanto tiempo como podamos - contestó finalmente, al cabo de un minuto.
Rinoa lo observó volver su mirada hacia la hoguera una vez más y dar otro bocado a aquel pedazo de carne.
- ¿Y ya está? - volvió a presionar ella.
Squall dejó escapar un profundo suspiro y le tendió la pata del pobre animal, totalmente roída y con más hueso que carne. Rinoa la agarró y la dejó caer en el suelo, frente a Angelo, que comenzó a dar cuenta de aquel manjar mientras movía la cola de lado a lado.
- Pasaremos allí todo el tiempo que podamos - le explicó, mientras se limpiaba las manos en el pantalón - Unas semanas, un mes... En los bosques de los alrededores y en las costas hay caza y pesca de sobras, y el arrollo más cercano queda a un par de kilómetros, pero aún así tendremos agua sin demasiados problemas. Cuando vuestro padre haya registrado toda Galbadia comenzará a buscar en otros lugares. Entonces podremos movernos con más tranquilidad. Buscar refugio en bosques o montañas, en algún sitio más cómodo.
Rinoa lo escuchaba en silencio, imaginando todo cuanto le iba narrando. Así que realmente había pensado en un plan, no estaba simplemente improvisando aquella huida.
- En cuanto los soldados del reino pisen los principales puertos y no encuentren rastro de nosotros también descartarán esa posibilidad. Volverán a Galbadia y continuarán buscando más a fondo - Se rascó la frente y cogió aire, de ahí en adelante tenían bastantes posibilidades - Entonces podremos partir hacia Trabia, Centra... hacia donde queramos. En cualquier sitio donde no os hayan visto jamás estaréis más segura que aquí. Podéis fingir ser quien queráis y comenzar la vida que queráis. Podéis...
- ¿Y tú? - lo interrumpió. A Rinoa no se le escapaba que había comenzado a hablar de ella, ya no era un plan de dos.
Squall la miró por un segundo, y después apartó los ojos hacia el suelo y se encogió de hombros.
- Puedo alistarme como soldado en cualquier otra parte, o incluso volver a palacio.
Rinoa dejó escapar un bufido molesto.
- ¿Crees que no pasará nada si vuelves sin mí? - Preguntó con incredulidad - Dijiste que nos buscaban a ambos, que te habían acusado de haberme secuestrado ¿verdad? No podrían verte llegar y aceptarlo sin más.
- Podría suplicar el perdón a vuestro padre - le explicó - Podría decir... Que me habíais hechizado...
- ¡Yo no te he hechizado! - exclamó ella con indignación. Sabía que las brujas eran capaces de doblegar la voluntad de los humanos, de hechizarlos para que sirvieran únicamente a su causa, pero ni siquiera alcanzaba a imaginar como podían hacer tal cosa.
- Podría mentirles - aclaró él - Podría decirles que no era yo mismo cuando os ayudé, y contarles que conseguí escapar de vuestro poder y mataros.
El ceño fruncido de Rinoa pasó de ser una expresión furibunda a una casi dolida. La sola idea hizo que el estómago se le encogiera.
- Si os dieran por muerta os dejarían tranquila - le explicó.
Sabía que no era el mejor de los planes, y que estaba lleno de riesgos. Podían encontrarlos en cualquier momento, salir del reino implicaba viajar por mar, y podían encontrarse con serios problemas para conseguirlo. Podrían simplemente no creerlo si dijera que había sido hechizado y que había conseguido matar a Rinoa, y aquello significaría que lo matarían igualmente, y que continuarían buscando a la princesa. Aún así, era lo único que había podido imaginar hasta el momento.
Lo poco que quedaba del desgraciado animal que les había servido de cena estaba siendo lamido y relamido por Angelo, y Rinoa lo observaba en silencio. Tal vez fuera la primera vez que el muchacho le había seguido una conversación sin oponer resistencia durante las casi dos semanas que habían pasado desde que salieron de Deling, y por primera vez no sintió que estuviese viajando con un espantapájaros.
- No sé si podría acostumbrarme a vivir en otro sitio que no sea la fortaleza – murmuró.
Squall se rascó la nuca, y continuó en silencio. Al parecer ese tipo de conversación ya no le interesaba lo suficiente como para contestar nada.
- No es como si nunca hubiese salido de palacio – continuó al cabo de un minuto – Cuando era más joven solía escaparme con Selphie, he recorrido casi toda la ciudad fuera de las murallas de palacio, e incluso hemos estado en los campos, más allá de la ciudad...
Squall recordaba perfectamente aquellos tiempos, y sabía que no quedaban tan lejos. Hacía poco que él se había convertido en comandante por aquellos entonces.
- Me tocaba a mí organizar a mis hombres para que os trajesen de vuelta – dijo en voz baja, levantando una ceja molesta.
Rinoa lo miró en silencio, y al cabo de un rato sonrió para sí misma. El comandante parecía molesto, pero sabía que no estaba enfadado. Que continuase hablando dejaba más que claro que no estaba de tan mal humor como otros días.
- ¿Por qué se las mata...?
Esta vez sí consiguió que la mirase, aunque no que contestase nada, simplemente no la había entendido.
- A las brujas... - aclaró.
Las brujas eran mujeres que habían sido marcadas por el poder de los dioses. Eran los soldados de Xian en la guerra que había librado contra los hombres. Aunque hubiesen nacido como mujeres, toda bruja terminaba por volverse en contra de los que la rodeaban. El poder de los dioses siempre terminaba por corromperlas.
- Porque son una amenaza – contestó Squall.
Rinoa no hablaba de las brujas incluyéndose entre ellas, y lo que Squall sabía de las brujas era lo que le habían enseñado desde niño. Aún así, sabía perfectamente lo que era vivir con una de ellas, olvidando a cada segundo lo que era.
- No sé por qué se las mata... - le confesó al cabo de un rato, volviendo a mirar entre las llamas – Edea es una bruja, y aún así sigue viva. Además de vosotras dos, la única bruja que conozco es Adel, y esa sí que es una amenaza...
Rinoa lo observó durante un minuto. Cuando comenzó a entender en qué se estaba convirtiendo procuró por todos los medios ocultárselo incluso a sí misma, pero ahora que los demás la habían visto claramente, no tenía sentido seguir evitando aquellas dudas y miedos que de vez en cuando la invadían. No sabía si su poder tomaría el control de su mente, si al final su destino sería realmente aterrorizar a la humanidad e intentar acabar con todos los que conocía.
- ¿Crees que podría hechizarte? - dijo al cabo de un rato, con una sonrisa malintencionada. Squall la miró frunciendo el ceño, y dejó escapar un sonoro suspiro.
Sabía que bromeaba, de repente la princesa que había visto pensativa sobre las flores en aquel patio interior había vuelto a desaparecer. Y de repente había recordado lo cómodo y fácil que era todo cuando intentaba ignorar a su compañera de viaje.
- No sé si podría... - dijo Rinoa en voz alta, observándolo mientras él se levantaba y se dirigía hacia el fardo de tela donde había colocado el resto del equipaje y agarraba las dos mantas y una de las capas.
- Será mejor que descanséis, intentad dormir y se os pasará el tiempo más rápido... - dijo mientras tendía hacia ella la mano con la que sujetaba las mantas, después de haberse echado la capa sobre los hombros.
- No tengo sueño... - contestó ella levantando una ceja – Aún es pronto, no hace tanto que ha anochecido...
El muchacho no contestó nada, sólo continuó en aquella misma postura hasta que Rinoa aceptó una de las mantas y la colocó alrededor de sus hombros. Sin embargo no llegó a tumbarse, permaneció sentada y volvió a mirar hacia Squall, sin entender por qué seguía de pie frente a ella.
- La noche estará bastante despejada... hará frío... - dijo tendiéndole aún la otra manta, esperando que aceptase las dos.
- Estaré bien, quédatela tú... - dijo ella.
Squall dejó caer la segunda manta a los pies de la muchacha, y volvió al mismo rincón en el que se había sentado al principio, algo más alejado del fuego, donde podía ver más allá del círculo que iluminaba la hoguera sin que las llamas lo deslumbraran. La noche tomó finalmente total protagonismo y Rinoa se convirtió para Squall en una leve forma amarillenta iluminada por la hoguera, junto a la que dormitaban el perro y el chocobo. Aunque podía sentir perfectamente que no le quitaba los ojos de encima.
Intentar dormir cuando no tenía sueño era algo que le molestaba, mientras más lo intentaba más se despejaba, así que podía pasar horas deseando con todas sus fuerzas quedarse dormida y lo único que conseguía era impacientarse y empeorar la situación. En esa ocasión sin embargo no le estaba molestando tanto, tenía un leve entretenimiento mirando atentamente a aquel muchacho, observándolo por primera vez desde que partieron días atrás. Seguramente no lo había observado con atención desde que lo conocía, y eso había sido toda su vida.
Era una joven realmente apuesto, pero creía entender por qué nunca se había parado a pensarlo. Aquel aire taciturno y malhumorado la ponía nerviosa. Aunque visto así, completamente inmóvil y callado, mientras sus ojos brillaban pareciendo algo más azules al reflejar la luz de la luna, no parecía dar tanto miedo.
Por un minuto sólo vio serenidad a su alrededor, no parecía aquel comandante atormentado y furioso que se paseaba por el castillo sin que nada más allá de sus hombres y el campo de batalla le preocupase.
Squall se estremeció levemente por el frío y acomodó aquella capa sobre sus brazos, cruzándola ante su cuerpo y cubriéndose de la suave brisa que comenzaba a levantarse. Un minuto después un ruido a su izquierda llamó su atención y no fue hasta que Rinoa estuvo justo a su lado que pudo distinguirla bajo la débil luz de la luna. Tenía en una de sus manos la segunda manta que le había dado y la tendía hacia él, esperando que la agarrase.
- No es necesario... - dijo el muchacho en un susurro, volviendo una vez más la mirada hacia adelante.
- En mi caso sí que no es necesario... - dijo ella levantando la otra mano y colocándola sobre una de las mejillas del muchacho.
Squall se estremeció al sentir el inesperado contacto y volvió una vez más la mirada hacia ella. ¿Cómo era posible que su piel estuviese a una temperatura tan alta?
- Puedo concentrar calor sobre algo hasta que salga ardiendo... - dijo ella dejando caer la manta sobre las piernas de Squall – hacer que mi temperatura suba o baje un par de grados tampoco es ningún problema...
Se giró y volvió a acurrucarse junto a Boko. Squall por su parte se quedó mirando la manta que descansaba sobre sus piernas, la cual guardaba aún el calor del cuerpo de la muchacha, y sólo por curiosidad se quitó uno de los guantes antes de agarrarla.
Era como tocar un trozo de tela que hubiese pasado horas al sol en un día de verano.
Seifer despertó con el sabor metálico de su propia sangre en la boca, algo que siempre le ocurría cuando soñaba con él.
El sol aún no había salido, y las nubes comenzaban a desdibujarse en unos tonos azul oscuro, reflejando las primeras luces del alba que se acercaba lentamente, y se incorporó de manera pesada bajo la capa que le había servido de protección durante la noche.
Habían acampado entre dos grandes dunas de arena y allí descansaban los once hombres que había organizado en su equipo, uno de los ocho grupos en que se habían dividido para avanzar por aquel lugar buscando a los fugitivos.
El muchacho se incorporó y escupió en el suelo, intentando deshacerse de aquel sabor agrio y decepcionante, la huella física que había de su parte más cobarde. Soñar con su padre era una de las cosas más desagradables que había para él, y al mismo tiempo no podía evitar sentirse agradecido cada vez que le pasaba.
Su lengua rozó la cara interna de su mejilla y sintió el pequeño corte que habían producido sus muelas al morderse, seguramente apretando las mandíbulas de pura rabia mientras recordaba el dolor durante sus pesadillas. Pero aún así estaba agradecido.
Su padre le había enseñado de la manera más dura y fría posible las verdades más grandes que jamás había encontrado en su vida. Soñar con él era poder recordar lo que era la sinceridad realmente. Aquel que es sincero hasta el punto de dejar a su propio hijo al borde de la muerte en más de una ocasión no podía merecer si no agradecimiento.
El hombre que más daño le había causado jamás, el único que lo había querido lo suficiente como para no engañarlo y llenarle la cabeza de estupideces y falsas esperanzas.
El único que le había abierto los ojos.
Tenía todo que agradecer a ese hombre, y por doloroso que fuese recordar sus palabras y golpes agradecía cada ocasión en que eso sucedía.
Para Seifer sólo había una gran verdad en el mundo, la que el viejo Seifer Almasy le había enseñado. Su padre, el hombre que le había dado su propio nombre y había puesto en él todo su empeño para que creciese siendo un ganador, uno de los fuertes, como él decía.
Así que aquel ganador no podía perder un minuto más descansando, tenía una superioridad que demostrar. Por él mismo y por agradecimiento a su padre.
Hizo despertar y puso en pie al resto de aquellos soldados y comenzó a colocar su escaso equipaje a lomos de su chocobo, mientras su ágil cerebro planificaba cómo se moverían durante el resto del día y las pocas paradas que harían para descansar hasta la siguiente noche.
Dudaba que pudiesen pasar más de dos días sin encontrarlos si continuaban avanzando a aquel ritmo, aún estando en mitad de un desierto como aquel.
Con suerte aparecerían mucho antes. Con suerte los tendrían a menos de unas horas...
Pero Seifer no barajaría la suerte entre sus posibilidades, aquel era un error que no volvería a cometer. Debía ser dueño de cada pequeño detalle que decidiese su futuro, y por eso mismo no se permitiría descansar más de lo necesario ni ir a un ritmo más tranquilo esperando que diesen con Squall y Rinoa en cuestión de horas.
Planificaría el resto de sus movimientos convencido de que sólo esforzándose por encima de sus posibilidades llegaría a la meta que se había propuesto. Sólo así le dejaría claro a aquel idiota de Squall que estaba equivocado.
Quistis se movió un par de veces bajo las sábanas de su cama antes de abrir los ojos ver la luz del sol que comenzaba a entrar tímidamente por su ventana, recordándole que otra noche más había pasado, y que debía tomar alguna decisión.
Algo se movió a su lado haciendo que la superficie de aquella cama se desnivelase y Quistis se giró sobresaltada para encontrarse con aquellos brillantes ojos verdes que la miraban con impaciencia.
- ¿Aún sigues aquí...? - murmuró levantándose poco a poco mientras Fluffy se apoyaba sobre ella e intentaba agarrarse a su cuello.
Era una de las cosas que más gracia le hacía a Selphie, aquellos seres tendían a mostrar su afecto casi como las personas, abrazándote antes que lamiendo tu cara como solían hacer la mayoría de animales de compañía. Algo que Quistis agradecía sinceramente, tener que aguantar las babas de Angelo nunca le había hecho demasiada gracia.
Sin embargo, si Fluffy seguía allí, significaba que Selphie aún no había vuelto. Había albergado la estúpida esperanza de que no tardaría más de un par de días en cambiar de idea y volver a palacio, pero en el fondo sabía que aquella cabezahueca era más testaruda que eso.
El pequeño mumba saltó de la cama y Quistis se incorporó mientras se frotaba los ojos. A su lado, sobre la mesita de noche, aún tenía la carta que el animalillo le había llevado hacía más de una semana.
- Debería deshacerme de ella - susurró para sí misma.
Edea y Cid eran los únicos que la habían echado en falta, y dos días después de no verla por palacio fueron a preguntarle qué había sido de ella. Quistis les contestó sinceramente que no sabía donde estaba, aunque mintió al decir que no sabía qué pretendía al irse. Agarró la carta, y volvió a leerla una última vez.
'Salgo a buscar a Rinny y a Squall. Llevo un puñado de trufas de Trabia, si consigues algo de información especial envía a Fluffy, me encontrará sin problemas.'
Quistis no era idiota, conocía a Seifer lo suficiente como para saber que algo no andaba bien con él, por mucho que la victoria de Adel sobre Esthar lo hubiese dejado tocado, todo aquel asunto de Squall y Rinoa eran demasiado incluso para él. Aún así, lo que no entendía era como había convencido al rey de que la solución era movilizar al ejército entero para encontrarlos. En los últimos días el castillo se había revolucionado con la noticia del secuestro de la princesa, y medio país comenzaba a movilizarse para encontrarlos. Los rumores que había oído sobre las recompensas que se estaban prometiendo le parecían absurdos, y sin Selphie no podría conseguir información más confiable hasta que volviese Shu.
- Tengo que hacer algo... - murmuró sentada sobre el borde de la cama.
