¡Buenos días! Lo sé, lo sé...pero no he podido evitarlo después de ver que estabais tan impacientes como yo...sí...este capítulo se titula "Tensión" y espero que lo disfrutéis ampliamente.

Mención especial a "Leylay" que me ha estado bombardeando el móvil durante toda la mañana y ha comentado religiosamente capítulo por capítulo. Ojalá tod s hagáis lo mismo de aquí hasta que vuelva a actualizar! Porque se agradece muchísimo, realmente. Así que gracias Leylay, soy fan de tus comentarios, yo opino lo mismo ;)

Gracias, como siempre, a todas las demás que comentáis desde el principio!

Me despido, ahora sí, ¡hasta la semana que viene!

Happy Easter!


Capítulo 11. Tensión

¿Pero qué le había pasado? A ella no le gustaban las mujeres. ¿Qué era lo que había sentido? ¿Por qué se había sentido así? Por un momento se sintió tentada de...se había tensado, se había acalorado...había sentido... ¿Pero cómo era posible? Se reprendió mentalmente mientras que apretó los ojos dándose la vuelta en la cama. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que había apagado la luz, pero si sabía que no había podido dejar de pensar en Emma. ¿Qué le pasaba con aquella mujer? Desde que la había visto por primera vez en su despacho la sintió...familiar...frunció el ceño.

En realidad era familiar, ya se conocían, solo que no se recordaban. Quizás había sido aquella confianza por aquella extraña situación de saber quiénes eran y el hecho de nunca haberse visto lo que había conseguido confundirla de aquellas maneras. Sí, quizás había sido aquello...Pero y lo demás, por qué la hacía sentirse de aquellas maneras. Había ido a verla porque no había podido dejar de pensar en ella. Ella no era así. No se comportaba así. No le gustaba. Y luego estaba esa...esa ¿tensión sexual? ¿Se había sentido atraída por ella físicamente? ¿Qué habría pensado Emma? Parecía no haberse inmutado, ni sorprendido tampoco, ni escandalizado si quiera...Acaso... ¿le gustarían a Emma las mujeres? No, eso no era posible, ella misma le había contado que se acostaba con Daniel de vez en cuando.

De repente sintió una punzada en la boca de su estómago. No le gustaba pensar en aquello. No le gustaba pensar en Emma con... ¿con otros? No, en realidad le daba igual, ella podía hacer lo que quisiera con su vida mientras que eso no afectase al museo. Pero si por alguna razón afectaba a sus trabajos...se le hincharon las fosas nasales...no eso no lo toleraría bajo ninguna circunstancia. Apretó más los ojos agotada de tanto dar vueltas y suspiró profundamente. Tenía que intentar descansar. Tenía que dejar de pensar en Emma. No debía darle más importancia de la que tenía. Desde que dejó a Robin no había estado con nadie más...igual era por eso por lo que se sentía así. Tal vez era su propio cuerpo el que necesitado de sexo le estaba mandando señales confusas que ella no sabía cómo interpretar. Sea como fuera no le gustaba. Aquello tenía que acabar. Tenía que dejar de tener aquellos encuentros o...lo que fuera que tuviese con Emma Swan...tenía que empezar a tratarla solo estrictamente y de manera profesional si no quería tener que preocuparse por aquellas cosas.


Durante la semana no hubo más noticias de Emma. Nadie le comentó nada y ella tampoco preguntó. Suponía que aún seguía en reposo. Se estaba acostumbrando sorprendentemente a la vida allí, y cada vez le gustaba más trabajar en aquel lugar. Aunque todo el mundo seguía teniéndole respeto, como ya estaba acostumbrada, el ambiente parecía más relajado y todos parecían haberse acostumbrado a su presencia y a su forma de trabajar. La verdad era que no tenía quejas. Todo el mundo allí era muy competente. Aunque algunos tenían sus más y sus menos...Henry la llamaba a diario para contarle sus días. Lo estaba pasando muy bien por lo que contaba. Y ella se enternecía y se alegraba por él. Robin nunca fue un mal padre, solo trabajaba mucho. En realidad, ambos trabajaban mucho. Pero no había sido un mal padre. A pesar de la tranquilidad que tenía echaba de menos a su hijo. Y aún era viernes. Aún le quedaba otra semana completa para volver a verlo. Se sobresaltó cuando tocaron a la puerta ruidosamente y ésta se abrió sin esperar a que contestara.

- ¡Sorpresa!

Era Emma. Sus fosas nasales se hincharon y Emma creyó ver cómo sus ojos se ensangrentaban. De repente la espléndida sonrisa con la que había entrado en el despacho se fue encogiendo, pero no desapareció.

- ¡Pero qué demonios está haciendo! – Saltó Regina levantándose e inclinándose sobre su mesa. - ¡Es que no la han enseñado a llamar a las puertas antes de entrar!

- He llamado. – Dijo a modo de excusa con esa horrible sonrisa de autosuficiencia en la cara que tanto exasperaba a la morena que tenía en frente.

- ¡A esperar a que le den paso! ¡Sabe perfectamente a lo que me estoy refiriendo!

- Lo siento. – Se disculpó falsamente. – Esperaba que te alegraría verme.

- Y qué le ha hecho suponer que eso sería así, señorita Swan. – Relajó el tono, aunque seguía siendo amenazador y serio.

- No sé. – Se encogió de hombros. – No esperaba un recibimiento con confeti pero pensaba que...

- ¿Deseaba algo en especial o solo ha venido a molestar? – Emma frunció el ceño. Estaba siendo altamente desagradable. Emma frunció los labios y negó con la cabeza.

- No, solo quería que supieras que desde hoy me vuelvo a incorporar, Regina. – Dijo aquello de mala gana y se giró para marcharse. A la morena le sorprendió su tono hostil. Aunque no sabía por qué, ella había sido desagradable sin razón. Tampoco era para tanto.

Regina no respondió. Se sentó en su silla e intentó relajarse. Ahí estaba otra vez aquella perturbación en su mente y en su cuerpo. En aquellos momentos se sentía mal, se había pasado, lo sabía, y sin razón. Y a la rubia parecía haberse molestado. De repente se sentía mal consigo misma. Se retrepó en su silla y se frotó las sienes con fuerza. Al cabo de un rato decidió que necesitaba despejarse. Necesitaba un café. Bajó a la cafetería. Estaba muy concurrida ese día. Había llegado a la conclusión de que allí al personal le gustaba tomar mucho café. Se acercó a la barra y no esperó mucho antes de que la atendieran. Cuando tuvo el café caliente entre sus manos se giró. Y allí estaba ella. En la otra barra. Pensativa en la misma posición que ella misma, con un café en sus manos. Se percató de que tenía una muleta apoyada en la barra. Se le encogió el estómago. Ni si quiera se había fijado en si ya le habían quitado la escayola. No lo pensó se acercó a ella café en mano con la ventaja de que Emma no se había percatado de su presencia.

- Eso no parece tener buena pinta. – Dijo sacándola de sus pensamientos.

- Emma la miró. Algo en su mirada. Parecía dolida. Se percató en que le habían quitado la escayola, pero aún llevaba una venda alrededor de la pierna.

- Eso lo decidiré yo, si no te importa.

- No deberías forzar el pie todavía. – Permanecía de pie frente a ella.

- Cómo si te importara. – Dijo Emma volviendo a dirigir su mirada a su café. Sí, definitivamente a veces se comportaba como una cría. Regina soltó una risita exasperada.

- Bien, en ese caso te he dejado unos nuevos presupuestos encima de tu escritorio. Me gustaría que les echases un vistazo. – Emma volvió a alzar la vista.

- Bien. – Su tono seguía siendo hostil.

- Bien. – Respondió Regina y se retiró sin decir nada más.

No tuvo noticias de Emma en todo el día, algo que la inquietó. Sabía de sobra que aquellos presupuestos no le agradarían en lo más mínimo. Eran más recortes a su grupo de investigación. En realidad lo había hecho para molestarla. Pero no obtuvo respuesta. A las 6 de la tarde decidió que ya no aguantaba más allí. Era viernes y aquel día todo el mundo se iba antes. Todo el mundo menos Emma, según había podido averiguar. No había podido de dejar de pensar en ella en todo el día. Estaba esperando verla a aparecer por su puerta en cualquier momento. Quería que le gritara, quería que le dijera algo. Lo necesitaba. Pero no se encontró con ninguna respuesta. Recogió sus cosas y cerró la puerta con llave. Decidió bajar por el ascensor para evitar tentaciones o encontronazos desagradables.

Condujo hasta su casa tranquilamente. Cuando llegó no podía concentrarse en nada. Así que se encontró dando vueltas como una boba. Salió al jardín y se paró frente a la piscina. Pensativa con los brazos cruzados. El ruido de la verja de entrada la sacó de sus pensamientos. Se giró sobresaltada y se sorprendió al ver a Emma que avanzaba hacia ella a paso ligero sin muleta y con unos papeles en la mano. Cerró los ojos y aspiró profundamente antes de hablar, pero la rubia le ganó la vez.

- ¡Se puede saber qué demonios es esto! – Dijo sujetando con fuerza los papeles que llevaba en su mano cuando llegó a su altura.

- Ni si quiera has llamado al timbre. – Intentó parecer calmada pero su voz denotaba hostilidad.

- ¡Dime que es una broma de mal gusto! – Ni siquiera se percató de que la había vuelto a tutear. La rubia estaba realmente enfadada. Su tono la molestó.

- No, no lo es. Esos son tus nuevos presupuestos. Haz tu trabajo y ajústate a ellos.

- Con esto no tengo ni para organizar dos expediciones. ¿Te has vuelto loca?

- Es lo que hay.

- ¿Lo haces para molestarme?

- ¿Qué?

-No le encuentro otra explicación.

- ¿Quiere una explicación? Bien, yo se la daré, señorita Swan. – Dijo encarándola e invadiendo un poco del espacio personal de la rubia que respiraba alterada al igual que la morena. – Desde que estoy aquí lo único que he visto de usted y su flamante grupo de investigación es un mísero artículo y cientos de cafés interminables en la cafetería. ¿Quiere hacer su trabajo? Bien, hágalo. Y demuéstreme que es una persona competente. Ajústese al presupuesto y si veo resultados, tal vez el año que viene decida aumentarlo. – Dijo señalando con el dedo los papeles.

La rubia se acercó un poco más tensando la mandíbula. Arrugó un poco los papeles que llevaba en la mano por su fuerza contenida. Parecía que iba a decir algo pero no lo hizo. Por el contrario murmuró un "muy bien" que a Regina le costó asimilar se dio media vuelta y se marchó por dónde había llegado y al paso que había llegado.

Emma estaba muy cabreada. Pero también perturbada. Porque la morena era tremendamente sexy y mientras discutían solo deseaba cerrarle la boca con un beso. Sabía que lo hacía para provocarla. La sacaba de sus casillas. Y esa actitud que usaba con ella, a veces cálida y a veces tan fría...Subió a su coche y lo puso en marcha. Pero cuando hubo avanzado apenas unos metros se detuvo...una ira irracional se había apoderado de ella. Ya no era capaz de pensar con claridad. Estaba muy enfadada. Dio marcha atrás y pegó un frenazo. Se bajó del coche sin pensar en lo que hacía y volvió a recorrer el camino que había dejado atrás. Dio un portazo en la verja de entrada. No le importó. Regina que permanecía como la había encontrado hacía un momento se giró para mirarla. No llegó a adivinar la expresión de su rostro. Parecía extrañada y enfadada a la vez. Se acercó lo más rápido que le permitieron sus piernas. No pensaba, solo estaba dominada por una ira irracional.

Pero lo que Regina vio fue cómo Emma se abalanzó violentamente sobre ella sin decir una palabra. Apenas le dio tiempo a reaccionar. Lo único que pudo sentir fueron los labios de Emma aprisionando los suyos con fuerza y con ansias y sus manos rodeando su cuerpo con ímpetu. Unos instantes después estaba volando por los aires de espaldas a la piscina con el cuerpo de Emma sobre ella que también caía. El agua helada despertó sus sentidos y la impactó, pero eso no hizo que el cuerpo de Emma se retirase del suyo. Al contrario.