Wowwwwwwwwwwwww y después de mil cometas pasar, varios eclipses y cercano el fin del mundol... por fin me digné a actualizar.

No tengo perdón, lo séeeeeeeeeeeee pero la verdad he estado muy ocupada y miles de excusas y no excusas que pasaron y bueno...

Aquí les dejo el capi que está largo para compensar el tiempo que no actualicé.

Que lo disfruten.


Llegamos a la universidad y tomé una gran bocanada de aire, era para tomar valor.

-Sé que no tendrás problema en manejar esto. - Edward me miró.

-Gracias.

Entramos juntos al edificio más cercano y nos separamos ya estando dentro. Fui hacia mi cubículo, no quería hablar con nadie todavía, quería estar en calma para comenzar mis clases. A unos pasos de llegar a mi cubículo, sentí el aroma de Louis. Exhalé antes de entrar.

-Hola Louis buenos días. – Traté de sonar casual.

Ella me miró y sonrió ampliamente.

-Carlisle! Qué gusto me da verte. No sabes lo que me sucedió! – Corrió hacia mí y se lanzó a mis brazos.

Fue extraño, pero su abrazo fue reconfortante, la abracé en respuesta.

– Resulta que…

No la escuchaba, sólo estaba ahí respirando su aroma, era muy diferente al de Esme, la atraje más hacia mí y cerré los ojos. Por un momento quise olvidarme de Esme, sumergiéndome en ese aroma, en ese olor a rosas frescas. Si otra hubiera sido la situación, Louis podría haberme ayudado a borrar todo recuerdo de Esme, todo rastro de ella para que ya no continuara haciéndome daño. Sin embargo, la estaría usando y eso no se lo merecía.

Me separé de ella, me había comportado irrespetuosamente.

-Me disculpo por mi comportamiento. – Ella estaba sonrojada completamente.

-No… no te preocupes. Bueno… de lo que te comenté, qué opinas? – Me miró tímidamente.

No sabía qué responder, no había prestado atención ni un segundo.

-Ah…

Sonó el timbre para el comienzo de la primera clase. Había sido muy oportuna.

-Ya me dirás luego, debo… irme. – Tomó sus notas con mucho nerviosismo, incluso se le cayeron en la mesa varias veces. Por fin pudo tenerlas todas en sus brazos y se acercó a mí. – Te veré después. – Me dio un beso en la mejilla.

Le sonreí ligeramente. Tomé unos libros y salí del cubículo para ir a mi primera clase.

La clase era para un semestre avanzado, era una práctica así que no habría tanto problema, aún no tenía muchos ánimos de dar explicaciones de ningún tipo. Iba de una mesa a otra mirando lo que hacían, trataba de concentrarme en lo que hacían, pero mi mente me traicionaba, seguía pensando en Esme.

-Profesor, se encuentra bien?

Miré hacia donde había escuchado la voz, era Charlie.

– Tom está fileteando el cadáver que su equipo tiene y usted no ha comentado nada.

Ambos miramos hacia el fondo de la habitación, efectivamente, Tom hacía algo que a los otros compañeros los mantenía alejados.

-Gracias por avisarme. – Caminé hacia la mesa de Tom.

-Profesor.

Me detuve y di media vuelta para ver a Charlie. Él se acercó.

– No se preocupe, ella lo quiere, no importa que diga todo lo contrario, al final, los dos permanecerán juntos.

Me quedé helado con lo que había dicho Charlie.

– Perdón por inmiscuirme, pero luce como yo cuando tengo problemas con Shannon. – Se rascó la cabeza y sonrió nerviosamente. – Bien, debo irme. – Regresó con sus compañeros de equipo.

Mi caso no era igual que el de Charlie, Esme no sentía lo mismo que yo, así que no había nada que hacer.

Después de reprender a Tom, terminó la clase.

Las clases posteriores fueron algo complicadas, pero salieron a flote a pesar de no haber preparados los temas, no fueron un fracaso porque afortunadamente todo era de mi conocimiento.

Al final de todas las clases, me dirigí directamente a mi cubículo a esperar a Edward, realmente estaba nervioso, vería a Esme y no sabía lo que podría suceder. Edward abrió la puerta y entró.

-Quizás es momento de, decirle adiós.

Lo miré con los ojos como platos.

- Tal vez sería bueno que nos alejáramos de ella. - El rostro de Edward entristeció. - Creo que es lo mejor.

-No puedo mentirte Edward, no podría hacerlo. - Peiné mi cabello con los dedos. - No puedo hacerlo aunque me esté destrozando por dentro. - Me dejé caer en una silla.

-Carlisle, eso es sadomasoquismo. - Edward tomó una silla y se sentó a mi lado.

-No me importa. - Lo miré. - Quiero estar a su lado, hasta que ella decida lo contrario. - Miré hacia la puerta, se escuchaban pasos. -Se acercan maestros, debemos irnos. - Edward asintió sin mucho ánimo.

Tomamos nuestras cosas y salimos del cubículo. Mientras llegábamos al auto, pensaba en lo que había dicho Edward. Tenía pensamientos encontrados, tenía razón, probablemente había llegado el momento de separarnos de ella. Ahora tenía a alguien que la podía cuidar y proteger, sin embargo, alejarme de ella era algo casi imposible, aunque al principio cuando la conocimos, sabía que teníamos que hacerlo en algún momento.

Llegamos al coche y Edward condujo, no estaba como para manejar, continuaba con mi conflicto de dejarla ir o no. No me di cuenta cuando llegamos a la casa, me llamó la atención lo que decía Esme, miré a Edward.

-Qué sucede?

-No puedo decirte con certeza, parece estar semiinconsciente.

Bajamos rápidamente del auto y entramos a la casa, seguía quejándose, toqué su puerta, a pesar de todo, no quería ser maleducado y no sabía en sí, si estaba vestida o no.

-Esme... Esme... - Toqué desesperado.

-Un momento.

Sentí un poco de alivio cuando contestó. Después de mucho, ella abrió la puerta, se veía mal.

- Carlisle. - Acercó su mano a mi rostro y me tocó, dio un paso y se derrumbó.

-Esme! - La sostuve para que no cayera, la cargué y la llevé hasta la cama, la iba a acostar pero se aferró a mí.

-No, por favor no me dejes.

Fue extraño, pero sentí que mi corazón comenzaba a latir, algo recorrió todo mi cuerpo, sentí vigor. Me sentí vivo.

-No lo haré. - La atraje hacia mí, la acomodé mejor en mis brazos y me senté en la cama, recargándome en la cabecera. Miré hacia la puerta donde estaba Edward.

-Prepara la infusión de oliva, por favor.

Edward sólo asintió, se fue y miré a Esme.

- Edward te hará una infusión y la tomarás.

-Sí, lo que tú digas. - Volvió a abrazarme, parecía aferrarse a mí, justo como yo lo hacía con ella. - Me siento igual que la vez pasada.

-Debes tener la presión baja, la infusión de ahora es diferente al té que tomaste en esa ocasión. - Toqué su brazo para reconfortarla.

Ya no dijo más, aproveché para demostrarle un poco de amor. Acariciaba su brazo y le besaba la coronilla, quería hacer más pero me resistía. Así estuve varios minutos, me sentía extremadamente bien, parecía un sediento bebiendo agua fresca después de estar en el desierto durante meses sin tomar una gota de líquido. La conclusión a la que llegué es que ella era todo para mí.

-Carlisle... te quiero.

Me congelé. Nunca creí llegar a escuchar que ella dijera que me quería, la dulzura y la sinceridad con la que lo dijo, me hizo flaquear. Separé su rostro para verla directamente. Ella abrió los ojos ligeramente, lo suficiente ver sus hermosos ojos azules, parecían sinceros. Eso me armó de valor.

-Esme, yo también te quiero.

Sonrió y alzó la mano para tocarme, tomé su mano y la acerqué a mi mejilla, cerré los ojos para sentir plenamente el contacto, todo era maravilloso.

Recorrió el contorno de mi rostro con los dedos, después tocó mis labios, eso hizo que abriera los ojos, sentí deseos de besarla. Tomé su mano y la besé, después me acerqué y besé su mejilla, comencé a aproximarme a sus labios hasta que llegué a la comisura de su boca y me separé ligeramente. Después me acerqué lentamente, mis labios hicieron contacto con los de ellas, poco a poco, sentí una extraña descarga en el cuerpo. De repente, Edward entró y me alejé de Esme. No había podido terminar de besarla.

-Está lista la infusión. - Me miraba serio, se acercó y me dio la taza que traía. Me miró acusadoramente. -No tengo excusa, me dejé llevar por la situación. – Pensé y le dirigí una mirada delatora. -Esme, bébelo, te sabrá un poco a aceitunas, es de olivo. - Acerqué la taza a su boca, pero ella no pareció gustarle la idea.

-No me gustan las aceitunas. - Hizo una mueca.

-No importa, debes tomarla. - Edward empujó mi mano para acercar la taza a Esme, dejé que ella tomara, aunque Edward presionaba más y más para que se lo tomara todo. Por fin terminó y alejó la taza y nuestras manos.

-Basta, está vacía.

Edward me quitó la taza, la miró maliciosamente.

-Qué bien, ahora ya podrás descansar tranquilamente.

El momento había durado tan poco y ahora tenía que dejarla, eso no me gustó.

-Gracias Edward, ya me siento mejor. – Ella se separó de mí y quiso ponerse de pie.

-Aguarda. – La detuve. – Estás segura de que estás mejor? – Eso sólo fue una excusa para que permaneciera a mi lado.

-Sí, estoy bien. – Sonrió. – Además, creo que ya he abusado de ti y Edward. – Nos miró. – Me acostaré y descansaré.

Si tan solo hubiera sabido que podía quedarme con ella todo el tiempo que fuera necesario, pero me resigné a dejarla.

-Permíteme. – La sostuve bien y la acomodé en la cama, ella curiosamente se sonrojó, eso fue muy adorable y tierno. – Cualquier cosa que necesites, llámame.

Ella asintió y después caminé hacia la puerta, Edward me siguió.

-Esperen.

Nos detuvimos y volteamos para verla.

– Gracias a los dos.

Le sonreímos y salimos de la habitación.

-Supongo que quieres hablar. – Miré de reojo a Edward.

-No exactamente. Quiero pedirte perdón por la interrupción, pero lo hice porque sería problemático que ella se enterara de lo que sientes. – Caminó hacia las escaleras. - Tienes razón, hay cosas que no podemos cambiar.

Me di cuenta que estuve a punto de cometer un error.

-Gracias Edward por evitarlo. – Me dolía decir eso, pero era verdad. No podía permitir que ella conociera mis sentimientos.

-Habrá sido suficiente con lo que hice y dije para que ella se enterara? - Esa interrogante saltó a mi cabeza.

-Podría responder a tu pregunta.

Me acerqué a Edward cuando dijo eso.

-Adelante. – Estaba a la expectativa.

-Por la condición en que se encontraba, estaba medio inconsciente, cree que fue… un sueño. – Alzó una ceja luego dio media vuelta y comenzó a bajar las escaleras, yo lo seguí.

-Debo seguir esa teoría y… negar todo, en caso de que ella dude. Me pregunto si era un sueño agradable o no.

Edward se detuvo un momento, creí que me respondería pero continuó bajando.

-Cierto, debes estar preparado. – Bajó las escaleras en un santiamén y se situó frente al despacho. – Debo hacer unos ensayos de la universidad y después me iré a mis clases. – Abrió la puerta.

-Te veré en la madrugada.

Sonrió ligeramente.

-Por cierto, con todo esto no te había dicho, el cuarto de música está increíble.

-Le echaré un ojo más tarde.

Me dio la espalda para entrar.

-Edward nuevamente gracias.

Se detuvo un momento y después cerró la puerta.

Permanecí en la escalera, miré en dirección hacia la habitación de Esme, como si pudiera ver a través de las paredes. Un error… hubiera sido un error besarla y el coste sería la separación inminente. Me resigné a tener como recuerdo ese pequeño contacto que hubo entre nuestros labios.

Fui a mi cuarto, me bañé y cambié, pensaba en todas las posibles respuestas a cualquier pregunta que se le ocurriera, tendría que ser muy convincente y no dejarle ninguna clase de duda. Bajé al consultorio, estando ahí, escuché llegar un auto. Se bajaron y tocaron el timbre, me asomé y era Anthony, me puse un poco tenso. Salí ante la insistencia.

-Carlisle buenas noches. Quiero ver a Esme.

No me gustó su tono de voz.

-Ella no puede atenderte en este momento.

-Por qué ella no quiere o por qué tú no quieres?

Lo noté intranquilo y desesperado.

-Anthony no soy esa clase de persona, ella está descansando debido a que se le bajó la presión.

Se tranquilizó después de la explicación que le di. Me miraba fijamente, quizás analizándome para saber si mentía o no.

-Carlisle… te pido mil disculpas. Es sólo que llamé toda la tarde y nadie contestó, además Kath mencionó que ella no se sentía muy bien. Estaba muy preocupado.

Nuevamente me demostraba su interés hacia ella.

-Comprendo, no te preocupes. – Suspiré.

-Realmente espero que no te moleste que la visite.

No entendí el comentario.

-No hay razón para que me moleste. – Mentí.

-No te creo, me di cuenta que sientes algo por ella.

No supe cómo reaccionar, no sabía cómo se había dado cuenta.

– Sólo quiero decirte que lucharé por ella, la quiero Carlisle y haré todo lo posible para que ella me quiera tanto como yo a ella.

Tragué saliva, ya no quise seguir escuchando.

-Adelante. – Logré que no se me quebrara la voz. – Ahora, si me disculpas… me retiro. Buenas noches. – Di media vuelta y caminé hacia la entrada de la casa. Edward ya estaba en la sala cuando entré.

-No lo entiendo Edward. Cómo se dio cuenta? – Estaba intranquilo.

-Eso ya no importa. Lo que te puedo asegurar, es que no le dirá a Esme.

Miré fijamente a Edward.

-Estás seguro?

-Completamente. Por lo demás… hará lo que dijo. Luchará… por ella. – Hizo una mueca. – Aún estamos a tiempo de irnos.

Me quedé pensando.

-No. No puedo, ahora están confirmadas las intenciones de Anthony y nosotros… no… lo evitaremos. Quiero que ella… sea feliz y si lo es con él… estaré tranquilo y podremos hacernos a un lado. – Respiré varias veces para sentirme mejor. – Estaré bien Edward, no te preocupes.

-Cualquier cosa, estaré en el despacho. – Me miró no muy convencido.

-Sabrás si hay algún problema. – Le sonreí ligeramente.

Caminó despacio, sin ninguna prisa y finalmente entró al despacho.

Yo entré al consultorio y caí en mi sillón, pensé en todo lo que había sucedido, comenzando con la noche anterior, la ira, el dolor, el sufrimiento de perderla, la pérdida de mi identidad al atacar a esa mujer y después la paz, tranquilidad, el amor que me hizo sentir Esme teniéndola en mis brazos y después, la declaración de Anthony; había experimentado tanto en tan sólo 24 horas. Lo que definitivamente no podía permitirme de nuevo, era perder la cabeza de tal manera que olvidara lo que realmente soy, no volverían a aflorar esos instintos al estar frente a una persona, si por alguna razón llegara a suceder, me autodestruiría.

No sé cómo pasó el tiempo, pero me llegó un aroma fresco de jazmines, miré el reloj y eran después de las 3 de la madrugada, no podía confundirme, Esme estaba despierta. Escuché sus pasos en las escaleras y cuando se acercó a la puerta, estuvo ahí sin hacer nada, no comprendía por qué no tocaba. Segundos después lo hizo, me preparé para mostrarme muy normal.

-Adelante.

Entró y le sonreí lo mejor posible. Estaba hermosa, usaba su camisón de dormir el cual dejaba al descubierto su escote pero la bata que traía la cubría suficiente para que no se notara tanto; su cabello recogido en una trenza, húmeda, me daba a entender que se había bañado, por eso olía tan fresca.

-Hola Carlisle buenas noches. - Se acercó y se sentó frente a mí. La posición en que quedó, hizo que su bata quedara holgada y por lo tanto abierta, no pude evitar nuevamente ver su escote pero rápidamente concentré la mirada a su rostro.

-Hola Esme. Me sorprende que estés despierta a esta hora.

-Yo también; había estado durmiendo en las noches, pero ahora desperté. – Encogió los hombros. – Quizás no pueda dormir bien hasta que no me disculpe con ustedes. – Bajó la mirada.

-De qué hablas? – Me extrañé por el comentario, así que me apoyé en el escritorio.

-Olvidé mostrarle el cuarto del piano a Edward y ayer te dije que regresaría y me examinarías; todo lo olvidé y ambas eran importantes.

Era tan dulce, parecía una niña confesando alguna travesura.

-Por alguna razón las olvidaste y te sometiste a presión porque no las realizaste y provocó la baja de presión. En tu estado, siempre debes estar tranquila.

No era necesario que ella se preocupara por nosotros y mucho menos que perjudicara su salud.

-Alguien de tu familia padece de problemas de presión?

Alzó la vista, no pude evitar ver el escote que ahora estaba más pronunciado debido a la posición de las manos, me desconcentré un instante pero me recuperé.

-Sí, mi madre. No creí que llegaría a tener el mismo problema de ella.

-Este padecimiento puedes desarrollarlo o heredarlo. – Esa era la razón de su problema de presión. - De ahora en adelante, tomarás la infusión de olivo todos los días y debes evitar cualquier tipo de preocupación.

No era bueno para ella y para su bebé.

-Haré todo lo posible Carlisle, aunque… ahora me sentiría mejor si te pidiera disculpas a ti y a Edward. – Bajó nuevamente la mirada.

-Debes olvidar eso, además, debo confesarte que tuve que salir de emergencia ayer en la noche, así que yo también te debo una disculpa. – Le mentí, tuve un flash back de todo lo sucedido así que desvié la mirada pero después la volví a mirar, no quería que se preocupara. – En cuanto a Edward, me ha dicho que ha quedado maravillado con lo que has hecho en esa habitación, también he de confesarte que no la he visto.

-En serio? Puedo mostrártela si deseas, ya que no pude hacerlo con Edward, lo haré contigo.

-Excelente idea. – Me puse de pie y ella también.

Nos dirigimos a la habitación, abrí la puerta para que pasara, luego entré yo.

-Qué te parece?

Miré el cuarto, realmente era una maravilla, los muebles, el acomodo, todo tal cual el diseño que nos había gustado, pero era mucho mejor que en el papel.

-Está… increíble. – Caminé alrededor del cuarto para ver todo detenidamente. – Tenía razón Edward, esto realmente es sorprendente.

-Lo hice por agradecimiento. Quiero mucho a Edward… - me miró. – y también a ti. – Bajó la mirada al sonrojarse.

Tenía que abordarla de alguna manera, para saber si me había descubierto o no.

-Lo sé. Es la segunda vez que me lo dices y te creo. – Me acerqué a ella, se puso nerviosa.

-S… sí, los quiero mucho a ambos, porque ahora son mi familia.

Con esa respuesta me sentí aliviado de alguna manera, pero también comprobé que ella no me amaba.

-Nosotros también te queremos. – La toqué del brazo y sonrió ligeramente, el único consuelo era que parte del gran amor que ella pudiera tener, nos dedicaba un pequeño trozo a Edward y a mí. – Cambiando de tema, mañana continuaremos con el estudio, te parece?

-Sí.

Salimos de la habitación y nos acercamos a la escalera.

– Buenas noches Carlisle.

-Buenas noches Esme. – Recordé a Anthony, debía decirle que había estado ahí. – Ah, por cierto, Anthony vino a visitarte. – Recordé rápidamente todo lo que había dicho.

-Gracias por decirme, mañana hablaré con él. – Dio vuelta y subió las escaleras, yo caminé hacia el consultorio. – Carlisle! – Mencionó mi nombre de tal manera que me hizo estar al pie de la escalera en un instante, esperaba que ella no hubiera notado cómo había llegado ahí.

-Qué ocurre?

-Quería preguntarte…

Tragué saliva y me preparé para lo que pudiera preguntar.

- …sucedió algo más mientras estábamos en mi habitación?

Se estaría refiriendo a lo que le dije o al hecho de que casi nos besamos.

-Bueno, sólo descansaste en mis brazos mientras llegaba Edward con la infusión; no hablamos mucho. Eso fue todo. – Traté de sonar y verme casual, para eso, me apoyé en el barandal.

-Ah bien. Te veré mañana.

Qué tipo de respuesta esperaba que le diera?

-Descansa Esme.

No se despidió, sólo dio vuelta y subió a su habitación. Me hubiera gustado saber lo que estaba pensando en ese momento.

Regresé al consultorio, pasaron las horas y no llegó nadie, probablemente tendría que cerrar el consultorio y hacer algo más para ayudar a la gente.

Edward llegó y no perdimos tiempo para ir a cazar. Todo fue muy tranquilo, Edward cazando por su lado y yo por el mío. Estaba exhausto, no físicamente, si no mentalmente. Decidí pensar en lo que haría con el consultorio y conmigo para relajarme un poco. Más tarde al reunirme con Edward tomé la decisión, cerraría el consultorio.

Llegamos a la universidad y me preparé para mis clases, extrañamente Louis no fue a buscarme, por lo general me daba los buenos días casi todas las mañanas. Yendo al salón de mi primera clase, sentí su aroma así que no me preocupé, estaba en la universidad. Con más concentración que el día anterior, di mis clases sin problemas.

Cerca del medio día acudí a la oficina del decano. Jane acomodaba unos papeles en su escritorio.

-Jane buenos días. – Le sonreí.

Al verme, puso toda su atención en mí.

-Profesor Cullen buenos días. Qué se le ofrece? – Sonrió ampliamente. – El decano no se encuentra en este momento, pero espero poder ayudarlo en lo que se le ofrezca.

-De hecho, vengo a verla a usted, no al decano.

Se sonrojó y se tocó la mejilla. Me acerqué y me detuve frente a su escritorio.

-Dígame para qué soy buena? – Despejó su escritorio de los papeles que arreglaba.

-Quisiera pedirle una lista de los hospitales de la ciudad, no importa si tenemos residentes o no. Que sea una lista completa. Podría hacerme ese favor? – Me incliné un poco para acercarme a ella. Tragó saliva varias veces.

-Por… por supuesto. Eso es algo fácil de conseguir, para cuándo la necesita? – Ella también se inclinó sobre el escritorio.

-Puede tomarse su tiempo Jane, pero si es pronto, será mejor para mí. – Me enderecé.

-Cuente con ello, la tendré lo más rápido posible, como ya le dije, es algo fácil de conseguir. – Se puso de pie y rodeó el escritorio para acercarse a mí. Escuché unos pasos y reconocí que era Louis, parecía dirigirse hacia la oficina.

-No sabe cuánto le agradezco esto Jane.

Ella iba a contestar pero entró Louis. Ambos la miramos.

– Louis.

Ella se retrajo y sonrojó ligeramente.

-Carlisle, buenos días. Si estás ocupado con Jane, puedo venir más tarde. – Dio vuelta para salir.

-No, no te preocupes. Ya terminamos. – Miré a Jane, quien tenía cara de decepción. Me acerqué a Louis, pude escuchar su corazón latir a mil por hora.

Ella me miraba fijamente.

– Te veré más tarde, por cierto… - Me acerqué un poco para susurrarle al oído. – Extrañé que no me dieras los buenos días en la mañana. – Me enderecé y volteé. – Hasta pronto Jane y muchas gracias.

-No hay por qué profesor Cullen. – Alzó la mano en señal de despedida.

Salí de la oficina y caminé hacia el salón de mi próxima clase.

Al final del día no volví a ver a Louis, algo le estaba ocurriendo, generalmente la veía varias veces al día y en ese momento, parecía estar huyendo de mí; su ausencia era algo inquietante pero controlable, quizás necesitaba de ella aunque no pudiera hablarle de mis problemas.

Me reuní con Edward en el auto, él seguía preocupado por mí aunque sabía que lo peor ya había pasado, todo eso gracias a distracciones de la mente, no me permitía pensar en lo que había sucedido. Edward manejó hasta la casa, iba tranquilo, pero al llegar sólo negaba con la cabeza.

-Qué ocurre? – Le dije mientras bajaba del coche.

-Definitivamente es todo un caso. Sigue preocupada por no mostrarme la habitación. – Puso los ojos en blanco. – Terminaré con esto de una vez.

Entramos a la casa, por el ruido, Esme se encontraba en la habitación de música, nos había escuchado y salió a encontrarnos.

-Edward… quería hablar contigo.

Edward se acercó y la abrazó, ella respondió de la misma manera.

– Quería que fuera sorpresa.

Se separaron ligeramente, ya no sentí celos, fue todo lo contrario, parecían una pareja de hermanos.

-Eso es lo de menos, debo darte las gracias por lo que hiciste. Es maravilloso y me inspira con más facilidad. – Edward se separó completamente de ella, ya le había demostrado demasiado afecto.

-Te dije que no tenías nada de qué preocuparte. – Me acerqué a ellos.

-Sigo agradeciendo por haberlos conocido.

-Nosotros también somos dichosos por tenerte aquí. – Miré a Edward y sonreímos, era inevitable no quererla.

-Quieren escuchar algo de música? He aprendido nuevas partituras de Beethoven, Bach y Mozart.

-Me encantaría! – Se veía emocionada aunque cambió su rostro. – Oh, espera. Quisiera tomar un baño rápidamente. – Vio su ropa, estaba algo sucia.

-Claro, tómate tu tiempo. Te esperaremos dentro. – Dijo Edward.

Ella subió a su habitación y nosotros entramos a la habitación.

-Me gustaría que dejara de preocuparse por cosas que no tienen importancia. – Edward se sentó frente al piano.

-Desafortunadamente, si eso ocurriera, no seguiría siendo la Esme que apreciamos. – Dije mientras tomaba asiento en el sillón que estaba frente al piano.

Edward sólo rió.

-Creo que tienes razón. – Comenzó a tocar una melodía, era suave y tranquila. – Carlisle… nunca te enamoraste?

Su pregunta me tomó por sorpresa.

– Perdona la indiscreción.

-No, hasta ahora. Mi vida había sido consagrada a seguir los pasos de mi padre. Quería terminar con todos esos monstruos para poder formar una familia algún día, pero era un sueño irreal, no tenía fin. Por lo que seguí luchando a favor de las familias y la gente que había a mi alrededor. – Traté de recordar algunos rostros de aquel entonces, pero eran muy difusos.

-Yo quería que mi madre estuviera orgullosa de mí, por eso quise entrar al ejército, me faltaban dos meses para hacerlo. Aunque… había una chica, Trisha. Era una amiga muy cercana, éramos como hermanos, no estaba enamorado de ella pero sentía algo por ella. – Continuó tocando.

-Y ahora, te has enamorado? Es alguien de la universidad?

Levantó la vista hacia mí.

-No y sí.

Supuse que contestó a mis preguntas en el orden en que las hice.

- Es sólo que hay una chica nueva y el parecido que tiene con Trisha, me perturba. Hoy estuve a punto de dirigirle la palabra, pero no me atreví. – Miró hacia la ventana.

-Bueno Edward, no tiene nada de malo que charles con ella.

-Preferiría que no. No quisiera tener problemas de… ningún tipo con los humanos. – Me miró de reojo.

Entendí perfectamente a lo que se refería.

– Sin embargo, tengo curiosidad de conocerla.

-Podrías hablar con ella poco a poco y quizás puedas calmar tu curiosidad. Mira a Louis, ella es mi amiga a pesar de que no sabe realmente lo que soy. Podrías tratar de hacer lo mismo.

Me miró por un instante e hizo una mueca.

-Creo que todavía no estoy listo para tener esa clase de compañía. No me malinterpretes, sólo que me mantengo al margen para evitar accidentes, además, no quisiera tener a alguien pegado a mí. No estoy preparado para lidiar con problemas sentimentales.

Miramos hacia la puerta, escuchamos que Esme bajaba las escaleras.

– Continuaremos después. – Dejó de tocar.

Esme entró y se sentó a mi lado. Nuevamente su fragancia a jazmines inundó la habitación.

-Puedes empezar.

Edward comenzó a tocar, ella prestaba mucha atención. Lo estaba disfrutando mucho, sobre todo cuando Edward tocó la pieza de Mozart, Invierno. Tomó mi mano y la apretó, conforme avanzaba la música reaccionaba apretando con más intensidad mi mano, disfrutaba verla, las expresiones que hacía, sus movimientos, todo era muy interesante. Un timbre me sacó de concentración, parecía venir de fuera, Edward también se dio cuenta pero continuó tocando, finalmente terminó y pudimos oír más claramente. Esme salió de la habitación.

-Había olvidado que él vendría. – Edward sólo miraba hacia la puerta, como si pudiera ver a través de las paredes.

Escuché el comentario que hizo con respecto a la música, había preguntado si era ella la que tocaba, al final, ella lo invitó a acompañarnos. Tardaron unos segundos en llegar a la habitación, al entrar, noté que estaban tomados de las manos, era la primera que los veía así, debía acostumbrarme o soportarlo, era lo mismo.

-Podría acompañarnos Anthony? – Nos miró a ambos.

Tomé fuerzas para no externar lo que sentía.

-No hay ningún problema. – Toqué el sillón para que tomaran asiento.

-Buenas noches Carlisle, Edward. Lamento interrumpir.

Se sentaron a mi lado, ella quedó en medio de Anthony y yo.

– Edward tocas excelente, cuántos años llevas haciéndolo? – Anthony se comportaba de manera normal; tenía razón Edward, no le había dicho nada a Esme sobre lo que habíamos hablado la noche anterior.

-Un par de semanas.

-Vaya! Yo practiqué desde que tenía 4 años y no creo ser tan bueno como tú. Tienes una habilidad sorprendente.

Esme y yo lo miramos, estábamos sorprendidos por el comentario de Anthony.

-Sabes tocar el piano? – Ella no pudo evitar preguntar.

-Sí, no lo he hecho últimamente y debo estar oxidado. – Encogió los hombros y habló con naturalidad.

-Podrías hacerlo ahora. – Edward se puso de pie y lo invitó a tocar. – Necesito un receso para poder continuar. – Anthony miró a Esme, le pedía permiso con la mirada, ella sonrió. Su sonrisa fue hermosa, era una pena que no fuera dedicada a mí.

-Seré algo breve. – Caminó hacia el piano y se sentó, Edward tomó el lugar de él en el sillón.

Me sentí mejor.

-Esto será difícil, gracias por ayudarme. - Miré de reojo a Edward.

Anthony comenzó a tocar, los tres pusimos toda la atención a la música. Era muy tranquila, debía reconocer que tocaba el piano muy bien. Esme lo estaba disfrutando mucho, se notaba en su rostro aunque por un momento mordió su labio y sus ojos estaban vidriosos, lo más seguro era que la música la haya remontado a algún recuerdo, tomé su mano y le sonreí. La quise soltar pero ella no me dejó, apretó mi mano todo el tiempo hasta que terminó Anthony, ella se puso de pie y aplaudió, nosotros hicimos lo mismo.

-Me alegra que les haya gustado. – Se acercó a nosotros. – Especialmente a ti. – La miró detenidamente, ella se puso nerviosa. No sabía si era de desagrado o no la reacción que tuvo.

-Bien, nosotros iremos al jardín. – Cambió el tema drásticamente, me desconcertó su reacción. – Y regresando, haremos el chequeo.

Me alegró su disposición.

-Claro que sí.

Anthony se despidió y nosotros también. Ellos salieron y nosotros nos quedamos en la habitación. Edward volvió al piano y comenzó a tocar lo que estaba componiendo.

-Podemos irnos si deseas.

Miré a Edward, sabía que no estaba totalmente tranquilo.

-No será la primera ni la última vez que venga a visitarla y creo que tengo que aprender a sobrellevarlo.

-Claro, pero tampoco te impide escuchar su conversación, por supuesto, para nosotros eso es algo inevitable. – Tenía razón, toda la conversación la podíamos escuchar claramente, a pesar del sonido del piano.

Puse los ojos como platos y miré a Edward, él no estaba tan sorprendido por lo que acabábamos de escuchar. Anthony había comentado que sus padres habían muerto, también hablaba de su vida cuando sus padres vivían y cómo era tratado por ellos; ahora entendía por qué tenía esa personalidad y seguridad de sí mismo.

-Creo que ya escuché suficiente, demasiada información muy personal que no me compete. – Me acerqué a la puerta. - Tomaré un baño e iré al consultorio, estaré preparando todo para el chequeo, espero que con eso y tu música pueda desviar mi atención de esa conversación. Quizás medite unos minutos.

-Espero que te ayude. Yo estaré un rato más aquí, luego me iré.

Asentí y salí del cuarto.

Subí a bañarme pero antes, me senté en el sillón que estaba frente a mi cama, cerré los ojos y comencé a meditar, relajé todo el cuerpo y de esa manera, todo lo que estaba a mi alrededor poco a poco dejé de percibirlo. Tendría que usar esta técnica cada vez que me sintiera perturbado, quizás debí de hacer eso cuando estuve a punto de cometer un gran error. Todo se hizo presente, lo que significaba que estaba desviándome de la técnica, me concentré nuevamente y regresé a ese estado de tranquilidad, así estuve durante varios minutos.

Me sentí mucho mejor, me desvestí y entré al baño. El agua estaba deliciosa, sentía cada gota sobre mi cuerpo, cómo resbalaban al hacer contacto con mi piel y bajar hasta encontrarse con otras gotas y formar pequeños senderos de agua, esto era algo que raras veces disfrutaba, el estado de relajación en el que me encontraba, era una maravilla, me hacía percibir estos pequeños detalles que cualquiera no prestaría atención a ellos.

Duré varios minutos en el baño, a pesar de que disfrutaba estar ahí, no me gustaba desperdiciar. Después de arreglarme, bajé al consultorio, prepararía todo para el chequeo, noté que seguían hablando pero no presté atención a lo que decían. Saqué las hojas donde llevaba los registros, la cinta métrica; colgué el estetoscopio en mi cuello y verifiqué la báscula. Escuché que ella se acercaba, estaba listo para comenzar.

-Hola. – Entró y se acercó. – Necesitas que me ponga la bata?

La admiré de arriba abajo en un instante. Resistí la tentación de tocarla.

-No, no es necesario. – me concentré en lo que íbamos a hacer, así que le señalé la báscula para que subiera.

Estuvimos callados durante toda la revisión, me limité a medir, revisar y escribir. Los cambios que había detectado eran mínimos. Ella cerró su falda y me acerqué al escritorio para guardar las anotaciones.

-Mmm… Carlisle. Hay algo que tengo que decirte. – Se sentó frente al escritorio, parecía apenada.

-Qué sucede? – Tomé asiento. Imaginé que estaba preocupada demás.

-Bueno… me tomé la libertad de conducir tu auto. – me miró avergonzada. – Pero no te preocupes, está intacto.

-ja, ja, ja. – No pude evitar reírme. – no me preocuparía por el auto Esme, me preocupas tú. Espero que no hayas tenido ningún susto o algo por el estilo.

Ella se tranquilizó al ver mi reacción.

-No, todo fue tranquilo, además, Anthony me ha dicho que manejo muy bien.

-Anthony? – La miré extrañado, no entendí qué tenía que ver él.

-Conduje al restaurante donde fuimos a comer, no sabes…

Ella había conducido con él como pasajero? Y lo había permitido? Eso era inconcebible.

-Pero qué falta de respeto es esa? – No pude evitar el enojarme.

-Carlisle, no veo el problema. Le pedí que me dejara manejar y accedió. – Lo dijo con mucha naturalidad. – No me faltó al respeto por eso. – Puso los ojos en blanco.

-No debió permitirlo, eres una dama. Claro que es una falta de respeto hacia ti. – Me puse de pie, no podía creer que hubiera pasado algo así. El concepto que tenía de Anthony se había ido a la basura, no quería que volviera a acercarse a Esme.

-Sólo te voy a decir una cosa. – Ella se puso de pie, lucía enojada. – Anthony me permitió algo que Edward ni tú me dejaron hacer. – me señaló con el dedo, realmente estaba enojada. – Buenas noches. – Salió del consultorio echando humo.

Era verdad, nosotros no le habíamos permitido era osadía porque ella no podía rebajarse a servir de chofer a ninguno de los dos. Tenía que hablar con Anthony, este insulto no iba a quedarse así.


Qué tal?

Nuestro pobre Carlisle está que se lo lleva el tren, tantas cosas que le pasa al pobre, en fin... veremos que tal le va en el próximo capi.

Gracias a todos aquellos que han dejado reviews y que han agregado esta historia y la de Esme, como sus favoritas :-D