Inglaterra llora sin saber qué hacer y cuando la guardia costera le ven, se acercan a él primero mientras que Francia está tratando de volver a empezar un fuego, en un estado de menos drama y más enfado.
El británico sale a por ellos con una manta por encima echando el ancla y explicándoles que su bote se ha quedado sin cadena y él ha llegado al barco nadando, pero su MARIDO y le llama así sin pensar, se ha quedado atrapado en la costa con el bote sin motor... los guadacosta le montan en su bote hinchable y van hacia la cala donde está Francia. Cuando llegan a la playa, Inglaterra se mira los pies sin querer mirar a los ojos azules, los guardacostas se acercan a él.
Francia les ve venir desde que están lejos y cuando se acercan a la playa camina hasta ellos relajándose un poco. Se tensa inmediatamente al darse cuenta que Inglaterra está ahí, fulminándole con la mirada sin poder creerlo.
—¿Cómo dieron conmigo? —le pregunta a uno de ellos con el ceño fruncido.
—Su marido informo del accidente por radio, ¿se encuentra bien? —pregunta uno de los guardacostas señalando a Inglaterra en el bote.
—Mi ma... quoi?! —le mira con los ojos muy muy abiertos y luego le entra un ataque de tos.
Inglaterra se sonroja sin dejar de mirarse los pies y el guardacostas frunce el ceño.
—¿Me puede llevar, S'il vous plait, con MI MARIDO?
—¿Seguro que está bien, monsieur? —pregunta el guardacostas al notar que no reacciona como esperaba.
—Estoy terriblemente cansado, después de que ALGUIEN —mira hacia el barco—, me dejó a la deriva en el mar, en la noche y sin ropa.
—Podemos llevarle a la costa, su marido nos ha dicho que han tenido un accidente y su bote se ha quedado con el motor inutilizado.
Francia parpadea al ver que ha soltado un montón de mientras.
—¿No les ha dicho que él me ha ABANDONADO aquí?
—En absoluto —levanta las cejas sorprendido el guardacostas—. No se preocupe, Monsieur, podemos arrestarle por ello, es casi un intento de asesinato.
Francia frunce el ceño y cierra los ojos, suspira pensando que al final ha vuelto por él (Y le ha llamado su marido). El hombre mira al otro para advertirle de lo que ya sospechaban sobre que todo lo del accidente es una bola para que arreste a Inglaterra, mientras este les mira pálido.
—No se preocupe, monsieur, nos ocuparemos de lo concerniente.
—Espere... —se muerde el labio, vacilando. Mira a Inglaterra sobre el barco y vacila una vez más.
—No se preocupe, es normal que se encuentre usted en estado de shock, todo va a estar bien a partir de ahora—le tranquiliza mientras el otro esposa a Inglaterra y él pelea un poco sin poder creer que vaya a dejar que le arresten, el primer guardacostas acompaña a Francia hasta su lancha y sube a Inglaterra a la otra.
Francia mira a Inglaterra en la otra lancha y luego al guardacostas.
—Monsieur?
Inglaterra pelea un poco al principio y luego se queda callado mientras le arrastran, llorando un poco en silencio. El guardacostas se vuelve a Francia.
—¿Quiere que le dejemos en el barco o prefiere que mandemos una barca de arrastre a recogerle y le llevemos a la costa?
—Quiero que me lleve con él, me parece que no recuerdo las cosas con claridad... —señala a Inglaterra.
—Vamos a llevarle a la comisaria en puerto, debería acompañarnos para prestar declaración y presentar la denuncia.
—No tengo denuncia que presentar... Peleamos porque no le gusto mi comida y yo me baje del barco y vine hasta aquí remando, monsieur. Fue un acto irresponsable de mi parte, él vino aquí a rescatarme y no he dicho la verdad porque seguía enfadado —le mira serio. El guardacostas le mira sin acabar de creerlo.
—¿Está usted siendo extorsionado?
—¿Por quién? Lo tiene en otro barco, no se ha acercado a mí. Cher, créame, ¿por qué más habría venido él a rescatarme?
—Está bien —le hace un gesto al otro guarda para que vaya a soltar a Inglaterra—. ¿Si así fue porque ha dicho antes que le abandono a usted?
—¿Está usted casado, monsieur?
—No —responde.
—Entonces no sabe lo que significa que a uno le digan que u comida es una merde —le mira a los ojos—. Me parece que un rato esposado le habrá servido de escarmiento —sonríe un poco de lado mirando a Inglaterra—. ¿Puede llevarme con él?
—Le voy a pedir muy amablemente, que no repita esto y si tienen algún problema lo resuelvan como adultos, ¿estamos? —le riñe el guarda—, les dejaremos en su barco y si'l vous plait, sean conscientes.
Francia suspira abrazándose a la manta que le ha puesto el guardia en los hombros un rato antes. Así lo hacen y cuando Inglaterra baja al barco, le mira herido un momento y se va directamente al puente de mando.
—¿Pero tú de qué vas? —protesta levantando los brazos, aun con el ceño fruncido.
—Vete a la mierda, France. Voy a devolverte a Marseille o puedes hacerme la vida más fácil y tirarte por la borda tú solo, lo que prefieras, pero no me hables.
—¡Solo estaba jugando! ¡Y tú me dejaste ahí a la deriva! —grita, se le acerca con el ceño fruncido y le toma del brazo pero el inglés no contesta, concentrado en los instrumentos—. ¡No puedo creer que además estés enfadado TÚ! —pone una mano enfrente de los instrumentos para evitar que los mueva.
Inglaterra le mira con el ceño fruncido
—Quoi?
—Me da igual lo que hagas, pero si no me dejas volver a Marsella te juro que te dejaré inconsciente y te encerraré en el baño hasta que lleguemos.
Los ojos azules le miran unos instantes e instintivamente... Le besa. Él se deja besar con sorpresa, pero no le devuelve el beso.
Francia se separa y le mira triste. Inglaterra le sostiene la mirada unos instantes y se vuelve a los instrumentos.
—¿Esto era parte de un plan? Es un poco cruel...—pregunta con voz suave.
Pero el británico sigue sin contestarle, así que baja las manos tristemente.
Los ojos verdes le miran de reojo un instante y sigue ignorándole. Se aguadan los ojos azules mientras sube la velocidad un par de nudos.
—Me trajiste aquí para contarme una historia y luego... —hace una pausa y traga saliva, se limpia un ojo.
—Ya no me apetece que la conozcas —susurra.
—Te reíste de mí y me llamaste patético... ¿por qué eso no importa? —pregunta y solloza un poco—. Y me dijiste que esto no terminaría si yo no quería.
—Tú te ríes de mí y me llamas patético a diario. Tu postura al respecto ha quedado muy clara —frunce más el ceño.
—¿Ah, sí? ¿Cómo ha quedado tan clara? —le empuja un poco y apaga el motor del barco.
Inglaterra frunce el ceño y vuelve a prenderlo, sin contestar.
—El margen de error no puede ser tan pequeño, no puedes traerme aquí, que pasen todas esas cosas y luego quitármelas...
El inglés sigue sin mirarle. El francés se pasa las manos por la cara hundiéndoselas en el pelo.
—¿Esto es una especie de plan macabro de venganza idiota tuya? ¿Traerme aquí, enamorarme un día y al final del mismo quitármelo TODO e ignorarme?
—Tú me has rechazado, France, ¿qué coño esperas? —le grita ardido—. ¿Y el plan macabro es mío? Has hecho muy bien tu papel de seducido o lo que mierda sea, ¿cómo no?, si lo has hecho miles de veces con cientos de personas. Pero se acabó. Yo no te aguanto ni una, ya deberías saberlo. A mi ese juego no me gusta, así que vete a dormir o a la mierda o a donde te de la bloody gana y déjame en paz.
Se lleva las manos a los ojos azules y se los aprieta.
—¿Yo te he rechazado a ti? ¿Yo? ¿Por hacerme un centímetro hacia atrás? —se destapa los ojos, llorosos.
Inglaterra se masajea las sienes muy harto y muy cansado.
—¿Cuántas veces me has rechazado tú en TODO lo demás? —niega con la cabeza y se vuelve a pasar una mano por el pelo—, lo primero que hiciste hoy en la mañana fue rechazarme.
—Pues ya desde entonces debiste hacer algo al respecto —replica—. Y si no entiendes los motivos que te jodan.
Francia se muerde el labio y vacila un poco, enfadado y decepcionado, tratando de pensar con claridad.
—Además, tú viniste llorando y te abrace, a pesar de que lanzaste toda mi ropa por la borda.
—Fui a buscarte con la toalla, sólo estaba esperando a que te calmaras un poco —susurra.
—Y te conté todo eso a pesar de tus burlas y que no entiendes nada, yo no me quedé ahí pasmado como un imbécil.
El francés traga saliva y se muerde el labio.
—Pudiste hacer lo que te dije, dejar ahí la bloody toalla y darme espacio, pero no... Tú tienes que hurgar en la herida. Que te jodan, France, debiste dejar que me llevaran los guardacostas aun cuando yo les llamé.
El galo se mira los pies y suspira parpadeando para tragarse las lágrimas.
—Angleterre... s'il vous plait —susurra cerrando los ojos—, puedo hacerlo bien.
—Ya lo sé, imbécil, justo eso es lo que me molesta —replica con la voz un poco quebrada. Francia traga saliva inclinando la cabeza.
—No quiero volver a Marseille
—Puedo dejarte en un pueblo de camino pero el barco tengo que devolverlo en Marsella.
—Non, Angleterre... es que no me quiero bajar del barco —abre los ojos y le mira a los suyos.
Los ojos verdes le miran sin saber si creérselo o no relajando un poco su expresión.
—¿Y qué quieres?
—Nunca hemos estado tan cerca y esto es un malentendido, porque yo... porque no es tan fácil... pero es sólo un malentendido.
—¿Y qué quieres? —repite
Francia se rasca una ceja, es que esto le cuesta un montón también, es todo muy rápido.
—Quiero acabar de oír la historia —suspira, cierra los ojos y se muerde el labio—, y quiero... terminar de creerme todo esto que está pasando.
Inglaterra suspira y detiene el motor. El francés suelta el aire mucho más aliviado de lo que pensó que estaría y mira que pensó que estaría muy aliviado.
—Vamos —se levanta y le hace un gesto para que le siga—. Lamento haberte dejado ahí, no quería asustarte, pero me... No estaba pensando.
—Angleterre... —le detiene tomándole del brazo. Él se detiene y le mira—. Tú... —le levanta la mano y se la pone a el mismo en su pecho—, tú eres...
El británico abre un poco los labios, mirándole con sorpresa. El galo cierra los ojos, pensando que en realidad todo lo que diga puede ser usado en su contra, es decir, todo lo que diga, puede sonar hueco y vacío. Suspira.
—No te alcanzas a imaginar lo importante que eres —concluye.
Inglaterra se sonroja, mirándole y vacila. Al final sonríe un poquito porque lo único que quería oír era algo que le demostrara que no estaba ahí con Francia el imbécil si no que sí podía volver a sacar a SU Francia de ahí dentro y esto valía la pena, soportar las burlas y la vergüenza. Francia se humedece los labios.
—Eres el único capaz de construirme un mundo entero en un solo día y destruírmelo en unos cuantos segundos —agrega levantando la mano y llevándola a la comisura de los labios del inglés, que se entreabren un poco y respira más profundamente—. S'il vous plait... ten cuidado también —se muerde el labio y se le acerca un poco—, puedes destruirme con tres palabras.
—¿Cómo puedes ser tan vulnerable en solo un día?
Francia se detiene mirándole a los ojos. Inglaterra le mira también, porque es una pregunta de curiosidad real, no una agresión ni nada.
—Tú no necesitas demasiado —responde un poco atemorizado.
Inglaterra se le acerca levantando una mano, poniéndole un mechón de pelo tras la oreja y le acaricia la mejilla.
—Ni siquiera yo sé cómo merde has logrado hacer esto en un día —admite mirando todo el movimiento.
Le pone la mano en el hombro y baja la mano acariciándole el brazo, tomándole de la mano.
—Vamos, aún queda mucha historia por contar —le sonríe. El francés sonríe un poquito también, apretándole la mano y suspirando.
—Bien!
Tira de él hacia el cuarto y se tumba en la cama y el galo se acuesta junto a él, sonriendo un poco más, impresionado de toda la montaña emocional por la que ha pasado en todo el día.
Les tapa con la cobija que ha traído en los hombros desde que lo rescataron. Invita a Inglaterra a recostarse sobre él y bosteza. Él se acurruca y bosteza también.
—¡Me dejaste en el mar... no puedo creerlo! —suelta, sorprendido, sin ningún tinte de reclamo en la voz, sólo como declaración.
—Te deje en versalles —responde. Francia se ríe un poco.
—Es verdad...
—Volvieron a casa de Jeanne, aunque Gilbert estaba ahí.
—Prusse me encanta, puede ver volar un trasatlántico delante de él y a veces pregunta "Mmm... ¿No notan algo raro?"
—Jeanne le dijo que tenía una cita con alguien misterioso y que no podía saber quién... Que se lo llevaría a casa en la noche, así que por la mañana trepó al árbol para ver por la ventana, durante el de la mañana.
—¡Durante! Y Hans se murió en el proceso, asumo, de un infarto...
—Aja, casi... pero no les vio, por suerte, así que Jeanne bajó a hablar con él y Hans bajó por el árbol unos minutos más tarde entrando por la puerta como si acabara de llegar del hotel.
—¡Y Gilbert en medio sin enterarse! ¿Ves? ¡Un barco volador! —sonríe, cierra los ojos y se lo imagina y si Francia se queda dormido por favor no se ofendan (puede que Inglaterra se duerma antes, no ha hecho siesta)—. Me imagino la escena perfecto... —sigue Francia
—El problema es que... Al cabo de dos días, Frida tenía una presentación de uno de sus proyectos a la que había invitado a todo su grupo de amigos, incluida Jeanne.
—Dieu... Dos mujeres peleando por el inglesito.
Inglaterra se revuelve.
—Es danés.
—Eso —sonríe y le besa la cabeza—. ¿Y fueron a casa de ella?
—¿A casa de ella?
—A su presentación...
—No, no... La presentación fue en Moscow.
—En Moscú! —le mira de reojo—. Ehm... ¿Frida no odiaba ese lugar?
Inglaterra se tensa.
—What?
—Sigue contando... —pide sin querer buscar otro conflicto.
—El caso es que Hans tenía que volver a su casa... Y hablar con el otro Hans, de quienes Frida y Jeanne no sabían nada.
—¡Mais oui, es verdad que había otro Hans! —hace Los ojos en blanco de nuevo.
—Así que se fue a su casa, dejando a Jeanne en su casa para que fuera ella sola, puesto que no les podían ver juntos.
—¿Estás seguro de que Jeanne aceptaría semejante trato?
—Pues no había más remedio.
—Mmmmm... Bueno y se vieron allá...
—No.
—¿Por?
—Hans volvió a casa y habló con el otro Hans.
—Oui?
—Quien detestabas Jeanne... Y la culpaba de todo lo mal que lo estaban pasando y todos sus remordimientos por dañar a Frida.
—Ohhhh... Claro
—Así que fue bastante duro consigo mismo y le prohibió al Hans de Jeanne ir a Moscow.
—Pourquoi?! Mon Dieu!
—De hecho le prohibió volver a ver a Jeanne —le mira de reojo.
—Adorable el segundo Hans...
—¿Pero cómo podía el otro Hans dejarle ir con Jeanne? Le partiría el corazón.
—Podía irse él mismo con Jeanne...
—Eso fue lo que hizo —sonríe con los ojos cerrados.
—Hans está enamoraaado —le besa la mejilla abrazándole más.
Inglaterra se sonroja poniéndose alerta otra vez. Francia sonríe abrazándole con más fuerza.
—El caso es que cuando se separaron para que Jeanne volviera casa y se arreglara para su supuesta cita secreta, ella le pidió una garantía de que no se fuera, porque tenía miedo.
—¿Miedo?
—Eso le dijo —sonríe porque pretende incomodarle un poco a él.
—¿Miedo de que se fuera? —pregunta cambiando ligeramente el tono.
—Eso mismo —se gira cara a él. Francia parpadea
—¿Qué pidió en garantía? —pregunta, en efecto, un poco incómodo. Inglaterra junta la frente con la suya.
—Hans le dio su pasaporte.
Francia sonríe pasándole la mano por el pecho
—Así que cuando el Hans de Frida se fue, el Hans de Jeanne la llamó y le dijo que la pasaría a buscar por Charles de Gaulle antes de ir a Moscow.
El francés le pasa una mano por los hombros y luego otra vez por el pecho, dibujándole la clavícula.
—Romantique...
Sin motivo aparente ni aviso previo, Inglaterra inclina la cabeza y roza los labios con los suyos.
—Deja de decir "romantique" —susurra no muy en serio. El francés entreabre los labios y se le queda viendo un poco embobado con sonrisita.
Inglaterra se le acerca otra vez, lamiéndole un poco el labio superior.
—Sabes a sal.
Se lame los labios buscándole él ahora porque Francia hoy está muy dócil e Inglaterra le besa porque no tiene ganas de juego, tiene ganas de beso.
Pues Francia EVIDENTEMETE le corresponde porque está escaldado desde que no le respondió antes.
Van a seguir en eso hasta quedarse dormidos y van a dormir hasta mañana a las dos de la tarde, que los despierte el hambre. Y le conviene a Inglaterra porque mañana no puede decir mentiras!
El estómago de Inglaterra ruge como una criatura salida del infierno a la mañana siguiente y él restriega su cara por el pecho de Francia con un "mmmm!" de protesta porque no quiere despertarse abrazándole más fuerte, por cierto.
Francia abre los ojos y mira el techo del barco. Los cierra otra vez.
Vuelve a rugirle el estómago... Y además tiene calor... Y hay demasiada luz... Y no quiere despertarse. Esta soñando con unas sardinas que danzan alrededor del fuego y unas patatas que huelen muy bien y le piden que no se las coma... Puede que le mordisquee el pezón a Francia por que tiene hambre.
El francés levanta una mano tentando el terreno porque cree por un momento que está durmiendo con un desconocido en vez de Inglaterra, temiendo que así sea y haya todo sido un sueño.
—Mmmmmm —levanta una mano casi seguro ahora de que no es Inglaterra por la mordida que suena a alguien más, apretando los ojos—. Noooon, non. Quiero dormir otra vez.
El inglés bufa y cambia de postura, hundiendo la cara entre el pecho de Francia y el colchón. El francés entreabre los ojos de nuevo, mirando de lado hacia el cuerpo que tiene junto mirando el pelo de nido de Inglaterra y cerrando los ojos.
Inglaterra se mueve de nuevo haciéndole cosquillas en la nariz a Francia con su pelo y encuentra la postura perfecta sobre su hombro, con la nariz hundida en su cuello con un suspiro de satisfacción.
El galo aprieta los ojos y sacude la cabeza cuando la nariz del individuo se hunde en su cuello.
—Hace calor —protesta un poco con cierta intensión de que el personaje se le quite de encima y pueda verle la cara.
—'ody 'ell... Bloo' fro' mfph 'ell... —bufa cuando se sacude.
Abre los ojos azules.
—Sufreee —sonríe maligno sin soltarle, aunque aún tiene los ojos entrecerrados está cada vez más despierto.
—A-Angleterre?
—Mmm? —suspira.
Francia levanta una mano y se la hunde en el pelo con cierta violencia. Le gira la cabeza.
—Aaah! —protesta apretando los ojos—. What the hell is wrong whit you?
—Eres Angleterre! —sonríe muy sorprendido.
Se frota los ojos verdes refunfuñando algo en clave de "mmmphfs" volviendo a hundirle la cara en el pecho, bosteza. Francia se ríe bajando una mano al big ben, mirándole a la cara.
Al británico se le corta el bostezo y se sonroja de golpe. El francés sonríe acariciándole un poco provocando que le mire nervioso y empiece a reaccionar casi inmediatamente.
—Bonjour, mon amour.
—What the hell are you doing? —se tensa un poco intentado apartarse y que le suelte, pero es un catre tan pequeño... Y aún más para dos, así que su intento de apartarse oscila entre miserablemente patético y ridículamente poco efectivo.
—¿Tú qué crees, Cher?
—I don't know, but stop! —ya empezamos con las mentiras, llevándose las manos al big ben y sonrojándose más—. I hate it —Evidentemente el Big Ben no está de acuerdo.
—Ben difiere... —de hecho el big ben, opina que es bastante apañado el asunto y que a nadie le hace mal un poco de estimulación temprana y ejercicio matutino.
—You're talking about a bloody cock! —replica—. ¡Ni siquiera tiene un cerebro!
—El tuyo —se ríe.
—Oh, ja-ja, very fuuuUUUny —responde sarcástico con un escalofrío en un movimiento concreto de Francia, que se ríe otra vez un poco buscándole los labios y cuando se separa del beso se le acerca al oído.
—Vas a ver cómo vamos a hundir este barco...
—¿Hu... Hundir? —vacila después de devolverle el beso con el cerebro bastante fundido.
—Partido... —beso—. A... —beso—. La mitad...
Inglaterra casi que no sabe ni de lo que le está hablando y quince minutos más tarde el barco se balancea de lado a lado. Las gaviotas vuelan entre los gritos del inglés.
En la mente de Francia van a hacer esto hasta que el barco se dé la vuelta o Inglaterra se olvide de hasta como se llame... Lo que suceda primero. Para evitar el naufragio, el nuevo encuentro con la guardia costera, la vergüenza y por qué Inglaterra nos gusta a todos, vamos a concederle que lo del borrado de memoria sea lo primero que le pase.
Así que caen los dos muertos y exhaustos, Francia sonriendo como idiota, triunfador. Inglaterra haciendo "aah aaaah ah!" como tarareando una cancioncilla misteriosa con el cerebro perfectamente licuado.
—Esto me gusta.
El británico se vuelve hacia él, cierra los ojos y empieza a darle besitos en el cuello.
—Je t'adore —susurra con los ojos cerrados sin pensar, recuperando el aliento
El inglés se detiene y le acaricia con la punta de la nariz, hasta la barbilla. El francés sonríe bajando la cara para mirarle pero él sigue en plan "mimitos mimitos" y le acaricia el pecho con un dedo, dibujando formas. (Los lectores vamos a vomitar por ahí)
Una gaviota los escucha reír bobamente y darse besitos y decirse cosas bonitas al oído durante media hora... Y hasta la gaviota hace los ojos en blanco.
Hasta que un "bollocks, me comería una bloody vaca entera" de Inglaterra, destruye el momento, gracias a Dios. Francia se levanta a preparar algo de desayunar mientras el inglés se baña y silba en la ducha algo de the Beatles.
Francia tararea a Edith Piaf muuuuuy de buen humor.
