Capítulo 10

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Marzo 23, 2012 12:06:35 p.m.

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Okabe lanzó un suspiro pesado mientras miraba hacia la parte alta del edificio frente a él. Aún no podía creer que volvería al mismo sitio donde todo comenzó hace casi dos años atrás. Aún podía recordar y sentir todo lo que le tocó vivir después de aquel fatídico día en donde envió un mensaje a su amigo Daru, el primer D-mail.

Negó con su cabeza y miró alrededor. Podía sonar paranoico, pero sentía que alguien lo observaba, que lo seguía, aunque no podía decir a ciencia cierta que fuera verdad.

Sacó su móvil. Ya era pasado medio día. Solo necesitaba subir al tejado del edificio frente a él y enfrentar a su destino una vez más, pero tenía miedo. Algo dentro de él lo hacía sentirlo. Ese mensaje recibido el día anterior con las palabras SERN y MUERTE lo hacían temer lo peor.

Lanzó un nuevo suspiro. Miró una vez más a su alrededor y se adentró en el edificio de Radio. Subió en el ascensor y llegó a la última planta. Al mirar hacia su derecha, vio el pasillo desolado que daba a la habitación donde presenció el inicio de la pesadilla.

–Es irónico que esté nuevamente aquí.

Rio levemente y continuó hacia la puerta. Al abrirla y asomarse despacio, notó que no había nadie. Miró el móvil una vez más, cerciorándose de que la hora era la indicada.

–Creo que… –pero no terminó la frase.

Frente a él, un enorme destello comenzó a iluminar toda la azotea. Pequeñas partículas flotaban en el aire y en menos de un segundo, una enorme máquina apareció frente a él, una máquina que reconoció al instante. Era parecida a un satélite, con dos enormes paneles solares a ambos lados. Suspiró para dejar ir su temor y, adoptando una pose seria, metió sus manos en los bolsillos de su bata de laboratorio. El gran objeto terminó de materializarse, levantando una pequeña nube de polvo a su alrededor y dejando salir vapor por sus costados.

Pasaron unos segundos hasta que lo que parecía ser una puerta, comenzaba a abrirse. Okabe sonrió al ver asomar por la puerta a una joven, de cabellos cafés, atados en dos trenzas que formaban un círculo a cada lado de su cabeza. Vestía un uniforme militar de color marrón y una gorra en el mismo tono. Su piel era blanca y sus ojos eran de un intenso color café brillante.

–Pero miren a quién tenemos aquí –dijo Okabe soltando una pequeña risa–. La soldado de medio tiempo.

La chica lo miró fijamente unos segundos y miró algo en su mano. Era una fotografía algo vieja y destruida. Regresó su mirada a Okabe y lanzó un suspiro.

–¿Es usted Okabe Rintarou?

–¿Eh?

–¿Pregunté que si es usted Okabe Rintarou, el científico Okabe Rintarou?

Okabe enarcó una ceja pero asintió en silencio. La chica dibujó una leve sonrisa y colocó su mano derecha en la visera de la gorra que llevaba sobre su cabeza.

–Soy Hashida Suzu. Un placer conocerlo, señor Okabe Rintarou.

Okabe seguía sin entender que sucedía. Miró fijamente como la chica bajaba del aparato gigante y se colocaba a escasos metros de él. Había guardado la fotografía y lo miraba fijamente, expectante. Okabe volvió a enarcar una ceja.

–¿Sucede algo?

–Es que no parece tan extraño a como lo describía mi padre. Esperaba algo… diferente.

–¿Diferente? ¿Qué quieres decir con…? –pero se detuvo. Había entendido algo–. ¿No me conoces?

–Claro que no señor. Es la primera vez que lo veo, aunque tengo esta fotografía.

Suzu sacó la fotografía una vez más y se la entregó a Okabe. Era una fotografía de los miembros del laboratorio de aparatos futuristas. Ahí estaba él vestido con su inconfundible bata blanca. A su lado estaban Mayuri y Kurisu, una a cada lado. Al lado de Mayuri estaba Feyris y Daru, del otro lado estaban Moeka y Ruka, junto a Nae y Mr. Braun.

Okabe dibujó una leve sonrisa y regresó su mirada a la joven frente a él. Ella recogió su fotografía y la guardó nuevamente. Colocó una expresión seria y comenzó a hablar en un tono que Okabe solo le había escuchado usar una vez.

–Sé que usted me conoce, o sabe bien quien soy. Mi padre me dijo que probablemente se sorprendería de verme llegar.

–¿Sorprenderme?, claro que me sorprende. Pero he de suponer que se debe al mensaje que enviamos al pasado… –Suzu asintió.

–Veo que si eres consciente de lo que ha sucedido. Y efectivamente estoy aquí… para evitar que el mundo caiga en una tercera guerra mundial.

–¡¿Qué?! ¡¿Pero debido a qué?!

–A la evolución de las maquinas del tiempo.

–Espera… ¿Qué estás diciendo?

Okabe no podía creer lo que estaba escuchando. Sintió incluso un leve mareo, haciendo que retrocediera unos pasos hasta poder posarse sobre la pared de la entrada a la azotea. Suzu se mordió el labio y se acercó a él. Suspiró profundamente antes de comenzar a hablar.

–En el año 2036, SERN gobernara sobre toda la tierra. Una sociedad opresiva, totalitaria. Una distopía. La libertad de las personas fue arrebatada y viven como zombis. Cualquiera que desobedezca es asesinado. Yo… –suspiró una vez más–…soy parte de la resistencia, luchando por liberar al mundo del control de SERN.

Okabe la miró. Aún estaba conmocionado por la repentina noticia. Suzu se giró y miró el gran artefacto al otro lado de la azotea.

–Para cambiar eso, subí a la máquina del tiempo… misma que mi padre terminó… antes de ser asesinado. Juré que haría lo posible por cambiar al mundo, por salvarlo a él y a mi madre…

»SERN logró desarrollar la máquina del tiempo. Al convertirse en los únicos que interfieren con la cuarta dimensión, el tiempo, ellos rehicieron el mundo entero.

Okabe levantó la mano para que Suzu se detuviera. Respiró profundamente dos veces y la miró. Sus ojos mostraban el temor que tenía en ese momento, pero su voz fue firme.

–Eso es imposible, yo… yo evité que eso sucediera. Yo…

–Según lo que me dijo mi padre, así fue, pero cuando envió el mensaje de la chica…

Okabe no mencionó nada, sabía muy en el fondo que era verdad. Suspiró.

–Dices que SERN logró desarrollar la máquina del tiempo. ¿Fue gracias a Makise Kurisu? –Suzu negó y bajó la mirada–. ¿No? Pero esto que me acabas de decir ya me lo habías dicho en otra línea del tiempo…

–Makise Kurisu fue asesinada… muchos años antes de que yo naciera… ella… no fue la pionera, como tampoco lo eres tú. Ustedes… murieron juntos.

–¡¿Qué?!

Suzu no continuó hablando. Tampoco hallaba la manera de mirar a Okabe. Él bajó la mirada. Esa opresión en el pecho lo estaba haciendo sudar, un sudor muy frío. Miró la máquina del tiempo. Era exactamente a como la recordaba, pero los sucesos…

– ¿Cómo consiguieron desarrollar la máquina del tiempo entonces? ¿Cómo SERN logró eso? Dímelo soldado. ¿Cómo desarrollaron la máquina si ni Cristina ni yo estuvimos involucrados en su desarrollo?

–Fue… por ella.

–¿Ella?

–La chica que envió ese mensaje al pasado.

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Marzo 23, 2012 12:42:19 p.m.

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Me encontraba sentada en el patio del colegio, debajo de un enorme árbol. Nozomi me acompañaba, en silencio. Mi miraba estaba perdida en la nada, mi mejilla aún ardía, mi corazón continuaba roto. Las palabras de Umi aún surcaban mi cabeza. Nunca, nunca pensé que las palabras dichas por una persona que quieres demasiado pudieran doler tanto.

–Toma –dijo una voz frente a mí. Levanté la mirada y vi a Nico sosteniendo una bolsa con hielo y una pequeña manta–. ¿Qué? Es para que te lo coloques en la cara.

–Gracias –dije en un susurro y tomé las cosas.

–Nicochi también tiene un lado bondadoso.

–Tu cállate Nozomi. Es mi deber como presidenta del consejo estudiantil.

Nozomi sonrió y regresó su mirada a mí, que tenía las cosas que Nico me había entregado aún en mis manos, pero seguía como perdida en el limbo. Sentí como me las quitaba lentamente y colocaba la bolsa de hielo despacio en mi rostro, llamando mi atención.

–¿Ya te sientes mejor Honochi? Del golpe me refiero.

–Ya… ya no me duele tanto –mentí. Tal vez no me dolía la mejilla pero si el alma.

–Nunca pude imaginar que esa Sonoda pudiera hacer eso. Es cierto que es algo extraña y solitaria, pero siempre he creído que estaba educada bajo una familia tradicionalista.

–No puedes juzgarla por lo que acaba de pasar Nicochi.

Nico lanzó un sonido de incredulidad y cruzó sus brazos. Yo lancé un suspiro y cerré los ojos. La imagen del rostro molesto de Umi apareció frente a mí y los volví a abrir.

–Oye… –dijo Nico llamando nuestra atención–. ¿Acaso le hiciste algo para que se pusiera así?

–Nicochi…

–La verdad Yazawa-senpai… daño es lo que menos quiero hacerle. Yo… yo la considero una gran amiga, al igual que ustedes.

–¿Yo? Pero si acabas de conocerme apenas hace dos días…

–Puedo asegurarle Yazawa-senpai… que son mucho más que dos días los que te conozco.

Nico quedó sorprendida con esa respuesta que le di, y aunque intentaba decir algo, de sus labios, que temblaban levemente, no salió ningún sonido. Nozomi quitó la bolsa de hielo de mi mejilla y la secó despacio.

–Ya bajó el rojo intenso que tenías. Umi-chan pega bastante duro.

–Por cierto –dije mirando a ambas–. ¿A dónde se fue?

–Bueno… después de que Nozomi y yo la detuviéramos para que no te golpeara más… salió corriendo hacia la salida del colegio.

Asentí en silencio y bajé la mirada. Al hacerlo, noté dos figuras a lo lejos, ocultas detrás de un árbol. Eran Hanayo y Rin que me miraban con temor. Sonreí y con un gesto de mi mano les indiqué que se acercaran.

–Eh… ¿co… cómo te encuentras? –preguntó Hanayo en su tímido tono de voz.

–Estoy bien Hanayo-chan.

–Te golpeó muy duro esa chica nya. A Rin le dolió como si hubiera sido a ella a la que golpearon nya.

Reí y asentí despacio. Me pasé la mano sobre la mejilla. A pesar de estar fría por el hielo, aún se sentía levemente ardiendo. Las cuatro chicas me miraban fijamente. Nozomi, Nico, Hanayo y Rin estaban preocupadas por mí. Eso me hizo sentir tranquila, de alguna forma.

–Bueno… olvidemos que esto pasó. Ahora más tarde trataré de hablar con…

–¿Qué? ¿Vas a hablar con ella otra vez? ¿Estás loca? Lo que deberías hacer es reportarla con la directora. O lo puedo hacer yo si…

–Yazawa-senpai… gracias por preocuparte, pero… Umi-chan… bueno ella es algo muy importante para mí y debo… –pero no terminé la frase. Hanayo se acercó a mí.

–¿Esa chica es una amiga tuya?

–Todas ustedes son mis amigas Hanayo-chan. Todas ustedes.

Hanayo miró a Rin que negó despacio. Nozomi se puso de pie a mi lado y miró a las dos niñas de primer año. Dibujó una sonrisa traviesa.

–Bueno… la campana sonará en unos minutos. Si no se van ya, tendré que… –Pero fue interrumpida por la melodía de mi teléfono.

Lo saqué de la bolsa de mi falda y miré el número. En la pantalla aparecía la foto de una chica de cabello rosa en dos coletas, con una de esas cosas que usan las sirvientas en la cabeza y lo que parecía ser dos orejas puntiagudas de gato. Tenía un ojo cerrado y el otro, de un brillante rosa abierto, con una enorme sonrisa en su boca. El nombre de Feyris aparecía debajo. No tenía ni idea de quien era, pero aun así contesté.

–Eh… ¿Aló?

– ¡Oh! Honky nya… al fin te logro encontrar nya. Llamé a Tsuby nya y ella me dijo que te llamara.

–Eh… –dudé que más decir.

–Supongo que te has de estar preguntando para que te está llamando la grandiosa Feyris NyanNyan, pero no debes preocuparte, ya que te lo diré inmediatamente. Quiero que vengas al May Queen Nyan-nyan para darte unas entradas para el show del domingo del grupo Ruso… te los mereces como ganadora del Love Live.

Enarqué las cejas mientras intentaba entender lo que sucedía. No conozco a esa chica, pero debe ser alguien importante si tengo su número guardado en el móvil. Suspiré y traté de hablar sin sonar dudosa.

–Eh… vaya, que grandiosa noticia. ¿Y… cuando puedo ir por ellas?

–Cuando gustes Honky nya. Sabes que aquí eres recibida siempre nya. Tú y tus amigas nya.

–Eh… bueno. Creo que puedo pasar mañana… ¿Está bien?

–Claro que si nya. Te tendré tu postre favorito listo cuando llegues nya. Nos vemos entonces mañana nya.

Escuché como la chica (que me recordó demasiado a Rin) terminaba la llamada. Suspiré y miré a las cuatro chicas que mi miraban fijamente en silencio. Nozomi, un poco dudosa, lanzó un suspiro antes de hablar.

– ¿Sucede algo Honochi? Estás muy pálida.

–Eh… no, es que…

– ¿Te dijeron algo malo en esa llamada? –Hanayo usó su tono tímido mientras Rin, que la tomaba de su brazo asintió.

–No Hanayo-chan, es solo que… –cómo podía explicarles que no sabía quién me había llamado–. Es solo que una amiga quiere quedar conmigo mañana.

– ¿Y por eso pones esa cara? Ese golpe de Sonoda de verdad te dejó algo idiota.

Reí levemente ante el comentario de Nico. Ya me estaba tratando como la Nico que yo conocía, al igual que Hanayo y Rin. Miré a Nozomi que dibujó su linda sonrisa.

– ¿Me quieres preguntar algo Honochi?

–Eh… ¿sabes dónde queda el May Queen? –Ella enarcó una ceja–. Es que mi amiga me dijo que nos viéramos ahí y…

– ¿No sabes dónde queda el May Queen? –preguntó Nico colocándose a escasos centímetros de mí. Hanayo la imitó.

– ¿No sabes dónde queda? Pero si tuvieron una presentación ahí la semana pasada.

–Eh… eh... es que…

– ¿De verdad eres Kousaka Honoka la líder de A-RISE? –cuestionó Nico ya algo dudosa. Yo solo reí. Rin lanzó un suspiro con sus manos en la cabeza.

–Me gusta cuando Kayo-chin se pone así.

Hanayo se sonrojó y se alejó, pero no retiraba su mirada de mí. Nico, que me seguía fulminando con sus ojos rubí, tenía las cejas levantadas esperando mi respuesta.

–Soy… soy algo despistada para las direcciones. Si… –comencé a pensar en una mentira blanca– si no me equivoco, me llevaron en auto a la presentación, así que no sé bien donde queda.

La mentira pareció surtir efecto porque Nico se alejó de mí y lanzó un suspiro molesto. Yo las miré fijamente esperando una respuesta. Nozomi sonrió y abrió la boca.

–Yo no suelo visitar esos lugares Honochi, lo siento.

–Rin tampoco sabe dónde queda. Pero Kayo-chin de seguro si lo sabe –Hanayo asintió y se sonrojó al verme.

–Yo… –pero la interrumpí. Se me había ocurrido una idea.

Necesitaba unir a estas chicas. Necesitaba que comenzaran a hacerse amigas, y yo hacerme amiga de ellas. Tal vez esto si podía funcionar, así que sonreí y comencé a hablar con mi habitual entusiasmo.

–Ya sé. ¿Por qué no nos vemos mañana a las nueve en… frente a UTX y vamos las cinco al May Queen. Así Hanayo o Nico nos guían y todas aprendemos la dirección.

–Yazawa… –repitió Nico en tono seco.

–Eh… Yazawa-senpai.

Las cuatro se miraron. Nozomi sonrió con esa linda sonrisa maternal que tenía y abrazó a Nico sobre los hombros.

–Me parece una buena idea Nicochi. Así… puedes salir de tu aburrida rutina.

–No es de tu incumbencia si yo paso sola y aburrida un fin de semana. No eres mí…

Pero no terminó de hablar porque yo la interrumpí. Ella me miró fijamente y yo puse una cara de súplica. Lanzó un suspiro molesto y se dio la vuelta.

–No prometo nada.

–Yo… yo si vendré –dijo Hanayo tímidamente y sonrió. Rin la miró y levantó la mano con fuerza.

–Yo también nya. Si Kayo-chin va, yo voy con ella.

Nozomi me miró y sonrió, haciéndome sonreír. Por fin sentía que algunas cosas comenzaban a caminar, aunque todavía sentía una incertidumbre en mi pecho. ¿Podría recuperar a Umi-chan?

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Marzo 23, 2012 12:59:10 p.m.

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Okabe aún no podía creer lo que la joven frente a él le relataba. Era algo que había querido evitar, algo que había logrado evitar. Pero solo por su error… solo por su torpeza de permitirle a esa chica enviar ese mensaje. ¿Quién era ella, después de todo?

–Dices que ella… ¿ella es la clave en el proceso de la creación de la máquina del tiempo?

–Así es. Esa chica… tiene una habilidad.

– ¿El Reading Steiner? –dije lentamente. Ella asintió–. ¿Y qué tiene que ver?

–Al parecer… luego de años de estudio en ella… encontraron algo… solo ellos lo saben, pero… fue el detonante para que la primera máquina del tiempo funcionara.

– ¿No sabes lo que fue?

–No… lo siento.

Okabe pasó las manos sobre su rostro con frustración. Tenía que evitar eso, una vez más. Se levantó con decisión y se colocó delante de Suzu.

– ¿Sabes qué fue lo que sucedió con el mensaje que esa chica envió al pasado? Para ella, cambió demasiado la línea del tiempo y no sé cuál fue el problema. Si lo sabes…

–Lastimosamente… –dijo Suzu bajando la mirada–…no lo sé. Mi padre estuvo intentando averiguar qué pasó, pero nunca pudo saberlo… lo siento.

Okabe maldijo por lo bajo. ¿Cómo iba entonces a devolver el D-mail? Suzu lo notó porque colocó una mano en su hombro. Él la miró fijamente.

–Mi… mi padre cree que Makise Kurisu podría ayudarte a saber qué fue lo que pasó. Es por eso que me envió a esta fecha en específico. Ella… tal vez pueda hacerlo.

– ¿Kurisu?

–Sí. Ella… es la persona más inteligente que conoces, y en la que más confías.

Okabe no respondió. No quería decirle a Kurisu. Le había prometido no usar el teléfono microondas. Si le decía… le había fallado, pero si ella no lo sabía… Suspiró y miró a Suzu que comenzaba a acercarse a la máquina del tiempo.

– ¿Te vas?

–Sí. Ya te dije lo que necesitabas saber. Debo… regresar a mi tiempo. Si todo sale bien… tal vez nos veamos allá, en un mundo de paz –suspiró–. Por favor Okabe Rintarou, salva mi futuro.

Okabe no dijo nada y solo la miró entrar a la máquina del tiempo. Unos segundos después, la misma desaparecía sin dejar rastros de nada. Okabe suspiró. Cerró los ojos y metió las manos a las bolsas de su bata. Comenzó a reír de forma esquizofrénica.

–Sal de ahí asistente. Sé que estás detrás de la puerta.

La puerta que daba acceso a la azotea se abrió y Kurisu asomó despacio por ella. Su mirada era entre molesta y sorprendida. Cuando cerró se acercó a Okabe que la miraba fijamente.

– ¿Cómo… cómo supiste que estaba ahí?

–Lo imaginé –le contestó él en tono seco. Ella lo miró incrédula y expectante, pero no hubo más palabras. Makise se mordió el labio.

–Este… Okabe…

– ¿Me vas a ayudar? –dijo evitando mirarla–. Ya escuchaste todo.

– ¿Y solo eso me vas a decir, Okabe? Rompiste a tu palabra… y mira en el problema en el que estamos, y solo…

–Cristina… lo siento.

Kurisu abrió los ojos sorprendida. Okabe bajó la mirada y comenzó a caminar hacia la salida del tejado, en silencio. Ella esperó unos segundos y comenzó a seguirlo.


Bueno, un capitulo de transición, un capitulo en donde vemos a Suzu (Suzuha), y vemos como Honoka comienza a lograr algo con sus amigas... Pero... ¿será suficiente?

Sé que ya me he disculpado mucho por no actualizar, pero espero que sigan apoyando mi historia. Ya estamos llegando al climax de la historia...

Un abrazo.