¡Hola a todos!Sí, éste Fic contínua, aún existe.
Disculpas enormes disculpas, de verdad, siempre ando disculpándome :C. Sin embargo, debo concentrarme en esta historia que ha sido bien recibida por todos ustedes. Muchísimas gracias por su comprensión, esperando que éste capítulo les guste y aún le tengan cariño a esta historia. Sin más, lean~
Capitulo 10. Celos y enredos
Era bastante alto, casi como lo que el capitán Mikoshiba medía o hasta un poco más. No pasaba de los 25 años, sus ojos eran de color azul claro, el cabello dorado le daba un aspecto obviamente extranjero. Vestía de una forma un tanto elegante, con un pantalón de vestir negro, zapatos del mismo color, una camisa blanca arremangada en el codo y una gabardina de lana color negra que ahora descansaba sobre los hombros de Haruka, mismos que todavía el extraño abrazaba delicadamente, cubriéndola así del frío y alguna que otra mirada.
Una vez que Haruka y el sujeto rubio, que le había salvado de un buen lío, se alejaron lo suficiente de la piscina infantil, se mantuvieron en silencio. Cuando la pelinegra estaba a punto de soltar un "Gracias", el hombre rompió el silencio, con ese acento inglés tan peculiar como su aspecto.
–Honey, ¿Pero qué costumbre es esa de desvestirse en público? –le pregunto con una voz aterciopelada y amable.
–Gracias –dijo la pelinegra, ignorando la pregunta del hombre. Éste soltó una risa.
–No tienes por qué agradecer honey, no puedo evitar ayudar a una dama en aprietos, sobre todo cuando es muy bella–de acuerdo, le parecía amable, todavía cuando alago su belleza lo hacía de una manera respetuosa. Aunque empezaba a molestarle eso de "Honey", le hacía sentir muy extraño.
–¿Me darías mi ropa? –pidió su saco y blusa escolares, que el rubio mantenía en su regazo. Éste le sonrío de manera amable, con los ojos azules fijamente clavados en los de Haruka.
La pelinegra le sostuvo la mirada, con ese rostro inmutable. Vaya que por dentro, comenzaba a inquietarle un poco que el sujeto le mirase tan fijamente. Carraspeó un poco, rompiendo todo ese ambiente extraño.
–Claro – dijo el rubio, tomando de su regazo las prendas de Haruka, vistiéndose con prisa –Mi nombre es Alexandre Bartholdi –la pelinegra observó la sonrisa del rubio, solo asintió levemente. –¿Cuál es tu nombre?
–...Nanase –soltó después de pensarlo bien. La verdad es que no quería ni tenía intenciones de seguir la conversación, por lo que dedujo que así podría irse y seguir en búsqueda de Makoto. Alexandre parpadeo un par de veces, dibujó una sonrisa y Haru apostó que la actitud del sujeto había cambiado completamente.
–¡Ah! ¡Nanase! –repitió –¡Qué nombre más hermoso!, tan hermoso como tus ojos claros de Azucenas– el semblante del hombre había cambiado, a uno un poco menos serio, con aire romántico y muy animado. Las palabras del rubio pasaron como el viento para Haruka, en esos momentos no tenía tiempo como para perderlo con sujetos raros. Recordó a Makoto, seguramente andaría por ahí solo y asustado, su mirada azulina cambio ligeramente a una de preocupación. El rubio interrumpió sus cavilaciones, tras percatarse de su semblante.
–¡Vamos! Concédeme tan sólo un poco de tu tiempo, para disfrutar tu belleza –se inclinó suavemente hasta tomar su mano izquierda y depositar un suave beso.
Haru reaccionó cual gato huraño, deshaciendo el contacto rápidamente y de tener garras, no habría dudado en usarlas. Le dedicó una mirada molesta y un tanto sorprendida, Alexandre sólo parecía haberse deleitado con su actitud.
–¡Eres tan hermosa! Quién pensaría que detrás de ese rostro de porcelana, se esconde una rosa con espinas –la gente que pasaba alrededor les dedicaba una mirada y poco a poco se iban deteniendo. El rubio parecía una especie de trovador con cada palabra que decía. Y toda esa escena hacía alusión a una obra callejera.
A Haru le recorrió en escalofrío. ¡¿Pero quién era ese sujeto?! Comenzó a retroceder ligeramente, cuando sintió que había chocado con alguien y lo tiraban del brazo.
Las personas no dejaban de acercarse y todo se volvía ligeramente asfixiante. Al extranjero el ambiente no parecía molestarle y cuando estaba por dedicarle otro verso a su nueva musa oji azul, ésta ya no estaba.
Una brisa pasó por toda la muchedumbre, acariciando los mechones de un rubio abandonado a mitad de su inspiración.
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Había sido la carrera más larga de toda su vida, o quizá era el hecho de no estar acostumbrado a correr lo que le hacía parecer una viejita con las piernas temblorosas, tratando de recuperar el aliento a la mitad de una plaza pequeña lo suficientemente lejana del extranjero y sus palabras de poeta. Alzó la mirada al frente, para observar, –literalmente – a su salvador.
–...Haru... –susurró con su típico tono enfadado.
Oh, un pequeñísimo detalle que no estaba dentro de sus planes.
–Rin... ¿Cómo fue qué me encontraste? –a la chica pelirroja frente a él le había vuelto ese ligero tic en el ojo.
– ¡No me vengas con eso! ¡¿Por qué estás aquí?!
Otro pequeñísimo detalle, Rin era insoportable cuando estaba molesto.
–Teníamos curiosidad por tu cita –contesto sinceramente con ese rostro inmutable, ya había recuperado el aliento, ¿De qué servía ahora mentir? Había sido descubierto.
–"Teníamos" –repitió la pelirroja con tono molesto – ¡Ya presentía que estaban aquí! –recordaba cómo minutos atrás había visto una melena oliva idéntica a la de Makoto. Menos mal que no estaba volviéndose loco – ¡Sería el colmo que hasta mi hermana estuviera aquí!
–Gou se fue por su lado con la profesora Amakata, no te preocupes.
–Haru... –Rin tenía un aura roja, más que su cabello. No sabía qué le molestaba más, si era el hecho de que hasta la profesora lo había seguido o la manera tan simple en que Haru le decía las cosas, con simple descaro.
–¡Nana, honey! –Haru sintió ahora un escalofrío, ese tono extranjero acompañado de su molesta palabra; "honey". ¡¿En serio lo estaba buscando?!
Rin lentamente controlaba su furia, sobre todo porque parecía divertirse con las ligeras reacciones que se dibujaban en el rostro inmutable de la más baja, ya se imaginaba como estaba por dentro.
–¡Nana! –volvió a llamar, Alexandre efectivamente había salido en búsqueda de su musa oji azul. Prácticamente la figura de Nanase se había incrustado en sus pupilas ¡Simplemente no podía regresar a su país sin pasar todo un día junto a ella! Esa clase de bellezas no se encontraba todos los días.
Porque no todos los días Haruka cambiaba mágicamente de sexo. Eso es lo que el rubio no sabía. Poco le importaba que la gente a su lado volteara a verlo como bicho raro, era como si su vida dependiera de encontrar a esa nipona.
–Honey –repitió Rin con un tono infantil, imitando el acento inglés del extranjero (nada difícil realmente), para después soltar una carcajada.
– ¡Rin! –le reclamó Haru, éste ignoro su reclamo y siguió riendo como nunca.
–Parece que ya conseguiste novio –se burlo infantilmente –Debí haberte dejado ahí con ese tipo para ver cómo te conquistaba –levemente la risa se le borró.
Ahora que lo pensaba, era verdad, pudo haber dejado ahí a Haru para que pagara por haberlo seguido en su desgracia con Mikoshiba.
¿Entonces por qué no lo hizo? Sólo recordaba haberse librado por fin del capitán y empezar a caminar aleatoriamente. Por curiosidad se detuvo donde un grupo de gente estaba reunida y fue en el medio dónde divisó a Haru, frente a ella un tipo extraño e indefensa entre esa muchedumbre; haber pasado entre empujones hasta alcanzar el brazo de la pelinegra y empezar ambas a correr sin descanso hasta la plaza donde ahora se encontraban.
La mirada azulina de Haru no le entregaba respuestas sino más preguntas. Escucharon otra vez la voz del extranjero, parecía que ya estaba cerca. Rin miró por encima de la pelinegra y unas hebras doradas brillaron entre la gente. Suerte que unas cuantas personas se interpusieron en su camino, sino Alexandre habría visto perfectamente como una pelirroja tomaba de la mano a Haru y empezaban a correr otra vez.
La primera intentando lo mejor posible alejar al poeta de Haru y ésta sin entender bien por qué empezaban otra carrera, aferrándose a la mano de Rin.
Y pareciera que ésta vez estaban de suerte, justo al frente, al lado de unos cuantos juegos pequeños y una pequeña cafetería la pelirroja encontró el escondite perfecto; el baño de mujeres.
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Por otro lado, una pequeña chica albina no tenía tanta suerte para encontrar un buen escondite, tanto para evitar a Nagisa como a los muchachos que se acercaban como si fuera la única mujer en ese lugar. Se preguntó entonces, si realmente se veía tan perdida en ese lugar.
–L-La verdad es que llevo prisa... –repitió por enésima vez Nitori, ahora a un muchacho de pinta carismática que se había acercado para preguntarle su nombre.
– ¡Vamos! Si estás sola soy una buena compañía –le sonrió coquetamente. Realmente era el primer muchacho en todo el día que le inspiraba algo de confianza, no es que estuviera considerando su invitación, simplemente dudaba que todavía existiera ése tipo de hombres.
Sacudió su cabeza, ¡ahora hasta empezaba a pensar como mujer!
–En serio... ya me tengo que ir –se reverenció tímidamente y siguió su apresurado camino, dejando al muchacho casi con la palabra en la boca.
Escapar de la hiperactiva rubia era prioridad.
Cuando conoció a Nagisa le pareció un chico agradable y le dio la impresión de ser ese tipo de personas con las que jamás te aburrirías. Aunque jamás pensó que esa tarde la rubia le arrastraría junto con Rei, a las atracciones más extremas de todo el parque de diversiones. Y no sólo era el hecho de haber sido puesta de cabeza, dar vueltas sin parar varios metros sobre el suelo, aventarse (mejor dicho, ser aventada) desde un bungee de 70 mts de altura o subir a la montaña rusa más alta de toda la ciudad lo que le motivó a escapar y dejar a Rei y Makoto por su cuenta, sino el hecho de que iban por la tercera ronda en todos los juegos.
Sentía pena por la chica peli oliva –que bien sabía de su condición– pero, de haberla arrastrado con ella, la rubia se habría percatado de su escape y entonces no podría librarse de esa situación. Se sentía mal por escapar de Nagisa, pero además debía vigilar de cerca a su senpai, ése era el plan inicial. Tenerlo bien de cerca para evitar que algo malo pasara entre esa curiosa parejita.
En serio, Ai. ¿Crees que Rin se dejaría?
En resumen, ni podía esconderse y tampoco lograba ver a su senpai. Ai se detuvo a la mitad de una plaza, miró por todos lados para estar seguro de que la rubia no estuviera ni cerquita de encontrarle. El sol ya estaba cayendo, y andar de aquí para allá hizo que perdiera el aliento.
Menos mal que frente a ella había unos baños, podía descansar tranquilamente. Lo pensó un par de veces, el entrar o no al baño de hombres, ¡claro, seguía siendo un chico!... por dentro. Así que para no causar alboroto alguno optó por entrar al baño de chicas, lo más lógico en su estado actual.
Era un lugar silencioso, fresco y con poca iluminación. Respiro hondo y se acercó hasta el tercer lavamanos, justo a la mitad. Abrió la llave y se llevó un poco de agua al rostro. Se miró en el espejo, vaya, realmente no había cambiado demasiado.
Los mismos ojos azules, la piel pálida y el cabello plata seguían ahí, todo normal y, esperen... ¿La puerta del fondo estaba moviéndose sola?
Ai se giro casi inmediatamente cuando por medio del espejo observó que inusualmente la última puerta de los baños estaba siendo empujada, como queriéndose abrir.
Tragó frío, el ambiente de pronto se hizo espeluznante porque además las últimas lámparas no funcionaban, como para decorar el ambiente, para variar.
De pronto escuchó unas voces provenir de ahí, una especie de quejidos femeninos.
–E-espera... no te muevas tanto...
El rostro de Nitori se volvió bruscamente de un color escarlata.
–¿Entonces cómo quieres que lo haga? ...No es tan fácil –respondió una voz igualmente femenina y... ¿Familiar? Nitori agudizó el oído.
–Haru... no. ¡¿P-Pero en dónde estás tocando?!
–Hmm... – escuchó un suspiro –Rin, cálmate... solo será por un momento. Deja de moverte tanto...
De pronto, todo el ambiente se volvió pesado y una opresión en su pecho le estaba cortando el aliento.
Sintió como una mano le cubría los labios en el momento preciso que iba a soltar un jadeo desesperado.
Se giró rápidamente para encarar al extraño -en este caso una chica, por la suavidad de sus manos- que resultó no ser otra más que Rei. La condenada también se había escapado de la rubiecita. Posó la mano libre sobre sus propios labios indicándole que no hiciera ningún ruido, porque seguramente Nagisa andaría por ahí.
Pero ahora, Ai no tenía cabeza para esa situación, demasiado confundida con los sonidos extraños que había escuchado. Era sin dudas, su senpai en compañía de Nanase, dentro de un baño público nada menos, lanzando esos sonidos muy sugerentes.
Rei al parecer no había escuchado nada, más bien estaba concentrado en vigilar si Nagisa los podría o no ver. Cuando la peli azul le instó -todavía con la mano sobre sus labios- en adentrarse un poco más, Nitori sacudió fuertemente la cabeza, gimoteando palabras que no eran entendibles.
Era suficiente con haber escuchado esas cosas, se sentiría realmente como un tonto si Rin salía y las encontraba ahí, o más bien era que no quería verlo. Su corazón se había roto en pedacitos.
La de ojos violetas la miraba consternada, retiró su mano de los labios de Nitori y estaba por abrir la boca para preguntar, cuando una voz entrecortada interrumpió.
–¡Haru! Ya no aguanto...
Rei se quedó congelada en su lugar, con un suave sonrojo en las mejillas. Era la voz de la pelirroja, ¿Qué rayos estaban haciendo? Miró a Nitori, con los ojos azules vidriosos. Sintió un poco de pena, y su mente proceso todo el cuadro.
Ai siempre andaba cargado de motivación y halagos a su senpai, ahora entendía por qué. Instintivamente recordó lo que había pasado anteriormente con la rubia en la casa de Haruka, pero sacudió su cabeza y trató de ignorarlo.
Respiró hondo y frunció las cejas.
Se sintió como una entrometida, pero por alguna extraña razón se sentía indignada, ya fuera por el bochorno de la situación y que esos sonidos eran totalmente impropios, o por el estado en que Nitori se encontraba, lo que la motivó a abrir con fuerza la puerta del diminuto baño.
–¡Rin-san!... ¿Eh?
Oh, bueno. Eso no se lo esperaba.
Rin estaba recargada contra la pared, haciendo de pilar. Sostenía un pie de Haruka con ambas manos y, a juzgar por su rostro, la de cabellera oscura era más pesada de lo que parecía a simple vista. Todo eso para que Haru alcanzara apenas a asomarse por las estrechas ventanillas rectangulares, que proveían muy poca luz.
La otra pierna de Haruka estaba apoyada en la caja del retrete, desprovista de la tapa resbaladiza para tener "mejor agarre".
Rei no evitó sentirse como una mal pensada, ambas muchachas la veían de manera extraña. Suspiró agachando la mirada, con una gotita en la frente.
–¡¿Pero qué diablos estás haciendo aquí, Rei?! –preguntó nuevamente furiosa la pelirroja, hasta que recordó lo que Haruka le había confesado. "Teníamos curiosidad por tu cita".
Pero qué descaro, pensó.
–Eso mismo me pregunto yo –encontrar a las chicas en esa extraña posición, además de hacerla quedar como una malpensada, le generó muchas dudas.
Con cuidado de no resbalar y propinarse un buen golpe, Haru descendió de sus pilares improvisados, liberando también a Rin de su peso, que dibujó un poco de alivio en su rostro.
–Parece que lo perdimos –sentenció triunfante. Rei alzó una ceja.
–¿De qué est–
–¡Te encontré, Rei-chan! –su pregunta fue interrumpida por el agudo grito de la rubia, le erizó los cabellos, y sentía que estaba sudando frío.
–N-Nagisa-kun... –se giró, encarándola en la entrada del pasillo. La rubia tenía los ojos fucsias brillantes, con una mano la señalaba y la otra descansaba en su cintura. Rei paseó la vista, algo inquieta y encontró en el baño sólo a ellas cuatro –¿En dónde está Nitori-san?
–Salió corriendo de aquí, al parecer llevaba prisa, Rei-chan –respondió la rubia con un tono que la mariposa no supo descifrar –¿Qué estaban haciendo aquí los dos? – la rubia se cruzó de brazos, como esperando una respuesta, mirando fijamente a los ojos violetas de Rei.
Para cuando Rei se percató de que tal vez estaba enfadada por haber escapado, o porque parecía estar... celosa, Rin se asomó, dándole un empujón a la peli azul.
–¿Ai?¿Estaba aquí?
–Y bien acompañado con Rei-chan, al parecer –respondió Nagisa y, en efecto, estaba celosa –Parecía que estaba a punto de llorar, ¿qué pasó? –el aura rojo de Nagisa fue disminuyendo, ahora preocupándose por Nitori.
–Ai... –susurró Rin, volteando hacia Rei con una cara de pocos amigos –¿Qué le hiciste, Gafas Speedo?
–¡¿P-Por qué me están culpando a mi?! –la de ojos violetas se hacía cada vez más pequeña en comparación con sus tres acompañantes que le dedicaban miradas enfurecidas –¡En todo caso, se puso así por escuchar las cosas que estaban diciendo Rin-san y Haruka-senpai! –se sonrojó inmediatamente, al recordar lo poco que había escuchado.
La peli roja también se sonrojo ligeramente, con la mente que se cargaba Ai seguramente se hizo ideas completamente erróneas.
Y quien no lo haría, Rin.
Así que sin más preámbulos salió corriendo en busca de su pequeño Kouhai, porque muy en el fondo, sabía que debía explicarle las cosas, el por qué, lo pensaría después.
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A su paso, algunas personas le miraban con curiosidad y también con molestia. Haruka corría a toda velocidad ignorando los reclamos de quienes eran empujados durante su carrera, sus cabellos largos bailaban en el viento y su delgada figura no pasaba desapercibida para algunos muchachos.
–¿Han visto a Makoto?
–Nos encontramos con él, estaba muy acelerado y pálido como un fantasma.
El parque de diversiones no por nada era la zona turística más famosa en el centro de Iwatobi, ya que, con sus 8 áreas de entretenimiento brindaba inigualable diversidad en todas sus atracciones a los visitantes, sin duda la mejor zona turística.
–Lo llevamos con nosotros a la montaña rusa y nos encontramos con Kato-chan. Se quedaron s-o-l-o-s.
–Lo más probable es que los hayas dejado a propósito...
¡¿En dónde diablos estaba la montaña Rusa?! Haru se exasperaba con cada segundo, no podía dejar a Makoto con ese sujeto. Su pecho sentía una opresión, ya sea por el cansancio o por la preocupación de que algo fuera de sus manos llegara a pasar.
Cuando Nagisa le comunicó de la situación de Mako-chan y su –entrometido- acompañante salió prácticamente disparada en su búsqueda.
Ahora maldecía internamente al rubio del cuál no recordaba su nombre, porque realmente no importaba. Había consumido la mayor parte de su tiempo.
Se detuvo para descansar un poco, según el mapa del parque, había ido en la dirección correcta en la que se encontraba la famosa montaña rusa y paseando la vista no fue difícil encontrar la enorme estructura que se alzaba a su derecha. Echó a correr nuevamente y no tan lejos, ya se encontraba con la fila de gente esperando subir a la atracción. Ahora, sólo faltaba encontrar a Makoto que, si sus ojazos azules no la traicionaban, había visto a lo lejos entre una muchedumbre.
Continuará...
Gracias a mi querida amiga Ana K. por ayudarme con la estructura y también por motivarme con las ideas C:, nos estamos leyendo~ muchas gracias a todos C:
