Capitulo 11: Cross
"Solo hay una palabra para definirte: Padre"
Habían sido unos días muy agitados en la Orden para ella, se había presentado con muchos nuevos exorcista: Marie, Miranda, Chaoji y Timothy (el exorcista mas reciente y más joven de la Orden); pero sobretodo había planteado una buena amistad con el ultimo en el que hubieran pensando: Link Howard (una amistad que parecía molestar a Allen) y aunque no lo quería por conveniencia tenia ciertas ventajas relacionarse con él, como ahora que Link había dejado que se saltara a los guardias de Cross para tener una conversación a solas con este.
-Hoy es la ultima noche que te encierras ¿no?- le pregunto Cross
-Si… espera un momento ¿Cómo sabes tal cosa? Yo nunca te lo he dicho- dijo fijándose en el detalle
-Tenias una cara tan preocupada que era obvio
-¿Tan bien me conoces? Un solo año conmigo y me conoces como la palma de tu mano
-Lo dices como si tú no me conocieras
-No se mucho de tu pasado además ya te dije que tengo lagunas mentales en el tiempo en que fui tu aprendiz e incluso antes- le contestó- ¿no tendrás que ver en eso?
-Claro que no- le respondió calmadamente Cross
-Me preocupa lo que pudiste hacer en ese tiempo después de todo estoy hablando con el hombre mas pervertido de la Orden- le dijo descortésmente
Cross se quedo callado y la miro así que le pregunto:
-¿Qué estas pensando?
-Solo me fijaba en lo mucho que te pareces a tu madre
Se sonrojo un poco, le pasaba siempre que la comparaban con su madre pues la recordaba como una mujer muy hermosa y ella no se consideraba nada bonita.
-Yo no soy mi madre, ella no era un monstruo como yo- le dijo a Cross un poco triste, creyó por segundo que este la miraba como si el comentario le hubiera dolido pero sus ojos eran los mismos cuando volteo a verlo,
-¿Todavía recuerdas las reglas que te impuse en nuestro entrenamiento?- le pregunto Cross
-Si: 1- No te detengas a llorar por los caídos por que así no podrás proteger a los vivos, 2- No pelearas ninguna batalla con ira o te convertirás en lo que odias, 3- No importa lo que crean o piensen los demás tu harás lo que creas correcto- recito Lydia como si se las hubieran dicho el día anterior
-¿Qué harías si me escapará de la Orden?- le pregunto de improviso Cross
-Te buscaría hasta en el agujero mas profundo para traerte de regreso- respondió acostumbrada a las preguntas raras de su maestro
-¿Y si me secuestraran?
-Te buscaría y te salvaría
-No me encontraste vivo…
-¡Asesinaría al bastardo que te haya matado!- respondió ella súbitamente enojada
-No debes actuar bajo la ira
-¿Entonces debo olvidar el hecho de que te mato?
-No pero pásalo a segundo plano tu prioridad es evitar que mate mas gente- le explico Cross- creí que ya lo sabias tonta- agrego con un tono algo decepcionado
-No me gusta hacia donde esta yendo esta conversación- dijo Lidya algo preocupada
-Si yo no estuviera ¿Cuidarías de Allen y de Timcampy?- siguió Cross con el interrogatorio ignorándola
-¡Cla-claro! ¿Supones que los dejaría a su suerte?- respondió sorprendida por la pregunta
-Bien, ya puedes irte- la despidió sin educación su maestro
Se levanto bruscamente y dejo la copa que estaba bebiendo en la mesa con un sonido sordo pero antes de irse le dijo:
-No se por que me preguntaste todo esto pero si te pasa algo no te voy a perdonar, maestro idiota.
Afuera la estaba esperando Allen pues temía que Cross le hiciera daño.
-¿Qué has hecho allí dentro?- le pregunto su hermano
-No creo que quieras saber lo que me ha hecho- bromeo ella
-¡¿Qué?- salto Allen asustado
-Estoy bromeando- dijo riendo- de hecho creo ser la única chica de la que no ha pensado de esa manera- dijo con un tono mas serio
Esa noche se encerró como lo había hecho las dos noches anteriores: dentro de una especie de anfiteatro que había dentro del arca y había elevado una barrera protectora hecha con magia para mantenerse encerrada.
La explicación de por que tenía que hacer esto que le dio a su hermano no fue muy convincente: "Tengo que encerrarme las tres ultimas noches de cada mes para dejar que mis instintos de Noah se liberen pues no puedo mantenerlos a raya todo el tiempo"; eso no era una mentira pero no era la verdad completa, aquella cosa que le había sonreído en el espejo era la causante de todo aquello.
Pero su reflejo no apareció aquella noche y ella durmió en paz pero entre sueños creyó que alguien le acariciaba el cabello y la cubría con un manto. En la mañana la voz de su hermano la despertó.
-Buenos días Onne-san- la saludo su hermano que llevaba posado a Timcampy sobre la cabeza- ¿Qué es eso que llevas encima?
Al pararse descubrió asombrada que era el abrigo de Cross y ella empezó a dudar que lo que había sentido fuera un sueño; Allen no le hizo mucho caso al asunto pero su hermana decidió llevarse el abrigo puesto sobre los hombros y devolvérselo a Cross después del desayuno.
Lidya seguía preguntándose que había ido a hacer su maestro a donde ella estaba durmiendo, sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Allen:
-¡Timcampy espera! ¿Adonde vas?- Al parecer Tim por alguna razón había salido volando en dirección a algo o alguien.
Ella y Allen lo siguieron hasta una habitación donde había entrado disparado, la escena que encontraron al entrar era espantosa: en los cristales rotos de un ventanal, en el alfeizar de este, en las paredes y el suelo había una gran mancha de sangre, pero eso no fue lo que la conmociono si no lo que estaba en el alfeizar, la mitad de una mascara con una lagrima dibujada debajo del ojo y una pistola blanca con bordes dorados.
-Tanta sangre… ¿pero de quien?- solo atino a preguntar su hermano
Ella ya se encontraba junto a la sangre con los dedos a un centímetro de está.
-No esta permitido tocar nada hasta que aclaremos este asesinato- les dijo la voz de Leevier a sus espaldas dándoles un susto
-Era mi maestro y hare lo que quiera- respondió Lydia posando la mano sobre el suelo bañado en sangre, probo el líquido - Cross- susurró
-¿Qué significa esto?- pregunto Allen
-Dímelo tú que eres el principal sospechoso- le dijo Leevier- tenias bastante motivos para matarlo
-Lo mismo digo de usted- le espeto Allen
Mientras tanto ella tomo a Sentence, la inocencia de Cross, y la revisó.
-Esto ya no es una Inocencia- sentencio casi para si misma
-Eso no es posible – la contradijo Leevier
-¿Cómo lo sabes Onne-san?-le pregunto Allen
-Algunos Noah' s y magos tienen la habilidad de invertir la sincronización de una Inocencia pero generalmente es por poco tiempo, así que quien haya atacado a Cross era muy poderoso- explico ella
-Tu y tu hermano deben ser interrogados- le dijo Leevier sin hacerle caso
-A mi me tuvieron grabada toda la noche así que ya han de saber que no salí de mi habitación- dijo Lidya en tono brusco
-No saliste pero ayer Cross te hizo una visita y ese abrigo lo comprueba- le rebatió Leevier con una sonrisa
Lo siguió no por que quisiera cooperar pero deseaba saber que había hecho Cross en su estancia con ella, Allen la seguía de cerca con ojos preocupados.
Realmente la grabación no decía mucho y parecía a ver una especie de interferencia, pero lo que vio hizo salir las lagrimas que no había llorado hasta ahora: Cross le acariciaba el pelo con una mano susurrando palabras que no alcanzaba a oír pero eran amables por la forma en que sonreía y antes de irse se había quitado el abrigo para ponérselo a ella a modo de cobija.
Leevier intento poner una mano sobre su hombro para arrancarle el abrigo pero su mano fue más rápida apartando la del teniente con un golpe brusco.
-Vuelva a intentar tocar este abrigo y se quedara sin mano- dijo Lidya con tono amenazador
-Pareces un poco alterada- le dijo Leevier con una sonrisa
-No pretendo que me entienda-dijo la joven Noah con un tono falsamente cortes- para usted la gente es una mera herramienta, dudo mucho que usted sienta dolor por la perdida de alguien
-Demasiado dolor diría yo- le respondió el teniente divertido- tengo entendido que Cross no era un maestro muy cariñoso
-No se a que viene eso- contesto Lidya molesta, nadie le decía quien era su maestro y menos alguien que no lo conocía- ¿Intenta señalarme algo?
-Solo me pregunto si tu relación con Cross solo era de alumno/maestro- dijo Leevier satisfecho, como si la acabara mandar ejecutar
Lidya lo miro con odio pero le empezaba a preocupar hacia donde iba la charla; Leevier ensancho su sonrisa al continuar:
-Tú querías a Cross más que a un maestro ¿Verdad?
-Si- respondió simplemente ella
-Puedo decir que era un sentimiento muy fuerte por la manera en que te afecto- prosiguió el teniente arrastrando las palabras como si fuera una gran serpiente- así pues con una relación sentimental de por medio no podemos darte su puesto
-Con que de eso se trataba- dijo Lidya logrando hacer un atisbo de sonrisa- mi maestro detestaba ese puesto, yo no lo quiero tampoco
-Que bien que lo aceptas, por que no te puedes quedar con sus pertenencias- le dijo Leevier mirando el abrigo que llevaba puesto y la pistola que tenia entre sus manos
-¡Eso ni lo pienses!- exclamo la chica poniéndose de pie de un salto-¡Si les pones un dedo encima me encargare de que no quede suficiente de ti para que entierren!
-La única manera para quedarte con sus cosas es tener su puesto- explico el teniente- y para eso solo tienes que responder ¿Qué sientes por el?
Lidya se quedo callada: era cierto que no sabía exactamente cuál era el sentimiento que le profesaba a su maestro pero estaba segura de que no era lo que insinuaba Leevier.
-Te daré hasta mañana para decirme, mientras tanto vete despidiendo de sus posesiones- le dijo Leevier convencido de que no le respondería
Salió airada de la habitación, afuera la esperaba Allen que se sorprendió de verla tan alterada, lamentablemente no pudo preguntarle el por que pues la voz de Leevier lo llamo enseguida.
Todo el día se la paso en un estado lamentable y con la cabeza en las nubes, Allen la intento animar, después de que lo hubieran interrogado, pero no sirvió de mucho. Ella le expuso sus preocupaciones pero su hermano tampoco tenia las respuestas, debatieron sobre ello hasta que anocheció y tuvieron que despedirse.
Aquella noche se volvió a encerrar ahora sabia que cuando Cross la fue a visitar eso mantuvo a su reflejo alejado pero sabía que "ella" se lo iba a cobrar. Le costo mucho trabajo quedarse dormida y cuando lo hizo tuvo el sueño mas extraño de su vida y al mismo tiempo el más feliz.
Abrió los ojos en lo que parecía una ciudad vacía, blanca y llena de niebla; camino un rato buscando a alguien, no le gustaba estar sola desde muy pequeña había sido así, hasta que oyó música proveniente de algún lado y aguzo el oído para seguir el sonido (era como el sonido que emitía un chelo). Este le llevo a un parque lleno de arboles y bancas y mas adelante, frente a una de estas, donde estaba sentado un hombre tocando, efectivamente, un chelo.
-¿Cross?- pregunto insegura
Cross levanto la mirada y la muchacha se sorprendió todavía más: su mascara ya no estaba, la miraba cariñosamente y le sonreía, parecía rejuvenecido por lo menos 10 años.
-Por fin llegaste- le dijo Cross sin su tono antipático de voz- ¿Quieres sentarte?- dijo señalando un lugar junto a el en la banca
Se sentó a su lado, todavía un poco asombrada.
-¿Me quieres para algo en particular?- alcanzo a preguntar
-Quería hablarte y disculparme- le contesto su maestro- te he ocultado muchas cosas
-Por eso es que tengo lagunas mentales- concluyo ella sin recriminarle nada pues no había podido dejar de notar su tono triste
-Así es, ahora quiero que te enteres de todo- le dijo Cross y empezó a tocar otra vez el chelo
Le pareció conocer la melodía pero no sabia de donde, después de unos segundos de oírla le dio sueño y finalmente se quedo dormida.
Abrió los ojos por segunda vez en lo que parecía un teatro.
-"Es de noche "- supuso Lidya por que no había nadie solo Cross tocando el chelo sobre el escenario.
Lo miro por un rato y esta vez no dudo que este se veía más joven además de que se dio cuenta de que no la podían ver ya que no se daba cuenta de su presencia.
Después de unos minutos oyeron los pasos de alguien que se acercaba, la chica miro hacia atrás y abrió los ojos como platos: su madre, aunque mas joven, estaba caminando hacia ella; no podía ser otra que ella con su pelo rojo, ondulado y largo, su figura delgada, sus ojos negros que había heredado de ella y una hermosura que llenaba la habitación.
-Así que estas aquí, Cross- le dijo su madre a este, su voz repicaba como un montón de campanillas
-Buenas noches, María- respondió su maestro- sabia que ibas a venir
-¿Por qué estas aquí, te mandaron los de la Orden?- pregunto María
-Si y no, no hubiera venido pero me interesaba saber donde estabas- le respondió Cross a su amiga
-Me harte de estar ahí sabes que siempre odie ese lugar - dijo María en tono tranquilo- creí que a ti tampoco te gustaba
-Así es, pero esperaba que me avisaras que te ibas por lo menos- dijo Cross con una leve nota de enojo
Su madre subió por una escaleras junto al escenario, para acercarse a Cross, esto le dio tiempo a ella para acomodar sus pensamientos; a esas alturas ya se había dado cuenta de que ese era un recuerdo de Cross y se había percatado de que podía sentir lo que sentía este, esto era un poco incomodo por que sabia muy bien que Cross estaba enamorado de su madre.
-Perdóname, temía que si dejaba alguna pista me atraparan- se disculpo María
-No importa, cuéntame que has…- comenzó Cross pero una voz lo interrumpió
-María que susto me has dado- dijo una voz
Cuando vio de quien se trataba se hecho para atrás asustada: su padre, el Catorceavo, estaba parado frente a ellos. El hombre de un salto subió al escenario.
-¿Quién es tu amigo?- pegunto Cross amablemente
-Es mí… prometido- contesto María mirando a Cross un poco preocupada
El asombro se dibujo en los ojos de este solo para desaparecer un segundo más tarde, pero ella sabia que la respuesta le había dolido mucho.
-Mi nombre es Nea- se presento el hombre situándose junto a María, ella por mas que intentaba no podía dejar de ver el parecido de el catorceavo con Tiky y que, por supuesto, no le gustaba.
-Felicidades- les dijo Cross en tono vacio
-¿Quién es el?- le pregunto Nea a María
-Es un amigo de la Orden
Se dio cuenta de que algo cambio, Nea no vario su expresión pero noto un aire agresivo proveniente de este y un instante después de los ojos de su madre desapareció la luz que los caracterizaba; Cross no se dio cuenta: estaba demasiado alterado por la noticia que le acababan de dar.
-Cross…- llamo María, él volteo a verla- ya no quiero verte, no me busques, pienso empezar otra vida, vámonos Nea- dijo ella y junto con su prometido se dio media vuelta
Cross estaba tan conmocionado que no intento detenerlos aquello le había partido el corazón.
-¡Ve detrás de ellos!- le grito sin que la oyera- ¡todo es un engaño!- volvió a gritar pero Cross no se movió, intento empujarlo pero sus manos lo atravesaban.
Lloro de pura desesperación sus sentimientos junto con los de Cross eran casi insoportables; de pronto todo se desvaneció y casi inmediatamente volvió a formarse otra escena.
Vio a Cross entrenándose con esfuerzo pero ella se dio cuenta que la tristeza se convertía en odio y este le consumía, vio como termino con esa mitad de mascara con la que lo conoció por un hechizo mal hecho contra los hechiceros/calavera que estaban al servicio del Conde.
La escena volvió a cambiar: Cross se encontraba frente a una casa, la reconoció enseguida, era el hogar de ella.
Cross pasó las barreras que protegían la casa como si no estuvieran hay con una fuerte determinación de matar a la pareja que se encontraba dentro, ella se detuvo a mitad de camino: ¿Por qué Cross no los había matado? Estaba tan decidido, entonces ¿Qué lo había detenido?, era obvio que no los había matado, ella seguía viva y sus padres habían muerto a manos del Conde pero… ¿Por qué?
Avanzo hacia Cross que había abierto la puerta sin necesidad de llave, este entro a la sala donde estaba sentada el matrimonio que al verlo se quedó entre el asombro y el miedo.
-Nea ¿Qué tal has estado? ¿O es que acaso te debo llamar Catorceavo?- pregunto Cross burlándose
-Tu…-dijo con desprecio el aludido
Cross puso una mano en el cinto preparándose para sacar a Sentence, casi no había mirado a María pero estaba decidido a matarla también.
-¿Quién eres tu?- pregunto una vocecilla
Tanto ella como Cross se quedaron sorprendidos, miro a su yo pequeño, quien observaba a Cross con ojos brillantes, como si no se lo creyera.
-No te le acerques- le ordeno su padre con severidad a la niña, solo para que esta diera un paso desafiante hacia delante.
-¿Quién eres?- pregunto esta vez Cross
-Respóndeme tu primero- ordeno la chiquilla con tono muy parecido al de su padre-… por favor- agrego al ver la cara de desconcierto de Cross creyendo a ver hecho algo malo
Dejo a un lado su asombro y se concentró en como la examina y veía Cross: como María de pelo ondulado y largo, facciones delicadas, ojos negros y de una belleza y delicadeza que parecía acompañar todos sus movimientos, pero al mismo tiempo como su padre de pelo negro, mirada severa y un porte un tanto orgulloso y arrogante.
-Me llamo Cross soy un general de la Orden Negra-respondió el sonriendo por primera vez
-Yo me llamo Lidya y soy una niña cualquiera-respondió la pequeña sonriendo también
-Hija… aléjate de el te puede hacer daño- le dijo María a su niña, hablando por primera vez desde que Cross entrara a su casa
-El no nos hará daño-afirmo la pequeña Lidya- ¿A que no Cross-chan?
El aludido tardo en contestar debatiéndose entre el odio que le sostenía a los padres de la niña y el cariño inusitado que le tenía a esta, sabia muy bien que la niña era tan Noah como su padre y por ende un peligro si era educada como su progenitor, pero… y ¿si él le enseñaba a ser tan humana como se pudiera, a no odiar a los exorcistas? después de todo tenia sangre de exorcista de parte de su madre.
-Solo he venido a advertirles que la Orden les esta buscando- contesto por fin- no les recomiendo salir por un tiempo
Los adultos se sorprendieron y la niña ensancho su sonrisa.
Lidya lloraba de alegría mientras la escena cambiaba una vez más, así que había sido ella y solo ella la que había cambiado la decisión de su maestro; vio sus recuerdos de cuando era niña percatándose por primera vez de la silenciosa pelea entre Cross y el catorceavo: uno intentaba volverla lo mas humana posible y en un rayo de esperanza para el mundo y otro intentaba convertirla en un monstruo y en una maquina bestial.
Una vez más cambio la escena y vinieron los recuerdos de su entrenamiento con Cross, se dio cuenta del cambio en ella misma al verse: la pequeña niña de cara sonriente y ojos luminosos se había convertido en una chica de rostro ensombrecido y mirar vacio.
Sus lagunas mentales se fueron llenando conforme miraba el lado bueno de Cross (ella ya intuía que esa parte existía pues el decía cosas como "tu comida es malísima" pero repetía dos veces), el era el responsable de que supiera tocar el chelo, saber sobre opera, que supiera su árbol genealógico completo, cosa que nunca le había dicho Nea, y muchas cosas sobre los Noah's y el Conde.
Después de una sesión de chelo sucedió algo que hizo muy feliz a Cross.
-Esto es todo por hoy-le dijo Cross a aquella Lidya que tendría unos 11 años- ahora ve de compras para cocinarme la comida
La otra Lidya se paro enfurruñada del sillón donde se había sentado.
-Si, si, si…padre- dijo de mal talante aquella Lidya
Fue como si alguien le hubiera quitado el sonido a la escena: tanto Cross como las dos Lidyas se quedaron en silencio, Cross volteo a ver a la única de las dos chicas que podía ver como si no lo pudiera creer, esta se puso roja y salió corriendo dando un fuerte portazo; lo ultimo que vio la verdadera Lidya, antes de que se desvaneciera por ultima vez la escena, fue que Cross componía una gran sonrisa todavía mirando a la puerta y susurraba "gracias".
Lidya abrió los ojos por tercera vez: se encontraba apoyada sobre el brazo de Cross todavía sentada en la banca donde se había dormido. Este la miro, no pudo evitar ponerse a llorar después de todo seguía siendo una niña.
-¿Por qué lloras?- le pregunto Cross mirándola
-Es que… se que si me cuentas esto es por que- hizo un gran esfuerzo para no prorrumpir en más lagrimas-… no vas a volver ¿verdad?
-Lo lamento pero así es- contesto su maestro también triste- tengo que decir adiós
Lidya lo abrazo con fuerza dándole una sorpresa a Cross.
-Entonces adiós-le dijo la muchacha- pero recuerda que el Catorceavo dejo de ser mi padre para que lo fueras tu desde hace muchísimo tiempo
-Lo recordare-le dijo Cross correspondiendo el abrazo- querida hija.
Abrió los ojos esta vez en la realidad todavía con lagrimas en los ojos pero muy feliz.
Leevier se sorprendió cuando irrumpió en una junta solo para gritar lo que sentía por Cross: que solo lo veía como si fuera su padre y que se quedaba con el abrigo y la pistola pero mandaba al cuerno el puesto de general.
Lily: ¿Ven? Les dije que lo subiría rápido
Allen: (llorando) espero que tus lectores no se pongan sentimentales
Lily: (pasándole un pañuelo) ¿Así como tú? Espero que no, Allen ya te dije que dejes de llorar
Allen: pero, es que… ¡Nunca creí que el maestro fuera tan buena persona!
Lily: en el fondo todos lo sospechábamos
Allen: de todas formas ahora lo único que puedo hacer es cuidar de onne-san (sonándose la nariz)
Lily: por cierto ¿Dónde está?
Allen: (Sonriendo) durmiendo en tu cama
Lily: (acachando la cabeza y poniéndome a llorar) ¿por que todo mundo utiliza mis cosas sin mi permiso?
Allen: (pasándome un pañuelo) no te preocupes
Lily: (limpiándome las lagrimas) está bien, nos vemos luego lectores tengo que irme a dormir… espero que Lidya no se mueva mucho al dormir
