¡Hola! Tanto, tanto, tanto tiempo.
Comentarios, disculpas y respuestas al final del capítulo.
Disclaimer: El potterverso le pertenece a Rowling.
Advertencia: habrá en este capítulo la mención a una escena de violación. El fic tiene rated M y no debería tener problemas pero aún así lo advierto.
Capítulo 11
La madrugada del sábado la encontró desvelada, como ya era casi una costumbre, con los ojos bien abiertos mirando el techo, así que decidió levantarse, asearse e ir a su laboratorio. Eran cerca de las cuatro de la mañana y tenía trabajo por hacer y eso bien podría distraerla un poco de Caradoc Dearborn. Esta vez era él quién habitaba su mente y no la dejaba en paz. Él, su sonrisa y su invitación que estúpidamente había aceptado sin mucha meditación y sólo por insistencia. Hermione no hacía más que arrepentirse por las posibles ramificaciones del encuentro, entre más lo pensaba, más se torturaba. Por eso no podía descansar y cada vez que recordaba cómo se dejó llevar por el momento otro nudo se formaba en su estómago.
Su primera y principal estrategia era permanecer como un personaje ambiguo hasta tanto pudiera contactar a algunos personajes del bajo mundo que, de identificarla como miembro de la Orden o simpatizante de ella, la echarían a base de patadas y maldiciones. Este primer plan parecía diluirse cada vez más y temía las repercusiones. Pensaba que, por suerte, ya tenía algunas relaciones establecidas y que esperaba sean suficientes por el momento.
Una parte de ella se calmaba diciéndose que, en la taberna, durante el enfrentamiento con los slytherins, había demostrado que no hacía miramientos por unos u otros a la hora de levantar su varita. Algo que estaba segura sería comentado por aquellos testigos inesperados del lugar. Si bien su enojo fue más que sincero, todo su accionar de aquella noche, todos sus gestos fueron medidos para dar esa impresión de imparcialidad. Tuvo la oportunidad de defender en cierta medida a los mortifagos y poner en duda su lealtad hacia la Orden y lo hizo. Las miradas finales de Dorcas y Sirius eran suficientes como para saber que no confiaban en ella.
Reflexionando sobre esa noche fue cómo la imagen de Mulciber vino a su mente y se sonrió sin dejar de moler en el mortero unas cuantas hierbas frescas, formando una pasta de color amarillo verdoso. Su gesto pícaro se debía a que imaginaba cuánto hubiera disfrutado Draco ver a ese mortífago en particular revolcándose con desesperación, ahogado por una de las tantas maldiciones que él mismo le enseñó antes de su viaje al pasado.
Decir que entrenó para esta precisa misión es poco ya que todos y cada uno de sus amigos pusieron a su disposición todo su conocimiento con el único objetivo de darle una oportunidad más de supervivencia. De todos, Malfoy y Nott eran los que más insistían en subrayar la necesidad de conocer y utilizar magia oscura, algo que Hermione aprendió no sólo a aceptar sino también a conjurar con cierta maestría. Era consciente de que unos años antes, mientras aún les quedaba inocencia, tanto Harry como ella se hubieran mostrado reticentes respecto a ciertos conocimientos, pero la muerte que los rodeaba a todos en esa tercera guerra mágica borró cualquier vestigio de moralidad volviéndolos peregrinos de la zona gris.
—Todo sea por sobrevivir un día más— se repetía mentalmente a la vez que depositaba la pasta creada en otro recipiente y la mezclaba con un líquido que hervía en uno de los calderos.
Trataba de terminar sus ungüentos y pociones lo más rápido posible, así podría dedicarse a otros asuntos que la esperaban en su escritorio y que requerían su inmediata atención. Para su suerte, casi había terminado, sólo le restaba esperar a que hirviera de manera constante durante tres horas más, por lo que fue a sentarse a leer e investigar. Caradoc estaba desapareciendo de su mente a medida que se concentraba, algo de lo que se percataría dentro de unas horas.
Así llegó la media mañana y fue interrumpida por Aberforth, quien le traía unos sándwiches para que se alimentara y no desfalleciera en plena misión. Él estaba al tanto de la totalidad de sus movimientos, entre ellos había una alianza más que clara. Tomó una silla y se sentó a un costado del escritorio.
—Come esto y dime qué planes tienes para este… encuentro— dijo casi sin modular con ese sonido gutural que siempre lo caracterizaba.
No podía negar que la joven se le coló en el corazón más rápido de lo que alguna vez hubiera creído y mucho más de lo que admitiría en voz alta. Negaba con la cabeza en un oscuro silencio cada vez que sus pensamientos quedaban fijos en los peligros que esa bruja, su hija, debía pasar y enfrentar. Por primera vez en décadas volvió a tomar su varita con más interés de lo normal y se dedicó a refrescar movimientos que habían quedado obsoletos con el pasar de los años. Su rutina había cambiado y bien que se alegraba por eso.
—Será lo acordado— dijo mientras llevaba un sándwich a su boca y masticaba rápidamente—, le entregaré lo prometido y esperemos que esta vez tenga mejor información.
—Come más lento, unos minutos de descanso no matará a nadie por ahora.
—Unos minutos, incluso unos segundos pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte— dijo mirando un punto fijo en el suelo.
—No seas tonta, niña, si tú caes por la fatiga y el hambre, de nada servirá todo lo que has sacrificado.
Ella alzó la vista y lo miró fijamente mientras una sonrisa tenue se dibujaba en su rostro a causa de esas rudas palabras cargadas de cariño. Ese gesto la acercaba aún más a Ariana y Aberforth, ahora más acostumbrado a esos detalles, se enternecía y se perdía en la calidez de estar en familia después de haber vivido tanto tiempo solo. Hermione, en esas semanas y con sus gestos y detalles se había vuelto eso mismo, familia.
—Para eso estás tú, ¿no?— rió bajito y ese sonido se contagió en el corazón hombre, más aún cuando escuchó las siguientes palabras—. Confío en ti, Aberforth, confío en tus palabras y acciones y por eso ahora disfruto este delicioso aperitivo que preparaste.
Se sirvió algo de café para acompañar su sándwich. Con ambas manos en la taza, se acercó a sentir el aroma.
—No hay nada más delicioso que una buena taza de café— dijo con una sonrisa y los ojos cerrados.
—Sigo sin entender cómo puedes beber esa basura sin que te perfore el estómago.
—Y tú sigues preparándolo a pesar de ser basura porque sabes que me gusta— respondió de inmediato.
Aberforth no pudo evitar sonrojarse y gruñó entre dientes:
—Si es algo que te mantendrá en pie, no veo por qué no lo prepararía.
Hermione chasqueó con la lengua.
—Es verdad, pero si sólo fuera por eso, no hubieras encargado el de mejor calidad a ese negocio muggle.
Él no se dignó a mirarla, atrapado en su propia vergüenza y muestras de preocupación y cariño.
Pasaron unos segundos de cómodo silencio entre ambos antes de que él hablara de algo que lo estaba incomodando estos últimos días.
—No me agrada ese tal Dearborn— dijo casi como un susurro y Hermione sólo alzó la mirada intrigada sin dejar de masticar su segundo sándwich—, siempre fue un joven conquistador de jovencitas desprevenidas. Puedo recordar cómo se escabullía por los rincones con una chica diferente en cada salida a Hogsmeade.
La bruja casi se atraganta con su comida ante esa declaración.
—Creo que…— intentó decir mientras tosía—. Creo que… no podemos decir que yo… que justamente yo sea una jovencita… desprevenida— retrucó mientras trataba de recuperarse.
—Igual— sentenció negando con la cabeza—, no te dejes envolver por palabras melosas y sonrisas inútiles. Pueden distraerte de tu misión.
Hermione quería reír pero se contuvo y sólo lo observó. Casi podía decir que su advertencia tenía más que ver con los celos de un padre que con la preocupación de un compañero de armas. Ya lo había fastidiado suficiente con lo del café, otro posible comentario lo ofuscaría más de la cuenta. Suspiró sintiendo sus fuerzas renovadas tanto por la comida como por esos gestos de Aberforth que la hacían sentir en casa, en su hogar. El hombre, siendo simplemente él mismo, hizo que la transición de Hermione de un tiempo a otro, de una vida a otra, sea mucho más sencilla y que la soledad no la tragara por completo.
El mago, queriendo esconder sus emociones, fijó su mirada en el escritorio de Hermione que estaba rebosante de pergaminos y libros. Pasó su mano por los bocetos y apuntes de la joven. Llamaba su atención la cantidad de ecuaciones aritmánticas y fórmulas distribuidas en cada espacio libre. Podía distinguir tres o cuatro caligrafías diferentes entre las notas pero lo que más lo intrigaba eran los complejos diseños de puertas, cerraduras, llaves y espejos. Observó que algunos eran de armarios y al leer las notas junto al dibujo reconoció que se trataba de los Armarios Evanescentes que tan de moda estaban en ese momento.
—Debo terminar este proyecto lo antes posible— dijo ella con seriedad mientras llevaba a su boca la humeante taza de café.
Él la observó de reojo antes de preguntar con evidente curiosidad.
—¿Qué clase de proyecto es este?
—Uno que sólo nace del trabajo colectivo.
Con su mano libre movió algunos libros y tomó un pequeño cuaderno de manufactura muggle y lo abrió en una de sus páginas. Hermione lo acercó a Aberforth mientras sus dedos seguían las líneas del trazo de los diseños. Tenía ese gesto serio y melancólico que indicaba que estaba a punto de compartir algo de su pasado.
—El mundo no es tan grande como algunos creen— comenzó a decir con la mirada fija en el papel—, su tamaño se reduce cuando los refugios comienzan a desaparecer y la sensación de inseguridad y peligro permanente te invade más y más y más…
A su mente vino la imagen de esos campamentos en bosques o ciudades en ruinas en los que algunos levantaban guardas protectoras, otros preparaban alimentos o sanaban sus heridas. Recordó especialmente la escena de los niños a los que Luna, Dean e incluso ella misma solían narrarles cuentos para intentar abstraerlos de la horrorosa realidad que vivían. Lo triste era que cada vez había menos, morían como moscas por las manos enemigas o por las condiciones en las que vivían. Entre menos eran, la esperanza era cada vez más pequeña y por eso debía tener éxito en su misión, por eso no debía fallar.
—Debo evitarlo, debo salvarlos— comenzó a repetirse mentalmente.
—¿Cuán larga y filosófica es tu historia? — preguntó con el ceño fruncido y cierto hastío al ver que ella no continuaba, trayéndola nuevamente a la realidad.
Hermione chasqueó la lengua y farfulló un reproche inentendible. Parecía ser que la costumbre del mago de murmurar gruñidos estaba contagiándosele a Hermione luego de tanta convivencia.
—No, sólo me perdí en los recuerdos— dijo entre dientes mientras dejaba la taza a un lado y prosiguió—. Debíamos encontrar un lugar seguro para esconder a todos los que no podían seguir el ritmo de la guerra, especialmente para los heridos y los niños. Ningún sitio era cien por ciento infalible, no cuando hombres lobo, dementores, vampiros, mortifagos y las fuerzas armadas muggle estaban detrás nuestro— continuó revolviendo entre los papeles, pergaminos y libros—. Y la respuesta la tuvo Rolf Scamander.
Le entregó a Aberforth un pergamino con el diseño detallado de una vieja maleta de viaje.
—Esa maleta perteneció al abuelo de Rolf, Newt Scamander, el famoso magizoologista. En ella transportaba animales mágicos de un lugar a otro, generalmente con la intención de regresarlos a sus hábitats naturales. Evidentemente, el interior tenía un hechizo expandible y otro capaz de crear un ecosistema que permitía la vida dentro.
—Un muy buen escondite.
—Lo hubiera sido pero la maleta se perdió como muchas otras cosas durante la guerra. Ese boceto fue hecho gracias a un pensadero y los recuerdos de la infancia de Rolf. Intentábamos recuperar las características precisas para crear una nueva maleta.
Hermione volvió al cuaderno y dio vuelta una página y otra y otra hasta que se detuvo en una en particular en la que había un espejo. El marco presentaba un diseño complejo con relieves intrincados y espacios vacíos dónde, según indicaban las referencias apuntadas a un costado, debían ir grabadas las runas. Había una vista de costado de ese mismo espejo que indicaba cuán voluminoso debía ser el marco, cómo debían ir ubicadas las láminas de plata y cuán grueso debía ser el vidrio.
—Una noche entretenía a los niños contándoles de memoria una de las tantas historias muggle que leía en mi infancia— comenzó a decir—. En esa ocasión, se me ocurrió hablarles de Alicia a través del espejo de Lewis Carroll— sonrió un instante ante el recuerdo—, no sólo llamé la atención de los niños sino de algunos otros que estaban cerca. Cuando terminé y volví con los adultos, un amigo llamado Neville me dice 'lástima que no podamos pedirle a ese tal Carroll su espejo mágico y escaparnos todos a través de él'. Al escuchar esas palabras, me paré en seco y grité '¡Eso es, Neville!, ¡eres un genio!'.
—¿Existe un espejo semejante?
—No— respondió con cierta gracia—, es sólo un cuento pero eso no significa que no podamos hacer nuestro propio espejo, uno con un hechizo expandible similar al de mi bolsito de cuentas pero con las características de la maleta de Newt Scamander. Recuerda que esa tenía dentro un complejo ecosistema, un mundo propio más parecido al de la historia de Alicia.
—Un refugio.
Hermione asintió.
—Además, debe ser como los Armarios Evanescentes, con una entrada y salida diferentes. Capaz de transportarte a otro punto geográfico de ser necesario.
—Un proyecto ambicioso, complejo…— dijo con asombro y respeto.
—Sí… pero no imposible— Pasaba de un pergamino a otro con esas innumerables fórmulas que comenzaron a marear a Aberforth por lo rápido que Hermione las movía—. Mis amigos insistieron en que traiga conmigo todo nuestro trabajo para que así pueda encontrar una solución.
—¿Qué más necesitas?
—En teoría, esto debería funcionar, ya está terminado… en los papeles al menos— hizo una mueca de desagrado—, pero no es suficiente, debo… debo revisar las ecuaciones, reformular para que sólo sea necesaria una persona.
Suspiró y guardó silencio una vez más, sólo se escuchaba el crepitar del fuego de los calderos.
—¡Di de una vez cuál es el problema!, odio los silencios innecesarios y ya comienzas a ponerme nervioso— erupcionó de golpe como una de las tantas burbujas de los diversos líquidos que hervían en la distancia.
Eso era verdad. Si bien Aberforth amaba su silencio, lo aborrecía cuando se trataba del silencio en los relatos porque carecía de la paciencia necesaria para sobrellevarlo. Por esa razón, y muchas otras más, odiaba las intrigas y secretismos de su hermano que, por su parte, hacía uso y abuso de esas interrupciones climáticas al hablar de sus planes.
—Ajjj— se quejó Hermione por el exabrupto de su padre y su voz adquirió su típico tono sabelotodo—. No se puede usar un espejo cualquiera, debe ser creado desde cero, moldear cada elemento desde su origen con magia.
—Alquimia— dijo el mago y ella asintió—, entonces no veo el problema, a estas alturas tú debes saber perfectamente que soy un alquimista, no creo que me haya callado eso en el futuro ante semejante proyecto— señaló el relicario que Hermione ahora usaba diariamente, aquel que tenía las fotos de Ariana, Kendra y Percival Dumbledore—. Eso que llevas lo hice con mis propias manos, ¿lo olvidas?
—El espejo debe tener la capacidad de tener una entrada y salida. Eso sólo puede lograrse con la energía mágica de dos alquimistas trabajando en conjunto durante el cielo de Cáncer— respondió ella como si con eso explicara todo.
—Sigo sin ver el problema. El cielo de cáncer se abre a fin de este preciso mes.
—¡Ya lo intentamos!, ¡tú y yo específicamente meses antes de mi partida!— dijo casi gritando y suspiró con desgano antes de susurrar con resignación—, y no pudimos.
Fue hasta su cama y se dejó caer sentada como si recordar el fracaso le drenara su energía.
—Ya sabes que ser un alquimista no es tarea sencilla, lo dejaste más que claro durante esas lecciones improvisadas en medio del bosque.
Aberforth debía confesar que escuchar hablar de él mismo en pasado sobre cosas que aún no había hecho, y que esperaba no tener que hacer nunca, era algo que aún le costaba entender pero decidió guardar silencio y escucharla.
—Y mucho más difícil es que dos alquimistas puedan trabajar juntos sobre un mismo objeto a la vez— agregó finalmente Hermione.
—Sólo señalas lo obvio, niña. Por supuesto que no es sencillo encontrar un compañero, por eso los alquimistas suelen ser magos y brujas solitarios. Las energías mágicas en la alquimia tienden a colisionar porque siempre una quiere imponerse sobre la otra, borrar la huella mágica anterior para dejar la propia firma.
—Tú y yo lo intentamos y no pudimos— repitió frustrada—, la naturaleza de nuestra magia debe trabajar en oposición complementaria, cuando la tuya posea una fuerza centrípeta, la mía debe ser centrífuga y viceversa— miró uno de los calderos que burbujeaban—, pero mi magia imitaba la tuya para superponerse. Así, cuando tu radial iba hacia el centro, el mío hacía lo mismo y, como tu fuerza es superior a la mía, destruíamos los metales.
Hermione se paró de golpe con firmeza y dijo con convicción:
—Pero eso no importa, traje conmigo el proyecto y juré que encontraría una solución y lo haré.
El mago se cruzó de brazos y por primera vez esbozó una media sonrisa maliciosa. Ella lo sintió casi una burla y frunció el ceño intrigada.
—Dime algo, lo intentamos antes o después de… concebirte.
—Antes— susurró aún concentrada en los cambios que debía hacer.
Él se paró y su tamaño se impuso en la habitación. Sonreía abiertamente ahora, algo que lograría crispar a cualquiera.
—Déjame informarte que la familia Dumbledore tiene un largo historial dentro de la alquimia— se acercó a ella llamando su atención y le susurró con cierta ternura paternal— y tú, querida hija, eres ahora una Dumbledore.
Con esas palabras se retiró de la habitación llevando consigo el plato y taza vacíos. Hermione quedó petrificada en su lugar, su cabeza no dejaba de hacer cálculos teniendo en cuenta su nuevo contexto que había pasado por alto de manera tan estúpida.
—¡¿Cómo no lo vi?! — se gritó a sí misma—, ahora mi magia es diferente, hasta debí conseguirme una nueva varita. Por supuesto que teniendo una energía similar a la de Aberforth siendo padre e hija… por supuesto que…
La alarma de su reloj pulsera llamó su atención y la sacó de sus pensamientos. Era hora de emprender la pequeña labor del día, ya tendría tiempo para la alquimia. Tomó un bolso negro y guardó lo que había preparado durante la semana con mucho cuidado, sin perder un minuto más de su escaso tiempo. Su bolsito de cuentas era demasiado identificable como para llevarlo en todas sus misiones, además de contener objetos de toda clase que había traído del futuro y que no debía arriesgar tentando su suerte y perdiéndolo por ahí. Se vistió con prendas masculinas varias tallas más grandes y bebió una poción multijugos que la transformó en un hombre de mediana edad, calvo y con bigotes. Cuando la transformación se completó, apuntó su varita a su garganta, modificó su voz y se desapareció.
Transportarse tan lejos como ella lo estaba haciendo en ese momento hubiera sido agotador para cualquiera que no contara con su larga y suntuosa experiencia. Había llegado al Bosque Caledonio en las tierras de Escocia, un lugar bastante frío a pesar de la época casi veraniega. Caminó sin rumbo fijo sabiendo que su presencia sería advertida y que pronto irían a su encuentro.
—Hoy te apareces con la apariencia de un hombre— Se escuchó decir a sus espaldas y, a pesar de reconocer la voz, Hermione se giró preparada para lo que sea—. La semana pasada fue el de una niña pequeña, ¿cómo vendrás la semana que viene? sólo haces que me pregunte cuál de todas las figuras que vi es la real.
—Quiero pensar que soy todas y ninguna a la vez— respondió mientras agachaba sutilmente su cabeza y mostraba su cuello indicando sumisión y respeto, algo muy bien recibido por su interlocutora.
—Sé que eres mujer— dijo con convicción y Hermione controló con todas sus fuerzas oclumantes cualquier resquicio de temor o nervios que pudiera llegar a tener.
—¿De verdad, Julia? — rió restando valor a esas palabras—, ¿tanta seguridad tienes?
—Podrás ocultar muy bien tus movimientos tratando de ser neutra pero somos licántropos, ¿lo olvidas? Podemos ver un poco más allá, escuchamos mejor que los oídos comunes y percibimos aromas con mayor nitidez que las personas corrientes— caminó con cautela hacia el hombre vestido de negro que ella sabía era una mujer—. Has estado varias veces con nosotras y podemos recordar esos detalles.
Hermione quedó en su lugar mientras la mujer lobo se le acercaba y caminaba a su alrededor estudiándola. No emitió sonido alguno, no hizo movimientos bruscos, calculaba si estaba siendo amenazada. Se preguntaba si el acuerdo verbal entre ellas había concluido y si ahora sería atacada a traición. La bruja estaba en alerta.
—Pero no te preocupes, esa sospecha no la compartimos con nadie más— dijo mientras se sentaba en el suelo y una niña de unos diez años salía con precaución de detrás de uno de los árboles.
Hermione debía reconocer que sintió un gran alivio al ver que estaba fuera de peligro, por ahora.
—Tal vez son movimientos calculados para que pienses eso y esta apariencia que ves es la real— respondió la bruja mientras se sentaba con tranquilidad frente a la licántropo, sin dejar de permanecer en alerta.
Ambas se sonrieron.
—Puede ser, lo admito, pero quiero creer que estoy en lo correcto— retrucó Julia.
La mujer lobo poseía una belleza salvaje y una fuerza letal. Su cabello largo y enmarañado caía suelto hasta su cintura, su piel de color oliva acentuaba la fiereza de sus ojos negros y almendrados que destellaban con el brillo dorado característico de los suyos. Sus manos estaban curtidas por la vida en el bosque y sus uñas crecían como garras. Sus pies no estaban calzados y sus ropas raídas y sucias la reparaban del frío de las noches en el bosque. La niña que caminaba con timidez hacia ellas era su hija y mostraba los rasgos de su madre aunque sus manos aún eran más humanas que de animal.
—Aquí tengo lo prometido— dijo entregando el bolso negro—, agregué prendas para ti y tu hija así como elementos de aseo personal.
—¿Aún piensas que volveremos a la civilización? — preguntó con clara ironía.
—Tal vez tú no pero piensa en tu hija, piensa en Diana— dijo Hermione mientras miraba a la niña que ahora se sentaba junto a ellas.
La mujer lobo comenzó a gruñir provocando que la pequeña a su lado se sobresaltara.
—Yo soy su madre y yo decido qué es lo mejor para ella— sentenció con enojo.
—Lo sé— respondió de inmediato—, no te estoy ordenando sólo te estoy dando una posibilidad, una que tú decidirás si es la mejor o no.
Los gruñidos siguieron unos momentos pero se calmaron y una voz atravesada por la amargura salió de su garganta.
—No hay opciones y lo sabes muy bien. Nadie recibiría a una niña con licantropía. Ella está mejor y más segura entre los suyos que dentro de una sociedad que buscaría cualquier excusa para mandarla a Azkabán. ¿Quién le daría una varita a uno de los nuestros? ¿Crees que podrá ir a Hogwarts como cualquier otro mago o bruja? ¿Crees que una familia la recibirá con los brazos abiertos y la educaría con normalidad? El único aceptado fue ese niño Lupin y sólo para crecer como la marioneta de Dumbledore.
Hermione se guardó para sí su opinión y sus dudas respecto a eso: ¿Por qué, de todos los niños que padecían licantropía, sólo admitió a Remus? ¿Era sólo porque conocía a la familia o tenía claras intenciones de que se convirtiera en su espía entre las manadas cuándo creciera? No podía asegurar que Albus no tuviera intenciones ulteriores envueltas en un manto de altruismo. ¿Qué pensaría Remus al respecto si supiera que tal vez fue manipulado desde que era un niño?
—No tiene por qué crecer con extraños, tú podrías volver a la sociedad con ella— dijo Hermione haciendo a un lado sus pensamientos sobre Remus y Albus.
Esas palabras hicieron reír a la mujer.
—Sabes que no puedo y sabes que no te conviene. Lidero esta manada y te sirvo más de esa manera que civilizándome. Esta conversación está siendo una pérdida de nuestro tiempo— sonrió predatoriamente antes de agregar—, y si estoy en lo correcto, el efecto de la poción multijugos acabará y terminarás mostrándome que realmente eres un mujer.
Hermione ignoró sus últimas palabras y respondió:
—Tienes razón, me sirves más como líder de la manada pero eso no impide que te muestre otras opciones, quiero que entiendas que no deseo usarte sino que colaboremos mutuamente.
Pasaron unos minutos en silencio y Hermione no podía evitar estudiar a la pequeña niña que no le sacaba los ojos de encima. Su mirada penetrante comenzaba a incomodarla.
—¿Cuándo nacerán?— preguntó de repente tocando el tema que la trajo a ese encuentro.
—En el cambio de luna de la próxima semana, siempre es así. Al ser luna creciente, no habrá que lamentar la muerte de los recién nacidos.
La bruja apretó fuerte sus labios ante lo sugerido. Si los nacimientos se producían en luna llena, la propia madre se comería a su hijo o hija cuando se transformara. Al día siguiente sólo quedaría llorar el horror por la monstruosidad cometida. En esos casos, más de una prefería abrirse el vientre y extraer al niño en una improvisada y salvaje cesárea que, al no contar con los cuidados médicos y mágicos necesarios, terminaba con la muerte de la madre en la mayoría de los casos.
Julia custodiaba la parte de la manada compuesta sólo por mujeres lobo. No se trataba de que no recibieran a los hombres sino que allí se encontraban las que estaban encinta y los niños menores de 12 años que padecían licantropía. Ellas podían ir y venir cuando quisieran o permanecer si ese era su deseo. Parecería ser casi idílico si no fuera porque este pequeño grupo era subsidiario de la manada de Greyback y que todas respondían ante él, incluida la propia Julia. Sólo estaban separadas porque era verano y por los nacimientos que se estaban por dar, cuando llegara el otoño, se reunirían todos de nuevo para darse calor en el invierno y sobrevivir.
—¿Qué hacen con los recién nacidos?
—Dos de ellas tienen familia, los llevarán antes de la luna llena. La tercera sabe que de hacerlo, su propio padre matará a la pequeña 'bestia' así que lo dejaremos en un hospital muggle.
—¿Greyback está de acuerdo? — preguntó con cuidado y sospecha. No imaginaba a ese asesino aceptando que un bebé de su manada sea educado por muggles.
Julia negó con la cabeza.
—No le preocupa lo que ocurra. Él vendrá a este bosque apenas nazcan y los imprimará para poder reconocerlos como parte de su manada con el paso del tiempo y sea dónde sea que estén. Cuando lleguen a los ocho años los buscará y los convertirá para traerlos nuevamente. Es una especie de ritual de cacería que disfruta hacer año a año: rastrear y encontrar a los suyos, reclamarlos como objetos de su propiedad y aniquilar a los que lo rodean y se nieguen a obedecerlo.
Julia miró fijamente al hombre frente a ella evaluando sus gestos ante su confesión, quería ver el horror en los ojos de su interlocutor ante la atrocidad que le compartía, pero Hermione mantuvo su compostura. Por dentro, la mujer lobo pensaba que ya llegaría la oportunidad de ver el verdadero rostro de la bruja debajo de la poción multijugos porque, por más que lo negara y viniera disfrazada, ella apostaba sus garras y colmillos a que era una mujer.
Y no se equivocaba.
—¿Eso hizo con…?
Su voz quedó en suspenso mientras miraba a la pequeña llamada Diana. Esas palabras trajeron nuevamente a Julia a la conversación.
—Diana tuvo el 'privilegio' de ser convertida antes, después de todo, ella es su hija, ¿no?
En esas palabras se destilaba el odio de la mujer por Greyback y lo expresaba sin tapujos ni temor.
Diana Selene Greyback era el nombre completo de la niña que llevaba consigo una doble maldición: la licantropía y su padre. Hija del infame Fenrir Greyback y de Julia, la mujer que tuvo la desgracia de ser elegida como pareja del peor hombre lobo que alguna vez existiría. Aquello había ocurrido hacía varios años, cuando la mujer era una joven vivaz a pesar de estar maldita y ser obligada a recluirse en el bosque. En aquel tiempo era la pareja de otro licántropo, uno al que amaba con fiereza y que retribuía con creces ese sentimiento. Ambos pagaron caro su amor, él con la muerte y ella siendo reclamada por Greyback.
Julia se arrepentiría toda su vida por demostrar abiertamente su fuerza y coraje, ganándose así un lugar de respeto dentro de la jerarquía de la manada en muy poco tiempo, haciéndose notar. Fue por eso que llamó la atención de Greyback, por su espíritu indomable como el fuego. Le divertía ver cómo, rondando tan solo sus veinte años, esa jovencita se imponía ante los demás, sean hombres o mujeres. No hubiera pasado a mayores de no ser porque la vio demostrando su afecto hacia otro macho, uno que se exhibía junto a ella como si fuera dueño de la mejor pieza de la manada. Su maldad creció y quiso verlos sufrir a ambos porque él era el dueño de sus vidas, él y nadie más. Greyback les demostraría que no tenían libertad ni siquiera de tener sentimientos tales como el 'amor'. Él les demostraría que ellos no eran humanos sino bestias y que debían comportarse como tales.
El instinto predatorio se despertó en él y la sometió como sólo los animales hacen, frente a todos los demás y a la fuerza. Mientras otros licántropos bajo sus órdenes sujetaban a su pareja y lo obligaban a ver cómo Julia se defendía durante horas, él se divertía como pocas veces. La mujer peleó mano a mano contra Greyback quien debía admitir hacia sus adentros que realmente era digna de ser reclamada por él y por nadie más. Al final, cayó por el cansancio y las heridas, siendo forzada a abrir sus piernas y mirar fijamente a los ojos a su perpetrador, sólo para luego ver cómo asesinaban a su verdadero amor. Desde ese momento, ella se convirtió en la pareja de Fenrir Greyback. Él podía someter a cualquiera que viera y quisiera como víctima, hombres o mujeres, de hecho lo hacía siempre que le apetecía, pero sólo Julia era considerada su pareja en toda regla. Ambos eran los alfa de la manada y ella la segunda al mando en su ausencia.
Y esa es la razón por la que Hermione la contactó, esa y Diana.
La pequeña que ahora se sentaba tímidamente bajo el resguardo de su madre sería amiga de Hermione y los demás en ese futuro siniestro que intentaba borrar. En unos años, su madre sería asesinada por Greyback lo que la llevaría a huir de su propio padre. En esas circunstancias conocería a un más adulto Remus Lupin que la ayudaría a civilizarse lo suficiente como para mimetizarse con los demás y conseguir provisiones, por lo menos en los primeros tiempos de su deambular. Con el correr de los años, ella misma lideraría una pequeña manada y su padre, en una única muestra de consideración, la dejaría en paz sin obligarla a someterse a su autoridad. Eso cambiaría con el regreso de Voldemort y Diana fue consciente de que no podría proteger mucho más a los suyos, por lo que les dio la oportunidad de que eligieran: dejar esa pequeña manada e ir con Fenrir o seguir con ella y morir por desobedecerlo. Todos se fueron, sólo ella quedó como una renegada, escondiéndose durante esa época.
La futura mujer lobo consideraba a Lupin un amigo, casi un mentor, por lo que asistió a su funeral cuando la segunda guerra finalizó. Esa sería la primera vez que Hermione la vería pero no fue hasta que estalló la tercera guerra que interactuó. Diana los salvó en una oportunidad de otros hombres lobo que no respondían ante nadie y que los atacaron en un momento de debilidad. Los condujo a uno de sus refugios, unas cuevas en lo profundo del Bosque de Dean. Ese sería el comienzo de una amistad que duraría años y que finalizaría al ser ella asesinada mientras les daba tiempo a los demás de huir de soldados muggles.
Hermione se volvería una confidente y escucharía la historia de Diana. Ella solía hablar del funcionamiento y la sociabilidad de las manadas de hombres lobo en la época del dominio de Greyback, lo que les daba a todos una idea de cómo funcionaban las mentes de los licántropos entregados a su lado más salvaje. También, al calor del fuego de las noches de vigilancia, le había compartido con cariño en su voz los años que vivió junto a su madre y cómo ella era la única que podía desafiar a Fenrir por ser su pareja alfa, además de comentarle en qué cosas no estaban de acuerdo y cómo fue que encontró la muerte.
Cada historia guardaba fragmentos que ahora le eran más que útiles en su misión. Hermione sabía dónde estarían en esa época del año en el que habría nacimientos, sabía cómo debía acercarse, sabía cómo actuar frente a la líder y a los demás y, sobre todo, sabía qué ofrecer para llegar a un trato.
—Esas pociones y cataplasmas harán más sencillo el parto. Deben tomar la poción del frasco azul en la primera contracción.
—Veo que también nos traes prendas para recién nacidos.
—Pueden decir que las robaron del pueblo más cercano.
—No necesito que me digas cómo mentir, sé muy bien qué debo decirle a los demás.
Hermione la miró unos momentos y la mujer se sonrió con malicia.
—Esperas el intercambio, ¿no? —, rió con ganas y agregó—, nada es gratuito en esta vida, lo sé…— miró hacia el cielo antes de hablar—. Esta noche atacarán una maternidad muggle en pleno Londres, ahí se encuentra una bruja hija de muggles que ayer dio a luz. Greyback irá bajo las órdenes de un joven mortífago llamado Evan Rosier. Sus órdenes son matar a la madre y al recién nacido, no se les ordenó mantenerse ocultos— dirigió su mirada a Hermione con seriedad—, sabes lo que eso significa.
Por supuesto que sabía lo que significaba. Si no había órdenes de mantenerse ocultos, Greyback tenía vía libre para acabar con todos los que se interpusieran en su camino de la manera más sanguinaria posible.
Julia se incorporó y empezó a adentrarse en el bosque sin despedirse pero Diana se quedó un momento observando a Hermione con seriedad. La pequeña analizaba la figura del hombre frente a ella, lo estudiaba con detenimiento porque, al igual que su madre, creía que debía ser una bruja bajo la poción multijugos. Aunque había una clara diferencia de edad entre el recuerdo de aquella fuerte e intrépida mujer lobo que Hermione rtenía siempre presente y la niña que veía ahora, la mirada férrea e indomable era la misma.
De repente, la niña habló:
—Los mortífagos quieren que hagamos algo con ellos, algo grande. Aún no sabemos bien qué pero mi madre te dirá apenas lo sepa. Siempre tiene con ella ese galeón falso, cuando haya algo que informar, te lo dirá.
—Gracias— susurró y agregó—, por favor, cuídense, no se expongan más de lo debido.
—Somos animales, tenemos instinto de supervivencia— respondió la pequeña.
Esas palabras hicieron un nudo en el estómago de Hermione. Quería tomarla del brazo y decirle que no era un animal, que era un ser humano, que todos los hombres y mujeres lobo eran seres humanos y que incluso la monstruosidad de su padre lo era. Ser una bestia o una persona era una elección no un destino trazado y ella podía decidir qué camino seguir con sus acciones. Sin embargo, se guardó sus palabras para otra oportunidad, ya habría tiempo de entrar en esos debates existenciales.
Ahora lo que importaba era salvar a esas personas del destino que les aguardaba al caer la noche.
La tenue alarma de su reloj pulsera le advirtió que tenía diez minutos de poción multijugos antes de volver a su apariencia normal. Apagó la alarma y miró una vez más el bosque, debía regresar a la taberna y dar aviso.
Las sutiles pero poderosas guardas de Cabeza de Puerco advirtieron a su dueño de la llegada de Hermione. Fue a su encuentro y la observó mientras su cuerpo dejaba atrás los rasgos de un hombre para traer nuevamente la figura esbelta y rubia de la chica.
—Esta noche Greyback, Rosier y otros mortifagos atacarán una maternidad muggle y asesinaran a cuanto sujeto se interponga.
Aberforth apretó sus dientes con fuerza.
—¿Qué piensas hacer? — preguntó con un aire sombrío.
—Si damos aviso a Albus, irán algunos de la Orden y varios aurores. Eso sólo servirá para alarmar a mortifagos y a Greyback mismo de que alguien los está traicionando. Pondría en peligro a mis contactos.
—¿Entonces dejarás que lo hagan? — preguntó con cierto asombro pero sin juzgarla, él sabía que debían hacerse sacrificios en toda guerra.
—No— resolvió de inmediato mientras buscaba algo en su bolsito de cuentas y tomaba tres frascos de poción multijugos a los que le agregaba un cabello castaño—. Iré a cada hospital con un ala maternal y buscaré a las madres que hayan dado a luz el día de ayer, encontraré a esa bruja y la sacaré de allí.
—Eso no va a impedir que vayan igualmente y maten a todos. Más aún si no la encuentran.
—Antes de irme, haré que desalojen el hospital.
—¿Y cómo harás eso?
—Un incendio, una fuga de gas, un problema eléctrico, una amenaza de bomba— empezó a enumerar rápidamente—, cualquier cosa que se me ocurra llegado el momento.
Lo único que pudo entender Aberforth fue lo del incendio, las demás excusas sonaban demasiado muggle para su conocimiento.
—Tienes esa cita con Dearborn a las ocho— le recordó el anciano.
Hermione terminó de preparar sus cosas y se vistió nuevamente, esta vez con ropas femeninas. Cuando terminó de revisar todo, volvió su mirada hacia su padre.
—Vine al pasado con una misión, salvaré cuántas vidas pueda. Esa cita puede esperar.
—Ellos no son tu misión, no son miembros de la Orden. No deberías exponerte— advirtió con cierta preocupación.
Hermione se detuvo un momento ante esas palabras. Aberforth tenía razón, su misión era salvar a los miembros de la Orden y eliminar a Voldemort, lo que estaba a punto de hacer no era prioritario. Sin embargo, recordó lo que ocurrió en el Bosque de Dean apenas llegó. Esa noche casi abandonó a Remus sin saberlo, actuó por instinto y por su corazón quejumbroso pero valió la pena porque el impacto se vio más adelante. ¿Y si esa bruja hija de muggles y su hijo o hija tenían alguna importancia en el futuro? Por algo los querían muertos, había más de lo que se veía a simple vista. Concluyó que no había error, que debía salvarlos.
—Si son el objetivo de los mortifagos, debo salvarlos— resolvió antes de desaparecerse una vez más sin previo aviso.
Aberforth pasó su mano por su cara mientras exhalaba un profundo suspiro. La determinación de Hermione le parecía temerariamente estúpida pero ¿quién era él para ordenarle qué hacer y qué no?, sólo le quedaba esperar, velar y ayudar en todo lo que pudiera. Había llegado a la conclusión de que moriría antes de preocupación por la seguridad de esa bruja que por la varita de algún mortífago. Con ese pensamiento irónico, volvió a su lugar en la barra a escuchar las conversaciones de los ebrios, esperando encontrar alguna pista para futuras acciones y advertencias y así ser más útil para su hija.
N/A: ¿Cómo están, queridos lectores? Queda algún interesado en esta historia por ahí. Espero que sí y espero que otros nuevos se sumen a las aventuras y divagues de esta Hermione. ¿Alguno de los que están por ahí reconoce ese crimen de Greyback en una maternidad junto con Evan Rosier? Sí, sí… es de mi otro fic, Rosas y espinas jejeje. Espero les haya gustado el detalle XD. Sé que seguro esperaban otro tipo de capítulo con la mencionada cita con Caradoc pero… bueno… si hay algo que me gusta es darle entrada a los OC que viven en mi cabeza y que nacen pura y exclusivamente para cada fic… en este caso, Julia y Diana. Espero les haya interesado o por lo menos no los haya aburrido. Por otra parte, tal vez sea denso tanta explicación con el tema del espejo y las pociones o la alquimia pero, una vez más, mis gustos entran a molestarnos a todos XD. Lo que me atrae del mundo de Rowling es todo eso que quedó por fuera rodeando a Harry Potter, en este caso, todo lo que la magia puede hacer más allá de los hechizos y maldiciones… en otros fics me meto con el mundo de los sangrepura o con la magia celta… Ojalá no los haya aburrido al punto de abandonar el fic.
He desaparecido por mucho tiempo, lo sé. No entraré en detalles pero no he estado muy bien que digamos así que espero que sepan disculparme. No abandono ninguna de mis historias, ninguna… sólo me tardo más de la cuenta en actualizar. Respecto al resto de mis fics, están en proceso de escritura, algo que en mis circunstancias actuales, llevará más tiempo. Ojalá puedan disculparme.
Han sido sus comentarios tanto en este fic como en los otros los que me han dado fuerzas para salir de algunos temas personales, animándome a seguir imaginando estos mundos que pueblan mi cabeza. Debo confesar que los reviews nunca fueron tan importantes como en esta etapa de mi vida. Mil gracias a todos.
Respuestas:
herkyo: Sí, ella sabía perfectamente lo que hacía jajajaja. Pudo dejar de ser Granger pero no pudo dejar de ser una sabelotodo. ¿Llegará Hermione a la cita con Caradoc? ¿Tú qué crees? Cariños.
Yuki Nicky: ¿Cómo estás? Hace tanto tiempo que no se de ti. Ojalá te haya gustado el capítulo, tú ya conocías algún que otro detalle. Espero aún estés por ahí. Un fuerte abrazo.
Alexander Malfoy Black: Debo reconocer que el papel de Caradoc era menor al comienzo pero fue creciendo poco a poco. Por ahora, sigo pensando que Remus es la pareja canon en este fic pero veremos más adelante, ha pasado un año completo desde que actualicé por última vez y muchas cosas pueden cambiar. Saludos!
Lotus-one: Jejeje, recuerda que Snape está siempre buscando algo que lo haga ascender dentro de los mortífagos y huele que Hermione podría ser ese algo. Él tendrá su papel, no lo dejaré del todo en el lado oscuro de la fuerza jajajaja, sin embargo, no tiene protagonismo esencial en este fic (a diferencia de otros) así que lo odiaremos un poco. Ojalá vuelva a saber de ti después de tanto tiempo de haberlos abandonado. Besos
PrincesLink: Veremos cuáles serán sus futuras decisiones, en este capítulo vemos algunas. Saludos y gracias!
cariz10: Algo tarde pero aquí estoy. Gracias por tu entusiasmo, espero estés aún por aquí y que hayas disfrutado el cap. Un abrazo
Ross Malfoy: Qué te ha parecido este capítulo? Ojalá te haya gustado tanto como el anterior. Un abrazo.
anaylen: No, a Moony no le gusta y esta vez Remus está de acuerdo con él jajaja. No sé qué les parece esto de que sean como dos personas en un cuerpo pero es una manera de darle personificación a sus instintos predatorios jajaja. Veremos que ocurre con Snape, tiene un papel clave en algunos casos pero en otros aún está en formación. Los horrocruxes… no me olvidé nunca de ellos, ya llegará el momento. Besos y abrazos virtuales para ti.
Aid4: En serio, me alegra que te guste la taberna como escenario. En lo personal, a veces me agota que todo ocurra dentro del castillo jajaja. Algo que deberían decirle a Hermione es que no puede permanecer desapercibida si se entromete en los planes de los malos y ayuda a los buenos jajaja. Antes de dejarse ayudar, debe probar que tiene algo que aportar sin ir con el cuento de "vengo del futuro, vean la información que traigo". Saludos y cariños!
Florfleur: Debo decir que tu comentario me hizo reír mucho XD: Espero que te haya ido bien en aquel examen y me alegro muchísimo que mi historia te haya gustado tanto que hayas regresado a hacérmelo saber, tiene mucho valor para mí. Gracias por leerme, gracias por tus palabras.
JuliaLestrange: Gracias! millones de gracias! espero estés ahí todavía. Escribe en inglés con tranquilidad, lo entiendo muy bien sólo no sé escribirlo. El momento en el que ella es descubierta como una Dumbledore ya está decidido, falta aún pero ya está escrito. Mil disculpas por tardarme un año en volver a esta historia, lo siento. Un abrazo
TsukihimePrincess: No sólo Remus vio que Caradoc tiene interés en Hermione sino que Caradoc también vio el interés de Remus y por eso su apuro jajajaja. No olvides que él estuvo presente en la escena del frasco y vio cómo lo afectó a Remus. Aquí nadie es un santo. Sé que preguntarás por Rosas y espinas, no te preocupes, no la he abandonado jeje Besos.
Lykaios Lupin: Gracias por leer y dejar un review! Espero saber más de ti y lo que piensas de este fic. Abrazo.
Guest: Gracias! Siempre pido que dejen sus nombres, es una manera de conversar a través de los capítulos. Si vuelves, espero sabes cómo te llamas. Besos
yolandamndz: Gracias! un abrazo!
Alexa Sixt: Gracias a ti por dejar tu review. Saludos!
Valitos: Estamos de acuerdo, Hermione parece venir bien con cualquiera menos con Ron (lo siento si por ahí hay una ronmionera pero no es de mi agrado para nada) James y Sirius no son santo de mi devoción tampoco… muy arrogantes para mi gusto. Me encanta Aberforth y sus gruñidos jajaja! Y me encanta que Hermione se le cuele en el corazón. Espero aún estés por ahí. Un abrazo!
Nocturnals: Este Remus es un joven soñador aún y Hermione llegó en el momento justo en el que comenzaba su caída hacia la melancolía. Después de todo, estuvo ahí para ayudarlo cuando fracasó estrepitosamente en su misión. Espero leerte pronto. Saludos!
Yazmin932: Tarde pero seguro aquí estoy. Gracias por leer. Saludos!
Vicdany: Gracias por tus palabras! Sé que esperas Rosas y espinas, siento no actualizar aún ese fic, tenme paciencia, no lo he abandonado. Debo confesar que me gusta trabajar con las dualidades dentro de las personas/personajes… el lado animal de Remus es uno de mis favoritos así como el lado oscuro de Theo en Rosas y espinas. Un abrazo!
Daimond2539: Gracias por tus palabras, gracias por la paciencia! Espero estés ahí y me dejes saber qué te ha parecido este capítulo. Besos
Eileen Black H: Gracias! muchas gracias por el review y los ánimos! No hay problema con que menciones mis otros fics, son todos mundos que viajan dentro de mi cabeza en paralelo cruzándose a veces. Confieso que tu review me dio ánimos para retomar esta historia… llegó justo un día algo complicado para mí y me robó una sonrisa y un suspiro… gracias! Espero que hayas comenzado tus propias historias y que crezcan y se multipliquen en tu mente y corazón. Un fuerte y cariñoso abrazo!
tenshin anime: Gracias por tus palabras! Me alegra que te guste, no sabes cuánto! Ojalá estés ahí y me digas si te gustó el cap. Besos!
Viri Plisetsky: Jejeje, esta historia tiene un final que no he escrito pero sí que está decidido. Puede que cambie, lo admito, pero por ahora el rumbo es el mismo. Espero hayas leído este cap y te haya gustado. Un abrazo y muchas gracias por tu review.
¡Gracias a todos por llegar hasta aquí!
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¡Saludos a todos!
XD
