Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
¿La venganza o el amor?
Capítulo 11 El tiempo no se detiene…
De pie, en el balcón de su habitación, disfrutaba de la fresca caricia que el viento le otorgaba mientras mantenía sus ojos cerrados. Esa sensación le daba un leve alivio a sus alteradas emociones. La suave música comenzó a sonar en el jardín, indicando que muy pronto se daría inicio a la ceremonia. Abrió lentamente sus ojos y pudo ver como las personas caminaban hacia sus asientos designados y miles de pétalos blancos de rosas eran arrojados al cielo, depositándose por todo el suelo. Aunque el lugar estaba inundado de felicidad, él no podía dejar de estar triste y nostálgico. Supo que era momento de bajar, por lo que entró a su cuarto y, deteniéndose frente al espejo hizo los últimos arreglos a su atuendo, anudando su corbata y ordenando su cabello que el viento había revuelto. Observó un instante su reflejo e inconscientemente movió su mano, posándola sobre su costado derecho, a la vez que atormentadores recuerdos volvían a su mente. Giró su cabeza varias veces intentando que esas imágenes salieran de ella… se había esforzado mucho por tratar de olvidarlas, más por sus hermanos que por él. Salió apresurado de su dormitorio antes de que una nueva crisis se apoderara de él y ya no pudiera cumplir con la promesa que le había hecho a su familia. Tenía que seguir adelante, debía retomar su vida y superar el pasado, no podía vivir eternamente atrapado en aquel horrible instante.
Un poco más calmado, comenzó a descender por las escaleras y pudo ver a sus hermanos listos, esperándolo. Respiró profundo y soltó un suspiro para aliviar la tensión de hace un momento y así evitar un interrogatorio.
– Al fin bajas, Shun, te estábamos esperando – Seiya fue el primero en verlo – Sabes que la ceremonia no puede empezar sin ti.
– Perdón por el atraso – intentaba sonreír para no preocuparlos.
– Vamos, no podemos hacer esperar más a los invitados – Hyoga se acercaba para comprobar que saldría con ellos.
Miró a su hermano que permanecía un tanto distante, pero pendiente de su reacción. Volvió a respirar profundamente, mientras seguía al grupo hacia el jardín. Les había prometido hacer todo el esfuerzo para no arruinar ese día, pues, como le habían recomendado, debía avanzar y ese era el primer paso para volver a su olvidada vida.
Todo estaba preparado de forma elegante y delicada, digno de una ocasión tan especial como esa. Pudo apreciar los bellos adornos, la suave melodía y al final, decorado con múltiples flores blancas, se encontraba el altar. Se le hizo un nudo en el estómago al pensar en caminar hasta él, teniendo que pasar por en medio de tantas personas que lo estarían observando. Al menos no iba solo, así es que se acercó lo más que pudo a sus hermanos, mientras cruzaban la alfombra dispuesta en el suelo hasta el altar. A la vez que avanzaban, recordaba lo difícil que había sido para todos ayudarlo a superar su pérdida.
….
– Shun… – Saori le hablaba suavemente – Al fin despertaste – lágrimas de alegría corrieron por sus mejillas al ver como el joven movía sus dedos a la vez que pestañaba con dificultad.
– Sabíamos que lo ibas a lograr – Seiya se acercaba a la camilla.
Cuando al fin pudo enfocar su vista, se quedó observándolos, aún con la mascarilla en el rostro, las intravenosas en sus brazos y los cables de las máquinas que monitoreaban sus signos vitales pegados al cuerpo. Hizo el intento de sacárselos, pero inmediatamente las máquinas comenzaron a sonar fuertemente, indicando una falla. Los médicos no tardaron en inundar el cuarto, sacando del lugar a Saori y Seiya para estabilizar al paciente.
Salieron con una extraña mezcla de emociones. Estaban felices de que Shun al fin reaccionara después de dos meses en coma, pero temían que su cuerpo no resistiera. Se mantuvieron silenciosos, hasta que Ikki llegó cargando unos cafés junto a Hyoga y Shiryu. Al ver sus caras y el incesante movimiento de médicos y enfermeras entrando al cuarto de su hermano, de inmediato notó que algo había ocurrido, e involuntariamente sus manos soltaron los vasos, tirando el café al piso.
– ¿Qué le pasó a Shun? – preguntó con su rostro totalmente angustiado.
– No sabemos todavía – Saori estaba muy alterada y no era capaz de hilar sus ideas ni levantar la cabeza– Hace un momento comenzó a mover sus dedos y…
– ¿Qué dijiste? – Hyoga no podía creer lo que estaba escuchando. Shiryu se mantuvo en silencio, esperando que eso fuera una buena noticia.
Por su parte, Ikki sintió una ansiedad subir por su pecho, necesitaba saber qué estaba pasando adentro, y con su característico ímpetu, abrió la puerta sin pedir permiso. Al fin pudo ver a su hermano, sentado y libre de todos aquellos aparatos médicos. Cruzó su mirada con la de él y sin poder resistirlo, comenzó a llorar. Los doctores al verlo, se apartaron un poco, dándole espacio para que se acercara. Todos conocían de cierto modo la historia de ellos, por lo que no se opusieron al tan ansiado reencuentro, ya que habían comprobado la salud del paciente y este se encontraba en perfectas condiciones como para recibir su primera visita.
Shun no entendía mucho lo que ocurría, pero al ver a su hermano llorando, tuvo la certeza de que había estado en ese hospital un buen tiempo. Intentó recordar lo último que le había pasado, pero un fuerte dolor de cabeza le impidió hacerlo, teniendo que llevar sus manos hacia sus sienes para calmarlo, a la vez que unos quejidos salían involuntarios de sus labios.
– ¿Qué te pasa, otooto? – le preocupó su reacción.
– Debe ser un dolor de cabeza – le explicó el doctor – Es normal que después de despertar de un coma tan largo, se presenten este tipo de reacciones.
Ikki se sentó en la orilla de la camilla y lo abrazó. Sabía que él despertaría, pero vivir ese momento era indescriptible para él… su hermano al fin estaba de vuelta y haría lo que fuera por reconfortarlo.
Al sentir el cálido abrazo de Ikki, el dolor fue disminuyendo hasta que al fin pudo hablar.
– Nii-san… ¿qué… pasó? – su rostro se mostraba confuso y le era difícil hilar las ideas.
– ¿No recuerdas nada? – Shun negó moviendo su cabeza. Eso fue una sorpresa para Ikki, que miró de inmediato a los médicos.
– Eso también es normal, es una amnesia post-traumática. Poco a poco irá recuperando sus recuerdos y la capacidad para hablar. Por ahora, deben dejarlo descansar sin presionarlo – el doctor le explicaba en forma sencilla la situación.
Ikki volvió a mirar el confundido rostro de su hermano, tomando una de sus manos.
– No te preocupes, otooto, todos estamos felices de verte despertar – intentaba aliviar su desconcierto – Por ahora debes descansar y seguir las recomendaciones de los doctores.
Shun solo asintió con su cabeza, poco entendía de la situación y le perturbaba no poder hablar bien. Sintió un enorme cansancio, cerrando sus ojos nuevamente. Aunque Ikki no quería verlo dormido otra vez, se levantó y le ayudó a recostarse.
– Descansa, otooto – dijo a la vez que lo cubría con las sábanas – Estaré esperando afuera que despiertes de nuevo – vio como su hermano volvió a quedarse profundamente dormido y su rostro de nuevo mostraba esa eterna tranquilidad.
Después de conversar algunas cosas con los médicos, salió para darle la noticia a sus otros hermanos y Saori. Todos estaban felices de que hubiera despertado, pero les inquietó el hecho de que Shun no recordara lo que había sucedido. ¿Tendrían que ser ellos los que le relataran algo tan traumático?
Los días fueron pasando lentamente. Al principio, Shun lograba estar despierto unos minutos, pero ese tiempo se fue alargando poco a poco. Los dolores de cabezas eran recurrentes, trayendo consigo amargas imágenes que para él eran verdaderas pesadillas. Aunque les preguntaba a los otros qué le había pasado, todos insistían que ya tendrían tiempo de hablar de eso y lo animaban a recuperarse totalmente primero.
Pasando la primera semana lograron que comenzara a caminar, recorriendo los pasillos del hospital. Se turnaban para acompañarlo, aunque Ikki prácticamente vivía en la habitación de su hermano, pues nadie lograba convencerlo de descansar. Se sentía culpable del estado de Shun, se reclamaba no haberlo ayudado como en anteriores ocasiones.
Ya habiendo transcurrido un mes, todo parecía haberse estabilizado, aunque aún permanecía sin recordar los días previos al coma. Pronto lo darían de alta, ante la sorpresa de los médicos que encontraban que su recuperación había sido muy rápida. Ese día iba a su última terapia de kinesiología, acompañado de Ikki, cuando un especial aroma llegó hasta él.
– Fresas… es aroma a fresas… - dijo, confundiendo a su hermano.
– ¿Estás bien, otooto?
– Ese aroma ¿de dónde viene? – movía su cabeza en todas direcciones, buscando su origen.
– ¿Qué aroma, Shun? Debemos avanzar, la doctora nos está esperando – Ikki hizo el intento de que caminara, pero parecía clavado al piso.
–No puedo – comenzó a sentir un enorme dolor de cabeza a la vez que volvía a ver aquellas aterradoras imágenes. De pronto, lágrimas comenzaron a salir de sus ojos – Kaori… – susurró.
Ikki no podía creerlo, justo ahora que lo iban a dar de alta, Shun parecía recuperar su memoria, y temía que eso retrasara su salida del hospital. Vio cómo su hermano se agachaba, tomando su cabeza, llorando y susurrando el nombre de su amiga vez tras vez. Se inclinó para ayudarlo, pero notó que su mente estaba perdida en sus recuerdos. Intentó llamarlo, pero no respondió. Entonces, decidió abrazarlo para reconfortarlo como cuando eran niños. Sintió como poco a poco el alivio volvía a Shun, hasta que se desmayó en sus brazos. Se dispuso cargarlo hasta su habitación, donde encontró a Saori y Hyoga preparando sus maletas. Estos, al verlo, se sobresaltaron.
– ¿Qué pasó? – la chica preguntó preocupada.
– Creo que recordó lo que pasó – Ikki estaba perturbado, intentando entender qué estaría sintiendo su hermano en ese momento.
– Pero ¿cómo lo sabes? – el rubio se acercó.
– Tuvo otra crisis de dolor de cabeza – dijo mientras lo recostaba – Además, susurró el nombre de su amiga…
Ante esa revelación, todos supieron que, finalmente, Shun había recordado aquella traumática experiencia. Se miraron, tratando de saber qué harían a partir de ahora.
….
Sintió que la música se detenía con suavidad y eso lo sacó de sus recuerdos, enfocando su mirada al frente. Vio como de la mansión salía hermosamente arreglada, de impecable blanco y con un delicado ramo de rosas en sus manos, la novia. No supo cómo ni cuándo llegó hasta el altar, pero ahí estaba, de pie y pudo ver como la bella joven vestida de blanco le sonreía feliz. Todos los invitados se pusieron de pie y la música volvió a sonar, acompañando los pasos de la novia al altar. Shun, en ese momento, no podía dejar de sentir melancolía mezclada con angustia y enormes ganas de salir corriendo de ahí. Pero, le había prometido a sus hermanos que haría el esfuerzo de superar su pérdida, por lo que, en contra de su voluntad, permaneció en el lugar.
La joven llegó al altar y fue recibida por la mano de su novio, que se quedó mirándola embelesado. Él tenía claro que ella era hermosa; además, su largo cabello negro, adornado con pequeñas flores blancas le daba un delicado toque de pureza. El juez tomó un gran libro y leyendo en voz alta, dio comienzo a la ceremonia de matrimonio.
Shun apenas escuchaba las palabras, las que sonaban lejanas en sus oídos, sin prestarles mucha atención. Su mente y corazón no estaban ahí, sino en aquellos recuerdos que aun persistían en volver precisamente ese día.
….
– Otooto, al fin despiertas – Ikki se acercaba a la camilla – Me tenías preocupado.
– Nii-san… - dudó en preguntar - ¿Puedes decirme hace cuanto estoy en este hospital?
Ikki tragó saliva, sabía que al despertar, su hermano querría saber todo lo sucedido. Pero vivirlo era más difícil que pensarlo.
– Shun… estuviste dos meses en coma y ya ha pasado un mes desde que despertaste.
– Tres meses… – trataba de procesar esa información – ¿Qué pasó con… Kaori? – se le hacía difícil pronunciar de nuevo ese nombre.
El Fénix lo miraba perturbado, no sabía qué responder. Se mantuvo en silencio unos minutos hasta que el menor levantó su mirada, exigiendo una explicación.
– A ella se la llevaron… – no sabía cuánto recordaba Shun, por lo que dudaba en qué decirle – ¿Cuánto recordaste, otooto? – preguntó con preocupación.
– Creo que todo, pero es difícil saberlo, porque parece más una pesadilla que la realidad – no podía creer que esas imágenes que inundaron su mente repentinamente eran reales, que a su amiga se la habían llevado mortalmente herida.
Aunque había recobrado su memoria, los médicos decidieron darle el alta de igual forma, pues físicamente estaba en perfectas condiciones. Solo debía volver periódicamente a controles médicos de rutina, incluyendo un neurólogo para controlar la recuperación de su amnesia temporal.
Esa fue la parte más dolorosa del proceso, pues día a día debía enfrentar los espantosos dolores de cabeza que traían consigo aquellas horribles imágenes. Siempre terminaba desmayándose, pues su mente aún se resistía a la verdad. Sus hermanos estaban muy preocupados, no sabían cómo ayudarlo, por lo que decidieron quedarse en la mansión hasta que él se recuperara totalmente. Recordaban que algo muy similar le había ocurrido después de lo de Hades, pero nunca al grado que veían ahora. Intentaban distraerlo de alguna forma, sacándolo a pasear al jardín, contándole cosas cómicas que les sucedían o viendo alguna película juntos. Ikki, sin embargo, siempre mantenía la distancia en esas ocasiones, dejaba que probaran sus métodos de ayudar a Shun. Él se dedicaba a su hermano en la habitación, ahí se sentía como cuando eran niños por lo que podían conversar y distraerse, intentando aliviar en él aquel dolor de perder a alguien querido que conocía perfectamente.
A medida que fueron pasando los meses, las crisis de dolores de cabeza fueron disminuyendo y su ánimo fue en ascenso, por lo que Shiryu y Hyoga decidieron que era tiempo de volver a trabajar en los orfanatos que habían quedado al cuidado de sus novias. Se despidieron de Shun, asegurándole que lo llamarían todos los días para saber de su salud y de su ánimo, a lo que él les respondió con una sonrisa. Ante ese gesto se preocuparon un poco, pues esa no era la sonrisa sincera de su hermano a la que estaban acostumbrados, solo era la sombra de lo que alguna vez fue.
Aunque todo parecía volver a la normalidad poco a poco y todos retomaban sus actividades lentamente, Shun no fue capaz de volver al instituto. Cada rincón de él le recordaba a Kaori y cuando hizo el intento de ir, no pudo entrar debido al pánico que se apoderó de él. Se atribuía la culpa por lo que le había sucedido a su compañera y se había convencido de que todo lo que le había sucedido era por su causa. Su mente constantemente divagaba pensando en qué habría sucedido si no la hubiese conocido. Cada recuerdo, aunque fuera bueno, lo torturaba en demasía. Fue en ese punto que Ikki decidió hablar seriamente con él.
– Shun, no puedes culparte eternamente. Todo lo que sucedió estaba fuera del alcance de tus manos. No era algo que pudieras manejar a tu antojo.
– No creo que sea así. Nunca debí conocerla… aún estaría viva – no podía seguir hablando, pues se le hacía un nudo en la garganta.
– Lo mismo pensaba yo – Ikki intentaba consolarlo – También creí que nunca debí conocerla.
Shun levantó la vista y pudo ver el apenado semblante de su hermano. Pocas veces hablaba de lo que le había ocurrido.
– Ikki, no es necesario…
– Sí, lo es. Necesito contarte mi experiencia para que entiendas que comprendo tus sentimientos – respiró profundo, pues sabía lo difícil que eso sería – Yo conocí a Esmeralda en la Isla de la Reina Muerte y ella resultó ser un refugio para mi dolor, aliviando mi pena por tenerte lejos y curando las heridas que me producía el entrenamiento. En algún momento pensé que lo peor era haberla conocido, porque eso le produjo la muerte… - se detuvo, pues el dolor de ese recuerdo siempre era fuerte – Pero, después reflexioné en lo maravilloso que había sido conocerla y en el bello recuerdo que me dejó. No puedo vivir culpándome, sé que eso no le gustaría a ella. Al contrario, debo vivir apreciando el haberla tenido en mi vida – levantó su mirada, cruzándola con la de su hermano, quien lo veía con fijeza y admiración.
Se sentía muy agradecido de que su hermano compartiera sus sentimientos con él y sus palabras sinceras lograron darle una luz de esperanza. En vez de recriminarse por lo sucedido, apreciaría cada momento feliz que pasó junto a Kaori. Se propuso, entonces, retomar su vida lentamente, superando el trágico pasado que le tocó vivir.
….
La voz del juez diciéndole que era su turno de firmar aquel libro, lo volvió a sacar de sus recuerdos. Miró a quienes tenía al lado y le sonrieron para que procediera. Suspiro y tomando el lápiz, firmó con unas hermosas letras. Hubiese querido estar más atento a la ocasión, pero la misma hacía que su mente se dispersara en sus memorias. Cuando el juez dijo el clásico "Los declaro marido y mujer", todos se pusieron de pie y aplaudieron de alegría.
Entonces, Shiryu se acercó a su novia, Shunrei y besó sus labios con delicadeza, sellando simbólicamente aquel momento. Luego, miró a su hermano con una sonrisa de agradecimiento.
– Gracias, Shun. En serio te agradezco que hayas aceptado ser testigo de mi matrimonio – se acercaba para darle la mano.
– No fue nada. Gracias a ti por considerarme digno de esta ocasión – se sentía un poco culpable de haber estado distraído durante la ceremonia – Felicitaciones por tu matrimonio.
– Viste que no fue tan terrible – Seiya se acercaba, pasando su brazo por sobre los hombros de Shun – Yo sabía que esto te haría bien.
– Sí, tienes razón – seguía pensando que, extrañamente los recuerdos le habían ayudado a estar ahí.
– Bueno, ahora a felicitar a los novios – la característica alegría de Seiya se hacía presente.
La fiesta estaba cuidadosamente preparada. Saori había ayudado a Shunrei en todo y le había recomendado usar la mansión para realizar el matrimonio. Habían pasado meses preparando los detalles para que todo saliera perfecto. Y cuando salió de la mansión, vestida ya de novia, se alegró de ver a Shun junto a su novio, pues sabía lo difícil que había sido ese año para él.
El resto solo fue diversión. La elegante comida estaba exquisita, la sesión fotográfica familiar fue fantástica, todos riendo y bromeando junto a Shiryu, a excepción de Ikki, que mantenía su seria compostura. Shun estaba agradecido de tener esa familia que se había preocupado de sacarlo de su encierro y que no lo dejaran atrás. La música comenzó a sonar invitando todos a bailar, por lo que, rápidamente fueron a la pista. Querían disfrutar al máximo aquella ocasión, que no sabían cuando se repetiría.
Saori tomó de la mano a Shun y lo llevó hasta la pista de baile, aunque él se resistió al principio. Luego, Erii, incluso la misma novia lo invitaron a bailar con ellas, la idea era que no tuviera tiempo de pensar, sólo distraerse.
Finalmente, la fiesta terminó ya entrada la noche. Todos partieron a sus cuartos a descansar, pues estaban exhaustos. Shun se acercó a la cama y se recostó aún sin cambiarse, pues el día había sido demasiado agotador para él y sin darse cuenta se quedó profundamente dormido.
Despertó sobresaltado, sentándose en la cama con la respiración agitada. No recordaba qué había soñado, pero la angustia no le permitió conciliar nuevamente el sueño. Salió al balcón y notó que aún era de madrugada, pues todavía estaba de noche. Como ya no podría dormir, decidió salir a dar una caminata por el jardín para relajarse. Descendió con suavidad las escaleras para no despertar a nadie y salió afuera, donde el fresco viento lo recibió agitando sus cabellos. Caminó sin pensar mucho a donde ir, solo deseaba despejarse, hasta que un conocido aroma nuevamente invadió sus sentidos.
– Fresas… el perfume de Kaori – aspiró la dulce esencia. Sintió que debía buscar el origen de aquel aroma, pues cada vez era más intenso. Su corazón latía acelerado y la desesperación se apoderó de él, comenzando a correr a medida que sentía más marcado el perfume en el aire. Ante su atónita mirada pudo ver una figura femenina de pie recostada en un árbol, haciéndolo parar en seco. Sintió como si sus latidos se hubieran detenido de golpe y con fuerza su corazón volviera a bombear. La ansiedad se incrementó en su pecho y comenzó a caminar con lentitud hacia aquella figura. Al acercarse pudo ver a Melinoe.
– Andrómeda – se sobresaltó por la presencia del joven.
– Melinoe – Shun tampoco salía de su impresión.
– Pensé que no habías sobrevivido al ataque de mi madre – ella hablaba con melancolía.
– Fue Athena la que me ayudó con su cosmos, ella eliminó el aura de Perséfone – le explicaba la razón de que estuviera vivo – Pero, yo también pensé que… - no pudo seguir, se le hacía difícil decir aquello contra lo que lidió todo ese tiempo.
– Mi madre me ayudó. Aunque su aura es destructiva, también tiene poderes curativos.
– ¿Qué haces aquí, entonces? – le llamó la atención que volviera a verla.
– Como pensé que habías muerto, recordé que en este lugar fue donde te vi por primera vez. Quería despedirme de algún modo de ti – lo miraba con sinceridad.
– ¿Viniste a despedirte? – no entendía qué podía significar eso.
– Sí. Mi madre terminó su trabajo en el inframundo y ya todo ha vuelto a la normalidad. Ahora, debemos volver a nuestro sueño eterno hasta que seamos necesarias de nuevo – miraba al cielo, disfrutando el roce del viento en su rostro.
Shun se quedó observándola. Ella no esperaba encontrarlo ahí, por lo que ese encuentro había sido casual. Pero, la duda inundó su corazón y no pudo resistirse a preguntar.
– Si debes volver a tu sueño… ¿qué sucederá con el cuerpo de Kaori?
– Cómo te dije en alguna ocasión, ella desaparecería después de algún tiempo… creo que ya ha pasado demasiado – vio como el semblante del joven se volvía sombrío – Pero, uno nunca sabe lo que puede lograr el amor.
– ¿Por qué dices eso? – le causaron intriga sus palabras.
– En medio de la batalla pude ver lo importante que fuiste para ella, por eso deseé que ese amor me perteneciera a mí – se ponía una mano sobre el corazón – Quizás ella aún se resista a desaparecer con el poder de ese amor.
Esa revelación hizo latir su corazón con fuerza, aún existía la posibilidad de que ella regresara, aunque fuera mínima, para él era suficiente. El cielo comenzó a cambiar de color, apareciendo los primeros matices rojizos en el horizonte, demostrando que pronto amanecería.
– Fue un gusto conocerte, caballero de Andrómeda – dijo Melinoe acercándose a él.
– Shun – dijo el joven.
– ¿Cómo?
– Mi nombre es Shun, preferiría que nos despidiéramos así.
– Ah… fue un gusto conocerte… Shun – al decir su nombre, sintió que la fuerza la abandonaba y sonriéndole, desapareció. Entonces,el joven se acercó para sostener el cuerpo inerte de Kaori. La abrazó con fuerza, mientras las lágrimas salían solas de sus ojos, rogaba porque esa mínima posibilidad se hiciera realidad.
De pronto, sintió una vibración en su cosmos y apartándose un momento de la chica pudo ver aquella cadenita que le había regalado, brillando con intensidad alrededor de su cuello. Lo siguiente le trajo una inmensa alegría. Sintió como la chica intentaba respirar con dificultad, tosiendo un poco a la vez que se removía en sus brazos. Ahora sus lágrimas eran de felicidad, no podía creer que ella estuviese viva.
– Kaori – la llamó con suavidad. Entonces, ella abrió con lentitud sus celestes ojos, enfocándose en su mirada.
– Shun – logró pronunciar. Eso fue suficiente para él y volvió a abrazarla con desesperación. La felicidad inundaba su pecho, no podía salir de la impresión de tenerla entre sus brazos nuevamente.
– Estoy muy feliz de volver a verte – fue capaz de decir al fin.
– Yo también estoy muy feliz… pero, ¿cuánto tiempo ha pasado? – estaba confundida, no sabía bien qué había sucedido.
– Mucho, pero es mejor hablar de eso después, con más calma – trataba de tranquilizarla.
– Pensé que nunca volvería… me sentía encerrada en mi propio cuerpo – quería explicar lo que vivió – Pero, tu recuerdo me mantenía con fuerza, deseaba tanto volver a verte algún día – Shun comenzó a acariciarle el rostro, sus palabras eran tan reconfortantes como tenerla de vuelta.
– Yo también deseaba verte y poder decirte que… te amo – le susurró muy cerca de su rostro y atrapado en sus hermosos ojos, se acercó a sus labios lentamente para besarlos con suavidad.
– Yo también te amo – sus mejillas se ruborizaron y una sonrisa se delineó en su rostro… esa sonrisa que tanto lo reconfortaba.
– ¿Sabes? Fue tu aroma a fresas lo que me atrajo a este lugar. Nunca olvidé tu esencia… - le confidenciaba con sinceridad.
– Qué curioso. ¿Sabes qué significa mi nombre? – Shun negó con su cabeza – Aroma… nunca pensé que su significado podría ser importante – su rostro se mostraba reflexivo – Aunque debo reconocer que tu dulce aroma a vainilla también me daba fuerzas.
Disfrutaron de ver juntos el amanecer, la felicidad los inundaba y estar abrazados aliviaba todos los dolores sufridos ese tiempo. Lentamente, Shun se puso de pie y ayudó a Kaori a levantarse, caminando juntos hacia la mansión.
Todo ese maravilloso instante fue observado por un joven desde la rama de un árbol. Había llegado ahí por casualidad buscando esa soledad que lo reconfortaba, y al ver a su hermano junto a aquella chica, aunque en un principio eso le pareciese imposible, decidió seguir viendo lo que sucedía. Una sonrisa se dibujó en sus labios, al ver la felicidad en el rostro de su otooto. Tenía la convicción de que él, más que nadie en el mundo, merecía ser y vivir feliz. Cerró sus ojos, para seguir descansando en aquel inusual lugar, a la vez que pensaba cómo finalmente el amor se había impuesto por sobre la venganza…
FIN
Notas de la autora: T-T No puedo creer que se haya terminado… Será extraño seguir sin escribir esta historia, que se apoderó de mi tiempo y mi mente estos dos meses.
Cuando la comencé, tenía claro el inicio, el final y algunas cosas del desarrollo. Salió más larga de lo que pensé y me exigió leer mucha información adicional.
Antes de escribirla, leí todos los mangas de Saint Seiya, incluido Next Dimension. Además, tuve que investigar de mitología griega, de la cual tenía vagas referencias. Fui aprendiendo muchas cosas de redacción y narración a medida que avanzaba, por lo que cuando releo los primeros capítulos, me doy cuenta de muchos errores XD Pero, me ha servido para crecer y desarrollar esta habilidad que nunca antes pensé en explotar. Han sido dos meses muy satisfactorios.
En verdad, agradezco a todos los que han comentado en algún momento esta historia, tomándose el tiempo para dejar su opinión. Darkacuario, MeTal, Shuny, Draconeg, LaurenT, Miley Atem, Kriziaprincesa de la Luna, Hanehera, RoceldaHope, Adele MeLoDy, Tepucihuatl-Shun y Mel-Gothic de Cancer. En serio, muchas gracias por su apoyo y espero haber cumplido con las expectativas que tenían de esta historia.
También, gracias a los lectores silenciosos, que siguieron este fic y aquellos que la marcaron dentro de sus favoritos… Cada gesto de aprecio por mi escrito me animó a seguir adelante hasta terminarla.
Espero, sinceramente, que les haya gustado el capítulo final. Soy romántica por esencia, así que quería un final feliz, a pesar de todo el sufrimiento previo.
Ahora, los invito a dejarme su opinión final, para así poder cerrar este proceso de la mejor manera :D
Muchas gracias por su tiempo y será hasta la próxima... Saludos, Selitte :)
