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Episodio X.

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Damon no estaba muy seguro de cuánto tiempo había pasado desde que se defendió de Katherine y tomó la sartén por el mango, pero lo que sí sabía era que no podía quedarle mucho para que algún guardia o el mismísimo Klaus aparecieran por la puerta para defender a esa zorra o para matarlo. Ambas opciones eran viables a estas alturas.

Pero aún así, sabiendo que el tiempo corría a toda velocidad se mantuvo quieto, apuntando a la chica con esa sonrisa de suficiencia pintada en la cara, una seguridad que no sentía en absoluto. La morena no se había movido ni un ápice, pero su cuerpo estaba en tensión, preparado para saltar en cualquier momento, pero no era estúpida, él estaba demasiado loco para que ella se arriesgase a luchar por vivir, se mantendrá quieta, esperando, alterando a su agresor.

— Y bien Katherine, ¿no vas a suplicar por tu vida? ¿a llegar a una especie de trato suicida? te conozco lo suficiente para saber de lo que eres capaz —se regodea, aún en su estado lamentable se atrevía a reírse en su cara, realmente tenía un mal aspecto, llevaba varios días sin ver la luz del sol, encerrado en ese sótano mugriento con un vaso de agua diario y un trozo de pan que procuraba no tocar, no se había preocupado por nada hasta que se despertó con un arma en el suelo.

— ¿Nada de nada? ¿o es que ahora no eres tan chulita? —sonrió y se sentó encima de la cama, con las piernas entrecruzadas, para poder observar mejor su obra. Había dejado que la chica se sentase en la silla, la cual estaba justo en frente suya, a escasos centímetros de él, pero con la única diferencia, de que esta vez nadie iba a intercambiar su papel, usaría el arma si era necesario para impedirlo— ¿Sabes? no necesito que hables, para nada, tengo el control de esto y si alguna vez has tenido la oportunidad de morir de forma agradable, ya no más. No voy a ser tan estúpido. Vas a tener una muerte dolorosa… muy dolorosa

Damon era ese tipo de personas que a primera vista dan una impresión totalmente equivocada, cualquiera que se haya cruzado con él alguna vez habrá tenido la sensación de estar en frente de un dios griego, de alguien que se come el mundo con una sola mirada, que solamente necesita pestañear para tener todo lo que su cabeza pueda desear, hasta lo imposible, pero alguien que se precie de verdad, un buen observador diría que eso es irreal, Damon podría hacer eso y mucho más, pero no lo haría, básicamente porque para él la vida ya ha dejado de importarle, es un hombre cínico, inconformista, vanidoso y rencoroso, donde su única misión es vengarse, ¿después? muy fácil, no habría remordimientos, ni penas, ni dudas, porque ya no habría una razón para vivir.

Y la chica vio eso en sus ojos azul pálido, fue solo un segundo, pero Damon pudo notar como Katherine alcanzaba lo que muy pocos, llegar a su alma, esos simples segundos trastornaron a Damon para siempre.

— ¿Por dónde empezamos? —se burló dando un salto al frente, para colocarse a escasos centímetros de su rostro, Katherine no se movió demostrando que no le tenía miedo en absoluto, el chico alzó su mano, donde no llevaba el arma y acarició su mejilla de forma lenta y pausada, dejándose llevar por esa descarga que sentía cada vez que sus cuerpos se rozaban, la chica tragó saliva de forma ruidosa y sintió la necesidad de relamerse los labios— Besarte sería una buena tortura… —susurró de forma lasciva muy cerca de sus labios, cada vez más— Podría hacerte cosas que en ese maldito convento sería un pecado, ¡una barbaridad! —susurró, mandando descargas eléctricas desde sus labios hasta el último recoveco de su cabeza, la chica cerró los ojos por instinto, pero no por lo que Damon pensaba, sino porque la chica necesitaba unos segundos antes de mandarle a tomar por culo de una maldita vez, se tuvo que repetir hasta la saciedad de que debía mantener el papel el máximo tiempo posible, que alguien vendría en breve a comprobar su estado.

Damon se mantuvo en la misma postura unos minutos más, hasta que decidió que era suficiente tortura (para ambos). Tomó el arma, que pesaba en sus manos y la observó con calma, era como un mantra, quedarse parado mirando fijamente algo le ayudaba a despejar la mente, la chica no perdió oportunidad, quiso moverse, pero estaba tan paralizada, que un simple movimiento era alarmante, una media sonrisa apareció en sus labios, y la chica podría jurar que el maldito tenía la patente, era su sonrisa, tenía que ser suya, porque realmente alteraba cada célula de su cuerpo.

Colocó el arma en su sien, sabía que no llevaba el seguro, Damon lo había quitado unos minutos atrás, antes del espectáculo sensual, por lo que si quería, ese arma podría dispararse en cualquier momento y volarle los sesos, entonces ya no habría clases de autocontrol, ni de defensa personal, ya dejaría de ser un agente del FBI que quería subir puestos, ser la mejor en su campo, solo quedaría un cuerpo inerte, y todo por fingir ser otra persona.

— No soy Katherine —la voz sonó apagada, como si temiese hablar demasiado alto, Damon necesitó unos segundos para procesar la información—. He dicho que no soy Katherine, baja el arma.

— ¿Esa es tu nueva técnica? —dijo con repulsión cuando se recuperó de la intensidad de sus palabras. La chica no dijo más nada, simplemente se quedó ahí, sosteniéndole la mirada, dejándole claro que no era una treta, que no era Katherine Pierce, su mayor enemiga—. Porque no te va a funcionar, ¿me oyes, maldita loca? —la tomó del cabello con fuerza, la chica se mordió la lengua para no gritar, porque si gritaba estaba segura de que solo empeoraría las cosas de una forma inimaginable, el cuerpo del chico estaba completamente pegado al suyo, casi podía ver como la silla caía por el peso exagerado, pero nada de eso pasó, Damon se mantuvo bien pegado a ella, tirando de su cabello, mientras el cañón del arma apuntaba a su garganta, una imagen épica, típica, pero en esa situación, Katherine no estaba para enmarcar recuerdos— ¿Quién dices que eres, perdona?

La chica sonrió, el aliento de Damon pegado en su nuca, su cuerpo sobre el suyo, hacía que todo fuese mucho más real, hacía que la amenaza tuviese forma y no fuese solo una ilusión como su cabeza seguía diciéndole, pero aún así Katherine siguió en la misma línea, ya estaba cansada de que ese idiota desconocido pusiese en peligro su estancia allí y si aún quería vivir tendría que escucharla.

— Elena. Elena Gilbert. Agente…

— ¡Mentira! —le gritó en el oído, tomando fuerzas de donde no quedaban, Damon tiró de ella hasta lanzarla contra el suelo, eso podría haber llamado la atención, pero ya le daba igual, esa idea de torturarla ya había superado su límite. La chica se recompuso como pudo, tenía todo el cuerpo dolorido, el cuello le había crujido y aunque podía moverse sentía que algo se había roto dentro de ella, seguro.

Damon la miró desde la distancia, su cuerpo temblaba como una hoja de papel mientras sostenía el arma, la chica no le creía capaz de apretar el gatillo, pero no se iba a arriesgar más, ni a intentar huir ni a defenderse.

— Escúchame un momento, ahí, debajo de ese trozo de madera hay una caja, dentro hay un teléfono móvil e información, simplemente míralo. —suplicó, quería darse con un canto en los dientes por rebajarse, pero era eso o morir, y lo segundo no estaba en sus planes y mucho menos llevando el nombre de otra mujer.

Damon frunció el ceño como procesando la información que Katherine, o la supuesta Katherine, le había dicho, pero realmente no estaba seguro de ello, si esa mujer se parecía en algo a Tatia era que ambas eran muy buenas mintiendo, dando pena, causando dolor, podía ser perfectamente todo eso un truco y no podía permitirse ese error.

— ¿Por qué debería escucharte? Dime, dame una razón.

— Por favor. No soy Katherine. —le repitió varias veces, cada vez un poco más alto pero sin llegar a elevar demasiado la voz. Damon se mantuvo quieto, procesando cada palabra y cada movimiento— Hagamos una cosa, toma algo y átame, después miras donde te he dicho…

— No me vuelvas a dar una maldita orden, ¿me oyes? —se acercó amenazante, pero Elena sabía que el chico ya estaba en su terreno, que iba a hacer lo que fuese necesario para quitarse esa idea de la cabeza. Descubriría quién es ella y dejaría de ser una amenaza, o eso esperaba, tal vez se estaba metiendo en un lío mayor por hacerse la lista.

Bonnie descansa en la cafetería del hospital, Kai está estable y allí en medio sólo sería un obstáculo, así que prefería estar lo suficientemente lejos para no volverse loca, podía ser muy paranoica cuando se le cruzaban los cables. Se tomó el té con moderación, había pedido un café en un primer momento pero descartó la idea al ver el tic nervioso que tenía en los dedos, no podía dejar de moverlos contra la mesa, se sentía bien escuchar un ruido constante en su cabeza y no esas malditas ideas locas de conspiración donde Caroline se había metido en un lío de mafiosos o algo así, o peor aún, que había estado a punto de perder al idiota de Kai por hacerse el héroe.

Se bebió el té de un golpe y se levantó dispuesta a subir arriba para estar un rato con Kai, en cuanto salió de la cafetería se cruzó con Lexi, esa chica rubia y despampanante que había conocido un rato antes, sabía quién era y ella sabía muy bien que sabía todo lo que estaba pasando por su cabeza en esos instantes, pero Bonnie había aprendido con los años que es mejor dejar las cosas correr, enfrentarse a la mierda de Kai podría traer más problemas que beneficios, sonrió, una sonrisa muy falsa pero le daba igual si se daba cuenta o no, ambas tenían una misión en particular y era mantener a ese idiota con vida.

Tyler miró el teléfono una vez más, le tenían dicho que no llamase a Elena sino era extremadamente necesario, pero llevaba demasiadas horas sin contactar con ella y saber que estaba en terreno hostil le ponía aún más nervioso, por eso había decidido trabajar directamente desde el hospital, porque si se entretenía en vigilar a Kai estaría mucho más concentrado que en una mesa llena de papeles y la tentación llamando a su puerta cada dos segundos, guardó el maldito aparato y clavó sus ojos en un Kai muy enfurruñado, con los brazos cruzados y lanzando miradas asesinas al par de agentes que estaban en la puerta impidiéndole "divertirse" casi quiso reírse.

Los dos estaban atrapados.

— Yo no me burlaría, a mi me tienen aquí por una razón tú aún puedes meter la pata hasta el fondo. —se mofó divertido, Tyler respiró hondo y pasó de él, no había tratado mucho con Kai, pero sabía de antemano que era un sujeto inestable cuando no se le permitía hacer lo que le venía en gana, como ahora, que estaba encerrado y atado por medio de cables y vías en esa habitación— A saber lo que Elena estará…

Se hizo el silencio. Tyler alzó la cabeza al ver que el niñato no terminaba la frase, Kai se sujetaba la cabeza cómo podía, un olor muy fuerte inundó sus fosas nasales, era un olor a naturaleza, un olor que le resultaba endiabladamente familiar, alzó la cabeza bruscamente y clavó sus ojos en el cristal que estaba justo al lado, Bonnie estaba allí, hablando con un médico, casi quiso sonreír, su chica estaba allí, preocupándose por él.

Entonces pasó, sintió un pinchazo muy fuerte antes de que todo se volviera completamente negro, la voz de Tyler ¿o era la de Bonnie? fue lo último que escuchó antes de sumergirse en un profundo sueño donde sabía que no despertará en un buen tiempo.

Damon sopesó sus alternativas, había atado a la chica en los postes de la cama con una sábana que había encontrado en el armario, el cual estaba completamente vacío, ni una sola prenda de ropa, como si hubiesen hecho una colada general. Y después le había puesto un calcetín en la boca, eso fue divertido, ver como la chica se negaba a meterse ese par de calcetines, que ni siquiera sabía de dónde habían salido en su boca, le gustó pelearse con ella desde una perspectiva más natural, pero no quiso darle mucha más importancia, y manteniendo el arma cerca, se agachó para buscar debajo de la cama.

Tanteó el terreno hasta que notó la que estaba fuera de lugar, levantó la madera con facilidad y sacó una caja de cuero negra, salió de la cama con ella en las manos, el tejido era suave, realmente le resultaba familiar, una caja de serie, se imaginó.

La chica gruñó desde lo alto de la cama, no había que ser muy listo que lo que quería decir era que la abriera y comprobase la verdad, y así lo hizo, sacó las cosas que había dentro, un teléfono, una pequeña bolsita donde debería estar una tarjeta SIM, (con esto ya había dos teléfonos en esa habitación, el que estaba tirado en el suelo y ese) y un cuadernito con anotaciones, los ojos de Elena se abrieron como platos al comprobar que ni su identificación como agente del FBI ni su placa, ni su identificador, nada de lo que podía salvarla se encontraba en esa maldita caja, ¿cómo era…?

Klaus. Klaus Mikaelson le había robado el material, iba a matarlo si salía con vida de esa habitación.

El teléfono empezó a sonar, era una melodía suave, no muy llamativa, si hubiese estado oculto seguramente no lo habrían oído.

La chica se removió, tiró de sus brazos pero no consiguió deshacer el nudo de las sábanas, quiso llamar la atención del chico.

— Vas a responder, pero como digas algo… —la chica asintió de forma frenética, sabía muy bien lo que le iba a decir, no necesitaba que se lo dijese. Damon se acercó a ella, depositó el teléfono en la mesilla y deshizo el agarre, la chica no dudó en lanzarse al teléfono con la mirada penetrante del arma y del chico— Nada raro.

— Dime. —quiso sonar despreocupada, pero si alguien estaba llamando por ahí quería decir que había problemas.

Elena…

— Tyler, ¿qué mierda quieres? no puedes llamarme porque te de la vena sobreprotectora y menos por este teléfono, lo entiendes, ¿verdad? —le sacaba de sus casillas.

— Elena no me toques las pelotas, no te llamaba porque estuviese preocupado.- la chica rodó los ojos, era tan predecible— Mira, Kai tuvo un accidente.

— No me digas, no hace ni media hora que me avisaste de eso.

— No lo entiendes, los médicos no han echado de la habitación, estaba estable… pero le ha pasado algo, quieren llevarlo a cuidados intensivos, pero lo van a meter en la sala de operaciones.

— ¿Qué…? — se quedó pálida, todo color desapareció de su rostro, sino fuese porque tenía un arma apuntando directamente en su cabeza haría algo estúpido como salir corriendo de allí y olvidar esa estúpida misión— Ty no puedo hacer nada, ya lo sabes, desde mi posición… no puedo visitar a un agente del FBI.

Esas palabras eran claves, si Tyler era listo se daría cuenta de que algo pasaba, que esos datos eran innecesarios en esa conversación y si el suicida del arma se percataba también sería una información lujosa, ella era de los buenos, un agente del gobierno, no una narcotraficante ni la hija de su enemiga.

Pero por supuesto, cuando ella necesitaba que alguien estuviese pendiente de los detalles, no pasaba, era natural, tan natural como actuar de forma inconsciente.

Colgó y lanzó el teléfono al otro lado de la cama, casi cayendo al suelo al lado del otro. El ojiazul no apartó la mirada.

— ¿Quién coño eres…?

— Ni siquiera yo lo sé… — se encogió de hombros ante su intenso escrutinio, había ganado esa batalla, pero no la guerra.- Tienes que creerme, soy agente del FBI. Elena Gilbert, estoy aquí de incógnito, como la imagen de Katherine Petrova. Es una larga historia, pero una real.

- Oh dios, Caroline no acabas de hacerme esto.

Bonnie estaba alucinando en colores. Delante de sus ojos, a escasos centímetros de ella estaba ese chico, el mismo niño con el que se había tropezado un rato antes, sonriendo de forma exagerada y clavando sus ojos oscuros en ella, es como si pudiese atravesarla, riéndose de ella. Caroline no prestó atención a las palabras de Bonnie, era imposible que hubiese entendido algo con todo ese griterío que salía de su boca mientras hablaba del nuevo invitado, lo único que Bonnie quería hacer era partirle la cara, no porque le molestase su presencia, que lo hacía, sino por esa mirada de superioridad que decoraba su rostro, como si él supiera un secreto que ella no, eso le ponía de los nervios.

La fiesta continúo -menos para ella- con una Caroline muy alegre dando saltos de un lugar a otro, celebrando su cumpleaños como la persona más feliz del mundo mundial, tal vez era por eso por lo que Bonnie no se había largado de allí cagando leches, porque por primera vez, en mucho tiempo, Caroline sonreía divertida.

Mientras Kai hacía su debut, tipo "soy lo mejor en mi campo, deberían comprobarlo con vuestros propios ojos, nenas", Bonnie se quitó del medio para buscar una bebida un poco más fuerte, porque seguro que había algo que pudiese hacerla olvidar.

Rebuscó en las estanterías cuando notó que alguien estaba detrás suyo, no quiso darle mucha importancia, seguramente sería una de las chicas, pero no fue hasta que notó una mano rozando su trasero cuando se revolvió roja de la ira, estaba apoyada en la encimera, por lo que resbaló hasta caer directamente en los brazos del muchacho que sonreía divertido a su lado, ese mismo muchacho que había tocado su culo, el mismo que se había pavonado desde que estaba allí y el mismo imbécil con el que se cruzó en la calle, quiso calmarse, respirar hondo antes de reaccionar, pero le era imposible, casi sin dudarlo se apartó de un empujón y se preparó para darle un buen derechazo.

Kai se apartó a tiempo antes de que su mejilla provase la medicina de Bonnie Bennet, desde que la había visto en la habitación supo que tenía que devolverle el favor de llamarlo "crío" en toda su cara, pero no esperaba para nada una reacción tan violenta.

Wow, chiquita, ¿a qué ha venido eso? Te estaba ayudando. le aclaro por si necesitaba refrescar su memoria—. Realmente eres peleona, Bon-Bon.

No, no te lo consiento, no vas a volver esto en mi contra, Malachai.

No me llames así, no eres mi madre.

Pues eso, tendrías que estar con tu madre en este momento, crío de las narices.

¡Que tengo tu edad, Bon-Bon!

¡Que no me llames así!

Kai cansado de oírla gritar, no pierde la oportunidad de tomarla del brazo y tirar de ella con la suficiente fuerza para pegarla a su cuerpo, la chica no duda unos segundos, el tiempo suficiente para que Kai estampe sus labios en los suyos, fue un solo roce, pero divertido se aparta, sabiendo que ha ganado esa batalla.

Eres un psicópata.

Ni siquiera había hablado con él, sabía que estaba despierto, pero no se había atrevido a hablar con él o enfrentarse a su mirada porque sabía lo que pasaría después, le iba a matar con sus propias manos y si eso no pasaba se iba a derrumbar en sus brazos y ya había llorado lo suficiente en ese par de horas.

Cuando por fin se había atrevido a ir a verle se encuentra con ese panorama, sus ojos, oscuros clavados en los suyos, esa mirada de picaría de que oculta un secreto que todos desconocen estaba ahí, por un momento Bonnie había visto al Kai del cual se enamoró perdidamente, pero un segundo después todo se volvió completamente negro, el estado de alerta se activó por todo el pasillo y trasladaron a Kai a otra zona mientras intentaban estabilizarlo, pero para ella era demasiado tarde.

Había perdido a Kai, para siempre.


¡Feliz caluroso y horrible verano!

Su Reflejo está terminada, si, como leéis, hace una semana o poco más puse el punto final a esta historia que tendrá secuela, una secuela que dará la cara hacía septiembre-octubre, puede que un poco más adelante, ya que quiero avanzar en Calle Bourbon, con esto también quiero deciros que tendréis actualización más seguido, tal vez semanalmente o cada quince días, según como esté de humor para editar y los reviews que reciba. Todo aquí, hasta el más mínimo detalle, es importante.

¡Gracias por todo!

PD: Parece que Damon empieza a espabilar, ya era hora, ¿no os parece?

PD2: Llevo casi dos mil palabras de Calle Bourbon, no me matéis.

PD3: SCOM sigue en pie. No deliréis.

Ahora si, ¡gracias! espero vuestros comentarios.