¡Buenas! ¡Tengo un capítulo en tiempo record! Las vacaciones fueron mágicas... No los quiero entretener con mi parla, les voy a contar todo después del capítulo.
Conceptos de esgrima que debemos conocer y recordar.
La zona válida de tocado con el sable es la del torso, brazos y cabeza.
La posición de guardia es diferente en el sable, el florete y la espada, recordemos que el soldado más fuerte de la humanidad batalla esgrima con el sable. Por lo que en su posición de guardia la mano que sostiene el arma está virada a la izquierda de forma que el abdomen y el pecho quedan protegidos. Hay más datos que pueden servir de confusión.
Marcha (desplazamiento): En la posición de guarda, se levanta el pie adelantado y se lleva hacia adelante con el talón al ras del suelo.
Salto adelante (desplazamiento): Elevar e impulsarse con la pierna adelantada al tiempo que se efectúa la rápida extensión de la retrasada. El aterrizaje (vuelta a posición inicial) respeta la posición de guardia con los dos pies en simultáneo.
Salto atrás (desplazamiento): Desde la guardia, estira la pierna retrasad hacia atrás, al tiempo que la adelantada impulsa a retroceder.
Falso marchar (desplazamiento): Técnica que respeta la marcha con la pierna adelantada, pero la retrasada vuelve atrás, recuperando la posición de guardia. Aumenta la distancia, tras hacerle creer que se iba a acortar.
Toque con pase o contrapase: Se ejecuta cuando existe un obstáculo entre el arma y el lugar a tocar. Se trasloca la hoja alrededor del arma contraria por el lado de la mano proyectando hacia el objetivo. El contrapase es idéntico al pase, ejecutado engañando con un movimiento circular.
Toque con coupé: Se rodea el arma del adversario por el lado de la punta (a diferencia del pase: que se realizaba contra la mano). Puede ser por arriba o por abajo. Una vez evitando el obstáculo, se proyecta la punta del arma para realizar el toque.
Toque con oposición: Se aparta la hoja del adversario durante la ejecución de nuestro toque. Se realiza apoyando la cazoleta y hoja sobre la hoja del adversario, limitándolo a la vez que se realiza el tocado.
Hay otros ataques que los explico durante el relato y hay detalles que omito para nuestro entendimiento y, el del pequeño Isaic... ¿Cuándo Eren habrá aprendido tanto de esgrima? Será un misterio.
Todo queda muchísimo más en claro con imágenes, lamentablemente no puedo proporcionárselas por acá.
Ah... No, mejor no les advierto nada. Descúbranlo por sí mismos.
¡Basta de cháchara! Solamente, y por favor, disfrútenlo~
Los personajes de Shingeki no kyojin no me pertenecen, son propiedad de Isayama Hajime.
Capítulo 11: Sin tregua (parte II)
Bastante entrada la noche terminó de revisar y autorizar los documentos que se le encargaron al iniciar el día. Apoyó sus codos en su escritorio, enredó su cabello rubio en sus dedos y tironeó para liberar el estrés. No importaba estar despeinado a esa hora, los empleados eran los mínimos y lo único que tenía que hacer era subirse a su auto y manejar a casa. Observó la ventana al fondo de su estudio y dio un largo bostezo. Desde su asiento, podía ver el cielo cubierto de densas nubes grises.
Divagaba en sus pensamientos, el terminar con sus actividades le dio la pauta para permitirle ensoñarse un momento. ¿Qué estaría haciendo Levi ahora? Debe estar con su hijo, cocinándole o jugando con él, siendo tan lindo y responsable como siempre. Por momentos se sentía tentado a la necesidad de decírselo todo, de ir a por su corazón. Sus impulsos se descontrolaban cuando la historia nocturna que ideaba en su cabeza llegaba a tal punto en el que Isaic se queda dormido y Levi regresa a sus brazos, listo para ser tomado por él.
Su corto cuerpo siendo cargado por sus grandes brazos a la cama. Imaginar su cabello negro cayendo por sus sienes sobre la almohada, sus ojos entrecerrados pero su expresión entregada a sus caricias y sus besos logra que Erwin pierda la razón. Sus pequeñas manos subiendo por su espalda hasta tomarlo en un abrazo. ¿Qué gusto tendría el esperma de Levi? Esa idónea leche con la que creó algo tan hermoso como su hijo, quería probarla, una y mil veces, todas las noches. Besaría su descubierta nuca gimiendo su nombre una y otra vez, a la par de Levi, que lo llamaría sin cesar. Su bonito rostro ladeándose para que sus sabores se mezclen con el jugueteo de sus lenguas. Sus piernas rodeándole el cuerpo, apretándolo cerca; entregándole lo más íntimo. Su blanco y menudo cuerpo, en comparación al suyo, moviéndose sobre él en ese sexual movimiento acompasado y apasionado. ¿Cómo se sentirán sus caricias? ¿Cuál será el olor de su desnuda piel? ¿A qué sabrá el precioso y pequeño cuerpo de Levi? ¿La expresión de su rostro cuando llega al orgasmo? ¿La mirada extasiada de placer al terminar?
Su espalda arqueada al sentir las caricias de sus grandes manos al despertar y sus pequeños orbes entornados buscándolo detrás y moviendo su cuerpo en respuesta a su caliente toque.
El campaneo del cambio de hora en el reloj de pared capturó su mirada, indicando las 22 en punto; apoyó su mentón en su mano y exhaló aire por la nariz. Inmóvil en su asiento, espero 7 minutos exactos. Con su dedo índice tocó su entrecejo y golpeó dos o tres veces. Apretó los labios. Ya era hora de dejar de fantasear. Sabía bien que, él siempre se aparecía por su estudio a esa hora, a saludar. Más tenía que hacerlo esta vez, se había ausentado muchos días como para ser simplemente ignorado. Miró las molduras de yeso al borde del techo, su perfecta forma ondulada y su longitud a lo largo de la pared frontal a su escritorio. Se cansó de esperar. Levantándose y cerrando la cortina del estudio salió y cerró la pesada puerta vieja de cedro. La recepción estaba oscura y resonaban en el silencio los pasos que daba con el taco de sus lustrados zapatos negros. El piso flotante de la misma, y los pasillos de la administración, se caracterizaba por ser demasiado hueco. Nadie podría caminar en ese lugar sin ser detectado por el oído de alguien más; para su suerte, todo estaba desierto.
Marchó cuánto quiso haciendo la mayor cantidad de ruido posible, le divertía escucharse caminar. De ese modo, le avisaría a la persona que va a buscar que se está aproximando. No estaba enojado, la discusión con Eren en la tarde lo había dejado confundido. Lo mejor era pedirle una correcta explicación de todo a su mejor amigo, quién mejor que nadie tiene que saber qué pasó el fin de semana. Así se lo había pedido él. Giró a la izquierda en el pasillo y a pocos pasos estaba la cabina de trabajo de Nile. Tocó dos veces y de repente escuchó que dentro algo caía al piso estrepitosamente.
– ¡Nile! – Abrió la puerta con rapidez, encontró la silla giratoria lejos del centro del escritorio con monitores y al mencionado sentado en el piso. – Nile... ¿Estás bien?
La sala de seguridad estaba iluminada sólo por la luz monocromática azul de los monitores, que proyectaban la filmación de todos los sectores del parque.
Erwin se acercó rápidamente en su auxilio, le tomó el brazo y la mano firmemente y lo ayudó a levantarse. Nile sin responder, ni mirarlo, se sacudió el uniforme de seguridad y alzó su rostro al preocupado de Erwin, sintiéndose completamente cruel e inestable. Sus brillantes ojos azules, sus labios entreabiertos por la incertidumbre y su flequillo cayendo por sobre ellos de modo casual le robaron el aliento.
Nile se había repetido tantas veces durante ese día "No caeré por él, no caeré por él" que se sintió con confianza de poder hacerlo. Había escuchado claramente los pesados pasos en el piso hueco, sabía que eran de él, sabía que quién tocaría la puerta era él. Erwin es su estrella más brillante, era imposible que algo se le escapara de las manos así. Si tan sólo él tuviera que haberse cargo de todo, nada de esto pasaría. Aunque se tomó su tiempo, al verlo la sensación que se compaginó en su determinación lo hizo flaquear y sentirse mal. No podía afrontarlo, no podía escuchar su voz, recibir su atención y su tacto sin que su corazón se acelere y se emocione por poder compartir tiempo junto a él una vez más. Pero esta vez había cometido errores, había decidido que no sería quién haría el trabajo sucio. No quiere vivir en la misma escena recurrente. Porque eso era ser sensato consigo mismo y empezar a protegerse.
– Estoy bien. – Evadió la mirada de Erwin con disimulo y un leve sonrojo en sus pómulos.
– ¿Seguro? – Erwin intentó acercarse, pero la forma en la que Nile retrocedió, creó una pantalla que no pasó desapercibida para el rubio y los mantuvo alejados. Erwin guardó la distancia. – Por el ruido, pareció una caída bastante fuerte.
Nile no sabía bien qué era lo que le dolía más, la caída seguro le dejaría un moretón en el lado izquierdo de su cadera. Pero esa inocente amabilidad que su rubio le brindaba y él quería aceptar lo destrozaba, sin mencionar el rechazo que se obligaba a actuar. Toda una atroz mentira, ese era su escenario. Se interpretaba a sí mismo en la obra de su vida, y Erwin era su amor unilateral.
Algo que era un poco más real que una obra y un poco más triste de lo que parecía en verdad.
– Estaré bien, no te preocupes. – Fingió con maestría el rostro relajado.
– Si luego te sientes adolorido ve a la enfermería. – Nile asintió, dando unos lentos pasos hasta la silla que había volado, después de girar varias veces en ella en búsqueda de calma.
– Lo haré.
Erwin retrocedió unos pasos hasta un vértice de la sala buscando una silla, para sentarse junto a Nile. Cada segundo se sentía una tortura insoportable, perdió la cuenta luego de la tercera vez que repasó su guión para este momento; no había chances de dudar, lo hacía por él. Pero lo había olvidado todo.
– Hablé con Eren hoy... – Comenzó Erwin, apoyando la silla suavemente y sentándose. – Porque el sábado no vino al turno noche.
– ¿Y? ¿Qué te dijo? – A pesar de que la temperatura era agradable, sentía frío y sensibilidad. Sentía la ropa rasparle por encima de su piel.
– Que usó su tiempo libre para ver a Levi. – Nile mantuvo silencio. – ¿Sabes algo sobre eso?
Eso fue inesperado, de alguna manera presentía que Eren era un poco suicida, pero no creyó que lo suficiente como para decírselo; lo había notado en su conversación cuando con firme convicción expresó que no le importaba que Erwin se enterara de algo que le traería problemas.
– No... – Mintió.
Era increíble cómo a último minuto toda su voluntad era arrojada al diablo. La lluvia había comenzado a caer, copiosamente. El sonido de las gotas descendiendo le pesaba en su interior más que cualquier otro sonido que había escuchado nunca.
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Vestía su camiseta azul de mangas cortas y sus joggins grises sentado como indio sobre su cama, jugueteando con el pequeño cachorro marrón. Carla le había abierto los brazos al perrito, sin embargo, Grisha le dijo que debía cuidarlo bien; ya no era un simple adolescente de universidad, su residencia requería tiempo y estudio: era obvio para sus padres que las mascotas formaban gran parte de sus intereses pero, en este momento, tenía otras responsabilidades. Eren los tranquilizó diciéndoles que lo daría en adopción, no importaba cuán chiquito fuera o cuánto lo quisiera para él; siempre había sido así, no debían preocuparse ahora.
El perrito enganchó sus dientes al calcetín de Eren con el que jugaban y empezó a gruñirle mientras ladraba y tironeaba del mismo. Eren mediosonrió malicioso, y le gruñó también, siguiéndole el juego. El can todavía no contaba con la fuerza necesaria para quitárselo y entonces lo acercó, acariciándole la cabeza.
– Ya, suéltalo. – Apretó sus mejillas suavemente para que abra su boca. – Lo único que no necesito es que me rompas los calcetines.
Acariciándolo, lo ubicó entre sus piernas, dónde el perrito apoyó sus dos patas delanteras y se recostó en una de ellas, dejándose mimar. Eren resopló y apoyó su espalda en la almohada que irguió para no hacerse doler por la dura pared: Armin no le había contestado el mensaje que le envió hace 3 horas. A esas alturas ya había pensado en mil posibilidades, de las cuáles había considera improbable novecientas noventa y nueve. La única que consideró válida, es que Jean sólo quería molestarlo y preguntó por su mejor amigo. Ignoraba por completo el silencio de su amigo, estaba convencido de eso, ellos no deben tener ningún tipo de relación. De hecho, recuerda bien que en la secundaria Armin y Jean eran como el agua y el aceite, completamente inmisibles.
– Jean sigue siendo el mismo caballo idiota de siempre. Tú no lo has conocido. – Le dijo al perro, que abrió los ojos para verlo un poco. – Tendrás la suerte de no conocerlo, tampoco. – El perro se levantó y trepó por el torso de Eren, llegando a lamerle el metón. – Lo sé, no voy a permitir que conozcas a alguien tan feo. – El perrito intentaba adquirir más altura, pisando cerca de la zona sensible de Eren, lo que lo sobresaltó. – Bueno, de acuerdo. No te encariñes tanto conmigo. – Lo tomó desde debajo de sus patas delanteras y lo estiró frente a él. – Recuerda que nosotros somos amigos temporales.
La lluvia que caía provocó un bajón de tensión, al menos en el velador de su habitación. La cuál siempre tenía la electricidad más sensible debido a que eso era un ático, no un espacio destinado a una alcoba.
Eran esos los momentos en los que más quería terminar su carrera, tener su propio palacio veterinario. Lo imaginaba todo perfecto, un amplio recibidor lleno de accesorios y juguetes para las diferentes mascotas, sección de alimentos, sección de limpieza y sección médica. Por otro lado, un espacio de aire libre para la recreación de las mascotas rescatadas o en recuperación, y en el último sector un área techada para que las mascotas en adopción puedan resguardarse del frío o la lluvia. Se desanimó un poco, soñaba a lo grande; pero no era imposible: rendirse es una palabra que no existe en el diccionario de la vida de Eren Jaeger.
Su celular resonó en el borde de la cama con la melodía de mensajes, la vibración del mismo lo hizo caer al suelo. Por fortuna, su cama es demasiado baja. El cachorro fue suavemente recostado a un lado y estiró su brazo para alcanzar el aparato. Pensaba que era su amigo, pero no. Un suspiro y un lento parpadear dibujó en su cara una sonrisa.
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Recostado en el sillón, sosteniendo un tomo que su madre lo obligó a leer antes de dormir, pensaba en Hanji, en sus estúpidas ideas, en sus estúpidas preguntas. A pesar de que lo acusó de "dormilón" en su intento desesperado por conocer sus apreciaciones más personales, él respondió sus verdaderos sentimientos: Eren era un nuevo integrante de su círculo. Y aunque no se lo dijo, sus sentimientos y su modo de actuar al verlo pasar un mal rato en el taller habían sido inesperados, incluso para él. Le molestó y le molestaba recordarlo, más de una vez pensó en que había sido bueno estar ahí. Recordaba todas las veces en las que ellos se habían visto y Eren le había parecido un chico sano. Lo había visto rodeado de sus compañeros de trabajo desenvolverse con naturalidad y sonriendo sin miramientos. Incluso con él había sido amigable y respetuoso todo el tiempo, lanzó un suspiro al aire. Incluso a él le había mostrado esa sonrisa.
– El mocoso todavía me habla formalmente. – Susurró. Estiró la comisura de su labio izquierda en una leve sonrisa, recordando todas las veces en las que fue llamado "Señor Ackerman".
Llevó su mirada a las letras del libro que lentamente se acomodaban en fila formando oraciones retomando el hilo de su lectura.
"[...] Creo que los griegos tenían la combinación adecuada: una esposa para la casa y los niños, la cortesana o el camarada muchacho para compañía, y la casa de lenocinio para diversiones más rudas y salaces si uno lo deseaba. [...]"*¹
El peso de un cuerpo apoyándose en su abdomen lo distrajo del nuevo hilo que encarrilaba sus pensamientos, levantó el libro y miró por debajo de él.
– ¡Hola papá!
Estaba ahí, esa voz infantil y la más brillante sonrisa. Isaic se trepó en su cuerpo y se sentó entre las piernas abiertas de Levi, apoyando su cabeza en el torso de su papá.
– Hola hijo. – Apoyó la mano izquierda en su pequeño hombro. Dejando el libro olvidado en alguna parte del sofá.
– ¿Qué leías? – Preguntó interesado.
– Un cuento muy difícil y largo. – Respondió con cierta gracia en el tono de su voz. – ¿Qué pasó? – Cambió de tema acariciándole el cabello, haciéndolo hacia atrás, admirando las pomposas mejillas de su pequeño y su corta frente.
– Papá... ¿Puedo dormir contigo esta noche? – Preguntó tímidamente, enroscando su dedo índice derecho en el corto cabello negro por encima de su oreja..
– ¿Hay algo que te preocupa en tu habitación? – Asintió con su rostro, pero se acomodó dispuesto a levantarse a husmear. Ignorando el regreso de Isaic a enroscar el cabello con su dedo, comportamiento que había dejado hace poco más de un año.
– No. – Respondió sencillamente. – Quiero estar contigo.
Levi observó en el rostro de su hijo por otra explicación. Pero no la halló, el niño sólo estaba esperando su respuesta. Ambos se levantaron del sillón e Isaic fue enviado a cepillarse los dientes. Levi esperaba el reproche por parecerle a Isaic temprana la hora de ir a la cama, pero esta vez, no dijo nada. Sólo asintió y fue a cepillar sus dientes. Levi cambió su ropa por una más cómoda de dormir; su teléfono plateado relució en la mesa ratona frente a los sillones, lo miró un momento.
¿No te enteraste que mi hijo quiere practicar esgrima? – Escribió en aquella ventana de mensajes "Eren".
En cuanto Isaic estuvo listo y con su pijama puesto, Levi apagó todas las luces de la casa y se dirigió a su habitación. Junto a la cama se quitó sus pantuflas y se recostó, dónde su bebé ya estaba recostado, tapado y sostenía su teléfono.
– Papi, creo que el señor Eren Jaeger escrbió algo. – Dijo alcanzándole el teléfono. – Pero toqué y desapareció.
Una vez que Levi, apagó la luz del velador, cubrió sus hombros con las sábanas tomó su celular y observó.
¿De verdad? ¡Eso suena bien! – Decía un primer recuadro de mensajes. – Bueno, creo que suena bien. ¿No es así?
– ¿Qué dijo, papá? – Preguntó acercándose hasta apoyar su cabeza en el brazo flexionado de Levi.
– Nos está saludando. – Mintió.
En realidad, esperaba que le gustara un deporte más convencional. – Contestó a secas.
¡Ay! ¡Lo siento mucho, señor Ackerman! – Podía sentir el miedo de Eren en esas palabras. – De verdad, no pensé que le llamara la atención.
Esperaba que le gustara un deporte más convencional – Repitió. – pero la idea de la esgrima no está mal.
– ¿De qué están hablando, papá? – Preguntó al borde del capricho por sentirse excluido. Padre e hijo sólo podían ver sus rostros por la luz blanca que irradiaba el móvil.
Uf... Que alivio. – Le respondió Eren. – ¿Él se encuentra bien?
– Acaba de preguntarme si te encuentras bien. – Le dijo a su hijo, revolviéndole el cabello. – ¿Qué le digo?
– ¡Que estoy bien, contigo! – Respondió con una sonrisa.
Un relámpago iluminó la habitación, seguido del sonido de un trueno lo que paralizó el cuerpo de Isaic, obligándolo a aferrarse a la remera de dormir de su papá, buscó su pecho desesperadamente luego del estruendo.
– Hijo... – Levi se sorprendió dejando de lado el teléfono. – ¿Qué pasa, Isaic?
– Papá, papá. – Susurraba escondiendo su rostro en el pecho de Levi.
Abrazó a su hijo con cariño, protegiéndolo. Ese día estaba extraño, primero quería dormir con él y ahora se asustaba por los truenos, miedo que había superado hace ya un tiempo.
– Tranquilo. – Le susurró bajando su rostro. – Es una tormenta, nada más, hijo.
– Papi... – Su voz sonaba ahogada por cubrir su rostro en el cuerpo de su padre. – Tengo miedo.
– Yo voy a cuidarte. ¿Sí? – Isaic se animó a levantar su rostro en la oscuridad, sus narices se tocaron. – Papá está aquí y no va a dejar que te pase algo malo.
Levi acarició una mejilla de su hijo, descubriendo que había soltado algunas lágrimas silenciosas. Se sintió en exceso preocupado. Apoyó sus labios sobre la pequeña frente de Isaic y dio cortos besos, lo que destensó el cuerpo del niño.
– Pa... – De nuevo bajó su rostro y apoyó su perfil en el pecho de Levi. – Tu corazón late muy fuerte.
– Es porque te quiero mucho, hijo. – Susurró hundiendo su nariz en el cabello negro de su bebé. – No puedo estar bien si lloras.
Isaic acurrucó más su cuerpo contra su papá, sintiendo su calor y su protección.
– Te quiero, papá. – Dijo suavemente, más tranquilo. – No estés triste.
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– A propósito, lo llamaste después de las cinco de la mañana. – Le reprochó.
Bien, había logrado convencer a Erwin que seguramente, Eren estaba mintiendo respecto de que vio a Levi. ¿Qué le aseguraba que eso era real? "Seguro el chico sabía que diciéndote eso conseguiría hacerte enojar haciéndolo solamente le seguirías el juego y le darías el gusto" la excusa perfecta para salvar su pellejo y, a su vez, evitarle la amargura. Tanto control en sus acciones por parte de su rubio era algo que esperaba. Sobretodo porque las cosas no salieron como debían. Sabía que era su culpa pero no quería sentirse así; sabía que tarde o temprano Erwin encontraría la pared y quería ser una especie de nube esponjosa en la que curara sus heridas pero Nile sigue buscando reencontrarse con la humanidad de su amado.
– ¿Qué querías que hiciera, Erwin? ¡Llovía a cántaros! – Se defendió. – Ten un poco de empatía.
– No necesito que te pongas blando en ocasiones así, Nile. – Regañó, frunciendo el ceño.
– Bueno, eso es lo que hago. – Mostró su mejilla a Erwin. – Que me pongo blando. – Escupió en voz baja, más para sí que para el otro. – ¡Lo siento! ¿Ok?
– Oye... – Erwin bajó la guardia, mostrándole a Nile una expresión desconcertada. – ¿Estás enojado?
– ¿Sabes qué? No quiero hacer más esto. – Pensó en voz alta. No había regreso. – Si quieres que Eren siga viniendo, puedes llamarlo por ti mismo. – Continuó. – Yo no quiero hacerlo más.
Erwin retrocedió, apoyando su espalda en el respaldo de la silla y mirándolo fijamente. Cortó su respiración sonoramente y clavó su mirada en algún punto indefinido del piso. Nile trastabilló en su decisión al verlo comportarse de ese modo tan silencioso; su corazón le oprimió el pecho. Se estaba odiando demasiado por actuar como una adolescente histérica que no sabe lo que quiere. Pero así era cada vez que se trataba de Erwin y sus expresiones.
– Erw-...
– Está bien, Nile... – Resolucionó luego de mostrarse reflexionado. – No sabía que te molestaba tanto hacerlo. No te preocupes.
– ¿Qué?
– No te pediré hacerlo más. – Sanó con una sonrisa. – Perdóname por no haberme dado cuenta antes.
– Escucha... – Intervino. – Sabes que te apo-...
– Sí, lo sé, Nile. – Lo detuvo. – Lo he entendido. Tú eres mi amigo, no mi empleado.
Erwin se puso de pie, abrochándose el botón medio de su chaqueta y acomodando el cuello de su camisa. Obteniendo los oscuros ojos de su amigo en cada uno de sus hipnóticos movimientos. Cuánto podría ser amado si lo eligiera a él. El rubio sonrió y, entonces, el moreno lo supo, una vez más: esa sonrisa valía el sacrificio de sus sentimientos. Porque mientras él siguiera sonriendo, sin importar por quién, Levi, él u otro, él continuaría amándolo.
– ¿Ya debes irte?
Consiguió una melodiosa risa que podía hacer la Luna brillar entre las nubes en esa tormentosa noche de abril. Qué tan idiota era como para continuar escuchando ese dulce sonido, para continuar cayendo por él. Montañas de películas de amor, desamor, acción o terror no podrían igualar ser sanado y roto por esa risa. Sus ojos cosquillearon, acumuló lágrimas que no mostraría jamás.
– Es que no me llamaste en todo el día, ni contestaste mis llamadas. – Jugueteó con su voz. – Entonces ahora voy a irme y dejarte solo con tu trabajo, como tu hiciste conmigo.
– Estuve ocupado. – Se cruzó de brazos, mostrando un puchero.
– Entonces piénsalo, yo también estoy ocupado. – Levantó sus cejas, disfrazadas bajo su flequillo condenadamente sensual ante su persona. – Nile, mañana en la tarde quiero contarte sobre los proyectos.
Le sonrió tan hermosamente como siempre, amigable y fresco. Nile se levantó y lo acompañó a la puerta. Se saludaron con un adiós y alguna broma tonta y Erwin se fue, con el sonido de sus zapatos.
Con el cerrarse de esa puerta, da por finalizada la escena y el telón se cierra. Se sienta nuevamente en la silla y recapacita sobre cómo las cosas no se dan a su favor, jamas lo hicieron; y, entonces, renuncia a él. Sus inestables convicciones terminarían por hacerlo cometer una locura, esto era lo mejor.
– Porque no habrá más luz del Sol, si te pierdo. – Cerró los ojos con fuerza, sintiendo sus pestañas humedecerse. Llevó su mirada a la ventana y pestañeó cosquilleando en sus mejillas. – Al igual que las nubes, mis ojos harán lo mismo si tu te vas. – Suspiró. – Todos los días lloverá. *²
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Terminaba su solitario turno nocturno alrededor de las 2 de la mañana, la temperatura en los vestidores del parque era agradable. No tenía sueño. Eren se había quedado preocupado. Armin jamás le respondió su mensaje, Levi lo dejó en doble tilde azul justo cuando en su casa se cortó la luz. Pensó que tal vez, el corte había tenido alcance por su zona también y había tenido que ocuparse de cosas del hogar como desenchufar artefactos domésticos, recostar a su hijo para dormir y había olvidado responder. Lo que lo dejaba tranquilo porque no habría pasado nada grave, pero no podía evitar sentirse olvidado.
Palmeó suavemente sus mejillas, debía dejar de pensar como un tonto. Levi no lo había olvidado, Levi simplemente se quedó dormido. Sí, eso debía ser. Sería mejor ir a casa y dormir las 5 horas que le quedaban hasta que la alarma de su teléfono sonara. Cambió sus ropas, calzó en sus pies nuevamente sus botas de lluvia grises y cubrió su cabeza con la capucha de su abrigo. Revisando por última vez si Armin o Levi habían contestado, por más tarde que fuera, encendió la pantalla de su teléfono celular mientras salía, sosteniendo en la otra mano el parte de guardia que debía dejar en la recepción de Rall.
El bus tardó siglos en llegar, con esa lluvia espantosa y las calles oscuras ha de haber sabido que iría así de lento. El conductor lo observó en sus desgraciadas fachas al subirse. Eren visualizó todo el interior del transporte, encontrándolo vacío.
– El único que viaja una noche como ésta. – Susurró a modo de saludo.
– Ja. – Asintió el conductor.
Se sentó cerca del chofer, tenía un plan, si con él siendo el único pasajero el viaje a su casa se extendía más de diez minutos, aplicaría su mafia visual a través de los espejos. No tenía caso enojarse, pero entre que llegara y se recostara, el resultado del calculo total sería una hora menos para dormir. El silencioso andar del vehículo y los tenues movimientos que realizaba al acelerar o frenar lo mecían, obligándolo a cerrar sus ojos. Perdía el hilo de sus pensamientos cuando una inconfundible y masculina voz lo llamaba por su nombre; llegaba a su nariz la fragancia de su piel al dormir y el suave toque de sus manos sobre sus labios. Se repetía el llamado y la sonrisa embobada de amor se dibuja en su rostro, producto de que no se siente solo.
Abre los ojos y al mirar a su alrededor, sólo está el conductor, se ruboriza y decide ver por la ventana que el viaje estaba llegando a su fin. Bajó por la puerta de entrada al bus, saludando con un adormilado "buenas noches" a ese silencioso hombre que, tan amablemente, lo dejó cerca de su casa. La lluvia ya no era tan intensa, pero igual caía. Sus pies chasqueaban los charcos y sus manos se revolvían en sus bolsillos en busca de la llave para abrir la puerta de su casa.
La oscuridad dentro lo consumió, pero lo recibió un pequeño ser que meneaba la cola. Se quitó sus botas de lluvia y caminó con los pies descalzos y fríos los pocos pasos hasta las escaleras a su habitación. El perrito, todavía incapaz de subir las escaleras por sí mismo regresó a su caja, al calor de sus mantas.
Intentó encender su lámpara, pero la luz seguía cortada. Suspiró y le mostró a su Levi imaginario, recostado sobre la cama esperando por él, un puchero. Desabrochó el cinturón de su pantalón con lentitud, esbozando una sonrisa traviesa, fingiendo vergüenza y bajando el rostro; por la lluvia, la tela mojada se le había pegado a la piel y, producto de sus fantasías, comenzaba a apretarle. Cerró sus ojos y tembló de escalofríos, sintiendo su cuerpo entibiarse de pronto ante su necesidad de estar frente a él.
Su corazón se aceleró, agitado y aspirando lentamente por su boca, desabotonó la bragueta de sus jeans y acarició su abdomen de forma violenta, levantando su ropa, cerrando sus ojos y estirando su cabeza hacia atrás. ¿Levi lo tocaría así? Seguramente sería mucho más fuerte. Paseó sus manos por su cuerpo hasta llegar a su cadera, donde mimando sus glúteos empujó de su pantalón hacia abajo; acarició sus piernas para despegar la tela de su piel, aumentando su erotismo. Con lentitud, pero no inexacto, acarició sus miembros externos por encima de su ropa interior, soñando que se frota contra otro, del que está enamorado. Jadeó despacio para crear su propio ambiente, para no distraerse con ningún otro sonido, como el de la lluvia o el viento. Lentamente se acercó a la cama y se recostó abriendo sus piernas, aún tocando con su mano derecha por encima de la tela. Su izquierda apretaba y estimulaba uno de sus pezones, hinchados por la corriente que viajaba en todo su cuerpo; corriente que lo excitaba y echaba a andar su imaginación. Respiró pesado por el roce fantástico que simulaba en su mente. La oscuridad se convertía en su compañero de pelo negro tocándolo entero, sus oídos se enfocaban en su corazón latiendo y la temperatura de su piel se elevaba por su pícara ilusión. De pronto, para Eren, la sensación era sofocante.
Cuando no lo soportó más, descubrió desde debajo de sus bóxers su pene erecto, respiró hondo y mordió su labio inferior. Con apuro por continuar atendiéndose sólo sacó una pierna de su pequeña ropa, para tener la libertad de moverse y masajearse cuánto necesitara. Hacia arriba y hacia abajo manipulaba su piel, otorgándose un placer silencioso y lento, tortuoso. Su cuerpo se torcía y movía acorde a la posición que tomaba Levi sobre él. Sus pieles se tocaban, el olor de su cabello retornaba desde sus recuerdos a su respirar, el sonido de su voz, esa voz profunda que lo ponía a temblar. No importa qué cosas dijera, siempre le encrespaba el cabello de la nuca y agudizaba sus sentidos. Lo tomaba por sorpresa, lo enamoraba cada vez más.
Su mano izquierda llegó a su trasero, bajando en caricias que apretaban en la musculosa semicircunferencia; soportó el gemido cerrando su boca con un poco de esfuerzo. Delimitando la forma de su entrada con sus dedos índice y medio, a la par de su derecha masturbándose cada vez más rápido, establecía un patrón de movimientos superficiales sobre su ano. No se animaba a adentrar sus dedos por sí mismo, entonces simplemente creaba un toque que estimulaba aquél pequeño lugar: Levi jugueteaba con la punta de su miembro en la entrada de su cuerpo, llenándolo de deseo. Reprimía gemidos en su afán de aguantar sólo un poco más antes de dejarse ir pero su piel pedía a gritos entregarse y cosquillear de placer. Acallaba sobre lo que su mente estaba llena, todo lo que es de ese hombre: su cabello, su mirada, sus labios, su cuerpo, su voz, su nombre. Las tibias manos de Levi convertían las caricias que deliraba en impulsos eléctricos que se traducían en el desatar de su locura.
Apaciguó el movimiento, para retrasar el orgasmo y jadeaba con fuerza y en silencio, reservándose las mejores sensaciones para el final, sabía que la espera valdría la pena. Quería a Levi encima suyo y en su mente lo tenía, entregado a él, caliente por él, mirándolo, tocándolo, besándole cada rincón de su cuerpo desde la cabeza hasta los pies, tocando en su lugar más íntimo. Notando sus mejillas sonrojadas, viajando con su afilada e intensa mirada por su suave, sensible y excitada piel. Volviéndolo sexual, perverso, salvaje. Encontrándose hechizado por su belleza, esa que sabe que posee y que puede conseguir hacerlo perder la razón. Imaginaba su Levi haciendo el arte del amor sobre su cuerpo, la luna iluminando su espalda moviéndose al compás del placer, profundo, lento, como él quisiera. Si era su sexo, no importaba ya.
Excitado, palpitaban en su erección los deseos de encontrarlo sobre su cama y seducirlo, encantarlo, encenderlo y prenderlo de él. Quería a Levi, entero y sólo para él, dentro. Saciando sus ganas, enfocando su atención sólo en él. Que lo amara con su cuerpo y su corazón. Que ambos se quemaran hasta desintegrarse de pasión y entrega.
Entreabrió sus ojos, percatándose de que estaba sólo, viviendo el ardor de una simple fantasía. Rápidamente sus mejillas se tiñeron de rojo intenso y retiró sus manos de sus zonas erógenas, asustado. Se cubrió con las sábanas hasta la nariz y cerró fuertemente sus ojos, temblando de vergüenza.
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Había estado viendo y escuchando a Isaic balbusear cosas hasta quedarse dormido. Lo acobijó tibiamente y luego de darle un beso en la mejilla, dejó la habitación de niño para regresar al comedor. Donde Levi tomaba un café, sentado en el cabezal de la mesa cuadrada.
– Ya se quedó dormido. – Comentó con una sonrisa.
Su idea era sentarse junto a él y platicar un momento. Pero fue detenido, Levi se puso de pie y se acercó a él, hasta que lo arrinconó contra la pared. Eren fijó su mirada en los fuertes ojos de Levi que lo examinaban con profundidad. Apoyó su mano derecha en su hombro, intentando detenerlo, porque no entendía bien lo que sucedía.
– No podía esperarte más. – Gruñó.
Tomó con ambas manos la cintura de Eren y lo apretó contra él, sin despegarlo de la pared, sintiéndolo flojo como un muñeco juntó sus labios en un beso de lengua, fogoso y húmedo. El calor de Levi se apoderó de su boca y le nubló el juicio. Insistentemente buscaba más de los labios de Eren, lamiéndolo, mordisqueándole con suavidad. Eren entreabrió sus ojos dándose cuenta de que lo miraba con ternura y hambre. Las blancas manos escurridizas del pelinegro tocaban bajo su ropa, contra la piel de su cintura y su espalda, calándole a lo largo de su columna vertebral.
La confusión se hacía presente conforme el abrazo unía más sus cuerpos y despertaba el instinto de ambos con cada beso, cada caricia, cada mirada que se regalaban.
– S-se-... – Intento detener los besos y caricias. – Espe-...
Gimió entre besos tan poco como el sediento Levi se lo permitió. Se aferró con sus manos a sus hombros y las movía suavemente para acariciarlo: su pecho, su cuello, su nuca y sus mejillas. Sus piernas intentaron derrumbarlo justo cuando Levi lo sostuvo alzándolo, permitiendo que éstas rodearan su cuerpo. Eren se aferró con sus brazos al cuello del pelinegro, que alzaba su rostro para continuar besándolo. Sus ropas comenzaban a desaparecer, en el afán de sentirse más.
Eren no permitió a Levi desabrigarlo más que su camiseta, la consideraba de utilidad para juguetear más adelante. Levi no mostró desacuerdo, pero si utilizó sus manos y sus labios para tocarlo en cada lugar que tuvo al alcance.
Para Eren se sentía como volar en los brazos de su hombre; Levi había comenzado a caminar, lentamente. Antes de salir del comedor, Eren manoteó el interruptor, dejándolos a oscuras. Paseando desde el comedor, por la sala en sus brazos; tentando a la suerte besuqueándose contra la pared del pasillo que conecta las habitaciones, apoyándose el uno sobre el otro, tocándose en la medida que la ropa les consentía.
– Te voy a comer. – Susurró Levi, apretando más contra sí, sosteniendo a Eren desde sus nalgas. El castaño tironeaba de las ropas de Levi, sin saber bien si quería quitárselas o simplemente desacomodarlas.
– Si seguimos así... – Gimió. Mirando a un lado, en su necesidad de respirar – Me volveré loco.
El perfil de Eren fue revelado ante Levi, lo percibió con el tacto de su nariz. Su tersura y desnudez lo obligó a cazarlo entre sus colmillos. Marcas de chupetones comenzaban a aparecer en el cuello y pecho del castaño. Se sentía tan bien que los labios de Levi lo desearan así, lo intentaran comer lentamente. Desde su garganta, e inevitablemente, se emitían sonoros y agudos gemidos de amor y deseo.
– Sh... – Levi apresó sus rosados y húmedos labios en un beso largo y caliente. – Despertarás a mi hijo.
Ofuscado por la excitación, Levi cargó a Eren hasta la cama. Lo recostó con cuidado, empujando su pelvis contra la de Eren, desesperado. Se sostuvo con la mano derecha mientras que la izquierda encendía la lámpara. Eren sintió la fija mirada de Levi sobre su rostro y su cuerpo. El castaño sonrió de lado cuando besándole el torso y abrazando su espalda, su hombre bajó por su abdomen, levantando de su remera, hasta su ombligo, lamiéndolo, chupándolo, marcándolo.
Eren buscó con desesperación los botones de la camisa de Levi, desabrochándolos uno a uno y tocando con la yema de sus dedos, su blanca y firme piel. Con la boca semiabierta, Levi empezó a embestir por encima de toda la ropa que separaba sus pieles. La tenue luz beige de toda la habitación simulaba sombras perfectas entre las marcas del abdomen del pelinegro. Eren sonrió cuando logró con sus manos tocar esa sexy musculatura. Cuando Levi bajó su cuerpo para volver a besarle la boca, el castaño ascendió con sus caricias hasta los hombros, comenzando a correr de la blanca camisa. Descendió por sus grandes brazos, tocándolos lentamente, apretándolos con cariño. Levi le quitó los pantalones, sin dificultades.
Eren gimió de dolor, su excitación lo estaba haciendo sufrir. Por los movimientos de Levi, sabía que él tampoco aguantaría mucho. Reunió fuerzas y giró, tumbando a Levi bajo suyo. Se sostuvo tocando con ambas palmas el cuerpo de Levi. Sonrió dulcemente entornando su mirada con hambre y se dirigió sin rodeos a la oreja de Levi. Mordió y respiró fuerte contra ella, consiguiendo gruñidos y caricias en su trasero y sus muslos. Con sus manos desabrochó el cinturón del pelinegro y aflojó el cierre de su pantalón, consiguiendo un discreto suspiro de alivio.
– S-señor Acke-... – Ronrroneó en su oído al sentir las manos de Levi tocar más adentro.
– Quiero hacértelo, Eren.
Levi volvió a girar y entre besos y apretones hizo volar la ropa que Eren todavía llevaba puesta. Atrevido y medio sonriendo, frotó sus intimidades consiguiendo que la excitación se calmara. Fue cuando se ubicó en la entrada de Eren, que el castaño se tensó.
– Espere...
– ¿Qué? – Su mirada le decía que Levi no podía esperar más.
– S-señor Ackerman tiene que saber algo... – El pene de Levi ejercía presión contra su pequeña entrada. – Y-yo soy vir-...!
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¡Ring – ring!
La alarma de su celular enloquecía sobre la mesa pero su mano derecha agitaba sin piedad su pene erecto. Su cuerpo sabía que antes de quedarse dormido tenía que terminar, pero ahora estaba más avergonzado que antes.
Se sintió como hacer el amor con Levi toda la noche.
Aunque no hubo penetración, su imaginación y su sueño lo habían mantenido con él en todo momento. Su sueño se había sentido tan real. Por la pequeña ventana alta entraban algunos rayos de luz, grises. Eren percibía el día nublado, dentro de las cosas que podía entender.
No quería terminar en su habitación, ensuciar todo. Su madre ya lo había hecho pasar bastante vergüenza con su bullying como para darle más razones y ¿dejar toda la ropa de cama para lavar? Se soltó sin pensar, vistió su ropa interior y en piernas, corrió hasta el baño, donde abrió la ducha y se metió antes de que el agua comenzara a salir tibia. Necesitaba liberar esa energía, si no moriría. Lo malo de que fueran las 7 de la mañana, es que sus padres dormían y el baño estaba junto a su habitación.
Había aguantado tanto ¿qué mas le daba recibir su espasmódico y deseado orgasmo en silencio?
Luego de la ducha, desayunó y subió a su habitación por sus cosas. Alrededor de la hora en la que su alarma lo despertaba de su sueño húmedo, recibió un mensaje de Levi, disculpándose por no haberle respondido. La tormenta le había generado algunos inconvenientes. Después de su fantasiosa y caliente noche le avergonzaba hasta mirar el círculo con la foto de contacto que Levi ocupaba: en la que simulaba estar serio siendo abrazado por su hijito, él sabía que por dentro, sonreía.
Por otro lado, Armin no había respondido. ¿Qué debía hacer? ¿Escribirle nuevamente?
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Eren almorzaba solo durante su descanso a mediodía bajo el techo de unas escaleras. Aunque durante la mañana se mantuvo nublado, hacía unos minutos había comenzado a llover nuevamente. Ese día las cosas habían permanecido tranquilas: todavía no se había topado a Erwin, ni tampoco a Reiner; Connie y Sasha al menos habían volteado a verlo cuando llegó.
Observó a la pareja caminando cerca de donde se encontraba él. Sostenían su típica caja de almuerzos, en la que cabía comida para ambos y un tercero, que muchas veces había sido él. La comida de Sasha sabía deliciosa, no podía ser de otra manera, la chica tiene un estómago insaciable y, a demás, es de paladar exigente. Los observó hablar un momento y luego llevó la vista a su comida.
– Eren.
El mencionado frunció el ceño y levantó su mirada. Sólo Connie de pie frente a él, también bajo el techo. Hacía tiempo que no veía una expresión tan amigable en su rostro.
– Ey, ¿qué haces? – Saludó casual, intentando ocultar su asombro. Sostenía su caja de almuerzo. Eso quería decir que a él y Sasha les habían dado tiempo de almorzar por separado.
– ¿Me puedo sentar? – Eren asintió con la cabeza, haciéndose a un lado, para que Connie se siente con comodidad. – Oye, Eren... Quiero preguntarte algo. – Eren esperó. – ¿Es verdad?
– ¿Qué cosa? – Preguntó con obviedad. Muchas cosas podían ser verdad, otras simplemente no.
– ¿Que... Eres gay? – Trató de no darle ningún peso particular a sus palabras, lo cierto es que lo ponía nervioso hacer una pregunta así.
– Ah, sí. – Contestó de igual forma, sin darle importancia. – Es cierto.
Connie aflojó su expresión, estiró sus labios en una sonrisa. Soltó la rigidez de su cuerpo, abriendo la caja de su almuerzo y comenzando a comer.
– Entonces... No coqueteabas con las chicas. – Afirmó, luego de tragar. – Por eso es que Annie no te gusta. – Eren sólo asintió con la cabeza. – Tampoco Historia... Ah... – Suspiró. – Sabes... Es un alivio para mí aclarar este tema.
– ¿Como lo supiste? – Preguntó Eren, aún extrañado.
– ¿Eh? ¡Ah! Sasha... – Eren lo miró. – Discutíamos y me dijo que lo suponía. Supe que lo mejor era venir a preguntártelo por mi mismo.
– Ah, así que ella lo supuso. – Sonrió, más para sí que a Connie. – Es posible, después de todo no es un secreto que intente ocultar.
– Oye Eren. – Ambos se miraron a los ojos. – Perdóname. Estaba enojado, creía que...
– Que quería algo con Sasha... – Terminó la frase.
– Sí, o más bien no... – Dijo y se contradijo. Se quedó pensando.
– No tienes que negarlo Connie, no conmigo. – Trató de no mirarlo fijamente para que no se espantara.
– Bueno, ya sabes... – Bajó su rostro. – Me dieron celos. Discutí con Sasha, mucho, pero ella seguía acercándose a ti.
– Descuida, ya ha pasado.
Connie sonrió y se lo quedó viendo un momento, Eren se notaba muy compenetrado en sus pensamientos. Y así era, si lo que Connie tenía contra él era la idea de que coqueteaba con las chicas el único que podía haber tenido una idea así era Reiner, respecto de Annie.
– Ey ¿está todo bien? – Preguntó Connie preocupado.
– Claro que sí. – Connie lo golpeó en el brazo, haciendo que Eren riera.
– Te extrañaba ¿sabes? – Miró a Sasha pasear por aquí y por allá.
– No te conviene ser romántico conmigo, Connie. – Se rió.
– ¡No pienses cosas extrañas! – Aclaró con rapidez. – Mis intenciones son completamente amistosas.
– Lo sé. – Ambos rieron. – No tienes que tratarme de ninguna forma en particular. Como siempre estará bien.
– ¿Puedo preguntarte algo? – Eren lo miró. – ¿Yo soy un tipo atractivo?
Eren se lo quedó mirando un momento. No era la primera vez que un amigo o compañero hétero le hacía una pregunta por el estilo. Es sólo que nunca era bueno responder a esa pregunta. Tratándose de Connie, no tenía nada contra él, pero si se dejara crecer el cabello, tal vez su imagen mejoraría mucho. Aún así, su mente lo hizo sentir sucio, mirar a Connie como un hombre, y no como amigo, era muy parecido a cometer incesto: como acostarse con su primo.
– No quieres saber, Connie. – Sonrió con dificultad.
– ¡Vamos! ¡Solo sí o no! – Insistió. – No pensaré nada raro.
– Creéme que no quieres saber... – Connie bajó su rostro. – ¿No te alcanza con saber que le gustas a Sasha? ¿Por qué necesitas ser de mi gusto también? – Preguntó risueño.
– Tu qué sabes si le gusto a Sasha... – Refunfuñó cruzándose de brazos.
– Ella sabía bien mi orientación sexual... – Recitó observándola a lo lejos. – Hay cosas que no necesitan ser preguntadas. – Susurró, sintiendo sus mejillas entibiarse por un sonrojo.
– Al menos... ¿Soy más guapo que Reiner? – Preguntó enojado.
– Olvídalo, Connie. Realmente no quiero que pienses cosas raras, ni se inicien rumores por algo que dije que tranquilamente podría ser malinterpretado.
– Guardaré el secreto. – Cantó mostrando las palmas de sus manos. Eren guardó silencio. – ¿Es porque tienes novio que no puedes responderme?
– No es eso. – Las mejillas de Eren volvieron a sonrosarse. – ¿Puedo pedirte un favor? – Connie asintió. – ¿Podrías no decirle nada a nadie?
Connie aceptó, lo entendía bien, se trataba de la privacidad de Eren. Luego siguió quejándose, creyéndose feo porque Eren no quiso responderle. El castaño no se esforzó mucho en que no piense de esa manera, le dijo que los gustos eran particulares de cada quién y ya. No es que él considerara que porque le gusta Levi así debía ser con cada persona que lo mirara.
No es como si él quisiera que Levi le pareciera atractivo a todas las personas con las que se trata, con Erwin le alcanzaba y sobraba.
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Caminaba distraído por el pasillo principal de la administración en su horario de salida con la vista enfocada en su celular. Mientras que trabajaba había recibido la respuesta de Armin a la conversación grupal cuyo nombre había sido cambiado por el rubio hace poco de "Mihogarcito" a "Eren es la mami de Isaic ~": "¿Están libres esta tarde? Tenemos que hablar." Mikasa había respondido que sí; restaba él.
Tragó pesado, la frase "tenemos que hablar" siempre da la expectativa que hay que hablar sobre algo que es malo. Vio su vida nuevamente, completa frente a sus ojos; no es que él consideraba que había cometido algún error, haberle hecho daño a su amigo de alguna manera pero ¿si lo hizo sin darse cuenta?: "Vengan a casa luego, Levi vendrá por Isaic a las 16, como siempre". Bueno, no podía ser tan grave si el rubio los estaba invitado a su casa. ¿Existía la posibilidad de que Armin le dejara ir antes? Ver a Isaic y a Levi lo haría realmente feliz. Cambió a su chat individual: "¿puedo ir ahora? ¡Por favor!".
A la vez que cruzaba la puerta de la administración al exterior del parque, recibía el permiso de su amigo para ir. Cerró sus ojos y sonrió apretando su teléfono contra su pecho. Ignoró la terminal de bus, necesitaba la dosis de Ackerman que le hacía falta desde hace días. Podía agotar sus energías en caminar o correr hasta la casa de Armin.
Diez minutos después, se detuvo frente a la gran puerta blanca de la casa de Armin, tocó el botón y el timbre sonó. No podía evitar estar emocionado, suspiraba para no mostrarse tan sonriente, movía sus rodillas en un intento de canalizar la electricidad que sentía en su cuerpo.
– ¿Quién es? – Preguntó la vocesita del pequeño Isaic.
– Soy yo, Eren. – Intentó sonar natural.
– ¡Señor Armin! – Llamó Isaic. – ¿Puedo abrir? Es el señor Eren Jaeger.
Luego de algunos segundos, Armin abría la puerta de su casa y recibía a su amigo castaño.
– Hola Eren. – Su rostro se notaba más pálido de lo normal.
– ¡Señor Eren Jaeger! – Lo atacó una pequeña presencia tomando carrera.
Eren lo alzó y montaron una cursi escena familiar. Isaic se abrazó al cuello de la chaqueta de Eren y, sonriente, lo saludó.
– Pesas mucho, Isaic. – Comentó, frunciendo el ceño. – ¿Tu papá te ha estado dando mucho de comer?
– No estoy pesado. – Se rió. – ¡Usted está pesado! Apuesto a que no puedo levantarlo.
– ¿Yo? ¡Ufa! – Fingió tristeza. – Voy a tener que ponerme a dieta.
Armin sonreía discretamente, a Eren le daba el pellejo para pedir que no lo molesten cuando realmente se lo merecía. ¿Dónde consiguió el libreto? Cada palabra que intercambiaba con Isaic, cada abrazo y cada mirada era sentida desde lo más profundo de su corazón.
Sin duda luego volvería a molestarlo.
– Tiene que comer bien, señor Eren Jaeger. – Aconsejó Isaic, sorprendiendo a los jóvenes. – Yo no puedo levantarlo, pero mi papá es tan fuerte que sí puede hacerlo. – Armin aguantó la risa al percibir el automático sonrojo de Eren.
– Oye... – Intentó defenderse el mismo Eren.
– ¿De que se ríe señor Armin? ¡Mi papá es tan fuerte que puede levantar al señor Eren Jaeger! ¿Sabe? ¡Él cargó a el señor Eren Jaeger cuando se quedó a dormir en mi casa! – Lo regañó con firmeza y seguridad. – ¡Y lo demostrará luego cuando venga!
– De tal palo, tal la astilla... – Murmuró Armin, sólo para que Eren lo escuchase.
– I-isaic no es necesario que tu papá me le-levante... – Bajó a Isaic al suelo.
– No lo niegues, mami... – Armin lo rodeó y le susurró al oído. – Sabemos bien que quieres que Ackerman te alce como si fueras su esposa. – Se alejó un poco antes de recibir algún golpe. – ¿Quieres comer algo, Eren? – Ofreció irónicamente..
– No-gracias. – Se mostró ofendido.
– Quiero que me acompañes a la cocina. – Le informó en bajo tono al volver a pasar por su lado, seriamente.
– ¡Señor Eren Jaeger! – El niño tomó la mano de Eren para llamar su atención. – Recuerda que me tiene que contar la historia del titán aprendiz, ¿verdad?
– Claro que lo recuerdo. – Isaic sonrió. – ¿Quieres que lo haga ahora?
El sí fue rotundo y esperado. Eren pidió a Isaic que lo esperase en la alfombra y se preparara. Se intrigó, ¿Armin tendría que decirle algo sobre lo que "tienen que hablar" luego? Lentamente se acercó a la puerta de la cocina y se detuvo en el marco, apoyándose de brazos cruzados.
– Hay algo que tienes que saber... – Empezó Armin.
– Y bien... ¿Qué es? – Su cuerpo explotaría por la impaciencia, su mente estaba desorientada en incertidumbre.
– Últimamente ha estado extraño. – Eren ladeó la cabeza. – No me pongas esa cara.
– Lo siento. – Se rió. – ¿Isaic? – Armin asintió. – Desde que llegué ha sido como siempre.
– En definitiva, tienes que saberlo. – Zanjó Armin. – Isaic está volviendo tener comportamientos que había dejado. No sé si Ackerman te lo dijo.
– ¿Cóm-...?
– Señor Eren Jaeger ya estamos listos.
Isaic fue a buscarlo por demorarse más de lo que esperaba. Eren no quería hacer esperar al pequeño pelinegro; le sonrió con dulzura y lo siguió de nuevo a la sala, girándose a guiñarle un ojo a Armin "tendré cuidado". Tal vez no era el momento para hablar de qué cosas estaban pasando con el niño. Se encargaría de hacerlo feliz, aunque sea por un corto rato.
Eren corrió la mesa ratona y ambos se sentaron como indios sobre la alfombra entre el sofá y los sillones.
– Muy bien. ¿Recuerdas dónde nos habíamos quedado?
– ¡Sí! El soldado más fuerte de la humanidad y la soldado de anteojos estaban enseñándole cosas a el titán aprendiz. – Sonrió, entusiasmado.
Con ese brillo tan característico de sus bonitos ojos grisazulados.
"Los soldados que habían sido enviados por la policía militar, pronto se vieron sin nada en qué trabajar en aquella zona, por lo que fueron regresados a los interiores de las murallas. El titán aprendiz se mostraba muy predispuesto a aprender y aquellos días eran aprovechados al máximo por el grupo de soldados, por los compañeros de el soldado más fuerte de la humanidad.
Una mañana, la soldado de anteojos había intentado realmente que el titán reprodujera todo lo que le habían enseñado. Pero no había caso, se mantuvo sentado, con la cabeza y sus orejas gachas a la espera de la muestra que haría la soldado para él continuar con su imitación.
– Líder de escuadrón, debería dejarlo por hoy. – Le recomendó su compañero dibujante. – Tal vez sea demasiado para él.
– Esperaremos a que venga el soldado más fuerte de la humanidad.
Ambos se sentaron a esperar en compañía del titán aprendiz. No porque sus planes se habían frustrado por la mañana lo dejarían sólo. El titán escuchaba la amena conversación que sostenía la soldado de anteojos y su compañero. Los observaba relacionarse y reírse. Cada vez que los veía sonreír, se sentía un poco más animado.
Era un gran progreso que el titán pudiera estar tan tranquilo, eso era apreciable por el grupo de soldados que se mantenía en aquél lugar, en el bosque, apartados de todo. Sabían que sus esfuerzos no eran en vano y que cada vez que elevaban un reporte del trabajo realizado, el titán líder les guardaba un profundo agradecimiento.
Cuando el soldado más fuerte de la humanidad llegó, automáticamente frunció el ceño al notar que los soldados no estaban haciendo nada. Se acercó a la soldado de anteojos y preguntó por la situación. Luego de una extensa discusión, ambos se miraron fijamente y asintieron.
– Bien, lo haremos como lo dijimos. – Anunció el soldado más fuerte de la humanidad abriéndose paso entre sus compañeros. – Yo desde las alturas le daré órdenes. Ustedes procuren que haga las cosas bien.
– ¡Hai! – Asintió su escuadrón llevando sus puños a sus pechos.
El soldado utilizó su equipo de maniobras tridimensional para subirse a las ramas altas de un árbol cerca del titán. Al encontrarse arriba, el gigante posó su mirada en él y comenzó a sacudir sus puntiagudas orejas, hacia arriba y hacia abajo.
– Titán aprendiz, ordena los objetos. – Indicó el soldado más fuerte de la humanidad. Pero el titán no hizo nada. – Oi, titán aprendiz. – Sólo obtuvo el rostro apenado del gigante.
– ¡Es inútil Heichou! – Le gritó su compañera de cabello anaranjado.
– Titán aprendiz... – Pidió el soldado por última vez.
– ¡Soldado más fuerte de la humanidad! – La soldado de anteojos había subido a la misma rama en la que estaba él. – Creo que deberíamos continuar mostrándole el procedimiento.
– Debería haberlo aprendido a estas alturas. – El soldado se llevó una mano a su mentón y recapacitó. – Está bien, hazlo.
El trabajo durante la tarde fue productivo, luego de mostrarle los procedimientos el titán pudo trabajar. Se le notaba la seguridad en sí mismo, lo que alivió a los soldados por entender que no había retrocesos en sus aprendizajes.
Hacia el final de la tarde las nubes habían cubierto el cielo y los soldados abrigaron sus cabezas con las capuchas de sus capas verdes. Lo mejor sería regresar temprano, ya que parecía ser una tormenta. El titán aprendiz acercó su rostro al soldado más fuerte de la humanidad antes de que bajara del árbol. Extendió su mano por debajo de la misma, estableciendo un piso para que él se parara. Con suavidad descendió en su mano al soldado más fuerte de la humanidad, quién con un salto bajó de la misma. El enorme titán aprendiz se arrodilló en el suelo y manteniendo su posición erguida, reverenció con su cabeza ante él, con sus ojos cerrados.
– ¿Qué significará? – Se preguntó en voz baja, para sí mismo.
– ¿Las gracias, serán? – Sonrió la soldado de anteojos. – ¡Dibuja esto!
El soldado más fuerte de la humanidad se acercó hasta la gran rodilla del titán, y apoyó su mano. Dio unas suaves palmadas, seguramente para el titán se sentían como cosquillas. Pero en vez de ignorarlo, lo miró y agitó sus orejas nuevamente.
– Buen trabajo hoy. – Felicitó.
Los pabellones auditivos del titán comenzaron a moverse fuera de control, demostrando su felicidad y tranquilidad por haber cumplido un día más con aquellos humanos, a los que no podía decirles nada, pero lo hacían sentir bien."
– ¿Por qué no podía decirles nada, señor Eren Jaeger? – Isaic abrazaba sus muñecos con fuerza, feliz conocer la historia que existía entre ellos.
– Porque el titán aprendiz no sabe hablar. – Respondió dulcemente.
– Entonces, ¿ellos no podrán hablar? – Re-preguntó haciendo sonreír a Eren.
– Les traje galletas. – Interrumpió Armin, Isaic tomó una. – ¿Eren no quieres nada? Se te secará la garganta. – Ofreció cordialmente.
– Está bien, sólo un té. – El rubio asintió.
– Señor Eren Jaeger... – El niño pidió por una respuesta.
– Si pueden o no comunicarse es algo que estudiará la soldada de anteojos.
"La mañana siguiente el sol brillaba alto en el cielo, secando los pisos que rodeaban al gran cuartel que el titán líder había construido para los soldados. Las hojas de los árboles y los equipamientos para el entrenamiento que se encontraban fuera. Por grupos, repartieron las actividades del día.
Típico era que el soldado más fuerte de la humanidad estuviera a cargo de la presentación de informes de rutina, por lo que en las mañanas resultaba imposible para él, trabajar con el titán aprendiz. Ese horario lo ocupaba la soldado de anteojos. Tanta era la energía que sentía en las mañanas que llamó a su compañero y partió en busca del titán aprendiz. Esa mañana le costó encontrarlo, mucho más que otras. Buscó entre cada árbol hasta hallarlo, bastante lejos del cuartel: estaba ordenando ramas por tamaño.
– ¡Muy bien! – Aplaudió la soldado. – ¡Es genial! ¡Has ordenado las ramas muy bien!
– Líder de escuadrón, debería tener más cuidado.
– ¿Es que a caso no lo ves? ¡Lo ha logrado! – Ella seguía aplaudiendo cuando el titán mostró nuevamente esa expresión penosa en su rostro. – Oye... ¿Qué te ocurre? – Con ayuda de su equipo de maniobras, llegó a pararse sobre el hombro del titán.
El gigante lanzó gimió un poco desde su garganta, con la boca cerrada. Sus grandes dientes preocuparon a los soldados, pero aún así se quedaron a su lado. Luego de un momento, el titán aprendiz abrió su boca comenzando a gritar con todas sus fuerzas.
– ¿Eh? – Susurró la soldado, aturdida completamente, desconcertada. Rápidamente bajó del hombro del titán.
– ¡Líder de escuadrón! – Le gritó su compañero, cubriéndose un oído con una mano y tironeándo de la soldado con la otra para alejarse.
– ¡No! – Le gritó, en vano. – ¡Debemos calmarlo!
La soldada tapó sus oídos y esperó. En cuanto dejó de gritar, el titán estaba agitado y cansado, por lo que se sentó. Los tres descansaron, el grito los dejó exhaustos. Pero eso no significó que se darían por vencidos. La soldado se puso de pie y caminó hasta enfrentar la fija mirada del titán.
– ¿Qué hace, líder de escuadrón? – Preguntó su compañero, aún consternado.
La mujer, frente al titán, abrió su boca, pidiéndole que la imitara por esta vez. Su subordinado percibió la situación y se ubicó detrás de ella, dispuesto a rescatarla en caso de que algo extraño ocurriera.
– ¿Crees que pueda permanecer un momento con la boca así? – Le preguntó la soldado.
– ¿Qué está pensando hacer? – La tomó del brazo y tironeó lejos del titán.
– Tranquilo. Sólo le revisaré un poco la boca... – Contestó, valiente.
La mujer asomó sus narices dentro de la boca del titán, apoyó sus manos en sus dientes inferiores e intentó mirar más allá. Dio un paso dentro de la resbalosa lengua del titán. Husmeó dentro hasta que de pronto, todo se puso oscuro.
– ¡Líder de escuadrón! – Gritó su subordinado. El titán había cerrado su boca.
Desesperado por no saber que hacer, le insistió al titán que abriera su boca nuevamente, indicándole lo que decía hacer para que lo imite. Ahí estaba, los ojos de la soldado brillaban del trauma o de la locura. El soldado le extendió su mano recibiendo la suya de regreso, estaba mojada, utilizó todas sus fuerzas para sacarla de la boca del titán.
Toda pegajosa se reía sentada en el piso, mientras que su subordinado intentaba hacer que entre en razón hasta que el soldado más fuerte de la humanidad llegó.
– Oi ¿Qué ocurre aquí? – Exigió por una explicación.
– Oh soldado, al fin llega. – La mujer llegó a acercársele.
– Hueles mal. – Señaló tapándose la nariz. – Y luces sucia... ¿Qué te pasó?
– Estudié la boca del titán.
– Tch... Ve a limpiarte.
– Pero déjame decirte...
– ¿Qué? Dilo si es algo importante
– ¡El titán aprendiz no puede hablar! – Exclamó. – Por eso debe dificultársele entender lo que le decimos.
Eso era un gran descubrimiento. El soldado comenzó a pensar en posibles formas de comunicación con el titán, entre ellas se le ocurrieron dibujos, señas a la vez que escuchaba las palabras que significaban para que a pesar de no poder decirlas, sí pudiera escucharlas y entenderlas."
– ¿Eso quiere decir que lograron comunicarse con él de alguna forma?
Al escuchar a Isaic, Armin levantó la mirada de su revista, estaba sentado en el sillón compartiendo el espacio con ellos. Había decidido tomar una revista para pasar desapercibido, pero en realidad estaba escuchando la historia.
– Bueno... El titán aprendiz era muy bueno aprendiendo. – Redundó, sonriendo. – Él se esforzó mucho, y aunque a veces perdía el control y gritaba como loco aturdiéndolos a todos... Aprendió a realizar sus tareas, las que cuando se integrara, realizaría junto a sus iguales.
– ¿Sus iguales son otros titanes aprendices?
– Eh... Sus iguales son otros titanes de su edad.
– Ya entiendo.
Eren dio un sorbo a el té que Armin le dejó momentos atrás, silenciosamente, sobre la mesa. Isaic se había acercado tanto a Eren que terminó por acomodarse entre sus piernas dobladas en forma de indio, mirándolo de frente. Isaic esperaba por la historia con sus amorosa mirada sobre él; su mente se desvió un momento, ¿qué pasaría con el pequeño para tener un retroceso? Por esta vez, quería saberlo y cuidarlo. Isaic carraspeó llamando su atención.
– Ah sí...
"Una tarde, la soldado de anteojos había tenido que regresar a la muralla, entonces todos los soldados del cuartel se tomaron el día libre. Mientras que unos organizaron las prácticas con espadas, otros se dedicaron a una buena lectura. El soldado más fuerte de la humanidad decidió reconocer el terreno, es algo que había querido hacer desde que llegó, pero siempre se le hacía tarde en la noche. En su equipo de maniobras tridimensional, portando su capa verde por el frío recorrió varios puntos del bosque, llegando a la desembocadura del río. Un gran valle se extendía entre donde finalizaban los árboles; dos montañas se ceñían a ambos lados del bosque y el río cruzaba por entre medio de ellas. Caminó hasta la orilla y se sentó a descansar.
Escuchó pasos fuertes desde su derecha pero aún así no volteó a ver, fueron pasos que cesaron cuando los sintió cerca, aquello si lo obligó a girar. No podía estar imaginando que algo se acercaba. A su derecha el titán aprendiz se encontraba de pie, miró hacia lo alto de sus 15 metros, directo a su rostro; el titán descendió su marcha caminando lentamente hasta él. El piso temblaba conforme el gigante daba pasos acercándose. Se agachó junto a él, mirando en dirección al río.
Su silencioso compañero se mostraba inquieto, movía sus manos, su cabeza y miraba a todos lados, molestando la tranquilidad de el soldado más fuerte de la humanidad.
– Oi... ¿Qué ocurre contigo?
El titán detuvo en seco cada movimiento que realizaba, se sentó rígido y se quedó quieto. El soldado más fuerte de la humanidad rió suavemente ante la estructurada obediencia que adoptaba frente a una simple pregunta. No le había dado ninguna orden y él simplemente se había sentado.
El titán lo miró, emitiendo algunos sonidos con su garganta y con su mano agarró al soldado de sus ropas y lo alzó.
– ¡Oi! ¡¿Qué haces?! – Le gritó, dispuesto a usar su equipo de maniobras tridimensional por cualquier inconveniente. – ¡Suéltame! – El titán lo dejó quieto en el aire, ambos se miraron a los ojos. – ¡No! Espera... No me sueltes. – Dejó de sacudir sus piernas en el aire para que el titán no soltara el agarre. Pero él sólo lo apoyó sobre su otra mano y lo miró.
El titán se echó a correr bordeando el río y subió a la montaña. En la cúspide se sentó al borde de una roca, el soldado más fuerte de la humanidad subió a su hombro y allí se sentó. Admiraron el bello paisaje por un momento.
– Te gusta aquí ¿no es así? – Le preguntó, el titán aleteó las orejas en respuesta. – La vista no está mal.
Las nubes se entrelazaban tomando colores anaranjados y violáceos. La hierba del valle se veía como un suelo aterciopelado y límpido de sombras; el agua clara del río reflejaba los colores que le ofrecía el cielo y refractaba la luz moviendo los fondos de mismo. El soldado notó que el titán agitaba sus orejas justo a su lado. Las miró.
– Me gusta mucho este lugar. – Comentó, viendo el sol ponerse tras la montaña. – Dentro de la muralla no se puede encontrar esta sensación. Es realmente hermosa.
Las orejas comenzaron a moverse con mayor intensidad, demostrando que el titán se sentía muy feliz de que el soldado estuviera a gusto. Cuando el sol se escondió completamente detrás de la muralla el soldado más fuerte de la humanidad se había quedado dormido. El titán lo tomó entre sus manos con cuidado y lo llevó de regreso al cuartel, donde fue recibido por su escuadrón."
– Debe ser genial tener un amigo gigante. – Se le escapó a Isaic, un susurro.
– ¿Lo imaginas? – Eren siguió el juego. – Podríamos montarnos en sus hombros y nos llevarían a donde quisiéramos ir.
– Podríamos pedirles que nos hagan volar en sus manos. – Su rostro se iluminó en una sonrisa.
Inesperadamente el timbre de la casa de Armin sonó. El rubio miró por la lente de la puerta y abrió. Desde el piso donde estaban sentados Eren e Isaic estiraron sus cuellos para encontrar al guapo padre del niño. Una a una, Eren rememoró todas las escenas sólo para adultos que su mente creó la noche anterior; un sonrojo furioso se hizo presente en sus mejillas. Isaic corrió y saltó a los brazos de su padre.
– ¿Como te portaste? – Le preguntó como siempre.
– ¡Bien! – Le respondió con el saludo de soldados que Eren le había enseñado.
Isaic se abrazó al cuello de Levi con una sonrisa. Levi miró a Armin y le hizo una seña de pregunta con su mano, el rubio simplemente le levantó su pulgar y señaló a Eren.
– Ah, Eren. – Lo saludó.
– Buenas tardes, señor Ackerman. – Le sonrió, aún sonrojado y con esfuerzo.
– Papá, el señor Eren Jaeger me estaba terminando de contar la historia del titán aprendiz. – Contó y juntó sus dos pequeñas manos debajo sus ojos. – ¿Podemos quedarnos un ratito más? ¿Si? ¡Por favor!
– ¿Le preguntaste a Armin si te presta el espacio para hacerlo?
Levi no se dejaba abrumar por el entusiasmo de su hijo, sin embargo cuando Armin recibió dos pesadas miradas sobre sí, la de Isaic y la de Eren, retrocedió y sonrió.
– ¿Podemos, señor Armin? – Preguntó.
– Claro que si. – Dio permiso. – Continúen.
Isaic bajó de los brazos de su padre y regresó con Eren, abrazándose a su pierna. El castaño le revolvió el cabello. Levi se acercó a Armin y por un momento los dejaron solos. "¿Por qué Armin se lleva a mi señor Ackerman?". Eren e Isaic regresaron a la alfombra y se sentaron como indios, enfrentados.
– Siga, señor Eren Jaeger...
"En la mañana siguiente, la soldado de anteojos y el soldado más fuerte de la humanidad salieron al bosque por el titán aprendiz, para comenzar con los ejercicios diarios. No lo encontraban por ninguna parte entonces decidieron separarse. Lo buscaron por varias horas, era un bosque muy grande, pero no hubo resultado. Ambos se encontraron en la puerta del cuartel.
– ¿Dónde habrá ido? – Se preguntaba la mujer.
– Esto es muy extraño. – Se limitó a decir el soldado, pero si estaba pensando en muchas teorías sobre dónde podría encontrarse.
El cuartel estaba provisto de mapas los cuáles les sirvieron a los soldados para corroborar que habían verificado cada lugar, pero un mensaje llegó con el sonido de unos fuertes y rápidos pasos al lugar. El soldado más fuerte salió del cuartel como un rayo y se encontró fuera al titán líder. De inmediato subió a una rama para poder conversar con él.
El titán líder traía información sobre el titán aprendiz, la situación y su paradero.
– Se han llevado al titán aprendiz, soldado más fuerte de la humanidad. – Anunció.
– ¿Qui-..."
– ¡¿Quién?! – Preguntó Isaic, frunciendo el ceño, acercándose a él. Eren se rió.
– Relájate... – Lo tomó de los hombros. – El soldado encontrará al titán aprendiz.
Levi ocupó lugar en el sillón de dos cuerpos detrás de Isaic, mirando a Eren. Revolvía el escaso azúcar que había vertido en su té negro. Eren no pudo evitar notar nuevamente esa forma única de tomar la tasa, cubriendo la superficie con su mano y sosteniéndola con sus dedos por los bordes. Casi pierde el hilo de sus pensamientos, pero Isaic volvió a traerlo a la realidad interponiéndose entre sus ojos y lo que ellos veían.
– Realmente está entretenido... – Le susurró Armin, que se sentó a su lado.
– ¿Quiénes se llevaron al titán aprendiz, mocoso? – Preguntó Levi, apurándolo.
"El titán líder dijo al soldado más fuerte de la humanidad que el titán aprendiz había sido secuestrado por otro: el titán acorazado. Un titán tan alto como el titán aprendiz, pero muy entrenado, con un cuerpo fuerte capaz de romper todo el mismo bosque en el que ellos estuvieron trabajando en ese tiempo, pertenecía a un grupo que se llamaban "Los Guerreros"; la localización de mismo era algo confusa, pero si seguían muy bien sus indicaciones, serían capaces de encontrarlo. El soldado más fuerte de la humanidad y la soldado de anteojos dieron la órden a sus subordinados inmediatamente, partirían a buscar al titán aprendiz y combatirían contra Los Guerreros.
Partieron a caballo los siete soldados, listos para dialogar o, si no podían llegar a un acuerdo, un enfrentamiento. Llegaron a la gran mansión donde el titán aprendiz se mantenía cautivo pasada la mitad de la tarde. Amarraron sus caballos fuera y el soldado más fuerte de la humanidad tocó la puerta. Nadie pareció estar interesado en abrirle, por lo que se adentró sigiloso. Miró en ambas direcciones y les indicó a sus soldados que ellos también podían entrar. Una vez dentro se encontraron en un pasillo alargado el cuál se perdía a izquierda y derecha en la oscuridad. El techo era increíblemente alto, podían caber titanes ahí dentro.
Determinaron que se dividirían y buscarían unos por la derecha y otros por la izquierda. La soldado de anteojos quiso hacer piedra, papel o tijera para elegir, pero el soldado más fuerte de la humanidad la regañó diciéndole que no era tiempo de jugar y que fuera por él si del otro lado encontraba información. Sin más, el sonido de las botas de el soldado y tres de sus compañeros se perdieron por el lado izquierdo del pasillo.
La soldado de anteojos, su compañero y uno de los subordinados de el soldado más fuerte llegaron rápidamente al final del pasillo, lo que mostraba unas escaleras hacia abajo, lo que parecía ser un sótano.
El soldado más fuerte de la humanidad y sus dos acompañantes encontraron al final del pasillo una gran ventana, que mostraba exactamente la posición del sol, indicando el comienzo del atardecer y escaleras con forma de caracol hacia arriba.
– Bien... Debemos decidir. Uno de nosotros debe quedarse aquí, por si los demás vuelven. – Planeó el soldado.
– Yo lo haré. – Anunció la chica de pelo anaranjado. – Así como si descubren que nos metimos sin permiso.
Los tres soldados, incluído Heichou, aceptaron y subieron las largas escaleras. Muchas puertas se ceñían en un nuevo gran pasillo y, al final del mismo, nuevamente: escaleras de caracol. Los valientes soldados revisaron dentro de cada una sin encontrar nada bueno. El soldado ya se estaba cansando: ¿por qué se habrían llevado al titán aprendiz? Continuaron por el segundo piso, pero lo que se veía ya no era pasillo si no una gran sala. Las ventanas iluminaban tenuemente lo que eran unas cadenas plateadas y el titán aprendiz capturado por sus manos a ellas.
– ¡Titán aprendiz! – Gritaron los tres soldados.
Pero un cuerpo humano apareció frente a ellos. Era un hombre muy alto, a comparación de el soldado más fuerte de la humanidad, su cabello era también oscuro y no demostraba ninguna expresión en particular. Los gemidos de el titán se hicieron presentes cuando los vio llegar.
– Han logrado encontrarme, soldados... – Se mostró rendido, caminando de un lado a otro por delante y alrededor del titán aprendiz. – ¿Qué debo hacer ahora? ¡Me capturarán!
– ¿Quién eres? ¿Eres un guerrero?
– ¡Oh! Estoy en ventaja, yo sí sé quién eres, soldado más fuerte de la humanidad! – No hubo respuesta por parte de los integrantes de la legión de reconocimiento. – Para mi beneficio, eres más pequeño de lo que imaginé... – Se burló. – Un simple soldadito de plomo. – Señaló pequeñez con sus dedos. – Puedes llamarme: Colosal, por ahora. Soy un integrante de Los Guerreros.
– Bien, Colosal... ¿Qué quieres del titán aprendiz?
– ¿Eres capaz de darme lo que quiero? – Preguntó de forma sombría. Un soldado quiso responderle, pero Heichou lo detuvo. – ¡Quiero que dejes de meterte en mi camino, soldado más fuerte de la humanidad! – La respuesta sorprendió a todos.
– No sabes lo que dices... Deja libre al titán.
– Tú eres el que no sabe nada. – Se acercó a ellos. – ¡Vas por la vida proclamándote un héroe! No eres más que un soldadito con agallas.
– Yo no pedí ser reconocido.
– ¿En qué pensabas cuando hiciste un trato con el Simio? ¿Libertad? – Se burló. – ¡La legión de reconocimiento volará con las alas de la libertad! ¿En dónde? ¿Fuera de las murallas que los encerraban? Sucios humanos.
– ¡Tú también eres un humano!
– Le quitaron territorio a los titanes. – Afirmó novedoso. – Eso es algo que no perdonaré."
– Señor Eren Jaeger... ¿Por qué si el Colosal es un humano, está en contra de el soldado más fuerte de la humanidad? – Preguntó Isaic, inteligentemente.
– Bueno, verás... Las personas piensan diferente en ocasiones. – Aclaró. – Colosal, era opositor a las ideas de las tropas de exploración y reconocimiento.
– ¿Qué tenía en contra de ellos? – Preguntó Isaic, preocupado.
– Él promovía que los titanes continuaran usando humanos como entretenimiento. – Explicó. – Por que él vivía en esa mansión con un titán.
– Ah... Por eso está en contra de el soldado... – Pensó.
"– ¿Y qué quieres? Podrías hablar con el titán líder para recuperarlo. – Preguntó el soldado más fuerte.
– ¿Crees que no lo hice? – Chasqueó su lengua. – Pero el mono no quiso. Fue muy inconsciente de su parte cederles terreno.
– ¿Qué tiene que ver el titán en todo esto? – Frunció el ceño.
– ¿Que tiene que ver? Él se negó a entregarte, soldado más fuerte de la humanidad... – Ambos fijaron sus miradas en el otro. – Por cosas inútiles como la amistad que comparten.
– No permitiré que lastimes a nadie y mucho menos que insultes algo tan valioso como la amistad.
– Pensamos muy diferente, soldado más fuerte de la humanidad... – Sonrió Colosal. – ¿Qué harás ahora? ¿Cómo me demostrarás que su poder puede hacerte escapar de esta situación y salvar a "tu amiguito enorme sin disciplina"?
– Tengamos un duelo de esgrima. – Retó el soldado. – Si ganas, te devolveré el territorio que obtuvimos en el trato con el titán líder. Pero si yo gano... Dejarás libre al titán aprendiz y cargarás con la división del terreno actual.
– Una cosa más, soldado.
– ¿Qué es?
– Si yo gano... Devolverás el territorio y el titán aprendiz se quedará encerrado aquí para siempre.
El soldado tragó pesado, pero no era el momento de dudar, tenía la confianza y la determinación.
– Está bien.
– Acepto, soldado más fuerte de la humanidad. – Sonrió, malvado. – Pero no tendremos rounds... El primero en llegar a quince toques sin importar el tiempo, ganará.
Colosal confirmó que tenía materiales para que ambos pudieran batirse en un duelo, sólo tenía que aceptar usar sus elementos. Le aseguró que no había trampa alguna en aquello, que lo revisara bien por sí mismo, si tenía dudas."
– ¿Es una trampa, señor Eren Jaeger? – Preguntó Isaic, compenetrado en la historia.
– Pues, no está en la naturaleza del soldado más fuerte de la humanidad tener demasiada confianza. – Aclaró, llevando su mirada hacia Levi, quién también escuchaba atento cada cosa que decía. – Revisó el traje y no tenía inconvenientes.
– Ah... ¡Qué bien! – Suspiró aliviado. – Ganará ¿no es así?
– No lo sé... – Dudó. – Colosal estuvo practicando por mucho tiempo, él puede igualar las capacidades de el soldado.
– ¡¿Cómo?! – Atacó el niño.
– ¿Por qué mejor no seguimos adelante? – Sugirió.
"Ambos contrincantes se prepararon, los soldados que acompañaban al soldado más fuerte de la humanidad le dieron sus ánimos, sabían y confiaban en que no perdería. Mientras que Colosal se ubicó sosteniendo su sable a dos metros de la sala, esperando por el soldado. Antes de ponerse sus caretas, ambos hicieron una reverencia a modo de saludo. Los soldados dieron comienzo al enfrentamiento.
En posición de guardia, Colosal comenzó su marcha para ser el primer atacante y tomar ventaja, con un automático salto adelante. El soldado más fuerte de la humanidad se defendió interponiendo su hoja, pero Colosal efectuó contra él, un toque con coupé, engañando al soldado al mover de forma vertical su sable.
En marcha el soldado más fuerte de la humanidad impulsó a fondo, extendiendo el brazo y tirándolo hacia adelante, recuperando su forma y sacándole dos puntos de ventaja al Colosal. Pero producto de un engaño con su falsa marcha, el soldado creyó que se acercaría y se preparó a defender un ataque distinto al que recibió y volvió a estar en pérdidas.
Su cuerpo estaba tenso y no podía pensar con claridad, se estaban apostando muchas cosas valiosas para él en ese encuentro. Sobretodo el terreno que había recuperado para la humanidad, sentía un increíble peso sobre sus hombros. Conforme el enfrentamiento avanzaba, en cada ataque, ambos llevaban las cosas al extremo para realizar los tocados. Esa nunca fue su forma de luchar, siempre tomaba las cosas con calma, prefería pensar dos veces sus movimientos antes que realizar uno que lo llevaría a la derrota segura, pero eso no estaba ocurriendo y seguía recibiendo tocados por parte de Colosal, tocados que podría evitar, ya que son al límite de sus brazos, a los costados de su cuerpo.
– Será menos humillante si te rindes, soldado más fuerte de la humanidad. – Dijo desde detrás de su protector facial.
– Nunca me rendiré..."
El llamado del timbre de la casa llamó la atención de todos, Armin se sobresaltó sentado en el sillón, provocando que Levi también respingara sobre sí.
– El soldado má-...
– ¡Espera! – Armin interrumpió a Eren. – ¡No digas más! Espera a que regrese.
– Debe ser Mikasa... ¿No?
– ¡Apúrese señor Armin!
Armin corrió a la puerta y abrió a quién esperaban. Mikasa lo saludó y entró con una sonrisa, no tuvo tiempo de preguntar si Eren ya había llegado cuando lo vio con su pequeño primo en brazos, el que estiró su cabeza hacia atrás mirando en su dirección. Isaic sonreía, seguro Eren le había hecho cosquillas. Había visto el auto de Levi aparcado fuera de lo de Armin. No le sorprendía, sonrió de regreso a su "sobrino" a la vez que se acercó, saludando a Levi y arrodillándose junto a Eren para tomar el rostro del pequeño y besarle la frente cariñosamente.
– Hola precioso.
– Hola tía... – Saludó, aún con la cabeza hacia atrás, Tuvo que tragar con dificultad. Miró de nuevo hacia adelante, encontrándose a Eren. – Listo, ¿puede seguir, señor Eren Jaeger?
– Mikasa ¿quieres algo? – Ofreció Armin antes de tomar lugar nuevamente en el sillón. La chica negó. – Perfecto.
"El soldado esquivó un ataque realizando los mismos engaños que realizaba con él. Había visto bastante en ese falso marchar que terminaba por hacerlo retroceder y había podido ejecutarlo de forma límpida y sin perder la naturalidad de su postura. Su forma de pensar le estaba robando habilidad y se daba cuenta muy bien de ello.
Los ataques continuaron, pero el soldado intentó recuperar su forma y compostura. No podía defraudar a la humanidad, ni tampoco al titán aprendiz. Él le mostró un lugar que le hacía feliz y estaba en su poder devolvérselo. Ellos eran amigos, después de todo habían terminado en esta situación porque el gigante no quiso entregarlo Los Guerreros o a quién fuera que esté detrás de Colosal.
Utilizó todos sus recursos para igualar a Colosal en sus toques, su técnica con pase y coupé, desplazamiento de salto adelante y atrás le había conferido varios puntos seguidos, alcanzándolo.
El duelo estaba llegando al pico máximo, ambos contrincantes ya estaban cansados, para su suerte, empatados con catorce tocados, todo se definiría en el próximo ataque, cuando uno de ellos llegara a 15. Se tomaron su tiempo para mirarse, estudiarse por última vez. ¿Qué movimiento realizaría el contrario? ¿Colosal se decidiría a atacar o a esperar en su lugar?
– Te diré lo que voy a hacer, soldado más fuerte de la humanidad. – Mencionó confiado. – Sólo por que has mostrado una increíble destreza. Atacaré dentro de tres segundos.
¿Cuál sería su desplazamiento? ¿A qué lugar apuntaría?
– Uno. – Susurró el soldado más fuerte de la humanidad.
Todos los lugares a los que había dado eran variados y no podía establecer un patrón de ataque en él. Había un sólo contraataque para salir de esa situación.
– ¡Dos! – Gritó Colosal
¿Qué sería lo mejor? Posicionó su sable en defensa de su torso, ¿de esa forma él iría por su rostro o cuello?
Tres.
Ese era el toque con oposición.
Así fue, Colosal fue por su rostro. Apartó con su cazoleta a un lado la hoja del sable adversario y proyectó la punta del suyo, fue una única oportunidad. Tocó su hombro.
El soldado más fuerte de la humanidad había vencido a Colosal."
Los oyentes volvieron a respirar. Los tres, Armin, Isaic y, menos notorio, Levi sentían la tensión. Eren se quedó en silencio esperando los festejos del niño, pero sólo hubo suspiros y posiciones tensas volviendo a relajarse. Mikasa estudió a todos los hombres.
– Eso se sintió como ver una put-... – Se detuvo Levi al obtener los ojos de su hijo sobre él. – Una película.
– De verdad que sí. – Aprobó Armin.
– Es sólo un cuento. – Aportó Eren.
– Iré por un vaso de agua... – Comentó Mikasa sosteniéndose del hombro de Eren para levantarse del suelo; depositando un beso en su cabeza por haberle servido de apoyo.
– ¿Dónde aprendió tanto de esgrima, señor Eren Jaeger? – Preguntó el niño.
– Ah... Cuando era más chico tenía mucho tiempo libre e internet... – Se rascó la barbilla con una sonrisa. – Tendrían que haber visto sus caras, los tres. – Se rió de ellos, tapándose un poco los labios.
"No te cubras..." pensó Levi. De nuevo ese sonido que lo envolvía de calidez se extendía en el ambiente y lo llenaba de tranquilidad. Mientras que Armin e Isaic armaban alboroto por verse burlados, él sólo podía ver a Eren y su sonrisa. Hacerse consciente de la emoción que le hace sentir en ese momento: intriga. Sabía que quería ver el resultado por lo que su hijo pidió tanto y aunque se perdió la mitad del relato, sabía que el mocoso lo había hecho bien con sólo ver a su hijo.
Esa ha de haber sido la misma expresión que puso en su rostro cuando escuchó la primera historia que le contó.
– Señor Eren Jaeger... Entonces ¿el titán fue liberado? – Preguntó a la vez que Mikasa regresó a sentarse a su lado, en la alfombra.
"Colosal admitió su derrota y liberó al titán aprendiz, quién alzó al soldado y lo sentó en su hombro festejándolo. Los demás soldados también armaron fiesta. Se reunieron en la planta baja con sus otros compañeros, la soldado de anteojos se quejó por haberse perdido el duelo que tuvo el soldado más fuerte de la humanidad. En el sótano no había simplemente nada, sólo más y más escaleras hacia abajo. Al dejar la mansión de Colosal, la lluvia había comenzado, los soldados montaron sus caballos para regresar al cuartel, seguidos por el titán aprendiz.
El titán líder quiso imponer un castigo para Los Guerreros, quiénes después de unos días regresaron por Heichou, pero el soldado insistió en que no lo hiciera. Que ellos debían aceptar que todo había sido ganado por derecho.
Las actividades de los siguientes días fueron demasiado productivas junto a la soldado de anteojos y con el paso de unas pocas semanas el titán aprendiz pudo integrarse a sus labores. El comandante habló con el titán líder y decidieron que el trabajo del soldado más fuerte de la humanidad fuera de las murallas había terminado, por lo que podía regresar con su escuadrón a sus tareas habituales como integrante de la legión de reconocimiento. Pero éste decidió que no, le gustaba el mundo de los titanes y podía tener alguna tarea en ese cuartel en el bosque. Quería seguir viendo atardeceres tras la montaña y pasando tiempo con su buen amigo el titán aprendiz. Trabajaría para convencer al comandante, después de todo, ese era el significado de las alas de la libertad para él."
– ¡El soldado más fuerte de la humanidad es genial! – El niño se levantó del piso y apoyó sobre las piernas de su papá. – Papá, ¿recuerdas que te dije que quería hacer esgrima?
Los cuatro adultos se miraron entre sí, Eren se mantuvo al margen, saber que Levi aprobaba eso lo hacía sentir tranquilo y orgulloso de haber fundado en Isaic el deseo de practicarlo. ¿Sería ese el momento de la verdad? Ojalá Levi le diera permiso, luego del relato, tenía que saber que no importaba si era convencional o no, su hijo quería hacer eso y él no se detenía a pensar si era lo común o algo especial.
– Sí, lo recuerdo.
– Ahora quiero hacerlo más.
Isaic iba enserio. Los tres amigos observaron a padre e hijo mirarse fijamente hasta que Levi suspiró. Mikasa tomó la mano de Eren llamando su atención, movió sus labios en un silencioso "luego te digo"; sabía que Eren no lo olvidaría, las ganas de saberlo lo carcomerían por dentro de no hacérselo acordar.
– Está bien. – Aceptó Levi. – Puedes empezar ese deporte, Isaic.
– ¡¿De verdad?! – Isaic sonrió y lo envolvió en un fuerte abrazo, que Levi silenciosamente correspondió.
Armin y Eren se miraron y sonrieron. No podía evitar desear una oportunidad de quedarse sólo con Levi, así fueran unos pocos minutos, se sentiría realizado. Aunque sus amigos pudieran entenderlo, sería demasiado sospechoso; pero en ese momento no podía evitar perderse en la adorable escena de Isaic en la falda de Levi.
– Isaic... ¿Recuerdas lo que le dijiste a Eren? – El niño lo miró, confundido. – ¿Sobre si es o no pesado?
– Armin ¿qué haces? – Le susurró con una mirada asesina. El rubio sólo lo miró divertido.
– Aprovecha y apriétalo bien. – Le guiñó un ojo en un susurro.
– Ah, papá, papá... Decíamos que tú puedes levantar a el señor Eren Jaeger. – Levi paseó su mirada por el rostro de su hijo, luego miró al niñero llegando por último a un cabizbajo y achicado Eren de rodillas en el piso, de mejillas ruborizadas y expresión avergonzada. – ¿Puedes mostrarle al señor Armin que eres fuerte y puedes hacerlo?
Levi tragó y se puso de pie, extendiéndole una mano a Eren.
– ¿Eh? – Levantó sus vidriosos ojos de vergüenza hacia Levi.
– Es más fácil si te levantas. – Agitó su mano, mostrándola otra vez. Eren la tomó y se levantó, sacudiéndose un poco la ropa.
Levi se acomodó a su lado y pasó su brazo izquierdo por la espalda de Eren, poco más arriba de su cintura.
– S-señor Ackerman... – Eren temblaba por dentro, Levi, lo estaba "abrazando".
– Levantaré tu pierna derecha, tú sólo levanta la izquierda encima de mi mano. ¿Está bien? – Eren asintió, inseguro. – Si quieres, puedes sostenerte con mi cuello, pero no te dejaré caer.
Con timidez rodeó con su brazo el cuello de Levi, sus rostros estaban tan cerca que sentía que su corazón expotaría. Apoyó su frente en la quijada de Levi para no perderse en sus labios y cometer una locura. El olor de su cabello, de su piel y de su ropa se entremezclaban hasta llegar a su nariz; el olor de Levi lo hipnotizaba a la par que el tacto de sus dedos al abrazar su cuello. Levi levantó su pierna como le advirtió y Eren sólo tuvo que dejar su cuerpo caer en sus brazos, levantando su otro pie para despegarse del suelo. Eren cerró fuertemente los ojos y con su otra mano se aferró más al cuello de Levi. Cuando no sintió lo que esperaba, los abrió y alzó su mirada. Levi lo estaba mirando comportarse como una princesita asustada; aunque las princesas confían en los fuertes brazos de sus príncipes; lo que ocurre es que él no es una princesa, es un chico enamorado de un hombre, que es maravilloso, pero que no deja de ser un hombre.
Eren miró a su alrededor, notó a Mikasa y Armin intercambiar miradas y sonrisas cómplices. Isaic se había cruzado de brazos victorioso porque su padre pudo demostrar lo fuerte que era.
– ¿Lo ve señor Armin? – Alardeó.
– Oh, pero Isaic tenía razón... – Se rió discreto. No quería perder su trabajo. – Entonces ahora te toca a ti ponerte fuerte. Tal vez en el futuro puedas levantar a Eren. – Propuso.
– Cuando te dije que no habías levitado hasta la cama, pensé que habías entendido que yo te cargué hasta ahí. – Le susurró íntimamente.
– Sí, bueno, lo hice de hecho... – Desvió la mirada. – Pero ya sabe, estaba dormido.
– Te bajaré, no te tenses. – Advirtió.
– E-está bien...
Levi flexionó sus rodillas hasta apoyar los pies de Eren en el piso y lo enderezó hasta que ambos estuvieron nuevamente parados y en su lugar. Eren intentó, inútilmente esconder su oreja, caliente y colorada, con su pelo. Levi observó en el reloj de la pared la hora y se acercó a su hijo.
– Bueno... ¿Qué te parece si tú y yo vamos a casa?
Su hijo asintió, la despedida fue pronta. Isaic abrazó a Eren, le dijo que la historia del titán aprendiz le había gustado mucho y que se sentía muy feliz. Eren sólo acarició su mejilla y revolvió su pelo. Los tres amigos los acompañaron y se quedaron cerca de la puerta, conversando en voz baja, sobre Levi en particular.
– ¿Te sentiste muy avergonzado? – Preguntó Armin.
– ¿Tú que crees? – Fingió una sonrisa para saludar con la mano a Isaic que lo miraba desde dentro del auto. – ¿Qué harías si obligo al hombre que te gusta...?
– Del que estás enamorado. – Corrigió Mikasa.
– ¡Peor aún! – Miró a Armin por un segundo.
– Bueno, bueno. Lo siento.
Eren no lo estaba escuchando, Levi puso el auto en marcha y miró por última vez al trío. Mostró la palma de su mano y llevó su vista al frente, marchándose. Los chicos regresaron dentro y se dirigieron a la habitación de Armin. Eren se quitó sus zapatillas en un salto y se recostó en su cama, tapándose con su edredón de gatitos amarillos. Se estiró a gusto y acurrucó. Mikasa se quitó los zapatos también y se sentó como indio a los pies de Eren. Armin tomó lugar frente a ellos, moviendo la silla de su escritorio delante de su cama.
– Mi primo te estaba mirando, Eren. – Mencionó Mikasa, obteniendo las miradas. – No sé como explicarlo.
– Ahora que lo dijiste debes explicarlo. – Pidió con una tímida sonrisa.
– Es como si fuera algo especial. – Miró sus manos apoyadas sobre sus piernas. – Su rostro, su forma...
– No puedes decirme eso Mikasa, me enamoraré más. – Cubrió su rostro con sus manos.
– Sólo digo lo que vi. – Entre los tres se hizo el silencio. – ¿Qué querías decirnos, Armin?
La pelinegro se imaginaba todo, pero aún así permanecía en silencio, esperando por los tiempos de Armin. Algo parecido a lo que habían vivido con Eren días atrás. No sabía qué habría ocurrido para que Armin de pronto quisiera hablar con tanta seriedad de esto, decirlo frente a Eren.
– Eren... – Llamó. – ¿Dónde te encontraste a Jean?
El castaño lo miró y se removió destapándose, dejó el edredón sobre su cadera, abrigando sólo sus piernas.
– Frente a la veterinaria de Pixis. – Dijo con simpleza. – Fuera del café del ex-cuñado de Levi. Yo conversaba con uno de los chicos que trabajan ahí: Marco. – Armin y Mikasa se miraron. – ¿Qué ocurre?
– Cuéntanos hasta terminar. – Pidió el rubio.
– El caballo fue a buscarlo al trabajo y, me preguntó por ti. – Contó simplemnte. – Diría que no tuvimos otra conversación más que su pregunta y mi respuesta.
Armin asintió varias veces con la cabeza, apretando sus labios. Si no lo hacía, se enteraría de una forma que no le gustaría y eso sería grave. Miró a Mikasa una vez más recibiendo su fortaleza Ackerman con un asentimiento en su garganta.
– Eren, Jean te preguntó por mí porque nosotros hemos estado viéndonos. – Eren pareció empalidecer. – Nos hicimos amigos... – Se rascó la cabeza. – Y ahora... – Eren se levantó de la cama, viéndolo fijamente. Lo tomó del cuello de su sweater y acercó sus rostros.
– ¿Y ahora qué? – El brillo en sus ojos demostraba impaciencia, intranquilidad, preocupación.
– Nos gustamos. – Dijo Armin, armándose de valor.
Eren soltó la ropa de Armin y se sentó en la cama, con sus codos en las rodillas apoyó su cabeza en sus manos. Se rascó la cabeza, revolvió su cabello. Miró a Mikasa.
– ¡¿Que no fue suficiente con lo que le hizo a Mikasa?! – Gritó.
– Eren baja la voz. – Pidió la chica tomándole las manos.
– ¡No! – Se soltó de un tirón. – ¡Armin! – El silencio se hizo entre los tres. – ¿Por qué? ¿Por qué de todos... El pony?
– Eren ¿cómo decidir de quién enamorarse? – Le preguntó su amigo. – No importa cuánto traté de evitarlo, él regresaba a mis pensamientos.
– ¡Pensé que habías aprendido del pasado! ¡Jean es un idiota! – Escupió con rabia. – Mikasa ¿tú que opinas? – Pidió que lo segundeara esta vez.
– Yo pienso que si Armin está enamorado y Jean puede quererlo, ellos pueden estar bien.
– ¡No me jodas! – Se levantó nuevamente y comenzó a caminar por la habitación. – ¡Es tu estúpido ex-novio! ¿Lo olvidaste porque ahora estas conociendo a alguien más? ¡Él te lastimó! ¡Aunque no nos lo dijeras te veía cada día! ¡Triste! ¿Eso quieres que pase con Armin?
– Armin es más inteligente que yo. – Enfrentó la mirada de Eren y se plantó frente a él.
– Oigan chicos... – Intentó interponerse. – Cálmense. ¿Me dejan explicarles?
– ¡Te hacía bullying en el secundario! ¿Lo olvidaste? – No obtuvo respuesta. – ¿Cuántas veces habré terminado en dirección con moretones en el cuerpo por defenderte de él? – Y mientras nadie respondiera, él seguiría hablando. – En el último año la directora ya ni se gastaba en preguntarnos qué pasó. Nos hacía firmar el acta de indisciplina y nos dejaba ir. – Mikasa lo tomó de su ropa y lo empujó hasta la pared, con una fuerza brutal.
– Armin no va a permitir que Jean le haga lo que a mí.
– Armin no va a decirme que confía en él, porque entonces yo cuando Levi sea mi novio me llamaré la mami de Isaic y les daré el gusto a ustedes dos que tanto me molestan con eso. – Mencionó más calmado.
– No te equivocas, Eren. – Declaró Armin deteniendo la furiosa guerra de miradas entre Eren y Mikasa. – Aún no confío del todo en Jean. Pero eso no quiere decir que no me pueda gustar.
– No tiene sentido, Armin.
– ¿Por qué razón seguiste tras Levi, aunque sabías que podría no mirarte nunca? – La respuesta era obvia. – Pensé que a Jean le gustaban las mujeres, también. – Todavía no había nada que decir. Mikasa había dado su posición y las palabras de Armin parecían caer como fichas en la cabeza de Eren. – Pero tengo una chance.
– Te va a lastimar... – Predijo.
– Lo sé. – Sonrió, sin salida. – Pero, es justamente por que lo sé que puedo pelear por él. – Eren se acercó a él y estiró sus brazos hasta sus hombros. – Sé que no soy su único. – Bajó su mirada a una de las manos de Eren. – Pero quiero serlo, quiero que sólo me mire a mí, sólo gustarle yo. No es tan descabellado.
– Es algo que solamente alguien con tu inteligencia podría soportar... – Apreció soltándolo. – Todavía no estoy convencido. – Declaró. – Pero déjame advertirte una cosa. Como el caballo te haga llorar una sola vez, por el poder que se me confiere ser la mami de Isaic, no permitiré que vuelvas a verlo. Lo olvidarás y buscarás a alguien que te quiera. – Mikasa y Armin rieron. – ¡Lo digo enserio!
– Sí, sí. – Mikasa abrazó a Eren por la espalda.
– Si por esas casualidades... – Continuó con su dictadura Jaeger. – Lo ves. – Fijó su mirada en Armin. – Le... ¡Clavaré herraduras en sus pies y lo obligaré a ser uno de los caballos que hay en el parque para siempre!
Los tres rieron, Armin abrazó a Eren también. Así es como había sido siempre, había tenido a sus dos amigos tan cerca. Se habían protegido entre los tres; cada promesa había sido hecha por los tres y cumplida. Jean ya había lastimado a Mikasa, no le permitiría romper el corazón de Armin, lo protegería de lo que fuera, así tuviera que hacer algo que no quisiera, así tuviera que hacer algo que fuese contra su naturaleza. Jean Kirschtein no se salvaría de los ojos de Eren Jaeger.
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Al día siguiente, Levi salía de un resturant en la mitad de la tarde, el día se le estaba alargando más que de costumbre, al ser sábado había dejado a Isaic temprano en la mañana con Armin, el rubio le había enviado un mensaje que luego de almorzar se había recostado a dormir. Su hijo estaba teniendo noches difíciles, podía notarlo porque dormían juntos; cambiaba de posición muchas veces hasta que se quedaba dormido mucho rato después de que se recostaban, alterando su tiempo de sueño también. El clima se sentía agradable por lo que arremangó su camisa blanca y, quitándose el pañuelo que suele usar en su cuello, desabrochó el primer botón. Luego de un rato se sintió un exagerado, pero ese día realmente estaba muy bonito.
Luego de responderle a Armin que estaba bien, que las noches se habían complicado para ellos últimamente, alzó su rostro. Esperó a que los autos dejaran de pasar, cruzó la calle y buscó las llaves en el bolsillo de su pantalón de vestir.
– Ah... ¡Señor Ackerman! – Había una sola persona en todo el mundo que lo llamaba así y podía estar caminando por esa calle, ese día de calor.
– Eren... – Miró en dirección al llamado.
Era el mocoso, en ropa liviana y jeans, caminaba con un grupo de jóvenes de aproximadamente su edad, entre ellos, dos chicas rubias aferradas a él: una a cada brazo. Mientras una pareja siguió de largo por caminar delante, las dos chicas miraron a Eren por frenarse. Incluso las escuchó hablar, le deben haber reprochado por detenerse o por algo. Sus voces agudas no podían llegar a sus oídos porque él estaba viendo el rostro de Eren frente a sí, ignorándolas también.
Las chicas se vuelven locas por él.
Ese era el recuerdo que Armin había dejado en su memoria, aquél día de cuestionario acosador al que sometió a la pobre alma de su niñero.
– ¿Me esperan un momento? – Les preguntó a ambas liberando sus brazos. – Connie también tiene dos brazos.
– Yo quiero ir contigo... – Una de las dos rubias, la de nariz más prominente tomó la mano de Eren.
– Vamos, Annie. Dejemos a Eren hacer sus cosas... – Tironeó la otra chica.
Eren se acercó a Levi, sonriéndole discretamente. Tenía la intención de hablar primero pero fue detenido.
– Escuché que eres popular con las chicas, mocoso... ¿Pero dos? ¿No te parece peligroso? – Ignoró la forma en la que lo hacía sentir ver que tocaban a Eren.
– Ah, la más pequeña es una amiga de mi universidad, trabajamos juntos en el parque... – Le explicó, temiendo que malentendiera las cosas. – Me está ayudando a evadir a la otra pero-...
– No está funcionando muy bien... – Terminó la frase. Eren sonrió tímidamente.
– Exactamente así... – Bajó su rostro. – ¿Usted como está?
– Yo bien. – Sabía cuál era la siguiente pregunta, así que la respondió antes. – Isaic me tiene preocupado.
– Oh... Armin me dijo que estaba teniendo problemas, pero no me dijo nada luego. – Pensó un momento. – Y lo olvidé, es que estaba tan entusiasmado con la historia del titán aprendiz que, lo sentí tan como de costumbre.
– Contigo estuvo perfecto, ese día igual. – Comentó. – No te lo agradecí.
– ¡No! Señor Ackerman no hay por qué...
– Le haces bien a mi hijo... – Apreció.
– Bueno pe-...
– Debo seguir trabajando Eren. – Lo interrumpió. – Disfruta la tarde de sol con tus compañeros.
– Gra-... – Observó en busca de la localización de sus amigos.
– Ah... Y no creas que no lo he notado... – Capturó de nuevo la mirada de Eren. Con el pulgar en la punta de su labio tironeó hacia arriba. – Con otras personas ríes sin temor, sin embargo conmigo te escondes. No lo hagas más.
– Hm... – Asintió vulnerable, sin palabras.
Lo saludó con la mano cuando estuvo dentro de la camioneta y corrió hasta la esquina al encuentro con los veterinarios y Annie, esperaron por el semáforo. Lo vio pasar al momento que escuchaba una bocina, un saludo para él.
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La tarde del sábado se había pasado increíblemente rápido. Tenía una reunión para hablar de proyectos a futuro, en lo que respecta a la seguridad e higiene en el trabajo en un hotel; y para él, era una puta fortuna de mierda que ni su niñero, su madre o la loca cuatro ojos tuviera que trabajar y Mike hubiera aprovechado la oportunidad para visitar parientes con su hija. Armin le dijo que no tenía problema en cancelar sus planes, pero él le insistió en que no lo hiciera, que lo disculpara por molestarlo y que no se preocupe, su prima tampoco estaba disponible. Su madre se encontraba con alergia producto de la época del año y sólo quedaba preguntar por una persona cuando su hijo le comentó que quería ir con él. Terminaba de coser el pequeño bolsillo del pantalón de vestir de su hijo.
Ni su niñero, ni su prima habían mencionado a Eren Jaeger como incluido en sus eventos de sábado en la noche. A pesar de haberle dicho a su hijo que podía estar tranquilo, que sin duda encontraría un lugar para que él se pueda quedar el dijo: "quiero estar contigo, papá" y aquello pareció ser suficiente para convencerlo de llevarlo a esa reunión.
De todas los empleados del grupo, se lo habían pedido a él por esta vez. ¿No podía simplemente tocarle a otro?
Levi le hizo prometer a Isaic que se portaría muy bien, que tenía que saber que ese no era un lugar para niños y que lo más probable era que se aburriera. El niño lo hizo, consciente de que las promesas son palabras dichas con el corazón, que no pueden ser ignoradas o rotas. Lo tranquilizaba contar con él en ocasiones así.
Su traje negro estaba en línea, después de todo cada tanto le toca usarlo. Acomodaba su nudo en la corbata tirando desde ambos listones frente al espejo de su habitación. Pero el de Isaic estaba guardado en el armario, y a pesar de estar envuelto en una correspondiente bolsa, había tomado olor a encierro. En veinte minutos tenían que salir debía peinarse, una parte de lo que odiaba de esas reuniones formales de la empresa, y cambiar a su hijo.
– ¿Sin falta tengo que ponerme esa ropa? – El niño enmarcó su ceño.
– Sí. – Respondió firmemente. Lo que apreció convencer al niño de no insistir en que no si no quería recibir un regaño.
– No irás a peinarme. ¿O sí?
Levi cazó al pequeño Isaic en un violento abrazo de cariño, metiéndolo en el baño con él y fingiendo que iba a peinarlo. Acercando el peine azul a su desorganizado pelo negro. El niño comenzó a reír mientras sacudía sus brazos con intenciones de que su padre lo suelte y escapar.
– No voy a peinarte, relájate. – Isaic lo miró con desconfianza. – Tu aceptaste venir, si quisiera peinarte, estoy en mi derecho.
– ¡No me atraparás! – Engañando a su papá en zigzag, huyó del baño.
Se lo planteó muchas veces. No estaba mal que Isaic lo acompañara, pero sabía que podía intentarlo, sin duda se lo pasaría muchísimo mejor con en casa de alguien como Eren, a quién no le preguntaba si tenía problema, siquiera sabía si él también tenía planes y, tal vez en el peor de los casos, de animarse a escribirle, sí los tenía y sólo debía continuar con el plan inicial, habiendo agotado las posibilidades.
- Tch... - Se quejó agarrando su celular.
"Mocoso... Tengo una reunión de trabajo y... No tengo dónde dejar a Isaic. Perdona, ¿estás ocupado hoy?"
Continuó con su peinado, reprochándose que había dado vuelta toda la oración en el mensaje. Revolvió el mueble de pared del baño en búsqueda del spray. Si dejaba que su pelo se secara hacia atrás aguantaría algunas horas, pero luego comenzarían a caerse los mechones sobre su frente. En eso vuelve a sonar su celular.
"Por supuesto que puede dejar a Isaic aquí, sí, señor Ackerman. Están mis padres. ¿Le molesta?"
– Isaic... – Su hijo se acercó a él, guardando la distancia para no ser peinado. – ¿Estás seguro que quieres venir conmigo? – El pequeño asintió con la cabeza una vez. – No prefieres quedarte jugando con...
– Papá, quiero ir contigo. – Más que afirmarlo pareció pedirlo.
Levi tomó una decisión. Le había escrito a Eren inútilmente.
– Bien, entonces tienes que cambiarte. ¿Tienes todo listo?
Isaic asintió y volvió a su habitación. Respondió rápido a Eren, se sentía molesto por hacer esto. Era una lástima. Pero tal vez no era el único, en el mejor de los casos habría algún otro niño o niña con quién pudiera jugar. Así fuese sólo por un rato.
"Gracias Eren pero insiste en venir conmigo; intenté convencerlo que se aburriría, pero no hay caso. Perdóname por haberte molestado."
– Papá ¿puedo llevar a mi titán? – Preguntó con preocupación.
– Claro que puedes llevar a tu titán.
– ¿Podemos ponerle su moño formal? – El moño de tela azul fue una idea de la loca Hanji. Desde entonces a cada lugar en el que hay que estar vestido formal, el titán también luce adecuadamente.
Vistió a Isaic de pantalón de vestir negro y una camisa blanca. Por encima un chaleco tejido azul petróleo y acomodó el cuello de la camisa por fuera. Tomó las llaves de su auto, su móvil y la cartera. Salió con Isaic y subieron al auto. Eren le había respondido.
"Mi madre ya se había entusiasmado por ver a Isaic. Estaba por ponerse a cocinar y no sé que otras cosas más quería hacer... Pero no se preocupe, la próxima no dude en contar conmigo. Espero que tengan una buena noche, señor."
Puso el auto en marcha y salió. Su hijo estaba entretenido con su muñeco y el viaje se hacía cálido en presencia de esa pequeñita persona. Aunque si sabía que luego de unas horas, Isaic empezaría a tener sueño y posiblemente se pondría mal. Esperaba que su jefe tuviera piedad; lo único que no necesita una noche como esa es que le hagan problema por estar con su único hijo.
La entrada al gran salón principal del hotel en donde se realizaba la conferencia era un pasillo decorado con una gran alfombra roja que llegaba desde las columnas de la izquierda hasta las de la derecha, pintadas de un plateado glasé, armonioso con lo blanco de las paredes, lo pulcro del lugar y los adornos, entre ellos esculturas en blanco y gris, plantas en macetas de barro marrón claro, lo único que le daba color a ese extenso pasillo.
Isaic miraba a sus alrededores con la boca abierta, dando pasos certeros porque iba de de su papá, su vista estaba centrada en lo brillante de las columnas y lo alto del techo, los candelabros en madera y metales plateado también.
Grupos de personas en formales trajes o vestidos sostenían copas cuyos líquidos dentro variaban de colores. Sonreían con tranquilidad y formalidades. Levi sólo siguió las indicaciones del botones de la entrada: "derecho por el pasillo puerta a la derecha, que tenga una excelente noche, caballero". Dentro del gran salón todo parecía asombrar al pequeño hijo, miraba hacia todos lados, las cortinas aterciopeladas, la disposición de las sillas en fila frente al gran escenario donde se daría la conferencia. Isaic estaba sorprendido y silencioso.
– Oh, Levi. – Llamó una voz masculina.
Era el jefe de Levi, un hombre aún más bajo que él, delgado con una prominente calva. Isaic lo había visto algunas veces, no era necesario presentarlo, pero la explicación se la debía.
– Buenas noches. – Respondió. – Mi hi-...
– No te preocupes, Levi. – Sonrió. – Tu pequeño no podría estar solo.
Esa fue una reacción extraña ¿estaría borracho? Isaic apretó con fuerza la mano de su papá y se acercó a él. Bastó moverse un poco, fingiendo acomodar su zapato para acercarse y sentir su hedor a vino caro. Qué problema, sostener la figura del grupo toda la noche solo, con su jefe alegre y obligando a su hijo a soportar todo eso.
– ¿Caballeros? – Una camarera llamó la atención de los hombres.
– ¡Tía Mikasa! – Exclamó Isaic, sonriendo.
El jefe de Levi tomó una de las copas con el contenido Borgoña que dentro guardaban y se alejó a hablar con un grupo de ancianos. Le indicó a Levi que luego se acercara, tenía muchas personas frente a quiénes ser presentado, o esperaría mientras conversaba con su familiar.
– Levi, Isaic ¿como están? – Sonrió la pelinegro. – Ay perdóname, al final viniste con él...
La chica a pesar de sostener con una sola mano la bandeja llena de copas se inclinó suavemente, típico de Ackerman. Su atuendo consistía en camisa blanca y corbata, chaleco negro de escote y botones, una corta falda, muy a su pesar, y zapatos negros de taco. Su cabello estaba recogido en un discreto rodete y a demás de su flequillo, varios mechones caían a ambos lados de su rostro.
– No te preocupes, Mikasa. ¿Dinero extra? – Disculpó Levi. – ¿Quién diría que nos encontraríamos aquí?
Nunca podía culpar a nadie si tenían trabajo y no podían cuidar de Isaic. Lo sabía bien.
– Si, mi... ¿novio? Él me invitó a trabajar esta noche, la paga es buena, si les gusta como trabajo puede que me llamen en otra ocasión.
– Es un hotel muy lujoso. – Asintió Levi. – Tiene sentido y es beneficioso para ti.
– Tía Mikasa... – Mikasa lo vio con una sonrisa
– ¿Que ocurre, bombón?
– Me gusta que tu corbata sea roja y brillante. – Sus ojos no dejaban de verla. – Al titán aprendiz también le gusta.
– Es muy bonita ¿no crees? – Isaic asintió. – Tú también te ves bien hermoso.
– ¿Entonces también seré atendido por tu novio? – Preguntó Levi. – Intentaré no darle mucho miedo, aunque sé que alguien preferiría que así fuera.
– ¿Hablas de Eren? – Mikasa se rió. – Todavía no se lo he presentado, pero sé que le agradará. Descuida. – Miró a los alrededores y recibió una seña desde un joven rubio en esmoquin de moño rojo brillante. – Debo regresar a trabajar.
– Traéme agua de vez en cuando. – Pidió. – Por encontrarte aquí de casualidad te daré la propina.
Mikasa asintió y se alejó de sus primos, acercándose al que la había llamado. Levi los vio mirarse y sonreírse dulcemente. Ese debía ser su novio, de quién hablaban. De la mano de su hijo, se acercó a su jefe.
Tantas personas abrumaban al pequeño Isaic, él trataba de mantenerse silencioso junto a su papá. Así fue hasta el comienzo de la conferencia. Directores y subdirectores del gremio de la salud y la higiene se encontraban presentes, grandes empresarios que Levi conocía por ir a trabajar a sus espacios, otros que no veía hace 3 años cuando fue promovido también se encontraban ahí, también habían colaborado con la investigación que se exponía. Muchas personalidades que ver y saludar lo tenían algo molesto. Sabía que sería así desde que su jefe le pidió que lo acompañara. Notaba a su hijo esforzándose por aguantarlo todo. Se arrepentía, en ese momento en que lo veía sentado a su lado, con la vista en su muñeco pensaba que habría sido mejor dejarlo con Eren. Tal vez de habérselo dicho Isaic hubiera aceptado, pero se dejó convencer antes de poder decíselo. Su hijo se dio cuenta que lo estaba mirando y entonces le sonrió.
Isaic estaba necesitando mucho de él en el último tiempo, pedía dormir juntos, en casa de Armin lo extraña la mayoría del tiempo, los juegos, la televisión, incluso lo acompañaba durante la cocción de la cena, todo lo hacía en su compañía. No era dejado solo por nada. Isaic se había convertido en una especie de sombra. No le molestaba, pero tenía que averiguar qué estaba sucediendo.
La exposición había terminado y las personas aplaudían de pie. Levi imitó al resto, maldiciendo por dentro, no había escuchado nada, trató de leer entre las cabeza lo escrito en los carteles y pizarrones en el escenario para tener una idea. Aún así, no le sería de gran ayuda a su jefe. Decidió que se quedaría unos momentos más y luego, con la escusa titánica de que su hijo tenía sueño volvería a casa. No montaría un show fingiendo estar alcoholizado y sin consciencia. Fue todo una gran pérdida de tiempo: su jefe estaba borracho, qué importaba.
Las personas volvieron a reunirse y el bullicio se hizo de nuevo en el salón. Levi se acercó a su jefe, el cuál ya estaba pasado de alcohol y se relacionaba con la gente a su alrededor.
– Creo que es un interesante proyecto. – Decía con una sonrisa, abrazando la espalda de Levi. – Este es mi mejor chico.
Si no fuera porque las demás personas también tenían una porción alcohol en sangre, lo hubiera golpeado hasta que no pudiera decir ninguna estupidez más. Las personas levantaron su copa por Levi, fingiendo felicitarlo por algo que ni entendían.
– Es sorprendente que alguien tan joven como usted sea el preferido. – Recibió un halago. – Déjeme decirle que su superior es una persona muy exigente.
Levi simplemente ignoró a la vieja gorda y borracha que ubicó sus grasosos, y sudados, pechos en su cara. Ni las bromas biológicas que Hanji suele hacer le causan tanto mal gusto. Chasqueó la lengua y desvío la mirada a su hijo.
– ¿Quieres que nos vayamos a casa? – Le preguntó al agacharse. Usó un bajo tono de voz, no quería faltarle el respeto a nadie.
– Estoy bien con estar contigo.
La misma respuesta, desde temprano. No era momento ni lugar para averiguar por qué quería simplemente estar con él.
– ¿Es su hijo? – La señora gorda obtuvo los grandes ojos de Isaic en ella. – Es muy parecido a usted, muy hermoso. – Quiso tomar su mano, pero Levi lo alejó.
– Con todo respeto, no lo toque. – Exigió firmemente.
– ¡Levi! – Lo llamó una voz conocida desde sus espaldas.
– ¿Eh? – Levi volteó sobre su cuerpo. – Ah, Erwin.
El rubio esbozó una amistosa sonrisa y le extendió su mano para que la estrcharan. Vestía un traje gris peltre, una corbata azul marino que resaltaba el color celeste de sus ojos libre de signos de alcohol. Su cabello rubio, siempre bien peinadon y sus cejas tupidas enmarcaban su frente libre de arrugas, lo que le aliviaba.
– Buenas noches, no los había visto antes. – Los saludó, dirigiéndose también a Isaic.
– Es bueno ver a alguien que no sobrepase los 60 años y que, a la vez, no esté borracho. – Suspiró. – Isaic.
Levi notó la expresión amenazante en el rostro de su hijo. Aferrado a su cuello miraba fijamente a Erwin con el ceño fruncido.
– Hola. – Saludó con desprecio.
– Hola Isaic. – Correspondió Erwin con una sonrisa, evidente para el niño, forzada.
– Discúlpalo. Hace tiempo estamos aquí, no encontré con quién dejarlo y entonces vinimos juntos.
– Yo quise venir con mi papá. – Defendió Isaic, apoyando su cabeza en el hombro de su papá.
– ¿No preferías estar con alguien como el señor Eren Jaeger, en vez de estar aquí rodeado de gente adulta y aburrida? – Preguntó con sumo cuidado y respeto.
Isaic no supo bien cómo decir que estar con Eren también estaba bien, pero en esa ocación era importante estar con su papá. Sabía que en presencia de Eren siempre se divertiría, pero él no estaba ahí. Le preocupaba la amenaza que presentaba Erwin cerca de su padre, entonces lo cuidaría.
– Insistió en acompañarme. – Lo defendió Levi. – Y antes que molestar al mocoso, prefiero hacerme cargo. Imagínate que lo deje con Eren y no se sienta bien porque él realmente quería estar conmigo.
– Por supuesto, sería terrible. – Le dio la razón.
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No necesitó de mucho tiempo para que esa cara refresque su memoria. Mikasa recordaba bien al chico de la gomina en el cabello. Lo miró mejor una vez que lo encontró con su blanca y brillante sonrisa en su fresco, pálido y feo rostro de cejas gordas, al que nadie le gustaría tener en frente.
Pensamientos como "sí, sí: Eren es un chico mucho más lindo para ti, primo, definitivamente". Recogía más copas y bocadillos, su idea era tener una bandeja llena de atractivas comidas para alejar a ese que se portaba como un cretino con su amado hermano del corazón.
Aún no sabía bien como lo haría, pero, trabajaría en ello.
– Ese rubio maldito... – Gruñía en voz baja.
– Te noto tensa. – Se rió su compañero, tocándole la espalda con cuidado. – Como si un aura oscura y asesina te rodeara.
– No es momento de cariños, Erd. – Apoyó la bandeja sobre la mesa. Sin dejar de mirar en dirección a donde ese tipo intentaba toquetear a su primo. – La situación es grave.
– ¿Eres una espía, a caso? – Se burló. – Te ves realmente bonita así. Me gusta. – Acarició su mejilla y el mechón que caía a un lado de su rostro.
– ¿Qué sería bueno? – Le preguntó, su novio se achicó de hombros desorientado, todavía sin entender la situación. – ¿Un laxante, tal vez? ¿Fingir que lo llaman de una sala vip y dejarlo encerrado en el depósito? ¿Eso sería bueno? – Susurraba para sí misma, pero Erd escuchaba todo.
– No tienes piedad, preciosa. – Quería besarla, realmente quería besarla. – Y dígame, detective Mikasa Ackerman ¿cuál es la grave situación?
– ¿Recuerdas a mi primo? El que está aquí. – Su novio asintió. – ¿Recuerdas que te hablé sobre mi Eren? – Volvió a asentir.
– Que es homosexual. – Afirmó para asegurarse.
– Mis dos amigos son homosexuales... – Aclaró.
– Sí, pero Eren es el compulsivo suicida. – Recordaba bien las palabras que usó su novia para definirlo. Destacaría que cuando vio su foto encontró que por su rostro y apariencia no parecía un loco de la guerra.
A estas alturas, Armin también parecía verse seducido por la muerte provocada.
– Exacto, bueno... – Su chico la interrumpió.
– ¿El sale con tu primo? – Se adelantó a los hechos.
– ¡No!
– Entonces está enamorado de él. – Era bueno adivinando.
– Y ese cerdo rubio, feo, de falsas sonrisas e imbécil que está ahí con mis primos, también. – El rubio se sorprendió.
– ¿Como sabes tú todo eso? – Se rió.
– Porque él y Eren se conocen. – Demostró que sería buena resolviendo misterios. Toda una sexy y caliente agente del FBI. En su mente, Erd ya se había hecho toda la película; sabía bien cómo quería terminar su noche de trabajo.
Bueno, una sexy abogada tampoco estaba mal para él, así fuera una camarera de corbata roja y brillante, siempre y cuando fuera Mikasa en esas ropas.
– Wow... Imagino que pelear con un hombre por otro ha de ser alucinante. – Mikasa lo miró sería. – ¡No pienses cosas locas! Yo sólo he competido por chicas...
– Ustedes dos... – Los llamó una mujer de ojos filosos y malvados. – Regresen a trabajar.
Ambos asintieron a su superior y comenzaron a preparar sus bandejas mientras murmuraban.
– ¿Cuál es el plan, preciosa? – La seguiría como un perrito por toda la eternidad. – Te escuché hablar de laxantes...
– Separarlos. – Anunció con firmeza en voz baja. – A como dé lugar. Si consigues laxante, por favor, no se lo des a mi primo. – Mikasa levantó su bandeja. – Mucho menos a mi sobrino. – Se dirigió directamente a ellos.
– Ese Eren... – Se rió. – Tiene el poder de cambiarle la cara a mi mujer aunque no esté presente. Y ni siquiera la miraría con otros ojos que no fueran de hermano. - Suspiró.
Erd levantó copas en su bandeja, y comenzó a servir a los invitados de modo cordial, le convenía esperar por indicaciones o miradas de su chica, antes de hacer algo. Después de todo, se trataba de interferir en una conversación que estaba teniendo el primo de su novia, las consecuencias podían ser desastrosas. Desechó la idea del laxante, seguramente después de desagotar el cejudo del que se querían deshacer se sentiría aliviado. Tenía que ser algo difícil de remover, como algo que hiciera el efecto contrario al laxante. Un buen dolor en la boca de su hígado.
Mikasa se acercó firme y segura al trío que conversaba a un lado. Debía fingir, el honor de Eren estaba en sus manos y, un par de orgullos de su primo también.
– Levi. – Lo llamó desde sus espaldas en voz baja.
– ¡Tía Mikasa! – Corrió Isaic a ella.
– Traje bocadillos para ti. ¿Quieres comer algo? – Le acercó la bandeja al niño y lo invitó a tomar lo que quisiera.
– Gracias. – Mencionó Levi.
– ¿Ustedes? – Les ofreció a Levi y Erwin.
– Con permiso. – Sonrió Erwin amablemente, coqueto.
Como si con eso pudiera comprar a un Ackerman. Imaginaba que su primo no se dejaría seducir por esa trucha sonrisa, mucho menos Isaic.
– Ella es mi prima, Mikasa – Presentó Levi. – Trabaja aquí por esta noche.
– Entiendo. Por eso Isaic te llamó "tía". – Su voz con un deje de seducción le daba náuseas. – Mucho gusto, Erwin Smith. – Se presentó con una reverencia.
– Es un placer atenderlo. – Fingió. – No duden en llamarme si necesitan algo, por favor. – Respondió la reverencia.
– Tía, tía. – Era la primera vez en toda la noche que Isaic soltaba la mano de su padre por cuenta propia.
– ¿Qué pasa, mi amor? – Se acuclilló, mostrando la fuerza de su brazo izquierdo para mantener en completo equilibrio la bandeja.
– No quiero estar con él señor Erwin. – Mostró un dulce puchero.
Mikasa simuló su completo acuerdo con esas palabras. Pero necesitaba un plan, mientras notaba que Erwin y su primo hablaban de forma amena. Smith debía estar disfrutando que Isaic estaba distraído con ella.
– Sólo... No te separes de tu papá, ¿está bien? – Isaic asintió con su cabeza. – Pensaré en algo.
No podía llevarse a Isaic, estaba trabajando; ni tampoco quería dejar sólo a Levi con ese lobo hambriento de su carne.
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Isaic quería sentares, entonces estaban cerca de los asientos frente al escenario. Luego de haber comido de lo que Mikasa les había dejado y de conversar un poco sobre el parque y la reunión, los invitados y demás, se extendió un silencio entre los tres. Fue exactamente cuando su superior empezó a bailar de forma ridícula con la música de ambiente.
– Antes que seguir pasando vergüenza ajena... – Comentó. – Voy un momento al baño, Erwin. ¿Vienes conmigo, Isaic? – Propuso Levi.
– Los acompaño. – Propuso Erwin. Después de todo, dejar a Levi sólo un momento sería imperdonable, aún luego de esas infantiles pero desconfiadas miradas. Debía intentarlo con Isaic, Eren no podía ser el único que ganara inmunidad por ser querido por el niño.
– Si no te molesta. – Levi se agachó bajando a Isaic de sus brazos. – ¿Estas sólo?
– Estamos mi padre y yo. – Respondió. – Pero ya sabe, conoce a toda la gente que está aquí y bueno, pasé por lo mismo que usted con su jefe.
– Oh, luego lo tengo que saludar. – Asintió Levi.
– ¿Qué opina sobre la propuesta? – Preguntó Erwin, cambiando de tema.
– No la escuché. Me distraje... – Erwin se echó a reír, tapándose con su mano derecha. – No te burles.
– No, no. Lo siento. – Se disculpó. – Si quiere...
– Tendrás que hacerlo. – Determinó
Fuera del baño, Levi pidió a Isaic que esperara por él ahí, junto a Erwin, que en seguida regresaría. Erwin intentaba establecer contacto visual con el niño pero simplemente era ignorado. ¿Cuál sería la mejor estrategia para hablar con el niño? Esa actitud fría y distante la conocía bien, el niño seguramente aprendió de las no-expresiones de su papá.
– ¿Te aburriste mucho? – Se agachó a la altura del niño.
– No. – Respondió tajante. – Estar con mi papá es muy divertido.
– ¿Te gusta mucho estar con tu papá, verdad?
– Sí, con el señor Eren Jaeger también. – Le respondió a su pregunta de antes, mirándolo fijamente.
– Ah, se llevan bien ¿no es así? – Comentó mirando a un lado.
– La otra vez se quedó a dormir en mi casa, fue muy divertido. – Sonrió. – Mi papá le dijo que podía volver otro día si quería.
Erwin lo miró incrédulo. Ladeó la cabeza y supo que debía preguntar más.
– ¿De verdad? – El niño asintió con entusiasmo.
– Durmió con mi papá, pero en la noche me contó una historia. – Soltó con intenciones de que entendiera que su papá y él quieren a Eren. – Él es bienvenido en mi casa.
– Isaic... - Lo detuvo su papá, que sonrió bajando la cabeza. – Lo siento, Erwin.
– ¿Eh? ¿Por qué? – Ciertamente, no salía de su asombro.
La noche en la que los movimientos de Eren debían estar bajo control salió todo mal. Eren no le había mentido, sí estuvo con Levi y, no conforme con eso se quedó a dormir en su casa. La suerte no podía estar mostrándole una cara peor, quería una explicación que sabía que no iba a tener, quería una garantía. Quería que Eren desapareciera de su camino.
– No pienses nada extraño. – Pidió Levi.
– ¿Por que pensaría algo extraño? – Preguntó Isaic inocentemente.
– No, claro que no. – Rió, negando con su cabeza, aflojando su expresión. – Si hubiera algo extraño lo sabrían hasta las palomas. – Si Levi estaba frente a él, debía contenerse.
– ¿Como dices? – Se interesó Levi.
– Qué... No debería volver a hacer una cosa así. Levi. – Susurró, intentando que Isaic no escuchara. – ¿No sabía que Eren es homosexual?
– Insinuas que...
– Cuando te gustan las mujeres, cualquiera es opción. ¿No es así? – Respondió rápido, para evitar llamar la atención del niño.
– No una a la que no le gusten los hombres, digo. – Razonó mirando el techo. Volvió su mirada a Erwin. – El mocoso no me ve así. - Desechó la idea.
– Solamente le decía... – Sanó. – Imagino que no tendrá intenciones de darle falsas ideas.
Levi se dijo, para sí mismo, que eso no era posible. Por otro lado, no le sorprendía lo que Erwin le decía, muchas cosas tenían sentido. Como que Eren no tuviera novia, que ignorara a sus compañeras del parque, las que claramente se le tiran encima. Pero no le preocupaba en verdad, claro que no le daría falsas ideas. Aunque ellos durmieron juntos Levi debía verse como un viejo para Eren, un viejo con un hijo.
Justamente por que durmieron juntos y Eren no intentó nada y se mantuvo al margen es que creía que no lo veía de esa manera.
– Papi, yo también quiero ir al baño.
Luego de que Isaic terminase lo suyo, los tres regresaron de nuevo al gran salón.
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Erwin terminaba de hablarle de detalles sobre la exposición que habían presentado y un silencio se extendió. Isaic dormía en los brazos de Levi, ellos estaban a solas. Era la oportunidad perfecta para hablar sobre algo más personal pero Levi le ganó de mano.
– ¿Sabes? El otro día cuando Eren se quedó en casa se lo notaba cansado en exceso.
– ¡¿Qu-...?!
– Comenzando porque se quedó dormido en el sillón. Seguido de que en la mañana durmió hasta las 11. – Comentó. – Si no lo hubiera despertado hubiera seguido durmiendo.
– ¿El se quejó? Debería haberme hablado si le están sobre exigiendo en el parque. – Mencionó con fingida inocencia.
– No, imagino que conoces un poco de Eren. Suele soportar las cosas por sí solo. – En su expresión demostró que aquello era algo demasiado de él.
– Entiendo.
Jamás creyó que se enteraría de tantas cosas en un mismo instante. Ni por un segundo se asomó en su mente la idea de que Levi y Eren dormirían juntos en la misma cama, mucho menos que se volvieran tan cercanos. En esto tenía que ver el pequeño que dormía cuál ángel en los brazos de su lindo padre, no podía ser de otra manera.
– ¿No crees que se les está pasando la mano con él? – Preguntó, relajado. – Entiendo que es un mocoso, pero...
– Sí. – Erwin se mostró de acuerdo. – Mañana revisaré qué está pasando con Eren, Levi.
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Mikasa y Erd decidieron lo que harían con Erwin. Sobornaron con propina a un compañero más pequeño que ellos y mucho más torpe. Ya lo habían visto romper varias copas y tropezarse sobre sus propios pies.
– Si dices una sola palabra no hay paga, ¿entendiste, chiquito? – Lo amenazó Erd.
– No seas tan malo con él. – Lo defendió Mikasa. – Él se aprovecha de que es mayor que nosotros. – Consoló al tembloroso camarero.
– Me gustas más cuando eres mala... – Coqueteó el rubio.
– De cualquier forma lo que dice no es mentira. – Dio la razón la pelinegro. – ¿Has entendido bien quién es el objetivo?
– Sí, ese hombre rubio y cejudo. – Aclaró el joven camarero. – Debo esperar a que despiertes al niño y ahí lo hago.
– Aprendes rápido. – Mikasa le guiñó un ojo.
Se acercó a Levi, haciendo el alboroto suficiente como para despertar a Isaic y alejarlo un poco de Erwin. No quería que su familia también pagara las consecuencias. A parte no es algo que a Eren le gustaría.
Crash...
El sonido de muchas copas rompiéndose sonó justo detrás de ella. Giró y encontró a la cabeza y los hombros de Erwin enchastrados en vino tinto. Según el movimiento se veían brillar entre su cabello y por sobre su ropa restos de vidrios. Su camisa bajo el saco lucía grandes manchas borgoña y el olor a alcohol se expandió en el lugar. Las gotas se deslizaban desde las hebras de su cabello y su entrecejo hasta su nariz, desde la cuál goteaban sobre su pecho, mejorando la vista, o empeorándola. Aguantó la risa con su mejor cara de póker Ackerman y corrió en su auxilio. Trató de ser demasiado dramática para reunir gente alrededor.
– Oh... ¿Se encuentra bien? – Levi, bajó a Isaic y se ubicó a su lado, pero le estampó su bandeja para sacar del bolsillo de su delantal de cintura un trapo. – ¿Algún vidrio le lastimó? ¡Señor!
Su trapo blanco fue limpiando los líquidos que caían en el rostro de Erwin con descuido.
– Estoy bien. – Reparó Erwin ubicando sus manos hacia adelante para evitar que se le acercaran demasiado.
No estaba enojado, estaba furioso y se notaba mucho. Pero... ¿Qué otra cosa podía decir? No podía mostrarse como un monstruo frente a la persona que pretende y su hijito pequeño. Debía mantener la presencia en todo momento, como ese caballero coqueto y asqueroso que realmente es a los ojos de Mikasa.
– ¡Lo siento, señor! – Repetía el camarero. Fingiendo estar afligido.
– ¿De verdad no se lastimó? – Insistió Mikasa. – Ya sé. – Chasqueó sus dedos. – He visto en la televisión que la sal evita la mancha de vino en la ropa.
Como si sus mentes estuvieran conectadas, Erd alcanzó un salero a la mano de su novia, que fue tomada repentinamente por la fuerte mano de Erwin. Evitando que le echaran los critales blancos.
– No, no, estoy bien. – Repitió Erwin, necesitando que toda esa situación se acabara. – Deja eso.
– Erwin... – Intentó intervenir Levi, pero no le fue permitido.
– Pero... ¡Está comprobado! – Insititó. – La camisa todavía puede salvarse. – Abrió el recipiente y comenzó a sacudirlo encima de Erwin, como si salara un bistec.
Ella y Erwin se miraron. El rubio observó en los ojos de Mikasa algo más que astucia; un brillo especial cruzaba esos ojos grisáceos; una auténtica declaración de guerra. Su mirada era fuerte, profunda y odiosa. No podía esperar menos de la mejor amiga de Eren Jaeger. La chica había montado un gran problema teniéndolo a él en su mira, ¿cuál sería la mejor forma de hacerla enojar? Ya había logrado bastante manteniéndose cerca de su primo ¿será que busca más?
Mikasa le sonrió con burla, quiso decirle muchas cosas, pero no era el momento, ni el lugar. Se reservaría los comentarios que su mirada pudo decirle al rubio, sabía que volverían a encontrarse; con más razón si seguía jugando sucio con su primo, jodiéndole la vida a su hermano.
– Señor... – Entre las personas apareció la superior de los camareros.
Pidió disculpas a Erwin y lo invitó a seguirla para revisar que no se haya lastimado y ofrecerle un cambio de ropa. Erwin saludó a Levi con una sonrisa, a pesar del inconveniente, tenía una imagen que conservar. Mikasa miró a Isaic con disimulo y le guiñó un ojo. El niño le respondió tapándose los labios con su pequeña mano.
– Ay Levi, lo siento. – Tomó su bandeja. – Te hice cargar con esto.
– Me pregunto si realmente estará bien... – Miró Levi en dirección a dónde la mujer se llevo a Erwin.
– Dijo que lo estaba... – Mikasa achicó sus hombros. – ¿No? – Sonrió dándole alientos a su primo.
Él sólo debía preocuparse por Eren, por nadie más.
Continuará...
*¹: El mundo es de cristal. Morris West. Pág. 32.
*²: Will be rain - Bruno Mars.
Isaic es todo un seme que defiende al uke de papá~ :3
Amé al titán aprendiz aleteando sus orejitas por Heichou.
No pensé que la historia del titán aprendiz iba a ser tan larga, me disculpo por eso, así también por haberla dividido en el capítulo 9.
Spam time: Titanes sin hércules: imagínense una Juli escribiendo en la noche...
"El titán líder dijo al soldado más fuerte de la humanidad que el titán aprendiz había sido secuestrado por otro: el titán acorazado."
Se va a dar vueltas por la casa, revisa la siempre vacía heladera por algo de inspiración comestible, acaricia al perro, es mordida por el mismo, muerde al perro también, vuelve a la computadora, pone música y relee: "El titán acorazado" con voz dramática e imagina a Isaic interrumpiendo a Eren una vez más:
– ¿Y tú quién matrioska eres?
Creo que todos han visto la parodia. Me encanta la forma, el acento que usan~
Me parece que ustedes tienen que saber las cosas que pasan por mi cabeza cuando escribo. Sepan que me divierto mucho, eso también.
Espacio de respuesta a reviews:
Taurus95: Te respondo por acá, porque tenés deshabilitada la opción de recibir mensajes privados. Quiero agradecerte por tu review y por haber usado tu tiempo para leer mi fic :D; me alegra montones que te guste y espero continúe haciéndolo. Muchas gracias.
Van: Hace tiempo tenía ganas de embarazar a Hanji, pero me mantuve al margen, éste era el momento que estaba esperando. Bien pensado, Isaic va a tener dos acosadores. Cabe destacar que él enamora con su sola mirada, con eso es suficiente. Me alegra muchísimo que te guste, soy inmensamente feliz. Ojalá esta nueva actualización también te haya gustado y te agradezco muchísimo escribirme siempre.
Hevlak: Qué bueno que disfrutes la espera, porque esto va a ser así un poco más! Creo que estos caps son más disfrutables porque se empiezan a notar los sentimientos: Levi y Eren al fin se vuelven cercanos. Qué bonito, la verdad es que jamás me esperé que hubiera una reacción así frente a ese beso húmedo entre Jean y Aru, pero me alegra que te haya hecho rememorar sensaciones a las que una ya está acostumbrada. La realidad es esa, con cada cosa que escribo sobre la relación entre Armin y Jean me establezco un mínimo: sé que lo de Levi y Eren tiene que superarlo por millones de años luz. Así que ojalá pueda causarte algo así de lindo, aunque no sea igual, sí lindo. Gracias a vos por leerlo, de corazón que para mi es un honor.
Ash Ahisi: ¡Mi lector pervertido! ¡Te extrañé! Lo abraza y sacude. No te preocupes si no me has dejado reviews en estos capítulos, deseo que realmente tus cosas estén mejor. Fanfiction también tiene señor Eren Jaeger, podés leerlo desde dónde prefieras; es cierto que amoryaoi tiene muchas ventanas emergentes, es un problema leer desde el celular o desde un buscador sin AdBlock o algo así.
Es cierto que la presencia de Erwin es un problema, él tiene que calmarse, pero no parece tener intenciones de hacerlo, así que acá estamos. Pero entre todas sus intervenciones lo de Levi y Eren va naciendo.
Si juntáramos a Hanji y a Carla, sería un descontrol. Definitivamente a Levi y Eren no les quedaría otra más que darles el gusto y mínimo: darse un besito de pico, ¡MÍNIMO! Para su fortuna, no las voy a juntar (todavía), pero sí van a padecer su bullying por separado. ;)
Bueno... Lo que Isaic le dijo a Hanji no lo vamos a saber hasta dentro de un poco. La realidad es que a partir del capítulo 8 he decidido muchas cosas sobre el fic, lo bueno es que no tenés que entristecerte por que estoy llegando a lo que antes iban a ser los últimos capítulos, porque decidí alargarlo, sólo un poco. En realidad no sé bien cuánto me van a llevar las pequeñas cositas que pensé en incluir, pero de cualquier manera van a ir sabiendo con el pasar de los capítulos.
Creo que mi bloqueo vino a raíz de la escena en la que Eren despertaba en casa de Levi, ahí fue dónde más tiempo me tardé, lo que me desesperaba un poco, porque apenas era el comienzo del capítulo y había perdido demasiados días. Pero una vez que pasé al momento de Eren en la jaula de los loros africanos ya me eché a andar. Por suerte nadie ha limpiado mi santuario, jajaja. Muchas gracias por preocuparte.
En realidad suelo imaginarme a Levi en traje azul marino, pero puede que sea por hacerlo ver como un príncipe azul. Fue una escena hermosa, ya quería empezar a torturarlo con sensaciones a las que definitivamente no les da importancia pero que cuando le caiga la ficha lo van a hacer sudar frío.
Para mí siempre vas a ser mi lector pervertido! Nada de fantasmas. Gracias por continuar leyendo y haberme dejado tu comentario, como siempre.
PD: A un huron le pondría "Levi", es que a cualquier mascota le pondría "Levi". Pero si tiene que ser otro nombre que no sea Levi, si fuera un machito le pondría "Max" y si fuera una hembrita "Indi". No me preguntes por qué, porque no lo sé. :D
Harumi: Hola Harumi, realmente me pone muy feliz saber que mi historia te haya gustado. Me esfuerzo por no salir mucho de los personajes; hay cuestiones inevitables, bueno, son inevitables para mí: para los fines del fic... ¿No? Pero me alegra de verdad. Por supuesto que pienso en tus hijos, en tus mascotas y toda tu familia, necesitan que seas feliz y yo continúo para ello (?). ¿De quién será el fic que te hizo desvelar? Si no me decís no me hago cargo, jajaja ;). Me disculpo por las horas de preciado sueño que te robé.
Gracias por haberlo leído, acá ya tenemos un capítulo más, ojalá te haya gustado. ¡Muchos besos!
Bueno, chicos y chicas... Hay algo que quiero que sepan... Septiembre y octubre son dos meses que en mi cabeza estuvieron bien presentes todo este año. Es el comienzo de mi residencia en la carrera, la cuál no es extensa, ni trastornada como la que sufre Eren; pero si requiere de mucho de mi tiempo por la lectura de textos importantes y la planificación de las prácticas desde ahora, ya que tengo que llegar a septiembre con mis planes aprobados al 100%. ¿Qué quiero decirles? Mi tiempo de escritura se va a reducir muchísimo. No voy a estar en pausa, así les digo. Voy a seguir escribiendo, porque aunque el mundo me lo impida necesito hacerlo, pero lo haré en el tiempo que realmente tenga libre; lo contrario a lo que hago ahora, que suelo aplazar las cosas que tengo que hacer (hasta el límite que sea posible) para poder escribir. Lo que quiere decir que para poder hacerlo voy a terminar todo lo que tenga (respecto de mis planificaciones). Soy bien consciente de que esto cae como un baldazo de agua fría, también lo es para mí pero voy a dar lo mejor de mí para no hacerles mucha falta. Después de todo, estoy contentísima con el recibimiento que ha tenido el fic, les tengo muchísima estima a todos ustedes por leerme y estamos entrando en una etapa muy linda del mismo (aunque no parezca), no quiero dejar de escribirlo, no. De ninguna manera; tampoco desaparecerme dos meses, así sea una actualización sola la que pueda traerles en este tiempo, lo voy a hacer. Espero esto no sea motivo para que lo dejen, les aviso porque considero que tienen que saber que en las próximas actualizaciones me voy a tardar un poco más de lo que acostumbro. Pero sí quiero que sepan que no es pausa, con el pasar de los días y el regreso de la inspiración el archivo vuelve a crearse en mi compu y se empieza a hacer, un poco consciente y un poco inconscientemente, la historia de mi vida con los capítulos largos que ustedes aman. Insisto con esto para que no se hagan ideas equivocadas, después de todo, tengo mil ideas de fic, y no empecé ninguna porque sabía que estos meses iban a llegar y tener dos o más fics en estado "lento" sería un puñal o la consecuente pausa de alguno. Sólo escribo "El señor Eren Jaeger" y es un modo de alivianarme a mí con las responsabilidades, que ahora se me van a venir encima; por que así va a ser ¡responsabilidades regresen a su pokebola! ¿Sí? ¿Me van a esperar? ¡Onegaishimasu!
Por otro lado, quiero decirles que cree una página de facebook, dónde pueden contactarse conmigo para preguntarme lo que quieran, fangirlear, conversar de cualquier cosa y ya saben, es muy fácil tener face en el celular, me llega una notificación y me tienen con ustedes. Sobretodo en este tramo complicado que se viene, creo que si quieren saber si avanzo o no, cuánto pienso que falta para tener listo el capítulo o... Lo que quieran (menos spoilers) estoy ahí en facebook: arrobaFJulietta; son libres de compartirme lo que quieran en el muro o por mensaje privado, comentarme lo que quieran, respeto TODAS y cada una de sus opiniones, por si no se dieron cuenta soy multishipper y no me enojo casi nunca, siempre y cuando nos respetemos. Y ahí, voy a subir imágenes que me inspiran, cosillas que fueron apareciendo y ayudaron a pensar ideas sobre el fic, aviso actualizaciones, ya sabenn... Ese tipo de cosas.
Me considero capaz de soportar sus acosos por ahí, no tengan miedo.
También sus tomatazos si la espera impacienta.
;)
Nee~ ¿Saben? Es tan triste ver la pila de textos mirándome con hambre... "Juli ven al lado claro del mundo, te vamos a ukear por las próximas noches"... Afuuu...
Entonces, sin más me despido. Les agradezco nuevamente por haberle dado una nueva chance a mi fic, saber que les gusta y recibir su apoyo es más que suficiente para mí, espero de corazón continúe haciéndolo. Los leo por acá o en face y hasta la próxima actualización~!
