¡Hola a todos! El testimonio largo lo voy a soltar después, porque capaz que os spoileo un poco si digo algo aquí. Solo quería comentarles, antes de que empeceis la lectura, que este capítulo salió gracias a dos canciones. Lo digo por si a alguien le da curiosidad escucharlos mientras lee. El primero se titula 'A dancing Teddy' y el segundo 'Perhaps love'. Ambas canciones pertenecen al OST de 'Goong'. Es fácil detectar en que situaciones va una y en cuales la otra.
Y sin más dilación, os dejo libre la lectura ¡Qué la disfrutéis!
Capítulo 11
Como llevábamos haciendo los días anteriores, nada más amanecer, recogimos el campamento y nos encaminamos más profundamente en el bosque. Marchábamos a paso ligero, por el camino que Ranma guiaba. No dejábamos huellas tras nosotros, ni tampoco nos deteníamos para alimentarnos. Nos bastaba con recoger frutos silvestres por el camino para aguantar hasta la noche. Pero, a diferencia del primer día, manteníamos pequeñas conversaciones en las zonas más tranquilas y sencillas del camino. Nos reservábamos el aliento para las zonas más escarpadas y arduas.
Tuvimos que trepar árboles y paredes montañosas en más de una ocasión, por lo que me ardían molestamente las manos. Era muy desagradable cuando la resina, densa y pegajosa, entraba en contacto con la piel rasposa de mis manos. No tenía ni aceite ni alcohol para eliminarlo. Por ello, tenía frotar duramente para eliminar los restos sobre mi piel dañada, con un pañuelo seco, lo que escocía terriblemente. Trataba de hacerlo con disimulo. Ranma me miró de reojo en más de una ocasión, de forma bastante analítica y sospechosa, pero no comentó nada. Como mantuve, todo el tiempo que era posible, las manos hacia abajo, Ranma no se dio cuenta.
Según las horas pasaban y nuestro avance continuaba, el bosque se iba haciendo más frondoso y tranquilo, alejado del ajetreo propio de la ciudad. Los árboles eran más altos y fuertes; y los animales correteaban por doquier libremente. Cuando apareció el primero, Ranma se carcajeó un buen rato a mi costa. Al pasar junto a unos grandes arbustos, empezaron a moverse de forma inquietante. Capté el movimiento por el rabillo del ojo. Antes de darme cuenta, algo había salido de un salto y aterrizado en mi pierna. No pude evitar trastabillar del susto y la sorpresa, y sujetarme en lo que tenía más a mano para evitar caer. Ranma.
- ¿Se puede saber qué haces? - Me preguntó curioso. Estaba agarrada precariamente a su espalda. Por la postura, no pudo hacer otra cosa que voltear ligeramente el cuello para observarme.
Yo no respondí. Solo miré con terror, armándome de todo el valor que tenía, la cosa peluda y caliente que permanecía agarrada a mi pierna. Un conejito. Un pequeño conejo, blanco como la nieve. Ranma siguió mi mirada, encontrándose con los ojos rojos del animal. Y empezó a reírse. Se estaba doblando de la risa. Podía sentir el ajetreado movimiento de sus pulmones bajo mis manos.
La, ya conocida, irritación creada a causa de la vergüenza me inundó hasta el último recodo. En venganza, empujé a Ranma al suelo, aprovechando el impulso para enderezarme. Ranma, en cambio, acabó con la cara llena de barro. Ese fue mi turno de reírme.
Él me miró de mala manera mientras se sentaba, quitándose los pringosos restos de la cara como buenamente podía.
- ¿Se puede saber de que te ríes? - Me cuestionó, poniéndose en pie ágilmente y observándome con el ceño fruncido.
Aún tenía tierra en varias zonas de la cara y las manos no estaban en mejores circunstancias. Había puesto los brazos en jarras antes de hablarme, ensuciando al mismo tiempo su ropa. Estaba enfadado, obviamente, pero la imagen era tan chistosa que las risas se redoblaron por si solas. No podía contenerlas. Incluso sentía el escozor propio de las lágrimas en los ojos.
- D-de ti.- Le contesté, apenas sin aliento.
- Con que de mí, ¿eh? - Me dijo, con una sonrisa ladina. - Muy bien, ¡vamos a ver cuánto te aguanta la risa!
Vi como, rápidamente, Ranma acercaba su mano derecha, a mi cara. Al parecer mis reflejos se habían incrementado más de lo que creía, porque fui capaz de ver su movimiento y esquivarlo. Pero claro, escapar de las dos manos, teniendo en cuenta que es de Ranma Saotome de quien estamos hablando, no era una tarea nada fácil. Así que no tuve tanta suerte con su izquierda. Me llenó la cara completamente de barro. Creo que me ensució incluso el pelo.
- ¿QUÉ HACES? - Inquirí cuando se apartó de mí, para contemplar su obra supongo. Mientras, yo me restregaba la cara, tratando de quitarme esa porquería de encima.
- Mi venganza.- Me contestó divertido, sonriendo como un niño pequeño.
- Así que venganza... ¡Te voy a dar yo una venganza con fundamento!
Y, sí, recogí un generoso puñado de barro con mis manos y se lo lancé, como si se tratara de una bola de nieve. Ranma me miró estupefacto durante un segundo, pero la infantil sonrisa de niño competitivo no tardó en volver a sus labios, por lo que él hizo otra bola y me la lanzó. Acabamos jugando una estúpida pelea de barro, usando los troncos de los árboles como escudos y corriendo en medio de la montaña. Fue como un entrenamiento improvisado, porque también saltábamos por los árboles y aumentábamos la velocidad según el juego avanzaba.
Me sorprendí al escuchar el eco de nuestras risas llenar el bosque. Ranma aprovechó ese segundo de desconcierto para atraparme. Me atrajo entre sus brazos y estrelló la bola que mantenía en una de sus manos contra mis caderas, que se mostraban al aire al haberse arrugado la camisa con el ejercicio.
Pese a que me había cogido y, por tanto, había perdido, no estaba molesta. Hecho que era muy raro en mí, porque era tan o más competitiva que Ranma. Pero era imposible enfadarse con la imagen que tenía frente a mí. Aunque mi visión de su cuerpo integro era limitada, porque me mantenía muy cerca de él, entre sus brazos, podía ver su ropa, sus brazos y su cara. Parecía un soldado de camuflaje. Probablemente tenía más tierra encima que toda la montaña en sí. Y, por su sonrisa, yo tendría que tener una imagen bastante similar.
Empezamos a reírnos casi a la par. Eran unas carcajadas erráticas. Apenas nos habíamos recuperado gracias al ejercicio previo. Nos sostuvimos el uno el otro y juntamos nuestras frentes, esperando a que la risa pasara y nos calmáramos. No sé en qué momento cerré los ojos, pero llegó un punto en el que nos tranquilizamos y solo pude escuchar nuestras respiraciones aceleradas. Al parecer, habíamos armado suficiente alboroto para que ningún pájaro se atreviera a cantar por ahí.
Pude sentir como el pecho de Ranma se juntaba con el mío al llenar nuestros pulmones. Inconscientemente, comencé a acompasar mis inspiraciones con las suyas. De esta forma, con cada vez más frecuencia nos encontrábamos, hasta el punto de respirar al mismo son. No sé si fui la única que lo hizo o Ranma me siguió el juego, pero el contacto electrizante de sus manos volvió a acelerarme el ritmo cardíaco. Mientras nos relajábamos, las había mantenido en el mismo punto en el que me había estrellado la bola de lodo. Pero había comenzado a masajearme suavemente las caderas. No sé si era por el barro o la situación, pero el contacto parecía más suave y electrizante que de costumbre. Mis piernas se estaban aflojando, como si se estuvieran convirtiendo en gelatina, y el calor estaba inundando mis mejillas. Por una vez agradecí que el barro lo ocultara.
- ¿Dónde crees que estás tocando? - Le pregunté y me felicité a mi misma al no percibir ningún signo de nerviosismo ni debilidad en mi voz.
- ¿Prefieres qué cambie de zona? - Cuestionó él en respuesta. No esperó contestación. Al momento empezó a ascender por la piel de mi espalda, bajo la ropa.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo entero, dejándome sin habla. Toda mi espalda, la piel que Ranma rozaba con su roce caliente y acogedor, bullía en llamas. Ranma volvió a unir nuestras frentes, de forma en que podía sentir su aliento cálido, inundándome las fosas nasales, llenándome de él.
Le observé con los ojos entrecerrados, cautivándome por ese profundo y devastador azul océano que me enloquecía. Lentamente, con suavidad, nos fuimos acercando hasta hacer desaparecer cualquier mínimo espacio entre nosotros. El contacto, como siempre, fue devastador, casi delirante. Volvía totalmente locas cada una de las células de mi cuerpo y hacía que mi piernas fallaran, como si quisieran emprender el vuelo. Me esperaba encontrar el dulce sabor ya conocido, pero, en su lugar, me encontré algo insospechado que me hizo retroceder.
De verdad que no quería mostrar una expresión tan asqueada después de besarle, pero el sentimiento era tan fuerte y repentino que era imposible detenerla. Observe a Ranma y vi que estaba igual que yo. Empezó a limpiarse frenéticamente la boca con el dorso de la mano y le imité mientras emprendíamos una precipitada marcha hasta la mochila, la cual la habíamos dejado donde todo ese juego había empezado. En un tiempo récord alcanzamos el lugar, tomamos nuestras cantimploras e hicimos gárgaras antes de escupir el agua. Nos miramos, exhaustos, antes de romper a reír una vez más. Al estar cubiertos de tierra de la cabeza a los pies, era natural que al besarnos acabáramos con barro en la boca ¡Pero sabía tan espantosamente mal!
Ranma me tendió la mano y reemprendimos la marcha, en busca de un escondite para nuestro entrenamiento. Nuestro lugar. Sobretodo de un lago o un río lo suficientemente grande y profundo para poder lavarnos. La sensación roñosa de la piel pegajosa provocada por la mezcla del sudor y el fango, recientemente reseco, era bastante desagradable. Sobre todo cuando empezabas a sentir como se acartonaba la ropa, volviéndose rígida y rasposa al tacto.
A media tarde llegamos a un pequeño claro, cuyo límite era una pared rocosa con cuevas relativamente profundas en ella. Además, se escuchaba el sonido del agua corriendo. Aunque no se le podía ver desde nuestra posición, había un río a pocos metros de allí. Por ello, decidimos dejar nuestras cosas en la cueva más amplia y segura que encontramos, montando el campamento, e ir en busca del sonido del agua. No tardamos más que unos minutos en llegar. Nos encontramos con un río de aguas profundas y suaves, sin grandes presiones.
Ranma se metió de un salto en el agua, hundiéndose durante varios segundos antes de emerger como una radiante pelirroja. No tardé en seguirle, aunque yo adopté un paso mucho más tranquilo. Cuando el agua helada me acarició los tobillos me estremecí. Aún así, continué mi camino. Al igual que Ranma, me metí con la ropa puesta. Cuando el agua ya estaba al nivel de mi pecho me sumergí. Estuve un par de minutos bajo el agua, revolviéndome el pelo con rapidez, tratando de deshacerme de la suciedad. Como no tenía jabón a mano, tenía que estregar con mucha más fuerza, por lo que la piel fría del cuero cabelludo no tardó en escocerme.
Cuando los pulmones me ardieron, extendiendo su calor agobiante a mis extremidades, emergí. Me pasé las manos por la cara, especialmente por los ojos, antes de abrirlos, buscando eliminar los rastros de agua y otros residuos. La primero que me encontré cuando hube terminado fue a Ranma frente a mí, sonriendo como un crío. Además, con el aspecto de Ranko parecía más infantil todavía.
- ¿Qué? - Le pregunté divertida ante su mirada insistente.
- Estás hecha un desastre.
Observé mi ropa a través del agua, la cual aún se mantenía totalmente sucia, y mi reflejo en el agua cristalina, que mostraba mi cabello revuelto, en decenas de direcciones, y rastros de marcas marrones en mi piel, sobre todo los pómulos y la frente. Empecé a restregarme la ropa contra el cuerpo, buscando liberar cualquier suciedad de mi piel y las prendas, mientras volvía mi vista a él.
- ¿Y me lo dices tú?- Le contesté con sorna. Aunque aún conservaba su trenza, tenía el cabello pelirrojo totalmente enfangado. Y su ropa no estaba en mejores condiciones que la mía. Las brazadas que había dado en el río mientras yo me adentraba en él le habían servido para limpiar su piel, al menos.
- ¿Yo? Por favor, soy Ranma Saotome. Siempre estoy increíble. - Dijo, encogiéndose de hombros con una sonrisa petulante. Casi podía ver su ego, como algo material.
- Buenos días Kuno, me alegro de verte. - Le respondí con una sonrisa maliciosa.
- ¡No me compares con ese idiota! - Me recriminó, agriando su expresión al instante.
- Es que hay días en los que sois tan parecidos, ¡casi como dos gotas de agua!
- Te voy a dar yo a ti gotas de...
Antes de terminar la frase, ya estaba agarrándome por la cintura y colgándome sobre su hombro. Incluso como mujer, Ranma era rápido como un guepardo y fuerte como un tigre. Con la misma, me volvió a lanzar al agua, un par de metros más lejos, a la zona más profunda. Aunque el impacto me sorprendió, pude reponerme lo suficientemente rápido como para retener todo el aliento posible. Cuando terminé de hundirme no busqué la superficie, sino que buceé en dirección a la orilla. Cuando el nivel del suelo dejó de ser suficiente para estar bajo el agua, me erguí y empecé a correr. Escuché los gritos de Ranma tras de mí, pero yo solo me volteé ligeramente, sin detener la marcha, y le enseñe la lengua. Era un gesto de infantil, pero lo hice sin pensarlo. Salté en dirección a los árboles y me perdí entre sus copas. Pude escuchar con claridad su risa cantarina, la cual no se alejó de mí en ningún momento. Todo lo contrario, cada vez la sentía más y más cerca. Ese sonido era el único indicador de que me estaba persiguiendo, porque Ranma, ágil como una pantera al acecho, no dejaba que sus pasos hicieran ningún ruido entre las ramas de los arboles.
Estaba sorprendida conmigo misma. En una situación normal, Ranma ya haría mucho tiempo que me habría capturado, mostrándose triunfante y orgulloso. Pero, en cambio, le estaba dando una batalla bastante digna. Llevábamos varios minutos saltando entre los árboles, jugando con las caídas, haciendo piruetas entre las ramas y, aunque cada vez escuchaba su risa más cerca, le estaba poniendo difícil la cacería.
Al final, me atrapó justo en el momento en el que llegamos al claro en el que se hallaba nuestra cueva. Saltó sobre mí, haciéndonos rodar sobre la hierba. Hasta ese momento en el que, por fin, mi cuerpo había parado el ejercicio, no me había dado cuenta de que estaba tan agitada. Y no era la única. El pecho de Ranma subía y bajaba con rapidez, sus mejillas estaban fuertemente coloreadas de carmín y sus ojos marinos brillaban, vidriosos. Por el calor que sentía abrasarme la piel, yo no estaba en mejores condiciones.
Nos acomodamos en la hierba, hombro con hombro, esperando recobrar el aliento. Mantuvimos nuestras miradas fijas en el otro. Sonreíamos como idiotas. Me sentía un poco como Heidi, feliz en el campo, jugando con Pedro día sí y día también. Pero mis pensamientos no eran tan puros como los de ella. Así que, llevándome por el impulso, me acerqué a Ranma y besé sus labios.
Era una sensación curiosa la que estaba experimentando. El hecho de que Ranma se convirtiera en mujer había sido casi repudiado desde sus inicios. Todo el mundo había buscado por todos los medios la forma de devolverlo a su forma original. Y podía entender que Ranma tuviera ese deseo, pero también comprendía que había que aceptar la realidad y saber aprovechar lo positivo de cualquier situación. Por ello, no me importaba que Ranma se convirtiera en Ranko. Me había enamorado de él con esa maldición, y lo seguiría queriendo, tanto si la padecía toda su vida como si encontraba la cura.
Por ello, besarle de esa forma, ese tercer beso, tenía una connotación bastante especial. Ahora no había nadie al que mostrarle ese afecto, no teníamos público. Solo éramos Ranma y yo. Entre caricias, sonrojos y jadeos, intenté demostrarle que realmente lo aceptaba todo de él, sin restricciones. Aceptaba todo lo que tuviera que entregarme, al igual que él lo había hecho conmigo. Esa era una acción de libertad, nuestra libertad.
Y ese beso me gustó, vaya si me gustó.
A pasado un tiempo desde la última vez, la verdad, pero por fin he podido escribir un nuevo capítulo. Me costó sudor y lágrimas. También muchas risas, porque me estuve riendo mientras escribía... Imaginaos el panorama. Yo, riéndome sola, delante del ordenador, con un documento a medio escribir. Y encima con las bandas sonoras que recomendé antes de fondo. Pero bueno, bien está lo que bien acaba. Porque, sinceramente, a mí me gustó este capítulo, no solo el humor refrescante sino muchos de los significados que esconde.
Izumi17, los personajes aún no han entrado en la fase 'entrenamiento total', porque me parecía muy abrupto. En compensación te puedo decir que yo si sufrí escribiendo el capítulo. Sudor, lágrimas y sangre, ¡terrible! Jajajajaja Me alegro de que te guste el Ranma inocente. Trato de mostrar diferentes facetas suyas según la situación. Por ejemplo, en el capítulo anterior acababan de salir de una escena un poco seria y dramática, así que mostré su faceta más sensible con el entorno, sus propias inseguridades y sentimientos, y sus reacciones respecto a los cambios de Akane. En este, como es más divertido y relajado, muestra su faceta más extrovertida y orgullosa, aunque casí tira más por egocentrica en algunos apartados jajajajaja
Astron, siento haber tardado tanto, pero cuando la inspiración no acude... Prefiero demorarme un poquito más y escribir algo con fundamento antes que crear capítulos relleno. Tengo curiosidad por saber si este capítulo también te hizo reír.
Mary, muchas gracias los buenos deseos. Puede que sea un poco tarde para darte los míos, pero... Espero que este 2015 te esté yendo bien. Me alegra ver que te gustó el capítulo y espero tu opinión sobre éste.
Xandryx, ¡tus comentarios me emocionaron! Si me llegas a decir que tu marido también lee esta historia me da algo. Bueno, puede que antes de un par de saltitos de felicidad jajajajaja. Me alegro de que la historia esté causando esa impresión tan positiva en ti. Trato de actualizar siempre lo antes posible, pero las clases y la inspiración son dos factores relevantes en mi ritmo de actualización jajajajaja
PFernando, sé que esperas ver como una escritora tan ñoña como yo va a relatar los entrenamientos titánicos a los que se van a tener que someter esos dos. Entrenamientos, que, por cierto, comenzarán en el próximo capítulo. Francamente, yo también me lo pregunto jajajajajaja. Espero que te haya gustado este capítulo, que tiene tintes más joviales y relajantes, antes de volver a temas más serios.
¡Ah! Y el capítulo navideño también es uno de mis favoritos. Por eso quizás lo tengo tan en mente jajajajaja.
KattytoNebel, también me ha pasado eso. Te desapareces una pequeña temporada de fanfiction y de repente te aparecen un montón de actualizaciones de diez mil historias diferentes jajajajaja Espero que te esté gustando el desarrollo de la historia.
También, muchas gracias a netokastillo, , Ana, abuseki, freand, abusedamalunaely por sus reviews, y a todos aquellos que leen esta historia y pasan desapercibidos, como ninjas.
¡Hasta el capítulo 12!
